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Sitges ’11: 44ª edición del Festival Internacional de Cine Fantástico de Cataluña.

Sitges ’11: 44ª edición del Festival Internacional de Cine Fantástico de Cataluña.

  Nuestra andadura festivalera recala en tierras españolas para asistir al Festival Internacional de Cine Fantástico de Cataluña,  el Festival de Sitges, que se celebra entre los días 6 y 16 de octubre. Si las curiosidades de Sitges fueran un currículum, su condición mediática como sede de un festival con tanta solera, nos quedaría clara. Este pueblo es el origen de la familia Battle, de gran tradición política y comercial en Uruguay, como también vecinos de Sitges fueron los fundadores de las empresas licoreras Bacardí y Brugal. Pero lo que le da fama mundial es el festival de cine fantástico y de terror que cumple, este año, su 44ª edición.

 Ir a un festival grande te da una perspectiva de cómo está el programa internacional y cómo es la industria del cine desde la visión del aficionado que llena las salas y de los actores y directores que se acercan para contarnos su película. Una labor extenuante, llegándose a improvisar parte del  trabajo, pues no da tiempo para nada y siempre hay problemas de última hora. Uno de los más repetidos era la mala organización de los directores que iban a exhibir sus películas, que no siempre contaban con los pases suficientes como para que su equipo asistiera al estreno de su propio trabajo; lo que sucedió a Fresnadillo, con Intruders.

 Me comentaba un veterano de Sitges, el escritor y productor Ángel Gómez Rivero, que este era un festival con tanta solera que se obligaba la etiqueta para asistir a los estrenos. La primera vez que fue Sam Raimi, le negaron la entrada porque no iba adecuadamente vestido. Al día siguiente, el conocido realizador de “Posesión infernal” llegaba al festival, con chaqué y sombrero. Hoy Sitges está abierto a todo tipo de amantes del género, es algo así como una enloquecida caseta del terror. Asistimos a homenajes a Paul Nashy y a premios como el Nosferatu, que este año se otorgaba a Luigi Corzi,  con títulos como “Starcrash”. También había exposiciones, ubicándose en una de sus sedes –el edificio Miramar-, con pequeñas muestras centradas en A. I. “Inteligencia Artificial” (Steven Spielberg) y en las reinterpretaciones de algunos iconos del cine de terror: Frankenstein, Michael Mayers, Leatherface, Jason… Y por supuesto, estaban los stocks  para los adictos al merchandising y las colecciones, con todo tipo de artículos y rarezas del género.

 Debido a la referencia de A. I. “Inteligencia Artificial”, -aquella versión del cuento de Pinocho que dirigiese Spielberg, casi por encargo de Stanley Kubrick-, a los asistentes al Festival nos seguía una pareja de rostros inquietantes relacionados con la temática de esta edición del festival: la inteligencia artificial. Pero la cantidad de películas que presentaba su programación ha ampliado las fronteras genéricas del cine fantástico y de terror.  Esto ha permitido atraer a todo tipo de público, apostando el festival por un cine sobre determinados temas, desde distintas ópticas: como ejemplos podríamos reseñar, la amenaza alienígena (Nacho Vigalondo, “Extraterrestre”; Joe Cornish, “Attack the block”) o los zombies (John Gedett, “Exit Humanity”; Michael Barlett y Kevin Gates, “Wold of the Dead: The Zombie Diaries”). Un festival inabarcable, por la cantidad de títulos en la sección oficial, del que haremos un somero repaso, seleccionando lo más destacados y las rarezas.

 Distopías de Sitges.

 Es curioso cómo estamos ante uno de los festivales que más ha hecho por el fin del mundo. La buena salud que goza, lo demuestra la cantidad de títulos que ambientan sus historias en paisajes apocalípticos o que muestran la forma de afrontar el estallido final de sus personajes. A veces, las reflexiones ante este inevitable hecho es lo fundamental del argumento, sin necesidad de recurrir a efectos especiales de ninguna clase. Esto sucede con  Lars Von Triers, Melancholia, y Abel Ferrara, 4:44 Last Day on Earth. "Cuando se debe morir y el mundo está a punto de acabarse, no queda más remedio que aceptarlo”, sostiene el director. Ferrara trata el tema con banalidad, para contar la temática preferida de su  filmografía: la autodestrucción, la crisis de un personaje ante un acontecimiento que le supera.     

 Ferrara prefiere recrear el cataclismo desde la intimidad de un loft neoyorquino, no como otro autor que se ha dejado ver en Sitges, Xabier Gens con The divide. El cineasta optó por preguntarse sobre la pérdida de la humanidad, cuando dejamos de ser humanos y nos convertimos en bestias. La ciudad de Nueva York queda destruida tras un ataque de misiles y un grupo de supervivientes se refugian en un búnker subterráneo. Mickey –interpretado por Michael Biehn- se convertiría en el líder del grupo, que deberá convivir en un claustrofóbico lugar a salvo de la radiación. No se conviene revelar grandes detalles del argumento porque la película está llena de giros inesperados, como consecuencia del progresivo deterioro físico y mental de sus personajes. Eso sí, uno de las observaciones de la película son los ecos a los atentados del 11 de septiembre de 2001, demostrando que este género no hace otra cosa que tomar la temperatura del mundo.

 Las imágenes que ilustran la destrucción de grandes ciudades nos ponen la piel de gallina pero también nos electrizan, así de extraños somos. Hay algo hipnótico que nos impide apartar la mirada de la catástrofe que se describe y de esto se ha sabido beneficiar el cine, que ha contado con un despliegue de recursos a la altura de la destrucción a la que se pretende acercar.

 Una de las películas más esperadas del Sitges´11, es otra de las que reflejan los temores de la actualidad. En “Contagio”, Steven Sorderberg plantea cómo el miedo se extiende más rápido que una pandemia vírica, mientras vemos en pantalla a los personajes de esta historia, enfrentándose al desorden mundial y a la paranoia que les rodea. Y lo hace sin los grandes efectismos del cine de catástrofes, sino a través de unos personajes que resultan más o menos anónimos, cuya cotidianidad se rompe a causa de un acontecimiento a escala global: el miedo.

 Del cine español al de otros confines.

 El cine fantástico ibérico se encuentra en una situación  extraña, estamos en uno de los momentos brillantes del terror español, con una atractiva selección de títulos, pero no existe una auténtica personalidad. En palabras de Ángel Sala, director del Festival, “el nuevo cine fantástico español se refugia en la investigación de sus directores, en unos guiones originales y un relato creativo, pero sobre todo en la referencialidad extrema”. Y una  vez más nos referimos al cine hecho en Hollywood.

 El Festival se iniciaba con toda una curiosidad, “Eva”, la primera producción española que nos acerca al tema de la robótica, desde un punto de vista emocional. Se trata de una película con una gran factura técnica, pero en la que se observa una temática de lo más convencional, “al buscar algo armónico entre la ciencia-ficción y el melodrama”, como señala su director, para desvelar sus confesas influencias de Spielberg y Kubrick.    

Como sucede en las producciones americanas, el miedo está muy presente en el cine español visto en Sitges, tratado de forma más interesante, si cabe, por la diversidad y por acercarnos a los miedos atávicos y cotidianos. En este sentido, destacamos dos títulos.

 “Intruders”, dirigido por Juan Carlos Fresnadillo, es un filme rodado en Inglaterra y España, con un reparto internacional encabezado por Clive Owen. La historia es una puesta al día de uno de nuestros temores primitivos, el miedo en la infancia a la oscuridad, al monstruo oculto en el armario, el hombre del saco; un personaje que en la película recibe el nombre de “Carahueca”. El filme respira independencia y personalidad, por usar el referente no como cita sino como ejercicio de estilo. Eso sí, corre el peligro de diluirse a causa de la excesiva tendencia al híbrido, con un coqueteo con el thriller y el melodrama.

 La otra película española que quisiera destacar, “Mientras duermes”, es el regreso al largometraje de Jaume Balagueró fuera de la saga Rec. En el filme, el portero de un inmueble mantiene una obsesiva y enfermiza relación con una de las vecinas, en una propuesta claustrofóbica que se aleja de los fantasmas aterradores y de zombies.  Una película que muestra el lado oscuro que llevamos dentro. “Qué el horror venga del mismo individuo nos quiere decir que los monstruos que más nos deben inquietar sean los hombres”, atestiguaba el director. Una historia en donde su propuesta del terror se aleja de los efectismos y del movimiento de la cámara de sus anteriores películas, para acercarnos a la cara más cotidiana del horror y al mismo tiempo más inquietante.

 Desentrañando lo que ha dado de sí el festival, llega la hora de acercarnos a la interesante y abundante producción de otros confines. Fue el ámbito asiático en donde encontramos más producciones foráneas, responsable también del diseño de los carteles promocionales del festival. Y aunque no correspondían ni al género de lo fantástico ni al cine de terror, muchas películas tenían como tema el mundo de los samuráis y de las artes marciales. Nos sorprendía el trabajo del cómico Hitotsi Matsumoto “Scarbad Samurai”, centrado en un samurái sin espada que se ve obligado a hacer reír a un príncipe enfermo para poder salvar la vida; pero sobre todo un Takashi Miike mucho más contenido de lo que nos tenía acostumbrado con otro filme de época: “Hara-Kiri: Death of samurái”.

 Los lectores iberoamericanos deberían salir satisfechos  por el papel de algunas películas proyectadas en Sitges. Encontramos a la inclasificable “Juan de los muertos”, de Alejandro Brugués, producción cubana que acerca el cine de los zombies a la isla de Cuba. Toda una comedia que mezcla el terror y la crítica social, a través del protagonista, un hombre que sabe sacar partido de una inminente plaga zombie que asola la capital. Para ello, monta un pequeño negocio que lleva como slogan “mate a sus seres queridos”.

 Más interesantes resultaban las coproducciones argentinas, “La mujer del eternauta” y “El páramo”. Sin ser un título propio del cine fantástico, la primera era “una historia de fantasmas”, según palabras de su director Adán Aliaga. Un documental que nos hace regresar a los años de la dictadura, a través de Elsa Sáenz de Oesterheld, viuda del escritor Héctor de Oesterheld, guionista de un conocido cómic argentino “El eternauta”, de contenido político. La película que cierra está selección “El páramo”, es una de las más atractivas del festival. Del director Jaime Osorio Márquez, llega este definitivo filme de horror bélico, descarnado y paranoico. En la historia, un comando se ve obligado a refugiarse en una base abandonada, tras ser atacado por una misteriosa presencia y su envolvente atmósfera de terror.

 Grindhouse y otras rarezas del festival.

 A la medianoche en Sitges uno podía elegir la posibilidad de irse a dormir o asistir a fuertes dosis de hemoglobina, con el terror más gore y sangriento del festival.

 En esta sección, destacan las sesiones dobles de los cines de barrio setenteros, con un público que iba a consumir unas películas en donde la violencia, el sexo y el sadismo tenían un gran protagonismo. A ese tipo de cine se le llamó, Grindhouse, literalmente “casa de chillidos”, y recientemente Quentin Tarantino y Robert Rodríguez les hicieron un homenaje. Basándose en uno de sus falsos tráiler, la producción canadiense de Jason Eisener, “Hobo with a shotgun”, es un largometraje al estilo “Machete”. El actor holandés Rutger Hauer es la estrella de la función, un vagabundo que se arma con una escopeta para hacer justicia en una ciudad dominaba por unos indeseables. Será una película difícil de ver para el público no acostumbrado al cine del Grindhouse, con dosis de un humor negro, negrísimo, y momentos de puro gore, en donde muchos aficionados encontrarán similitudes con el mítico Vengador Tóxico. El directo planta al espectador cara a cara con situaciones de difícil solución moral, mientras que presenta la justicia no como una forma de resolver un dilema interno, sino como una vía para poder sobrevivir en un mundo violento.

 Enlazando con este filme, Sitges continuaba con la proyección de “The victim”, otro filme de estética setentera. Lo más singular de esta película es el regreso de uno de los actores fetiches de James Cameron, Michael Biehm, quien repite con “The divide”. El festival dedicó una retrospectiva del actor, con algunas de sus mejores películas enmarcadas en la ciencia-ficción del director canadiense (Terminator, Alien 2, Abbys). “The victim”, dirigida y protagonizada por el propia actor, es un thriller adrenalínico de policías corruptos y chicas malas que complicarán la vida de un misántropo con la cara d Biehn.

 Otras de las rarezas de Sigtes’11, serían algunos títulos pensados para el formato festival o para un estreno limitado en salas. Destacamos la parodia de ciencia ficción “Attack the block”, de Joe Cornish, sobre una invasión alígena que es derrotada por unos pandilleros urbanos, y “The Troll Hunters”, producción noruega que ha arrasado en su país y que con un estilo de los inicios de Sam Raimi, plantea la existencia de los Trolls. Pero si tuviera que quedarme con un título, señalaría la israelí “Rabies”, codirigida por Aharon Keshale y Navot Papushado. Más allá de su argumento, puro cine slasher, encontramos la curiosidad en el hecho de ser la primera producción de terror de Israel. Una pareja de alemanes son perseguidos por un bosque por un sanguinario asesino, en una fresca y canalla visión del género. 

 Despedida.

 Lamentando no haber podido asistir a todo el festival, nos han quedado en el tintero algunas de las producciones más interesantes. Entre ellas, nos faltaría descubrir el remake del clásico de John Carpenter, “The thing”, película con la que se clausura Sitges’11.  Sin embargo, nos hemos quedado con un buen sabor de boca, ante la diversidad de la programación dentro de las secciones oficiales.  Esperamos que haya resultado interesante este pequeño repaso de lo que ha dado de sí un festival con una selección de títulos inabarcables.

 

 

Entrevista a Ángel Gómez, director de cine.

Entrevista a Ángel Gómez, director de cine.

Ángel Gómez Hernández es una de las jóvenes promesas dentro del género fantástico y como muchos cineastas, comienza en el campo del corto. Aquí es donde destacan Sed de luz y La última víctima, cortometraje de terror que llega a Sitges, nominado al prestigioso Meliè de Plata.

-Cuéntanos algo de tu trayectoria. ¿A qué se debe la afición por este género? ¿Quiénes son tus referencias?

Mi pasión por el terror se debe a mi padre, novelista y ensayista, y a sus amistades como Paul Nashy y Chicho Narciso Serrador. Recuerdo que me interesaba el cine desde pequeño, quería descubrir si era mucho más de lo que contaban y me pude familiarizar con el cine gracias a la productora Diodati. Cuando vi la película de J. J. Abraham, Super 8, me veía a mí mismo de pequeño, con la cámara, influido por las películas que me gustaban  como Pesadilla en Elm Street o Scream.

-¿Cómo nació La última víctima?

La última víctima es un relato de apenas tres páginas de mi padre, el escritor Ángel Gómez Rivero (autor de Casas malditas y otros ensayos sobre cine de terror). Una historia guardada en un cajón hasta que se pudo hacer realidad, gracias a la productora EmeFilms y que reúne partes de muchos géneros, el terror, la fantasía, la acción y lo paranormal.

-¿Qué puedes contarnos del corto? ¿Háblanos del equipo y del casting?

Había rodado terror en Lágrimas de papel o Sed de luz, pero nunca acción, y La última víctima tiene mucha acción. Hemos contado con efectos especiales y especialistas como Ignacio Álvarez, quien ha participado en 800 balas o La comunidad. En el reparto encontramos a actores conocidos en España, gracias al mundo de la televisión y el cine, como Galeano, Juanma Lara o Macarena Gómez.

-Sabemos que tu anterior trabajo, Sed de Luz, ha sido nominado en Illinois y Atlanta; ahora llegas a Sitges, ¿qué metas te gustaría alcanzar?

Me gustaría conseguir hacer un largometraje e involucrarme en las fases de su producción, la preproducción, la posproducción y su distribución. Hasta ahora había sido como un estudiante de cine, rodando cortos (Lágrimas de papel, Sed de luz o la más ambiciosa, La última víctima), pero siempre me ha interesado el largometraje, rodearme de un buen equipo y poder llevarlo a las salas de cine.

-¿Cuál es tu próximo proyecto?

Como bien sabes es un western, que tiene como título Y la muerte le seguía. Está ambientado en el lejano y violento Oeste, pero con aspectos fantásticos y de terror.  Volvemos a contar con la productora EmeFilms, un gran equipo, actores muy conocidos como Pedro Casadement Macarena Gómez, o contigo (en calidad de productor). Queremos rodarlo en Almería, el año próximo, en Tabernas, en los poblados del Oeste que se han hecho famosos gracias a servir de escenario para muchísimas películas.  

Convirtiéndonos en una raza de mirones.

Convirtiéndonos en una raza de mirones.

Cine y voayerismo han ido siempre de la mano. Al fin y al cabo, desde la importancia de la imagen en nuestra cultura hasta llegar al espectador tanto de la pequeña como de la gran pantalla, nos hemos convertido en "una raza de mirones", en un voayer, si lo pronunciamos según su origen francés.

 - Y es un voayer. Para mí es un pervertido y un delincuente sexual.

- ¿Cómo que un delincuente sexual?

 Según la definición de la Real Academia de la lengua, un voayer, es una persona que disfruta observando de actitudes íntimas o eróticas de otras personas, o como diría uno de nuestros cantautores, quien mira pero no moja. El cine ha encontrado en el voayerismo una de las filias más cinematográficas que ha tenido en Buñuel uno de los principales maestros, desde Viridiana a Belle de Jour, con una burguesa Catherine Deneuve muy curiosa, e incluso los cinéfilos sentirán debilidad por Atlantic City (L. Malle), en la que un Burt Lancastre senil observaba a una veinteañera Susan Sarandon frotarse sus senos con un limón.

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El placer que, sin embargo, da la posición de fisgón, tiene muchos recovecos, desde la pura excitación sexual hasta la expresión de un poder sustitutivo que anuncia turbulencias y decapitaciones interiores, porque el séptimo arte ha aludido a la figura del voayer en casi todo los géneros, desde el thriller con películas como Doble cuerpo (Brian de Palma), a la visión de la sociedad actual norteamericana con un aire de drama, en American Beauty (Sam Mendes) o el terror (El fotógrafo del pánico, Michael Powell), en donde un particular asesino en serie rodaba la muerte de sus víctimas, armando a su cámara con una afilada caña; e incluso películas futuristas que ponían de manifiesto el poder coartor de un sistema totalitario, en permanente vigilancia, como 1984 (Michael Randford) aludían al tema del "mirón", en la conocida imagen del Gran Hermano. Uno de los personajes clásicos del cine, el detective, es un voayer por naturaleza y profesión. Su trabajo lo requiere constantemente, de lo que deducimos que es una profesión altamente vocacional. Un ejemplo sería el personaje interpretado por Jack Nicholson en Chinatown (Roman Polanski). Pero a los ojos del fotógrafo, mirar es todo un arte. Blow up de Antonioni; Jope Pesci en El ojo público (Howard Franklin) y Delirius (Tom Diccilo) presentan a otro de los grandes personajes que han hecho carrera de voayer en el celuloide, cuya observación del mundo circundante, conduce al descubrimiento de realidades en cubierta.

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El gran cotilla que es el voayer, puede contentarse con escuchar, tan adictivo resulta eso como mirar (La conversación, de Francis Ford Coppola). Pero a veces, la vida de uno cambia después de escuchar la de los demás. El mejor ejemplo que encontramos en el cine más reciente es la alemana La vida de los otros (Florian Henkell), que presenta como personaje principal a un agente de la Stasi, interpretado por el fallecido Ulrich Mühe, encargado de espiar a unos vecinos insurrectos.

 - Nos hemos convertido en una raza de mirones. Lo que deberían hacer es salir de sus casas y mirar hacia dentro para variar.

 Hitchcock puso de manifiesto a ese mirón que todos llevamos dentro, mostrando cómo la curiosidad obsesiva podía traer consecuencia nefasta, ponía en otros personajes el interés por mirar a los demás. Lo que parecería un recorrido roussoniano por la condición humana, esconde también un crimen espeluznante cometido en una asfixiante ola de calor. 

 La ventana indiscreta

  Del voayer perfecto (James Steward) de La ventana indiscreta pasa al mirón por excelencia en el personaje de Anthony Perkings en Psicosis. Igualmente el maestro del suspense, que desarrollaba ampliamente estas ideas y construcciones formales en sus largometrajes, las había planteado en la serie televisiva Alfred Hithcock presenta, sobre todo en los episodios que llebavan la forma del realizador, como por ejemplo, El secreto del Sr. Blantcha, que centraba la obsesión de una novelista que cree que ha asesinado a su esposa.

 - ¡Ya me gustaría coger a ese hombre! ¡Ha salido de la casa, y además lleva algo que parece un saco grande!.

Incluso, Los Simpson, con su característico sentido del humor, hizo su particular homenaje del clásico del maestro del suspense.

 -Hay un niño rubio inquietante mirando desde la ventana indiscreta.

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Oh, brother! Relaciones filiales en el cine.

Oh, brother! Relaciones filiales en el cine.

De las relaciones familiares, - entre padres, hijos o hermanos -, el cine ha hecho caja aprovechando una realidad universal y comprendida por todos. Hay amor, unión o como quieran llamarlo, pero también mucho rencor, odio y enemistad entre ellos. Y el séptimo arte ha sabido reflejarlos todos estos.

En Dostoyeski podemos encontrar algunas de las mejores historias sobre hermanos, revestidas de fatalidad. Los hermanos Karamazov, quizás la mejor obra de este universal de las letras rusas, sea el título más recordado en esta línea con una adaptación cinematográfica destacada de aquellas realizadas sobre este relato, a cargo de la dirección de Richard Brooks. Sin lugar a dudas, material dramático de primera condición, la familia es también un territorio de confrontación, en donde los peores instintos cobran a menudo relieve. Desde la historia bíblica de Caín y Abel, mito que daba cuerpo a los constantes celos consanguíneos, ha llovido mucho. Odio entre hermanos, Joseph L. Mankiewitz, recoge una parte del espíritu de Dostoyeski, relatando cómo un padre que construye una fortuna con actividades ilegales, acaba en prisión, y sus hijos, excepto uno, quieren dejarle en donde está y ocupar ellos su puesto. Parecería que el dinero desune a la familia y la pobreza los mantiene unidos, al menos, aparentemente, sobre todo si el objetivo es salir de esta. Rocco y sus hermanos, maravillosa película de Lucino Visconti, cuenta la odisea de una familia del sur que llega a Milán en busca de una vida mejor.

                                    

La fragilidad de las relaciones familiares se manifiesta principalmente cuando se descubren los avatares que deja el destino por el camino. De esto sabe muy bien una de las grandes producciones cinematográficas que tiene en la familia su argumento central. En la saga de El Padrino (Francis Ford Coppola) no vemos otra cosa que la descomposición de una familia y como el hermano menos apropiado, al menos al principio, recoge el testigo del padre.

- Mike, esperan mucho de ti.

- Yo tengo mis propios planes para mi futuro.

- La universidad ha hecho de ti un estúpido.

En la película del no suficientemente valorado Francesco Rossi, Tres hermanos, la imposibilidad de comunicación entre ellos tras reunirse en el funeral de la madre, tiene claras connotaciones sociales y políticas.

-Michel, cualquier robo será para aquella gente mejor que un asesinato.

- Ya te he dicho que pensaba en resolver los problemas a base de tiros. ¡No te permito ni a ti que lo digas! Porque es una forma bastante fácil de taparme la boca.

- Ya está bien, os estáis pasando con esta discusión.

Hay hermanos, como los Clayton, que no se despegan ni para hacer sus necesidades y que presentan una manifiesta violencia proyectada hacia a fuera.

- Cuando se saca el revólver, hay que matar.

Es que esta historia que recoge John Ford en Pasión de los fuertes, -el suceso real de Tonsboctom, de Wyatt Earp, mil veces vista en pantalla desde ese famoso tiroteo en OK Corral, en Duelo al Sol (King Vidor)- nos acerca al western y a la presencia de hermanos outlaws como uno de los temas recurrentes.

                                  

Al mismo tiempo, el cine norteamericano ha sabido reflejar en otras ocasiones como las relaciones entre hermanos comparten sus esfuerzos para extender sus gratificaciones familiares. En este caso no desmerece la película Siete hermanos para siete hermanas, dirigida por Stanley Donen. Pero también hay instantes en la vida como el mismo Woody Allen sugiere (El sueño de Cassandra) en los que se puede recomponer en medio de una gran intensidad dramática las relaciones familiares rotas o distantes, como la que surgió de la literatura decimonónica, siendo uno de los clásicos entre las adaptaciones cinematográficas, Mujercitas. La familia, los hermanos, se unen para limpiar y reivindicar las figuras paternas como elementos no represivos, sino estructurantes. El respeto, la armonía y el humor, en un cierto orden jerárquico, mueven las relaciones familiares y todas las demás.

- Yo creo que si vamos por la estatal vamos a llegar mucho mejor.

- ¿Quieres tardar veinte días para llegar a Maine?

- Pero si no vamos por la autopista, no vamos a pillar a ningún a autostopista.

- ¡Un hombre de ideas fijas! Siempre pensando.

En La mejor elección, esta estupenda serie italiana reconvertida en largometraje, gracias a T. Giullio Tamadisci, dos hermanos tan distintos y opuestos, conservan varios vínculos sagrados y uno de ellos terminará la relación a un alto precio como una forma de honrar su memoria.

Qué tendrán los hermanos que llegaron a cautivar a la más catódica de las familias norteamericanas. En Los Simpson, hermanos hay muchos, desde los propios Bart, Lisa y Maggie, y de hecho es uno de los temas más repetidos por la popular serie de animación. Por rescatar uno de los episodios, nada como el breve segmento de uno de los especiales de Halloween, en donde aparecía el gemelo de Bart, una horrenda mímesis llamada Hugo. Algo que nos demostraba que a pesar de los cambios todo seguía igual:

-  ¡Por Dios! La cicatriz está en el costado izquierdo, esto demuestra que el lado siniestro y por tanto, el malo, siempre ha sido y es... Bart.

- ¡De qué os asombráis!

También hay hermanos decididamente creativos, y entre los más divertidos y geniales, repasemos los que ha dado el cine. Así, si mereces ser recordado por tus hermanos lo mejor es que te apellides Marx.

- ¿Qué suerte tuve en conocerles?

- Vengo a verles en el camarote.

- Precisamente, lo que hacía falta, manos a la obra. Tendré el privilegio de servirle el único sitio que no está ocupado por ahora.

 Los hermanos Marx fueron de las más brillantes colaboraciones que el séptimo arte ha dejado jamás, en una multitud de películas en la memoria de cualquier cinéfilo, con inolvidables diálogos y escenas, como la del ya mítico camarote, en Una noche en la ópera, una de las más disparatadas y geniales escenas de toda su filmografía.  Pero el cine nos ha dejado hermanos cineastas muy interesantes como los italianos Taviani que después de ajustar cuentas con la figura del padre (Padre padrone) demostraron que el aburrimiento puede transvestirse estéticamente. Los geniales Coen han hecho una gran película (Fargo) y el resto de sus vidas han jugado a que las hacían, mientras que los otros hermanos cineastas norteamericanos destacados, los Farrelly, tuvieron una feliz ocurrencia con Pegado a ti, al desmitificar el estado de máxima dependencia posibles entre hermanos, esta vez siameses, con bastante humor y dos buenos actores, Matt Damon y Greg Keaner.

Delante y detrás de las cámaras: los cameos del director.

Delante y detrás de las cámaras: los cameos del director.

Hay algunos directores que no se conforman con aparecer en los títulos de créditos, sino que también quieren verse en su propia película. Eso es lo que llamamos "cameo", breves apariciones como un figurante más o con sus frases. El mejor ejemplo fue Alfred Hichtchock, quien aparecía de todas las formas inimaginables desde paseando con unos perros en Psicosis; subiéndo a un tren con un chelo, en Extraños en un tren; e incluso, se las ingenió para aparecer en Náufragos, en un anuncio de un periódico, sobre un producto de adelgazamiento. Fue tal esta tradición que el espectador se pasaba toda la película buscándole, hasta que decidió poner sus apariciones al inicio. 

No es raro, por tanto, que su serie Alfred Hithcock presenta, comenzara cada episodio con una presentación del propio creador.  Al final, el maestro aparecía para hacer su propia lectura de la historia en clave de moraleja, y hacer de paso algún que otro chiste. He aquí, un ejemplo del episodio El caso del Sr. Phelman, una de las más inquietantes historias sobre dobles y suplantación de la identidad, jamás filmadas.

 - Pero yo soy Alfred Hitchock y puedo demostrarlo.
- Intentó usurpar mi personalidad, pero se olvidó de un detalle, el chicle del bolsillo de su chaqueta. Alfred Hitchock nunca llevaría un chicle en su chaqueta. Pobre hombre. Perdonen, necesito un momento para recuperarme.

 

                       cameo-jackson-3

Más difícil era encontrar a Peter Jackson entre sus filmes, capaz de disfrazarse como buen friky de los diferentes personajes que poblaban sus películas. Pero ahí estaba, tanto en sus primeros trabajos -apareciendo como uno más- quizás para ahorrarse unos cuántos dólares en un secundario; como en la saga del Señor de los Anillos

También los grandes directores se han atrevido a aparecer delante de las cámaras.  Francis Ford Coppola hacía de sí mismo en Apocallisys Now.

- No miren a la cámara, compórtense igual que en el combate.  

Francis Ford Coppola en ´Apocalypse Now´ (1979)

                Scorse De Niro Taxi Driver

Martin Scorsese se daba un paseo en el taxi de Travis Bincle, en Taxi Driver, y se ponía a charlar con el personaje. 

- Voy a matarla con una pistola Magnum 44, si señor, la mataré con una Magnum 44. ¿Has visto alguna vez lo que puede hacer Magnum 44 con la cara de una mujer?

Y Polanski abandonaba la claqueta de director para empuñar la navaja de matón y así romper la nariz del protagonista de Chinatown, que luciría en buena parte de la película.

                               polanski Chinatown

- Es un curiosón, ¿eh? Vamos a darte una lección a los que metén la nariz en donde no les llaman. 

Existen cameos tan curiosos como el de David Cronemberg, quien aparecía como médico en su película La mosca. Al parecer, Scorsese le había dicho que tenía cara de cirujano de Beverly Hills y el director había tomado buena nota. Otros cineastas todavía no saben muy bien sus verdaderas preferencias, como actor o como director. Esto le sucede a nuestros siguientes protagonistas. Shymalan suele reservarse un breve papel en sus propias películas. De su filmografía, apenas salvamos El sexto sentido; eso sí debería plantearse lo de aparecer en ellas. Mientras que hay quienes aportan un buen guiño a la historia, como hacía Quentin Tarantino en sus filmes, sin ni siquiera saber interpretar bien. En su primera película, Reservoig dog, le veíamos tanto como actor como director.

- Había algo que no había sentido aún, dolor.  Sí, dolor. Le duele igual que la primera vez.

Oliver Stone aparecía en la película sobre el músico Jim Morrison (Val Kilmer) "The doors", como profesor de arte. 

M. Night Shyamalan en ´Señales´ (2002)

 Oliver Stone en ´The Doors´ (1991)

El Gran Lebowski: Coen al 100%.

El Gran Lebowski: Coen al 100%.

- Nadie me llama Lebowski. Soy “El Nota”, tío.

 Hace alg o más de diez años, los hermanos Coen parieron a su criatura más vaga, un tipo al que sólo le tocaron su fibra sensible cuando le mearon su alfombra favorita.  

 - ¿Qué hago para divertirme? Pues lo normal: jugar a los bolos, conducir por ahí, tomar ácido de vez en cuando.

 El Gran Leboswki es Coen al 100%. El lado mentecato de estos particulares cineastas aflora cada vez que el prestigio amenaza con ensombrecer su lado rebelde. Así, Bartok Fink fue seguida por El gran salto; después de No es país para viejos, dirigieron Quemar después de leer y El Gran Lebowski surgió tras Fargo. El momento álgido de su carrera, no hay necesidad de negarlo. Por supuesto, su premisa tiene que ver con esos personajes con ocurrencias estúpidas, a causa de las cuales se ven envueltos en casos de secuestros o extorsión, que se complican hasta que, muy a menudo, acaban con alguna cabeza destrozada por un balazo. Del mismo modo, la mayor parte de sus creaciones tienen la misma dimensión que los cartoons, creados por Tex Avery. El Gran Lebowski no es la excepción.  

 “El Nota”, un genial Jeff Bridges en estado de gracia, es un tipo desaliñado, vago hasta la parálisis, envuelto en el humo de porros y amante de los bolos y de los llamados rusos blancos. Un tipo que Sam Elliot y su quebrada voz nos ponía en antecedente en plena templanza californiana:

 - Hacia el Oeste hubo una vez un tipo del que os quiero hablar. Respondía al nombre de Jeff Lebowski. Al menos ése fue el nombre que le pusieron sus amorosos padres, aunque él nunca lo utilizó mucho. Veréis, este Lebowski se hacía llamar El Nota. El Nota… Un nombre que ningún hombre usaría en el lugar del que provengo. Había un montón de cosas que no tenían sentido con respecto a El Nota…

 El argumento es, en realidad, un disparatado viaje de pirados con mucho ácido, bolos y enredos de por medio, junto a una descerebrada banda de matones nihilistas, que confunden la casa de El Nota con un tocayo millonario y se mean en su alfombra.

 - Daba ambiente a la habitación.

                           

  Desde entonces, y sobre todo desde que ese millonario le contratase para entregar el rescate de su esposa pre-púber, las cosas se complican, la historia se enreda gracias a los curiosos personajes que rodean al Nota. El primero de ello es su amigo Walter (John Goodman), un pirado obsesionado con Vietnam, decidido a ayudarle en “la misión”, para acabar complicándolo todo.

 Jeff Bridges, John Goodman junto a otros actores, secundarios geniales, algunos de ellos fetiches de los Coen como James Gandolfini, Steve Buscemi (Danny, un tipo apocado al que siempre le mandan callar) y John Turturro (Jesús Quintana), el excéntrico rey de la bolera, la chulería hecha arte.

 - ¿Estás preparado para que te jodan, tío? Dejadme deciros algo, pendejos: cómo vengáis con una chorrada, como saquéis una pipa en la bolera, os la quitaré, os la meteré en el culo y voy a apretar el gatilla hasta que haga click.

- Jesús.

 - Tú lo has dicho, nadie toca los huevos a Jesús.

                                    

También hay interesantes cameos, como la cantante Aimee Mann (en la cafetería, como la nihilista de los nueve dedos) y el guionista Charles Kaufman, en la escena del baile en el teatro. Aunque no podríamos olvidarnos del personaje femenino de Julianne Moore (Maude Lesbowski).

 - Mi arte ha sido descrito como fuertemente vaginal, lo cual molesta a muchos hombres. La misma palabra incomoda a algunos.

 Referencias a su propio entorno y anécdotas aparte (porque los Coen no sólo han construido con el Nota uno de los personajes más emblemáticos de la historia del cine, sino que han atado cabos de la realidad, que siempre inspira) El Gran Lebowski tiene una clara inspiración cinematográfica. El largo adiós, de Robert Altman, también centrada en un tipo sin suerte (nada menos que Phillip Marlowe) fue la película de cabecera a la hora de poner en pie la historia. Y por supuesto la cultura norteamericana en general, a la que hace un guiño-parodia (la música de Eagles, la versión de Hotel California, de Credence; el bowling, etc.). Toma, por ejemplo del filme de Altman el detalle de la bolera que aparece en el despacho de Marlowe, como el hecho de que uno de sus personajes fuese un gánster judío convencido, como es Walter (John Goodman). Es más, el título en el original, The Big Lebowski recordaba al de The Big Sleep, El sueño eterno, obra de Raymond Chandler, el creador del detective Phillip Marlowe. Incluso la silla del Lebowski millonario es copia de la que utiliza el personaje del General Sternwood en El sueño eterno.

 La película no fue un éxito en el momento de su estreno, pero ahora está entre las grandes del género, un filme de culto. Casi como sin quererlo, con la tranquilidad de un personaje como El Nota.

                         

                                      


El mundo prohibido y exótico de los geishas.

El mundo prohibido y exótico de los geishas.

- Las geishas no somos cortesanas, ni tampoco esposas. Vendemos nuestra destreza no nuestro cuerpo, creamos un lugar secreto, un lugar en donde solo hay belleza.

La más famosa de las óperas de ambientación oriental, la obra de Pucini Madame Butterfly, ha dado pie a un tipo de temática en esta línea, al presentar a una mujer japonesa como paradigma de la fragilidad, de la dulzura y de la dependencia absoluta al hombre y a la familia. No por nada, una de las obras maestras, dentro de la filmografía nipona, Vida de Oharu, una mujer galante (K. Mizoguchi), describía la vida de una geisha en la sociedad feudal del siglo XVII, como una mujer que se enamoraba de un hombre de menor rango social y que encontraba todo tipo de obstáculos de parte de una sociedad machista y convencional.

                       vida de oharu, una mujer elegante

- Ha quedado probado que has cometido una mala conducta con un criado de rango inferior, debido a este grave delito, no podrás seguir residiendo en la ciudad de Kyoto.

Esta profesión de geisha se suele confundir con el de la prostitución, confusión que aparecía en el argumento de numerosas películas, por ejemplo en la citada Vida de Oharu, una mujer galante (Kenji Mizoguchi). 

- Soy de Omi y no soy una prostituta, soy hija de Ohui.

El cine japonés siempre ha respetado las fronteras entre ambos mundos, una curiosidad en este sentido es la historia de amor y locura de El imperio de los sentidos que ilustra las diferencias y concomitancias entre las geishas y las prostitutas. Tachada de película pornográfica, su alto voltaje sexual para tratar la relación entre el Eros y el Tanatos, el amor y la muerte, alcanzó el mayor nivel de paroxismo nunca visto antes.

- Buenas tardes, amo, soy la geisha que ha llamado, ¿puedo pasar?
- ¡Ah! sí, espera un momento, ahora estoy muy ocupado. 

                             el imperio de los sentidos

Tradicionalmente, el propio séptimo arte lo ha querido reflejar tal y como se entiende en la propia Japón, destacando su parte espiritual. Esta, basada en una filosofía de vida centrada en la contemplación zen, aceptaba todas las circunstancias surgidas de la vida, como parte de la mixtificación de un universo femenino. Pero fue el cine occidental, con sus estereotipos sobre las culturas ajenas, el que ha mostrado gran paternalismo sobre este tema, así lo refleja Joshua Logan en su película Sayonara.

- Mi padre era muy pobre y para salvar a sus demás hijos, se vio obligado a vender a una de sus hijas.

Situada en el país de Japón, en plena posguerra de la Segunda Guerra Mundial, el filme de Logan intentaba establecer unos lazos de amistad entre vencedores y vencidos. Un oficial del ejército (Red Buttons) y un soldado, (Marlon Brandon), se enamoran de dos jóvenes geishas y tendrán que combatir las reglas militares y la intolerancia racial, para proseguir su relación. La seducción de lo exótico.

- Creo que hemos llevado a demasiado lejos, en esta zona, eso de la fraternización, a pesar de las numerosas normas hacia esto.

Con el tiempo, este tema se ha ido modernizando hasta llegar a los ochenta con una producción, basada en un hecho real, sobre una joven americana tan interesada por ese mundo secreto que llegaría a convertirse en una de ellas. En American geisha, de Lee Phillips, una joven se traslada a Tokio para trabajar como una auténtica geisha y conocer, de primera mano, los códigos de comportamiento de ese oficio.

- El poder se le ha otorgado a la mujer japonesa, tenemos que vivir de nuestra propia feminidad y al vivir de esta manera, adquirimos el conocimiento de nuestra propia fragilidad humana y el único ropaje adecuado para nuestra fragilidad humana no es el kimono, es la dignidad.

El cine más reciente ha seguido mostrando el universo evasivo y casi místico de las geishas, siempre como telón de fondo de las hazañas o del descanso del guerrero, con unas mujeres que se mueven casi siempre en unas habitaciones cerradas al exterior.

- Ahora soy una geisha.
- Sin duda.

En The sea watches, de Kai Kumai, o Memorias de una geisha, sigue siendo un mundo en donde predomina la disciplina y la sumisión, cuyas mujeres dirigidas a este destino deben olvidar todo sobre su vida privada. Hacen cultivar la elegancia y el glamour, entregándose en cuerpo y alma a esas tareas, pero sin llegar jamás a enamorarse.

- No nos convertimos en geishas para perseguir nuestro destino, nos convertimos en geisha porque no tenemos elección.

                memorias de una geisha

Seducido por el espíritu de Pitágoras: Matemáticas y cine.

Seducido por el espíritu de Pitágoras: Matemáticas y cine.

 El ser humano necesita conocer, comprender, para enfrentarse al miedo que le provoca su propia existencia. Necesita ordenarlo todo y una de las ventanas para encontrar esa explicación son precisamente las matemáticas. Este argumento se ha mezclado en demasiadas ocaiones, como una idea propia del thriller, al implicar el sentido de la vida con el descubrimiento de un complejo código.

- 5117, no es increíble.

- ¿El qué?

- Todo es 23.

La numerología y las matemáticas han producido títulos de cierta relevancia, más allá de las historias enrevesadas de algunos guionistas como aquella de Joel Shumaher, titulada Número 23. Las aportaciones que los matemáticos tuvieron en la Segunda Guerra Mundial y en la posterior Guerra Fría, -para desentrañar las claves nazis y soviéticas-, aparecen en filmes como Enigma y la excesivamente laureada Una mente prodigiosa. Un interés por las matemáticas que a veces lleva la locura. Locura y ciencia estaban íntimamente relacionadas en la vida del matemático, John Nash, un premio Nóbel que se pasó media vida luchando por las matemáticas y la otra, contra la esquizofrenia.

En la mayoría de los casos estos experimentos son de usar y tirar, y muchos de ellos ni quisieran entretienen o sirven para echar el rato. Sin embargo, hay propuestas excepcionales que comienzan a ubicar la acción en espacios tan matemáticos y definidos como un conjunto de cubos, unidos por diferentes puertas, algunos de ellos con trampas mortales, en donde los protagonistas intentan sobrevivir el máximo tiempo posible. Pero para ello tendrán que elegir el camino apropiado.

- Si se traza una curva que une los rectángulos concéntricos, se consigue la mítica espiral áurea. Pitágoras adoraba esa forma que está en toda la naturaleza.

De forma tangencial, las matemáticas son las claves para resolver un misterio en el caso de Medium o para sobrevivir en Cube. De hecho, esta poco convencional e inteligente película era una especie de metáfora de la vida.

- Números primos, ¿cómo no pude darme cuenta de esto antes?

- ¿Cuenta de qué?

- Por lo visto, si algunos de los números son primos, el habitáculo tiene trampas.

Mucho más innovadora y formal es Pi, de Darren Aronovski, en cuya película, -rodada en blanco y negro-, se trasmite la imposibilidad de formular matemáticamente el caos que reina en el universo como la excusa perfecta para retratar a un ser torturado por la ausencia de respuestas para las preguntas trascendentales de la existencia humana.

- Una, las matemáticas son el lenguaje por excelencia de la naturaleza. Dos, todo lo que nos rodea se puede entender e interpretar mediante números.

A través de las matemáticas, la ciencia y el estudio de los valores numéricos que contiene la Toràh y sus significados, Aronofski mostraba como nadie había presentado antes, un universo desconocido para muchos, en el que se limitaba a moverse como pez en el agua para conseguir resultados de una gran profundidad intelectual. El joven director norteamericano realizó una película con un significado religioso y humano más hondo de lo que pueda parecer a primera vista. Y su acierto fue hacer de Pi un film que gustase tanto a creyentes como ateos, porque nos libera de las ataduras conceptuales de la simbología.

- Antiguamente se utilizaba el hebreo como sistema numérico, cada letra es un número. En hebreo la “a”, la aleph, es 1, la “b”, beth, 2, ¿lo entiendes? Pero hay más. Todo está relacionado. Por ejemplo, “padre” es aleph y beth, es 1 y 2, que da 3. ¿Lo ves? Y, ahora “madre”, es aleph y menth, 1 y 40, 41. 41 más 3, 44. Pues mira, la palabra “hijo”, madre-padre-hijo, es 10 y 34, que da 44.

Igualmente, es un título que ha descrito la obsesión de la búsqueda de la verdad, a través de las matemáticas, para alejarse del miedo existencial. Pi reflejaba la percepción ante el callejón sin salida en el que se adentra el personaje principal, al intentar comprenderlo todo. De este modo, el cine ha representado con desigual resultado la incapacidad para adaptarse al mundo en que vivimos de los superdotados, aquellos que son capaces de descifrar en segundos complejos problemas matemáticos y, sin embargo, se mueven con desacierto en el plano de la vida humana. En este punto cabe destacar el trabajo que realizó Gus van Sant, en El indomable Will Hunting, con guión de Matt Damon y Ben Afleck, con el que ambos consiguieron un Oscar.

- Eres un genio, Will, eso nadie lo niega. Nadie puede comprender lo que te pasa por tu interior, en cambio presumes saber todo de mi porque vistes un cuadro que pinté y rajaste mi puta vida, de arriba a abajo.

Las matemáticas se han caracterizado por un gran dominio en los números, dotar a alguien de una sorprendente inteligencia, pero sobre todo como parte de un lenguaje abstracto que gusta de llenar, de una forma ininteligible, las pizarras. 

                      

    

El último juego que ha dado el cine con respecto a las matemáticas, lo ha hecho con las herramientas de un género ideal para mentes inquietas: la lógica-ficción de Los crímenes de Oxford (Alex de la Iglesia). Los que disfrutaron con Gödel, Escher, Bach: un eterno y grácil bucle, de Douglas Hosfttander, lo harán con Sheldon, el personaje interpretado por John Hurt. Por una parte, los teoremas de incompletitud de Gödel (en un sistema, siempre es posible dar con una afirmación no demostrable dentro del mismo sistema); y por otra, el principio de indeterminación de Heinderberg (es imposible determinar con exactitud la posición y el movimiento a la vez de una partícula); y en medio, Ludwing Wittgenstein (al que, por supuesto siempre se le cita la misma frase del Tratactus logico-philophicus: "de lo que no se puede hablar...").

- Si conseguimos descubrir el sentido secreto de los números conseguiremos descubrir el sentido secreto de la realidad.