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Travelling. Blog de cine.

Un hombre solitario: Las crisis de un hombre en su madurez.

Un hombre solitario: Las crisis de un hombre en su madurez.

-Me acerqué un momento y te vi metiéndole mano. Pensé que ibas a recoger algo, pero por cómo empezó a retorcerse, me parece que no se te había caído nada.

Un hombre solitario (D. Leiven y B. Koppelman) es una película menor en comparación con otras producciones de Hollywood con reparto similar, protagonizado por Michael Douglas, que interpreta a un tipo en crisis perpetua, desde que su médico le detectara unas anomalías cardiacas, le diese cita para una revisión, a la que no se presentará jamás porque su personaje entra en pánico y, en cambio, se divorcia y decide iniciar una vida sexual muy activa. Pero lo que le sucede, realmente, es que este sesentón se resiste a envejecer, en esta película que, por curiosidad, llegó a las salas con cinco años de retraso.

-Pues no lo crees, pero todos envejecemos.

-Es algo biológico, pero no acepto que me pase a mí.

  Michael Douglas se está especializando por personajes cuyo devenir existencial se convierte en un descenso a los infiernos. La metamorfosis de un hombre de maduro, quien de una posición envidiable o consolidada pasa a convertirse en una dramática parodia de sí mismo. Sus personajes son, según Koppleman: “Hombres poderosos y carismáticos que por alguna razón traicionan todo aquello en lo que habían creído y se pierde en un tortuoso camino”. Esto es precisamente lo que sucede al actor con algunos de sus personajes como el de Nicolas Van Orton en The game (David Fincher), el escritor Grady Tripp (Wonder Boys), o el de Behind the Candelabra (su última película, no estrenada en nuestro país) en donde interpreta de forma sobresaliente al música con tendencias homosexuales, Liberance, a las órdenes de Steven Sorderberg. No por casualidad, el cineasta es el productor de Un hombre solitario pues la pareja de directores (Brian Koppelman y David Levien) habían sido guionistas de algunas películas suyas: The gilfriend Experience y Ocean´s Thirteen.

 

Volviendo a Un hombre solitario, su personaje pasa de la gloria inicial como afamado dueño de unos concesionarios queda en el paro y desclasado socialmente.

-Vengo a buscar trabajo.

-¿Quieres trabajar para mí?

-Sí, soy capaz de vender cualquier coche.

-No, de eso no hay duda.

Por eso no es raro pensar que su personaje fue escrito pensado para el actor, qure estuvo arropado un grandísimo reparto de secundarios: Susan Sarandon, Danny de Vito o Mary –Louise Parker.

-Antes de que arruinaras tu vida, ¿qué eras para él?

-Eres muy valiente al decir eso, sensato, pero rencoroso y muy rastrero. Para mi hija preferiría alguien mucho más hombre.

Quisiera cerrar reivindicando uno de los grandes de Hollywood y su mejor interpretación en años, su personaje de Liberance en aquella maravilla que es Behind the Candelabra, película de Steven Sorderberg, maltratada por la industria y que sólo logró sacarla adelante gracias al apoyo de la HBO. ¿Sería oportuno hablar de la crisis del cine frente a la televisión? Con esta idea, que merecería una futura reflexión, cerramos el artículo sobre esta película.

                                                                 

Las brujas de Zugarramurdi: La guerra de sexos de Alex de la Iglesia.

Las brujas de Zugarramurdi: La guerra de sexos de Alex de la Iglesia.

-Estoy hasta los cojones de la pensión compensatoria, de los jueces y de las brujas de Zugarramurdi.

Ladrones de medio pelo, brujas del siglo XXI, guerra de sexos y un humor negro, negrísimo; todo esto y mucho más es la última comedia de Alex de la Iglesia. Las brujas de Zugarramurdi es cine palomitero, pero industrialmente necesario, en donde descubriremos que las mujeres son unas auténticas brujas. ¿De verdad sabemos cuándo hablamos del sexo débil?

Si el sueño de la razón creaba monstruos, según decía Goya, los que forman parte del particular imaginario del cineasta vasco resultan ácidos y desmedidos, con un humor negro y llenos de referencia. El propio Zugarramurdi y sus brujas; Goya y esa visión de la España más tremendista llena de particulares aquelarres y El día de la bestia: “Ese cura viajando de Deusto a Sestao para celebrar un gran aquelarre”: “No he pecado, pero voy a pecar. Voy a hacer todo el mal que pueda”.

Alex de la Iglesia vuelve a contar con su guionista habitual, Jorge Guerricacheverría, quién mantuvo una estrecha relación con el director, con dos únicas excepciones (La chispa de la vida y Balada triste de trompeta).

-Son como una secta, comparten información.

-A ver, a ver, a ver no empecemos con el rollito machista, por favor.

Un padre separado que quiere la custodia compartida, su hijo y un relaciones públicas de una discoteca protagonizan un atracado a una tienda de “compra venta” de oro de Sol. A quienes se unirán, en su alocada fuga a Francia, un taxista –tomado a punta de pistola- y su cliente, un hombre que pasaba por ahí y que sólo quería ir a Badajoz.

-Si vamos a ir a Francia, ¿puedo llamar a mi mujer para decirle que no voy a cenar?

Pero en la fuga, se sumarán otros personajes, la perturbada mujer, interpretada por Macarena Gómez y una pareja de policías, hasta llegar a un lugar recóndito.

-¿Cómo se llama?

-¿El qué?

-El pueblo.

-Zugarramurdi.

La película tiene todos esos ingredientes que suelen verse en las películas del cineasta: violencia, humor, terror, gore, algo de romanticismo y mucha mala leche. “Se encuentran un grupo de brujas que les harán la vida imposible hasta prácticamente matarles. Les hacen pagar todos sus pecados, pero en pleno sufrimiento descubren que la única manera de enfrentarse al sexo opuesto es precisamente eso, enfrentarse y en la confrontación encuentran el amor”. El deseo que sentirá el personaje de Carolina Bang por uno de ellos, será clave para evitar el Apocalipsys.

-¿A dónde vais?

-A impedir que tu madre destruya la civilización occidental. ¿Te parece bien?

Unas mirindas asesinas y veinte años haciendo cine.

El único cortometraje unió por primera vez al cineasta y a su guionista. La rutina en un bar de copas y de sus habituales parroquianos se transforma en una matanza de grandes dosis paródicas en Mirindas asesinas. Un coctel de violencia, terror y mucho humor negro definida por algunos elementos de futuras películas del director.

Desde entonces encontramos un poco de todo en su filmografía: comedias negras (La comunidad, Acción mutante, Crimen ferpecto), un road movie al estilo explotation con Javier Bardem y la participación del grandísimo actor James Galdonfini (Perdita Durango), un thriller en donde el director se puso serio (Los crímenes de Oxford), una ácida comedia sobre el Diablo (El día de la bestia) o una película ambientada en el mundo del circo y la Guerra Civil (Balada triste de trompeta).

-Si no fuera payaso, hubiera sido asesino.

La verdad es que esperaba una nueva película de Álex de la Iglesia, aunque sus anteriores proyectos (Balada triste de trompeta y La chispa de la vida) me habían dejado bastante decepcionado, sobre todo por el posicionamiento del propio realizador ante la historia de la primera citada, una más sobre la Guerra Civil, aunque contada como nunca antes se había visto. Eso sí,  me sorprendió que fuera una película tan premiada; sólo podía explicarse el premio al Mejor Guión en el festival de Venecia en la presidencia del Jurado en Quentin Tarantino, amante de los excesos por el exceso.

Y la nueva película empezó a interesarme desde el momento que supe que algunos de los actores con los que había trabajado en un cortometraje, como co-coproductor, participaban en este nuevo proyecto: Me refiero a Manuel Tallafé (habitual del cineasta), Macarena Gómez y Javier Botet. Personajes secundarios que arropan a unos protagonistas que se estrenan con el director, los televisivos Hugo Silva y Mario Casas, junto a otros ya frecuentes como Terele Pávez, Carmen Maura o Santiago Segura.

La guerra de sexos y brujas.

Desde los títulos de crédito, mujeres de carácter (desde Ángela Merkel a Margaret Tatcher) toman el control de la película. Lo vemos en las esposas de las que intentan huir estos dos ladrones chapuceros, Macarena Gómez y Alexandra Jiménez, pero sobre todo en las brujas que dan título a la película con Terele Pávez y Carmen Maura, a la cabeza. No es la primera vez que aparecen las citadas brujas de Zugarramurdi en el cine; Pedro Olea dedicó al caso real un documental, Akelarre, protagonizado por Mary Carrillo.

-¿Sois brujas?

-A mí las brujas no me dan miedo, a mí lo que me dan miedo son esos hijos de puta.


                    

Jobs: El hombre que pensaba diferente.

Dos años del fallecimiento de Steven Jobs, Ashton Kutcher se mete en la piel de este controvertido personaje para interpretar al fundador de Apple Computer, la conocida empresa de la “manzana mordida” en la última película de Joshua Michael Stern, recordar, director de El último voto.

-¿Una manzana, la fruta?

-La fruta de la creación, Apple, sencillo pero sofisticado y en la guía viene antes que IBM.

Protagoniza el film Ashton Kutcher, quien guarda un increíble parecido con Steve Jobs, conocido actor que parece especializarse por este tipo de personaje, a pesar de que fue todo un reto, interpretar los inicios del fundador de Apple, uno de los hombres más influyentes del siglo XXI. Entre las anécdotas podríamos contar que le costó una pancreatitis, por seguir la estricta dieta de frutas de Steven Jobs.

-Las personas que están lo suficientemente locas por querer cambiar el mundo son los que lo logran.

Y en este sentido, la película no puede arrancar de forma más funcional. Estamos en pleno discurso de Steven Jobs durante la presentación del iPod en 2001, para saltar a los 70,  durante los años de universidad, el espíritu hippie, sus sueños de viajar a la India y sus ganas por hacer algo grande, hasta convertirse en uno de los grandes gurús tecnológicos.

Steven Jobs está entre los casos reales de superación más destacados de las últimas décadas, pero también fue una figura controvertida. Su biografía está llena de tópicos de una vida hecha así mismo: pasó de ser expulsado de su propia empresa a ayudar a fundar los estudios de animación Pixar, para terminar regresando a Apple y auparla a la cumbre. Comentaba el director, Joshua Michael: “Nuestra obligación era contar la historia tal y como sucedió, sin añadirles ninguna especulación”. Por el camino nos encontramos con un personaje tan alabado como odiado marcado por la ambición que le llevó a crear un imperio y a pisotear a todos aquellos que le hacían sombra, incluido su amigo Steve Wozniak (conocido como Woz), el inventor de un prototipo de ordenador Apple.

-Para ti, las personas no son lo más importante, es el producto, y más específicamente el resultado final.

                 

El mundo de la informática ha dado pie a importantes hombres que han interesado a Hollywood que ha puesto su mirada en ellos en más de una ocasión. Lo hizo primero con Bill Gates (el fundador de Microsotf e IBM) en el telefilme “Los piratas de Sillicon Valley” y luego en la muy interesante La red social (Ridley Scott) sobre el creador de Facebook.

-¿Ha tenido dos mil visitas en dos horas?

-Veinte, veinte mil.

Y pronto, llegará la película centrada en el hombre detrás de Wikileaks, Julian Assang, El quinto poder. El actor británico Benedict Cumberbatch (derecha) interpretará a Julian Assange en la película.

Benedict Cumberbatch (derecha) interpretará a Julian Assange en la película. Claves de un biopic de éxito.

Hemos tomado prestado el título de su biografía El hombre que pensaba diferente, a cargo de Karen Blumenhall (en España, fue editada por Alfaguara) para dar un subtítulo al reportaje sobre la película. Y con esta primera idea, vamos a abordar las razones del éxito. Primero se trata de un biopic de un personaje considerado polémico y controvertido, lo que raras veces decepciona. Segundo, se trata de un personaje que logró revolucionar la informática, sector tecnológico que está de moda, también en el cine. Tercero. Jobs aparece ambientada en los años setenta, década ampliamente recordada por el séptimo arte. Y cuarto y último punto. Está protagonizado por un actor que logra una mímesis perfecta del personaje.

Katcher se esforzó en conseguir el mimetismo del personaje que interpreta en la película, pero nadie podrá negar que este actor, casado durante unos años con Demi Moore, parece estar encasillado en el personaje del joven guaperas y pardillo, tanto en American Playboy e incluso en la serie de Dos hombres y medio, incorporado al reparto tras el despido de Charlie Sheen y que podría compartir con Jobs el haberse enriquecido gracias a la informática.

-Hay que frecuentar las mejores fiestas, con las chicas más sexys y sobre todo, las más ricas. 


Rush: Cuando fuimos campeones.

Estamos en los años setenta, en el circuito de Moza. Banderas transalpinas, carabineros y la publicidad de la marca Ferrari por todas partes. Nikki Lauda y su competidor, el británico James Hunt, protagonizan una espectacular maniobra de adelantamiento. Vale, esto es cine y no estamos en Italia, sino en el circuito de Hans Branch de Inglaterra y en el francés Paul Ricard, en donde se rodó esta secuencia del adelantamiento. Pero Ron Howard nos trae la magia de la Fórmula 1 a la gran pantalla, con Rush, y uno de los momentos más épicos y trágicos de este deporte automovilístico. Rush nos cuenta los momentos más dulces y agrios en las carreras de dos pilotos de Fórmula 1, la de Nikki Lauda (Daniel Brühl) y James Hunt (Chris Hemsworth), quienes mantuvieron una rivalidad tanto dentro como fuera de los circuitos.

“El coche es un objeto de culto para la cultura norteamericana, parte de su historia”.  Con estas palabras, Ron Howard presentaba en sociedad Rush, un film dirigido a alimentar la leyenda de la Fórmula 1; las carreras de esos grandes circuitos de la Vieja Europa que poco tiene que ver con la Fórmula Nazca, la competición americana, dicho sea de paso.  Y era una cuestión de tiempo que  unos de los momentos más gloriosos y trágicos (el accidente del mítico Nikki Lauda) saliera a la palestra del séptimo arte, después de que el biopic nos devolvieran a famosos pilotos como Ayrton Senna en Senna (Asif Kapadia).

-¿Le preocupa la presión?

-Me gusta mi trabajo, me gusta lo que hago, competir. ¿Por qué no sé lo pregunta a mi contrincante? Él es el campeón del mundo, él sería quién perdiese más.

-Señor Lauda, ¿siente la presión?

-¿Le parece que siento la presión?

Es una película que sin duda hará vibrar a todos aquellos que se tensan ante en los momentos cruciales de algún deporte: ante el gol en el último minuto de una final, los últimos compases de una maratoniana jornada de tenis, en la canasta en los últimos segundos o en algún adelantamiento y accidente de Fórmula 1. 

-El campeón del mundo Nikki Lauda quedó atrapado en un abrasador infierno de 800º.

Un instante crucial porque parecía el final del enfrentamiento entre ambos pilotos, pero el mundo quedaría conmocionado cuando apenas cuarenta días más tarde, Lauda regresaba a los circuitos. Eso sí, marcado para siempre por el accidente. De ahí, que en Rush, Ron Howard marque el antes, el durante y el después del siniestro que definiría a ambos personajes: “Intenté acordarme del accidente pero me fue imposible, caí inconsciente y todo quedó borrado de mi memoria”.

-¿Qué dijo su mujer?

-Que no necesito mi cara para conducir, sólo mi pie derecho.

                       

Rush: Otra forma de retratar la Fórmula 1.

Rush: Otra forma de retratar la Fórmula 1.

-En el boxeo siempre existe ese primer momento que se refleja en el rostro del contrincante, el momento en el que va a recibir el impacto demoledor del campeón. Es un momento frustrante porque caes en la cuenta que todos esos meses de bombo y platillos, de ánimos continuos, de mentalización no han sido más que una ilusión. Eso es lo que se veía claramente en la cara de Frost.

En Desafío: Frost contra Nixon, la primera colaboración entre Ron Howard y Peter Morgan, el guionista, captaron en imágenes uno de los momentos estelares del periodismo y de la Administración del presidente con mayor casta de perdedor, de los Estados Unidos. Ahora, le toca el turno a la Fórmula 1 y capturar otro de los momentos cumbres de este deporte entendido por su valor como espectáculo y tragedia.

-Quieren ver tu duelo con Nikki y eso es lo que van a ver.

Si se debe la puesta de escena al director, es labor del guionista ofrecer la historia los diálogos y situaciones que aparecen en la película.

-Sólo tengo problemas con una rata austriaca y su equipo de italianos tramposos.

-¿De qué estás hablando?

-De la carrera que ganaste en España.

-De verdad eso no me molesta, James, ¿que me llames rata o que me parezca a una? No me importa, son feas y no gustan a nadie, pero son muy inteligentes y con un gran espíritu de superación.

El choque de fuerzas opuestas vuelve a propiciar la colaboración de dos mentes creativas que superaron, con creces, lo profesional por lo pesrsonal. “Peter es único a la hora de retratar una época concreta a través del choque y sinergia entre dos personajes contrarios. Aquí, a través de la lucha entre Hunt y Lauda. Hablamos de cómo eran los años 70: locos, liberales y sexys. Un piloto podía morir, pero no le importaba. De hecho, el punto de inflexión de la trama es el accidente de Nikki Lauda”.

-Esa maniobra fue un suicidio, si no hubiera frenado, habríamos chocado.

-Pero no chocamos, ¿verdad? Gracias a tu magnífico instinto de supervivencia.

Rush nos acerca a dos formas contrapuestas de ser un gran piloto de Fórmula 1 que coincidieron en su tiempo; “Nikki era más intelectual, su forma de ver las carreras era a través de la planificación y el cálculo del riesgo, mientras que James era un artista”.

-¿Quién eres? ¿Eres famoso?

-¿No lo sabes? Es Nikki Lauda, piloto de Fórmula 1 y acaba de fichar por Ferrari.

-Pues no lo pareces. He visto a otros pilotos y llevan el pelo largo, son muy sexys y llevan la camisa abierta hasta aquí.

-Si no hay incentivos y recompensas, ¿por qué habría que correr?

-Porque te lo pido yo.

Uno de los aspectos que recuperamos de la anterior colaboración de Howard y Morgan es cómo el cine y los diferentes medios tratan la realidad, siguiendo algunas ideas tomadas por Gilles Liptewsky y Jean Serroy: “La pantalla global: cultura mediática y cine en la edad hipermoderna”. En un momento en que la realidad está bajo sospecha, las ficciones a bases de chismes rastreables en Google, la prensa negra o rosa son el fundamento para todo este tipo de guiones. Hablamos de un guionista, responsable de títulos tan célebres como El último rey de Escocia, The Queen o la citada El desafío: Frost contra Nixon. En la película, lo vemos en esa fundamental escena: A través de la televisión, James Hunt se entera del accidente que sufriría su principal contrincante, pero la película no recurre a una secuencia preparada en un set sino a imágenes de archivo, de igual forma que el mundo se enteró de la muerte de Lady Di –también por televisión- en The Queen, otro filme guionizado por Peter Morgan.


Ron Howard marca un estilo.

Comenzó como actor a las órdenes de Vicente Minelli, en una película en la que ayudaba a buscar novia a Glenn Ford (El noviazgo del padre de Eddie) y ya en su primera película demostraba su afición por la velocidad a cuatro ruedas (Loca escapada a Las Vegas). Desde entonces, “Ronny” Howard, se convirtió en un realizador que ha ido cosechando éxitos, pero su carrera cinematográfica es algo inclasificable, a tenor de sus principales películas: desde la comedia romántica (Splash 1, 2, 3), a una aventura fantástica (Willow) o una inclasificable película de ciencia-ficción (Cocoon).

-Vengo con estos gemelos subnormales.

-No somos gemelos.

Splash 1, 2, 3 era una comedia romántica pero también tiene elementos de fantasía y unas complicadas imágenes submarinas. Lo que me gustó de Willow es que, en su momento, era un nuevo mundo de efectos especiales y el primer plano digital”.

-Lo que os asustéis con facilidad, no miréis.

“Siempre me gustó ese tipo de combinaciones. Una mente maravillosa es hombre muy inteligente que bordea con la locura. Es una historia real que cuenta además con elementos cinematográficos de las historias de fantasmas. Me gustan las historias que no funcionan de una forma simple, sino de múltiples maneras, como sucede con películas como Cocoon

Rush es una película cuya estética visual es bastante vibrante, lo que parece una obviedad cuando estamos ante un film de proezas automovilísticas pero son muy pocas las que han logrado transmitir el realismo del mundo del motor procedente de la pequeña pantalla. De ahí, que haya convenciones y referencias televisivas de la Fórmula 1, pero adornadas con aspectos psicológicos y emotivos: “Cuando ves el tratamiento de las carreras que otorga la televisión, hoy en día, puedes comprobar la espectacularidad que se logra gracias a las múltiples cámaras pero se limitan a informar sobre el desarrollo de las carreras y a mí lo que me interesaba era hablar de los autores. Es decir, utilizar muchas cámaras pero para acercarnos al lado psicológico y humano de los protagonistas”.  

 

Cartas desde iwo-jima: La épica del sacrificio.

Cartas desde iwo-jima: La épica del sacrificio.

Una propuesta inédita y atrevida que nos cuenta la batalla desde la perspectiva del derrotado, de los japoneses, para mostrarnos que el enemigo tiene una vida, unos deseos y unos miedos afines; que en definitiva, tiene humanidad.

-Maldita isla, por mí que se lo queden los americanos.

-Es parte de nuestra sagrada patria.

-Esta isla no tiene nada de sagrado.

Nos referimos a ese monumental fresco épico sobre la batalla de Iwo-Jima, contado en dos películas, sobre ambos bandos del frente, algo nunca visto, y que ofrece interesantes perspectivas. La dualidad estaba presente en el propio Eastwood: “Banderas de nuestros padres es más una película sobre la heroicidad y el impacto de la guerra después de la vuelta a casa, pero como un análisis de la falsedad de la celebridad, mientras que en Cartas de Iwo-Jima no hay lugar para la celebridad. Ellos simplemente estaban allí para perecer en aquella isla. Son dos historias completamente diferente, que tienen como punto de unión un mismo acontecimiento de la Segunda Guerra Mundial”.

La primera de ellas, Banderas de nuestros padres, se centraba más en la propaganda, tan necesaria en el mundo de hoy -esté o no en guerra- analizando esa famosa foto de los soldados americanos izando la bandera. Por su parte, Cartas desde Iwo-Jima, desvela la tragedia vivida por los japoneses con una solemnidad y precisión sobrecogedora. El visionado de ambas películas consigue transmitir el efecto perseguido por su director, hablarnos de la inutilidad de la guerra, en la que miles de jóvenes murieron sin la oportunidad de vivir una vida.

-No debemos esperar regresar a vuestra casa con vida, yo iré por delante de vosotros. Siempre por delante de vosotros.

-¡Banzai!

-¡Banzai!

“Me resultó llamativo el grado de sacrificio de aquella gente y me preguntaba por lo que sentía acerca del sacrificio, acerca de la inutilidad de sus actos”. Existe una cita, al respecto de esto, a cargo del propio general Kuribayasi: “Sé que puede ser inútil, pero por eso estamos aquí”. Cerca de veintidós mil soldados japoneses, un gran número de ellos todavía en su juventud e inexperiencia, perecieron en una cruenta lucha por defender un enclave estratégico de las islas que conforman Japón.

-Todos los supervivientes atacarán a la vez en una ofensiva general.

Una historia con personajes.

-Yo me prometí a luchas hasta la muerte por mi familia, pero pensar en ella me hace difícil en ella.

Al mando, se encontraba el general Tadamichi Kuribayashi, interpretado por el siempre esplendido Ken Watanabe.  Pero la película -que toma su título de las cartas que enviaban los soldados a sus familiares, como también de las reflexiones escritas del general- reposa en sus personajes. Junto a la figura de Tadamichi Kuribayashi, no podemos olvidarnos que el argumento cuenta con otros destacados personajes como el de Saigo, el joven y extraordinario Kazunari Ninomiya; Takeichi Nishi, un amigo del general y campeón olímpico de salto; y el también joven Shimizu, -procedente de los Kempeitai-.

-Nosotros contamos con una gran ventaja, ¿y por qué?

-Por qué no son disciplinados y dejan que sus emociones se interpongan en el cumplimiento del deber.

                                      

                

                

Un apunte de Historia.

La batalla de Iwo Jima, que tenía el nombre en clave de «Operación Detachment», es uno de los combates más sangrientos entre los Estados Unidos y el Imperio del Japón, entre febrero y marzo de 1945, durante la denominada Guerra del Pacífico (1937-1945).

Como historiador, siempre siento emoción al encontrarme con una película respetuosa con los acontecimientos históricos que intenta reflejar, como también por sus protagonistas anónimos. Y la verdad es que de esta cruenta batalla apenas había tenido más información que aquella que nos brindaba el cine o la historia americana. Por ejemplo, sabía bien de aquel monumento de Washington, D.C., Raising the Flag on Iwo Jima, situado junto al cementerio de Arlington; pero prácticamente nada del sacrificio de aquellas tropas japonesas que defendían la isla.

-Enhorabuena, tu marido se va a la guerra.

Es una película honesta y completamente recomendable que nos habla de la guerra, pero también de la humanidad que hay en cada uno de nosotros, convertido en un alegato antibelicista. Un retrato del heroísmo, la amistad, la lealtad o el compromiso. Una forma muy diferente a cómo nos lo había contado Arenas sangrientas.

- Adelante, vamos, la guerra no ha terminado.

                       

         

Delirius: El precio de la celebridad al estilo indie.

Delirius: El precio de la celebridad al estilo indie.

Una historia de triunfos, sexo y fracasos, con el espíritu de Sundace planeando sobre la cinta. Tras un parón de una serie de años, este proscrito del cine indie y superviviente fuera de Hollywood, presenta en Delirius un tema ya recurrente en la cinematografía más actual y fuera de los cánones de lo políticamente correcto: cómo la fama supone para nosotros el único camino para alcanzar la felicidad. El título de la cinta ya nos da una aproximación al sentido que el cineasta quiso dar al film. Delirius en inglés es el estado insano de felicidad y a mí me parece que es la propia sociedad la que incita este estado insano de felicidad procedente de la fama.

 Los personajes en Delirius están muy solos, e incluso en la cumbre de la fama, Olimpo de vanidades y miserias con la que se despacha el director. Porque Dicillo propone que la diferencia entre un homless y una estrella es la dureza de su colchón, señalando con esto el cretinismo de una gran parte de nuestra sociedad, aquella que está más pendiente por la vida de los famosos que por la suya propia. Estupidez alimentada por los mass media y por aquellos que mueven los hilos de este circo. De hecho, ya lo decía el Eclesiastés: vanita de vanitates, sólo es vanidad. Máxima tomada como mandamiento, sobre todo por los que están intentando dar una bofetada al sueño americano.

                - Vamos a ser compis.

               - Y amigos.

               - Anda, vamos a hacer la cama.

                Pero Delirius es también un tratado sobre la amistad y su fragilidad, lo que convierte a la película en un moderno cuento de hadas, en donde el príncipe, convertido en rana, es un homless, un bufón, un paparazzi, y la princesa, una cantante pop, con un trasero muy cotizado. Los cuentos de hadas presentan una estructura muy recurrente en la filmografía del cineasta y sorprende aparecer en algunos de sus trabajos como Jhonny Suede, su ópera prima, o Caja de luz de luna.

Tom Diccillo: cine independiente o comercial               

 Nacido y criado en una familia de militares, después de estudiar cinematografía en Nueva York y sobrevivir, como pudo, de camarero, lo intentó con la interpretación y la fotografía, antes de dedicarse a la realización. Gracias a su amigo Jim Jarmush, en Extraños en el paraíso, pudo cultivar sus dos primeras vocaciones. Su primer film es uno de esos cantos desgarrados, en donde personajes más o menos anónimos, todos ellos marginales, intentan escapar de su banal existencia, mientras que otros, triunfadores egocéntricos, resultan ser parodias del éxito y de las miserias instaladas en el mismo.

                Paradojas de la vida, fue Tom Diccillo quien diese a Brad Pitt su primer papel protagonista, cuando todavía era un perfecto desconocido. Jhonny Suede, caricatura de un aspirante a estrella de rock, sirvió de catapulta al actor para entrar en Hollywood, y de prometedor debut del cineasta, que decidió continuar su carrera en la costa oeste, quizás para no volverse a encontrar con Pitt.

                - Je, je, creía que ahora aguantarías. Cuando más lo pensaba, peor me parecía. Verás, ahora creo que en lugar de acercarme, rodeando la cama, que tal si me deslizo así, y hago la escena tumbado.

                Con el tiempo, Diccillo se convirtió en un grano en el trasero del cine indie, sobre todo con su siguiente película Vivir rodando, que abría el cubo de la basura de los independientes y su contenido salpicó a casi todos, para regocijo de público y crítica, y mosqueo de los que se vieron reflejados. El director cuenta su propia experiencia con su primer filme, en donde el actor Steve Buscemi, su alter ego en la cinta, encarna a un sufrido realizador de un film independiente, pero con un presupuesto larguísimo, que no termina de ponerse de acuerdo con ninguno de los miembros técnicos de la película y su reparto.

                                             

               Demasiado comercial para ser un independiente y demasiado contestatario para pertenecer a Hollywood, Diccillo se ha quedado entre dos aguas. Tom Diccillo es un perro verde, y por eso ha tardado cinco años en encontrar financiación para su película. Le acompañan en la cinta una extravagante pareja de intérpretes, Buscemi y Pitt, el primero caracterizado por el histrionismo interpretativo que suele dar riendas suelta, mientras que Michael Pitt lo hace desde la serenidad y la austeridad de sus gestos.

         Igualmente en el film, encontramos algunas referencias cinematográficas importantes, algunas de ellas confesas por el propio realizador, como por ejemplo, uno de los títulos más exitosos de la década de los 60, el western urbano, Cowboy de medianoche. La frustración existencial, junto a su sentido de amistad y supervivencia urbana, presente en esta cinta clásica, son heredadas en Delirius.

                - Quiero decir, que mañana cuando estés en la cama con una fulana y te estés rascando la espalda, ¿dónde estaré yo? ¿Eh? ¿Dónde?

               - ¡Eh! Oye, oye, ¿crees que yo no sé agradecer los favores? Sólo tienes que decirme cuál es tu comisión, la que sea y ahora mismo te la pago. Te lo juro.

                Antihéroes, buscavidas y pícaros conforman la fauna urbana de frustrados existenciales que veíamos en la cinta Edmond, pero también Delirius está cercana al filme de Cameron Crowe, Casi famosos, porque como en esta, Tom Diccilo hace que sus personajes elijan entre el reportaje o la amistad, algo que había presentado W. Wyler, interponiendo el amor y la ética a la ambición, en Vacaciones en Roma, en donde un periodista (Gregory Peck) se enamora de una princesa (Audry Herburt) que tenía como objetivo de un reportaje de prensa del corazón.

               - ¿Puedo obsequiar a Vuestra Alteza con algunas fotografías conmemorativas de vuestra visita a Roma?

               - Le doy mis más expresivas gracias.

                Pero, como se ve, no todos se toman tan bien el hecho de que sean fotografiados. El cineasta italiano Michelangello Antonioni, en su película Blow up, refleja parte del debate que Diccillo toma en Delirius, el derecho a la intimidad y a la propia imagen, que ha sido tema recurrente en una infinidad de filmes desde Historias de Filadelfia (George Cukor), -cinta mítica en donde las segundas nupcias de una señora de la alta sociedad, Katherine Herburt, da ocasión para un reportaje periodístico de la llamada prensa rosa-, a la película de Tom Diccillo.

                - ¡Alto, alto! usted no puede fotografiar a la gente así.

               - Dice que no, ¿por qué?       

               También hay en Delirius, mucha de la ironía y desmitificación del mundo de la fama que fuera descrito por Woody Allen en Celebrity, aunque el tono del cineasta norteamericano, cercano a la fábula, dista mucho del retrato coral de Allen.

                Viendo esta película podemos adivinar cómo debe sentirse Dicillo cada ve que ve el palmito de Brad Pitt brillando en las páginas cuché de la prensa rosa, cuando el marido de Angelina Jolie parece olvidarse de aquel entusiasta novato que le puso por primera vez tras la cámara. Pues en la figura del antihéroe de este fotógrafo (Steve Buccemi), -que ve cómo los demás disfrutan de la celebridad mientras él los inmortaliza por cuatro duros-, hay mucho de la experiencia del director que lleva años partiéndose los cuernos para llevar algunos de sus proyectos hacia delante.

                                                          

                   Sin embargo, su discurso sobre las falsas apariencias en la farándula es algo superficial. De hecho, lo peor de la película será la visión, un tanto inocente, de la vida de la cantante pop que interpreta Alison Lohman. En este sentido, encontramos otras referencias con una filmografía que, ayer y hoy, ha querido destacar la frivolidad de una sociedad que sólo tiene como sentido la idea de la fama, desde Incautos (Miguel Bardem) a uno de los clásicos del cine italiano, La Dolce Vita (Federico Fellini). En uno de los momentos de Incautos, el personaje principal (Ernesto Alterio) quedaba prendado de la brillantez de la vida de los famosos, tal y como aparecía en la prensa rosa.

                - Aquellos tipos lo tenían todo. Yo podía entrar en sus casas, conducir sus coches, acostarme con sus mujeres, siempre estaban sonriendo. Parecía que estaban diciendo: "niñato lo tenemos todo y tu nada".

                Pero el séptimo arte nos ha querido ver que la fama es un espejo que no siempre presenta la realidad, que no es oro todo lo que brilla, como decía un aforismo italiano. Federico Fellini, en La Dolce Vita, nos acerca a esta sociedad desde los ojos de un paparazzi, un periodista del corazón, interpretado por Marcelo Mastroinani, en una película llena de referencias a La Divina Comedia de Dante, para destacar la decadencia espiritual de una sociedad que, a pesar de incidir en la de Italia, podría ser cualquiera.

                El último trabajo de Tom Diccillo no es Hollywood y se agradece, pero tampoco pose la preponderancia del “indie”, lo que es también muy de agradecer. Delirius es simplemente buen cine, sin etiquetas ni marchamos, y su autor, Diccillo, es un no alineado, lo que en estos tiempos que vivimos es sinónimo de inteligencia.

 

Miyazaki: Adiós al gran maestro de la animación japonesa.

Miyazaki: Adiós al gran maestro de la animación japonesa.

 El cine japonés de animación ha contado con una gran popularidad gracias a su tendencia violenta y de fuerte dosis sexual del llamando manga o anime, dominadas por  la violencia, los robots, los monstruos o los mundos apocalípticos. Pero existe otra línea de creación, marcada por una tendencia poética y por la importancia de la naturaleza, en la que sobresale Hiyao Miyazaki.

 Mizayaki es alguien que trabaja artesanalmente y que tiene entre sus admiradores al propio John Lassitter, uno de los fundadores de Pixar. Un cineasta de animación cuyas películas podrían resumirse en pocas líneas, aunque se necesiten de muchas palabras para describir sus innumerables valores cinematográficos. Uno ocasión para reencontrarnos con uno de los realizadores más interesantes y delicados del cine contemporáneo, que ha decidido en este año 2013, retirarse de la profesión coincidiendo con su película más realista, estrenada en el reciente festival de Venecia.

                                        

 Hiyao Miyazaki es la figura fundamental de Ghibli, -en opinión de este cronista- la productora de animación más importante del mundo (superior a la Disney y Pixar) que toma sus iconos de la película Mi vecino Totoro, obra maestra de la animación japonesa. Y aunque es verdad que la fama de Ghibli se sustenta en el trabajo de Miyazaki, habría que ser justos y destacar la labor de otro gran animador llamado Isao Takahata. Ambos fueron compañeros desde que sus tiempos como animadores para la productora Toi, -creadores de series como Marco, Heidi o Las aventuras de Sherlock Holmes-.

 Tras una serie de colaboraciones conjuntas (“Nausicaa, El Valle del Reino”) lograron crear unos estudios que sirviesen de base de operaciones. La primera película oficial de la productora, El castillo ambulante, sirvió para que Miyazaki estableciese las marcas de la casa: amor por la naturaleza, niños protagonistas, derroche de sencillez formal, grandes dosis de lirismo y- muy importante-, la preferencia absoluta por la animación tradicional frente a la digital.

                                         

 Takahata - Miyazaki.

                  

 Sin embargo, el momento cumbre de la productora fue cuando Miyazaki dirigió Mi vecino Totoro y Takahata, La tumba de las luciérnagas, dos hitos fundamentales de la historia de la animación, en las que se percibía las grandes diferencias que marcarían ambos creadores. Takahata posee un estilo muy apegado a la realidad cotidiana de su país; ejemplo de ello, sirve su película más conocida La tumba de las luciérnagas.  Filme que ilustra las miserias de la población en los últimos días de la derrota nipona en la Segunda Guerra Mundial.

 -Nuestra casa se ha quemado, ¿verdad?

-Parece que sí.

-¿Y qué podemos hacer?

-Nada, pero papá ya se vengará.

 O La guerra de los pompocos, fábula sobre la destrucción de la naturaleza debido a la especulación urbanística. La conservación de la naturaleza ha sido un tema capital en Ghibli y muy recurrente en el cine de animación de Miyazaki. Uno de los valores en alza que presentaban sus creaciones, es la importante influencia del shintoismo, una religión animista, originaria de Japón. De hecho, buena parte de sus películas conservan esa pureza con el contacto de la naturaleza, esa pureza de las pequeñas cosas, que se ha perdido en el cine de animación americano. Por ejemplo, encontramos en Miyazaki, momentos de calma, con la única presencia de una mariposa, significando algo, como hace en Mi vecino Totoro. Pero es verdad, que Hayao Miyazaki no olvida la cultura occidental, recurriendo a temas propios y extraños, encontrando su inspiración en relatos ajenos al mundo japonés como sucedía con la versión de Alicia en el país de las maravillas, que era El viaje de Chihiro o el cuento de La sirenita, para su filme Ponyo en el acantilado. Ponyo, la chica pez, conoce a un niño de carne y hueso, de quien se enamora perdidamente. Todo ello narrado con una vehemencia tan tierna que derretía al más pintado. Pero para que pudieran estar juntos, debía romper el hechizo por el cual su padre le mantenía en el fondo del océano, alejándola de los humanos, a los que consideraba peligrosos.

 - Este no es lugar para los humanos, es una casa en donde ocho millones de dioses vienen a descansar sus molidos huesos.

 Otras grandes producciones suyas (La princesa Mononoke y El viaje de Shihiro) son dos destacadísimas películas, señalando que esta última sería la primera película de animación ganadora al Oscar a la Mejor Película de Habla No Inglesa.

Como debe ser, las noticias de los retiros profesionales siempre son malas noticias. Y la de Miyazaki ha sido como un jarro de agua fría para todos aquellos que hemos crecido viendo sus películas y sus creaciones televisivas. El animador decidió poner punto final a su carrera con un film emblemático, una especie de metáfora: «Kaza tachinu» («The Wind Rises»), tras su presentación en la 70 Mostra de Venecia. El protagonista de la película sueña con una idea que marcaría su vida: los genios de la técnica -en este caso los ingenieros aeronáuticos- solo gozan de una década de creación fructifera, y deben aprovecharla lo mejor posible. Una historia ambientada en la Segunda Guerra Mundial y que centra la vida del inventor del modelo Zero japonés -el avión supuestamente indestructible de la aviación nipona-.