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Guerra Mundial Z: Cine político y zombies a escala global.

Guerra Mundial Z: Cine político y zombies a escala global.

Marc Foster, -recordar, el director de 007: Quanton of Solance o de la muy interesante, Descubriendo nunca jamás- demuestra en Guerra Mundial Z que el cine político –y más concretamente las relaciones internacionales del nuevo milenio- puede alcanzar al cine mainstream, pero también que otra forma de entender el género zombie es posible.

-Me comunican que tienen nuevos datos que están llegado a la redacción. Que los recién fallecidos regresan a la vida y devoran a los seres humanos.

George A. Romero introdujo el concepto del zombie contemporáneo, alejado del muerto viviente del mito de las plantaciones haitianas, el negro y el vudú, de Yo anduve con un zombie (Jacques Tournert) o La legión de los hombres sin alma (Walter Halperin). Desde entonces, el séptimo arte ha querido plasmar en imágenes todo tipo de ataque de origen zombie, extendiéndose como una pandemia hacia los videojuegos (Resident Evil) o la televisión (Walking Dead). El subgénero está tan de moda que son muchos los actores que se prestan a liderar la resistencia, como hace Brad Pitt en Guerra Mundial Z. Ya no son zombies lentos y torpes, sino auténticas hordas imparables.

-Aquí no hay lugar para el ciudadano no esencial. ¿Quiere ayudar a su familia? Averigue cómo podemos detenerlo.


Un ex investigador de la ONU se ve obligado a buscar una cura a través del “paciente cero”, una idea que pronto se convertirá en todo un macguffin pero que daría la pista para hallar la solución al problema. En una película que bebe de numerosas referencias, aunque observamos una gran originalidad: es la primera vez que una invasión zombie sirve como telón de fondo del cine de catástrofes y del cine político. Eso sí, el conflicto se extiende por toda la Tierra.

-Prevemos que doce de cada cien habientes del planeta contraerá esta enfermedad en las próximas horas.

Un rodaje polémico.

La película se basa –aunque algo de pasada- en el bestseller homónimo de Max Brooks (seguramente no suene de nada, pero su apellido es toda una referencia cinematográfica al ser hijo del cineasta Mel Brooks y de la actriz Anne Bancroft).

Con las suficientes referencias sobre el original, se descubre  que su estructura narrativa es muy distinta de la presentada en la película. El libro de Brooks está construido alrededor de una serie de supuestos informes y entrevistas que documentan minuciosamente el origen, desarrollo y punto final de una plaga zombi de proporciones planetarias, empezando por la existencia de un “paciente cero”, el portador inicial de la plaga, y concluyendo con los informes definitivos sobre el control de la misma tras una batalla que se ha saldado con millones de vidas humanas.  Evidentemente esto no es lo visto en el film. Guerra Mundial Z: the movie no está planteada de esta manera, sino que gira principalmente alrededor del personaje de Gerry Lane (Brad Pitt) y, por supuesto, del gobierno de los Estados Unidos en coordinación con los gobiernos de otros países, de cara a la contención de la pandemia zombi. La motivación de Gerry, como suele ser habitual en la gran parte del cine comercial hollywoodiense de todas las épocas, es de tipo personal, y cuando se dice “personal”, es familiar: gracias a sus antiguos contactos en la ONU, el protagonista ha conseguido plaza a bordo de un portaaviones para su esposa Karin (Mireille Enos) y sus dos pequeñas hijas Constance y Rachel (Sterling Jerins y Abigail Hargrove), pero con la condición de que cumpla una determinada misión.

Pero el rodaje de la película se marcó por la polémica desde el nacimiento como proyecto,  lo que suele ser la tónica seguida por los grandes clásicos: a mayor éxito, mayor dificultad en el rodaje. Las respectivas productoras de Brad Pitt y Leonardo DiCaprio (Plan B y Appian Way) se enfrentaron por conseguir los derechos de la novela, hasta recaer en el bando del primero, como todo el mundo sospecharía. Como todo buen blockbuster, hubo cambios de guionistas. Se pasó de Michael Straczynski (El intercambio, Clint Eastwood) a Michael Carnahan (Leones por corderos), a quién se sumarían Damon Lidelof (Prometheus) y Drew Goddard (The cabin in the Woods).

Esto explica los subsiguientes cambios en el guión. La primera versión recogía una batalla final en Moscú, al estilo seguido en la novela original, pero de forma definitiva se quedó el tono más reflexivo a cargo del personaje (¡cómo no!) de Gerry (Brad Pitt). A fin y a la postre, uno de los productores. A parte de esto, hubo incautaciones de parte del armamento usado en el film por parte de las autoridades israelíes, mientras se rodaba las escenas del set piece israelí, y sospechas de enfrentamiento entre el director y la estrella.

Zombies alejados del cliché.

Efectivamente, los muertos vivientes de Guerra Mundial Z ni practican el canibalismo y ni tan siquiera tienen un aspecto excesivamente putrefacto; apenas hay una gota de sangre en los momentos que se prestan a ello, e incluso las escenas más crudas están resueltas mediante el fuera de campo: el flashback que ilustra brevemente cómo se contagió el médico surcoreano de la base militar; o aquella escena en la que Gerry amputa de un machetazo la mano izquierda de la soldado israelí Segen (Daniella Kertesz), Comprendo que esta ausencia de gore pueda decepcionar a los seguidores de George A. Romero o de la muy irregular teleserie The Walking Dead

Drácula, de Bram Stoker al cine.

Drácula, de Bram Stoker al cine.

Como sucedía hace pocos meses con Frankenstein, el regreso posmoderno y desmitificador del personaje clásico con Yo, Frankenstein  (Stuart Beattie), llega una película inspirada en otro icono cinematográfico, la figura de Drácula que saltaría de la literatura de Bram Stoker al cine. El film, Drácula: La leyenda jamás contada, a cargo de Gary Shore, supone otra vuelta de tuerca que al menos nos permitirá repasar uno de los personajes del cine de género más recurrentes. 

Como el conde “vampiro” aparece inspirado en un personaje real, veamos un apunte de Historia. En el siglo XV, Europa oriental estaba sometida a dos grandes imperios, el otomano y el Imperio Sacro Germánico, entre los cuales situamos el territorio de Transilvania en la actual Rumanía. El príncipe Vlad II formaría parte de la “sociedad del dragón”, enfrentada al turco, tomando su apodo de Dracul. Su hijo, Vlad III (conocido como Draculea, “hijo de Dracul), se hizo célebre por su crueldad inhumana contra aquellos que le estorbaban, empalándolos tras los banquetes. Desde entonces se le conocía como Vlad Teped (El Empalador).

La novela, escrita de manera epistolar, presentaba otros temas al ya conocido retrato del conde Drácula, como el papel de la mujer en la época victoriana, la sexualidad, la inmigración o el folklore y como curiosidad, cabría destacar que Bram Stoker no inventó la leyenda vampírica, pero la influencia de la novela sido una de las inspiraciones más determinantes para el personaje en el cine. 

                         

Nosferatu, una sinfonía del horror era una película muda de 1922 dirigida por F. W. Murnau, encuadrada dentro del expresionismo alemán. Es una de las más grandes películas de la Historia del cine, protagonizada por Max Schreck, en el papel del conde Orlock. Thomas Hutter y el conde Orlock eran los personajes principales en la primera versión, adaptando el original de forma apócrifa porque Murnau no llegó a conseguir los derechos de Bram Stoker para su adaptación al cine. Como consecuencia, se decidió filmar su propia versión de la novela que curiosamente es la película más fiel a la historia original de Stoker.

Fue un personaje de matinée hasta que la Universal encargó a Tod Browning, Drácula, una película de terror de 1931,  con Béla Lugosi en el papel principal. Producida por Universal Studios, la película iba a estar protagonizada previamente por Lon Chaney, pero tras su fallecimiento fue escogido el actor húngaro, quién lo había interpretado  en el teatro.

- Yo soy Drácula.

- Mucho gusto conocerle.

Su encarnación fue tan definitiva que jamás pudo librarse de este personaje. Queda como ejemplo su papel en White zombie (Walter Halperin), con el mismo atuendo que Drácula. Se trataba de un personaje de porte aristocrático y educado, que influiría en muchas de sus posteriores recreaciones –desde Christopher Lee a Frank Languella o Gary Oldman, con una gran capacidad seductora y contando con dos antagonistas muy particulares, Jonathan Harker y el doctor Van Helsing, desde Peter Cushing a Anthony Hopkings.

El Drácula de Bela Lugosi contaba con un decorado gótico al servicio de paisajes nebulosos, llamas oscilantes en las chimeneas, árboles secos con ramas retorcidas, subterráneos y todos aquellos escenarios que invitan a las manifestaciones del terror. Los castillos erigidos a orillas del mar o al borde de un abismo cobran protagonismo, apareciendo casi como un mausoleo: las estancias son bellísimas y sofocantes,  con un mobiliario como reducto del pasado y unos espesos cortinajes movidos por el viento.

-Escúchelos. Son los hijos de la noche, qué agradable música componen.

Al mismo tiempo se estaba rodando la versión hispana (dirigida por George Melfort), con el actor español Carlos Villarías en el papel principal y que logró evitar la censura del film de Tod Browning, permitiendo una mayor sexualidad en los personajes y la historia. 

                           

La primera de una serie de películas de terror de la Hammer también se centraba en este personaje basado en la novela de Bram Stoker. Esta obra cinematográfica de 1958 fue dirigida por Terence Fisher, con Christopher Lee y Peter Cushing encarnando al Conde Drácula y al Doctor Van Helsing, respectivamente.  El horror de Drácula introducía, por primera vez, el color rojo de la sangre, gracias al tecnicolor, pero también los primeros planos de los hipnóticos colmillos del personaje, que acompañará a Drácula en las sucesivas adaptaciones. Es con Christopher Lee cuando se produce otra de las grandes innovaciones, pues con su Drácula la sangre no es leit motiv del personaje sino la seducción, la sed de la carne. Este matiz abrió paso a las futuras aventuras amorosas del conde rumano en la gran pantalla.  El deseo de la sangre dio lugar a un curioso título, Sangre para Drácula, interpretado por Udo Kier en los años setenta, que supuso una novedad en este sentido. Su Drácula es un ser enfermizo que necesita constantemente sangre no contaminada de una virgen. 

Mientras que la versión abiertamente romántica del personaje la introdujo Frank Languella, en la película dirigida por John Badhman. Un único film distintivo en la larga serie de Drácula la aportó su compatriota alemán Werner Hergoz quien rescató la visión esquelética y pálida del Nosferatu de Murnau, con un personaje cortés pero que al mismo tiempo parece como si estuviese planeando acabar con su invitado, constantemente. Ese legado del realizador expresionista también se observa en los decorados, en la música y en la importancia de las sombras. 


Hasta llegar a la que iba a ser el film que acabaría con el resto de las adaptaciones cinematográficas, el Drácula de Bram Stoker de Francis Ford Coppola. Se trataría de una “summa total” de aquel personaje, desde los orígenes del Conde Drácula a la Inglaterra Victoriana, separándole un “océano de tiempo” entre su amada y él, que confluiría en el personaje de Mina, encarnado por Winona Ryder. 

Encontramos unas secuencias iniciales, que entroncan con la historia, la pérdida de su fe y la tragedia de su amada, en las cuales Coppola recurre a una serie de planos y técnicas que Kurosawa planteó en Kagemusha, película producida por él mismo.

Perdida. Durmiendo con su enemigo.

Perdida. Durmiendo con su enemigo.

Amy (Rosamund Pike) y Nick (Ben Affleck) son unos escritores talentosos, que forman un matrimonio casi ejemplar, al menos en apariencia. Pero en el día de su aniversario, ella desaparece y Nick pasa de ser víctima a verdugo. Con estas premisas, Perdida podría ser un thriller más de sobremesa sino fuera porque está rodado por David Fincher. Desde hace más de veinte años, y esta es su décima película, el realizador aparece como un gran narrador, demostrando su buen pulso para contar historias de asesinatos.

En un primer tercio, la película nos muestra cómo se conocieron los personajes pero también los problemas que fueron afrontando como matrimonio; todo ello contado en flashbacks. Pero pronto se añadieron otras cuestiones, como la influencia de los medios de comunicación a la hora de creer una estado de opinión concreta o una reflexión sobre la sociopatía. 

-La característica de un sociópata es su falta de empatía.

Nick y Amy vivían en un matrimonio en caída libre desde hace varios años, momento en el cual el personaje de Ben Affleck pasa de ser víctima a sospechoso por su forma de interpretar un papel de marido preocupado pero no desconsolado. De la temática encontramos referencias en algunas películas como sucedía en The Game (entre los hermanos Van Orton), en el trasfondo de “El curioso caso de Benjamin Button” y “Millennium: Los hombres que amaban a las mujeres”.  

 -¿Mataste a tu mujer, Nick? 


El argumento parte de una novela de Gillian Flynn, también autora de su guion, por lo que debemos pensar que la adaptación de David Fincher (acostumbrado a tomar historias ajenas) es mucho más que algo fiel a la atmósfera. Aún eso lo cierto es que no faltan los detalles del realizador-autor que aparecen como un inconfundible sello del director. Tras “El curioso caso de Benjamin Button”“La red social” y “Millennium: Los hombres que amaban a las mujeres” y de introducirse en el mundo de la televisión con la estimable “House of cards”, David Fincher compone con Perdida un sórdido micromundo (quizás su trabajo más cínico hasta la fecha) y nos abandona para retar a nuestra percepción con una película sobre la falsedad, los juegos y la sociopatía temas presentes en muchas de sus películas.

David Fincher, cuestiones sobre  un estilo personal.

Como otros grandes directores de su generación, como los hermanos Scott, Ficher comenzó su andadura en el terreno del videoclip y de la publicidad, dejándonos un estilo visual innegable pero no dirigido a crear piruetas audiovisuales vacías de contenido. Un interesante ejemplo lo encontramos en el montaje de la secuencia de la regata Henley en La red social.

Sus comienzos fueron similares a los de James Cameron. Su primera película fue una secuela (la tercera entrega de una saga –Alien- que comenzaron Ridley Scott y el propio Cameron) y tuvo que esperar a su segundo trabajo (Seven) para mostrarnos su inmensa capacidad cinematográfica y su estilo personal.  Pero su gran capacidad narrativa quedaría patente en una multitud de detalles que, de una forma u otra, aparecen en sus películas. La primera, y la más importante, es que cuenta con las obsesiones del mundo occidental, desde la representación de la cultura del miedo a la crítica del consumismo.

                  

-La llamamos la habitación del pánico. Un cuarto, un torreón de la Edad Medida, de paredes de hormigón, línea telefónica interna y sistema de ventilación.

En Panic Room, madre e hija se encuentran atrapadas en "la habitación del pánico" de su propia casa en Nueva York, una estancia oculta construida como refugio en caso de robo. La película era una reflexión del miedo que aparecía en muchos de sus trabajos, inclusive en Perdida. Lo mismo sucede con la crítica a una sociedad capitalista dirigida al consumismo autocomplaciente. Ikea y un espectacular monólogo a cargo de Brad Pitt aparecían en esa tesis de Fincher hacia el tema que era El club de la lucha.

-¿Entonces qué somos? Sólo somos consumidores. Exacto, el producto secundario de una obsesión con el nivel de vida. Los asesinatos, el crimen, la pobreza, me tienen sin cuidado. Lo que me molesta son las revistas de celebridades, TV con 500 canales, calzones con el nombre de un tipo. Rogaine, Viagra, Olestra. Al carajo con tus sofás y sus patrones de franjas Strinne. Yo digo que nunca estés completo. Yo digo que dejes de ser perfecto. Yo digo que hay que evolucionar. Pase lo que pase.

O en The Game.

-¿Qué se regala a alguien que lo tiene todo?


El amor a Hithcock en su cine es una constante, como también lo es la representación del juego. Hithcock y La huella de Mankiewich aparecían en una multitud de detalles en la citada película de The gane. El film es también un reflejo de la falsedad y de la trampa llevado a la propia narrativa de la película, quedando como ejemplo su final. Ese truco-trampatojo de The game podría ser un ejemplo de cómo es el propio cine de David Fincher, citando las palabras del crítico Hilario J. Rodríguez: “busca riesgos entrecomillados” (Arquitectura fílmica”, Dirigido por… nº 311, Abril de 2002, pág. 21). Busca rentabilizar al máximo su cine, restando los riesgos que pudiesen surgir en sus películas por lo que suele contar con las máximas estrellas del momento y del apoyo de una “major”.

Para terminar con su interés por la psicopatía, presente en su primera película más personal, Seven.

-Pereza, ira, soberbia, lujuria e envidia. Siete, en total. Prepárate para siete crímenes más.

En Perdida o en Zodiac.

-Me gusta matar a la gente porque el hombre es el animal más peligroso que existe.

Relatos salvajes. Un día de furia.

Relatos salvajes. Un día de furia.

-¿Alguien más conoce a Gabriel Pasternak aquí? ¿Por qué están en este avión?

En psiquiatría, el síndrome de Amok es una espontánea explosión de rabia, con la que se mata o ataca de forma indiscriminada, aludiendo a una catarsis en el contexto social. Y la verdad es que a nuestro alrededor, ya sea en Argentina, en España o en cualquier otra parte del mundo, hay sobrados motivos como para armarnos de algún arma y desatar la ira en un auténtico“día de furia”. Injusticia social, corrupción, saqueos de políticos y banqueros,  pero también el cine y la literatura han dado buena cuenta de ello. Destaca a Holden Caufield, el personaje de ficción de la célebre novela El guardián entre el centeno (J.D. Salinger) y la película Un día de furia (Falling Down, Joel Schumacher). ¿Qué nos impide comportarnos como los personajes de estas historias?


Relatos salvajes es una película que libera la tensión y la frustración que genera en muchas personas la vida moderna en las grandes ciudades. Los personajes protagonistas del filme deciden enfrentarse a las adversidades, y lo hacen de forma violenta. La película juega todo el tiempo con una moralidad dudosa, que prioriza el desahogo frente a la racionalidad, y que se rebela contra todos. Es todo un acierto su presentación, asfixiante, directa e inconcreta, porque representa la reacción que podría tener un ciudadano medio cualquiera, que un día se levanta con el pie izquierdo y de repente pierde el control.

-¿Qué violencia, a ver? Yo estoy describiendo una realidad.

El film está narrado a modo de pequeños sketches, una serie de cortos hilados por la violencia catártica que surge ante una serie de injusticias cotidianas. Forma así un reparto coral con lo mejor del cine argentino. Nos referimos a actores como Ricardo DarínOscar MartínezLeonardo SbaragliaÉrica RivasRita CorteseJulieta Zylberberg y Darío Grandinetti. En España adoramos el cine argentino y cada vez son más frecuentes las relaciones cinematográficas entre ambos países. En esta ocasión no sólo la televisión española ha colaborado en su producción (TVE y Canal Plus) sino además, la firma Deseo (Pedro y Agustín Almodóvar) junto con Hugo Sigman.


Lo dirige Damián Szifron, muy conocido tanto en Argentina como en España, por sus películas enmarcadas en la comedia negra (Tiempo de valientes) como por sus series (Los simuladores, Hermanos y detectives). Relatos salvajes está compuesta de seis episodios (Pasternak, Las ratas, El más fuerte, Bombita, La propuesta y Hasta que la muerte nos separe) en donde el engaño amoroso, el pasado turbulento, la gente que se aprovecha de una situación desagradable para su propio lucro, el stress ante una injusticia de tráfico o la que nos genera alguien al volante terminan con una violencia final genial en donde el absurdo y el humor negro más brillante está siempre presente.

La película, igualmente, está lleno de curiosos detalles -durante los créditos con los que inicia la película, se identifica a cada actor con un animal salvaje o el puente donde se desarrolla el segmento "El más fuerte", es efectivamente el kilómetro 60 de la ruta que une Cafayate y Salta, como él mismo lo menciona durante la película mientras solicita por teléfono ayuda en carretera. La música que suena en el episodio de Bombita, cuando Ricardo Darín se siente desprotegido por las instituciones, está prestado de un conocido programa de la televisión argentina. 

-¿Sabéis que sois un negro resentido? 

Y para los amantes de las banda sonoras, aquí os dejo una de las mejores piezas instrumentales, procedente de la mítica película ochentera Flahsdance.

                      

                                   


 

La buena mentira. Inmigración, conciencia y África.

La buena mentira. Inmigración, conciencia y África.

Mamere, Paul, Jeremiah y Abital (Arnold Oceng, Emmanuel Jal, Ger Duanyy Kuoth Wiel ) son los héroes de esta historia, una que no dejará indiferente a nadie y que a más de uno le hará un nudo en el estómago. Sobreviven al ataque de su aldea y a una dura caminata de mil kilómetros hasta llegar a un campo de refugiados. Pero cuenta con la suerte de que una vez adultos, logran marchar a Estados Unidos, Kansas, donde conocerán a una trabajadora social (Carrie Davies) que les ayudará a desenvolverse en el mundo real en Occidente.

-Vosotros debéis ser los chicos de Somalia, ¿Senegal?

-Sudán.

Reese Witherspoon, en un sorprendente papel (lejos de los que nos suele tener acostumbrados) nos sitúa en la línea de lo políticamente correcto de cómo debería actuar el hombre de la calle ante esa misma situación. Partir de un desapego inicial para ir volcándose, poco a poco tras ir conociendo de primera mano la terrible experiencia de esos hermanos. Comparándolo, eso sí, con los casos más reconocibles (el gerente de un supermercado que  desaprueba que uno de sus empleados diera comida destinada a la basura a un indigente; los holgazanes compañeros de trabajo o la burocracia que se desentiende ante los problemas reales).


-Después de haber leído Las aventuras de Huckleberry Finn, ¿de qué hablamos cuando nos referimos de La buena mentira?

-Cuando le dice a los tratantes de esclavos que no tiene esclavos, su mentira es creíble. Así que miente bien, pero lo importante es que se trata de una mentira desinteresada porque salva a Jim.

La buena mentira, título que recuerda a la obra de Mark Twain –Las aventuras de Huckleberry Finn-, (el personaje prefiere liberar a Jim, antes de embolsarse el dinero de la venta como esclavo) se contrapone al de Mamere (devuelve un acto de sacrificio del pasado a uno de sus hermanos). Una película del canadiense Philippe Falardeau, tras su impresionante El profesor Lazhar, film con el que comparte no pocos puntos en común.

 -Usted no es de aquí y hay matices que se les escapa. Preferimos que se limite a enseñar y no a educar a nuestra hija.

 Un profesor no sólo extranjero sino de otra cultura y religión que logra el puesto de profesor para una suplencia que nadie parece querer cubrir, pero que pronto se ganará el afecto de sus alumnos. No solo por su comprensión, sino por su eterno optimismo que encierra –eso sí-, una terrible tragedia personal, que le ocurrió en el pasado, junto con el dolor y la culpabilidad de otra experiencia no menos intensa que vivió uno de sus alumnos.


-Te fuiste de Argelia por culpa del terrorismo.

-Todos fueron asesinados, murieron quemados.

El período de duelo, el dolor y el sentimiento de culpa están presentes en ambas películas. También el hecho de que sus protagonistas sean refugiados víctimas de la violencia política (en el caso de El profesor Lazhar, el terrorismo de Argelia; en el de La buena mentira, la guerra de Sudán y la política norteamericana posterior al 11S), junto a la presencia de un trauma psicológico (el suicidio de la profesora en la primera, y el sacrificio de uno de los hermanos, para salvar al resto, en el caso de la segunda película). 


Dos premisas muy oscuras que nos llevan a la luz. Si el punto de partida de El profesor Lazhar es el suicidio de una profesora que lo descubre uno de los niños que quedaría profundamente traumatizado, en La buena mentira es la guerra civil sudanesa, de la que sobrevivirán –no sin taras emocionales- llegando a Estados Unidos.

-Es culpa mía.

-¿Qué es culpa tuya? Dejé que uno de los soldados se llevaran a mi hermano, en vez de a mí.

Pero América, tampoco será un camino de rosas para nuestros protagonistas (los hermanos son separados, lo que ni siquiera la guerra y todo tipo de problemas había impedido en Sudán), experimentan la soledad o descubren la falsedad entre los valores de Occidente. Al fin y al cabo se trata de un encuentro de culturas distintas,  que encierra diferentes lecturas: “¿sonreír sin motivo no es ser hipócrita?”.

Y por último, la película abandona la ambientación en Canadá (el Montreal del título anterior) por la presencia de productores americanos que hacen un film algo más crudo en el fondo (parte de una guerra civil, con un trasfondo muy duro) pero más suave en las formas. Logrando algo muy loable en el director, no convertir en puro telefilm –de moqueo pañuelo en mano- una historia ya de por sí desgarradora. 


La isla mínima: impresionante thriller rural.

La isla mínima: impresionante thriller rural.

"¿Sabes quiénes eran Carmen y Estrella? Antes de matarla las torturaron". Alberto Rodríguez realiza un cruce entre una buddy movie y un thriller rural, a través de un retrato de la Andalucía profunda de la Transición que convierte el paisaje en un personaje más. La isla mínima, título que podría pensarse en casi un mcguffin, alude a la cruda y brutal geografía en la que se mueve esta historia que abre nuevas perspectivas al relato criminal español utilizando elementos dispuestos de manera distinta en otras producciones cinematográficas o literarias. En este sentido, la cita a Truman Capote no es trivial, pues su obra “A sangre fría” es una de las cimas del trabajo literario-periodístico surgido de un crimen cometido en un contexto rural.

 La película es directa, e incluso incisiva, en algunos momentos, aunque con un ritmo casi sostenido y reposado, como sus dos protagonistas aunque esté mejor reflejado en el personaje interpretado por Javier Gutiérrez que anda y habla lento pero inquietamente, oprimido por una tensión interior que se intuye como sucede en ese pueblo de carácter infeccioso: la corrupción de los terratenientes, la miseria del pueblo y la presencia de la droga (tema clave en el director).

 -¿Quién fue?

-Usted no sabe cómo se organizan aquí las cosas.


 Sus dos personajes principales son dos policías de Madrid que van a un pueblo de Sevilla a resolver lo que parece una desaparición de dos hermanas (y luego será un brutal doble crimen), es decir, van de la capital a lo que consideran la periferia. Resulta significativo cómo, al principio de la película, uno de ellos guarda en un cajón el crucifijo con la foto de Franco que preside la habitación del hotel donde se alojan. “Es como otro país”, comentará su compañero. La idea no es baladí porque representa una etapa de transición dentro de la propia historia tal y como ya presentasen director y guionista en su anterior trabajo “Grupo 7”. Hay una continuación, sino argumental, sí temática y atmosférica que deja al espectador una sensación de ya visto.

 Su relación del sevillano con la capital hispalense, y su entorno, se remonta a sus primeros trabajos como aficionado junto con su compañero Santi Amodeo (el corto Banco) y ha continuado en sus películas en solitario (Siete vírgenes, Grupo 7 y La isla mínima). Aquí la marginalidad y la violencia se han ido estrechando en su filmografía, primero con unos jóvenes como protagonistas, que eluden la realidad a través de los excesos, y luego con dos historias policiacas. “Grupo 7” es una cinta de acción, sumamente dinámica, en la que un grupo de policías tienen como misión reducir la criminalidad y, sobre todo, limpiar las calles de la droga, en el contexto de la Expo de 1992.

 -¿Cómo habéis sido el grupo de la policía con más número de intervenciones?

                               

 Cuatro policías de paisanos imponen su propia ley para limpiar las calles de Sevilla, en los años previos a la Expo del 92, un evento que cambió la fisonomía de la ciudad.

-El año que viene hemos acabado con la droga de esta ciudad.

 En cuanto a La isla mínima es un film ambientado en las Marismas del Guadalquivir, con ligeros ecos a El séptimo día, película que -inspirada en la matanza de Puerto Hurraco- pretendió hablar de una España ancestral, cuya tierra reclamaba la sangre de sus habitantes. E incluso del citado Truman Capote, en el personaje del periodista que acompañará a los policías, hasta llegar al cine americano con True detective (eso sí, posterior a esta película), serie creada por Nick Pizzolatto, con dos personajes principales, dos policías torturados y torturadores, encarnados por Mathew McConaughey y Woody Harrelson. Serie que comparte con el film español un aire de thriller rural, el carácter de buddy movie y la descripción de la América más que profunda, hundida.

-¿Qué está pasando aquí?

-Las mata, las descuartiza y las tira al río.


Se repite también, de Grupo 7, la relación entre el veterano y el joven policía, entre el que ya va de vuelta de todo en la vida y el que ansía ascender para lograr un buen destino cerca de su familia. Si antes eran Antonio de la Torre y Mario Casas, ahora  son Javier Gutiérrez y Raúl Arévalo, quienes representan esos roles. El primero es un antiguo miembro de la político-social -la “Gestapo de Franco” como comenta el personaje del periodista-, de la que hereda sus métodos duros y su turbio pasado, y el otro es un joven policía que representa los nuevos tiempos. Repitiéndose un convencionalismo en este último personaje, el de la paternidad que vemos fuera de campo, a través de unas oportunas llamadas de teléfono. Recordamos el tema de la paternidad en Grupo 7, en el personaje interpretado por Mario Casas.

De los actores secundarios que acompañan a Raúl Arévalo y Javier Gutiérrez, destacamos al malagueño Antonio de la Torre y al gaditano Jesús Castro, completo desconocido ascendido a actor tras su éxito fulgurante en la película El niño.

A pesar de ser un buen guion, no es redondo porque cuenta con algunos hilos deshilachados de la trama aunque es cierto que este circo de dos pistas (una historia central con dos pequeñas subtramas dentro) aprueba con nota.

 

 

Érase una vez... El reino de la fantasía en el celuloide (I).

"Totó... me parece que esto no es Kansas. Estamos sobre el Arco Iris".
Jydy Garland en El Mago de Oz.

Desde el Viaje a la luna de George Méliès a las más recientes visitas a algún mundo maravilloso, el honorable de ayer y hoy ha asistido a un centenar de viajes a reinos remotos e imaginarios. Ya sea de manera paralela con la literatura o creando mundos propios, el cine ha conseguido rastrear estos rincones mágicos con una agudeza particular. Ya se trate de explorar el ser humano, viajar al interior de la Tierra, hasta llegar a su centro, con todo el magma o una realidad paralela; sumergirse en las profundidades del mar o burlar las barreras entre la vida y la muerte, los viajes a lugares remotos, vedados al común de los mortales, satisfacen el interés de todos nosotros por desvelar sus misterios y por mostrarlos algo más de cerca.

Estos relatos contienen una mezcla de exotismo, misterio y atracción. Sus personajes entran en un ambiente desconocido que poco a poco irá envolviéndolos, hasta formar parte de él. Algunas historias muestran como la búsqueda de objetos maravillosos nos sirve de metáfora de ese Sueño Americano, que es anhelado desde una cinematografía y una sociedad, que en otras ocasiones lo ve como una aventura que ilumina al mismo tiempo que destruye la inocencia de quienes se dejan arrastrar por ella. Así que toma una pizca de fantasía y otra de realidad cotidiana. Mézclalas, agítalas y te saldrá un estimulante cocktail. El séptimo arte ha disfrutado llevándonos a paraísos imaginarios, a reinos fabulosos en donde plasmar hasta la saciedad relatos épicos, llenos de guerreros, magos y elfos. En este sentido, repasaremos los itinerarios asombrosos que saciarán tu sed de maravillas.

Los mitos y las leyendas, los dioses y los monstruos de la Antigüedad, han sido inspiración paran centenares de historias, engalanadas en la gran pantalla. Empezamos con un clásico, por derecho propio. El ladrón de Bagdad es una de las primeras revisiones de un mundo fantástico surgido de la literatura, uno de los relatos que formaban parte de Las mil y una noche. La palabra "delicioso" está devaluada hoy en día, pero recobra todo su sentido si lo aplicamos a esta fantasía oriental en tecnicolor. Alfombras voladoras, princesas con velo, lámparas con genio y un malvado visir (Conrad Veidt), con un pícaro protagonista, un joven Abú el ladrón (Sabú), "nieto de Abú el ladrón e hijo de Abú el ladrón", con una dirección tan caótica que necesitó de varios realizadores (Michael Powell y otros), bajo la producción de Alexander Korda, un especialista de historias desarrolladas en escenarios exóticos e inspiración literaria, como El libro de la selva o algunas adaptaciones de H. G. Wells.

                       

Sin embargo el nombre fundamental del género sería Harryhausen. Y si enumerásemos las películas en las que figura como animador, nos sorprenderíamos que estas apenas llegan a la decena. Sin embargo, ha sido tal el impacto de su trabajo en la animación moderna que estos títulos obvian a su director en beneficio de él, Ray Harryhausen. Sus maquetas y muñecos poblaron la imaginación de historias con ovnis y godzillas, en filmes como La tierra contra los platillos volantes, Hace un millón de años en la Tierra y Surgió en el fondo del mar. Pero fue su excelente trabajo en la historia de fantasía, con la antigüedad como telón de fondo, donde es más recordado. Jasón y los Argonautas nos acercaba a otra de las geografías plagadas de relatos épicos como el del Vellocino de oro, con una versión cinematográfica a cargo de Don Chaffey. Gran parte del mérito correspondió a este genio de los efectos especiales, cuyas creaciones (gigantes de metal, esqueletos guerreros y una impresionante serpiente de siete cabezas) le coronaron como el rey del stop motion. Sin alejar la mirada de estos escenarios, encontramos otro gran trabajo con la firma de este animador, Furia de titanes, con un Perseo definido por la testosterona (Harry Hamli), enfrentado al reparto de la mitología griega en pleno para salvar a su amada Andrómeda (Judy Bowker), mientras Zeus (Laurence Olivier) le observaba desde el Olimpo. Lo mejor de la película es la lucha contra una siseante Medusa, pero con algunas otras escenas interesantes como la cabalgada aérea de Pegaso.

                                 

Toda buena historia fantástica debe contar con una odisea iniciática, al estilo de la escrita por J. K. Rowling, con jóvenes personajes que van descubriéndose así mismo y lo que le rodea, a través de la fantasía, buscando una realidad paralela porque a veces la cotidiana le abruma o aburre. "¡La realidad es mentira!", grita Ramón (Fernando Ramallo), adolescente freak en cuyo interior está alojada el alma del guerrero Beldar (Loel Joan), en El corazón del guerrero. El director Daniel Monzón, además de plantear una divertida historia de realidades paralelas, volcó todas las obsesiones de un quinceañero español con querencia por la fantasía: partidas de rol, música heavy, las chicas neumáticos de dibujantes como Luis Royo. Esta temática ha sido muy recurrente y atractiva para el guionista de cualquier latitud. Entre las producciones de animación japonesa, destaca Hayao Miyazaki y una de sus incursiones del tema, El viaje de Chihiro.

A veces, la fórmula para crear un mundo de fantasía es tan sencillo como coger algo ya presente en la realidad (un animal, por ejemplo) y alterarlo ligeramente. Eso hizo, el guionista y codirector Merian C. Cooper para crear a su peluda estrella. El resultado: King-Kong y millones de espectadores impactados tras contemplar a ese supergorila con debilidad por las rubias que, gracias al stop motion, resultaba amenazador y tierno al mismo tiempo. Personajes que tenían la jungla como decorado, con monstruos de marionetas, pero, pasada la anécdota, la película ofrecía mucho más. Consiguió que esas criaturas fueran tan convincentes como para devolver el sentido de la maravilla al mundo de los años treinta, huérfano de prodigios, inmersos por la crisis y amenazados por una nueva guerra. Un admirador llamado Peter Jackson resucitó una de sus pasiones juveniles con todo el poder de la animación digital.

De las maquetas a los muñecos de trapo. Dentro del laberinto es una de esas historias imaginativas en donde destaca sobre todo por las marionetas del taller de Jim Henson (Los teleñecos y Barrio Sésamo) y la interpretación de una Jennifer Connelly adolescente. Olvida a David Bowie marcando más paquete de lo aconsejable y las canciones, y penetra en el laberinto tan fascinante como cuando se estrenó, hace más de veinte años.

- Tienes trece horas para cruzar el laberinto antes de que tu hermanito se convierta en uno de nosotros... para siempre.

Érase una vez... El reino de la fantasía en el celuloide (II).

Érase una vez... El reino de la fantasía en el celuloide (II).

Hay relatos épicos con elfos, orcos, dragones y acero suficiente como abrir una cadena de cuchillerías, pero la espada y la brujería todavía siguen despertando en nosotros la mágica nostalgia de nuestro tiempos mozos. "La magia es la sangre vital del universo", decía Billy Barty en Willow (Ron Howard) y tenía razón. Todavía debemos arroparnos por la cálida nostalgia de una imaginación que el adulto ha perdido, como si el País de Nunca Jamás fuese un terreno vetado para un hombre sumido por el estrés de las facturas que debe pagar religiosamente y el modo de llegar a fin de mes. Pero esa fantástica entelequia atemporal, que evoca la infancia perdida, puede satisfacer a espectadores de todas las edades, por contener ímpetu y reflexión a partes iguales. De ahí, el síndrome de Peter Pan, surgido de la imaginación de un adulto, J. M. Barry, y un niño que no quiere crecer, Jeremy Sumpter, si nos vamos a la mejor adaptación de este clásico, a cargo de P. J. Hogan. Lo necesario sería creer en la Fantasía y en los libros mágicos, tal y como Bastian (Barret Oliver) se empeñaba en salir de su realidad a esa Historia interminable, de la mano de Wolfgam Petersem. Para demostrarnos como la imaginación de un niño y la entrega de un héroe (Atreyu, Noah Harraway), podían salvar esa mágica utopía de libertad que era el Reino de Fantasía, aunque lo que se recuerde de ella sea la cancioncilla del anuncio ("Richard Clayderman en su piano sin control").

                                  La historia Interminable-4

"¡Grita mi nombre, Bastian! ¡Por favor, sálvanos!". Alentaba la Reina de Fantasía (Tami Stronach) en aquel clásico de Michael Ende. Todos tenemos un momento así en nuestras vidas: la hora de darnos cuenta de que los cuentos de hadas son sólo eso, cuentos. A los españoles eso nos ocurre al enterarnos que los reyes magos son nuestros padres, mientras que en el mundo anglosajón la desilusión llega cuando entras en un armario y descubres que al otro lado no está el mundo de Narnia. El espectador de las obras de C. S. Lewis vive una segunda niñez. El director y guionista, Andrew Anderson (Schrek) consigue con Las crónicas de Narnia: el león, la bruja y el armario que los críos olviden sus deberes y vuelvan a soñar. Donde los elementos de la historia reciben el tratamiento legendario de estos personajes: la Bruja Blanca (Tilda Swinton), los niños protagonistas, jóvenes héroes (sobre todo Lucy, Georgine Henley), y el león.

De hecho, las sagas de fantasías han proliferado como las arañas de Mordor, pero esta versión de los clásicos de J.R.R. Tolkien gobierna sobre ellas cual Anillo Único sobre las fuerzas del mal. Como señalaba uno de los personajes centrales (Gandalf, Ian McKellen): "Un anillo para gobernarlos a todos, un anillo para encontrarlos, un anillo para atraerlos a todos y atarlos en las tinieblas. Este es el Anillo Único". Por eso, adaptar El Señor de los Anillos haya sido un proyecto ambicionado por muchos (John Boorman fracasó en su intento, antes de su Excalibur, e incluso existe una versión animada de parte del relato), pero sería Peter Jackson quien se llevó el gato al agua. Muchos nos escandalizamos al enterarnos que el responsable de esta adaptación iba a ser un friki cuya primeras películas estaban dentro del terreno del cine gore. Pronto comprobamos el lado sentimental de este freak que supo convertir sus amados paisajes neozelandeses en toda una Tierra Media sobre la que desplegar legiones de elfos etéreos, orcos brutales y hobbits tragones. Por si eso fuera poco, Jackson contó con el hallazgo de Andy Serkis (Gollum), un actor con talento suficiente como para dotar de individualidad a un personaje digital y convertirlo en la figura más memorable saga.

- Me enfrentaré al hombre con seis dedos y le diré: Hola, me llamo Íñigo Montoya. Tu mataste a mi padre. Prepárate a morir.

Si no recuerdas esta frase de boca de Mandy Patinkin, o no tienes corazón o no has vista esta pequeña joyita, dirigida por Rob Reiner (Cuenta conmigo) a partir de un libro de William Goldman. La princesa prometida cuenta la historia de Buttercup (Robin Wright) y Wesley (Cary Elwes), un amor que se va al traste cuando él desapareció y ella se prometió con el pérfido príncipe Humperdinck (Chris Sarandon). Película que demostraba que todo buen cuento de hadas debe contar con la fantasía, pero sobre todo con la magia de amores verdaderos.

                           la bella y la bestia

"No estamos acostumbrados a que me sirvan, pero adivino que hacéis todo lo posible para que pueda olvidar vuestra fealdad". Ya lo decía Josette Day en La bella y la Bestia. Olvida las teteras cantantes de la Disney, la versión del mito firmada por Jean Cocteau, es la buena. Jean Marais y Josette Day quedaron de lo más convincente en los papeles principales, y la ambientación alterna el realismo, inspirado de los pintores holandeses del siglo XVII, y lo puramente fantástico como por arte de magia.

Los cuentos de hadas nunca se olvidan, pero las pesadillas de infancia, tampoco. Guillermo del Toro nos presentaba una historia atroz en El laberinto del fauno que incluso los hermanos Grimm hubiesen sentido miedo al escucharla. Huyendo de un mundo insoportable llega a encontrarse con otro todavía peor, en donde Ofelia (Ivana Baquero) se enfrenta a imágenes de pesadillas (el Hombre Pálido y sus manos con ojos, las hadas-insectos, la mandrágora) demostrando que, a veces, una niña puede cambiar el mundo.

                             ElLaberintodelFaunotaquilla

- Yo soy el monte, y el bosque, y la tierra. Soy un Fauno. Vuestro más humilde súbdito, alteza.

Pero la búsqueda de esos realidades paralelas, pueden servir de catarsis para unos niños que crean un mundo mágico, propio, para huir de lo cotidiano, aunque se trate de imaginación, lo que parece estar relegada un segundo plano.