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El cine que llegará a las salas en 2015 (2)

El cine que llegará a las salas en 2015 (2)

The homesman.

Tommy Lee Jones cada vez más se revela como un remedo de Clint Eastwood, actor de irregular carrera en su juventud,  que aparece como un notable director –en su madurez- en filmes de ambientes de western. Así sucedía con la espléndida Los tres entierros de Melquiades Estrada, mientras que en su nuevo trabajo en la dirección –The homesman- amplía ese estilo a un universo físico y humano propio del género. Eso sí, sin contar con las convenciones propias de este tipo de cine.  Se trata de un homenaje a los pioneros, en la cual un bandido –el propio Tommy Lee Jones- se salva de la horca, a condición de acompañar a unas mujeres, entre ellas Mary Bee (Hilary Swakn) en su incierto viaje.

                                  

Lost River.

Lost River podría convertirse en una de las grandes curiosidades de la temporada, la primera película como director de Ryan Gosling. En la dirección viaja a unos escenarios desolados pero dentro de unos márgenes cinematográficos ya explorados como actor, con la estética de Driver o Solo Dios perdona (Nicolas Widing Refn) e incluso, internándose -por momentos- en Terciopelo azul de David Lynch.

                               

Jurasic World.

Llega una nueva secuela –creo que la cuarta- de la saga creada por Michael Chricton sobre el mundo jurásico, mundialmente conocida por la película de Spielberg, Jurasic Park. Lo dirige Colin Trevorrow, realizador de Seguridad no garantizada (Safety Not Guaranteed, 2012), cine de ciencia-ficción de corte independiente, con el tema de los viajes en el tiempo, que hace unos años fue presentada en el Festival de Sitges. Producida por el “Midas de Hollywood” retoma algunas ideas del film original. ¿Recuerdan ese sueño de crear un parque temático sobre dinosaurios? Por fin se hace realidad y el dichoso parque abre sus puertas, para terminar –como en las anteriores entregas- en un despliegue de charcutería fina. Un “Jurasick Park” para las nuevas generaciones.  

                        

The Search.

Tras el Oscar por su exitosa The artist, esa comedia romántica que recuperaba el tono y el estilo del cine clásico mudo, Michael Hazanavicius vuelve a la carga con una historia completamente distinta. The Search es un film sobre la guerra de Chechenia, rodado con poco pulso y menos credibilidad para contarnos lo que ya parece obvio en todo conflicto, el embrutecimiento y la noción de pérdida en cualquier guerra. Lo protagoniza Annette Bening. 

                         

Amadeus. Entre la mediocridad y el talento.

Amadeus. Entre la mediocridad y el talento.

Milos Forman era un cineasta checoslovaco que llevaba diez años en Hollywood cuando acometió su trabajo más brillante y todo un icono del cine de los 80: su particular visión de un genio como Wolfgam Amadeus Mozart. La película Amadeus (1984), -que este 2014, cumple su 30 aniversario- reunió a un reparto encabezado por unos sobresalientes F. Abraham Murray y Tom Hulce, al dramaturgo Peter Shaffer, a un director de orquesta, de gran prestigio Neville Marriner -como supervisor de la obra de Mozart- y al productor, Saul Zaentz, que imprimió su fuerte carácter al film.

Una película sobre la mediocridad y el talento, sobre la amistad – enemistad entre Antonio Salieri y Mozart. Un film que reflexiona sobre la genialidad, eso que distingue a una persona de otra, pero también sobre el amor a Dios (y su posterior sentimiento de abandono) por parte del músico italiano y sobre todo esto, su amor a la música. Salieri aparece retratado como un personaje oscuro, como un cuervo que pende sobre el destino de Mozart. Un personaje muy importante en la Corte de Viena de José I, consciente de que la música de verdad era la de, Amadeus, aunque siempre manteniéndose entre la admiración y la envidia. Son admirables los planos de Forman en los que Salieri aparece en la soledad del palco, como parte de una admiración secreta, o en las veces que las hace de forma confesa, considerándola como milagrosa.

-No era un simple accidente, de nuevo era la voz de Dios.

                                          

La película hacía hincapié en la profunda  devoción religiosa que sentía Salieri, que incluso ofreció su castidad a cambio del éxito musical (dato que no es histórico, pues el Salieri real estaba casado, llegó a tener siete hijas, y hasta contaba con amantes). Pero se sintió engañado y abandonado por Dios, cuando descubre que su ídolo no era más que un “hombrecillo” que no merecía el don que poseía ("Puedo ser vulgar, pero mi música no lo es").

-A partir de ahora somos enemigos, tú y yo. Porque eliges como instrumento a un jactancioso lujurioso, obsceno, infantil muchacho… y a mí solo me recompensas con la capacidad de reconocer la encarnación. 

El guión procede de una obra teatral, escrita por Peter Shaffer (hermano de Anthony Shaffer, autor de La huella, versionada por Joseph L. Mankievitz) que fue estrenada en Londres, asistiendo –de mala gana- Milos Forman a su estreno en Broadway, invitado por Shaffer. Forman detestaba las biografías musicales, pero salió encantado de esa adaptación por lo que le propuso versionarla al cine. De hecho, el guión fue obra de ambos, aunque soló Peter Shaffer apareciese como el guionista.

Uno de los éxitos de la película es contarnos la historia en flashbacks, recayendo el protagonismo en Salieri, que nos lo presenta con una confesión rotunda: “Yo maté a Mozart”.

                          

Mozart vs Salieri.

Los biopics de los genios musicales son dados a la hagiografía –la música es algo que reconocemos de forma universal e inmediata, más que la pintura o la literatura- y sobre todo porque la relación entre el cine y la música es muy estrecha, siendo Amadeus, una de las más destacadas fusiones que jamás se hayan visto. Sobre Mozart o sus obras (Don Giovanni, La flauta mágica) se han hecho diversas versiones cinematográficas; a fin y al cabo, el séptimo arte siempre se ha visto interesado por la ópera (el llamado arte total).

Sobre Beethoven, otro genio musical, hubo una película cuya calidad cinematográfica estaba lejos de ésta (Copying Beethoven, Agnieszka Holland) y faltaría un film a la altura de las grandes producciones de Hollywood para el tercer nombre destacado de la música clásica: Bach. Lo cierto es que sobre Mozart se creó un mito, alimentado por las insinuaciones de su hijo Leopold de una posible conspiración en Viena contra el compositor: la película sugiere la participación del propio Salieri en el destino de Mozart.

                          

                           

Sobre la rivalidad entre Salieri y Mozart poco se puede decir, que aporte algo de novedad, tras todo lo que se ha ido comentando desde que esta película saliera a la luz en 1984. De este enfrentamiento apenas existe una base histórica cierta, más allá de una lógica rivalidad entre dos artistas. Uno, Salieri, un gran compositor, representante del clasicismo más académico, mientras que Mozart, supuso una gran revolución en su época. No sólo en la brillantez de una música vibrante (“demasiadas notas”, se quejarán en la Corte) sino en las puestas de escena de sus óperas (Don Giovanni, Las bodas de Fígaro, La flauta mágica, El rapto de Serrallo), a las que Forman dota de un carácter de musical, en un sentido espectacular y cinematográfico.

En la película aparece Salieri representado como un personaje que sigue el camino cortesano, mientras que Mozart, no. Él es un auténtico torbellino fuera de control, expresándose con una ingenuidad y espontaneidad, que resulta incómodo para la Corte. Hay un momento muy curioso de su impertinencia cuando le dicen: “Toca como Bach”, “Toca como Haendel”, “No, me aburre”. “Toca como Salieri”.

La figura del padre es otro de los grandes temas de Amadeus que aparece en una multitud de momentos de la película. Llegando incluso a presentarnos al propio Salieri como un preceptor con la idea del padre que mata al hijo; una obsesión en los Shaffer como vemos en La huella, obra de otro Shaffer que presenta una velada intelectual con un amante de la literatura (como Salieri que amaba la música), que comparte con su rival la codicia por un mismo objeto: su mujer. 

Al final, Amadeus está marcada por la superposición del padre, Salieri y la música que se reflejaría en el Requiem. Antonio Salieri supo explotar el punto débil de Mozart, que lo descubre en la representación de Don Giovanni, con la figura tétrica de su padre: “Yo conozco la clave, -dirá Salieri, al sacerdote- “se le ha escapado a todos, pero yo sé que se trata de su padre”.

La película concluye con una simplicidad compositiva del funeral de Mozart, frente al barroquismo del que hace gala en la puesta de escena, a lo largo del filme. Para terminar en una especie de “alguien voló sobre el nido de Salieri”, en el manicomio donde está internado este compositor, donde se confiesa ante el sacerdote -y alguna forma, ante Dios-, junto con  esa célebre frase, que parece sobrar a la altura de la historia: “Mediocres del mundo, yo os absuelvo”.

 

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Ópera y cine: una amistad peligrosa.

La huella. Sleuth (1972) Cuarenta años después.

 


Escobar: El Paraíso Perdido.

Escobar: El Paraíso Perdido.

Andrea Di Stefano -actor italiano que había participado en El príncipe de Homburg (Marco Bellocchio) y en El fantasma de la ópera (Dario Argento)- debuta en la dirección y como guionista en un film sobre uno de los personajes más controvertidos a finales del siglo XX, el narcotraficante Pablo Escobar, personaje que logró reunir a tantos fervientes admiradores como detractores en su carrera criminal por el control del tráfico de la cocaína. Pero como película decepcionará, seguramente, a aquellos que busquen un film al estilo de biopic hollywoodiense marcado por los excesos y la violencia de este célebre narcotraficante colombiano. Su director, nos muestra un retrato familiar y cercano a su pueblo de quién fue el gran capo de la coca en Medellín y Bogotá, interpretado por Benicio del Toro.

En muchos aspectos, el cine actual es revisionista. Se revisan géneros, temáticas y estéticas, se recuerdan grandes clásicos y episodios de la historia, a través de personajes reales controvertidos, como el que interpretó a las órdenes de Steven Sorderberg, en aquel díptico sobre la vida de Ernesto Guevara, Che: El argentino y Che: Guerrilla.

-¿Sabes quién murió en este coche? Clyde Barrow y Bonnie Parker, Bonnie y Clyde.

El retrato del diablo.

Parecerá una obviedad: no es la primera película en la que se recrea una visión ficticia de personajes reales. Destacando dos apuestas diferentes, podría recordar El cartero y Pablo Neruda (Michael Radford), sobre el célebre poeta chileno, y Billy Bathgate (Robert Benton), centrada en el mafioso Dutch Schultz. Tampoco es el primer film en donde un “occidental” descubre el infierno en lo que parecía un paraíso exótico. Eso mismo sucedía al escocés que fue a Uganda con el deseo de conocer el país, para terminar intimando con el dictador y la violencia en torno aquel controvertido personaje (El último rey de Escocia).

Algo parecido sucede con el personaje principal de Escobar: Paradise Lost, Nick, un mochilero canadiense que en Colombia, conocerá a una chica, de quién se enamorará, sin saber que es la sobrina de Escobar, quién idealizaba la figura de su tío, como sucedía con la mitad del país.

-¿Cómo ganó tanto dinero tu tío?

-Con la cocaína, es uno de los mayores productores del mundo. Pero parte de ese dinero se lo da a los pobres.

-Es como Robin Hood.

-Es Robin Hood.

En su momento muchos pensaban que Escobar era un héroe para el pueblo más humilde, una especie de Robin Hood. Es un acierto, por parte del director, ese retrato ambiguo sobre Pablo Escobar que, mantuvo una “relación bipolar con Colombia”. Es verdad que construyó muchas obras benéficas para los pobres, campos de futbol, o un barrio entero llamado "Medellín sin tugurios", pero también es cierto que impuso la ley de "plata o plomo", por la que muchos miembros del gobierno, policía y militares colombianos o aceptaban la "plata" (dinero) o les caía una lluvia de "plomo" (balazos).

Hay una multitud de detalles que se inspiran en los sucesos verídicos de Escobar como otros que dan un mayor calado dramático a la historia. El contundente plano final en donde Nick y su hermano Dylan se encuentran en la playa soñada que, sin embargo, será el inicio de las ilusiones perdidas, es la primera secuencia a destacar. La otra es la amenaza de Escobar al propio Dios a través de un sacerdote estupefacto, que había mediado con el Gobierno en su entrega a la justicia. Como conclusión, reseñar la primera y última conversación entre Escobar y Nick, una de noche y presencial, mientras que la otra, de día, y vía telefónica. 

                         

En la memoria: Ken Takakura.

En la memoria: Ken Takakura.

Hoy ha fallecido Goichi Oda, más conocido como Ken Takakura, un actor japonés que llegó a representar el personaje nipón ideal, estoico y frío, por el que participó en muchos films sobre la yakuza (la mafia) y el cine de temática criminal. Intervino en unos 150 títulos, en papeles esporádicos para la televisión pero también en películas importantes. Sería el realizador Teruo Ishii quién lo descubriera y le ofreció el protagonismo en “Abashiri Bangaichi” (1965) un drama de corte carcelario, que llegó a contar con su propia saga con 18 films.

Takakura llegó a Hollywood, participando en la cinta bélica de Robert Aldrich, (Comando en el mar de la China) “Too Late the Hero” (1970), junto a grandes actores como Michael Caine o Cliff Robertson, personaje que le abriría las puertas de los grandes estudios. De hecho, su reconocimiento internacional fue en aumento y en 1975, co-protagonizó “The Yakuza” (1975), con Robert Mitchum y Sydney Pollack en la dirección. Años después rodaría cintas como “Black Rain” (1989) de Ridley Scott, con Michael Douglas y Andy García, y “Mister Baseball” (Fred Shepisi, 1992), con la que concluyó su aventura en Hollywood..

Entre sus apariciones más recientes destacan "Hotaru" (2001), un drama de Furuhata, y una colaboración internacional con el chino Zhang Yimou en "La búsqueda" (2005). Su última participación fue “Dearest”, del controvertido actor y director japonés Takashi Kitano.

Quizás no fue un actor de renombre ni una gran estrella de gran popularidad actual, lo fue en su juventud coincidiendo con su personaje en Abashiri Bangaichi, pero a  lo largo de su vida recibió una veintena de premios en festivales internacionales y recientemente fue  reconocido con la Orden de la Cultura, a través del emperador Akihito, el galardón más destacado de este campo otorgado en el país asiático. Nuestro entorno, que tiende a occidentalizarlo todo le había acuñado el apodo del “Clint Eastwood japonés”. Hoy ha fallecido a sus 83 años, cuando estaba preparando su próximo proyecto.

                    

 

               

 

                    

Interstellar: Odiseas espaciales, familias y sacrificios.

Interstellar: Odiseas espaciales, familias y sacrificios.

Interstellar es un auténtico viaje emocional y fantástico hacia el espacio, su film más grandioso hasta la fecha –comentario que no es gratuito, conociéndose su filmografía- que ha dividido a la crítica y al público, entre admiradores y detractores, que pretende arrasar en las taquillas, dar un nuevo sentido cinematográfico a la ciencia-ficción y ser una de las películas del año.

                               

Dirección: Christopher Molan. Países: EE.UU. y Reino Unido. Año: 2014. Duración: 169 min. Género: Ciencia-ficción. Reparto: Matthew McConaughey (Cooper), Anne Hathaway (Amelia),Jessica Chastain (Murph), Michael Caine (profesor Brand), Bill Irwin (voz de TARS), Casey Affleck (Tom), Topher Grace (Getty), David Oyelowo (Principal), John Lithgow (Donald), Ellen Burstyn (Murph anciana). Guion: Christopher Nolan y Jonathan Nolan. Producción: Christopher Nolan, Lynda Obst y Emma Thomas. Música: Hans Zimmer. Fotografía: Hoyte Van Hoytema. Montaje: Lee Smith. Vestuario: Mary Zophres.

Los primeros compases de la película nos llevan a una granja del Oeste Americano, un contexto rural en plena aventura espacial con una referencia cinematográfica (Elegidos a la gloria, Phillip Kaufman) como también se trata de un medio en donde es difícil imaginarnos un final postapocalíptico que abriese nuevos horizontes para la humanidad en el exterior  “interestelar”. Algo ha pasado en la Tierra, que no llegamos a saber, pero por el cual comienza una carrera por producir alimentos, que se ha limitado al maíz y que ha provocado que la gran mayoría de la población del planeta se ocupase a su producción, con situaciones exageradas pero reales como la tormenta de arena y las plagas que fulminan la cosecha (como había sucedía en Estados Unidos durante la Gran Depresión). Todo esto hace que sea necesaria la búsqueda de un futuro en el exterior y es aquí donde cobra protagonismo el personaje de Matthew McConaughey (Cooper).

-Cooper, no puedo decirte más si no ocupas mi lugar en la nave, eres el mejor piloto.

-Yo apenas he salido de la estratosfera.

-En realidad, nadie ha salido del simulador. Te necesitamos, esta es la misión para la que te hemos preparado.

-Sin que yo lo supiera.

Interstellar (2014)       Interstellar (2014)

De lo que parece no haber duda es de la participación de Michael Caine.

Si existe una constante en su cine (desde su tiempo de El truco final) es la participación en breves pero interesantes apariciones de un actor sobresaliente que en su madurez ejerce de gurú en una infinidad de películas. Hablamos de Michael Caine, un secundario que Nolan convierte en el perfecto maestro de ceremonias.

 - Todo efecto mágico consta de un tercer acto, la parte más complicada. Este tercer acto es el prestigio, el truco final.

No pudo comenzar de mejor forma, definiendo en El truco final lo que sería el estilo cinematográfico del propio Nolan, para continuar película tras película, en la estela de cada uno de sus protagonistas.

-Usted es tan importante para mí como lo eran para su padre y su madre, les juré que te protegería y no lo he hecho.

En el rol del mayordomo, en Batman, el profesor amigo de Leonardo DiCaprio (Origen) o en Interestellar, junto a Matthew McConaughey, actor que se encuentra al frente del reparto, uno de los intérpretes del momento,  ganador del último Oscar por su inmensa transformación como el enfermo de Sida Ron Woodroof en Dallas Buyers Club,  junto con  Anne Hattaway (Amalia Brand) que repite con Nolan tras “El caballero oscuro”. Aquí interpreta a la hija del profesor Brand (Michael Caine), la bióloga de la misión, una especialista en nutrición en plena crisis alimentaria en la Tierra.

                               Interstellar (2014)

El reparto se completa con la  participación de Jessica Chastain, David Oyelowo, al quién vimos en ’El mayordomo’ (Lee Daniels), el televisivo John Lithgow (con un impresionante trabajo, junto Alfred Molina a en El extraño amor) y Wes Bentley –actor que se dio a conocer en American Beauty (Sam Mendes).

El otro gran nombre a destacar en el desarrollo de la película es Kip Thorne el astrofísico cuyos principios y teorías sustenta la base científica de la película. A parte de ser el consultor y asesor científico, es uno de los productores ejecutivos.

Ciencia-ficción de naturaleza humanista.

No es la primera vez que la ciencia-ficción especula en la posibilidad de ese futuro, más próximo de lo que parece (sobre todo por cómo van las cosas por nuestro hogar, la Tierra) de buscar un refugio en el espacio.

-Este planeta es un tesoro pero lleva años diciéndonos que tenemos que abandonarlo.

Pero las referencias parecen situarse más en la línea de la literatura de ciencia-ficción de corte humanista (Ray Bradbury, Arthur C. Clarke o Stanislaw Lem). No diré nada nuevo al destacar 2001, una odisea en el espacio (Stanley Kubrick), una cinta de culto de este género de aventuras espaciales, con mensajes metafóricos, pero también merecería la pena citar Contact (Robert Zemeckis) -donde Matthew McConaughey suscitaba el debate entre ciencia y religión- y la clásica Solaris (A. Tartovski).

                              

La ciencia-ficción es apabullante, nos asombra y nos encoje en la butaca (como pocas, en realidad) pero no deja de ser el envoltorio, grandioso, para contarnos una historia sobre las relaciones humanas, mejor que en ninguna de sus anteriores películas. Con una profundidad y  un desasosiego que realmente apabulla al espectador que busque en la película más allá de las teorías de Kaluza-Klein, de la relatividad de Einstein o de las leyes de Newton, hasta llegar al citado –que podría representar el legado de lo anterior-. Con un interesante análisis de los aspectos tecnológicos y científico de la película lo encontramos en la webb xataka, no dejéis de visitarla.      

Todo eso sin olvidarnos de los contados detalles poéticos, para dar aliento humano a ese viaje al espacio. Se cita a El corazón de las tinieblas de Joseph Conrad, pero sobre todo al poerta inglés Dylan Thomas: “No entres dócilmente en esa noche tranquila”, a la que recurre en varias ocasiones el personaje de Michael Caine.

Christopher Nolan ya demostró que dominaba la técnica, lo hizo con creces en ese otro viaje extraordinario en Origen (en esa ocasión a los diferentes niveles del sueño, de uno de los personajes de la película). Pero era en el “calor humano” donde quedaba incompleta esa historia; precisamente el plato fuerte de Interestellar.

En torno a la familia y el sacrificio

Pero la novedad de Christopher Nolan es introducir una trama familiar a la consabida aventura espacial, con esa relación entre el padre (Cooper) y su hija (Murphy).

-Es duro dejarlo todo, mis hijos, tu padre.

“Cuando leí el guión, explica McConaughey, enseguida entendí que es una película sobre la familia”. Esta es una de las grandes temáticas que Nolan desarrolla en sus películas, como parte del calado humano e íntimo dentro de las grandiosas historias épicas que suele presentar. E igualmente, sus personajes plantean un debate interno en donde el sacrificio está muy presente.

Interstellar

Nolan se pasa de ambicioso en su última película con un metraje excesivo (como sucedía con Origen, por ejemplo), hasta complicarlo todo más de la cuenta.  Pienso que incluso algunas líneas argumentales  se podrían haber eliminado, por ejemplo en la aparición de Matt Damon o en la escasa participación de Casey Affleck.

Es verdad que muchos espectadores se perderán en teorías de la física, en conceptos como “quinta dimensión” o agujeros de gusano y tendrán que asumir muchas convenciones genéricas de la ciencia-ficción, pero se trata de un film que aporta novedades interesantes y con un sentido familiar de sus personajes pocas veces vista en este tipo de películas. A fin y al cabo, un gran espectáculo visual, como Nolan nos tiene acostumbrado. 

Christopher Nolan: un prestidigitador en el cine.

Christopher Nolan: un prestidigitador en el cine.

Christopher Nolan es uno de los realizadores más personales y en forma de los que andan a sus anchas en el séptimo arte. Lleva más veinte años en la profesión, con nueve títulos a sus espaldas; películas tan interesantes como Origen, Memento o la nueva versión de Batman. Todas ellas con algunos puntos en común que forman parte de uno de los estilo más coherentes, e igualmente heterogéneo, del cine de la última hornada. Pero es un director con un apego sin medias tintas, o le odias o le adoras. ¿Estamos ante un nuevo Kubrick o incluso un  Orson Welles?

Si el cine es puro espectáculo de ilusionismo (al nacer de la ilusión óptica de creer que las imágenes realmente se mueven), Christopher Nolan sería uno de los mayores prestidigitadores. Su cine estaría definido según las palabras del personaje de Cutter (Michael Caine) al comienzo de El truco final (El prestigio), explicando los tres pasos que debía seguir todo ilusionista ante un truco: mostrar al público un objeto convencional, hacerle partícipe de algo extraordinario y encontrar a un espectador que se dejara engañar con eso ese hecho increíble. Sus películas suelen ser tan grandiosas que sus últimos trabajos son un espectáculo visual de principio a fin, acompañado de música y ruido que alcanzan las tres horas de duración. 

                          

“La identidad fracturada”.

De hecho, en su cine nada es lo que parece; lo vemos en su forma “fracturada” de presentar a sus personajes. En películas como Following, Memento, El caballero oscuro u Origen, se cuenta la vida fragmentada de sus personajes a través de la búsqueda de la identidad y de su responsabilidad vital. En su ópera primera, un escritor llamado Bill (Jeremy Theobald) confesaba: “Lo siguiente que voy a contar es mi historia”, intentando construir su identidad,  confundido acerca de quién es y que es.

Pero mucho más interesante resulta su siguiente película, Memento, una representación fílmica de la identidad fracturada en un sentido narrativo.

-No puedo generar recuerdos nuevos, es como si acabaras de despertarte.

La particularidad del personaje de Guy Pearce (Leonard) es que no puede recordar el pasado inmediato y vive constantemente en el presente, por un motivo fisiológico. A causa de una lesión cerebral sufre un tipo de amnesia, conocida como “anterógrada” por la cual no recuerda acontecimientos nuevos dentro de la memoria a largo plazo. La solución serían las polaroids, las múltiples notas y sus tatuajes.

                             

                   

Este compromiso constante de Nolan por la identidad fracturada ofrece un rasgo distintivo de la personalidad de sus personajes pero también de su fragilidad, las costuras, siempre trágicas o fatalistas: En Following, Bill repite el relato de su identidad de mil formas distintas y a personas tan diferentes que ya no tiene una identidad estable en la que confiar, sobre todo cuando su “alter ego” (Cobb) usurpa la de Bill. He aquí donde encontramos otra característica propia de su cine, el choque entre una pareja antagónica, la imagen del Yo convertida en el Otro, incluso entendida como la cara y la careta.

En Insomnio, Will Domer (Al Pacino) es un policía recién llegado a Alaska para resolver un crimen enfrentado al escritor Walter Finch (Robin William), su alter ego con quien comparte un secreto inconfesable: ambos son culpables de asesinato. Sin embargo, su mayor plasmación de la figura del doble, del Doppleganger se desarrollará en El truco final, tanto en los dos hermanos gemelos como en el truco del “Hombre Transportado”, a través de la máquina de Tesla, que le surtirá de una colección de Dopplegangers.

Esa identidad fracturada se repetirá en su película Origen e incluso en la versión de Batman, al confundirse la persona (Bruce Weinn) y el personaje (el justiciero Batman).

-¿Qué me ofrece?

-El camino del que odia al mal y desea servir a la auténtica justicia.

                   


Batman representa la esencia de los personajes de Nolan.  En realidad, en su origen representa un superhéroe anómalo, no es alguien que adquiere superpoderes (Superman, por ejemplo) todas sus habilidades han sido adquiridas tras mucho esfuerzo y un duro entrenamiento, motivado por la sed de vengada. Y la fortuna de Bruce Weinn nace de su brillantez en el mundo empresarial. Es en definitiva, la quintaesencia del superhéroe, el superhombre de Nietzche, enfundado en látex negro, pero lleno de tragedias emocionales (rasgo propio en los personajes de Nolan, para dar empatía con el espectador).

-Qué importa cómo me llame, se nos conoce por nuestros actos.

En esa ruptura de la identidad que acomete Nolan en sus películas, destaca cómo rompe los pilares sólidos que convencionalmente forjan nuestra identidad. Nos referimos a la familia, el trabajo, la ciencia, etc. Estos aspectos suelen aparecer en sus filmes para imprimir un aire de tragedia a las historias extraordinarias que viven los personajes. De ahí que ellos estén alejados del mundo expulsados (o autoexpulsados) de él. En Insomnio, el escenario es Nightmute, una pequeña ciudad de Alaska, habitada por “aquellos que llegan huyendo de algo”, en el Truco Final es significativa la presencia de Nikola Tesla que viven fuera de los márgenes de la sociedad, donde desarrolla sus avances tecnológicos, en Origen, el personaje de Leonardo DiCaprio busca en los sueños una realidad casi más real que su propia vida, sobre todo cuando debe hacer frente a los fantasmagóricos recuerdos fragmentados de su mujer. Y todos conocemos la historia de Batman, ese joven que decide crear un imperio a su alrededor y un personaje justiciero –al margen del mundo- con el fin de llevar a cabo su venganza.

REC 4. Apocalipsis. El final de la saga.

REC 4. Apocalipsis. El final de la saga.

Todo lo que empieza tiene un final y el de esta saga, que nos ha acompañado en los últimos años, es REC 4 su última parada. A muchos, seguramente haya decepcionado una historia hilada a base de flashbacks y con un final, tan abierto como cutre. Pero la verdad es que la película es REC por los cuatro costados, para bien o para mal.

Manuela Velasco (Ángela Vidal), heroína de nuestra saga de terror más taquillera de todos los tiempos, regresa a la historia como Alice o Ripley, despertando en lo que parece ser un hospital. El Example de Barcelona, no es, desde luego.

-¿Qué pasa? ¿Dónde estamos?

La primera secuencia nos devuelve a los escenarios originales de la historia para relacionar esta cuarta entrega con el final de Rec 2. Pero pronto el espectador siente la misma expectación que el personaje de Paco Manzanedo, un militar, quién busca respuestas en el médico, Héctor Colomé, mientras protege a Manuela Velasco del equipo de seguridad del barco. La verdad es que nos encontramos en un set en el puerto de Palma de Mallorca, pero que gracias a los efectos especiales y al croma, parece situarnos en alta mar. Un viejo pesquero ruso varado da vida a ese espacio claustrofóbico que demanda la saga [REC], con sus cabinas, pasillos, escaleras e incluso sus botes.

Lo mejor de la película es su carácter claustrofóbico, como también la actriz protagonista y sus principales responsables. Manuela Velasco fue toda una revelación, galardonada con el Goya por su participación en Rec, de la que perdimos su pista en la tercera entrega a favor de Leticia Dolera, una novia de armas tomar.


Los puntos flacos de la película, como en las anteriores, siguen siendo el guion y la “tropa” de personajes –todos ellos arquetípicos y mal definidos- desde el capitán (en su última travesía) al técnico friki, los maromos cachas de la seguridad privada, el médico inquietante o la anciana rarita (papel que me recuerda a esa otra ancianita adorable, pero senil de la secuela de Cube). Es decir, el argumento se diluye en una multitud de secundarios que no aportan nada a la historia. En la primera entrega, al menos, existía una frescura (también en los acentos) por esos personajes muy reconocibles entre nuestros propios vecinos.

Julio Fernández, Filmax.

Detrás de todas estás películas y de lo mejorcito del cine de terror español, se encuentra el gran mecenas Julio Fernández, a través de la productora Filmax. Quién ha sido el responsable de muchos largometrajes de género, de nuestro país, como colaborador de Paco Plaza (El segundo nombre) o Jaume Balagueró (Darkness) pero también de puntuales films muy destacados (Los abandonados, Nacho Cerdá). En este pequeño reportaje, repasamos algunos de los títulos tras el sello de Filmax.

                             

¿Apocalipsis por el final de la saga?

Este quién escribe no encuentra sentido el subtítulo de Apocalipsis que acompaña a la película, nombre claramente comercial. La acción tarda en arrancar y cuando lo hace, se trata de un caos descontrolado, como en las anteriores, pero que no adquiere un todo global que pueda inducir el título de la entrega.

-¡El huésped no está!

-¡Dé la alarma!

-¡No, tenemos que mantener el control!

 La primera película proponía una postura original que rompía con las estructuras clásicas del cine de terror, y daba frescura a un subgénero tan manido como el de los zombies. Se onseguía con esa cámara al hombro, siempre presente, que aludía a la obsesión por mirar, las críticas a una cierta televisión, el formato de falso documental que desembocab en una odisea de terror y sangre, con el punto de vista del espectador centrado en esa cámara que todo lo que ve. Estos filmes, también otorgaban una atmósfera de terror a sus historias y exprimían su condición de residencia laberíntica. Mucho ha cambiado en la saga, a pesar de mantenerse algunas de sus señas de identidad (de una forma, u otra, las cámaras seguían presente) pero el carácter subjetivo de la cámara al hombro había desaparecido por el formato narrativo convencional. 

La verdad es que no que se puede aportar mucho más sin revelar ningún detalle, porque la película es puro REC, más pan y circo para los amantes de la saga.

 

Resident Evil. Alicia en el país de las zombies-pesadillas.

Resident Evil. Alicia en el país de las zombies-pesadillas.

En los años noventa, un grupo de realizadores ingleses –en  los que situamos a Guy Ritchie o Paul W. S. Anderson- rechazaron el modelo de cine formado por Ivory &Merchant. En cambio, apostaron por una filmografía basada en las adaptaciones de videojuegos y música tecno, por lo que no serían los realizadores más valorados por la crítica, pero sí muy populistas y comerciales. En el caso que nos sitúa, Anderson introdujo importantes novedades a un subgénero muy en boga, hoy en día, a través de la estética steampunk y de la aceleración visual y narrativa, convirtiendo cada set piece en un caos controlado.

Terror, ciencia-ficción, cine de acción, western, artes marciales, ciudades futuristas, paisajes post-apocalípticos y zombies aparecen en una saga filmada con un claro estilo vanguardista en donde fluyen cine, videojuegos y cómics. Es, ante todo, un producto  multireferencial que nace de la adaptación de un videojuego –creado por Campcom- en donde la humanidad se enfrenta a legiones de engendres de no-muertos, todo tipo de mutantes y a una serie de corporaciones que pretenden controlar, en su beneficio, ese apocalipsis zombie.

En cuanto a P. W. S. Anderson, nos encontramos ante un realizador que no hace más que repetir una y otra vez los mismos esquemas, por lo que logra tanto éxito: una narración manoseada dramáticamente y una reinterpretación acelerada de los géneros. Lo que sumando al casting de actores que suele hacer en sus películas y a su personal estilo audiovisual, convierte cada uno de sus trabajos en un patio de recreo donde desarrollar su libertad creativa y su "ética" adaptada de los tiempos que vivimos. Una construcción cinematográfica que aparece tanto en la saga de Resident Evil como en Pompeii, por ejemplo: la descripción de un mundo sin salvación, sometido por un incontrolable y omnisciente poder, que regirá la vida de sus personajes.

                              

A esto habría que sumar su musa, Milla Jovovich.

-Me llamo Alice.

Resident Evil nos suele presentar a este personaje clave de la saga con un primer plano de los ojos para luego mostrarnos el cuerpo escultural de la actriz, convertida ya en icono de una cinematografía vanguardista de acción. Milla Jovovich aparecía  en la película Hotel de un millón de dólares (Win Wenders), pero sobre todo la podemos encontrar como heroína brutal futurista, en la línea que sigue esta saga creada por W. S. Anderson, a fin y al cabo su marido. Alice forma parte de esos personajes femeninos que van repartiendo leña a tutiplén para poder sobrevivir en un mundo futurista, en este, en concreto, dominado por zombies, virus y poderosas multinacionales. De esta manera, Milla Jovovich lucirá, por sexta vez, su impresionante físico, su chispa interpretativa y  todo tipo de habilidades como muy moderna de sí misma, pasada de revoluciones y de adrenalina. O al menos, así se ve ella. “Creo que mi personaje siente una gran evolución a lo largo de la saga, desde la primera entrega en la que  se siente tan desorientada como el espectador hasta que fue capturada por una corporación y la convirtieron en cobaya de laboratorio. Más tarde resulta que hay clones de sí misma por el mundo, destrozado y lleno de zombies. Es entonces cuando se parece mucho a mí, que se toma a broma todo lo malo que le rodea”.

En realidad, Resident Evil abraza la mayor de las vanguardias para desarrollar una historial mil veces vista: la lucha entre el Bien y el Mal, representada por la heroína, -Alice- una especie de Mad Max en su cruzada contra los zombies y la corporación Umbrella. Una construcción clásica narrativa: el viaje del héroe hacia la aventura, a través de una trama que apenas avanza y cuyo mundo no evoluciona (sus personajes son de una pieza, de principio a fin) porque lo importante son los peligros a los que se enfrentan y que parecen no terminar nunca. Una historia que afecta tanto al personaje principal como a sus compañeros de viajes, que se quedan por el camino o que, misteriosamente, reaparecen para luego desaparecer.

Siempre nos quedará Alaska.

Es uno de los detalles de la saga, Alaska, convertido en un McGuffin de tomo y lomo, como parte de la búsqueda –mil veces vista-  de una tierra idílica y virgen que les aleje de la realidad que les abruma o de los mil infectos peligros con los que conviven. Esa Alaska soñada era parte de una tradición clásica del cine de aventuras, repetida hasta la saciedad en las películas de temática postapocalíptica (Mad Max y derivados)  pero también en esas historias de huidas a ninguna parte como Un mundo perfecto (Clint Eastwood). Una tierra habitada por “aquellos que huyen de algo”, se decía en Insomnio (Christopher Nolan).

-Alaska, Phillipe, una tierra firme. El hombre y la naturaleza.

Resident Evil quedará, al final, como una saga pensada para el consumo juvenil que sin avanzar apenas en su argumento, nos va mostrando la supervivencia de unos pocos en un mundo dominado por el caos.