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Travelling. Blog de cine.

Vals con Bashir.

Vals con Bashir.

Películas como Caramel (Nadine Labaki) o la jordana Capitán Abu Raed (Amir Matalqa) nos muestran la vida cotidiana del Próximo Oriente por otros canales, pero solemos identificar el cine de esta región con las atrocidades que recogen las películas palestinas y la conciencia autocrítica de algunos productos israelíes hechos desde la izquierda. De hecho, esta será la línea que siga esta interesante e intensa película.

Vals con Bashir es una mezcla de documental y cine de animación, un sobrecogedor retrato de la guerra del Líbano, de 1984, y de la matanza de los palestinos, de Sabra y Chatila, que derrocha antibelicismo. La historia está contada desde el punto de vista del propio director, que participó en esa guerra como soldado. Un vals, que en el Próximo Oriente, nunca cesa. Una película interesante por inaugurar un género tan poco frecuente como el del documental rodado en formato de animación. Y lo hace con el estilo de un vibrante collage de imágenes cruzadas entre la realidad y la ensoñación, una realidad maquillada, pero el impacto que produce al espectador no reside en la calidad del dibujo, sino en la planificación de la película: Los movimientos de cámara, los énfasis cromáticos o el empleo del sonido.

  - Aquella noche la vi después de veinte años, me volvieron a la cabeza imágenes de la guerra del Líbano. Pero no sólo del Líbano, sino de Beirut oeste; y no sólo de Beirut, sino de la matanza en los campos de refugiados de Sabra y Chatila.

Con la película, Ari Folman sigue la trayectoria marcada por Persépolis, de Marjane Satrapi y Vincent Paronnaud: una producción animada dirigida al público adulto y con un contenido social muy crítico. Ari es director de cine, es israelí y vive tranquilamente. Sin embargo, una pesadilla recurrente le asalta cada noche: 26 perros le persiguen ferozmente hasta la extenuación. Ayudado por un amigo, llega a la conclusión de que ese sueño tiene algo que ver con la Primera Guerra del Líbano.

- ¿No es peligroso? Quizás descubra cosas sobre mi mismo que no quisiera.

El personaje casi había enterrado en su memoria el trauma vivido en ese conflicto bélico, una cruenta guerra, silenciada, que fue para Israel algo así como Vietnam para Estados Unidos. Vals con Bashir también se acerca al filme de Richard Linlaker, Walking Life, sentándose en el diván donde atienden a los soldados traumatizados por la guerra. La película es ante toda una gran reflexión sobre los traumas  y la memoria, sobre los mecanismos de autodefensa de la memoria humana que facilitan el olvido o el escamoteo de situaciones traumáticas del pasado. Las imágenes reflejan tanto lo subjetivo como lo histórico, con relato a medio camino entre la exactitud de los hechos y las ensoñaciones de una pesadilla. Una perspectiva que llega a ser como un exorcismo individual – el del protagonista- y de un colectivo –Israel-.

No es una película política, ni revisionista ni un ajuste de cuentas. De hecho se aferra a la versión oficial acerca de la masacre, sacando eso sí los trapos sucios del alto mando israelí, aunque eximiendo de toda culpa al ejército en las brutales represalias cometidas por los aliados cristianos. Porque el propósito de Vals con Bashir es otro: detrás de la amnesia ante el horror, se esconde una incisiva reflexión acerca de la elaboración de una identidad nacional crítica y consciente de sus rincones más oscuros.

- Me dijeron que pronto atacaríamos Beirut, pero en la playa no pensábamos en la muerte.

Estamos en 1982, el que escribe llevaría dos años en el mundo, cuando el ejército israelí invadió el sur del Líbano tras varios años de bombardeos palestinos. El plan era ocupar el país y nombrar como presidente de la región ocupada a Bashir Gemayel (sí, el del título). Sin embargo, no tardaron en asesinarle, y en venganza, las fuerzas falangistas cristianolibanesas, tomaron posiciones cerca de los campos de refugiados palestinos de Sabra y Chatila y masacraron a su población. Supuestamente la seguridad estaba a cargo de las tropas israelíes,  pero estas no intervinieron para detener el horror.

 El gobierno de Israel asumió la complicidad de su mando militar, aunque nunca dirimió la responsabilidad de los soldados que presenciaron la masacre. Ese dilema ético aflora aquí, a medida que Folman vuelve a acercarse a los hechos. La guerra, entonces, es recordada en términos oníricos, porque el tiempo difumina los recuerdos. Perros rabiosos corren por la ciudad desierta, soldados desnudos que emergen de las aguas, un recluta baila en la calle –al son de Chopin-. Es la misma demencia bélica que se aprecia al contemplar Apocalipse Now o el Guernica de Picasso. La película, de hecho, funciona mejor en su formato de animación con fondo onírico, porque al final el director quiere enlazar con la realidad de los hechos con escenas de archivo. Sin embargo, sobresale lo postizo que resulta el epílogo de la historia.

Vals con Bashir es mucho más que una película documental porque detrás de sus cautivadoras imágenes borbota un empeño principal: la reconstrucción del pasado y la imperiosa necesidad de construir una conciencia nacional.

El conflicto del Próximo Oriente en el cine.

El conflicto del Próximo Oriente en el cine.

El constante estado de tensión que se da en Oriente Medio, desde que en 1947 se crease el Estado de Israel, ha provocado cuatro guerras y una serie de conflictos internos en distintos países: enfrentamientos arábico-israelíes, ocupación militar de Palestina, consolidación del mundo hebreo y matanzas de árabes. Todo estos episodios han contado con una filmografía extensa, pero desigual. Evidentemente, la cinematografía israelí ha incidido con mayor o menor entusiasmo a este conflicto que dura ya medio siglo. La llegada de los primeros judíos a Palestina fue reflejada en una temprana película titulada Kedma de Amos Getai, que sería la primera de una de serie de títulos sobre este episodio de su historia. De este director es también Edén, sobre los ya instalados en el país, con el deseo de compartir algo más que el territorio.

- Nuestro esfuerzo por movilizar a una clase obrera judía y árabe, unida contra todas las injusticias políticas y sociales.

A los pormenores de la fundación oficial del Estado de Israel, el cine americano realizó la espectacular Éxodo, inspirada en la novela Leon Uris y con guión de Dalton Trumbo. Otto Preminguer dirigió una historia dramatizada y de amor, describiendo el nacimiento de Israel desde el viaje en el barco Exodus hasta su consolidación como Estado. La aproximación de Preminguer está idealizada –se sabe que fue judío- e incluso llegó a insertar discursos del propio Ben Gurion.

- La huelga de hambre es una cosa muy grave, por que una vez tomada sólo se puede resolver con la victoria o la muerte.

Hubo otros acercamientos a los orígenes del Estado de Israel, por parte de la cinematografía occidental. El italiano Dullio Colleti filmó la más temprana recreación de este episodio en una mediocre película titulada Il Grido de la Terra, y las majors dieron la réplica a Preminguer con una superproducción, excesiva y llena de estrellas de Hollywood, propia de los grandes estudios. Pero La sombra de un gigante, que así fue como se tituló, no merece la pena ni tan si quiera por el cast de su reparto: Kirk Douglas, John Wayne, Jul Brynner o Frank Sinatra.

                                                   

No son muchos los episodios históricos –todos violentos- de las sucesivas guerras, con no tanta correspondencia real en la ficción cinematográfica, ofrecida por la visión israelí. De hecho, más allá de los títulos que han podido estar al alcance del espectador español, estos han sido invariablemente de producción israelí. Para ser justos, casi ninguno memorable. Se podría citar Beoufot de Joseph Cedar y de nuevo, a Amos Getai, con Kippour, Promised Land o Zona libre. Aparte de los conflictos bélicos, aportó una reconstrucción hiperrealista de los atentados a las Torres Gemelas, en Nuevo York, en la película 11 de septiembre.

- Un ataque terrorista en la ciudad de Nueva York y otro aquí en la ciudad de Jerusalén, la ciudad Santa.

Unos de los aspectos que parecen olvidarse cuando nos referimos a esta temática, es el papel de la mujer; fundamental, por otra parte, para comprender la magnitud de lo que se vive en esa tierra. En este sentido, sobresale la israelí Hiam Abbas, conocida actriz que ha simbolizado la dificultad de ser mujer en el conflicto arábico-israelí. Por citar una película, Zona libre, junto a una jovencísima Natalie Portman.

- Tengo visado, puedo cruzar la frontera contigo, ¿de acuerdo?

- ¿Por qué tengo que involucrarme en tus problemas? ¿Por qué?

- Porque eres madre, eres mujer, tienes que ayudarme.

Pese a todo y siempre con apoyo de algún país occidental, el cine palestino –propiamente dicho- existe y también dedica parte de su producción cinematográfica al conflicto. Sin duda, el título referencial sigue siendo Paradise Now (Hany Abu-Hassard), que retrataba los prolegómenos de un atentado suicida. En concreto, el reclutamiento de mártires.

- ¿Qué pasa después de eso?

- Los ángeles bajarán para recogeros.

- ¿Estás seguro?

- Por  supuesto, en cuanto cumpláis la misión, veréis.


La causa palestina suscitó un variado grado de simpatías entre los miembros de la izquierda, entre los años 60 y 70, como queda testimoniado en el pintoresco acercamiento de Jean Luc Godard en su etapa más politizada (Ici et ailleurs):

- En febrero, julio 1977, es “yo”, es “tú”, es “ella”, es “él”, vamos a Oriente Próximo con los palestinos para hacer una película.

Igualmente el cine americano dirigió su mirada a este conflicto, casi siempre con una visión distorsionada y con el tema de la lucha contra el terrorismo, como telón de fondo. En este sentido, merece un capítulo aparte la ficción que Spielberg creó en torno a los secuestros de atletas hebreos en Munich 82, a manos del “Septiembre negro”.

- Diremos que eso es verdad, vosotros queréis compartir el mundo con nosotros. Pues nosotros no lo compartiremos con vosotros. Estamos legitimados para eso, ¿verdad?

Hoy en día, los cineastas israelíes parecen especialmente sensibilizados con las desigualdades ente unos y otros, con la muy apreciable versión de David y Goliat que fue la cinta Los limoneros de Eran Rinklis. Esa enorme actriz que es Hiam Abbas, interpreta a una viuda palestina que lucha contra las autoridades israelíes, porque les talaron sus limoneros, considerados como una amenaza a la seguridad de su vecino, recientemente nombrado ministro de Defensa.

- Deshonra a mi difunto padre y a mi difunto marido, los árboles son reales. Mi vida es real.

La última producción que nos ha llegado, sobre el conflicto del Próximo Oriente es la película de animación –con alma de documental- Vals con Bashir. El filme de Ari Folman, ambientada en la Primera Guerra del Líbano, pretende reflexionar sobre la guerra y la memoria, sobre los horrores latentes que despiertan de golpe con el tiempo y que sirve para concienciarnos sobre lo peor de nosotros mismos.

- Aquella noche la vi después de veinte años, me volvieron a la cabeza imágenes de la guerra del Líbano. Pero no sólo del Líbano, sino de Beirut oeste; y no sólo de Beirut, sino de la matanza en los campos de refugiados de Sabra y Chatila.


Zodiac. Un relato criminal del creador de Seven.

Zodiac. Un relato criminal del creador de Seven.

Zodiac, un nuevo relato criminal del creador de Seven, David Fincher, nos acerca a los pasos de un asesino en serie, basado en un hecho real. Varios filmes han construido su argumento inspirándose en los crímenes de Zodiac, un criminal que actuaba entre los años sesenta y ochenta en los alrededores de San Francisco, aunque la última incursión, la propuesta por este maestro del suspense y cineasta de estilo visual bastante particular, es la más detallista y completa de todas.

El guión realista y sobrio pende en una serie de personajes principales que se relacionan, directa o indirectamente, con el criminal, como por ejemplo el policía encargado del caso, que en la cinta es interpretado por Mark Ruffallo; un periodista especializado en casos similares, Robert Dowing Jr.; y el dibujante de uno de los periódicos en donde el personaje de Zodiac solía colaborar, el verdadero protagonista. Alrededor de ellos gira la trama, una investigación policíaca y periodística, que se entrelazan.

- El hombre es el animal más peligroso, lo había oído antes en El malvado Zarov.
- ¿Quién es El malvado Zarov?
- Es una película sobre un conde que cazaba personas por diversión, ¡personas!. El malvado Zarov.

Con estas pequeñas pinceladas, y una espléndida ambientación y grado de detallismo y verisimilitud, David Fincher logra contarnos la historia de este asesino en serie los distintos grados de obsesión, en algún caso patológico, que provocó en sus perseguidores.

- Soy el asesino de los dos adolescentes de las navidades pasadas en el lago Herman y de la chica del 4 de julio.

Dejemos las cosas claras desde el principio, estamos ante una de las primeras grandes obras maestras del siglo XXI y pasará a la historia, el tiempo lo dirá, como la película que trascendió el género de los asesinos en serie para situarlo en un lugar inalcanzable y desmarcarse de toda la basura morbosa que ha generado este tipo de películas. Hubo un tiempo en que un escritor, un tipo raro y extravagante, quiso lograr un propósito sólo a la altura de su ego, escribir la primera novela objetiva de la historia. Se trataba del suceso por el cual la pequeña localidad de Kansas, Holcomb sería recordada, los asesinatos de la familia Clutter, que dieron lugar a la interesante novela A sangre fría. Pero su autor, Truman Capote, fracasó en su empeño. En esta ocasión David Fincher sino logró el sueño del escritor, al menos se ha embarcado en un proyecto más que convincente, desvelando los sinsabores que padecieron los investigadores de esta truculenta historia. Para ello, ha bastado una aproximación honesta y llena de talento, un retrato verídico de un estado de ánimo colectivo, pegado a la realidad, que tuvo lugar hace unos cuantos años.



Al comparar Seven con Zodiac descubrimos que la madurez existe. Dos películas, aparentemente sobre la misma temática pero muy alejados en sus planteamientos y resultados. En Zodiac no hay una voluntad tramposa de crear una atmósfera agobiante a partir de esos recursos tan evidentes, un juego morboso entre el asesino y el policía para ver quien es el que tiene un mayor coeficiente intelectual, y cuyo precio, la crueldad gratuita de la que muchos filmes han sacado petróleo, da paso en Zodiac a un proceso muy riguroso de lo que realmente ocurrió. Pero, además, capaz de presentar una radiografía de una época hasta la propia condición humana.

Es aquí en donde debemos aludir a unas referencias más que evidentes, que el cineasta de El club de la lucha da riendas sueltas, destacando principalmente el film de los años 70 Todos los hombres del presidente (Alan J. Pakula) De hecho, Zodiac se parece más a la película de Pakula, que a Seven o a cualquiera de las secuelas que generó el asesino del Zodiaco.

 - Tiene que tener en cuenta lo que dijo uno de sus empleados, el señor Howardhands.
 - ¿Qué clase de información?
- Se trata de encajar en su personalidad. Sabemos por ejemplo que trabaja o trabajaba como escritor. Dicen que es un novelista y parece que ha estado en la oficina del señor Colbson, en la Casa Blanca.

Alan J. Pakula, uno de los especialista del cine de conspiraciones (El informe pelícano), relataba en la gran pantalla, las presiones a la que se vieron dos míticos periodistas norteamericanos, Woodward y Berstein (encarnados por Dustin Hoffman y Robert Redfort) en su intento por aclarar una de las intrigas políticas más interesantes de los Estados Unidos, el caso Watergate. Pero las referencias a la película de los setenta, no se limita a unas imprecisas semejanzas con los personajes del film, sino a unas apariciones fantasmales de Nixon, quien presidía el gobierno en los años del Watergate, considerado como el peor presidente hasta George Bush Jr. Se puede ver en la redacción una pegatina con su nombre e incluso aparece en la televisión.

-Es Zodiac quien habla. 


 Si vemos otras películas con la misma temática, e incluso algunas de la versión de esta adaptación, los personajes principales discurren en pantalla con una frialdad casi pétrea en su caza particular en el asesino. En esta ocasión, la frustración de los personajes reales se ve bien reflejada en la película de David Fincher, como en el caso  del detective David Toscci, que fue toda una celebridad mediática en su época, a punto de ser nombrado jefe de la policía, cuando le adjudicaron este caso, por el que quedó degradado en el cuerpo. Se dice que uno de los detectives más famosos del celuloide, que operaban en San Francisco, el personaje Bullit del actor cool Steve McQueen se inspiró en Toscci, y desde luego, copió su misma gabardina. E incluso no podemos olvidarnos la gran semejanza con la saga de Harry Callahan, creada por Don Siegel y con Clint Eastwood como el duro inspector de policía de San Francisco. De hecho, existen similitudes entre el psicópata Zodiac y Scorpio. 

 Hay un quinto personaje de esta película que es la ciudad de San Francisco, a finales de los 60 y 70, que lejos de la música de la época, caracterizada por el movimiento hippy, tuvo su lado oscuro. La imaginación popular, todavía hoy en plena ebullición, sobre una serie de crímenes sin resolver, atribuye a todo tipo hipótesis y conexiones entre acontecimientos del momento. Ciertamente San Francisco vivía una pesadilla en los años sesenta. Justo unos meses después de la aparición de Zodiac, los Rolling Stone dieron un desastroso concierto, con asesinato incluido, que para muchos significó el fin del espíritu de esta revolucionaria década. Para algunos, Zodiac estuvo ahí en cuerpo y alma.


La fuente de la vida.

La fuente de la vida.

El sueño humano por encontrar algo que le ayude a preservarle en el paso del tiempo y así obtener la inmortalidad, ha sido una de las aspiraciones y deseos que el cine ha plasmado con mayor entusiasmo y juicio crítico. Sobre todo recordamos aquellas películas que han tenido como argumento la búsqueda del Grial, objeto de culto del cristianismo que ha sido una de las bases míticas de este anhelo, en filmes como Excalibur (John Boorman) e Indiana Jones y la última cruzada (Steven Spielberg), e incluso el mismo sueño se observa en El dorado (Carlos Saura) con la epopeya de Lope de Aguirre y la llamada “fuente del agua de la vida”. Con la llegada de los nuevos tiempos, este deseo milenario se convirtió en el negocio redondo para aquellos que conocían la fórmula de la inmortalidad, como sucede en la comedia de Robert Zemeckis, La muerte os sienta tan bien.

- Si bebe esta poción no envejecerá ni un solo día, sino la bebe verá como se pudre lentamente.
 - ¿Cuánto cuesta?

 El trabajo de Darren Aronofski entronca con las anteriores películas al moverse entre el terreno de lo cotidiano, lo mítico y lo místico; de ahí que el director decidiera dividirla en tres, una historia real, otra surgida de la imaginación de la actriz protagonista y una llena de simbolismo, que no se adecua ni al tiempo ni al espacio. Con esta curiosa manera de presentar el film, Aronofski se sumerge en esta búsqueda atemporal que es la inmortalidad, simbólica o no, para sustentar el argumento de la película que tiene como protagonista a un médico, interpretado por el ya consagrado Hugh Jackman, que lucha contrarreloj para encontrar un remedio para el cáncer que padece su esposa.

- No, tengo miedo.
- Lo siento.
 - No sé lo que me pasa, he perdido la sensibilidad. Me siento diferente por dentro, lo sé, me siento diferente.

 Corre a cargo del personaje de Jackman encarnar la forma dramática con que la sociedad afronta la muerte y el paso del tiempo. Viéndose acorralado entre el pánico que le subyuga por el hecho de perder a su esposa para siempre y su obsesiva y ciega lucha por mantenerla con vida a toda costa. Pero mientras él se mantiene obsesivo, ella va aceptado poco a poco su destino y se prepara para la muerte con sorprendente serenidad. En un detalle de la película, el personaje femenino le entrega un regalo a su marido, con el deseo de tranquilizarle.

Es una historia de amor y muerte, en donde el director propone dos formas distintas de afrontar un mismo suceso y como ocurre con el Ging- Gang, el argumento se polariza entre dos formas de observar la trama. Él representa la clásica condición del ser vivo por negarse a aceptar el orden natural de las cosas, que unido al carácter científico de médico, le relaciona con uno de los mitos de la literatura europea, el de Fausto de Goethe, trasladado al celuloide por Murnau. Por otra parte, su lucha contra la muerte, con tildes románticas, se acerca al personaje femenino de uno de los clásicos del expresionismo Las tres luces (Fritz Lang).

Pero ella representa todo lo espiritual, el equilibrio, la candidez. Es portadora de todo lo que hay de místico en esta película, que no es poco, pero sí de muy cuestionable valía. De ella surgen dos mundos paralelos a la realidad, sobre todo cuando Aronosfki roza conceptos judaicos abstractos como la Vida en el Edén y su relación con el Árbol de los Sephirots cabalísticos. Para presentarnos una historia muy parecida a la búsqueda del santo Grial, que más tarde filtrea con los mayas, la meditación budista y la hermenéutica pura y dura. Pero si creen que para entender todo este batiburrillo seudointelectual, como compendio de sabiduría, hace falta ser un iluminado, se equivocan. Toda la verdad puede hallarse comprendida en el dorso de un bote de gel para la ducha. Leemos: “Zen es la filosofía oriental por la que el hombre forma parte de lo que le rodea y a través de la concentración de la mente, la conciencia del cuerpo y la calma del espíritu, retoma la naturaleza original”. Visto lo visto, Darren Aronosfki conoce la totalización de las ideas, cosas de la globalización, pero entre Fausto y el exotismo intelectual de la nueva película, nos quedamos con Fausto.

 Con tan sólo tres películas en su exigua filmografía, el cineasta se ha convertido en toda una firma respaldada por el entusiasmo tanto de crítica como de público, conectando con las generaciones de espectadores contemporáneos a él. Gracias a la puesta de escena y a los elementos visuales de su opera prima, Réquiem por un sueño, con su interesante análisis de la adicción, sea del tipo que sea, Aronosfki conectó con una generación que ha hecho de sus películas un clásico imprescindible de una época. Si Tarantino conquistó los noventa, Darren Aronofski es el dueño de la imaginería más actual, aquello que los jóvenes de comienzos del nuevo siglo demandan.



 Pero si Réquiem por un sueño sería la película que le hizo ganarse un hueco en el cine indie, fue Pi la que se ganó a público y crítica, sobre todo, tras su paso por Sundance. Y no fue para menos, porque Pi, que estaba rodada en blanco y negro, sabe aunar con perfección ciencia y religión. La clave de la genialidad de su guión radica precisamente en aquello que el director había olvidado en su última película, la abstracción.

 - Antiguamente se utilizaba el hebreo como sistema numérico, cada letra es un número. En hebreo la “a”, la aleph, es 1, la “b”, beth, 2, ¿lo entiendes?. Pero hay más. Todo está relacionado. Por ejemplo, “padre” es aleph y beth, es 1 y 2, que da 3. ¿Lo ves?. Y, ahora “madre”, es aleph y menth, 1 y 40, 41. 41 más 3, 44. Pues mira, la palabra “hijo”, madre-padre-hijo, es 10 y 34, que da 44.

 A través de las matemáticas, la ciencia y el estudio de los valores numéricos que contiene la Toràh y sus significados, Aronofski mostraba como nadie había presentado antes, un universo desconocido para muchos, en el que se limitaba a moverse como pez en el agua para conseguir resultados de una gran profundidad intelectual. El joven director norteamericano realizó una película con un significado religioso y humano más hondo de lo que pueda parecer a primera vista. Y su acierto fue hacer de Pi un film que gustase tanto a creyentes como ateos, porque nos libera de las ataduras conceptuales de la simbología. Precisamente este es el fracaso de su último trabajo en la dirección, La fuente de la vida, explicar con alegorías lo que sería mejor llegar al espectador con su propia reflexión.

 

Enfermedad y muerte en el séptimo arte.

 El tema de la enfermedad y el enfrentamiento a la muerte, remite a toda una filmografía que ha intentado captar, con mayor o menor dramatismo, los últimos compases de una vida que se consume por una dolencia. Casi de una manera inexorable, las tramas basadas en la pérdida de un ser querido, el dolor de la enfermedad o el duelo hacia la muerte son un terreno fértil para interpretaciones cosechadoras de Oscars y para sumergirnos en un sin fin de películas con los terrenos abisales del melodrama, de fondo. En este sentido, encontramos una serie de cintas como La habitación del hijo (Ninno Moretti), La vida sin mí (Isabel Coixet) o Al caer el sol, con el personaje interpretado por Gene Hackman, en donde se deja al descubierto este sentimiento visto trágicamente:

 - Quieres su opinión, el cáncer no remite. Me dan diez meses como máximo.
 
También queda reflejado en la película del danés Lars von Triers, Rompiendo las olas:

 - Su marido ha sufrido lesiones muy graves. La vida no debería mantenerse siempre ha toda costa.
- ¿Qué quiere decir?
- Lo que el doctor quiere decir es que, en algunos casos, cuando la vida no merece ser vivida quizás sea mejor morirse.

Otro tema que suele aparecer en este aspecto, es cuando la enfermedad se reviste con un predominante instinto de rechazo social. La irrupción del Sida, a principios de los años ochenta, se perfiló como todo un terremoto de imprevisibles consecuencias que vino a cambiar los ámbitos y costumbres no sólo de los grupos de riesgos, sino de todos los individuos, sin diferencia de raza, nacionalidad, sexo y posición social o sexual. De todo esto, levanta acta notarial, la última película del director francés André Techiné, Los testigos. El drama de unos cuantos personajes que sin tremendismos algunos, alcanza a ser un preciso reflejo y toda una tragedia colectiva.

- ¿Qué te ha parecido?

- Me sorprende que estés con un boy.

- A mí, también.

- Sabes, me he sentido un poco incómoda, es la primera vez que conozco a un amigo tuyo.

- Pero él es diferente, me alegra que le conozcas.

 Hasta cierto punto, en los años setenta, había una libertad de experimentación afectiva y sexual, mientras que hoy hay una especie de valor-refugio, una orientación más tradicional e interesante, algo parecido a una vuelta al puritanismo. Desde entonces, hay muchos acercamientos a ese tema, incluso desde la industria de Hollywood, con la película Filadelfia, que incidía tanto en el rechazo social como el problema del SIDA como enfermedad.

 Sin embargo, situarse en la distancia necesaria para ver con cierta ironía una realidad en torno a la muerte o el suicidio, cuando se ha perdido prácticamente todo, es un recurso que sólo los maestros del guión saben dominar. De uno de los representantes del cine clásico y dorado de Hollywood, Edmund Golding (en La amada dormida), encontramos un recurrente guiño en esta línea.

 - ¿Quiere hacerme un favor?
 - Claro.
 - Cuándo me abran la cabeza, mire a ver si encuentra algo de sensatez.

Pero este mismo planteamiento aparece en dos producciones españolas recientes, que tienen la enfermedad y la muerte como telón de fondo. Una de ellas, es la maravillosa película de Alejandro Aménabar, Mar adentro, centrada en el debate existente acerca de la eutanasia, es decir, la posibilidad de acabar con una vida humana si esta se encuentra en medio de una situación degradante y sin esperanzas. En un detalle, la protagonista femenina (Belén Rueda) le ofrece un cigarrillo a alguien empotrado en la cama y que sólo espera morirse.

 - ¿Usted fuma?
- Antes sí, pero se acabó. Además, ¿no dicen que mata?

 En el otro lado, la vitalidad y el optimismo de unos chicos, enfermos de cáncer, enmarcan una historia en donde el amor, la amistad y la enfermedad engullen a sus personajes (Planta Cuarta, Antonio Mercero.


 - Oye, Pepino, ¿para qué te van a hacer el análisis de sangre?
- Para ver si me tengo que ir al pabellón.
 - ¿Qué dices? ¿Quién te lo ha dicho?.
- El doctor Marcos.
- ¿Y qué es el pabellón?
- Donde te dan la quimio. El puto infierno.
 - ¡Dios, no seas tan bestia! A todos nos han dado la quimio y estamos cojonudos.
 - Cojos no, cojonudos.

 Conseguir un tono agridulce, capaz de aunar las escenas amargas con aquellas que hacen sonreír, es parte de un equilibrio con la amenaza constante de desplomarse sobre uno de los dos extremos. Una solución también complicada, paradójicamente, por su sencillez, consiste en hablar de la muerte con una cercanía absoluta, desde un punto de vista que no es otro que el de su principal protagonista. Esto lo vemos en el reciente documental Las alas de la vida (Antoni P. Canet) en cuya película, Carlos Cristos, nos da toda una lección de vitalidad, a pesar de su invalidez y la enfermedad que padece, por la que se ve obligado a recurrir a una otra persona para poder trasmitir verbalmente sus pensamientos, por su incapacidad para hablar normalmente.

 - Esta enfermedad no responde a ningún tratamiento conocido, por lo que sigue evolucionando inexorablemente hasta producir la muerte. Vamos a reflexionar para enfrentarnos mejor a lo que nos implicará a todos finalmente. Y si es posible, con una sonrisa.

 

Enemigo número uno.

Enemigo número uno.

La vida de ese ladrón de bancos, Jhon Dilinger, ha sido llevada al cine por el director de Heat, El dilema o Collateral, Michael Mann, autor especialista en mostrarnos las dobleces psicológicas de sus personajes con una forma de filmar que nos acerca a los lugares donde se desarrollaban los acontecimientos. Nos propone la revisión de un género, las historias de gánsters, protagonizada por Jhonny Depp. Gran Depresión, Chicago años 30. Es el momento de la creación del FBI, de movimiento del crimen organizado y una etapa conflictiva para las grandes corporaciones financieras.

 - Puedo atracar cualquier banco cuando quiera, tienen que estar en todos los bancos, a tdas horas. Por eso estamos en la cima del mundo.

La historia se desarrolla en plena Depresión, los años 30, por un lado son el inicio del FBI, por otro, el crimen organizado empiezan a extenderse hacia corporaciones capitalistas, y todas esas fuerzas se enfrentan a un solo hombre, el enemigo público. Mann explora el auge y caída de un bandido del pueblo, un Robin Hood de la Gran Depresión que no fue sino el mal de una sociedad desestructurada. Por eso, podría entenderse la crisis moral de esa sociedad que acusa los mismos males que la nuestra: una crisis financiera global, una desconfianza en las instituciones y un odio visceral a la banca como responsable del crack del 29.

- Lo conseguí, mamá, lo conseguí: la cima del mundo.

Es una película muy cinéfila. Pero la cinefilia aquí no es un recurso para enmascarar la torpeza del realizador y sus guionistas. Tampoco el realizador manipula la imagen para situarla en el contexto anacrónico del cine de hace medio siglo. En su última película hay un conflicto entre la compostura tradicional de la historia en un escenario de violencia desatada, en donde la acción adredalínica quita protagonismo al diálogo clásico. Es un cine menos sutil, pero muy explícito, que nos traslada a la turbia realidad de la psicología torturada de sus personajes. Mann tiene como referentes todo el cine de gánster que marcó una época, los años 30 y 40, con títulos como Scarface, Al rojo vivo o el Dillinger de Marc Nosseck.

- ¿Cómo se llama usted?
- John Dillinger. Quietos todo el mundo, no se muevan para nada.

Entre esta y la actual, existe otra versión a cargo de John Milius, que a pesar de su vocación más realista, no pudo evitar la influencia del western crepuscular. Ahora llega la de Michael Mann, quien a su vez también se ha visto marcada por el cine del momento, en concreto por Gomorra (Matteo Garrone). Esta marcó una ruptura con la tradición del género, para decantarse por una mirada hiperrealista que alejaba toda épica. Sin embargo, Mann aboga por recrear un mito (destacando en su dimensión romántica y en la autoconciencia de su propia leyenda).

- ¿Cómo te ganas la vida?
- Soy John Dillinger, robo bancos.

En esta ocasión Michael Mann, nos somete a la hiperrealidad, trasladándonos a escenarios auténticos y sumergiéndonos, con su cámara digital al hombro, en la misma historia. No obstante, no impide que sea puro artificio; de hecho, su propia Chicago de los años 30 o los personajes lo son. Lo que no impide presentarnos en su día a día, hasta acercarnos para comprender sus vidas.

- No sé nada de ti.
- Me crié en una granja en Indiana, mi madre murió cuando tenía seis años, mi padre me daba palizas porque no sabía otra forma de educarme. Me gusta el béisbol, el cine, la ropa elegante, los coches rápidos y me gustas tú. ¿Qué más necesitas saber?

Lawrence Tierney, Warren Oates o los apócrifos Humphrey Bogart y Carl Gable, pero Johnny Depp no está solo en la película. Tan extraordinario como el propio Dillinger era la banda que lideró: Pretty Boy Floyd, -a quien el cantante Woody Guthrie le dedicó un tema- o el psicópata Baby Face Nelson. Y por último, la chica de Dillinger, Billie Frechette (Marion Cottillard). El mayor enfrentamiento de la película no viene de la pareja, con una historia de amor que podría recordar a la de Bonny & Clyde, sino el que surge entre el atracador y el perseguidor, manteniendo las mismas dobleces que ya hiciera en su otro filme de ladrones de bancos, Heat.

- Así, que si un día me ves pisándote los talones, ¿vas dejar a esa amiga sin despedirte?
- Esa es la disciplina.
- Eso es un poco profundo, ¿no?
- Sí eso crees, es mejor que los dos cambiemos de oficio.

Parece evidente el eco de esa película, al describir el viaje interior de los dos polos opuestos. Comparten la desintegración de los valores del viejo género (la figura del forajido romántico, los principios éticos de defensor de la ley) por la asepsia, centrada en un crimen organizado y un desarrollo científico de ley. Sin embargo, algunos de los detalles crudos de la primera película desaparecen en esta; por poner un ejemplo, en Heat, el personaje interpretado por Tom Simezore se protege con una niña del tiroteo de la policía.

- Se comporta como un hombre seguro, Sr. Purvis, tiene buenas cualidades, probablemente es bueno a distancia, sobre todo si superan en número al otro tipo. ¿Cómo será cara a cara, cuando alguien esté a punto de morir, aquí y ahora? Estoy acostumbrado, ¿y usted?

El filme no sólo retrata el auge y caída de Dillinger, también el nacimiento de la organización que cambió la forma de luchar contra el crimen: el FBI. De hecho, en la película aparece su más importante figura, John Edgar Hoover, pero el peso de la ley recae en Melvin Purvis, el más feroz enemigo de Dillinger, interpretado por Christian Bale. Un miembro de la alta sociedad sureña, capaz de la violencia más extrema.

En Michael Mann encontramos dos personalidades cinematográficas: por un lado, el de un director interesado hasta el tuétano por el cine clásico, y por otro el de un amante de las nuevas tecnologías, que busca en la alta definición digital, la dimensión existencialistas de sus personajes. Sus criminales son engendros posmodernos, sociópatas del nuevo siglo, mientras que sus agentes de la ley, individuos amorales que ejercen la violencia legítima con mala conciencia.

La película, con sus licencias y sus grandes dosis de acción, tiros, persecuciones y demás elementos para el mejor y más taquillero blockbuster, no ha dejado de volcarse en la realidad del personaje para definir la trama. Una vida, que por cierto, resultaba muy cinematográfica y que no necesitaba de demasiadas licencias para ganar en espectacularidad. El final del trayecto del personaje es un ejemplo. ¿Qué le pasaría por la cabeza al propio Dillinger cuando vio a Blaky, interpretado por Cark Gable, personaje que pretendía ser una versión apócrifa de él mismo? John Dillinger estaba entre el público y no sabía que afuera le esperaban agentes de FBI, para matarle. Eso ocurrió de verdad y es uno de los momentos más intensos que recupera el filme de Michael Mann. Tanto en la ficción como en la realidad, la última proyección que vio en el cine, estaba centrada en su propia vida. Allí estaban los agentes de Hoover, dispuestos a todo para que no escapase un delincuente que era más popular que el propio presidente de los EEUU.

 - Miren a su derecha, miren a su izquierda. Si los ven, llamen a la oficina de Investigación o a la policía local.

La crítica ya la ha considerado como la mejor película del director norteamericano, destacando su virtuosismo visual, su ambientación o la profundidad del guión –que no decae en ningún momento-. Unas acertadas interpretaciones, sobre todo, las protagonizadas por Jhonny Depp y Marion Cotillard. El que no sale muy bien parado es Christian Bale, pero ya se sabe que no se puede tener todo.

- Quiero salir de aquí juntos, ¿quieres hacer ese viaje conmigo?
- Claro que quiero.

Kunfu-sion, artes marciales en el celulide.

Kunfu-sion, artes marciales en el celulide.

- ¿Qué hacemos?

- Que tal si aprendemos kunfú.

El Reino Prohibido es una película honesta que no ofrece nada que atente contra el género, a pesar de que sea lógico que a los amantes del cine de artes marciales no les haya entusiasmado demasiado que el primer combate en la gran pantalla de Jet Li y Jackie Chan se haya producido en este despropósito. El reino prohibido es una película de entretenimiento que aborda un género desde la admiración y el homenaje, aunque no sea muy afortunada su fórmula.

De ahí que sus guiños sean numeros, es facil de reconocer referencia a la saga del luchado borracho hasta Kárate Kid. Un filme que nos acerca al tema del kunfú desde la inicicación sin llegar a los límites sadomasoquistas de Kill Bill ni a la ciencia infusa de Matrix:

- Ya sé kunfú.

En este sentido, el protagonista responde a todos los clichés del pardillo aluciando por el kunfú, de ahí que su personaje no diste mucjo del oso obeso de Kunfú panda.

- ¡Uau! Los cinco furiosos, soys muchos más grande que mis muñequitos. Bueno, tu no mantis, tu eres igual.

El filme de El reino prohibido, sin embargo nos sirve de excusa para revisar el cine de las artes marciales. Dentro del género, el enfrentamiento entre Jet Li y Jackie Chan debe considerarse como un hito en el género, similar a ese combate del siglo entre Bruce Lee y Chuck Norris en el Coliseo romano (El furor del dragón, Bruce Lee) o el que enfrentó al propio Lee con Carila Goodyear en Juego con la muerte (Robert Clouse).

Evidentemente el primer nombre que viene a la mente cuando relacionamos kunfú y cine, es Bruce Lee. Su primer trabajo en Hollywood resultó ser una serie de televisión conocida como El avispón verde, sucesora de Batman –en donde ya se había dado a conocer-. La visión que se tenía de los chinos todavía era carnaza de parodias, como lo atestiguaría el propio actor en su película Operación Dragón, al quejarse de la burla que se hacía los de su nacionalidad en el cine, en concreto de la película Desayuno con diamantes. Pero su paso por Hollywood fue tan importante como fugaz, desde su primer filme, Kárate a muerte en Bangkó, convirtiéndose en el icono de esa disciplina, cuando aún se veía algo exótico.

Los argumentos de sus películas solían ser repretitivas y de esc asa calidad, pues lo interesante era representar su arte, su puesta en escena. El metraje se solía rellenar con escenas con dosis de erotismo y comicidad. Pero lo importante de Bruce Lee fue su intentro de demostrar la superioridad de las artes marciales chinas sobre las disciplinas japonesas; Furia oriental, de Jiw wu me, era ejemplar en este sentido.

- Cuando queráis lucharé con cualquier japonés que halla aquí.

Mientras tanto, iba dando sabiduría de su propia filosofía.

- Tienes que sentir emoción aquí dentro, inténtalo.

Operación Dragón (Robert Clouse) es su mejor trabajo, pero fue Juego con la muerte, del mismo director –aquella película en la que murió durante el rodaje- la que generó su leyenda.

- ¿Con que al final has dado conmigo?

El estilo de Bruce Lee es reconocible en la serie de televisión, Kunfú, protagonizada por David Carradine; pero su desaparición dio paso a una sucesión de imitadores orientales en la gran pantalla. Su inflluencia fue tal, que incluso invadió los géneros colindantes, que empezaron a tomar el kunfú dentro de sus propios cánones argumentales. Esto ocurrió con el cine de terror de la serie B (Kunfú contra los siete vampiros de oro, de Roy Way Baker). De hecho, era el gusto exótico por las artes marciales uno de los ganchos de estas películas (“no habrás visto kunfú de verdad hasta que no veas Kunfú contra los siete vampiros de oro) y otras muchas producciones enmarcadas dentro del fenómeno Gridhouse. De este modo, el Kunfú se integró como una disciplina más del héroe americano, una técnica que marcabala diferencia en una pelea callejera, mientras que el género evolucionaba hacia el paroxismo, rozando la burla y la parodia., con persoanejs como Sam Okam o Mr. Hoo. Sin embargo, cobró importancia con un joven instrujido en la rigurosa tierra de Honk- Kong, Jackie Chan.

- No causes problemas.

- No he violado ninguna ley, debe ser una equivocación.

- Yo nunca me equivoco, tú fuiste el que liberaste a nuestro prisionero.

El chino, dirigido por Shi di chu ma, fue uno de sus primeros títulos. Chan empezó imitando a Bruce Lee, pero rápidamente creó su propio estilo a base de sus coreografías de las peleas siguiendo números circenses y del humor, incorporando elementos del slastic, prestados del cine mudo. Durante los años 80 filmó más de ochenta películas, algunas a las órdenes de John Woo o dirigidas por el mismo, como Los piratas del mar de la China. Pero su repercusión internacional fue un completo fracaso, debido a su bajo nivel del inglés. Anécdota que fue incorporada al argumento de su primer trabajo en Hollywood, Hora punta (Brett Ratner).

- ¡Eh, Beach boys!

- Eso sí que no, no quiero que mangonés mi radio.

Curiosamente fue Jet Li, otro alumno aventajado del cine de acción hongkonés y compañero de reparto en El reino prohibido, quien le hizo sombra en el género. Un título como The one (James Wong), creó un estilo que recordaba mucho al de Bruce Lee, con una marcada violencia y una ausencia de la payasada propia de Jackie Chan. Su integración como héroe de acción en Hollywood fue mucho más fácil, así como en China, como lo demuestra su trabajo en Hero (Zang Yimou). Precisamente fue Hero, junto con Tigre y dragón, los dos títulos que realzan el combate de las artes marciales, lejos de los cánones de Bruce Lee, transgrediendo no sólo su estilo sino también las leyes de la gravedad.

Si algo caracteriza al cine actual de las artes marciales es su constante condición de homenaje. Kill Bill y Matrix fueron dos producciones que tomaron prestados la imagen de B. Lee, por ejemplo, en el pijama amarillo que vestía en Operación Dragón y que Tarantino añadió al vestuario de La Novia. Como también elementos poéticos y estéticos, y batallas brillantemente coreografiadas, que en el caso de los hermanos Wachowski, lograron importar en su contexto de un mundo ultratecnológico.

La última aportación al género del kunfú pasará a la historia, pero no por el argumento, no por alguna escena brillantemente rodada, ni por la calidad de sus diálogos, sino por el hecho de unir a las dos estrellas del cine de las artes marciales en la gran pantalla. Porque, para colmo, el protagonista es un joven del futuro, fuera de onda.

La influencia de Allan Poe en el género del terror.

- No espero ni pido que alguien crea el extraño aunque simple relato que me pongo a escribir. Loco estaría si lo esperara, aunque mis sentidos rechazan mi propia existencia. No estoy loco y sé muy bien que no es un sueño.

 El gato negro. Stuart Gordon. Maestros del horror.

 Este año se cumple dos siglos de la muerte del escritor norteamericano Allan Poe, maestro del relato corto de terror; vamos a hacer un recorrido por su influencia en el séptimo arte. Lo que sucede es que en este homenaje resulta difícil separar la emoción sentida hacia este autor y el hecho de acercarme a su amplia producción desde la perspectiva cinematográfica. No podría negar que junto a Stevenson o Lovecraft, Poe es uno de los escritores a los que más me acercado como lector, lo que me impide tratar sus adaptaciones como un simple cinéfilo. Sobre todo cuando algunos de sus títulos fundamentales nunca han sido adaptados u otras versiones desvirtúan por completo el alma del original.

  

 No obstante, la estela de las obras de Edgar Allan Poe, en las artes visuales contemporáneas, y en concreto en el cine, ha sido alargada y ha acompañado al celuloide en su siglo de existencia. El vengativo gato negro, la ruinosa casa de Usher, El corazón delator, y como no, El cuervo. (El cuervo, Roger Corman)

- De repente, algo sonó. El rumor de alguien llamando suavemente a la puerta de mi habitación.

Todos estos son iconos que se asocian a la angustia existencial, inquietante y terrorífica del escritor. De hecho, el cine siempre ha sentido una fuerte atracción por las posibilidades que brindan la obra de este genio de la literatura gótico-romántica. Cineastas como Dwain Esper en Maniac, W. D. Griffith con The avenging conscience o el francés Louis Mallé, en William Wilson, recurrieron a sus relatos buscando una estética morbosa sin otra finalidad que la de aterrorizar al espectador.

 - Se dice, señores, que el corazón es la morada de los sentimientos. Pero la experiencia nos demuestra que es morada de nuestras angustias, de nuestros miedos.

 Otros lograron transmitir la esencia dramática que subyace bajo el horror de sus historias, unos relatos minuciosos de las obsesiones y miedos más profundos del ser humano. Roger Corman lo hizo en medio centenar de ocasiones, como vemos en este ejemplo tomado de su película La obsesión.

- Sus dedos crispados y sus uñas resquebrajadas, en un intento de abrir el ataúd. Todo eso tenía un significado muy especial para mí. Yo vivo con la obsesión de ser enterrado vivo.

 Sobre todo porque las Narraciones extraordinarias de E. A. Poe se prestan a una multitud de enfoques y es tan buen material para lo intelectivo como lo mórbido. Uno de los mayores atractivos de la obra Poe es que, en esencia, lo que cuentan son viajes a lo más oscuro del alma humana.

- Te morirías de hambre si no fueras por mí. Déjame. Dependerás de mí mientras viva.

                     Allan Poe en el cine

Por eso, la capacidad de abstracción de los recursos narrativos en el cine resultan ser, una herramienta vital para reflejar el estado febril de sus historias. Así, por citar un ejemplo, ya en el cine mudo, Jean Epstein reflejaba muy elocuentemente las ensoñaciones del relato La caída de la casa de Usher, en su película homónima. En este sentido, el realizador francés lo concibió como un sueño evocador, una pieza visual magnética, con un fondo completamente amargo.  


 - Sí, he fabricado algunos de los aparatos de tortura y horror que Poe describió en sus historias.

 Con las obras de Poe como telón de fondo, encontramos alocadas aportaciones de la Universal, como Doble asesinato de la Rue Morgue (Robert Floery), El péndulo y el pozo, El gato negro o El cuervo (Lew Landeu). Algunas muy interesantes, pero que apenas conservan más que el título de la obra original.

 - Que tortura más deliciosa, Bateman. Soy grande de Poe. Poe sólo lo concibió, yo lo he puesto en práctica.

 Esto ha sido la práctica más habitual o lo que es lo mismo: ponga Poe en su cartel, ponga sexo explícito y aporte tortura y sangre a su guión. El séptimo arte encontró un filón inagotable en sus Narraciones extraordinarias tanto para un corte como un descosido de todo guionista falto de escrúpulos a la hora de enlazarla a cualquier historia de suspense, según la fórmula que se aplicaba para las adaptaciones de la Universal del personaje de Conan Doyle, Sherlock Holmes.

 Sin embargo, con respecto a Allan Poe, todavía tuvo que llegar quien adaptara fielmente su obra, quedando en la posteridad cinematográfica. A Roger Corman se le debe algunas de las mejores adaptaciones del maestro del terror. Sus producciones con sabor a decadencia, casi siempre protagonizadas por Vincent Price y adaptadas por Richard Matheson, dejaron tras de sí algunas de las obsesiones poenianas. Así vemos, en La tumba de Ligelia:

- Aquí yace una bondad que no puede morir, el hombre no se arrodillará bajo los ángeles, ni yacerá muerto para siempre. No es la flaqueza de su genio.

También nos dejó algunas estupendas bromas, como en El cuervo:

- ¿Dónde estas monstruo? Dime la verdad, ¿volveré a estrechar mis brazos a aquellos delicados de esa doncella que los ángeles llaman Ruth?
- ¡Cómo diablos voy a saberlo yo. Sólo soy un cuervo!

 El denominado “Rey de la serie B” ha dirigido medio centenar de películas adaptando obras de Poe. De hecho, Roger Corman, constituye nuestra frontera imaginaria entre las producciones intelectuales y las netamente morbosas.

 De la edad dorada del terror de la Universal y Roger Corman, Poe pasó casi de puntillas por el cine italiano de los años sesenta y setenta, con producciones de Antonio Margaretti, Lucio Fulci o del mismísimo Federico Fellini, quién firmó el mejor episodio de una coproducción europea recogida bajo el título de Historias extraordinarias. Adaptando el relato de Allan Poe, No te apuestes la cabeza con el diablo, aunque con el nombre de Toby Dammint, era un viaje alucinado de los monstruos interiores surgidos de la imaginación del escritor, en los tiempos modernos.

Desde los años ochenta, la influencia de Poe en el cine fue languideciendo aunque muchas películas recurrieron a las obsesiones y horrores que describiese dos siglos atrás, y algunos cineastas se atrevieron con nuevas versiones de los títulos más clásicos. En este sentido Jan Svankwayer hizo de El pozo y el péndulo una estremecedora historia sobre los horrores de la Inquisición. Luego, vendrían Los Simpson o Tim Burton, quien recurrió al escritor para definir a uno de sus primeros personajes, Vincent. Toda una genialidad del stop-motion, en la que homenageaba a Poe y a Vincent Price.

- Mientras otros cientos de niños leen tebeos de ancianos, a Vincent es Edgar Allan Poe quien le llama la atención.

 Después de este recorrido a una de las principales almas del género del terror en la gran pantalla, podríamos cerrar una cita del propio Poe, relacionada con la que abríamos el reportaje. "Todo lo que vemos o nos parece ver no es otra cosa que un sueño dentro de un sueño". ¿No será por eso por lo que nos aterrorice lo desconocido? ¿Y las pesadillas que albergamos en nuestro interior? Nunca es tarde para recuperar una de las grandes joyas de la literatura del género, o para descubrirla. Y fíjese bien cuando vaya a dormir, es posible que se le aparezca un cuervo que repita: “Nunca jamás”.