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Entrevista a Macarena Gómez:

Entrevista a Macarena Gómez:

Macarena Gómez pertenece a una liga de jóvenes actrices, que han alcanzado un estatus a golpe de trabajo y reconocimientos. Comenzó su carrera con los mitos de Lovecraft, “Dagón, la secta del mar” (Stuart Gordon), y se convirtió en una diva del cine de género con sus siguientes largometrajes, Para entrar a vivir y sobre todo con “Sexykiller” , en el que interpretaba una particular asesina en serie “con la mente de Hannibal Lecter y el armario de Paris Hilton”.

 Ahora, la cordobesa, es toda una gran actriz, aplaudida en grandes festivales y con un historial al que habría que sumarse su participación en una película de José Luís Garci y su popular papel de Lola, en la serie “Lo que se avecina”.

 Es, por ello, un lujo para mí participar en un western junto a un equipo impresionante y la conocida actriz, en el cortometraje de Ángel Gómez  “Y la muerte lo seguía”. En el proyecto, interpreta a Mary, una prostituta, y nos la encontramos en el rodaje del teaser, en los decorados de El Campello, Alicante, dónde tuvimos ocasión de repasar los inicios de una prometedora carrera y sus últimos proyectos.

  Tus inicios en el cine fueron con “Dagón”, una película de género, rodada en inglés y con uno de los grandes nombres del cine de género, Stuart Gordon ¿cómo fue la experiencia?

 Como era la primera película que rodaba,  para mí fue algo increíble. Realmente no me podía creer que recién salida de la Escuela de Arte Dramático, me dieran un papel secundario en una película. Iba ilusionada, pero al mismo tiempo, muy nerviosa. Tenía que hacerlo bien y estaba el reto de demostrar qué sabía interpretar. Del proyecto, lo que más me llamó la atención es que “Dagón”, una película de género y dirigida a un público muy particular, fuese uno de los trabajos que más ha gustado entre los aficionados a este cine y el más visto fuera de España. Y en el festival de cine de Toronto y en Tribeca, se me acercaban con la película en inglés para que se la firmase.


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 Repetiste con Para entrar a vivir y con Sexykiller, en el género de terror.

 Hice “Para entrar a vivir”, cinco años después, como mi primer protagónico, y luego "Sexykiller”, en cuyos rodajes me lo pasé muy bien. Disfruto  mucho haciendo terror, pero sobre todo las películas de acción, en donde pueda moverme,  aprender a utilizar armas o tener un profesor particular de lucha. A mí me gusta hacerlo todo, e incluso llevar un arnés y saltar en vez de utilizar un doble o pegarme de verdad; hasta practico un deporte de riesgo, el paracaidismo. Me gusta vivir los rodajes.

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 Intérprete de comedia, terror y drama, ¿cuál es el género que consideras más difícil a la hora de trabajar?

 ¿Cuál es el más difícil? Me suelen hacer esta pregunta y la verdad, no lo sé. Para la comedia tengo un don natural, soy cómica, pero me manejo muy bien en el drama. Te puedo decir que me apetecería un hacer un papel dramático potente, después de hacer tanta comedia.

  ¿Qué supone trabajar con Garci y que podrías contarnos de su último proyecto con el director?

 Trabajar con Garci es un sueño hecho realidad, siempre quise trabajar con él. A mí me gusta mucho el tipo de cine que hace, muy clásico, con sus planos secuencia que dan mucho juego como actriz y su forma de reflejar la historia según el momento histórico, ambientando sus películas a cada época. Es un placer haber estado a sus a sus órdenes, se disfruta mucho con él en el rodaje, pero también en los descanso. Es un director con quien se charla, se bromea y de quien se aprende mucho viendo sus películas.

 En su último proyecto, “Madrid Suite 1890”, interpreto a una cabaretera, amante de un periodista (Víctor Clavijo) que ayudará a la pareja de detectives. Se trata de una historia ambientada en una vistita de Sherlock Holmes y Watson a Madrid, que vienen porque están sucediéndose una serie de asesinatos y se piensa que puede ser un Jack el Destripador. La película centra la investigación, pero también es una historia de iniciación, un viaje interior, en donde descubrirán el calor y la pasión de un Madrid, que vivirán de forma pasional, viniendo de un Londres, frío.

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¿Y tu relación con Ángel Gómez?

 Estamos liados desde hace un año. [Risas] Sólo es una broma, cómo me has preguntado sobre mi relación con Ángel. Con Ángel, el director de La última víctima y del western Y la muerte le seguía, mantengo una buena relación desde que trabajamos en el corto. Me llamó para hacer su nuevo proyecto y yo, evidentemente, le dije que sí, porque me parece que es muy majo, humilde y con mucho talento.

 

 

Y la muerte lo seguía: Crónica del guión.

Y la muerte lo seguía: Crónica del guión.

 - Le habían acusado de esos robos y de los diecisiete asesinatos que afirmaba haber cometido.

Cuando terminé de leer el guión me vino una curiosa anécdota del rodaje de la película Duelo al sol, de King Vidor.  Su productor, David O. Selznick, buscaba al actor principal que encabezase el reparto de este nuevo proyecto. En las memorias escritas de Gregory Peck, la conocida estrella de Hollywood señalaba que había quedado una tarde con el productor para comentar la historia de la futura película, coincidiendo con el funeral de una de las actrices colaboradoras de Charles Chaplin. Durante todo el viaje el actor le iba contando todos los asesinatos que acusaban al personaje sobre quien iban a rodar el film. Pero David O. Selznick no dijo nada. Sólo al final del funeral, se acercó a Gregory Peck y le susurró: "Son demasiados muertos". "Pero, ¿ha muerto alguien más?", comentó sorprendido el actor. "Son demasiados muertos los que aparecen en la historia", respondió finalmente el productor.

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 El último trabajo del joven Ángel Gómez, su más ambicioso y prometedor proyecto, se inscribe en un género que se conoce como Wild Western, entendido como un híbrido nacido del cruce con otro género, en este caso del terror. Cuenta con un reparto de actores muy conocidos y un gran equipo técnico  que arropan una historia ambientada en el lejano Oeste, escrita por el escritor Ángel Gómez Rivero. Y la muerte le seguía, es un corto referencial con la influencia de Sergio Leone y con temas comunes con el género (los característicos outsiders, la violencia del western, la desmitificación), e incluso encontramos en la historia pinceladas del fantaterror, recordando de nuevo al fallecido Paul Nashy. Pero no copia sus precedentes, sino que los usa noblemente para evocar la nostalgia por aquella época.

 Es un western que no corresponde al género clásico, el del nacimiento de una nación bajo los ideales de justicia, libertad y paz. Se resuelve con violencia, crueldad y unos personajes que se alejan de las grandes gestas y de las convenciones épicas. Es un Oeste decadente, en donde existe un aura tétrica y nostálgica que rodea a los personajes, los espacios y objetos, cubriéndolo de un poso fantástico y de terror. No por casualidad, uno de los pueblos de la historia se llama Darktown. 

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 Incide en algunas señas de identidad del género, como la  búsqueda de la venganza o la presencia de unos personajes malvados (El Holandés), como última estación transitada, a  raíz del claroscuro de la fotografía de los personajes que frecuentaban el título más celebrado del western moderno, Sin Perdón (Clint Eastwwood).

 - He matado a mujeres y niños, he matado a cualquier cosa que se moviera y tuviera vida y hoy he venido a matarle a usted, por lo que ha hecho.

 De una u otra forma, la muerte está presente en una filmografía aún por madurar, relacionándola con las sombras, siempre grises, del pasado de sus personajes. De hecho, el joven cineasta parece especializarse en personajes torturados, como  aquellos que pueblan sus anteriores trabajos,  los de Lágrimas de papel o los de Sed de luz. Al ambientarlos en el western, estos mismos personajes ya no serían simples “diestros pistoleros”, aproximándose a la desmitificación de los mitos del old west. Ahora debe resultar muy frívola aquella compleja certidumbre fordiana de que prevaleciese la leyenda sobre la realidad.

 -Billy el Niño, Jesse James, Doc Hollyday… Soy lo suficientemente viejo como para saber que la mayoría de todos ellos no eran más que bandidos con suerte y tahúres de mala monta, que sobrevivieron a la muerte por cuestiones del destino… O del propio diablo.

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Hasta que llegó su hora. Las referencias de un clásico.

Hasta que llegó su hora. Las referencias de un clásico.

La obra maestra de Sergio Leone es un film referencial del western, con temas comunes al género (el ferrocarril, los característicos outsiders o la influencia de la frontera). 

 En los créditos iniciales, los más largos de la historia del cine, encontramos alusiones de Sólo ante el peligro, de Fred Zinneman, en donde tres pistoleros esperan en la estación de Hadleville. Un escenario mucho más limpio que el de Leone, propio de los grandes estudios de Hollywood, en el que encontramos una curiosidad, uno de esos pistoleros es Lee Van Cleef, actor presente en los spaguettis-western de Sergio Leone.

 El director italiano quiso contar con los tres protagonistas de sus anteriores filmes, como si fuese a cerrar su trilogía con la muerte de sus personajes. Pero al final contó para esta escena con Woody Strode, Jack Elam y Al Mulock. Strode era un antiguo jugador de futbol americano, actor en películas de Ford (El sargento negro) e incluso en Espartaco (Stanley Kubrick). Jack Elam aparecía en el filme de Zinneman como el borracho del pueblo y Al Mulock ya había trabajado con Sergio Leone en El bueno, el malo y el feo. Se cuenta que debido a la enorme presión que ejercía el cineasta a sus actores, Al Mulock llegó a suicidarse en el hotel. Cuando Leone se enteró de lo sucedido bramó furioso, gritando que le devolvieran su ropa. 

Esta escena que servía de prólogo era muy similar, a aquella mítica presentación de Rubio (Clint Eastwood) en pleno desierto.

-¿Sabes que tu cara se parece a alguien que vale 2000 dólares?

-Pero tú no te pareces a quien los vas a cobrar. 

                                         

En la segunda secuencia, encontramos otras referencias a los westerns del Hollywood dorado. En un filme de George Stevens, Raíces profundas, el niño Joey Stauet apunta a un ciervo con una escopeta de juguete, mientras que el pequeño de la familia McBain hace lo mismo con unos conejos. La hija sale cantando Oh Danny Boy, tema clásico irlandés que ha aparecido en una multitud de películas. 

 La principal referencia del filme es el gran John Ford.

 Las escenas del ferrocarril están referidas a otras equivalentes, como El caballo de hierro, Union Pacific o La conquista del Oeste; una clásica serie de tomas al estilo de Ford. También Leone quiere aproximarse a los pioneros americanos. La presencia de un mantel de cuadros, las escenas de comidas, fiestas y celebraciones, o la yuxtaposición de esta vida cotidiana con el terror de vivir en el desierto salvaje, aparecen como alusiones de los colonos como de Ford, su obra maestra Centauros del desierto.

 La vida de la frontera se observa en la secuencia del ataque, en donde sobresale el tempo propio de Leone. Sale el pequeño de los McBaine al escucharse unos disparos y suena, por primera vez, el tema Like a Judement, que representa al personaje de Henry Fonda. Unos desconocidos se acercan con los característicos guardapolvos, con una toma desde atrás de los cinco tipos. La cámara se mueve en círculo hasta mostrarnos la cara de Fonda, una clásica manera de girar la cámara para convertir un perfil en plano de frente. "Ya que habéis pronunciado mi nombre".


 Otras de las escenas más significativas era la llegada de Jill, el personaje de Claudia Cardinale, al rancho de los McBaine, Sweetwater. El único momento de la película que comparte con la familia McBaine –muertos, tras el ataque-; una secuencia curiosa por su planteamiento. Rompe con lo que opinaba Fritz Lang, con respecto a Jean Luc Godard: los funerales o celebraciones sólo podrían reflejarse en Cinemascope, algo que Leone logra en Tecnoscope. La escena es una referencia de la América de los pioneros, aunque profanando uno de sus símbolos, al aparecer muertos la familia de McBaine sobre los manteles de cuadro.

 Como hemos podido comprobar, algunos momentos de la película recuerdan a otros filmes más o menos, explícitamente. La última secuencia de duelos aparece rescatada de El último atardecer, Robert Aldrich. Detalle que podría aludir al propio Bertolucci (uno de los guionistas de la historia), cuando en la película La estrategia de la araña, se ve un cartel del mismo filme. Este duelo entre Henry Fonda y Charles Bronson es similar al que entablan Rock Hudson y Kirk Douglas, con el mismo tipo de planos. Leone lo contempla como una danza. Empieza con la partitura musical de Frank, Like a Judement. Pronto nos encontramos con la característica fotografía de Leone, entre los paisajes y los primeros planos. Los andares, las botas, los sombreros. Y un ritmo lento, nada que ver con el frenético tempo de El bueno, el malo y el feo.


 Entonces suena la partitura musical de Harmónica. No hay diálogos, sólo música. Es curioso cómo la película comienza con sonidos amplificados y termina con una escena musical muy expresiva, mientras que sucede una acción sostenida, que puede romper el ritmo del Hollywood clásico. Hasta que sube la música y se acerca la cámara a Bronson, para descubrirnos cómo en su subconsciente aún pesa la causa del ajuste de cuentas con Frank. La figura del personaje de Henry Fonda se hace claro en el camino del desierto de Monument Valley. “Haz feliz a tu hermano”, dice, colocando la harmónica entre los labios de un chico que sostiene entre sus hombros a su hermano, a punto de morir ahorcado (Claudio Manzini, uno de los productores del fime).

 Sin embargo, Frank aún no lo comprende. Cae abatido y se pregunta, ¿quién eres tú? Bronson se limita a colocarle la harmónica en la boca.  

 

Hasta que llegó su hora. Una ópera entre pistoleros.

Hasta que llegó su hora. Una ópera entre pistoleros.

El spaguetti-western, en general, y Sergio Leone, en particular, se caracterizan por sus escenarios urbanos, con ningún retrato de autóctonos norteamericanos. Pero en Hasta que llegó su hora encontramos una caracterización social más marcada; la gente llegando a la frontera, el soldado que regresa a casa, las visitas familiares, indios, e incluso partidas de hombres que trabajan en el ferrocarril, el protagonismo de un personaje femenino -toda una novedad en Leone- o la figura del emigrante europeo, que busca labrarse un futuro con el Sueño Americano. Este es el perfil de uno de sus personajes, el irlandés McBaine, uno de los secundarios, cuya importancia reside en su espíritu que abarca toda la película.

                             

 Sin embargo, los personajes protagonistas –no sólo de Leone, sino de todo este subgénero del spaguetti-western- son los pistoleros. Personajes fríos, cortos de palabra y sin escrúpulos que hacen gala de una arrogancia y de una habilidad y puntería con el revólver, el famoso Colt 45. La película arranca con una escena en la que aparecían tres outsiders esperando en una estación, Jack Elam, Woody Strode y Al Mulock.

 -¿Lleváis tres caballos? Sobran dos.

                  Hasta que llegó su hora

 Los primeros veinte minutos es toda una declaración de principios. Es muy normal que en sus inicios nos encontremos con duelos presentando a sus personajes principales de forma escalonada. Es una escena propia de Leone, presentar al protagonista con un duelo en la que se bate contra unos pistoleros en inferioridad numérica. Harmónica es el outsider a quien esperan estos tres desconocidos, abatidos de forma contundente, según el estilo del director.  

 Una de las características del estilo de Leone es presentar a los personajes de forma escalonada y no de una vez. Así, el cineasta juega con los encuentros de los personajes como el de Harmónica (Charles Bronson) y Cheyenne (Jason Robards), en uno de los mejores momentos de la película. Estamos en un bar clandestino, una parada e casi obligada para aquellos que se adentran en el desierto. Suena una harmónica y Cheyenne lanza una lámpara a lo largo de la habitación, mientras se balancea y sube la música.

                                   

 Silencioso y solitario, se identifica con la música de la harmónica, del mismo modo que Sam Fuller hacía en su western Yuma con un indio mudo, que sólo se comunicaba a través de este mismo instrumento musical, simbolizando un triste lamento. Pero hay otras referencias. La mujer india, el bar, el ferrocarril, la forma de aparecer de Bronson e incluso la frase “¿sabes tocar? ¿sabes disparar?”, recuerdan a Johnny Guittar.

 Cheyenne, a quien da vida el actor Jason Robards, representa el rol del bandido romántico. Su personaje sería el equivalente de Tuco (Elli Walach) en El bueno, el malo y el feo; e incluso el de Juan (Rod Steiger), en su próximo spaguetti-western Agáchate maldito. Son personajes que a pesar de ser unos criminales no parecen estar corrompidos por la maldad, como ocurre con Sentencia (Lee Van Cleff) o Frank.

                       Hasta que llegó su hora2

Su personaje es un sorprendente Henry Fonda. Nadie se podría imaginar que fuese a interpretar a un villano, y seguramente uno de los más crueles dentro del género cuando en escena representaba el hombre honrado. La secuencia de su presentación es definitiva: “Ya que habéis pronunciado mi nombre”, el niño debía morir, derrumbándose la imagen que venía acompañando al actor. Sus actos y sus diálogos resultan contundentes:

 -Una iniciativa brillante, ¿era necesario matarlos a todos? Te dije que sólo los asustaras.

-El que muere está muy asustado.

 El villano de la película mantiene una estrecha relación con el magnate del ferrocarril, Morton, personaje interpretado por Gabriele Ferzetti, conocido por aparecer en La aventura de Michellangelo Antonioni. Simboliza los nuevos tiempos, la modernidad que pretende dejar a un lado el viejo y Salvaje Oeste, aunque a costa de ella. Un hombre inválido relegado a una silla de ruedas y que cuenta con un particular socio, el violento Frank.

 Al mismo tiempo, se da un contraste entre ambos personajes. Morton representa la autoridad austera, frente el poder que se deja entrever en Fonda y la autoridad con la que se mueve por el tren, fumando e incluso sentándose tras el escritorio del jefe, a quien pretende usurpar su poder. Pero la discapacidad de Morton no hay que entenderla como una metáfora de debilidad, pues su poder reside en la posición social. Es la representación de una ambigüedad característica, la fragilidad física y la autoridad absoluta.

-¿Qué siente sentado ahí detrás?

-Es como empuñar un arma, pero mucho más grande.

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 El personaje de Henry Fonda quería convertirse en un hombre de negocios, como su jefe, pero no podía ser. Él era el pistolero y debía resolver las cosas a tiros. No merecía la pena fingir que encajaba en ese mundo moderno, porque su destino era la muerte o la soledad del outsider. Una clave –por la simbología en la película- es el diálogo que entabla su personaje con Harmónica, sobre la antigua raza que sería la víctima de los nuevos tiempos.

-¿Te has convencido de que no eres un hombre de negocios?

-Soy un hombre.

-Una vieja raza. Y vendrán otros Morton y la harán desaparecer.

 

Los duelos de Sergio Leone.

Al igual que en las películas clásicas del Oeste, en el Spaguetti-western siempre hay un vaquero solitario, un caballo y un arma. Aunque algunos consideran que se trata de una parodia del género, la verdad es que cuenta con personalidad propia y muchos directores y actores del Hollywood dorado aparecieron en él. Eso sí, fue un subgénero inventado por los italianos, sobresaliendo los tres Sergios, Leone, Corbucci y Colima.

-¡Qué horrible tiene que ser!

-No es suficiente, una soga para ahorcarle.

-¿Qué quiere decir?

-Qué hasta un harapiento como él, tiene un ángel de la guarda.

Sus westerns no corresponden al género clásico americano, el del nacimiento de una nación bajo los ideales de justicia, libertad y paz.  En sus historias no hay indios y ni tan siquiera el prototipo del héroe clásico, por ejemplo, de los filmes de Ford. Sus personajes principales son pistoleros, bandidos y ladrones que muestran una ambigüedad moral. De hecho,  Leone resuelve sus historias con violencia, crueldad y unos personajes que se alejan de las grandes gestas y de las convenciones épicas. Su cine fue imitado por directores como Quentin Tarantino, quien haría de su estilo, una marca de la casa: la yuxtaposición de tomas largas con planos cortos, la coreografía lenta y despiadada de sus duelos, y la música de Ennio Morricone; mucho más que una simple nota musical, el alma de la película.

Entre sus referencias encontramos a Kurosawa (Johimbo) e incluso Ford, pero sobre todo Aldrich y algunos títulos como Sólo ante el peligro (Fred Zinneman). El Oeste decadente, sin componendas épicas o sentimentales, de Robert Aldrich, sentaría las bases del spaguetti-western, en general, y de Leone, en particular. Sólo parece existir violencia y exceso; y sus personajes parecen estar en consonancia a este tempo. Se tratan de unos particulares héroes que tratan de sobrevivir de una forma inmoral y violenta; unos asesinos y ladrones que llegan a hacer un uso de la violencia casi como una metáfora deportiva. Un ejemplo, toda una excentricidad en Leone, es el duelo que mantuvieron Lee Van Cleeft y Clint Eastwood en La muerte tenía un precio.

En realidad, prácticamente todos sus personajes están condenados a morir. "Algo que ver con la muerte", es un título de una de sus biografías, pero se tratan de muertes muy cuidadas, pues sus duelos se ritualizan. Comienzan con la partitura musical y continúa con la característica fotografía de Leone, entre el paisaje y los primeros planos. Los andares, los sombreros, las botas, las armas y un estupendo juego de miradas. El bueno, el malo y el feo presentaba un duelo con un ritmo frenético, mientras que el de Hasta que llegó su hora, un ritmo muy lento. Pero ambos heredan el tempo del duelo de El último atardecer, de Aldrich, entre Kirk Douglas y Rock Hudson.

Destacamos, en este sentido, el que mantuvo Henry Fonda y Charles Bronson en Hasta que llegó su hora. Leone lo contempla como una danza. Empieza con la partitura musical de Frank, Like a Judement. Pronto nos encontramos con la característica fotografía de Leone, entre los paisajes y los primeros planos. Los andares, las botas, los sombreros. Y un ritmo lento, nada que ver con el frenético tempo de El bueno, el malo y el feo. Entonces suena la partitura musical de Harmónica. No hay diálogos, sólo música.

Una curiosidad en la forma de plantear sus películas es que éstas arrancan la historia y concluyen con secuencias de duelos similares entre ellos. Si viésemos en una serie continua muchos de sus duelos, veríamos la semejanza. Así empieza El bueno, el malo y el feo.

-¿Sabes que tu cara se parece a alguien que vale 2000 dólares?

-Pero tú no te pareces a quien lo va a cobrar.

Así, Hasta que llegó su hora.

-¿Lleváis tres caballos? Sobran dos.

Y esta, la primera secuencia de un duelo, en La muerte tenía un precio. Antológica.  

 -Hacéis muy mal en reíros, a mi caballo le molesta la gente que se ríe.

  Hemos dejados para el final dos de los grandes momentos. En el primero encontramos a Rubio, Tuco y Sentencia, o lo que es lo mismo, Clint Eastwood, Elli Wallach y Lee Van Cleeft, reunidos en un cementerio por un buen puñado de dólares.

 -Doscientos mil dólares es mucho y tendremos que ganárnoslo.

-¿Cómo?

-El nombre de la tumba lo escribiré aquí.

 Y el último, de nuestra selección, es el que cierra la película La muerte tiene un precio.  En esta ocasión, Clint Eastwood es un mero espectador del duelo. Lo protagonizan Lee Van Cleeft y Gian María Volonté, aunque no podamos olvidar de la magnífica música del reloj que acompañaba al personaje y que marcaba el tempo de sus duelos.

  -Cuando acabe la música, recoge el revólver, si puedes.

¿Real o ficción? ¿Sueño o realidad?

¿Real o ficción? ¿Sueño o realidad?

 El género de la ciencia-ficción ha sido una gran plataforma del séptimo arte capaz de transportarnos a todos esos mundos alternativos, ya sean reales o ficticios, que podamos imaginar. Uno de los viajes alternativos más interesantes sería al mundo onírico, visitado por el cine desde todos los formatos posibles. Siendo una fábrica de sueños, el séptimo arte se ha ocupado en numerosas películas de los reales, pero ya sabemos que por muy jugosos que sean estos sueños tienen a un equipo de talento detrás. Así que en el cine, nos encontraremos con casi cualquier cosa.

 Ha reflejado hasta qué punto la imaginación transforma la realidad, cuando nos introducimos en un mundo onírico. Si la inmovilidad física obligaba a la creación de mundos alternativos, para poder escapar del espacio reducido en el que viven (Mar adentro, Alejandro Amenabar), el cine también demostraba cómo los sueños pueden ser un lugar donde se puede acceder realmente (Origen. Christopher Nolan)

 - Estás en medio del taller, en realidad. Durmiendo. Es tu primera clase de sueños compartidos.

 Pero una distorsión de la realidad, a causa de la mente enferma, da un enorme juego en la pantalla gracias a un interesante recurso narrativo de su director, como hacía Martin Scorsese en Shutter Island.

 - ¿Quién conoce la verdad?

- Todo el mundo.

- ¿Las enfermeras, los celadores? Es imposible que lo sepan.

- Todo el mundo, ¿comprende ahora por qué no pueden dejarle marchar?

 El canadiense David Cronenberg, acostumbrado a explorar el mundo interior, dedicó algunas de sus películas a tratar las relaciones que existían entre la ficción y la realidad, sobre todo en el film ExistenZ. Una subjetiva y cambiante percepción de la realidad. Desde Nirvana, El cortador de césped o Días extraños, a otro de los trabajos del propio director, Videodrome, se plantea en el fondo el mismo tema que el film de los hermanos Wachosky. Los avances de la tecnología permiten replantear aquella metáfora orgánica de una manera casi literal: en el universo virtual de los videojuegos, la realidad, o más bien, la percepción de ella y de nosotros mismos es algo subjetivo, cambiante, sujeto a las reglas de la partida. Lo real no es algo absoluto sino que depende siempre de cómo lo construyamos. Es un tema casi filosófico y que, al fin y al cabo, tiene mucho que ver con el cine, que construye un mundo propio.

 No vamos a decir que toca un lugar común en la literatura española, pero sí un tema recurrente desde Calderón de la Barca (La vida es sueño), pasando por Unamuno (Niebla). La última obra citada, es la referencia no confesa de Más extraña que la ficción, en cuya película, Will Ferrell interpretaba a un inspector de hacienda, de costumbres kafkianas, que descubre que es un personaje de una novela, por lo que acaba revelándose contra la escritora que va perpetrando su destino.

- Harold estaba realmente desesperado y maldecía al cielo, en vano.

- ¡No es verdad, te maldigo a ti, voz estúpida! ¡Cállate ya y déjame en paz!

Puestos a explorar una mente ajena, habría que recordar la lambicada Cómo ser John Malkovich, dirigida por Spike John, en torno a un viaje alucinante por los vericuetos interiores de un actor encantado de haberse conocido.

Cameron Díaz: “No lo acabo de entender, no existe, no existe, ninguna puerta o agujero que conduzca al cerebro de nadie!”.
John Cusak: “Sí, sí que lo hay. Al cerebro o al alma o a lo !que sea. Yo estuve dentro de John Malkovich mirando hacia fuera”.

La recreación de la vida de un personaje dentro de un mundo minuciosamente construido y descrito, y sus comprensibles reacciones hacia el demiurgo o el gran hacedor que rige su destino evoca inevitablemente a las peripecias mediáticas del actor Jim Carrey, en la estupenda película de Peter Weir El show de Truman.

- Puedes hablar, te escucho.
- ¿Quién eres?
- Soy el creador del programa de televisión que llena de esperanzas y felicidad a millones de personas.

Evidentemente, el género predilecto sea el de la sci-fi; el mundo de los sueños ha estado presente en una multitud de propuestas, con el autor Phillip K. Dick como principal referencia. Películas como Desafío total (Total Recall) hacen alusiones a los sueños, pero también otras no escritas por él, pero con un claro estilo dickiano como Dark city (Alex Proyes) o Matrix, ese juego hiperrealista de los hermanos Wachosky que nos vendían el mundo como un gran invento, o a lo sumo, como un sueño.

- ¿Alguna vez has tenido, Neo, un sueño tan real que pareciese real? ¿Qué ocurriría si no pudieras despertar de ese sueño? ¿Cómo diferenciarías el mundo de los sueños del mundo real?

                          morfeo_matrix

Los informáticos de Matrix y compañía nos enseñaron que la mejor forma de visitar otros mundos era a través de un ordenador. Al final resulta que la vida es una creación virtual y no somos más que un mal sueño de unos señores del futuro que no paran de dar la lata. Quién sabe, a lo mejor los chicos de Matrix tienen razón y este mundo solo es un sueño.

Intruders y Mientras duermes: Sitges 2011.

Ambas películas fueron presentadas en el Festival de Sitges 2011, al que asistí como impagable corresponsal de Terrorífilo y acompañando al equipo de una de los cortometrajes nominados en la sección oficial, "La última víctima" de Ángel Gómez.

Al director de Intruders, -la primera película que vamos a comentar- Juan Carlos Fresnadillo, me lo encontré minutos antes del estreno, en el hotel Meliá de Sitges, y tuve ocasión de conocerle y comentar algo de su película: “Optamos por el híbrido genérico porque creíamos que remitía muy bien con el sentido del miedo. Intruders condensa el terror, el thriller y el melodrama”.

 Es una película que resulta atípica, tanto por beber de tantas tradiciones como por ser un híbrido de géneros, como el mismo director nos señalaba. Filme emparejado con su anterior, 28 semanas después, de igual forma que Intacto mantenía lazos de unión con Esposados, mientras una y otra vez, el director canario se empeña en volver al cine género. Juan Carlos Fresnadillo, nos sorprendió con Esposados, un corto en el que aparecía el azar como elemento fundamental; tema con el que daba un paso más en su siguiente trabajo, Intacto. Una historia fantástica en la que proponía que la suerte se podía transmitir.

 -Aquí no existe la casualidad, tú has nacido con el don de robarle la suerte a otros.

 En la secuela del filme de zombies, 28 días después (Danny Boyle), Fresnadillo supo envasar en el formato del cine de terror la disfunción de una familia desde el interior y el exterior.

 En el Festival, también tuvimos ocasión de hablar con Daniel Brulh, quien confiesa que de pequeño era un poco miedica, por eso se identifica bastante con Intruders. “Crecí y pasabas las vacaciones en un pueblo que daba mucho miedo, porque se decía que allí había un vampiro. Así, el miedo era parte de mi infancia y con esta película recordé mucho de esos miedos universales, infantiles”.

-Tú me dices que es lo que te da miedo a ti y yo te cuento que es lo que me da miedo a mí.


Intruders es un filme de terror que rastrea el origen de nuestros miedos, aquellos atávicos y universales, propios de la infancia. En esta se nos presentan dos historias que discurren paralelas. Una de estas se desarrolla en Madrid, en la que Juan es un niño sumido por las pesadillas sin que su madre, una mujer insegura, logre enfrentarse a los miedos de su hijo. En Londres, encontramos a Mía, una chica de doce años que vive con su padre a las afueras de la capital y que descubre el miedo, encarnado en una figura sin rostro. El personaje de Carahueca, el punto en común de ambas historias.

 -Carahueca seguía buscando a un niño a quien robar la cara.

 Luisa, desesperada por no poder ayudar a su hijo, se pone en contacto con un joven sacerdote, Daniel Bruhl, mientras que el padre de Mía (Clive Owen) pretende exorcizar a la pesadilla a su manera, cuando descubre a un intruso en la habitación de su hija.

-Los monstruos son cobardes, cuando les planta cara, huyen.

-Este no.

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El nuevo terror español llega para perturbar nuestros sueños. La película de Fresnadillo podría formar una doble sesión con el film de Jaume Balagueró, aunque no compartan temática, ni estilo, pero si nos traen un cine de género de calidad con sello español. Mientras duermes es un thriller psicológico, con referencias al mundo cinematográfico de Polanski (El inquilino quimérico) y Hitchcock, pero también con un pesimismo existencial derivado de la novela El señor de las moscas, de William Golding. Referentes que dan muestras dramáticas de una sólida puesta de escerna.  Luís Tosar se convierte en un conserje con un lado siniestro y Marta Etura va a ser su víctima perfecta. Jaume Balaguero se aleja del ritmo y los movimientos de cámara acelerados de Rec para contarnos una historia que puede pasarnos a cualquiera de nosotros. Y que por eso mismo resulta tan aterradora.

 -¿Feliz? Ese es mi problema que yo no puedo ser feliz.

Un solitario y amargado Luís Tosar trabaja como conserje en un inmueble de Barcelona,  lo que le permite conocer bien a sus inquilinos y acceder a sus casas. De este modo puede satisfacer su ansia enfermiza de trasmitir su infelicidad a los demás, golpeándole donde más les duele. Pero su objetivo principal es Clara (Marta Etura), para quien maltratarla se convierte en una obsesión, en un peligroso reto personal.  

-Tú sí que sabes cómo tratar a una mujer.

                        

En realidad es su némesis. Una joven vitalista, siempre sonriente, que representa la bondad; lo que odia César, esa vitalidad con la que siempre se encuentra sonriente, hasta que el villano se lo quita. De mil formas, incluso sin dudar por invadir su intimidad.

-El de los mensajes, ¿sigue molestándola?

-Y tú, ¿cómo sabes eso?

Otro de los personajes que podemos destacar es el de Úrsula, interpretada por Iris Almeida, relacionada con los niños perversos recurrentes en la filmografía de Jaume Balagueró. Una cría que pone en peligro el plan de César.

La acción, que sucede en un edificio donde hay un continuo movimiento de inquilinos, es puro Polanski, pero también puede recordar algo a su anterior Rec. El edificio resulta ser un microcosmo malsano, como el de Example, barcelonés, invadido por zombies; angustiosos como los de Polanski (desde El inquilino quimérico a Repulsión o La semilla del diablo), chalados como el de La comunidad (Alex de la Iglesias), e incluso oscuro y psicópata como el de La víctima perfecta, con la que Mientras duermes comparte algunos puntos en común.

-¿Sabes por qué te lo cuento? Para que sepas de lo que soy capaz.

 

 

Contagio: Steven Sorderberg nos trae un contagio global

Contagio: Steven Sorderberg nos trae un contagio global

-Una persona se toca la cara entre dos y siete veces por minuto, y cuando no, estamos tocando pomos, vasos o a otras personas.

Cada cierto tiempo las pantallas se contagian de un virus mortal, con unas películas que explotan el terror humano a las pandemias. Un subgénero jugoso, no vamos a engañarnos. Y la película de Steven Sorderberg está dispuesta a hacernos reflexionar sobre este tema. ¿Qué pasaría si sólo con tocarnos nos trasmitiéramos un virus mortal? Este cineasta que bien se mueve por el cine comercial como el independiente,  se atreve con una  historia de epidemias globales, que resulta rabiosamente actual, viendo muchos de los titulares que aparecen en los telediarios: “En el Reino Unido, al problema de las “vacas locas” se une también el de la fiebre actosa”, “La ONU ha confirmado que hay una epidemia de cólera entre los refugiados, sólo una cuarta parte de los países de todo el mundo toma las medidas sanitarias necesarias”.

-El día uno había dos personas, luego cuatro y luego dieciséis. En tres meses, mil millones. Eso es a lo que nos enfrentamos.

Sorderberg prescinde de la ciencia-ficción para hacernos un retrato certero de todos los personajes involucrados en una infección. Por la pantalla vemos un largo discurrir de afectados, políticos, periodistas y por supuesto, epidemiólogos.

-Así que tenemos un virus nuevo, con una tasa de mortalidad del 20% sin protocolos de tratamientos ni vacunas, hasta este momento.

-Correcto.

Lo que hace el director es una disección de principio a fin, el desarrollo completo del contagio de una enfermedad y también la información.

-Desde anoche ha habido cinco muertos y catorce nuevos casos.

-Y sabemos que uno de los focos era una escuela primaria.

-De acuerdo. Eso es a lo que tienes que estar preparada, va a ocupar todos los titulares. ¿Cómo se debe tratar el tema con los medios de comunicación?

-Estamos aislando a los enfermos y poniendo en cuarentena a los que pueden haber estado expuestos.

 Sorderberg responde con contundencia aplicando el montaje de Traffic, con una estructura coral y una perspectiva analítica a distintas bandas. Y para buscar un mayor realismo, decide apoyar la epidemia según el concepto de SARS (Síndrome Agudo Respiratorio Severo), que se propagó por Asia, a comienzos del nuevo milenio.

Igualmente la película reposa sobre unos temas universales (la lucha por la supervivencia y el valor de la solidaridad), pero también sobre otros que se explican dentro del mundo en que vivimos (los peligros de una amenaza viral en un mundo tan globalizado y el debate en torno a la manera de transmitir la información).

De hecho, cuando el ciudadano de a pie tiene conocimiento de la pandemia, nunca sabe realmente cómo se ha propagado o cuánto de realidad tiene la amenaza; la información se diluye en otros cientos de temas mundanos. Es decir, los gobiernos juegan a la desinformación, con el fin de evitar el caos social, lo que como contrapartida puede crear un estado de pánico, a veces innecesario. Esta es la clave de Contagio.

Al mismo tiempo que sucede la desinformación, cobra protagonismo Internet.

-Se ha escrito en Twitter que la información sobre este virus se está ocultando por parte de la CBC y de la OMS para que los amigos de la actual Administración se beneficien de la actual situación.

-Dicen que los franceses y los americanos tienen la cura, que la están fabricando en secreto. La OMS lo sabe pero está confabulada con los americanos.

-¿Quién lo dice?

-Internet.

En este último apunte, habría que destacar al personaje de Alan Krumwiede, interpretado por Jude Law, un blogger que anuncia la existencia de un medicamento homeopático (llamado Forsicia) capaz de curar la enfermedad.  Sobre este personaje, señaló el guionista T. Burns: “Hay que pensar que, hoy en día, cualquier acontecimiento está acompañado de un torrente de teorías conspiratorias y de información de dudoso origen que se propagan por la Red como si fueran un virus”.

Contagio es cierto que es una superproducción cargada de estrellas, sin embargo, este director ha llegado a aunar lo mejor de ambos mundos creativos (el independiente y el comercial). El resultado es un montaje trepidante pero sólido y con un reparto de actores, genial. Hagan sus apuestas por saber cuántos se salvan de la pandemia.