-Nuestro amigo Puzzle se reserva los primeros asientos para sus juegos enfermizos.
James Wan y el guionista habitual, Leigh Wannell, son los responsables de Saw, una película de terror, enfermiza, que convertía la tortura en un espectáculo; filme original que daría lugar a una de las sagas más rentables de todos los tiempos. Sin embargo, sería Insidius la película más característica dentro del nuevo terror apadrinado por la productora Blumhouse, una cinta que renovaba los códigos de las películas de “casas encantadas”.
Tras un golpe en la cabeza, un niño pequeño queda en una especie de coma que los médicos no saben diagnosticar y que preocupa a sus padres, quienes terminarán llamando a una médium: parece que algún ser le acecha por las noches.
-Vuestro hijo no está en coma, su caída por las escaleras no tiene nada que ver con esto. Su cuerpo físico está aquí, pero su cuerpo espiritual no lo está.
Desde este instante, los protagonistas deberán viajar a una dimensión paralela en la que un espíritu maligno tiene atrapado al pequeño.
Renovando el género.
-¡Mamá, no puedo verte mamá! ¿Dónde estás?
Si es verdad que James Wan renueva el género, llamémoslo, desde un punto de vista conceptual no lo hace desde el punto de visto cinematográfico. Eso sí, logrando superar algunos prejuicios y limitaciones que la crítica (al menos, la autodenominada crítica seria) ha ido imponiendo a un tipo de cine de terror. En su filmografía reconocemos desde elementos del giallo al terror de la Universal, parece tener una preferencia por el cine de los ochenta y en concreto por la película de cabecera de este estilo y esa década: Polstergeist (Tobe Hooper). “Cuando vi Polstergeist me impacto y quise hacer una película que respirara el mismo espíritu. Es una película que recreaba la atmósfera del terror de las casas encantadas de los años cincuenta como The Haunting (Robert Wise). Pero si Polstergeist marca el terror de los ochenta, yo quería hacer el Polstergeist de las nuevas generaciones”.
-He entrado en el cuarto de Dalton Lambert, hay algo con él.
Podría decirse que si James Wan no supera al referente de Tobe Hooper, al menos es una más que digna relectura del género, porque no sólo es una buena puesta al día de esa película sino una muy imaginativa propuesta que –en principio- cuenta con los mismos elementos de partida.
Junto a Wan, recorremos la pesadilla de los Lambert, que a pesar de ser una familia acomodada viviendo una zona residencial, poco tiene en común con la de Polstergeist (Tobe Hooper), pero Insidius recupera a los expertos investigadores paranormales, habituales en una multitud de películas, desde la presencia de Zelda Rubinstein como la médium de Polstergeist al grupo que asistía a El orfanato (J. A. Bayona) e incluso el matrimonio Warren (Expediente Warren, James Wan).
-Hemos hecho lecturas con el medidor por toda la casa, pero no hemos dado con el origen del problema.
-No creo que sea un problema de la instalación.
A nivel conceptual recuerda a la película, apadrinada por Spielberg, -como también a La niebla (The fog, John Carpenter) del mismo año: Tanto la hija de la familia de Polstergeis como los habitantes de Antonio Bay (The fog) eran víctimas inocentes de un crimen pasado, ocultado en una perspectiva de progreso.
Al otro lado del espejo.
Estamos ante un cineasta que arriesga, sobre todo por su imaginativa puesta de escena que se demuestra sobre todo en esa “dimensión paralela”, por eso seguramente haya muchos desencuentros con los aficionados al género, no dispuestos a estilos demasiado rompedores. Aquí encontramos influencias muy diversas desde la mera puesta teatral de cineastas clásicos como Mario Bava (La mujer que sabía demasiado) al cine de terror atmosférico como la extraña y fantástica película polaca de los años setenta: “Sanatorio bajo la clepsidra”. E incluso, con detalles que podría recordar a su film Silencio desde el mal: “Mary Shaw tenía muñecos, hijos no”, en la cual Wan nos muestra el terror desde los ojos apagados de una marioneta.
Como último apunte, lo que resulta más llamativo de Insidius es que la película convierta en la marca de la casa de la productora Blumhouse, unos proyectos de bajo presupuesto pero de alta calidad, muy superior no sólo a las sagas reciclables de Scream (e incluso Saw) sino también al terror y fantastique surgido de las mayors (esos aparatosos y sofisticados juguetes bien de ciencia-ficción como Las crónicas de Ridick o del cine de género como El hombre lobo (Joe Johnston).
El malagueño Antonio de la Torre gana enteros con este personaje, revelándose como uno de los mejores intérpretes de su generación, en una película, -presentada en el Festival de San Sebastián-, logrando en el certamen la Concha de Plata a la mejor fotografía. Carlos, el personaje principal es un alguien que a pesar de su apariencia normal, tiene la particular costumbre de alimentarse de carne humana: especialmente de la carne de mujeres atractivas que el mismo asesina.
El director Manuel Martín Cuenca nos trae una película que parte de dos ideas tan extremistas como emocionantes: una reflexión sobre el amor y la historia de un psicópata, a través de un sastre de provincias, interpretado por Antonio de la Torre. Caníbal cuenta con una excelente fotografía a cargo de Pau Esteve Birba, con una historia que evoca una atmósfera de religiosidad y muerte, al ambientarse en la Semana Santa granadina. “La película está basada en la novela de un autor cubano que se llama Canibar y lo presenta como una historia de amor, centrada en un personaje que se quiere comer a otro”.
La película no pretende ser el retrato de alguien que se alimenta de carne humana sino de un desequilibrad; personaje introvertido, frío y que apenas habla, construido por Antonio de la Torre.
-¿Novia? No he tenido.
-¿Nunca? Dices que nunca has tenido una novia seria, pero yo creo que no es verdad.
“Carlos es un ser normal que, en determinados momentos, no sabemos por qué cruza la línea del mal aunque no sea consciente del daño que ha hecho, no tiene un sentido de culpabilidad”. De hecho, lo interesante de Caníbal es la postura del director sobre este personaje, a quien no juzga ni siquiera quiere plantear cuál es el origen de este comportamiento. Eso sí, se podría sospechar que la soledad de Carlos y su dificultad para relacionarse con mujeres han influido en su actitud criminal.
Una cuestión de estilo.
Para dar paso a un estilo marcado por la austeridad y contención tanto del personaje como de la forma de plantear la película. El personaje principal recuerda a otra gran historia, rodada en España: Las horas del día (Jaime Rosales), otro testimonio de un comportamiento criminal escondido bajo una personalidad rutinaria. En esta ocasión, el sastre granadino interpretado por Antonio de la Torre está representado por dos hábitos muy distintos: por el primero, le vemos cortar telas, coser, planchar, comer y dormir; en el segundo, despliega su comportamiento criminal. En la secuencia inicial, vemos cómo fuerza un accidente de tráfico, con el fin de llevarse al cuerpo de una mujer que yace aún con vida al lado del conductor. Martín Cuenca expresa en un plano la actitud de su personaje, colocando el cuerpo desnudo en una mesa.
Por el estilo, el director señala que “pretendo trabajar con los menos elementos posibles, utilizar la elipsis, tener que hacer menos números de planos posibles. La contención es el camino natural de mi cine”. En este sentido, el director releva cómo la elipsis aparece como uno de sus señas de identidad de su filmografía, pero también la presencia del espacio como parte revelador del estado de ánimo de los personajes. La parte tradicional y cerrada de la ciudad de provincias, marcado también por el inmenso trabajo de fotografía: la media luz de la vivienda y la clara iluminación del taller; junto con la abierta y salvaje de las montañas, las casas de la sierra y los montes nevados, como reflejo de la pureza.
-¿No tienes hermanas?
-No.
-¿Y padres?
-Murieron.
-¿Y no tienes más familia?
-No.
Por cierto, un último apunte antes de marcharnos: será la película triunfadora en los Goyas. Sino, el tiempo lo dirá.
"Complacemos en detener nuestra postrer mirada sobre los compañeros imaginarios de muchas horas de soledad en un momento en el que el fugaz destello del mundo los ilumina de lleno". Charles Dickens escribía esto en Los papeles póstumos del Club Pickwick, pero ese Londres de hipocresía, luces falsas y anécdotas se parece demasiado al esplendor americano, abducido por Sexo en Nueva York con ogros vestidos de Armani y Pepito Grillo tan negro como los paraguas que van a proteger de la lluvia. El personaje que da título a la película, Mr. Brooks, aparenta llevar una vida ejemplar en su faceta pública y profesional, como en la intimidad, mientras que tras su impecable fachada se oculta una personalidad turbia, azuzada por un peculiar alter ego, una especie de ángel de la guarda o demonio de cabecera que le induce a cometer actos criminales. Mr. Brooks, segundo largometraje del ecléctico guionista Bruce A. Evans, nos acerca a un thriller aparentemente sofisticado que se dirige a esos recovecos que escudriñan el lado más oscuro de la personalidad, con unas pulsiones misteriosas que han llevado a matar a tantos personajes de ficción por un impulso irrefrenable, irracional. Por eso, Mr. Brooks no es el típico producto hollywoodiense situado en el thriller con psicópatas al que nos tiene acostumbrado el cine americano, sino una singular revisión del mito de la doble personalidad, filmado de manera sencilla, algo gélida y nada intelectual. Eso sí, presenta a un psicokiller de manera maniquea con fines exculpatorios, sobre todo cuando trata la parte oscura de su personalidad, representada en ese personaje interpretado por William Hurt, aunque con un look próximo al del papel cuché, carente de la mirada sórdida con la que Hollywood trata a estos roles.
No debería costar mucho esfuerzo o una excesiva capacidad adivinatoria para relacionar esta nueva recreación del género con la figura de Robert Louis Stevenson, sobre todo su relato más conocido, Dr. Jekyll y Mr. Hyde, en donde el escritor inglés ponía de relieve la dualidad moral, social y psicológica de la Inglaterra victoriana. La historia del respetable médico y filántropo, Dr. Jekyll, que quiere ser otro -Mr. Hyde- para entregarse sin riesgos a una vida de depravación y vicios. Pero no se trata de una simple historia de horror, ni un ejercicio de fantasmagoría, ni fruto de unas experiencias personales tortuosas (existe la tesis de que el autor padecía tuberculosis mientras escribía esta obra), sino que este clásico de la literatura es toda una disección de un sistema de vida basado en la hipocresía y en la represión de cualquier forma de comportamiento que se apartara de las normas estrictas. Normas presididas por un estricto código de caballerosidad, unidad familiar burguesa y la separación de clases sociales.
Han pasado más de cien años de esa mítica obra y todavía inspira a centenares de relatos y otras ficciones, quizás porque aborda de manera directora un problema psicológico que hoy en día están muy en boga, la pérdida de la identidad y de las alteraciones esquizofrénicas -El Yo dividido del que hablaba hacía veinte años Ronald D. Laing (en El yo dividido, Fondo de cultura económica de España). Junto a esto, la unión entre el sexo y la violencia, o el choque entre razón e instinto. En este contexto, encontramos al personaje de la película, Earl Brooks (Kevin Costner), que parece no contentarse con una vida que parece idílica: una esposa encantadora, una hija que le adora, un próspero negocio y una reputación en la comunidad envidiable. De hecho, el filme comienza con una fiesta en la que las autoridades locales tributan un homenaje al personaje principal, considerado como "el hombre del año". El Sueño Americano hecho realidad, un Bruce Weinn en su máximo esplendor y sin traumas (aparentes). Porque al igual que Henry Jekyll guarda un secreto en lo más profundo de ser, una segunda vida como "El asesino del Pulgar", un célebre asesino en serie a quien la policía es incapaz de atrapar. Pero Mr. Brooks es más que una simple picadora de carne al estilo de Ted Bundy o Ed Gein, es un adicto a la muerte, un esteta del homicidio que busca el valor artístico de lo que hace. Por una parte, ritualiza sus asesinatos y mata de manera rápida y pulcra: consigue casi una excitación sexual de sus crímenes, y de hecho elige a parejas en pleno acto sexual para cometer sus crímenes para luego recolocar los cuerpos y fotografiarlos. Y al mismo tiempo, actúa de forma casi fantasmagacórica, al no dejar ni pistas ni huellas.
- A estos cabrones les gusta hacerlo con las cortinas abiertas, debistes dejarlos, has cometido un error muy grave, Earl.
- Como si me dejaran verlos, ¿no?
Como se puede observar la película plantea muchas cuestiones, destacando la causa que lleva a un hombre encumbrado a cometer tales actos delictivos. La locura es una explicación fácil y tentadora, pero la cinta no es capaz de aclarar ese enigmático lado oscuro que acecha en cada una de las víctimas, vestido de negro y sigiloso. Es evidente que Mr. Brooks tiene un daimon que le tienta, como si se tratase del mismísimo Satán, a practicar esa sanguinaria forma de lujuria. Introducido en la película, con un golpe de humor negro, aparece el personaje de Mr. Marschall (William Hurt) que representa ese lado oscuro, el reverso tenebroso de un ciudadano modelo, como si fuese el Unheimlich del que hablaba Sigmund Freud, lo oculto, lo que termino revelándose. Encarnando algo parecido, salvando las distancias, a los ángeles que Win Wenders hizo volar sobre las conciencias de Cielo sobre Berlín. Pero no nos engañemos, Mr Brooks es Mr. Marshall en todo momento, pese a que el cineasta parece excusar la conducta criminal del personaje principal por la influencia sometida a esa figura oscura. ¿Vícitma de su doble?, ¿esquizofrenia? En realidad, la película se limita a esta idea, porque el director o no ha querido o no ha sabido profundizar o dar una explicación coherente en esta línea.
- ¿Quieres saber por qué lo hice? Porque me apetecía, simplemente. Por eso.
- La maldad es sólo un punto de vista, Dios mata indiscriminadamente y nosotros también.
Un subgénero muy cotizado.
El cine ha sabido, desde siempre, que la violencia el sexo y la muerte debían ser los elementos fundamentales para sustentar una industria como el espectáculo. A estas alturas, parece más que probado que al público, en general, le gusta ver representada en la pantalla las conductas más transgresoras y extrañas de los humanos, la lucha entre las dos partes irreconciliables que se enfrentan en lo más profundo del alma, el espíritu, la conciencia, o lo que quisiera que tengamos como soporte de lo bueno o de lo malo.
- Un momento, un momento, la mano del amor gana. Sí hermanos, ha ganado el amor.
El escritor Robert Louis Stevenson fabuló como nadie sobre el tema que el cine ha ilustrado una y otra vez esta extraña verdad que todos llevamos dentro, explicando por qué un individuo puede mostrarnos en unas ocasiones como el perfecto vecino que todos quisiéramos tener, y en otras dar riendas sueltas a sus instintos demoníacos. El alemán Fritz Lang fue uno de los primeros en retratar en el séptimo arte el carácter ambiguo de estos personajes que vivían marcados por ese extraño carisma por el algunas veces actuaban como Doctor Jeckyll y otras como Mr. Hyde.
- Tienes una pelota muy bonita, guapa.
Las conexiones con el relato clásico de Stevenson terminan en mostrar a un Doble reverso del propio personaje, pues no pretende erigirse como una crítica hacia los males de la sociedad del momento -como sí hacía, American Psycho (Bret Easton Ellis), por citar un título-. Mr. Brooks sólo aspira a ser un cuento perverso repleto de extraños giros argumentales y éticos. Cuando Brooks es chantajeado por el fotógrafo Mr. Smith (Dane Cook), este no le pide dinero sino que exige acompañarle para "saber qué se siente, vivir esa excitación". Lo cual introduce un elemento que faltaría en el clásico original, el hecho de que el personaje de Mr. Brooks no estuviese loco sino que mataba, sin motivos aparentes, pero para sentirse vivo. No menos pavoroso resulta la idea de contemplar el film como una crónica trágica de un padre, un atormentado Earl Brooks, cuya sed de sangre parece perpetuar en su hija Jane, que regresa a casa tras sufrir una desagradable expoeriencia al verse involucrada en el asesinato de un compañero de universidad. Si la película se viese como un pretendido intento por librar a su hija de las sospechas policiales - Brooks mata a un joven siguiendo el modus operandi de Jane, mientras ella queda recluida en casa-, las conclusiones de la cinta presentarían un matiz sarcástico muy estimulante. Brucowee A. Evans parece acercarse a un reverso oscuro de Batman a medio camino entre la vileza demodé (Fantomas, Lupin) y el estilo killer a lo Donald Weastlake: base secreta, disfraces, perfeccionismo, persecución impecable de la policía. Sin caer en los excesos y sin la moralina de turno, se acerca más a Ejecutivo ejecutor (Jan Egleson) que a Seven.
Lo peor de la película, sin embargo, es la pretenciosa caza del gato al ratón, la historia paralela que surge con la figura de la detectiva Tracy Atwood (Demi Moore), a quien el realizador ha querido darle un giro trágico, la de ser niña rica metida a policía, desafiando a la autoridad materna, mientras el personaje de Brooks siente una atracción paternal que no acaba de cuajar en la película. Es la perseguidora del "Asesino del Pulgar" y de unas bandas delictivas que permiten la presencia de forzadas secuencias de acción, entre ellas, un tiroteo con psicodélicos efectos de luz azul y música estridente.
Este pequeño repaso al género me hace ver hasta qué punto estoy harto de los psicolokillers que han convertido su oficio en un tópico repetitivo y aburrido. Su función parece haber sido oficiar personajes que protagonizan secuelas o se limitan a imitar el estilo de Lecter y la estética de Seven. En este aspecto, Mr. Brooks resulta agradecido: un film de psicópatas que se escapa del tópico, a cargo del actor más inesperado.
No es casual que la llegada a la Casa Blanca del primer presidente negro con Barack Obama correspondiese con una particular lucha por los derechos civiles por parte de Hollywood; sobre todo cuando el tema de la esclavitud todavía aparece como una herida aún por cerrarse. Esta película que finaliza con referencias al Apartheid y a los campos de concentración, tiene una secuencia en donde Martin Luther King (interpretado por Nelsan Ellis) se refiere a una subversión invisible: cientos de afroamericanos decidieron mantener algo más que una actitud servicial cuando pasaron a servir a ricos blancos; lo que el cine ha refleja en un centenar de películas.
-¿Le interesa la política, señor Gaines?
-No señor.
-Muy bien, porque toleramos las opiniones políticas en la Casa Blanca.
Lee Daniels (el director de El chico del periódico y Precius) apuesta por la historia real de Eugene Allen (el único afroamericano que logró, tras treinta años de servicio en la Casa Blanca, convertirse en el mayordomo jefe), basándose en el artículo de Will Haygood, publicado en el Washintong Post: “A Buttler Well Served by This Election”. En la película lo interpreta magistralmente Forest Wittaker, bajo el nombre de Cecil Gaines, en una trama muy americana: un recorrido de los cuarenta años de los Estados Unidos, acompañando a un personaje que estaba sirviendo a cinco presidentes.
-Hermano, el servicio doméstico tiene un valor muy importante en nuestra historia.
El mayordomo echa la mirada a un largo trayecto de la historia norteamericana, desde los movimientos por los derechos civiles, el asesinato de JFK o el caso Watergate, a través de una serie de mandatarios: Eisanhower (Robin Williams), Reagan (Alan Rickman), Nixon (John Cusack) Johnson (Liev Schreiber) y Kennedy (James Mardsen). “Elegir a los presidentes fue lo más difícil porque no querías que vieras a John Cusak, interpretando a Nixon a Robin Williams, interpretando a Eisenhower, que quería era que desaparecieran como actores, sin hacer caricaturas y dejar que fueran humanos”. Un reparto de secundarios de lujo, junto a Ophra Winfrey (como la mujer alcohólica de Whitaker), Lenny Kravitz y Mariah Carey.
De este modo, el personaje interpretado por Forest Wittaker es testigo de la historia reciente de los Estados Unidos y sufre los dilemas de la actitud combatiente de su hijo Louis que coquetea con los panteras negras, aunque la película toma partido por la actitud pacífica del personaje principal.
-No fui al colegio, señor presidente, me crié en una granja de algodón.
Lo más flojo de la película es el guión que acusa los fallos de una película que pretende abarcar demasiado y al final quedan descompensadas algunas partes e ideas bastante interesantes. Entre lo primero, el primer tercio del film: las escenas que retratan la infancia del personaje principal se describen deprisa y corriendo, porque a Daniels sólo parece interesarle su llegada como mayordomo de la Casa Blanca.
Una historia muy americana, con un mayordomo que quedará en la historia del cine.
-Sabes, nunca llegaré a entender todo lo que habéis sufrido hasta que he visto esto.
Existe una multitud de formas de expresar el terror que ha marcado una etapa: durante el cine silente, sobresalía el expresionismo alemán; en los años cuarenta, la Universal, siendo la británica Hammer quién heredó este honor en las siguientes décadas. El giallo italiano, la productora Amicus británica, el fantaterror español, los fantasmas del cine japonés y ahora en este género destaca la firma Blumhouse, el nuevo tren de la bruja cinematográfico.
Bajo el amparo del mecenas Jason Blum y su productora, Blumhouse, encontramos la pauta del mejor terror actual, marcado por producciones de bajísimo presupuesto, pero extremadamente rentables, y por la libertad creativa y autoral. De hecho, Blumhouse está detrás de algunas películas fundamentales del género de los últimos años, la saga Paranormal Activity, Sinister (Scott Derrickson), The lord of Salem (Rob Zombie), The purgue: La noche de las bestias (James DeMonaco), Dark Skies (Scott Steward) y la fundamental Insidius (James Wan).
Otro de los puntos comunes que presentan todas estas producciones son los efectos que sufre una generación a causa de conflictos no solucionados en épocas pretéritas; como también el recurso audiovisual del llamado subgénero found footage. La primera de las películas que responden a este esquema, Paranormal activity, es un found footage de manual, con un sentido amateur y una historia de una pareja que se instala en su casa una cámara doméstica para poder recoger todo tipo de fenómenos extraños.
- Creo que va a ser muy interesante grabar lo que ocurre o si no hay suerte, lo que no ocurre.
He aquí, algunas de las claves de la productora que veremos en la gran mayoría de sus producciones: el carácter doméstico del terror, la presencia de fantasmas o entes desconocidos (en Dark Skies estas entidades malignas serían extraterrestres y en The purgue, un grupo de delincuentes, dispuestos a todos, ocultos bajo unas curiosas máscaras, pero el concepto es el mismo que en el resto de las películas). Se trata de unos “fantasmas” que no se quieren redimir ni siquiera comunicarse, como ocurría con El sexto sentido, por citar un ejemplo; son entidades agresivas que buscan aterrorizar y que tienen una especie de "existencia parasitaria", como vemos en ese demonio que va tomando las almas de los niños. Esta idea ya la vimos en Insidius (James Wan) e incluso en Paranormal Activity. Con un retrato de la familia protagonista alejado de una de las principales referencias de estos filmes: Polstergeis, donde se destacaba el modelo de familia feliz, con perro, viviendo en una urbanización aparentemente tranquila.
-¿Crees que son asesinatos en serie?
-No lo sé, los primeros que encontré son de los años sesenta.
“Sinister" es un film que puede resultar clásico, por la figura del escritor (Ellison) que después de vivir de las mieles de un gran bestseller, queda vacío de una inspiración que terminará buscando en los terribles territorios de los crímenes sin resolver. Por el camino hay un redescubrimiento del mal puro como tema central, a través de viejas películas caseras y del ocultismo, convertidos casi en clichés del cine de terror de las últimas décadas.
Ethan Hakwe, la estrella de Sinister repetiría con The purgue: La noche de las bestias.
-Sistema de transmisión de emergencia anunciando el inicio de la purga anual.
¿Qué sucedería si el crimen fuera legal 12 horas al año? Estamos en un futuro próximo, en un país –Estados Unidos- que alcanza su índice más bajo de desempleo y violencia, a cambio de que una noche al año “La purga” se desate el crimen como forma legal.
-El objetivo de la purga de este año es encontrarlo y matarlo, tienen una hora para entregarlo.
The Purgue: La noche de las bestias está centrada en la historia de una familia acomodada en un barrio tranquilo y protegido durante la violenta noche. Una familia encabezada por el personaje interpretado por Ethan Hawke: “Mi personaje es un hombre que gana mucho dinero con la “purga” pero como muchas personas que ganan dinero con algo no del todo lícitio, deciden no ver sus asepctos negativos. Es como un vendedor de cigarrillos o de whisky, prefieren obviar los datos negativos”.
Sin embargo, el nombre que está sonando más fuerte en la factoría Blumhouse es James Wan, cineasta australiano con un marcado sello y gran éxito, muy vinculado a esta productora y al guionista Leigh Whannell, responsables de una interesantísima filmografía dentro del terror (El silencio desde el mal, Saw o Insidius). Insidius, película de la que ahora llega su segunda entrega (Insidius: Chapter 2) fue una película que marcó un hito, al mostrarnos un film con espíritu de serie B de calidad que lograba competir con las mediocres superproducciones surgidas de las majors.
Pertenecemos a una generación que no sabemos ni siquiera plancharnos una camisa, nos desesperamos cuando no nos funciona el 3G y seguramente entraríamos a curiosear a casa de Paris Hilton, si tuviéramos la ocasión; así somos nosotros. Y si no me creéis, no os perdáis esta película, avalada por presentarse en el Festival de Cannes y estar firmada por la hija de uno de los grandes.
Un clásico nerd de instituto (Marc, Israel Broussard), harto de ser ninguneado por sus compañeros, se une a una chica, Rebecca (Victoria Chang) y a su grupo de amigas, dispuestas a conocer algo más de las estrellas de Hollywood que adoran. Sofia Coppola reúne a un grupo de chicas, para contarnos una historia basada en hechos reales, el de una banda de chavalas que se entretenían asaltando las mansiones de famosos; un caso real que transcendió lo anecdótico, hasta alcanzar relevancia mediática y incluso hasta a los tribunales. De hecho, la idea original de la película aparecía en un artículo de la conocida revista Vanity fair.
La verdadera banda Bling Ring.
Existe un precedente cinematográfico que cuenta con un enfoque similar, la película alemana: Los edukadores, cuyo argumento se basa en las andanzas de un grupo de chicos que entran en mansiones de los ricos con el fin de hacerles cambiar su modo de vida. Y con ese objetivo, secuestran a uno de ellos.
-Es nuestra oportunidad, por fin un ejemplo vivo para poner a prueba nuestros métodos.
Lujo, frivolidad y soledades.
-Soy una chica solitaria, que pasaba mucho tiempo con mi padre y no tenía amigos.
Muchos no perdonan sus orígenes, ser la hija de quién es y no ven la cineasta con gran estilo autoral (a pesar de que Lost on Translation, no me gustase nada) sino a una niña mimada que descubrió la pistola de papá. Pero más allá de las críticas que suele recibir Sofia Coppola, hija de uno de los grandes –Francis Ford Coppola- lo cierto es cuenta con un estilo propio superior a la primera etapa de su padre. En este cine de Sofia Coppola sobresale una idea: la fascinación de la juventud por las modas, el lujo y la frivolidad, pero también la soledad social ligada a un cierto estatus.
-¿No le he contado que le descubrí con una ramera?
-¡Majestad!
-Pero si eso es lo que es.
Le sucedía, de algún modo, a los personajes de Las vírgenes suicidas, lo veíamos en su versión de María Antonieta (seguramente su película más cohesionada y perfecta) o en Somewhere (donde dejaba claro esa idea de que el dinero no daba la felicidad). En este sentido, a Coppola le gusta retratar las soledades de sus personajes –sobre todo aquellos que pertenecen a la élite o adquieren cierta fama-. Lo encontramos en el personaje interpretado por Bill Murray (Lost in Translation) o en el de Stephen Dorff (Somewhere). Lo vemos muy claro en el caso de Maria Antonieta, pero también lo encontramos en las hermanas Lisbon de Las vírgenes suicidas.
A diferencia de otras películas suyas (Somewhere) cuyo protagonista es una celebridad de Hollywood, su interés radica en esta ocasión fuera de la pantalla, a través de un grupo de fans que buscan disfrutar algo del lujo y fama de aquellas celebridades que adoran como Paris Hilton, Orlando Bloom o Megan Fox. El interés de esta banda era precisamente todo aquello de lo que solían presumir estos famosos cara a la galería, como parte de esa fachada deslumbrante que eran sus vidas, es decir, sus joyas y ropas de alta costura. E imitando a sus estrellas favoritas, las Bling Ring llegan a adoptar un modo de vida terminando siendo sólo estática con una superficialidad que rozaba el paroxismo.
Ben Aflleck ha logrado meterse en el mentidero del cine gracias a la supuesta elección del actor como el futuro y nuevo Batman, decisión que está creando polémica; mientras le recodamos en algunos de sus papeles más destacados (El indomable Will Hunting) o en sus apariciones menos acertadas (Phantoms). Ahora se convierte en el villano de la función en Runner, Runner, título que evoca al mundo del juego y los casinos, como padrino de Justin Timberline.
-Así son las cosas en el juego en Costa Rica, a veces, recibes alguna paliza.
Runner, Runner (término propio del lenguaje del póquer) es una prueba más del cine sobre los falsos Sueños Americanos que crea esta sociedad obsesionada con el éxito fácil y rápido. El protagonista es Richie (Justin Timberlake) quien tras perder todo su dinero en una webb de apuestas, culpa al dueño del negocio (Ivan Block, Ben Affleck) por lo que viajará a Costa Rica para conocerlo. El situarlo en Costa Rica no es casual, al presentarnos una casa de apuestas online para escapar al control de la legislación norteamericana, alejándose de los ambientes tradicionales de Las Vegas (Casino, Martin Scorsese) para luego terminar contando la misma historia: los lodos del poder y el lujo, con un pececillo en un mar de tiburones (o de cocodrilos, según se mire).
-Me estafaron en su web y pude destapar el pastel, pero no lo hice.
En vez de querer demandarlo por lo que parecía todo una estafa, que en su pérdida de sus ahorros, había algo más que puro azar; se deja engatusar por el sueño del dinero fácil, seducido por un paraíso con prostitutas de lujo, dinero a porrillo y una corrupción que alcanza a todos.
-Acudiste a mí, este es un pequeño premio por tu esfuerzo. ¿Querrías probar suerte en un negocio de verdad? ¿Con tu primer millón en los primeros dieciocho meses? Me gustaría ver cómo los gastas. ¿Qué me dices?
-Tú qué crees.
Dirige la película Brad Furman, repitiendo argumento que en su trabajo anterior, El inocente: en una sociedad malsana los corruptos campan a sus anchas. En la primera, Mathew McConaughey interpreta a un abogado metido en un feo asunto que termina traicionando a su propio cliente, mientras que en Runner Runner se hace una crítica a la ambición empresarial a través de este Mefistófeles llamado Ivan Block: “Debajo de esta atracción del dinero fácil encontramos algo fraudulento y perverso”. Completan el reparto Gemma Artenton, como Rebbeca (la socia de Block), David Costabile (Lincoln, Steven Spielberg) y Anthony Mackie (visto en otra crítica al Sueño Americano, Dolor y dinero).
-Me enviaste a la boca del lobo.
-Así es el trabajo, si quieres algo seguro trabaja en Correos, pero si quieres tener tu propia isla debes saber recibir una paliza. Sales, vuelves al trabajo, recibes la paliza y cuando vuelvas me dices: ¿quieres que lo vuelva a hacer?
La relación maestro-alumno, que aparece de fondo, empieza a complicarse cuando Richie se vea involucrado en todo tipo de negocios turbios.
-Tu padre debía 185.000 dólares, pero esto es lo que he hecho: he comprado su deuda. Ahora me lo debe a mí, sólo el único que puede hacerle daño.
El personaje de Justin Timberlake se verá en un callejón sin salida, entre los chantajes del personaje de Affleck y las presiones del FBI que lo están investigando.
-¿Por qué está el FBI?
-Pregúntate si estamos haciendo algo ilegal.
-¿Lo hacemos?
La película, producida entre otros por Leonardo DiCaprio, está escrita por dos guionistas que hace poco lo hemos visto a cargo de un proyecto muy interesante, Un hombre solitario, como directores. Una película, con más pretensiones artísticas que presupuesto que nos hace sospechar que la pareja no llega a dominar del todo el mundo de los casinos y del juego. Vale, algunos dirán que ellos fueron los responsables del –libreto de Ocean´s Thirteen-. Lo que digo, que no saben de casinos.
El accidente en una estación espacial lo utiliza Alfonso Cuarón para partir de una idea sencilla, para terminar ofreciéndonos una propuesta innovadora, con George Cloony y Sandra Bullock como casi el único reparto. Un espectáculo en el que vemos dos únicos personajes suspendidos en la inmensidad del espacio y la imagen, al fondo, de nuestro planeta Tierra. “Una película muy sencilla y lineal, despojada de narrativa, apostando en el viaje en primera persona, en la cual los personajes expresan sus experiencias emocionales”.
-El cable se ha roto. ¡Me he soltado, me he soltado!
-Agárrate a lo que puedas.
La película está a la altura de grandes obras maestras en el aspecto técnico, pero combina sencillez narrativa con la complejidad visual: “Estábamos en una habitación llena de ordenadores con un programa especial para el film. Un espacio en el que no estaba Sandra Bullock. Se pasaba el día en un cubo de dos metros y medio de largo, rodeada de cámaras y pantallas de LED”.
Quién espere unas aventuras espaciales al uso en Gravity, se llevará una sorpresa.
Las referencias de la película.
-Houston, ¿me reciben? soy la especialista Ryan Stone, me he soltado de la plataforma y voy a la deriva.
Son muchísimas las películas que convierten la paz ingrávida del cosmos en un espacio claustrofóbico. Pero pocas veces alcanzan lo que propone Alfonso Cuarón. Evidentemente, evoca a 2001, una odisea en el Espacio como también a otros títulos como Misión a Marte (Brian de Palma), con una secuencia sobresaliente en la que el astronauta Tim Robbins corta el cordón que le une con uno de sus compañeros.
“Estuve viendo algunas películas espaciales pero por una cuestión técnica, pero no tiene nada que ver con la historia y sus personajes”. De hecho, el argumento de Gravity podría sucederse en cualquier otro entorno, con pocos personajes y un ambiente claustrofóbico o extremo. El propio Cuarón señaló sus referencias que nada o poco tienen que ver con el espacio: “películas con un personaje en una historia muy lineal, con una resonancia casi existencial a partir de la acción”. Encontramos a El diablo sobre ruedas, de Steven Spielberg; El tren del infierno (Andrei Konchalovsky); Un condenado a muerte se escapa (Robert Bresson) y Punto límite cero (Richard C. Safarian).
-Se ha bautizado en la emisora con el nombre de Kowalski en honor del último héroe americano para quien la velocidad, significa libertad de espíritu.
La marca de la casa de Alfonso Cuarón.
Alfonso Cuarón es uno de los grandes cineastas del panorama más actual, con una filmografía interesante aunque algo irregular en donde encontramos una marca de la casa, un recurso muy frecuente en su cine: los planos-secuencias.
Su particular versión del clásico de Dickens Grandes esperanzas contó con su primer plano secuencia siguiendo el baila de Paltrow y Hawke; en Y tu mamá también, acompañamos una charla entre Diego Luna, Gael García Bernal y Maribel Verdú, en un chiringuito; aunque lo mejor lo encontramos en Hijos de los hombres.
-Es tarde, el mundo se ha ido al carajo y sabes ya era tarde antes que pasara lo de la infertilidad.
-Solo iba a contarte un chiste.
La polémica. ¿Una película debe ser necesariamente realista?
Gravity no ha estado ajena a la polémica. Mientras que público y crítica la destaca como una gran película, la comunidad científica ya se ha hecho eco de las numerosas incoherencias y errores que presenta el film de Alfonso Cuarón. El astrofísico Neil deGrasse Tyson, habitual en programas de televisión que abordan asuntos científicos, no ha tenido piedad con la cinta del director mexicano. Dedicó a la producción una veintena de tuits en los que dejaba al descubierto los defectos de la cinta de Cuarón. "Casi todos los satélites orbitan la Tierra de oeste a este, pero la basura espacial representada (en la película) orbitaba de este a oeste" aparece en uno de los tweets. "Cuando Clooney suelta la correa de Bullock, él se aleja volando. En gravedad cero, un solo tirón los llevaría juntos", o "¿Por qué un médico, Bullock, está reparando el telescopio espacial Hubble?".
Polémica aparte, nos quedamos con una película que es puro cine.