Blogia

Travelling. Blog de cine.

Wall Street: Conociendo a Gordon Gekko.

Wall Street: Conociendo a Gordon Gekko.

Si con Plattoon, Oliver Stone –veterano de Vietnam- lograba el Oscar a la Mejor Película, convirtiéndose en un icono de los ochenta, con Wall Street cambia una jungla por otra en un film que hoy en día sigue de plena actualidad.

- El 90% de los americanos tienen muy poco, yo no creo riqueza, yo poseo. Nosotros ponemos las normas, pon el hambre, la paz en una hoja de papel. Nosotros somos los que sacamos el conejo del sombrero, mientras que los demás están sentados preguntándose cómo lo hacemos, ¿no serás tan ingenuo de creer que estamos en una democracia, Buddy?

 Wall Street (Oliver Stone) sigue siendo de lo mejorcito que pasa entre bastidores; un joven prometedor descubre la fascinación del poder y la riqueza extrema que le permite estar en la cumbre, seducido por un Mefistófeles del mundo bursátil.

 - Mira esos dos, ¿vas a decirme que la diferencia entre ese hombre y ese otro está en la suerte?

Si observásemos los ochenta en perspectiva, destacaríamos la importancia de la película que supo transmitir la fiebre por el dinero, el ansia por la ambición y la cultura del éxito imperante en los Estados Unidos. Ese poder estaba representado en Gordon Gecko, auténtico Mefistófeles de Wall Street que a pesar de la visión que quisieron ofrecer en la película pronto se convertiría en el prototipo a seguir por muchos hombres de negocio. Sobre todo porque una de las ideas de Oliver Stone fue reflejar la capacidad seductora del dinero fácil, en una década marcada por el capitalismo a ultranza y conceptos derivados del Darwinismo Social. Pero también encontramos la influencia de un Gordon Gecko real que inspira a una generación de hombres de negocio: “Buscad la riqueza, es algo bueno”. Durante una conferencia, el agente de bolsa Ivan Boesky se jacta de que la codicia es positiva, idea que tomaría prestado Oliver Stone para “la codicia es buena”. Michael Douglas bordó un papel por el que ganó un merecido Oscar, atrayendo porque algunas de sus apreciaciones resultaban de absoluta actualidad.

-Tiene treinta y tres vicepresidentes y cada uno de ellos gana más de doscientos mil dólares anuales. He pasado los dos últimos meses analizando lo que hacen todos esos y sigo sin saberlo.

Al igual que Richard Gere en Pretty Woman, Gordon Genko, -el personaje interpretado por Michael Douglas- vive de partizar empresas y de vender sus partes al mejor postor, especulando artificialmente en la bolsa para obtener beneficios escandalosos en tiempo record.

Gecko es una de las piezas claves de un film coral que cuenta con una serie de personajes muy bien construidos por un gran reparto. Introduciendo la figura paterna como elemento estructural, donde el personaje de Charlie Sheen recibe los consejos desde fuera por su padre y, desde dentro, por Al Holbruck. Un homenaje confeso de Oliver Stone hacia su propio padre. “Mi padre era corredor de bolsa y hedonista pero ya no era el mundo que él había vivido. Se estaban denigrando muchos de los valores que estaban representados por ambos personajes, en la película”.  En este sentido, el film de Stone documenta el cambio radical de los valores en el corazón del distrito financiero de los Estados Unidos: Wall Street.

                            

 - Recuerda que no hay atajos, chico, los que quieren dinero fácil suben y bajan con el mercado, la inflación, con los operadores fuertes que se mueven en el bajista. Tú eres parte de algo importante, el dinero que tú creas genera empleo y proporciona estabilidad, no reniegues de eso.

- Tienes razón, Luy, tienes razón. Ante todo hay que tener ambición, luego vendrá ayudar a la gente.

- Aquí no hay compromisos a medias.

La película tuvo una continuación con Wall: El dinero nunca duerme en la que Oliver Stone actualiza el discurso de Gordon Gekko, coincidiendo con la crisis que aún vivimos. Pero esa es otra historia.

De tal padre, tal hijo: ¿Cuestión de genes o de cariño?

De tal padre, tal hijo: ¿Cuestión de genes o de cariño?

Los japoneses siguen dándonos lecciones sobre valores familiares, tras la interesantísima versión de Cuentos de Tokio (Yasujiro Ozu) que es Una familia de Tokio.

¿Quién no ha pensado alguna vez que por un error es situado en una familia que no le corresponde? Esta es la situación que viven los personajes de la nueva película del cineasta Kore-eda, “De tal padre, tal hijo”, un relato que saca a luz esas preguntas esenciales sobre la familia y la paternidad, tema clave en el cine del director japonés.

-¿Bebes intercambiados? Entonces, Keita no es nuestro hijo.

Estrenada con éxito en festivales de gran prestigio internacional como el de Cannes y San Sebastián, es un melodrama en torno a dos familias que un buen día descubren que estaban educando al hijo de otros. “La película tiene un trasfondo muy personal, tengo una hija de cinco años y no suelo contar con mucho tiempo para estar con ella. Siempre me estoy preguntando cuándo me comportaré como se debe comportar un buen padre. También es importante que es de mi propia sangre, es mi hija biológica y esto me lleva a hacerme una pregunta, ¿quién es más padre el que está contigo todo el tiempo o el de tu propia sangre?”

La película comienza con un bloque introductorio que el realizador no teme en alargar, consistente en una sucesión de imágenes domésticas de un padre, una madre y el hijo en situaciones cotidianas: el niño en el colegio, el padre en la oficina y la madre cocinando o tocando el piano; una música que acompaña a la película, el aria de “Las variaciones de Goldberg”.

-¿Se puede querer a un hijo que no es de su sangre?

                  

Entonces, llega el conflicto, cuando les comunican que hubo un error en el hospital cuando nació su hijo, que fue intercambiado por el hijo de otra familia. De ahí que el conflicto sea doble, al referirse a las dos familias. La película tiene una secuencia clave a la hora de estructurar el intercambio: En un coche aparcado frente a una ferretería, Yunari y Midori se encuentran con su hijo verdadero que acaban de conocer; a fuera del coche se encuentra el otro conflicto, con Yudani y Yudari que contemplan tristes como se aleja su hijo  no verdadero, según el criterio de la biología, pero auténtico, según el afecta, la convivencia y la educación. ¿Es  mejor intercambiar los hijos antes de que sean mayores o hacer como si no existiese el otro hijo? Estas cuestiones, que surgen de la película, las encontramos en buena parte de la filmografía del realizador japonés, indagando en los vínculos familiares, la responsabilidad de los adultos o cómo esta afecta a los niños. 

-Por el bien de los hijos es mejor intercambiarlos lo antes posible, pero es muy precipitado.

La infancia y la familia.

Algo de todo esto adelantaba el propio Kore-eda en una parte importante de su filmografía, pues la infancia suele estar presente en su cine, capacitado para sacar lo mejor de sus jóvenes intérpretes. Muy pocos como él han filmado a los niños con tanta precisión y emotividad, capturando la espontaneidad; aunque por lo general revistiendo sus historias de un drama cotidiano.  Kore Eda disfraza la complejidad de esos instantes con un cierto aliento poético. En Nadie sabe, la precoz madurez de un niño obligado a tomar el rol de padre de familia cuando fueron abandonados por una madre inestable.

-Tuvimos que irnos por los berrinches que dabais. No habléis alto. No salgáis.

                          

 Still Walking (Caminando) (Aruitemo, auritemo), es un retrato social de padres e hijos, muy al estilo de Ozu, con una reunión familiar en torno a tres generaciones de una misma familia.  

Kiseki (Milagrro) un melodrama, revestido de fábula a través de dos hermanos que viven separados tras el divorcio de sus padres.

-¿Qué ocurre, papá? ¿No te importamos?

-Algún día lo entenderás.

-¿Cuándo?

Volviendo al filme que nos centra, la dicotomía de los hijos y las dos familias es el núcleo central de la última película de Kore-eda. “En realidad, resulta bastante laborioso analizar a las dos familias. Por un lado, está una familia que podríamos calificar de exitosa y la otra familia, que tiene menos éxito en la sociedad. Ese es el análisis al estilo japonés. Es decir, que podríamos dos tipos de personas por las familias por las que entran y salen los niños de la película”. Como podemos comprobar en De tal padre, tal hijo, al principio seguimos a un hijo único y a un padre volcado en el trabajo, viviendo en una casa de gusto occidental (“es verdad que parece un hotel”), dirá el otro niño cuando lo visita por primera vez. Frente a este padre, de buenas intenciones, pero con una escasa convivencia real con su hijo, situamos al otro padre con tres hijos, dueño de una ferretería que a veces le sirve de hogar. Pero la verdad es que este contraste entre la familia rica e infeliz, y la familia pobre pero con un cálido hogar, se rompe gracias a una multitud de matices, hasta que el relato se termina centrando en la figura paternal del primero de ellos.   

Oído cocina: cine y gastronomía.

Oído cocina: cine y gastronomía.

- La vida de un crítico es sencilla. Arriesgamos muy poco y abusamos de nuestro poder sobre aquellos que someten su trabajo a nuestro juicio. Prosperamos con las críticas negativas, que son divertidas de escribir y también de leer. Pero la triste verdad es que cualquiera de sus basuras tiene más significado que nuestras críticas.

 En Ratatuille, Peter O´Toole daba voz a un personaje peculiar que ponía en sus labios una declamación como esta. Se llamaba Antón Ego, un crítico gastronómico, un malvado personaje, feo, seco y amargado que vive en soledad en constante cabreo en una lujosa mansión. Comenzar una aproximación al cine gastronómico, desde la perspectiva de un tenaz crítico es como poco, extravagante, una sutil autocrítica al pequeño oficio de cinéfilo. La película de animación, Ratatuille, nos contaba la historia de una rata que cocinaba a escondidas unos manjares tan sabrosos, que el retorcido de Ego tuvo que reconocer que le había devuelto a su paladar el plato favorito de su infancia.

 Metiéndonos en harina, nos pondremos morado, con una degustación de los mejores platos, pero de una dieta extraña: una empanada de cine. Donde poder picar de aquí y de allá sin miedo a engordar. Esta noche vamos a asistir a un menú alternativo, ni jamón de pata negra, ni canapé de Foie, ni congelados ni fritos, sólo comida internacional. Un menú a la altura de las expectativas, un menú con los mejores manjares cocinados en el cine. Buen provecho.

 “¡Qué festín, qué festín! Un banquete de postín, ahí está la servilleta, da comienzo el trajín: Soupe d´oignon, canapé, especialité del chef, pruebe el hígado de pato. ¡Y le envidiarán los platos!”

 No habría mejor forma que empezar que con suculento tentempié de la factoría Disney, La bella y la bestia, en donde Lumière, un simpático mayordomo, hacía las delicias del paladar más exigente. La cocina francesa, de entrante, es una excelente forma para abrir boca, pero no hemos dejado fuera de la carta el producto nacional, así que prepare una buena cena, comida en abundancia y buena compañía.  Sobre todo si se trata de una ración de humor negro y con mucha sorna, a cargo de Berlanga, el guionista Azcona y un reparto coral. El título, todo un clásico de nuestro cine: Placido.

- ¿Hay besugo?

- No, no hay besugo.

- Lo que faltaba, una Nochebuena sin besugo, no hay Nochebuena.

- ¡Déjate de besugo! Perdices escabechadas, foigrás, jamones dulces. ¡Ay Paquito, cómo nos vamos a poner si sobra!

 Como todo el mundo sabe, en todas partes "cuecen habas", incluso en el país que inventó el McDonalds.  Así que dejemos a un lado prejuicios y tópicos: en América no sólo hay hamburguesas y fast food, también puede haber una comida casera como la que recordaba con cierta tristeza Jessica Tandy en Tomates verdes fritos: “Hecho de menos el olor del café, y del bacon frito. ¡Oh, lo que daría a por un plato de tomates verdes fritos como los que comíamos en el café!” Ya se sabe, comer no es sólo un placer, sino la salsa de la vida: “Todo su ser se había disuelto en la salsa de las rosas, en el cuerpo de las codornices y en cada uno de los olores de la comida”. (Arcelina Ramírez dixit, Como agua para chocolate). Sobre todo para aquellos que sólo viven para comer, beber y amar, aludiendo a un filme de Ang Lee. Para ellos, nunca se es suficiente, si hablamos de comida.

 - Sólo he tenido tiempo de preparar unas cosillas: costillitas muy doradas y cangrejo con setas, gambas con guisantes con salsa agridulce y tu plato favorito: sopa de melón amargo. 

Después de los primeros platos, nos endulzamos con el postre. Nada como el chocolate de Juliette Binoche en Chocolat: “Seguro que nunca han tomado un chocolate deshecho elaborado con una receta de 2000 años”. Lo que lleva a una pregunta obligada: ¿Están reñidos los bombones con la moralidad? Juliette Binoche, chocolatera de pro, lo tiene claro: sabe que la comida es poder.  Pero ella no es la única en derretir paladares en los fogones del cine, el arte culinario de Gerard Depardieu en Vatel (Roland Joffé), al servicio del Rey Sol, Luís XVI, ponía talento para sus platos y a los pies de Uma Thurman. No nos pongamos demasiados extravagantes en la mesa, no hay mejor que la imaginación para llevarse un buen bocado. Ya lo sabía el personaje del vagabundo de Charlot en La quimera del oro, que a falta de pan buenas son botas. O los Niños perdidos de Hook, con un adulto Robin Williams en busca de la magia de la imaginación. “Déjate de juegos, quiero comer de verdad ¡Quiero un filete, quiero huevos y quiero un café!”.

 Las películas que subliman la cocina entre su argumento, todo un subgénero, apelan a los infinitos placeres que provocan una buena receta, con la sensualidad que evoca este arte de los fogones; el plato como arma de seducción que resulta ser un tópico. Así es la cocina, por destino o instinto, capaz de cambiar la vida de los demás o la suya propia. Aunque tanta comida pueda empachar. Así que tú cocina, que nosotros limpiamos los platos y en medio, repasamos una ración del cine del bueno. Pero tened muy presente el consejo del simpático Rémy, el protagonista de Ratatuille, antes de poneros frente a los fogones: “¡Los que manipuléis comida caminad sobre las patas traseras!”.

12 años de esclavitud: El deseo de ser libre.

12 años de esclavitud: El deseo de ser libre.

Hunger logró que el actor Michael Fasbinder saltara a la palestra de la actualidad; con Shame despertó los recelos de la sociedad más puritana, con una historia centrada en el sexo, y ahora, en su tercera película, viaja a la Luisiana del siglo XIX para contarnos una epopeya ambientada en la esclavitud del sur de los Estados Unidos, quizás la película más seria e impactante sobre este tema, jamás rodada en Hollywood.

“La historia está ambientada en 1841 cuando Solomon Northup fue secuestrado y convertido en esclavo en el sur de los Estados Unidos”. La película está basada en la autobiografía del personaje central, Solomon Northup, adaptado por John Ridley (guionista afroamericano que escribirá el reboot -la nueva versión- del clásico Ben-Hur) quién logra un filme alejado del maniqueísmo, aunque sea fácil para nosotros conectar con su trama por todos los personajes, hechos históricos y situaciones inhumanas que el cine ha ido denunciando a lo largo y ancho de su historia .

La película está narrada desde el punto de vista de un hombre libre que sufre una serie de desgracias antes de acabar relegado al peor destino posible: la esclavitud. Sin embargo, es el propio director quién matiza esta condición del personaje para profundizar en el mensaje que quiere ofrecer con esta historia: “También se trata de las reflexiones sobre las consecuencias de la esclavitud, principalmente en los Estados Unidos en donde las cifras del desempleo y de la población carcelaria afectan en mayor medida entre los afroamericanos. Así como la salud pública, la salud mental, el crimen, las drogas, etc. Esa es la reflexión que me gustaría plantear para que la gente comprenda cómo comenzaron todas esas cosas”.

 El precio de la supervivencia.

-Recojo trescientos quilos de algodón día tras día, más que cualquier hombre y mis manos siguen limpias.

Los doce años del título es el descenso a los infiernos del personaje principal (y de otros muchos, que comparten su mismo sufrimiento) sobre el cual planean algunas cuestiones que parecen no tener respuestas posibles: Definir los límites de la dignidad cuando está en juego la supervivencia. En una secuencia clave, unos esclavos son testigos impasibles ante el sufrimiento inhumano de uno de ellos, siendo  esta pasividad la que revuelta tripas y conciencia del espectador. En la secuencia, uno de los esclavos es salvajemente colgado, ante un grupo que le mira sin apenas inmutarse. “Lo que transmite esta escena es la esclavitud mental, no le pueden tocar porque si no estarían colgados a su lado. La idea es transmitir en imágenes tanto la tortura física como la mental”.

Cuando reflexionamos en amos y esclavos, en los horrores de la humanidad, es fácil relacionarlo con el nazismo y el holocausto judío, nuestro referente de conciencia más cercano. De hecho, encontramos una película  que tiene algunos matices próximos al filme de Steve McQueen: El pianista (Roman Pollaski). Otra autobiografía ambientada en un contexto de crueldad, llevaba a la gran pantalla, con el protagonismo de un cobarde, reflexionando sobre lo mismo.

-Nos dejamos llevar como corderos que van hacia el matadero. ¿Por qué no les atacamos? Somos medio millón, podemos escapar del guetto. Moriríamos con honor, no como una mancha en la historia.

12 años de esclavitud

El film de McQueen refleja la esclavitud desde una infinidad de perspectivas, mucho más que la crónica -de un individuo que pretende sobrevivir a cualquier precio, sometido -eso sí- a su deseo de libertad.

-Es un buen hombre.

-¡No, es un negrero!

-Sólo por las circunstancias.

-¿Las circunstancias? Disfrutas de su favor.

-¡Sobrevivo! Y me mantendré así hasta que recupere la libertad. Tengo la espalda repleta de cicatrices por reclamar mi libertad. Así que no me enjuicies.

El mismo actor estuvo presente en otro film antiesclavista con el personaje de traductor, Amistad (Steven Spielberg), película que destacaba la actividad ejercida por la Corona española en este comercio.

La cruel convivencia entre amos y esclavos.

La película es cruda, su visionado se hace con un nudo en la garganta, pero no se ha buscado una visión facilona maniqueísta, entre buenos y malos. Ni siquiera el héroe de la epopeya es un personaje de una sola  pieza, con sus claroscuros que se observan en pantalla, mientras quién representa la crueldad, Edwin Epps (Michael Fasbinder) un plantador de algodón “destrozaesclavos” termina destrozado, por su propios excesos (la bebida y su brutalidad), convertido en una patética representación de sí mismo.

-¡Me mantendré fuerte hasta que recupere mi libertad!

Solomon se convierte en una propiedad de distintos amos que se comportan con él de forma distintita. Así, la película oscila –dentro de esos personajes de “amos”- entre la frialdad del patrón que curiosamente lleva el apellido de Freemam (Paul Giamatti) y el bonachón pero cobarde (Ford, Benedith Cumberbach), quién no es partidario de tratar con crueldad a sus esclavos pero que tampoco se atreve a cambiar ese sistema social.  También el film no elude la violencia y los aspectos más duros de los doce años de esclavitud de Solomon Northup, a pesar de que no alcanza el grado de sordidez de Mandingo, referencia de este mismo tema a cargo de Richard Fleisher. Por ejemplo, Doce años de esclavitud cuenta con unas elegantes secuencias de transición, que dotan a la película de un cierto lirismo: la escena en la que Patsey hace una muñeca usando plantas o ese primer plano de Solomon (casi al final de la película) acompañado de una melodiosa música.

Sin embargo, hay violencia explícita a lo largo y ancho del metraje, con momentos muy crudos y significativos: La primera paliza de Solomon, empleándose una pala de madera y todo ello, filmado en plano medio; o el detalle de la señora Epps arrojando la botella de whisky a la cara de Patsey (ejecutado en un soberbio plano general). También  encontramos secuencias de sexo en el relato. Sin ser el eje central, como sucedía en Shame, vuelve a aparecer el sexo como elemento de frustración y liberación de sus personajes. Podrían servir como ejemplo, la forma en la que Edwin Epps hace el amor con su insatisfecha esposa, provocando el resentimiento de la pareja hacia la joven esclava Patsey; o en el personaje de la vieja esclava Sra. Shaw, forzada a casarse con un hacendado blanco y a usar su cuerpo para poder sobrevivir.

-¿Quería preguntarle de que parte del país es usted?

-Vengo del Canadá. Adivina dónde está.

-Sé dónde está Canadá, he estado ahí.

-¿Pero si allí no hay esclavitud?

Sin embargo, la película cuenta con algunos “defectos” propios del cine de Hollywood, representado en la figura de Brad Pitt (a fin de cuentas, coproductor) quien interpreta a un carpintero canadiense, Bass, que se manifiesta en contra de la esclavitud.  A pesar de todo ello, estas ideas no restan un conjunto muy equilibrado y sólido, posicionando a su director, Steve McQueen, como uno de los favoritos en la parrilla de los Oscar.  Hasta entonces, la película está muy bien posicionada en "Critics´Choicee Movie Awards", la antesala de los Oscars.

 

Tolkien: El legado de la épica.

Tolkien: El legado de la épica.

A finales de los años veinte del pasado siglo, un grupo de escritores se reunían todos los jueves en una tertulia filosófica-literaria, ente ellos se encuentran J. R.R. Tolkien y C. S. Lewis, unos amigos que se enfrentan dialécticamente, defendiendo dos visiones antagónicas del mundo. Tolkien era religioso, Lewis, ateo. Años más tarde, Lewis abraza la fe cristiana convencido por los miembros de la tertulia, justo en el momento en que Tolkien se aventura a crear una mitología para Inglaterra comparable a la griega. Dos títulos de literatura fantástica estaban a punto de aparecer, Las crónicas de Narnia y El Señor de los Anillos, novelas que describen la lucha entre el Bien y el Mal el siempre tema maniqueísta que aflora en este tipo de literatura, entre dos puntos de vista tan distintos como el de Tolkien con un claro trasfondo universal, sin que existan ninguna referencia clara hacia ninguna religión, y el de Lewis, que ahonda la metáfora literaria con importantes referencias a pasajes bíblicos.

                       

Entonces llegó un tal Peter Jackson.

Por supuesto que no era un desconocido, pero viendo su filmografía anterior y la saga de El señor de los anillos, aquella estaba en las antípodas. Pasó del gore de cine independiente al blockbuster, haciendo posible un reto que parecía inalcanzable, traspasar la letra impresa a imagen de una obra difícil de adaptar. La tecnología dio como resultado un espectáculo visual único que llevaría la historia a los altares de la épica y a su realizador, Peter Jackson a la cima de Hollywood. Pero la trilogía ha disfrutado de un éxito relativo, sobre todo por el hecho de introducir un estilo visual inalcanzable hasta la fecha y por servir de guía de todo lo que iba a llegar. Si lo que se quería haber conseguido es que El señor de los anillos se convirtiera en una película pionera de la historia del cine, entonces, ha fracasado. ¿Por qué hablamos de éxito relativo e incluso de fracaso?

Nadie puede negar que el primer King-Kong marcase a fuego todo una época, como hicieron Ben-Hur, El Padrino, Drácula, e incluso Tiburón (Steven Spielberg) o La guerra de las galaxias (George Lucas). Pero no ha sucedido lo mismo con El señor de los anillos, a pesar del tremendo éxito de taquilla, de las legiones de seguidores, el merchandising y sobre todo por revitalizar la literatura fantástica en el cine, de lo que hablaremos a continuación.  Y esto, explica –en parte- las enormes dificultades para llevar a cabo el proyecto de El hobbit. Aparte del abandono de Guillermo del Toro en la preproducción, se pasó de una película a una trilogía: ¿por qué se necesitan las mismas películas para trescientas páginas que para una densa obra en tres volúmenes?

Al fin y al cabo, ¿qué huella está dejando en la memoria colectiva o en el imaginario popular?

Unos cuarenta años después de la publicación de El señor de los anillos, a mitad de los noventa, una escritora admiradora de Tolkien y Lewis, llamada J. K. Rowling comienza a ser mundialmente conocida por las novelas sobre un niño aprendiz de mago. La nueva literatura de Rowling arrasa en todo el mundo y son muchos los que se frotan las manos en la industria cinematográfica, pensando en airear el filón iniciado por Rowling, con una explosión del cine fantástico que tuvo sus inicios en 2001, en el año que surgieron las sagas de El Señor de los Anillos y Harry Potter. Desde entonces son muchas las novelas fantásticas que han sido adaptadas al cine,  los autores de las Crónicas de Spiderwick se inspiraron en los cuentos de los hermanos Grimm, en donde siempre hay un niño capaz de usar su inteligencia para vencer al gigante o una princesa ingeniosa que escapa así del terreno mágico. El objetivo de tal Richie era crear unos personajes sin poderes, que no vivieran en un país no muy lejano, pero que tuvieran las habilidades suficientes para enfrentarse a cualquier reto.

Tolkien se aleja aboslutamente de la realidad, Lewis nos cuenta la historia de unos niños reales que se adentran en un mundo fantástico. En el mundo real la vida sigue tal y como la conocemos. En Harry Potter, J. K. Rowling da por hecho de que los magos ejercen sus poderes tanto en el mundo real como en la escuela Howarts, al igual que los trasgos y los ogros pueden afectar tanto al mundo de los humanos como el de la fantasía, sin embargo, en esta cinta la intromisión de los personajes reales con los fantásticos tiene un valor mucho más metafórico.

- Tenemos que proteger la casa, ¿lo entiendes?

Proteger la casa es lo mismo que salvar a la familia, o lo que queda de ella tras la crisis provocada por la separación de los padres. La fantasía se usa para acercarnos a unos temas, al igual que en El Señor de los Anillos o Las crónicas de Narnia el mensaje se hacía en un contexto mitológico, para culminar con una clara conclusión moral. En Las crónicas de Spiderwick se utiliza un escenario absolutamente real, donde los personajes fantásticos sirven para introducir una teoría tan freudiana como la necesidad de matar al padre para poder crecer, metafóricamente hablando claro. Plantear de manera creíble esta idea es el mayor éxito de Las crónicas de Spiderwick, una película familiar que puede hacer estremecer a todo tipo de preadolescentes o a todos aquellos que hayan vivido las consecuencias de una separación. Sin embargo, una de las principales bazas resulta ser encontrarnos entre los créditos el nombre de John Sayles (el guionista), y aunque es un poco descabellado incorporar Las crónicas de Spiderwick dentro de la filmografía de Mark  Waters, es verdad que sería un perfecto complemento en un programa doble con El secreto de la Isla de las Focas, del mismo director.

Con todo, nos encontramos con ejemplos de cine juvenil con reminiscencias clásicas: unas historias con alma de aventura, capacidad para la sorpresa, un humor excéntrico y particular.

 

El Hobbit: Un viaje inesperado. El regreso a la Tierra Media.

El Hobbit: Un viaje inesperado. El regreso a la Tierra Media.

-Más allá de sierras y ríos se alza una solitaria montaña. Los enanos están decididos a recuperar su tesoro.

¿Preparados para regresar a la Tierra Media? Con El Hobbit, Peter Jackson nos invita a volver a los escenarios  del épico y mágico mundo de El señor de los Anillos, con el fin de viajar en el tiempo y conocer los orígenes de la historia, siguiendo la obra escrita por Tolkien. Sin embargo, el regreso a la Tierra Media trae consigo algunas preguntas: ¿por qué una obra de trescientas páginas cubre el mismo metraje que el colosal trabajo de adaptación de El señor de los anillos? Pasándose de una película a una trilogía, con el fin de que se estrenase con la cadencia de un año.

Martin Freeman (actor revelación de la serie The office y con el papel de Watson en el nuevo Sherlock Holmes televisivo) es el encargado de dirigir a esta nueva tropa de personajes, con el rol de Bilbo. Se recordará que Bilbo, el tío de Frodo –protagonista dentro de un grupo coral formado por numerosos personajes principales- es el personaje fundamental en esta ocasión.

-Señor Bolsón, a su servicio.

-Estoy rodeado de enanos, ¿qué hacen aquí?

Bilbo Bolsón emprende el viaje un cambiaría su vida, en una adaptación espectacular, acompañado de un grupo de enanos, hacia la Montaña Solitaria. La búsqueda de un tesoro que le robó el dragón Smaugh le apartará de su rutina hogareña y le hará cumplir su destino de héroe.  

 

-Jamás pensé que esté fuera el hobbit.

-Me dijiste que buscara al cuarto miembro del grupo y encontré a Bilbo Bolsom. Los hobbits pasan desapercibidos, si se lo proponen, y eso nos da una gran ventaja. 

Entre los personajes que recuperan de El Señor de los anillos, encontramos un rejuvenecido Gandalf, en la piel de Ian McKellan, aunque sobre todo destacamos ese gran descubrimiento que fue Gollum. Personaje que contará con importantes escenas en esta primera entrega de lo que será El Hobbit, interpretado por Andy Serkins, actor especialista del motion capture, en donde se desdobla como segunda unidad y ayudante de Peter Jackson. 

-Después de los trasgos, los murciélagos y los peces, están los hobbits.

“Quería hacer algo independiente y en ningún caso una precuela de El Señor de los anillos. El hobbit nos dio la oportunidad de indagar más en la aventura, porque El señor de los anillos trataba temas más oscuros”. Según sus propias palabras, creemos al director porque El hobbit: un viaje inesperado es una superproducción en toda regla –para lo bueno y para lo malo-, un espectáculo visual con el añadido de la épica. Y para esta empresa, no se ha escatimado en medios, llegándose a superar el gran trabajo a digital de El señor de los anillos, incorporándose un 3D rodado a 48 fotogramas por segundo. “Aumentar el fas fotogramas por segundo de 24 a 48 nos ofrece la posibilidad de reflejar la historia de forma más realista y emocionante. Como cineasta quiera la gente sea transportada a una mágica aventura y no nos engañemos, el cine es magia”.

-¿Por qué no jugamos a los acertijos?

-Si Bolsom pierde nos lo comemos entero.

La búsqueda de la espectacularidad y el entretenimiento se traduce en todos esos efectos digitales que forman las secuencias de acción: la escena de los Gigantes o la huida del reino de los trasgos, pero también encontramos en la película otras ideas que preparan la marcha hacia la oscuridad de El señor de los anillos: El soberbio prólogo que cuenta la historia de Erebor, la reunión del Concilio Blanco o la figura de Radagast el Pardo.

-El nombre de las espadas se deben a grandes gestas.

-Insinúa que mi espada no ha conocido batallas.

-Nadie diría que es una espada, parece más bien un abrecartas.

Pero la película cuenta con una mayor torpeza formal, con unos encuadres mucho menos brillantes que en los de la trilogía y una menor calidad fotográfica. Quizás aún estemos por ver lo mejor, en las dos siguientes entregas, tal y como sucedía en El señor de los anillos pues el filme de La comunidad del anillo servía como presentación.

El hobbit: La desolación de Smaug. La aventura prosigue.

El hobbit: La desolación de Smaug. La aventura prosigue.

Orson Welles parecía un niño grande cuando formuló esa acertada definición del cine, que ya se ha hecho famosa: “el tren eléctrico más grande y divertido con el que pueda soñarse”. El tiempo le ha dado la razón, pero el siglo XXI parece  que este fabuloso tren esté entrando en vía muerta. A otro niño grande, Peter Jackson el negocio de este tren eléctrico le estará saliendo redondo, mientras que por el camino vaya perdiendo el alma de la historia en pos de una montaña rusa de efectos especiales. Un buen ejemplo, es la nueva película de El hobbit. Quienes no se sienten defraudados o les aburra las tres horas de duración, disfrutarán de la parte más oscura de la saga.

-Has cambiado Bilbo Bolsón, no eres el hobbit que dejó La Comarca.

La desolación de Smaug es la segunda parte de la trilogía que Peter Jackson ha reunido en torno al libro de El hobbit. El punto de partida es propio de Tolkien (el relato en el que Bilbon Bolson arrebata el anillo a Smigol) pero el desarrollo está estructurado como cual Frankenstein, a base de materiales que el propio escritor dejó escrito, junto a otros que Peter Jackson se ha ido sacando de la manga. La idea es abandonar el tono infantil de la primera entrega por algo más oscuro, cercano al estilo de El señor de los anillos. Con ese fin, creemos que rescata de la primera trilogía uno de los personajes favoritos de los fans, el elfo Légolas, como también toma prestado uno de los personajes presentes en el apéndice de la novela original, el dragón Smaug. Aunque el verdadero protagonista es Martin Freeman, el Watson de la serie Sherlock de la BBC.

-Ladrón, ¿dónde estás?

Su compañero en la serie,  Benedict Cumberbatch,- quién interpreta el rol de Sherlock Holmes-, es el encargado de poner la voz del dragón Smaug. Por cierto,  Cumberbatch participaba en una de la grandes películas de la temporada (Doce años de esclavitud, Steve McQueen) con el personaje de Ford, uno de los esclavistas del film.

La trama de esta segunda entrega arranca en el punto que terminó la primera, en la que Bilbo emprenderá un largo viaje para enfrentarse al dragón Smaug, quién tiene un maravilloso tesoro robado a los enanos. “Tiene un inmenso poder, pero una de sus debilidades es su vanidad, por eso es muy divertido de interpretar”, comentaba el actor que ponía voz a esta criatura digital.

-¿Eso es un terremoto?

-Eso, mi amigo, es un dragón.

Pero ese no será el único obstáculo, pues los orcos siguen de cerca al grupo. De ahí que los acontecimientos se precipiten y se vayan sucediendo los encuentros entre amigos y enemigos. Como consecuencia, las líneas argumentales se acumulan.

 -He encontrado algo entre las cosas de los trasgos.

-¿Qué has encontrado?

-Mi valor.

-Lo necesitarás.

Hemos visto cómo se ha pasado de la adaptación de una obra por un aficionado riguroso (El señor de los anillos), con El Hobbit, Peter Jackson se considera amo de la Tierra Media y utiliza a Tolkien casi como fondo para representar una nueva saga, hasta el punto de introducir un personaje totalmente nuevo, la elfa Tauriel, interpretada por una de las protagonistas de la serie Perdidos, Evangeline Tilly. “Un personaje que siente un odio visceral contra los horcos, un odio hacia todo lo malvado”.

-No es nuestra lucha.

-Sí es nuestra lucha y todo acabará aquí. Con cada victoria, este mal se hará más fuerte.

Es verdad que se ha logrado un filme que no se puede poner en duda, en los aspectos técnicos, o como  puro entretenimiento. Seguramente superará con creces la inversión realizada en la película y es incuestionable  la destreza de Peter Jackson para llevar a cabo toda esta maquinaria, pero dónde antes había un director capaz de transmitirnos emoción y carisma a la historia, ahora hay un productor (también Peter Jackson) que aprovecha los recursos que le ofrece la tecnología antes que insuflar alma a sus personajes.

-No pondré en peligro esta misión por un saqueador.

-Se llama Bilbo.

El consejero: Vida y muerte en la frontera.

El consejero: Vida y muerte en la frontera.

No es la primera vez que vemos en pantalla el deseo de riquezas inagotables que, a través del narcotráfico, seduce a un personaje en apariencia honrado, en esta ocasión, un abogado interpretado por Michael Fasbinder.

-Quizás, habrás pensado que ser abogado te da carta blanca para robar y que tu no lo habías aprovechado.

-Son unos ciento veinticinco kilos a mil dólares el gramo.

Su personaje vivirá en la falsa creencia de que puede mancharse las manos en un turbio asunto sin que sufra las consecuencias que genera el mundo de la droga. Rodada casi en su totalidad en España, la película nos devuelve a la frontera de México y Estados Unidos, un espacio convertido una vez más en un infierno al servicio del séptimo arte.  Centrada en el tráfico de cocaína, enviada oculta en un camión de aguas residuales, de Ciudad Juárez a Chicago, vemos cómo van perdiendo la vida algunos de los implicados de este negocio.

-Creerás que hay cosas que esa gente es incapaz de hacer. No la hay.

Tanto real como metafórica, la frontera mexicana-estadounidense nos descubren que la vida y lo que consideramos como la “civilización”, carecen de moralidad, dónde encontramos muchos de los crímenes más atroces por la concomitancia de la impunidad que los acompaña. En este sentido, la obra de McCarthy remite al mundo de la violencia y no sólo su llamada “Trilogía de la Frontera”: (“Todos los caballos bellos”, “En la frontera” y “Ciudades de la llanura”); “Meridiano de sangre” e incluso la celebrada En la carretera.

-Cuando te metiste en un lío, intenté apelar a tu codicia hace dos años y ni caso. Ahora ya es tarde. Ya es tarde.

La fórmula del éxito.

El consejero es una película que no ha sabido aprovechar los sobresalientes nombres propios que participan en él, como si esto fuese garantía de éxito. ¿Se acuerdan de la película "Batalla de Seattle"? Seguramente no. En el equipo estaba lo más granado del cine europeo, al servicio del debut cinematográfico de Stuart Toswend, al fin y al cabo, marido de Charlize Theron, solvente actriz protagonista. La película pasó de puntillas por la taquilla y recibió muy malas críticas. 

A El consejero le sucede algo parecido, no ha contado con el apoyo ni del público ni de la crítica, a pesar del altísimo nivel del equipo. Escribe el libreto un escritor de prestigio, con Premio Pulitzer, Corman McCarthy, cuya obra No es país para viejos hizo ganar 4 Oscars a la película de los hermanos Cohen.

-No he apostado nada.

-Sí, lo ha hecho.  Se ha apostado usted la vida, pero usted no lo sabía. 

 Lo dirige un director Ridley Scott, quien ha tocado todos los palos cinematográficos, nominado al Oscar en tres ocasiones y con veintidós películas que han recaudado más de mil millones de dólares en taquilla,  algunas de ellas obras maestras. Y un reparto de estrellas, grandes actores con mucho gancho comercial, entre los que destacamos a Brad Pitt, Michael Fasbinder e incluso a Javier Bardem.

Entonces, ¿por qué la película no termina de funcionar?

A Corman McCarthy, autor del guión, se le responsabiliza de una buena parte del resultado logrado por la película. A fin de cuentas también es el Productor ejecutivo de El consejero y sus personajes gastan unos diálogos pretenciosos y demasiado literarios, en opinión del respetable. Es posible que el guión escrito por McCarthy no fuera necesario de usar un lenguaje tan grandilocuente, pero el exceso de literatura no es lo peor del filme, porque esos diálogos son igualmente soberbios en su mayoría.

-La vida, bajo ningún concepto va a volver a atrás, pero para aquellos que están viviendo los últimos días de su mundo, la muerte adquiere una gran sencillez.

El argumento podría resultar bastante complejo. Sin entrar en demasiados detalles, es un viaje a los infiernos de un abogado que cree ser más listo que nadie, enriquecerse a costa del narcotráfico y salir indemne. A su alrededor aparecen una multitud de personajes, algunos no muy bien definidos: el interpretado por Brad Pitt, el intermediario, quién aconseja al personaje de Fasbinder del lucrativo pero peligroso camino que iba a iniciar.  

-Tal vez debo decirte lo que Michey Rourke le dijo a ese tío, esa es mi recomendación final, abogado, no lo hagas.

O la mujer del protagonista (Penélope Cruz) con quien mantiene una ardorosa relación.  

-Quería que metieras la mano en mi vestido.

-No llevas ningún vestido.

Un personaje de poquísimo peso en pantalla, pero transcendental en la conciencia de El consejero, como la pareja de traficantes que dirigen el negocio, interpretados por Javier Bardem y Cameron Díaz, quien encarna una especie de femme fatale de los tiempos modernos, protagonista de una escena masturbatoria que quedará en el recuerdo del espectador.

-Las mujeres listas me vuelven loco, pero son un hobby demasiado caro.

El personaje de Cameron Díaz (Malinka) es uno de los más interesantes de la película, una mujer de físico felino, con un impresionante tatuaje, a lo largo del hombro hasta el muslo- y con una destacada relación con los depredares. Atención a una de las últimas secuencias del filme, en la que cena en Londres con su banquero, tras ordenar la muerte de algunos personajes de la historia.

 Más allá de las interpretaciones, la película decae por el contraste estilístico propuesto tanto por Ridley Scott como por su director de fotografía Darius Wolski. Lo vemos en la fotografía, dominada por unos filtros anaranjados para mostrarnos los exteriores del desierto de Chihuahua, los colores saturados de la mansión de Reiker (Bardem), el ambiente del despacho del tasador de diamantes (Bruno Gantz)  o el enorme contraste entre el mundo limpio del “consejero” y esa sucia realidad del mundo de la frontera, rodado casi a modo de documental.