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Travelling. Blog de cine.

Terminator: la saga. El hombre, la máquina y el Apocalipsis.

Terminator: la saga. El hombre, la máquina y el Apocalipsis.

La serie de Terminator, creada por James Cameron, es toda una franquicia de la acción y ciencia-ficción que engloba películas, series de televisión y todo un merchandising a la altura de las grandes superproducciones de Hollywood, una de las marcas de la casa del cine del realizador canadiense.  La saga trata sobre la batalla futura entre el programa de inteligencia artificial Skynet y la humanidad, liderada por Arnold Schwarzenegger que interpreta a Terminator T-800

- Creo que a este tipo le falta un par de tornillos.

- Tu ropa, dámela.

- Ven tú a buscarla.

Cameron era un camionero,  que pasaba sus ratos libres leyendo y escribiendo libros ciencia-ficción y pintando miniaturas cuando unió sus fuerzas con Randall Frake y ambos llevaron a cabo el cortometraje “Xenogénesis”, que presentaba  las obsesiones técnicas y narrativas que acompañarán al cineasta canadiense. Muchas de estas ideas aparecen en la saga de Terminator (sobre todo en las dos primeras, obras del propio James Cameron, las más destacadas, principalmente por que las secuelas no supieron entender el espíritu del original, tal y como sucedió con la saga de Alien).

Uno de los temas obsesivos de la ciencia-ficción ha sido el enfrentamiento del hombre, con la máquina, todo un clásico basado en el carácter autodestructivo del hombre y presente en el cine desde sus inicios a la actualidad. Otro tema clásico que aborda la saga de Terminator es el de los viajes espacio-temporales. En el celuloide han tenido un carácter experimental, pueden servir para resolver problemas del futuro o del presente, o con un sentido cómico, para permanecer en un momento concreto. En el caso de Terminator, sirven para crear un líder y cambiar el futuro, echando una mano a la maltrecha resistencia. Para ello, el director, recurre a la visión apocalíptica a medio camino entre Blade Runner y Mad Max.

En la primer película, un Terminator es enviado del futuro al tiempo presente para eliminar a la madre del futuro líder de la resistencia. Pero John Connor, también envía un soldado humano, Reach, con el objetivo de proteger a Sara Connor (Linda Hamilton), y de paso concebir al futuro líder.

  La segunda entrega, también dirigida por James Cameron, revoluciono los recursos de efectos digitales, como ninguna otra película había conseguido hasta entonces, hasta cambiar el concepto visual del cine de ciencia-ficción. En Terminator II, El juicio final, Sara Connor, está encerrada en un psiquiátrico por sus visiones del futuro apocalíptico, mientras que un adolescente Joh Connor, tiene que defenderse de la nueva amenaza procedente del futuro, un sofisticado Terminator T 1000, con la imagen de Robert Patrick y sus diferentes apariencias que toma gracias a su material de helio.

- Si quiere vivir, venga conmigo.

- ¡Cálmate, mamá, ha venido a ayudarnos!

Pero no está solo, Arnie, ha vuelto, esta vez desde el lado del futuro Connor, que le envía como Terminator T-800, algo más rudimentario, pero con buenos sentimientos.

 - Tras la guerra nuclear, vosotros liderareis.

- ¿Guerra nuclear?

- No tiene por qué haber guerra, podemos evitarla.

- No hay tiempo suficiente, las secuencias de lanzamiento tienen lugar a las 18:18.

- ¿De hoy?

La tercera película, la más floja en la opinión de este cronista, concluía –como no podía ser de otra forma- con el inicio de la guerra nuclear y la destrucción de una importante parte del mundo. Y todo eso, ante los ojos impotentes de un joven John Connor.

- Cibor desconectado, evaluar misión.

En esta franquicia surgió, además, una serie de televisión con el título de Las crónicas de Sara Connor, que sigue los avatares de Sara y de su hijo, desde la conclusión de la saga, hasta la llegada del juicio final.

- Si nos salvaste una vez en otro futuro, puedes salvarnos en este.

Terminator Salvation, la cuarta entrega de la saga en la que las máquinas se hacen con el dominio de la Tierra. Entre otras cosas ha cambiado el protagonista que ahora es Christian Bale, en un mundo apocalíptico en la que máquinas y humanos luchan por la supervivencia. De ahí que sea la primera película de la saga que no discurre en nuestros días, con viajeros del tiempo que pretenden salvar a la humanidad, sino que se planta directamente en la guerra que tanto temían los personajes de las dos películas originales.

 

Avatar: Tecnología 3D al servicio de una floja historia.

Avatar: Tecnología 3D al servicio de una floja historia.

- ¡Señoras y señores, ya no están en Kansas, están en Pandora!

Un planeta lejano, alienígenas, marines, efectos especiales y un presupuesto desorbitado; estos son algunos de los alicientes de la última película de James Cameron, Avatar, una historia corriente, en un ambiente poco corriente. Sin duda estamos ante un filme que marcará un hito, tanto como la revolución del montaje en Eisenstein, La guerra de las galaxias o la presencia de King-Kong en el Empire State. Marcará un antes y un después en el cine, pero en el sentido técnico. Lo cierto es que transforma la manera de ir al cine, pues no funciona según la lógica del cine clásico. Quizás sea este el logro que permita señalar la película como un hito en la historia del celuloide. Antes no era el alarde tecnológico lo que llenaba las salas de cine, sino el reconocimiento de un buen guión, de una buena interpretación o el disfrute de un espectáculo. Avatar es una película muy bien hecha, todo un Blockbuster que ha convertido la técnica en una gran atracción, un filme que tiene en el exhibicionismo tecnológico su principal baza. Y su espectáculo es tan deslumbrante como universal la historia que cuenta. El argumento se centra en el enfrentamiento entre progreso y naturaleza.

- No debes estar aquí, vuelve. Todo es culpa tuya.

Repasando la historia, vemos que actúa como una auténtica revisión de otros tantos filmes que han tenido en este tema su principal argumento. Desde El último mohicano o Pocahontas a La princesa Mononoke, y desde Bailando con lobos a La selva esmeralda.

- Las raíces de los árboles son poco profundas, así que los bulldocers los derriban con mucha facilidad.

 Todas nos hablan de la naturaleza como un espacio en el que existía un paraíso ancestral que fue agredido por el hombre civilizado, generando el pecado original. Unos conquistadores dispuestos a todo y un pueblo nativo que luchará por su supervivencia. En el caso de Avatar nos habla de la mala conciencia blanca, respecto a la destrucción del edén. Sí, puede servir incluso como metáfora de lo que sucede en Irak y sí, el tema de la avaricia aparece de nuevo en un filme de James Cameron.

- Es por esta piedrecita por lo que estamos aquí, se vende a 20 millones, el kilo. Resulta que su poblado se sitúa encima del mayor yacimiento del planeta y tendrán que irse.

Si James Cameron pasará a la historia del cine, antes incluso que su forma brillante de rodar set-pieces de cine de acción, es la evolución que la tecnología ha ido marcando en su filmografía. Habría que reconocer que fue Steven Spielberg quien en El mundo perdido, dio un salto adelante en el proceso de integración de imágenes digitales en una trama real, pero desde Terminator II, El juicio final, Cameron alcanza cumbres nunca vistas en cada nueva película (con algunas excepciones, por supuesto, aquí no podríamos encuadrar Mentiras arriesgadas).

- Existe un pueblo indígena llamado Navi, son muy difíciles de matar.

- Quiero que conozcas a esos salvajes desde dentro, que te ganes su confianza.

Entonces llegó Titanic y la historia de amor se convirtió en todo un ejercicio digital. Cameron se ha dedicado a innovar tecnología, con un sistema de cámaras en 3D y del motion captura que crease Robert Zemeckis para su Polar Express y que perfecciono Peter Jackson para su monumental trilogía de El Señor de los Anillos y King-Kong.

Pero más allá de la tecnología, la historia de Avatar, de por sí, es bastante plana, esos malos malísimos, esos buenos con remordimientos y esa historia de amor interracial. Pero, también hay referencias de la mejor literatura de ciencia-ficción; de hecho, se puede reconocer que el cine ha alcanzado la técnica capaz de hacer realidad la imaginación más desaforada del género. Sin embargo, también se lamenta la poca profundidad con la que ha recurrido en ese despliegue de formas. James Cameron no recurre a ese legado, sino que se limita a presentarnos un recital de efectos especiales. En realidad, el espectador de esta película recordaría al protagonista de una pentalogía literaria del género, El libro del Sol Nuevo, escrita por Gene Wolfe. En un pasaje de la novela principal, el humano Severian conversa con los extraterrestres que le reproducen su entorno alienígena. Los personajes advierten el desconcierto de su interlocutor y uno de ellos apunta que cualquier entorno humano resultaría igualmente extraño a sus ojos. La principal diferencia es que Cameron no apela al entorno futuro o extraterrestre, pronto descubrimos todo un vergel, una naturaleza que se expande viva hasta el horizonte. Es una inteligente combinación del space opera, el western, el ecologismo-zen new age y la estética del videojuego.

Del mismo modo, habría que reconocer la influencia de la novela corta Call me Joe, de Paul Anderson, protagonizada por un parapléjico conectado telepáticamente a un alter ego sintético que se mueve por la superficie de Júpiter.

- La idea es controlar unos cuerpos a distancia, llamados Avatares, creados a partir de ADN humano, mezclado con ADN de los indígenas.

- Un marine en un cuerpo de Avatar, ¡qué mezcla más potente!

Midnight in Paris: La fantasía de la nostalgia.

Midnight in Paris: La fantasía de la nostalgia.

-Estás enamorado de una fantasía.

-Estoy enamorado de ti.

Gil (Owen Wilson) es un escritor en horas bajas que viaja a París, siguiendo esa estela de norteamericanos seducidos por la ciudad de la luz; pero lo hace junto a su prometida (Inez, Rachel McAdams) y los suegros, haciéndose coincidir este momento de inseguridad creativa con otro de índole sentimental. La película comienza con una discrepancia menor entre la pareja y concluye con ambos, preguntándose si esa elección sentimental es la más adecuada; de por medio, se encuentra su suegro, un republicano excesivamente tirando para la derecha, que al mismo tiempo tacha de comunista a su futuro yerno y sobre todo, un engreído amigo de su prometida, que se pasa el rato haciendo gala de una pedantería gratuita hasta llegar al punto de corregir a la guía de un importante museo (Carla Bruni).

Su falta de empatía con el grupo se  compensa con la admiración que siente por la capital francesa.

-Esta noche mi libro no me importa en absoluto, quiero pasear por París con usted.

La película arranca con esos planos generales “turísticos” de Paris, al igual que otros prólogos con fondo musical de otros filmes suyos como A Roma con amor o Manhattan, como respuesta a esa visión de ensueño por una ciudad que se nos ha vendido como una de las más seductoras del mundo. Cesare Pavese podría ayudarnos a comprender al personaje de Gil, en una cita que encabeza la recomendable “El placer del viajero” (Ian McEwan): “Los viajes son una brutalidad. Le obligan a uno a confiar en extraños y a perder de vista toda la comodidad familiar de la casa y los amigos”. A la pareja de viajeros de Allen pasan unos días en París cargados con un equipaje emocionalmente delicado, por sus dudas, desequilibrios y la crisis de la propia relación, mientras que la ciudad queda secretamente a un lado, al menos por el día.

Será la noche parisina lo que le haría vivir una fantástica experiencia, viajar en el tiempo para recabar en el tiempo soñado por el personaje principal, un Owen Wilson fascinado y fascinante como alter ego del propio Woody Allen. Un mágico viaje en el cual, el escritor dará con Hemminguey, Picasso, Buñuel, Dalí o Scott Fitdgerald, sólo por citar algunos de los personajes de aquella edad dorada, y entre ellos, quién se convertiría en su musa, Adriana interpretada por la siempre espléndida Marion Cotillard. “Medianoche en París trata sobre un tipo no se ve en su propia época y cree que sería más feliz en otra, pero al viajar a esa época pasada ve que tampoco es feliz allí. El mensaje de la película es insatisfactoria permanezcas o no en tu época”.

 

 

     

Una cuestión de estilo.

La idea principal de Midnight in Paris recuerda a esa celebradísima serie Dimensión desconocida, en donde los viajes en el tiempo formaban parte del argumento de muchos episodios. En realidad, habría que destacar el capítulo A Stop at Willoughy (primera temporada), en el cual su personaje principal llegaba a un pueblo, situado fantásticamente en el siglo XIX, la época soñada por el protagonista. De hecho, lo mismo sucede a Gil, a cada medianoche y subiéndose en un coche de época, acompañando a grandes celebridades de esos años treinta, e incluso dando nuevo salto en el tiempo hacia el Maxim´s de la Belle Époque.

Al mismo tiempo, cuenta con una de las temáticas preferidas por el director, el juego de la realidad y la ficción, pues el filme nos deslumbra con una ensoñación de escenas memorables al estilo de Sueños de un seductor, y sobre todo La rosa púrpura del Cairo.

-Señorita, creo que le encanta esta película.

-¿Me habla a mí?

Personajes de ficción que iluminan las vidas grises del que está al otro lado, e incluso aproximándose a otros ficticios interactuando con personajes históricos, como el propia Woody Allen había planteado en Zelig. “La película nos dice de una forma explícita –continuaba comentando el cineasta- que la labor del artista es encontrar en su propia época, lo necesario, para que su vida sea tolerable. Encontrar belleza en el presente”.

 

Bill Murray en dos tiempos: Atrapado en el tiempo y los fantasmas atacan al jefe.

Bill Murray en dos tiempos: Atrapado en el tiempo y los fantasmas atacan al jefe.

 “Arriba excursionistas”.

Despertarse oyendo «I Got You Babe» de Sonny & Cher, atrapado en el día de la marmota, es la experiencia que vive el personaje de Phil Connors, un cascarrabias presentador del tiempo de una televisión de Pittsburg en esta divertidísima comedia, a cargo de Harold Ramis, que cumple veinte año.

-Estoy reviviendo el día de la marmota, una y otra vez, hoy. Como si no hubiera habido ayer.

El meteorólogo Phil Connors (Bill Murray),  va acompañado de su nueva redactora Rita (Andie MacDowell) y de su técnico de grabación, Larry (Chris Elliott), a Punxsutawney, una pequeña población de Pennsylvania, para retransmitir una fiesta local en la que se determina cuánto tiempo queda de invierno, el famoso Día de la marmota. El corto 12:01 PM es uno de los precedentes, historia que parte de una novela homónima de 1973; argumento que sirvió para un remake español, Un día sin fin protagonizado por Goya Toledo.

-Les daré un pronóstico para el invierno: será frío, oscuro y durará... el resto de sus vidas.

A primera vista, la argumento de la película parece simple pero no lo es, encierra en ella muchas ideas, sobresaliendo: “vive cada día como si fuera el último”. Una lección que no olvidará un personaje arrogante y sin amor por la vida; por lo que la película pertenece igualmente a esa tipología de superación personal, con  variantes sustanciales según el contexto en que se sitúa. Aunque no pocas veces se encuentran al borde de la autodestrucción, la batalla por salir adelante resulta muy atractiva a la hora de triunfar en taquilla, por ser algo que el espectador comprende y agradece.

                                    

El personaje Phil Connors podría recordar a aquel Frank Cross, el ejecutivo de una importante televisión, en la película Los jefes atacan al jefe (Scroodged, Richard Donner); la segunda película que hemos querido destacar en este pequeño homenaje al actor Bill Murray. De hecho, son muchas las similitudes entre ambas. Un personaje insolidario, solitario, cínico e individualista hasta acabar siendo un “hombre bueno”, como si se tratase de una especie de Cuento de Navidad, aunque con la novedad de ser visitado por un eterno fantasma del presente. Otra semejanza entre ambas película es la coincidencia del personaje principal femenino, una optimista de buen corazón, interpretada por Andie MacDowell en Atrapado en el tiempo y por Karen Allen en Los fantasmas atacan al jefe (Richard Donner).

- Francis... ¿No crees que has sido muy duro con ella? ¿Sabes lo que pasa si tratas mal a la gente cuando subes?

- Sí. También puedes tratarla mal cuando bajes. Es fantástico, tienes dos oportunidades de tratarla mal.

 El rodaje de Los fantasmas atacan al jefe estuvo marcado por el gran impulso de Michael Ovitz, un poderoso ejecutivo de Hollywood, pero sobre todo por Bill Murray que se aseguraría unos increíbles emolumentos por la película “superior al del productor, director y reparto juntos”, como señaló el productor principal a cambio de controlar las diferentes facetas de la producción. Por ejemplo, el actor reescribió el guión a su gusto, con el fin de fichar a sus amigos de Saturday Live Night, programa donde Bill Murray era un conocido cómico, y ayudó a que Ovitz consiguiera a Richard Donner como director, tras la renuncia de Sidney Pollack, ganándose su confianza con todo tipo de estrategias. Eso sí, la personalidad de Donner desapareció por completo de la película, estableciéndose una difícil relación con el actor: “Dirigir a Bill Murray es como ser un policía en Times Square durante un apagón”.

   

¿Sobre qué iba la película? El argumento es bien conocido. Es una crítica al mundo de la televisión y del materialismo de los ochenta, con el Cuento de Navidad de Dickens –como telón de fondo-. De hecho, el título original (Scrooghed) la verbalización del famoso personaje dickensiano refleja las dos caras de la película, el personaje agrio de Bill Murray y la moderna versión del clásico navideño por parte de la cadena de televisión de la película. Un título muy lejos de la horrible traducción al español, “Los fantasmas atacan al jefe”, que aluden a los tres espíritus, el del pasado, presente y futuro que visitan al Frank Cross de Bill Murray, en la noche de Navidad.

 Al final, y como sucede en Atrapado en el tiempo, la película derivaba a una comedia romántica con toques fantásticos y mucho humor negro. Dos grandísimas comedias muy sobresalientes y recomendables.

Julie & Julia: Nora Ephron entre sartenes.

Julie & Julia: Nora Ephron entre sartenes.

¿Recuerdan “Las horas” (Stephen Daldry)? La película seguía la obra de Virginia Wolf, Mrs. Dalloway, en tres tiempos, siguiendo a tres mujeres frustradas de tres épocas distintas. A la propia autora (que le valió su único Oscar a Nicole Kidman), mientras escribía Mrs. Dalloway; a Julianne Moore , una ama de casa de los años cincuenta que lee el libro, y a Meryl Streep, interpretando a una editora homosexual neoyorquina, que cuidaba a un amigo escritor (Ed Harris) enfermo de Sida. Algo parecido hace Nora Ephron en Julie & Julia, aunque cambiando la literatura por la cocina y su tono gris por un optimismo edulcorado (no apto para diabéticos) marca de la casa de la directora.

-Me propongo a hacer todas las recetas de Julie Child.

Nueva York, 2002. Una joven no soporta su estresante trabajo en la Oficina de Atención a los Afectados del 11S, de modo que decide afrontar un reto culinario, a través de su blog. Trata de realizar, a lo largo de un año, las 524 recetas del único libro –sobre la cocina francesa- escrito por Julie Child, la esposa de un diplomático en servicio en París, que se convierte en una especie de Simone Ortega a la americana.

-Te estás pasando de competitiva, ¿no te parece?

-Debías haber visto cómo me miraban esos hombres.

El éxito de Algo para recordar y Tienes un e-mail, y el fracaso de Embrujada, ha marcado la carrera de esta directora que logra su mejor película con la adaptación no de un libro, sino de dos, ‘My Life in France’, de Julia Child y Alex Prud´Homme, y ‘Julie & Julia’, de Julie Powell; es decir, dos historias reales de cerca de seiscientas páginas, ambas, condensadas en dos horas de metraje. Un reto que destacamos, junto a los actrices principales que ponen rostro a un cartel que anuncia perfectamente lo que la propuesta ofrece: dos mujeres que pasan mucho tiempo en la cocina. Lo mejor de la película, junto a Stanley Tucci, correcto en el personaje del diplomático, marido de Julie Child. De esta manera, Nora Ephron ha contado con solventes actrices, una que está a la altura de su dilatada carrera (Meryl Streep) y otra que empieza a pulirla (Amy Adams).

                                           

Nora Ephron, escritora y directora.

Nora Ephron, famosa por ser escritora de bestsellers, nos traslada a la ficción-real, de hecho su carrera comenzaba como periodista y estuvo casada con Carl Berstein, uno de los que destaparon el caso Watergate (para que os hagáis una idea, el personaje interpretado por Dustin Hoffman en Todos los hombres del presidente). Esta relación permitió fraguar la novela Se acabó el pastel,  considerada una especie de autobiografía de aquel matrimonio, que terminó siendo la base de una película protagonizada por Jack Nicholson.

A pesar de escribir el guión de célebres títulos (Cuando Harry conoció a Sally), es mucho más recordada por ser la directora de unas comedias románticas como Tienes un e-mail (versión moderna de la clásica El bazar de las sorpresas) y Algo para recordar, ambas protagonizadas por Tom Hanks.  

-¿Qué vas a hacer cuando llegues arriba? ¿Vas a escupir abajo?

-No, voy a conocer a mi nueva madre.

 Su última película (falleció dos años después), es su trabajo más redondo, un film que discurre en paralelo, para mostrarnos tanto a la autora como a la admiradora, es decir, la historia que sucede en la actualidad y aquella de Julie Child, remontándose unas cuantas décadas atrás, con el personaje de Meryl Streep como protagonista. El resultado final es interesante, edulcorado al exceso (como ya hemos dicho) pero una propuesta a contracorriente que cuenta con la cocina como reflexión de la creatividad y la calidad.

 -Estaba preparando el poulen routege o pollo asado, relleno de hígado de pollo, cuando se cayó al suelo todo el relleno, una gran masa viscosa. Bueno, para abreviar: otra hecatombe, peor que la vez que la anterior.

amy-julie             streep-julia

 

Rostros desfigurados en el cine.

Rostros desfigurados en el cine.

La búsqueda a toda costa del éxito social o la deshumanización de la sociedad de consumo permiten que se vaya imponiendo la tiranía de unos cánones a los que todos debemos aspirar, de ahí que el séptimo arte parezca preocupado por mostrar en pantalla el ideal de belleza, cuerpos esculturales y musculados. Aún eso, personajes con el rostro desfigurados o que muestran alguna tara física, los hay muchos y muy buenos. Porque como decía Oscar Wilde, “la belleza está en los ojos de quien mira”.

El primero lo encontramos en el cine silente (El fantasma de la ópera), interpretado por el legendario Lon Chaney, el enmascarado que vivía en el subsuelo de la Ópera de París, cuyo trabajo fue recompensado con el Oscar al Mejor Maquillaje por la Academia de Hollywood; sobre todo cuando este tipo de personajes suelen estar ligados al maquillaje, lo que sorprende que uno de los trabajos de caracterización más logrados no consiguiera alzarse con la preciada estatuilla. Hablamos de El hombre elefante (David Lynch), el desfigurado cinematográfico presente en la memoria de todo cinéfilo. La película marcaba un hito al contarnos la historia real de John Merrick, acuciado de una extraña enfermedad, por la cual en su época fue considerado un fenómeno de feria hasta que un médico observó unas grandes cualidades humanas en él.

-¿Por qué no me dijo que sabía leer?

-Estaba asustado.

-Comprendo.

-Tenía miedo de hablar.

¿Cómo hubiera sido la adolescencia de John Merrick si hubiera vivido en la actualidad? A esta pregunta responde Peter Bodagnovich, con Mask (Máscara); el personaje también existió fuera de la ficción. La película mostraba a un chico optimista y confiado de sus propias capacidades, interpretado por un irreconocible Eric Soltz.

-Rocky Dennis, armario 158, combinación derecha 24, 48 izquierda, dos veces, ¿no lo has anotado?

-No hace falta.

El característico gesto de su cara hizo que esta vez si ganase el Oscar.

A veces sólo una parte del rostro marca al resto de la cara. Eso pasa al con la nariz y no hay mejor narizota que Gerard Depardieu en la versión más conocida de Cyrano de Bergerac, feo que pone la genialidad y su lirismo al servicio del guapo. De hecho, no hay nada mejor que ponerse una nariz postiza para ganar un Oscar; será verdad eso de que la suerte de la fea la guapa la desea, sino que se lo digan a Nicole Kidman, para su papel de Virginia Wolf en Las horas. Billy Cristal bromeó que la nariz real de la bella actriz australiana era la que mostraba en la película, mientras que la postiza era la del resto de sus personajes.  

A nivel televisivo, podríamos destacar “The Eye of the Belhoder”, capítulo de la segunda temporada de la mítica The Twilight Zone; mientras que en el cine vemos cómo los rostros desfigurados se prestan para los melodramas.

-Prométeme que volverás a por mí.

-Te lo prometo.

Por una promesa, Ralph Fiennes quedaba desfigurado en El paciente inglés; pero pueden que las circunstancias no sean siempre tan trágicas como la de esta película. En una sociedad regida por las apariencias, uno de los escollos que deberías superas es el sufrir alguna tara física, a causa de las circunstancias de la vida. Este planteamiento le surge al personaje de Kevin Spacey en Cadena de favores. Otras veces surgen a jóvenes hedonistas como el personaje de Eduardo Noriega que repetía trabajo a las órdenes de Alejandro Amenábar en Abre los ojos.

Como ya hemos visto demasiados dramas, terminaremos con una comedia, El jovencito Frankenstein, una joya del humor marca de la casa de Mel Brooks, para su particular versión del monstruo inmortal creado por Mary Shelley.

 

Una cuestión de tiempo: Una comedia brit romcom.

Una cuestión de tiempo: Una comedia brit romcom.

¿Recuerdan la película Atrapado en el tiempo en la que Bill Murray vivía repetidos días de la marmota, para poder corregir su personalidad disfuncional? Seguro que muchos de vosotros pensarán como yo: sería genial poder regresar al pasado reciente para ir corrigiendo los fallos que vamos cometiendo de forma cotidiana. Este es el don o la fantástica facultad del protagonista de esta película.

-Entra en un sitio oscuro, aprietas los puños, piensas en el momento al que quieres viajar y te encontrarás allí.

Podemos observar cómo parecen estar de moda los saltos en el tiempo (los flashbacks y los flash forwards) de la ficción televisiva norteamericana (J.J. Abrahms) y las comedias románticas, pretendidamente rompedoras y con toques de manual de autoayuda. Con estas dos ideas, el británico Richard Curtis construye una comedia como una paradoja temporal, al estilo “brit romcom”. “Las reglas de esta película es que sólo puedes viajar hacia atrás, a momentos que recuerdes de tu propia vida”. Es decir, sirve como excusa para volver al principio del día y disfrutarlo, como forma de aprovechar del tiempo que tenemos pero además, apreciarlo.

-Me encanta tus ojos.

-¿De verdad?

-Me encanta el resto de tu cara. Es lo más maravilloso de este mundo.

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La historia de Una cuestión de tiempo responde al esquema de la “brit romcom” (la comedia romántica británica), con un personaje principal (Tim, Domhnall Gleeson), rodeado por un reparto coral muy al estilo del director. Una familia acomodada que vive en una mansión en primera línea de costa en un lujoso paraje de Cornualles, con unos personajes algo excéntricos -su padre, un profesor universitario retirado; o su tío, que mantiene un estilo de vida a lo gentelman) junto al “bicho raro” de la familia (la hermana de Tim, con nombre de dulce: Kit Kat).  

-Se me había olvidado, Jimmy Fontana El mondo.

-El mejor disco grabado por un italiano que lleva una ardilla muerta en la cabeza.

Richard Curtis, maestro de la “brit romcom”.

A casta le viene al galgo cuando hablamos de una comedia romántica al estilo de Una cuestión de tiempo. Nos referimos a un director inglés que ha participado en la serie Sexo en Nueva York y es el responsable de los libretos de Cuatro bodas y un funeral (Mike Newell) o Nothing Hill (Roger Mitchell) o como director/guionista de Love Actually, una serie de historias que tienen como punto en común el amor en el día de San Valentín. Su último trabajo es la menos conocida Radio encubierta, cuyo argumento nos llevaba a una emisora pirata que alcanzaría unas envidiables cotas de oyentes, en los años ochenta. Es decir, sus personajes suelen aparecer como urbanitas refinados, bohemios y algo desaliñados en plenos conflictos sentimentales. Pero Richard Curtis también escribió algunos capítulos de la celebrada serie de ciencia-ficción Doctor Who, uno de ellos con una marcada relación con la película: una paradoja temporal emocional servía para que dos mundos no colisionaran.

-El hecho es que los hombres de esta familia siempre han tenido la capacidad de viajar en el tiempo.  

La idea fantástica de la película surge como un don propio de los hombres de la familia de Tim, una idea con la que construye el director un film sofisticado, a pesar de que no sea un guión sólidamente construido (ni el aspecto sobrenatural ni los personajes secundarios están bien desarrollados) y a veces la esencia de la vida parece algo de manual de autoayuda. Esa voz en off del protagonista como cuando expresa que cada mortal es, en realidad, un viajero en el tiempo.

-Todos viajamos por el tiempo juntos, cada viaje es nuestra vida y lo que hay que hacer es dar lo máximo y disfrutar de este maravilloso viaje.

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Tras la pista del asesino: El psicópata filmado por Hollywood.

Tras la pista del asesino: El psicópata filmado por Hollywood.

Las anomalías biológicas, temperamentales y cerebrales hacen del psicópata un enfermo con tendencia antisocial que se manifiesta en sus pretensiones criminales. Su persnalidad desconcertante, carente de empatía y descarada por su indeferencia ante el castigo, ha sido una taquillera materia prima para los guionistas que han planteado, con mayor o menor aproximación científica, un mismo panorama pero desde distintas perspectivas que como tal sugiere un sugestivo subgénero: el del asesino en serie.

 El expresionismo alemán encontró en la figura del asesino en serie una fuente inagotable de inspiración. Fritz Lang sería  el primer especialista de la historia del cine que trató esta temática en la pantalla. Desde M, el vampiro de Dusseldorf  hasta la serie que dedicó al Dr. Mabuse, se desprende la psicopatía de una serie de asesinos muy partriculares.

 Pero el psicópata no es cosa del siglo XX, el caso más célebre sin resolver nos lleva a la Inglaterra victoriana con el mítico Jack el Destripador. Fue Alfred Hithcock quien lo trasladó por primera vez en el cine, en El asesino de las rubias, con la caza de un serial killer por las calles de Londres. Más tarde este director firmaría algunas de las películas más interesantes del género, con Psicosis a la cabeza. Y pronto, estos personajes empezaron a verse en todo tipo de películas, como en la comedia o discursos narrativos próximos a la fábula como hizo Frank Capra –en su propio estilo- en Arsénico por compasión.

-Ese muchacho murió porque bebió un vaso de vino que tenía veneno.

-Pero, ¿cómo tenía veneno el vaso?

-Pues, se lo pusimos en el vino porque se nota menos que en el té, que tiene un sabor muy particular.

Buñuel también era un aventajado observador de los reversos tenebrosos que anidan en los seres humanos, aunque a esas costumbres añadía humor y distinción a su personaje de Archivaldo de la Cruz en Él, el asesino vocacional más elocuente de su filmografía que escondía tras sus buenos modales, el oscuro deseo de aniquilar a las mujeres, con las que tenía relaciones, al menos en sueños.

                     

Pero sería Alfred Hitchcock quien presentó enPsicosis la mente totalmente perturbadora que estaba dominada por el influjo de una segunda personalidad a la hora de matar, una personalidad desconcertante de la cual el cine siempre ha querido explicar sus anomalías que degeneran en una violencia, a veces, incontrolada, pero siempre una buena base para hacer caja en las taquillas. Una de las propuestas por explicar la mente del psicokiller la presentó el filme Copycat, con el personaje de Sigurney Weaver.

-El FBI calcula que mientras que estamos aquí, pude haber hasta treinta y cino asesinos múltiples rondando en busca de una víctima.

 Por todo ello, la pantalla se ha ido llenando de individuos extrañamente peligrosos que quedan definidos por el misterioso mecanismo que induce a sus mentes torturadas a agredir a sus semejantes y a repetir sus actos violentos con una cadencia ritual.

 - ¿Sabe lo que quiero saber? Quiero que me eches una mano, doctora, ysted es una experta. ¿Cómo cree que un tipo como yo asesinaría a un idiota como este? ¿eh?  ¿Le rajaría o le disparo? ¿Le disparo o le rajo? ¿le rajo o le disparo? Yo creo que voy a hacerle las dos cosas, le rajo y le disparo.

           


 En torno a la figura del psicokiller también aparecen reflexiones sobre su condición de estrellas mediáticas. Asesinos natos, una magnífica película de Oliver Stone, nos presentaba a la televisión como uno de los factores propios de esta conducta; mientras que en el falso documental Ocurrió cerca de su casa (Reny Belvaux) era una ventana abierta para un psicópata exhibicionista y egocéntrico.

 Otra rama fundamental de este subgénero se inició con El estrangulador de Bostón (Richard Fleisher), sublimando las fechorías de auténticos asesinos en serie, desde Jack el Destripador, Ed Guein o Buffalo Bill, personaje que aparecía en otra de las obras cumbres del género: El silencio de los corderos (Jonathan Demme). A pesar de esto, entre los asesinos en serie más carismáticos de la edad moderna cinematográfica, destaca por distintas razones el casi caricaturesco Hannibal Lecter, bien conocido por sus pretensiones culinarias, como encontramos en su película más conocida El silencio de los corderos: "Uno del censo quiso hacerme una encuesta y me comí su hígado, acompañado de habas y un buen kientì".

                       

  De los directores actuales, acostumbrados a jugar a estos juegos maliciosos, en torno al asesinato gratuito pero fascinante, sobresale David Fincher que ha dado sobradas muestras de hasta dónde puede llegar su perversa capacidad de fabular. En esta línea encontramos su fundamental  Zodiac, aunque sea Seven la película clave de este subgénero, en donde un brutal asesino en serie tortura a sus víctimas antes de acabar con ellas, siguiendo los siete pecados capitales, pero sobre todo el filme es interesante porque añade a la particular caza del gato al ratón, elementos luego arquetípicos del género.

 - He hecho una visita a tu casa, después de que te fueras. Quería el papel de marido, de degustar la vida de un hombre casado. No lo he conseguido, pero me he llevado un recuerdo, su hermosa cabeza.

 El cine español también ha recurrido a la figura del asesino en serie, en los últimos tiempos y de forma brillante. Destacamos Las horas del día (Jaime Rosales), un ejercicio de cotidianidad interrumpido por los eventuales y  gratuitos asesinatos por parte del protagonista. Bigas Luna dirigió una película muy imitada por el cine americano, Angustia; aunque la preferida del público seguramente sea, aquel film vinculado con el mundo del snuff, ópera prima de Alejandro Amenábar, Tesis.

- Y ahora, por favor, no muevas la cabeza.