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Travelling. Blog de cine.

Battle Royale: Distopía y juventud, el fin de la inocencia.

Battle Royale: Distopía y juventud, el fin de la inocencia.

Una nación en ruinas. Adultos inflexibles hacia los jóvenes y adolescentes que se ven obligados a luchar hasta la muerte. Podríamos estar hablando de "Los Juegos del Hambre", pero lo cierto es que nos referimos a su más importante inspiración, el clásico japonés de culto, "Battle Royale", dirigida por Kinji Fukasaku y basada en la novela de Koushun Takami.

Se trata de una película, no apta para todos los estómagos, que hará las delicias entre cinéfilos curtidos en sangre y vísceras; espectadores de Disney, por favor, abstenerse. Una historia que lleva consigo un radical método educativo, olvídense de los conservadores planes de estudio del elitista Welton (El club de los poetas muertos), de los conflictivos institutos del Bronx o de las collejas que  se daban en los colegios de curas. La auténtica máxima de “la letra con sangre entra”, la encontramos aquí.

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 Aclamada en el festival de Sitges –como no puede ser de otra forma con el cine de culto- con todo un despliegue de violencia y polémica, sigue al pie de la letra el manual de buenos usos y costumbres. Pero lo cierto es que una maravilla, una estética del exceso que no escatima encadenando emociones a través de una pura distopía con un grupo de jóvenes como protagonistas. Lo que si es cierto es que no podemos tomárnoslo demasiado en serio porque la película roza en algunas ocasiones el absurdo mientras que en otros momentos, nos pone en un vilo por su terrible planteamiento: En un Japón futuro, en donde los adultos han perdido el control de la juventud, el Gobierno plantea una medida extrema: La B. R. El plan es abandonar a un grupo escolar en una isla para que, literalmente, se aniquilen entre ellos con el fin de que solo permanezca uno con vida. La historia no es nueva, retoma la estructura de films como Rollerball, The running man e incluso encontramos ideas que aparecían en el clásico de la literatura: El señor de las moscas.

Pero son los estudiantes, y dos en especial, -Shuya Nanahara y Noriko Nakagawa (interpretados por Tatsuya Fujiwara y Aki Maeda) – el centro de la historia. Se presentan como una pareja romántica, pero la película no explota el romance. Junto a ellos surgen todo un mundillo de lealtades y traiciones a través de un conjunto de personajes arquetípicos. La guapa,  el paria, la chica dulce, la niña mala, el friki de la informática, el solitario, y el héroe, pero estas etiquetas no será lo único que los defina. La película es capaz de dar forma a los individuos como genuinos a través de sus preocupaciones y relaciones, a pesar de la brevedad en que muchos de ellos aparecen en pantalla.

                            

Vemos la paranoia, la venganza, la compasión y el anhelo por una aceptación. En el rostro de la muerte, la historia se convierte en un reflejo magnificado de la adolescencia y la humanidad. A un nivel más profundo, se nutre del conflicto generacional japonés mejor que cualquier otra película reciente. En una sociedad donde la tradición y el pasado se mantienen como un valor creciente, se utiliza una imagen sombría contra esta responsabilidad cultural, a cargo de un director septuagenario como Kinji Fukasaku, conocido por películas contra la hipocresía japonesa de la posguerra (como Batallas sin honor ni humanidad, dentro del popular cine de yakuza, o la parte japonesa de la conocida Tora, tora, tora).

Eso sí, el film no se limita a retratar a los adultos como villanos. También se presentan como influencias e inspiraciones, donde cobra importancia el personaje interpretado por toda una estrella, el actor y director, pero también showman, músico y presentador de uno de los programas televisivos más exitosos de todos los tiempos (“Humor amarillo”) Takeshi Kitano.

Mucho más que cine: La música de Ennio Morricone.

Mucho más que cine: La música de Ennio Morricone.

Existe una grata sensación cada vez que nos acercamos a la música de un gran compositor, ya sea la obra de Nino Rota, nuestro internacional Roque Baños o Ennio Morricone, en un día tan especial, en el que se celebra su 87 cumpleaños. Y lo hace no como alguien retirado de su profesión, sino  en plena forma como confirman sus siguientes proyectos con Quentin Tarantino o Terence Malick.

La música de cine está abierta, a menudo, a la acusación de que se consigue más potencia en cuanto se le asocian las imágenes por las que ha sido compuesta, pero en el caso de Morricone nos encontramos ante uno de los pocos compositores cuya música puede disfrutarse de forma independiente. Es más, puede permitirse el lujo de reconocer que gracias a su partitura se logra enfocar la película a un éxtasis completamente poderoso: Las melodías de Morricone tienen una forma muy particular de canalizar las emociones.

En su carrera, encontramos los grandes éxitos: los spaghetti westerns, La Misión, Cinema Paradiso o los violines de Chi Mai.  Sorprende la cantidad de trabajos destacados de Morricone,  aunando sensibilidades musicales de Europa y América, como la clásica, el folk, la música religiosa, el jazz y la vanguardista; como es único creando "ruido" en sus bandas sonoras. No es de extrañar que encaje perfectamente con la épica de los inmigrantes de Sergio Leone (Érase una vez en América) o los de Bernardo Bertolucci (1900),  e incluso con La Misión (Roland Joffé). Por no hablar de los spaghetti westerns, donde decenas de grandes obras de Morricone  desplegaron  sus vanguardistas voces europeas en un paisaje sonoro propio del Salvaje Oeste. Uno de sus cimas indiscutibles es el clíma de El bueno, el feo y el malo, que se acerca como una estampida distante de ritmos.

A pesar de ello, jamás ha ganado un Oscar (salvo el honorífico) aunque ha arrasado en los festivales europeos, adornando sus estanterías los Baftas, los David de Donatello e incluso Grammys.  Pero también hay una multitud de trabajos poco conocidos que merecen destacarse, e incluso aquellas partituras que preparó para películas españolas.

Queimada de Gillo Pontecorvo.

                         

 

La música de la película Orca.

                           

El tema principal de El secreto del Sáhara (Miniserie de coproducción europea).

                         

La luz prodigiosa, de Miguel Hermoso. 

                         

En memoria: Christopher Lee, el actor que ennobleció el cine de terror.

En memoria: Christopher Lee, el actor que ennobleció el cine de terror.

Christopher Lee, cuya imagen estará asociada – para siempre- al conde Drácula, fue mucho más que uno de los más grandes intérpretes del cine de género.  Vocalista en un grupo de música heavy, cantante de ópera, espía durante la Segunda Guerra Mundial y un amante del deporte, el cricket y los puros Montecristo. De origen aristocrático, dicen que su familia Carandini ha estado relacionada con el mismísimo Carlomagno y estuvo a punto de ser becado por el prestigioso colegio Eton, aunque no llegó a superar un examen en cuyo jurado estaba –nada menos- que el célebre escritor de relatos de fantasmas M. R. James.   

Su carrera comenzó en los años cuarenta, aunque habría que esperar a los cincuenta para materializar su popularidad de manos de la Hammer, productora inglesa que revitalizaría los grandes clásicos del género de terror que la Universal había inaugurado una década antes. Existe una curiosidad, se presentó a un casting para interpretar a un coronel en una cinta bélica, pero fue rechazado por no dar la talla como militar. Lo llamativo es que Christopher Lee se enroló como aviador en la Royal Air Force, aunque acabó sirviendo, de forma muy activa en Inteligencia.  En la Hammer no sólo formó pareja artística con su colega y amigo Peter Cushing, sino que reinterpretó uno de los personajes claves del cine de género: el vampiro de Transilvania, Drácula.

-¡Soy Drácula!

Su físico característico, alto y delgado, junto con su porte aristocrático, sirvió para dar vida al sanguinario conde que una vez ideó Bram Stoker. Aportando algo menos de diálogo que supo sustituir por sus gruñidos, revitalizó el personaje de tal forma que lo convirtió en un icono del siglo XX, aunque Christopher Lee llegaría a la extenuación y a renegar del conde Drácula. De hecho su legado al cine fantástico y sobrenatural, en general, y a la Hammer, en particular, fue mucho más amplio, descubriéndose su rastro tanto en Frankenstein como en Sherlock Holmes, con la curiosidad de ser el único actor que ha encarnado tanto al famoso detective creado por Conan Doyle como a su hermano en la ficción, Mycroft Holmes, nada menos que a las órdenes de Billy Wilder, en La vida privada de Sherlock Holmes.

Ya sea como protagónico o secundario, asumió en muchas ocasiones el rol de villano en variaciones de las más inquietantes historias (desde Fumanchú a la momia o Rasputín), hasta convertirse en una presencia icónica imprescindible más allá de lo que el terror le podría ofrecer. Así aparecía en la trilogía de El señor de los anillos, como el mago Saruman, o en la saga de Star Wars, el conde Duku, un personaje menor pero clave para la historia, al ser quién idease la célebre “Estrella de la Muerte”.

Igualmente fue la imagen de 007 que tuvo en mente Ian Flemming, primo del actor, materializándose en uno de los villanos Bond más recordado, Scaramanga, El hombre de la pistola de oro. Y un intérprete habitual en las películas de Tim Burton, con pequeños papeles entre sus fantasías tenebrosas.

Christopher Lee fue mucho más. Apareció en algunos títulos emblemáticos de otra productora británica emblemática del cine de terror, la Amicus Films, y en películas como la inquietante The wicker man (El hombre de mimbre), considerada por el actor como una de sus más apreciadas apariciones. A parte mantuvo también una estrecha amistad con uno de nuestros intérpretes más carismáticos del fantaterror español, Paul Nashy.

Os dejamos un pequeño reportaje en donde presentamos imágenes de sus personajes. 

                             

               

                     

Paul Haggis: Crónica de un guionista y director de Hollywood.

Paul Haggis: Crónica de un guionista y director de Hollywood.

-Es la sensación  de contacto.

Paul Haggis es un buen artesano, un alumno aventajado de Eastwood que plano a plano se pregunta cómo lo haría su maestro. Haggis, es junto a Tom Cruise y su esposa Katie Holmes, el miembro de Hollywood más conocido de la llamada Iglesia de la Cienciología, una elitista religión que tiene el éxito entre sus principales pilares. De hecho, sus tres Oscars que ganó por su película Crash, le debieron saber a gloria; aunque es verdad que en 2009 lo abandonó por discrepancias de ideas. A muchos nos resultó que el filme era una mala copia de Magnolia o Shortcubs, además de la apropiación de un título ya existente, la película de David Cronemberg.

- Ahora es cuando me empiezo a cabrear, es increíble. Desde cuando un hombre habla así a su madre.

- ¡Ah! es por mi madre, ¿y qué sabes tú de mi madre?

- Sé que si fuera tu madre, te daría una patada en todo tu culo.


Ese drama coral con el tema del racismo de fondo fue la película que le aupó al estrellato, aunque en  Crash predominan los maniqueísmos, las casualidades y las reflexiones de patio de colegio, propias de la Cienciología. Eso sí, contaba además con un reparto muy conocido con el que Haggis se aseguraba que los académicos votasen a su favor.

Paul Haggis es un buen guionista, un alumno aventajado de Robert McKee, curtido en series televisivas que van desde Treintaytantos a Walker, Texas Ranger o La ley de Los Ángeles. También resultó muy fructífera su colaboración con Clint Eastwood, de la que surgieron obras como Banderas de nuestros padres, Cartas desde Iwo-Jima o Millior Dollar Baby, por cuyo texto fue nominado a los Oscars. La última película citada no es sólo un film de boxeo que cuenta con este deporte para enmarcar, en el cuadrilátero, la vida de unos seres que dirimen en él sus grandezas y miserias.

- ¿Qué es lo que hago ahora?

- ¿Sabes eso del paso lateral y gancho al hígado?

- Pero si lo hago así, me descalificarán.

- Lo sé. Por eso no quiero que le des en el hígado, quiero que le des por debajo de su raquítico culo, ¿de acuerdo?

                                      

Millior Dollar Baby es una excepcional reflexión sobre el compromiso, en donde los chascarrillos anticlericales y la obsesión por el triunfo podrían ser interpretados desde una óptica cercana a la Cienciología.

- ¿Qué es el Espíritu Santo?

- Una expresión de amor de Dios.

- ¿Y Jesús?

- El Hijo de Dios, ¿no te hagas el estúpido?

- Entonces, eso le convierte a Jesús en un semidiós, ¿no?

- Esos no existen, gilipollas pagano.

Tras su paso bajo la sombra de Clint Eastwood, Haggis formó parte del equipo de guionistas de otros filmes no menos conocidos como Casino Royale, el James Bond de Daniel Craig, e incluso participó en El último beso, comedia sobre el miedo al compromiso y la debilidad del romanticismo, que escondía escenas que estilaban entre la estupidez inaceptable y la genialidad casual.

                 

La fórmula de Crash la repite –aunque sin el éxito de aquella- en su película En tercera persona, que nos arrastra (y esa es la palabra más exacta) por tres historias de amor, aparentemente no conectadas, entre París, Roma y Nueva York, tres metrópolis que el cine ha identificado con el romanticismo, en una multitud de ocasiones.

-Trata sobre un hombre que solo siente a través de los personajes que crea, pero que se empeña en ser otra cosa.

Un escritor ganador de Pulitzer, Michael, (un Liam Neeson alejado de sus papeles en películas de acción) se encierra en una habitación, en París, para acabar su última novela, en compañía de su amante, una aspirante a escritora. En Roma, Sean (Adrian Brody) ayudará a recuperar la hija de una joven albana kosovar, en manos de unos mafiosos; mientras que en Nueva York, Rick (James Franco) es un pintor que  no entiende la irresponsabilidad de Julia, su ex mujer,  acusada de maltratar a su hijo. Personajes imperfectos marcados por la culpa, ansiosos por asumir su pasado y enfrentarse al futuro.


Aunque lo mejor es el reparto, el guión resulta insostenible. Debido a la forma de narrar las diferentes historias, es normal que muchos la consideren un puzzle exasperante. Estrenada con dos años de retraso, le sucedió lo mismo que en su trabajo anterior: Los próximos tres días, thriller protagonizado por Russel Crowe, remake de “Pour elle” (Fred Cavayé), película francesa que tuvo el título español de Cruzando el límite.  

A punto de cumplir sesenta años, el guionista y director canadiense parece atreverse con todo. Dejamos para el final la que considero como su mejor película, una auténtica obra maestra, En el valle de Elah. Con el film, recibió el aplauso de la crítica y el público con este relato sobre un soldado que aparece muerto, poco después de regresar de Irak.  

 

Mi gran noche: Un divertido caos.

Mi gran noche: Un divertido caos.

Alex de la Iglesia es un cineasta que se complace en poner el caos en  pantalla, ya sean con unos payasos en plena Guerra Civil o a través de unas estatuas vivientes, que asaltan una tienda de empeños, de la calle Sol.  También vuelve a aparecer la televisión como eje de muchas de sus películas: Muertos de risa, El día de la bestia o Acción mutante.

El cineasta logra su primera gran comedia coral, con una multitud de mini-tramas alrededor de un gran acontecimiento: la gala de Año Nuevo.  Los personajes resultan tan falsos como la  comida o la bebida, que son de plástico, o las sonrisas y los aplausos de un programa sobre la Navidad, aunque grabado en octubre. Pero así es el mundo de la televisión, en donde el espectáculo debe continuar. De por medio, está el enfrentamiento de los presentadores (Hugo Silva y Carolina Bang); el chantaje a una estrella del pop latino, el  “malote” Adanne (Mario Casas), cuyo éxito se debe a una canción al estilo del tema “Torero” de Chayanne. Mientras tanto, se produce en la calle una protesta laboral, después de que la cadena despidiera a una parte de la plantilla, amenazando con estallar en una batalla campal. 

El otro aspecto que no podríamos dejar sin comentar es la presencia icónica de Raphael, cuyo papel merece su candidatura al Goya al mejor actor de reparto. Su personaje, Alphonse, es una vieja estrella  musical que se mueve, vanidoso, entre bastidores, como si se tratase de un reflejo  grotesco entre el mismo y Tom Jones. Icono de los especiales de Nochevieja cuando se emitía en blanco y negro, junto al NO-DO, Raphael aparecía como cameo espiritual en el clímax de Balada triste de trompeta (película que llevaba un título prestado de una canción de Raphael, igual que ésta que comentamos).

Mi Gran Noche Cartel 1

A todo esto sumamos, un supuesto hijo adoptivo, un Carlos Areces vestido de forma hortera con un peinado  y bigote, rubios, y un asesino, con tatuajes al estilo de Max Cady, obsesionado con su ídolo musical Alphonse/Raphael.

Haciendo uso de su capacidad para dirigir a un grupo de actores que le resultan muy familiares, aparte del icono musical –Raphael-, establece varias historias que se superponen de forma vibrante durante todo el metraje.  De la Iglesia lanza las bolas al aire y hace malabares con sus personajes, a un ritmo impetuoso.  ¿Recordáis la secuencia de apertura en el Club Obi Wan, de Indiana Jones y el templo maldito (Steven Spielberg)? El director parece dispuesto a replantearla como una sátira de la televisión, en general, y más específicamente de la telebasura (referencias a Telecinco, incluidas). Una imagen que tenemos de España que arrastramos de forma histórica: cuando se empieza mal, se terminan mal, generándose algo tan nuestro como el humor negro.

-Y ¿qué tengo qué hacer?

-Nada, estar sentado y sonreír.

- Y ¿a qué hora se acaba esto?, es que tengo a mi madre sola en casa.

-¿A qué hora se acaba esto?, dice. 

De hecho, la película comienza con el accidente de una grúa, aplastando a un figurante, y la llegada al plató de José (Pepón Nieto) que por suerte –o por desgracia- logra el esperado trabajo de una ETT. Se ve obligado a llevar a su senil madre (Terele Pávez), con la cruz de su esposo difunto a cuesta, e incluso se liga a una chica muy atractiva (Blanca Suárez) que para colmo es una auténtica gafe.

-Al final tu y yo nos enrollamos... ¡Te imaginas!

Una divertida farsa, de caos hábilmente sostenido en un espacio único que a pesar de dejar  algo tocada a la prensa internacional –en su paso por el festival de San Sebastián-  toca todas las convenciones de su cine. Una comedia total, pensada como un frenético entretenimiento que pone en el punto de mira, de su ácida crítica, a una parte de nuestra cultura más acérrima. Como también logra mostrarnos su inmensa capacidad para crear un universo tan demencial como propio, película tras película. 

Mi Gran Noche Imagen 4

La calle sin alegría, la película expresionista de George W. Pabst.

La calle sin alegría, la película expresionista de George W. Pabst.

El nombre de Georg Wilhelm Pabst seguramente no suene a casi nadie y de hacerlo sería por “Sucedió un 20 de julio” o acaso por “La caja de Pandora (Lulú)”. Fue un director que se atrevió a dirigir una versión musical de nuestro clásico “El quijote” y de los pocos grandes cineastas que prefirieron permanecer en Alemania, después de la guerra.

“Bajo la máscara del placer” o “La calle sin alegría” (Die freudlose Gasse, 1925) es un estudio descarnado de la posguerra vienesa de la Primera Guerra Mundial. Asfixiada por la inflación, la metrópoli austriaca se convierte en el dominio de todo tipo de especulación, en donde un avaricioso carnicero  aparece como el personaje central, cuya influencia negativa dominaba la vida en la calle vienesa donde se desarrolla. Entre los personajes secundarios encontramos a un profesor pobre, su  atribulada hija, un idealista voluntario de la Cruz Roja americano y una prostituta furtiva. Cada personaje es fotografiado de una manera simbólica subrayando su principal personalidad: el carnicero es fotografiado desde un ángulo bajo, haciendo hincapié  su poder corrupto, mientras que el profesor es fotografió con un plano largo, destacando la desnudez de su apartamento, y por extensión, de su vida.


Entre las estrellas del “La calle sin alegría” encontramos a Asta Nielsen y Werner Krauss, pero el lector mostrará más interés  por el personaje interpretado por una joven Greta Garbo. Por cierto, a pesar de las afirmaciones de algunos historiadores del cine, y de aparecer en muchísimas webs, Marlene Dietrich no aparecía como extra en la película.

El film de George W. Pabst es uno de los pocos ejemplos de cine expresionista alejado del terror (Nosferatu, El gabinete del doctor Caligari) o de la ciencia-ficción (Metrópolis) para encuadrarse en un estilo realista de denuncia social. De hecho, sería un reflejo perfecto de lo que sería cualquier ciudad alemana o austriaca, al finalizar la guerra, en donde se apiñaban los más pobres en largar colas en busca de una comida que a veces no llegaba, mientras que los ricos derrochaban el dinero a mansalva. Pero nadie representaba la villanía, en la película, como aquel carnicero que explotaba a sus clientas, forzando a las mujeres más atractivas a pagar su mercancía a cambio de relaciones sexuales.

Continuamos con un reportaje, en dos partes, sobre el legado del expresionismo alemán, en Hollywood. 

                                  

                        

The red drum getaway, el arte de los mash-up.

The red drum getaway, el arte de los mash-up.

"Jimmy empezaba un hermoso día hasta que se encontró con Jack y las cosas se pusieron raras." En The red drum getaway, el parisino Gump Studio ha insertado perfectamente a personajes de Kubrick en películas de Alfred Hitchcock como a James Steward en las de Kubrick encabezando esta breve historia,  el propio Stewart y Jack Torrance (Jack Nicholson). El resultado es un sugerente corto de terror surrealista.

Todo amante del cine adora este tipo de juegos cinematográficos (los mash-up) en donde la creatividad permite unir varios mundos cinéfilos en uno solo, con el fin de reconocer las múltiples referencias que allí encontramos. La verdad es que el uso de programas como el Photoshop y la facilidad de acceso en plataformas como Vimeo o Youtube, han permitido que todos estos videomontajes desarrollasen la imaginación de cinéfilos muy creativos. Entre secuencias de El hombre que sabía demasiado, Vértigo y La ventana indiscreta, se mueven a sus anchas, personajes de Kubrick como Jack (The Shining, El resplandor), el astronauta Dave Bowman de 2001, una odisea en el espacio; los drugos de La naranja mecánica o personajes de Eyes wide shut, Barry Lyndon o La chaqueta metálica.

                               

                      

De hecho parece que nuestros vecinos franceses se hayan especializado en estos imaginativos cortos, pues de Francia procede también otra maravilla que hará las delicias de los cinéfilos, Hell’s Club, a cargo de Antonio María Da Silva, fundador de AMDS Films, empresa encargada en realizar todo tipo de efectos especiales. En esta ocasión, nos adentramos en una discoteca en donde reconocemos a diferentes personajes del cine de Hollywood, como Tom Cruise en sus roles de Collateral y Cocktail, Anakin Skywalker, Obi-Wan Kenobi, Darth Vader, Neo, Austin Powers o Pinhead.

 

Regresión: Creer es la clave, pero creer, ¿qué?

Regresión: Creer es la clave, pero creer, ¿qué?

-AVISO- El contenido cuenta con una serie de spoilers.

Después de seis años de silencio, uno de nuestros cineastas más populares regresa al cine con una película que llamó la atención por estrenarse en un lugar tan sacro santo como el Festival de San Sebastián. Pero la cosa empezaba a chirriar cuando sus dos estrellas no acompañaron al director, en su estreno, y sobre todo tras la fría acogida de crítica y público.

Las creencias en tales qué cosas han dado mucho juego en pantalla. Una serie como X-files decía eso de que “creer” era la clave, mientras que un personaje literario de gran hondura como Sherlock Holmes llevaba como bandera: “Cuando todo aquello que es imposible ha sido eliminado, lo que quede, por muy improbable que parezca, es la verdad”. Amenábar parece dispuesto a su propio galimatías sobre este mismo tema en una caza del ratón al gato que habría gustado al mismísimo Goebbles.

"Regresión" podría resultar ser una elección arriesgada dentro de la filmografía de un director cuyo trabajo más reciente –Ágora- estuvo a la altura de las glorias del pasado, en el aspecto formal, aunque también suscitase toda una polémica, por relacionar el cristianismo con la destrucción de la legendaria Biblioteca de Alejandría. Podría resultar arriesgada, pero no lo es. Es una apuesta por un valor seguro -un "run for cover", como diría Hithcock- sabiendo qué este tipo de películas suelen arrasar en taquilla.


Con su nuevo film, ahonda en el territorio del psychothriller con un cuento, construido a base de sospechas satánicas localizado en un pequeño pueblo de Minnesota. –Ojo: lo de “Minnesota” lo sabría por la sinopsis, en ningún momento se dice nada del lugar donde se desarrolla la historia, si no que alguien me corrija- Y viene arropado por dos estrellas del cine de Hollywood como Ethan Hawke y Emma Watson. Para Hawke, la  película sigue el ejemplo de "Sinister" o “The Purgue" en lo que respecta a su faceta interpretativa con tintes de horror; mientras que para Watson, es su primera incursión en el género. Para Amenábar, sin embargo, es su tercer largometraje rodado en inglés - una producción hispano-canadiense- que marca el regreso al lado oscuro –aunque pálido- de sus primeras películas, frente al drama histórico de "Ágora" y su biopic "Mar adentro", con la que obtuvo el Oscar.

El título se refiere a una rama, aún controvertida, de la psicoterapia, aquella que utiliza la hipnosis para hacer que los pacientes revivan experiencias pasadas cruciales, descubriendo en el proceso las raíces reprimidas de un trauma. Pero el debate surgió en los años noventa cuando se observó que servía más para crear nuevos recuerdos en lugar de recuperarlos. Debidamente ambientado en 1990 - evitando así los rigores de la investigación en esta línea - "Regresión" enfrenta a una serie de personajes, a la hora de utilizar las incertidumbres y los recuerdos para determinar quién provocó la violación y las cicatrices de la joven de 17 años, Angela Gray (Watson).

La película comienza con la confesión de su padre John (David Dencik), aunque admitiendo no tener ningún recuerdo de lo sucedido. Un destello de certidumbre, entumecido por la importancia de la fe en la memoria del personaje, porque de nuevo la Iglesia parece ser la responsable de todos los males en otra película de Amenábar. Es entonces cuando entra en juego el Dr. Kenneth (David Thewlis) un psicoanalista británico experto en la terapia de regresión, dispuesto a practicarla tanto al padre como a la hija, y a medida que sus respectivas memorias se expanden,  otros personajes van apareciendo en este extraño puzzle, entre ellos un joven colega de Kenner, Nesbitt (Aaron Ashmore) y la solitaria abuela de Angela, Rose (Dale Dickey).


Es desalentador que en su sexto largometraje, Alejandro Amenábar alcance un tono cinematográfico de pura serie B, que podría ser presentada en un mismo pack junto a "Bless the Child" (que en España se llamó La bendición) y "Caso 39”. En la película fallan cosas como el guión, que  Amenábar se lanzó a escribir –sin el apoyo de su amigo Mateo Gil- o las interpretaciones poco convincentes de los protagonistas, sobre todo en la escena en la que el personaje de Hakwe confiesa que la investigación está empezando a afectarle, y en el poco arrojo del final.

Resulta difícil no entrar al trapo de las referencias directas –el film donde Edward Norton desquiciaba  a Richard Gere, por ejemplo, con muchísimo más garbo que en esta ocasión-. A fin y al cabo, la película nos lleva constantemente de un callejón sin salida a otro,  sin que podamos hablar de giros en el guión, en donde creer sería la clave. Creer, sí, pero en qué.