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Travelling. Blog de cine.

Diarios de la calle.

Diarios de la calle.

A medio camino entre Mentes peligrosas, Rebelión en las aulas y El rector, más que como referencia a El club de los poetas muertos, Diarios de la calle se presenta como una fábula urbana en donde el profesor coraje de turno pretende preparar a sus alumnos tanto en el plano académico como en la vida misma, enseñándoles sus propias valías y a enfrentarse a los conflictos personales.
 
- Yo soy profesora, no importa de qué color seas.        

- Todo lo que importa es el color, porque hay gente que decide lo que te mereces, gente que tiene lo que no se merece, porque los blancos se creen que mandan en el mundo, pase lo que pase. Y yo odio a los blancos.

- ¿Me odias?
- Sí.
- Si no me conoces.
- Pero sé lo que puedes hacer.
 
Hacía tiempo que descubrimos que existía vida inteligente en los institutos, fuera precisamente de las comedias rosas, para adolescentes, salidas de la Productora Flower Films, al estilo de No me han besado nunca. En esta ocasión, la propuesta de la película resulta más seria que Mentes peligrosas, pero más ingenua y edulcorada que las dos últimas citadas.


Qué la adolescencia es una de las etapas más conflictivas de un chico es algo que todos sabemos y que su simbiosis con los institutos ha dado mucho juego en la gran pantalla, por ser una materia prima muy taquillera y que sirve para acercarnos a un público mayoritario que asiste a las salas, pero también a los problemas de máxima actualidad y de cualquier ciudad del mundo, sobre todo en un país multiétnico como los Estados Unidos. En realidad, los centros de enseñanzas no son una excepción a la hora de reflejar grandes parcelas del mundo que nos rodea, más bien es uno de los mejores escaparates en donde presentar las cadencias sociales y el cine ha dado buena cuenta de ello, a menudo acompañado de un esquema narrativo y mensaje moralizantes. Un profesor novato llega a la clase, sin experiencia en la enseñanza, pero se muestra ilusionado con su trabajo. Este tema, auténtico cliché de esta cinematografía, tuvo una primera representación en la gran pantalla con Semilla de maldad (Richard Brooks). Él era Glenn Ford, interpretando a un profesor idealista que deberá enfrentarse al sistema educativo y al alumno conflictivo, líder de la clase (S. Poatiers)

- Oiga, esos chicos no pueden ser todos malos, ¿verdad?
- No, ¿por qué?

 Es este el papel de Hillary Swank, al interpretar a una joven idealista que consigue conectar con esta pandilla de adolescentes. El personaje principal no parece conocer el significado de la palabra “fracaso”. Fue capaz, en la vida real, de domar una jauría humana, insuflando ideas como respeto o tolerancia, pero también a fuerza de saber trabajar en equipo y haciéndoles ver que cada uno de ellos compartía el mismo grado de dolor.
 
- Cada uno de vosotros tiene su propia historia y es importante que contéis vuestra historia, así que lo que vamos a hacer es escribir todos los días en estos diarios. Tener un boli a mano para cuando os venga la inspiración y no va a llevar nota. ¿Cómo voy a poner un 10 o 5 por escribir la verdad? ¿no?, y no los leeré, si no me dais permiso. Tendré que ver si habéis escrito algo, pero sólo haré esto [ojearlo rápidamente] para ver si lo habéis escrito.
 
La táctica consiste en hacerles escribir un diario en donde ellos poder volcar toda la rabia que tienen y contar sus experiencias e historias de las malas calles. Diarios de la calle surgió precisamente del libro que acabó editándose, al recoger todo el material escrito por los alumnos. E incluso fueron ellos los que decidieron trasladarlo a un ordenador y elaborar un volumen que se titularía El diario de los escritores en libertad.


 - Ya no éramos sólo unos alumnos cualquiera, éramos escritores con nuestra propia voz, nuestra propia historia, y aunque no lo leyese nadie, el libro quedaría como prueba de que estuvimos allí.

Otro de las ideas del argumento es reflexionar sobre el tema del racismo, desde el punto de visto nazi. Pero, ¿Cuántos jóvenes conocen la palabra holocausto en un barrio de Los Ángeles? ¿Puede un pandillero abandonar la violencia, al conocer los horrores de unos hombres sobre otros hombres al visitar un museo del holocausto? Estos son los interrogantes de películas como Diarios de la calle, e incluso de American History X, aunque habría que tener en cuenta que el nazismo surgió en una de las sociedades culturalmente más avanzadas de su época y que esa sociedad fue capaz de defender el exterminio con el argumento de la deshumanización de sus víctimas.
 
Estos serían algunos de los matices que la hacen adentrarse en terrenos más complejos, matices que la llevan a vivencias más allá de las aulas. De ahí que la cinta cuente acerca de la fuerte relación que llega a existir entre la protagonista y este grupo multiétnico, lanzando algunos mensajes sobre la tolerancia racial e integración, pero además proponiendo uno horizontes más allá del ghetto, con la imagen de que en América cualquier meta es posible, siempre que se realice el esfuerzo adecuado. Nuevamente nos acercamos a la ideología imperante en los Estados Unidos, la propia del mundo capitalista, caracterizada por un profundo individualismo, sentido de la competitividad y la idea de la igualdad de oportunidades, pero ambientada en un instituto de los barrios bajos de una gran ciudad.
 
- Vosotros habéis llegado hasta aquí, pensar en cómo lo habéis conseguido. Todos vosotros podéis terminar el instituto, algunos seréis los primeros de vuestra familia, los primeros que puedan ir a la universidad, algunos seréis más rápidos que otros, pero todos tendréis esa oportunidad. Y será un logro vuestro.
 
 Hay algunos que no aprenden y que todavía pretenden hacernos ver que la realidad es un mundo en donde puede que un día nos levantemos, viendo cómo todo ha cambiado para bien. Se continúa con lo mismo, a su estilo, presentado a la película Diarios de la calle casi como un drama de telefilm, aunque firmado por la productora MTV, en el que le sobran tantas lágrimas fáciles como artificios visuales y muchos de los tópicos que han abundado en la cinematografía americana sobre este tema. Es posible que la historia esté basada en algo que ocurrió en la realidad, pero en el cine, aparte de resultar veraz y de llenarse de buenas intenciones, además de ser real, debe parecerlo.


La cámara cinematográfica en el aula.

La cámara cinematográfica en el aula.

Hay muchos directores que se han acercado a la adolescencia, porque todos hemos pasado por ella, pero también por ser la etapa de la vida que marcará tu edad adulta. Desde este punto de vista, el cine siempre ha sentido un interés por quiénes somos y cómo nos hemos ido formando, por la forma de llegar a ser lo que seremos en esa edad fundamental en el que la vida nos pida responsabilidades. Por lo tanto, y en nuestro estilo, repasaremos todos esos maestros y profesores del séptimo arte.

Entre los Pigmaliones más interesantes del celuloide se encuentran algunos engreídos y envidiosos como el profesor de matemáticas Lambeau (S. Skargard, en El indomable Will Hunting), otros con una inspiración creativa, el personaje de Michael Douglas (Grady Tripp) en Jóvenes prodigiosos; autoritarios con una gran personalidad (Kingsfield, John Houseman en Vidas de estudiante), personaje que podría parecerse al doctor House de la Facultad de Derecho. He aquí una de sus perlas: “llame usted a su madre y dígale que es probable que no llegue a ser abogado”. Los hay gafes y disparatados, como Julius Klemp (Jerry Lewis en El profesor chiflado); algunos profesores llevando la rebeldía en la sangre (Dewey Finn, Jack Black en Escuela de rock): “Tenéis que ser sentir el rock en la sangre y en las tripas. ¡Debéis romper las reglas!”. E incluso, también existen los maestrillos que esperan lograr algo más en sus puestos de trabajo, como el Padre Manolo (Daniel Jiménez en La mala educación, Pedro Almodóvar): “Vamos Ignacio, acompáñame a la capilla...”. ¡Picarón!.

En muchas ocasiones se ha acercado a la figura del profesor idealista, empecinado en cambiar el mundo y mejorar las cosas a toda costa. Desde el interpretado por Sidney Poatier (Rebelión en las aulas): “Vuestra obligación es cambiar el mundo si podéis”; a Robin Williams (Sr. Keating) en El club de los poetas muertos (Peter Weir): “Carpe Diem. Aprovechad el momento. Haced que vuestra vida sea extraordinaria”; o Michelle Pfeiffer (Mentes peligrosas): “Cuando vaya a mi tumba iré con la cabeza alta y el espíritu fuerte. ¡Esto es una elección! ¡No hay víctimas en mi clase!”.

En definitiva, todo termina siendo una elección. Ya lo decía el profesor Dumbledore, en Harry Potter y el cáliz de fuego:

- Tendrás que elegir entre hacer lo fácil o hacer lo correcto.

Pero el profesor, deberá lidiar con el líder de la clase que se le enfrenta como un gallo de pelea, mientras que se cuestiona sobre un sistema educativo lleno de interrogantes. (Rebelión en las aulas)

- ¿No sabe que no se permite el castigo corporal o mejor dicho, ninguna clase de castigo?

- ¿Ninguno?

- No.

Por lo que el maestro instruye a sus alumnos con ideas propias que hacen mella en la clase y es entonces cuando el líder se rinde.

- No hay sitio para estos dos en nuestra escuela, esta mañana hemos dado un paso hacia delante y no se puede retroceder. Les guste o no. Ahora voy a llevar a estos dos abajo.

- Creo que nos gustará echarle una mano, señor Tarling.

Semilla de maldad es uno de los principales referentes del cine ambientado en los institutos, que diseñaría un esquema, luego repetido en Rebelión en las aulas y Mentes peligrosa, aunque a mucha distancia del clásico protagonizado por Glenn Ford. Si el mayor reclamo de Rebelión en las aulas era que la historia se desarrollaba en Londres, el profesor era negro (Sidney Poatier) y los alumnos, blancos, el argumento de Mentes peligrosas, se construye con la idea de que la profesora es mujer, junto a una pandilla de adolescentes violentos. Mentes peligrosas seguía el esquema de Semilla de maldad, aunque con una variación: queda patente el fracaso del profesor, no existen superhéroes en la educación y por mucho que se intente evitar, siempre quedaran cadáveres en el camino, alumnos a los que no se les puede redimir.

- Yo sé quien es usted, la blanca tragapastosa que ha estado liando la cabeza de mis niños. Ellos no van a volver a su instituto, y se acabó.

- ¿Usted se lo prohíbe?

- Desde luego que sí, ya sé lo que traían a casa, poesía y poemita, una pérdida de tiempo. Tienen cosas más importantes por las que preocuparse.

Pero para fracaso es el que planteaba años atrás François Trouffaut (en 400 Golpes) que renunciaba a la profunda existencia de un modelo educativo en continua gotera, forjada por una sociedad con muchos palos y mucha sangre derramada en pos de la buena educación. Cine francés con grandes ejemplos dentro de esta temática, como Cero en conducta, de Jean Vigo o Adios, muchachos (Louis Malle).

La ausencia de un modelo es también muy alabado en sistema educativo tan prestigioso como el británico, en donde hay profesores que fracasan por su incapacidad para motivar a sus alumnos en aquello que les entusiasma. Un buen ejemplo de esto es el título de La versión Brouning (Mike Figgins).

- He degradado la llamada más noble que pudiera seguir un hombre, el cuidado y la formación de unos jóvenes. He fracasado miserablemente, y sólo puedo esperar que encuentre en vuestros corazones, en ustedes y en los alumnos que os han precedido, el modo de perdonarme por haber fallado.

También el cine patrio se ha preocupado por mostrarnos esta simbiosis existente en el mundo educativo, entre el profesor y sus alumnos. Un buen ejemplo sería La lengua de las mariposas, con un excelente Fernando Fernán Gómez, aunque eso sí, cada uno lo presenta de un modo distinto, particular:

- El infierno del más allá no existe. El odio, la crueldad, es el infierno. A veces el infierno somos nosotros mismos.

Como hace el cine argentino, con un magnífico Fernando Luppi, interpretando a un profesor en Lugares comunes:

- Despierten en sus alumnos el dolor de la lucidez, sin límites, sin piedad.

El profesor, el aula y el adolescente en el blog. 

Diarios de la calle.

La violencia en el aula: acosado y acosador.

Carpe Diem: Juventud y muerte.

 

 

 

 


La violencia en el aula: acosado y acosador.

- ¡Eh, yo me tomo muy en serio mi planeta!

- Dí que el calentamiento global es un mito.

- Es un mito. En la cabeza no, que estoy estudiando.

Quizás por la pulsión autobiográfica de algunos directores, quizás por la fascinación que el cine siente por la infancia y sus postrimerías, existe una gran filmografía sobre el maltrato en las aulas y sus entornos adyacentes. En demasiadas ocasiones el maltrato se considera como algo natural, como algo propio de la edad e incluso como algo risible; sino recordad la familia más catódica de la televisión, Los Simpson con el personaje de Nelson, el gamberro del colegio, que tiene un especial interés por Milhouse. En otras ocasiones, el pringado de la clase funcionaba como alter ego de un superhéroe, cuyo mérito consistía en la contención de su ira y por tanto en sus capacidades sobrenaturales. Esto aparecía tanto en el personaje de Superman como en todos aquellos chicos que buscaban, de alguna forma, superar las adversidades cotidianas que incluso podían aparecer entre los muros de un colegio.

Cuando el acosado respondía al acosador con su misma moneda se pretendía el aplauso del público a un protagonista que recurre a la violencia como forma de superación personal. Así, pues el cine ha generado reflexiones más o menos serias y profundas sobre la violencia en las aulas, sobre como su aberrante normalización en la adolescencia se perpetúa en la madurez como resolución de nuestros conflictos. Uno de los filmes que más inciden en este aspecto es Una historia de violencia (David Cronemberg).

- Escúchame listillo, en esta familia no solucionamos los problemas a base de trompazos.

- No, los solucionamos a tiros.


El séptimo arte nos ha acercado a esta temática desde una multitud de puntos de vista y géneros, desde el drama, la comedia o el terror. Brian de Palma adaptaba un relato de Stephen King –Carrie- sobre una adolescente que decidía vengarse de sus compañeros, empleando sus poderes telequinéticos, en plena fiesta de fin de curso. Esta normalización cultural de la violencia junto con el libre acceso a las armas de fuego, causa masacres como la del instituto Columbine, excepcionalmente narrada por Gus Van Sant, en Elephant, una historia en la que dos perdedores adolescentes, -acosados y víctimas por un sistema que promueve el éxito- deciden poner fin a su existencia, llevándose antes todo lo que odian. Esta tragedia inspiró también Bowling for Colombine, reflexión acertada pero incorrecta en sus formas, en la que Michael Moore eclipsa sus razones con sus siempre discutibles puestas en escena.

- Yo odio a los blancos.

- ¿Me odias? Pero si no me conoces.

- Sé lo que puedes hacer.

                                      

Los institutos suburbiales son caldo de cultivo para las bandas -que agrupadas bajo idearios racistas-, utilizan el conflicto étnico como excusa y motivo de identidad. Diarios de la calle es uno de los filmes más recientes sobre la temática, pero es sin duda American History X el mejor ejemplo en este sentido. Al margen de la etnia, el acosador, como individuo amparado en la masa, encuentra en el diferente, el anormal, una muestra excelente para el linchamiento colectivo. El episodio de All invisible children, dirigido por Spike Lee, establecía una relación directa entre el carácter intolerante de los padres y el de los hijos acosadores. Una niña enferma de Sida era la víctima perfecta para una agresión colectiva. En esta misma dirección recaía la reflexión de François Truffaut en Los cuatrocientos golpes, pues la responsabilidad no sólo recae en los educadores, sino también en los padres, culpables en muchos casos y verdaderos delincuentes, en otros. Archero Mañas nos dejó una emotiva y dura película sobre este aspecto, El bola, aunque fue Larry Clark, en Ken Park, quien llevó la provocación hasta límites nauseabundos, en un filme centrado en el comportamiento del adolescente, profundizando en los abismos generacionales y apuntando como causa principal la intolerancia paterna.

Pero la problemática es aún más compleja. El rol del educador tradicional, -desdibujado por los sistemas educativos modernos-, da paso a la figura del profesor acosado, estresado y en muchas ocasiones dado de baja por depresión. El tema de la violencia en el aula, más que desaparecer, toma un nuevo giro que seguirá inspirando a otros tantos títulos cinematográficos.

La Segunda Guerra Mundial en el celuloide.

Un 1 de septiembre de 1939, la Alemania de Hitler invadía Polonia, desencadenado la Segunda Guerra Mundial y un 2 de septiembre de 1945 se ponía oficialmente fin al conflicto, con la firma de la rendición japonesa. En nuestro estilo, haremos un repaso a esas películas que han tenido en este conflicto su principal trama, claro, de una forma selectiva pues su filmografía es inabarcable. Los escenarios de las batallas, los campos de concentración, el holocausto, la bomba atómica; todo esto ha sido representado en la gran pantalla. Sobre todo cuando el séptimo arte ha retratado el conflicto desde varios frentes, convirtiéndose en arma de propaganda de los aliados. Desde los esfuerzos de los británicos en títulos como Sudor, sangre y lágrimas, a la Meca del cine, todos arrimaron el hombro para ganar la guerra, con una multitud de filmes con trasfondo bélico como Destino a Tokio (Delmer Davies).

- Damos las gracias a la Marina de los Estados Unidos para la realización de esta película, a nuestros submarinos que actualmente combaten y hacen sus patrullas en aguas hostiles.

Holywood comenzó la guerra con un patriotismo vulgar y barato, demonizando a los enemigos, pero pronto renunció a esto para evocar el valor y las emociones. Retrataba una visión tan desoladora de la guerra como humana de los soldados (Los mejores años de nuestra vida), el miedo, el valor, el horror. Todo se reflejaba claramente. Pero si hubo algo único que surgió de esa guerra, fueron los documentales de propaganda norteamericanos. Era esencial para ganar la guerra que el pueblo conociese con quien se enfrentaban, en este sentido, se rodaron numerosos filmes de propaganda. De la destrucción de Pearl Harbor por los japoneses, surgió una película montada en parte por Greg Toland y John Ford, pero sin duda, el más conocido es ¿Por qué luchamos? de Frank Capra. Se trataba de un conjunto de siete filmes, -uno de ellos de animación, dirigido por Walt Disney-, que pretendían justificar la participación en la guerra. El séptimo arte sirvió para encumbrar las grandes batallas y sus héroes, los centuriones de siempre: Eisanhower, Rommel, Patton, cuyos rostros ya son los de aquellos actores que los encarnaron.

- ¡Crímenes, brutalidades, torturas, atrocidades!

Sin embargo, su trabajo fue más eficaz cuando se basó en los sentimientos, en aquellos que producían horror, (Vencedores y vencidos) o el amor. ¿Quién no se acuerda del romance entre Rick e Ilsa? En este sentido, el espectador que viese Casablanca en su momento, lo vería de una forma distinta que el espectador de hoy.

- Bienvenidos a la lucha.

Casablanca no podía tener un final feliz cuando cada momento romántico se veía interrumpido por la guerra. La película era un buen retrato de los sentimientos amargos del público que iba a verla, porque era un filme que predicaba la renuncia y el sacrificio. Por eso Ingrid Bergman nunca podía estar con Bogart.

- Adiós, Rick, Dios te bendiga.

- Daos prisa, sino queréis perder el avión.

Otras películas empleaban el humor para satirizar al enemigo, destacando Ser o no ser y El gran dictador. Casi ninguno de estos títulos llegó a España, a causa de la censura y de los numerosos favores que el General Franco debía a Alemania e Italia.


- En las fortificaciones de la Costa Atlántica, se da la señal de alarma poco antes de amanecer el tercer día.

El No-Do narraba a los españoles la versión oficial (de hecho, la única) sobre el desarrollo de la guerra, como por ejemplo del importante desembarco de Normandía. Lo cierto es que en el bando del Eje apenas existió una producción cinematográfica en este sentido, los italianos se concentraron en el fundamental Neorrealismo y los japoneses rechazaban estás películas. Aunque Alemania dio muestras del cine bélico con los filmes rodados por Hippler sobre los primeros compases de la guerra, -cuando arrollaba la maquinaria militar alemana-, su cine de propaganda dio un nombre para su mayor gloria: Leni Riefestalh (El triunfo de la voluntad y Olimpia Film). A Goebbles no le convencía el cine como arma de propaganda, y Alemania se centró más en películas de evasión y de contenido histórico.

Pero aquella guerra terminó y el drama se convirtió en un buen telón de fondo para todo tipo de historias. En adelante, los retratos de la Segunda Guerra Mundial, se moverían entre aquellos que reflejaban la contienda en su forma más brutal y aquellos que se servían de ella para contar grandes historias: el desembarco de Normandía (El día más largo), la obsesión de un yanqui por fugarse de un campo de concentración (La gran evasión); romances, en pleno Pearl Harbor (De aquí a la eternidad) o la lucha de poder, con flema británica incluida, en la zona del Pacífico (El puente sobre el río Kwai).

- ¡Oficiales prisioneros, cojan las herramientas! ¡Y vuelvan a sus filas!

- Tengo que llamarle la atención, coronel Saito, respecto al artículo 27 del Tratado de Ginebra. Los beligerantes podrán emplear como obreros a los prisioneros, físicamente aptos, excepto a los oficiales.

- Déme ese libro.

- Con mucho gusto. ¿Usted sabe leer nuestro idioma?

- ¿Y usted sabe el nuestro?

- No señor, pero con una traducción más o menos literal podemos resolver el problema. Verá usted, el código especifica situaciones...

- ¡Quietos, que nadie se mueva!

Otros temas que iban apareciendo en la gran pantalla eran el expolio nazi de obras de arte (El tren, John Frankenheimer) y la llegada de los aliados a la capital francesa (¿Arde París?). O que doce condenados a muerte, tuvieran ocasión de redimirse con una misión suicida. (Doce del patíbulo, Robert Aldrich)

- Dese prisa en ponerse bien, necesitamos hombres como usted.


El cine pretendía demostrar que todos podían aportar su granito de arena, en pos de la victoria final. Que todo podía verse como un frente, incluso desde las alambradas de un campo de concentración, como en La gran evasión (John Sturges):

- La idea que centenares de efectivos tendrán que dejar el frente para quedar aquí, persiguiéndonos.

- ¿Cómo?

- Logrando que se fuguen más hombres de todos los campos de concentración que de todos los campos juntos. No van a ser dos o tres, sino doscientos o trescientos, desperdigados por Alemania.

- ¿Crees que es posible?

- Tenemos aquí quienes pueden hacerlo, los monos han puesto en este campo a todos los artistas de la evasión.

Pero como el mundo había cambiado con los años, la visión del conflicto también lo haría; aún quedaban grandes producciones, pero se sabía que las películas sobre esa guerra no serían las mismas. De hecho, se comenzó a respetar al enemigo, a ofrecer incluso una visión más humana de ellos. Tora, tora, tora, sobre la guerra en el Pacífico, sería ejemplar en este sentido.

- Me temo que no hemos hecho otra cosa que despertar a un gigante dormido y obligarle a tomar una terrible resolución.

En su día, Uno rojo: división de choque pasó por ser la visión mas dura de la guerra, pero llegaron Stalingrado, Enemigos a las puertas, La delgada línea roja, Salvar al soldado Ryan y Hermanos de sangre, la serie de televisión surgida de la película de Spielberg, por lo que nos dimos cuenta de lo mucho que quedaba aún por recorrer. Cuando el espectador pudo comprobar el verdadero horror del conflicto había llegado el momento de revisar algunos mitos. Lo hizo Clint Eastwood, de manera magistral, con un doble episodio centrado en la batalla de Iwo-Jima.

- Para mi padre y aquellos hombres, los riesgos que asumieron, las heridas que sufrieron, lo fueron por sus compañeros. Tal vez, luchaban por su patria, pero murieron por sus amigos, aquellos que estuvieron allí.

En Banderas de nuestros padres y en la superior, Cartas de Iwo-Jima, retrataba esa batalla desde cada uno de los bandos, reflexionando sobre el heroísmo, la amistad, la lealtad o el compromiso. Una forma muy diferente a cómo nos lo había contado Arenas sangrientas.

- Adelante, vamos, la guerra no ha terminado.

 

Leones por corderos.

Leones por corderos.

Que la guerra es un gran negocio es algo que Hollywood sabe muy bien, pero este no es el caso; a pesar de su reparto, Leones por corderos dista mucho de ser una película comercial. Tampoco es un panfleto político, aunque Redfort bordea ese abismo. Presentada en el Festival de Roma de 2008, Leones por corderos no ofrece respuestas para los enquistados conflictos que Estados Unidos libra en Afganistán e Irak; por el contrario Robert Redfort plantea una serie de preguntas que cuestionan muy en serio la democracia norteamericana, dirigidas a la libertad de prensa, la educación y la integridad de sus gobernantes. Cualquiera que conozca su filmografía, al menos, la enfocada a los conflictos sociopolíticos, descubrirá que el realizador no cree en la propaganda, en términos cinematográficos, sino en el hecho de presentar la mayor parte de la complejidad posible y plantear preguntar para que los espectadores piensen.

 En lo que respecta al título, este hace alusión a una serie de guiños históricos. Se le atribuye a Alejandro Magno esta cita que sirve como enunciado del film: "Nunca he tenido miedo de leones comandados por corderos, sino de corderos que son liderados por un león". Como también parece ser que sirvió para que un general alemán alabara la valentía de las tropas británicas, sus enemigos, en la batalla de Somme, durante la Primera Guerra Mundial. Max Von Gallwitz dijo: "Jamás he visto leones tan valientes siendo comandados por corderos".

 Con un armazón más propio del teatro que del cine, Leones por corderos es una película atípica, estructurada en tres tiempos, dos de ellos consistentes en conversaciones en tiempo real, la entrevista de una reportera (Meryl Streep) a un senador (Tom Cruise), y la de un profesor de Universidad (Robert Reford) a un alumno (Andrew Garfield) que suman buena parte del metraje de la cinta. El tercer tiempo es un episodio de guerra en la que dos soldados quedan atrapados en medio del fuego talibán.

 Tom Cruise, interpreta al senador republicano Jasper Irving, que se enfrenta a la periodista que lanzó su carrera política, Jane Roth (Mery Streep), para ocultar un incidente militar en Afganistán. Él es un senador con aspiraciones presidenciales y ella, una veterana e influyente periodista, pero bastante escéptica, que se verán en un tira y afloja con el interés de reanudar ofensivas en suelo afgano, como telón de fondo.

En el primer episodio Redford, denuncia la complacencia de la prensa norteamericana con sus mandatarios. Que las cadenas oficialistas se hayan limitado a transcribir las emisiones recibidas por el gobierno, -sin ser el garante de la verdad, una de sus tareas fundamentales-, es algo obvio desde el comienzo del conflicto. Así lo encontramos, por ejemplo, en las escasísimas producciones que se han atrevido a sacar punta a la administración de Bush, como el panfletario documental de Michael Moore.

- ¿Qué soy partidista y tendencioso? No te quepa la menor duda. La prensa de los Estados Unidos, en general, es tendenciosa.

 Quizás esta desinformación explique el auge de Internet como medio de comunicación libre, utilizado por los combatientes para reproducir en primera persona la guerra. Fue Brian de Palma, en el pasado Festival de Venecia quien puso esto de manifiesto con su fallida, pero aún así loable Redacted.

 - Irak era un país casi del primer mundo.

- Era, porque ya no lo es.

- Lo tomamos tan pronto como tuvimos cifras. Afganistán era, es y será siempre del tercer mundo. Allí los grandes despliegues han fallado desde Alejandro fuera Magno.

- ¿Nosotros tomamos Irak? ¿Cómo se me ha podido pasar?

- Militarmente, sí.

Otra  gran reflexión, planteada en Leones por corderos tiene que ver con la clase política norteamericana. El senador, interpretado por Tom Cruise, encarna buena parte de los vicios del gobernante norteamericano, una ambición tan desmedida como amoral, junto con su exceso de carisma y una absoluta completa ausencia de capacidad para gobernar, o lo que es lo mismo:

 - Como no sabía que hacer, el Sr. Bush simplemente se quedó allí y continuó leyendo Mi mascota, la cabra.

 
Leones por corderos, posee una estructura teatral, con un espíritu concienciado, pero a título personal me caen mejor sus intenciones que sus resultados, aunque este sea bastante digno. En cierto momentos parece un quiero y no puedo, tanto que a ratos se observa tibieza en el tono narrativo. Percibes que el director quiere huir del panfleto, pero tanto afán por el razonamiento le hace perder brillantez y garra. En cuanto a la división de la película, estas tres historias llegan a parecerse densos planos secuencias con autonomía, aunque exista un hilazón argumental entre ellos. Al final, el resultado es muy agradecer, sobre todo si observamos otros proyectos sobre la misma temática. Y el mensaje, queda demostrado que no lo hace un profesional del panfleto o un incendiario radical, sino un cineasta modélico para la opinión mediática. Son palabras mayores.

 

 

Hollywood cogió su fusil: Iraq y Afganistán en el cine.

Hollywood cogió su fusil: Iraq y Afganistán en el cine.

No recuerdo pruebas fehacientes de que el cine -o cualquier otra manifestación artística- haya detenido una guerra, pero es tan necesario como agradable que esta toma note, plantee dudas y remueva conciencias sobre las atrocidades que se cometen diariamente con justificaciones de Estado.

 Casi todas las películas durante la II Guerra Mundial hacen referencias al conflicto con un sentido panfletario y propagandístico. Luego, vendría Vietnam que penetraría en la vida cotidiana del pueblo americano, aunque con un sentido muy distinto. Algunos filmes de este período, como Medium Cool (Haskell Wexler), aludían al conflicto pero pocos estuvieron dispuestos a afrontar el tema abiertamente. Tuvieron que pasar varios años desde la caída de Saigón para el cine americano reflexionara sobre la guerra que acababan de perder, porque el cine de guerra de la época - Johnny cogió su fusil, M.A.S.H. o Trampa 22- aludían tanto a Corea como a las dos Guerras Mundiales. Y esto, ¿por qué? Porque el país estaba dividido entre los que apoyaban la guerra y los que la condenaban.

  Ahora, con la Guerra de Irak, esta es tan impopular como el cáncer de pulmón. Seguramente por eso, se multiplicaron los trabajos cinematográficos, sobre todo con el formato documental en el que podemos señalar algunos títulos interesantes: About Bagdag, sobre el regreso de un poeta iraquí a la ciudad; la producción de HBO Alive Day Memories -una serie de entrevistas a soldados heridos en el frente-; Gunner Palace, Iraq in Frangents o How I planned to Kill Tony Blair. Con respecto a este tema parece que Hollywood ha encontrado el arma de su padre, aunque tampoco se ve una intención de querer apoyar el conflicto. La pregunta entonces, sería evidente, al menos en muchos ciudadanos de pro: ¿Dónde está John Wayne? En la Guerra de Vietnam hubo una película, precisamente dirigida por él, Boinas verdes, que retrataba al americano como un héroe. Ahora, en Leones por corderos un senador grita a una periodista: "¿Quiere usted la guerra contra el terrorismo? ¿Sí o no? Esta es la pregunta de nuestro tiempo". En realidad, esta cuestión viene avalada por un sentimiento que surge tras el 11-S y que incluso hoy está muy vigente. Sólo hay que ver algunas de las producciones del género bélico dentro del mundo del videojuego, que empiezan a tomar como tema reverencial la lucha contra el terrorismo. Sin embargo, en la película el personaje interpretado por Tom Cruise está diseñado para no tener razón.

 El primer conflicto en Irak o Guerra del Golfo, propiciado por el presidente George Bush padre, inauguró una posmoderna moda de hazañas bélicas, en imagen, que ha dado poco de sí, cinematográficamente hablando mientras que el espectacular atentado contra las Torres Gemelas (Nueva York) presentaría un nuevo orden mundial, al que el cine, y no sólo el americano, no ha podido mantenerse ajeno.

Afganistán fue la primera etapa, hoy casi silenciada, de la primera fase que el pequeño de los Bush lanzó como respuesta al ataque terrorista. Un episodio bélico que consagró la fuerza de tropas de pacificación internacional, dirigidas por la OTAN, en la que participaría el mayor de los protagonistas de la película danesa Hermanos, desaparecido en combate y a quien se le da provisionalmente por muerto.

 - Sabía que esto podía ocurrir, siempre lo he sabido. Hemos hablado de esto muchas veces, pero yo no creo que esté muerto. Yo puedo sentirlo.

Sorprendentemente llegó a las pantallas de todo el mundo, abalada con la Concha de Oro del festival de San Sebastián, un reflejo de primera mano desde el punto de vista de quienes encarnan el eufemismo recurrente de los daños colaterales, víctimas inocentes de los despiadados vapuleos de la guerra, como son los niños kurdos de Las tortugas también vuelan.


 - ¡Atención, atención hablo al pueblo y a los refugiados que vivan por aquí, para que todo el mundo suba la colina, la guerra empezará dentro de unas horas! ¡La guerra entre Irak y Estados Unidos está a punto de empezar! ¡Poneos a salvo!

 También dentro del documental se inscribe una recreación documentada e incontestable del agravante atentado contra los derechos humanos y la legalidad internacional que es la cárcel de la isla de Guantánamo, en donde recluyen a los sospechosos de estar involucrados en los atentados o de pertenecer al grupo terrorista Al Quaeda, que supuestamente estaba detrás de los sucesos del 11 de septiembre. Lo firma el británico Michael Winterbotton, con el título de Camino de Guantánamo, cineasta con fuertes convicciones políticas y un cine comprometido y contestatario, que había rodado otra película sobre  el conflicto de Afganistán, In the world. A esta misma temática corresponde la obra documental Taxi The Darkness Side (Alex Grilby), sobre la historia de un taxista que fue detenido en Bagdad y sometido a tortura.

                                  

Los paisajes afganos e iraquíes inundados de marines norteamericanos y de fuerzas internacionales han fraguado en una suerte de guerra abstracta contemporánea cuyo máximo exponente se encuentra en las desdramatizadas escenas bélicas de la película Flanders (Bruno Dumont). Pero sorprendentemente el actual antecedente del conflicto en Oriente Medio, la llamada Tormenta del Desierto, tuvo una leve repercusión en Hollywood. Tan sólo un mal remake de Los violentos de Kelly, Tres Reyes, y la muy notable Jarhead, de Sam Mendes, que a pesar de que en nuestra taquilla pasó sin penas ni gloria, ambientaban sus tramas en la pasada Guerra del Golfo.

- Jesús, María despatarrada y José, esto es un cagarro como un piano.
- Señor, al recluta no se le da bien dibujar, señor.
- Entonces, ¿por qué coño eres mi escribiente? ¿Tú crees que mi escribiente debería saber dibujar?

Como también aparecen algunas producciones más arriesgadas y originales como Embebded (Tim Robbins), a través de un montaje teatral filmado, -que tuvo una repuesta en Team America (Trey Parker-), cinta de animación que metía en el mismo saco a gobernantes americanos y terroristas. Políticamente incorrecta, y sin duda una de las más estimulantes. Entre las recreaciones anuales del conflicto-denuncia, del año anterior destaca Regreso al infierno (Michael Winterbottom), película que no glorifica la guerra, pero tampoco la condena, consumida en una serie de tópicos respaldados por su puesta de escena, su solvencia narrativa y un puñado de buenas interpretaciones.

 - Tú lo tienes todo controlado, ¿no?
- ¿Dónde hiciste el servicio, en Getisburg?
- En Saigón.
- ¡Dentro de treinta años no vuelvo a aquí ni de coña!

   Los nuevos conflictos, como si se considerasen de un nuevo Vietnam, se mantienen en la picota de este subgénero que se ocupa de desterrar los miedos, fobias y filias, en una carrera mediática por reflejar la realidad más inmediata, tras los documentales, que genera ya ficciones casi simultaneas a los hechos que los inspiran con la lógica de la política internacional y buena parte de la maquinaria al servicio de la vehemencia de los presidentes norteamericanos. En este sentido, Lions for Lambs, este incordiante y reflexivo Pepito Grillo no está sólo. Otros pesos pesados -con mayor o menos éxito- han querido acercarse a estos conflictos como por ejemplo Brian de Palma en la tan experimental como fiasco Redacted y Paul Harris en la desgarradora y compleja En el valle de Elah (título que hace alusión al lugar en donde David y Goliat se enfrentaron). Estos -y otros muchos proyectos- nos cuentan que no hay razón, ni gloria, ni honor en el tinglado que han montado en Irak ni en los turbios intereses geopolíticos y económicos abanderados por Bush. Que ni Dios bendito ni lucha por la libertad.

Redacted: Brian de Palma tras la Guerra de Iraq.

Lo que se ve en la pantalla no es una película bélica, estas imágenes son reales. Internet está plagada de videos como los que presenta Brian de Palma en su nuevo proyecto cinematográfico, acciones de guerra que los soldados norteamericanos cuelgan en la red para compartir, denunciar o simplemente entretenerse. Pues bien, impostando este material, el cineasta construye Redacted, película fallida pero loable intento de narrar lo que verdaderamente está sucediendo en Irak, aquello que no aparece en la televisión norteamericana, cómplice en muchos casos del oscurantismo mediático de la Administración Bush. De hecho, Redacted significa "editar" un documento del que se ha suprimido información personal, confidencial o incómoda; es decir que ha sido censurado. De ahí que la película refiera a la autocensura que los medios gubernamentales y las fuentes informativas hacen de las noticias que proceden de Irak.

 Poco podía imaginarse George Orwell, al introducir el concepto de neolengua en su visión distópica del futuro que es 1984, que estaba previendo lo políticamente correcto, sobre todo con el progresivo empobrecimiento del inglés y de la capacidad de reflexión resultante. Lo más grave es que la meditación que el escritor británico hizo de la decadencia de la expresión escrita de las ideas políticas, ha terminado trasladándose al celuloide, apareciendo una serie de directores que venden como compromiso un discurso tan complaciente como superficial y repleto de topicazos, como el de Babel (Alejandro González). El éxito entre ciertos sectores de intelectuales de esta postura de progresismo aburguesado y acomodaticio, que permite calmar el sentimiento de culpa de sus espectadores el lo que ha llevado a algunos realizadores a plantear de una forma crítica y veraz el conflicto en Irak.

Y es que Brian de Palma ha cometido una osadía imperdonable en este momento de buenrollismo y mediocridad: ni maquilla ni suaviza los acontecimientos que dieron lugar a esta película. Cuando unos soldados establecidos en un checkpoint iraquí violan a una civil y asesinan a su familia, los miembros de su regimiento toman conciencia del vacío moral, en el que los ha sumido la guerra. "No puedes permitirte el lujo de sentir remordimientos. Si te asaltan los remordimientos te vuelves débil, y si te vuelves débil, mueres" (Soldado B. B. Rush, tras la muerte a tiros de una mujer iraquí embarazada que fue confundida con una terrorista).



 Primero, el machismo y el racismo que vertebra con ciertos aspectos la cultura propia de la América profunda, personificados en los soldados B.B. Rush (Daniell Stewart) y Reno Flake (Patrick Carroll); luego la estupidez militarista representada por el sargento bocazas y gritón, James Sweet (Ty Jones), y por fin, la necedad de los mandos capaces de soltar sin inmutarse un discurso sobre la democracia, el deber y otras mececes patrióticas, cuando un soldado, Cable Blix (Kel O´Neill) le pregunta si volverá pronto a casa. Este personaje es interesante por un detalle en especial, el libro que está leyendo en esa misma escena parece no haberse elegido por casualidad: Apointment in Samarra, de John O´Hara. La novela sobre el proceso de autodestrucción de un soldado nortemaricano llamado Julian English hasta su suicidio. El título del relato alude a una narración de Somerset Maugham que sirvió de pretexto en Redacted, en la que el propio soldado lo narra.

 Con su cine crudo, violento y entregado al juego visual, Brian de Palma lleva años en la picota de la controversia. Si ha dejado huella en la historia moderna del cine USA con films como El fantasma del Paraíso, El precio del poder o Los intocables de Elliott Ness, ya en sus inicios vagaba por ese submundo de los desechos que su país distribuía como gendarme del mundo. Así, ya en la escena final de Greetings, de finales de los sesenta, un equipo televisivo entrevistaba a un soldado (un joven Robert de Niro) en lo que es un pobre remedo de la jungla vietnamita. En la lejanía aparece un soldado del Vietcong al que el norteamericano coloca en su punta de mira de su fusil mientras avanza a su posición. El Vietcong resulta ser una mujer que, empieza a moverse como una stripers ante las cámaras del equipo de televisión. Un striptease que reproduce el fetichismo personal del soldado. De este modo, en los principios de su carrera, antes de convertirse en hitchcockiano, rodaba influido por Jean Luc Godard. De hecho, su nueva película se acerca al estilo vanguardista de sus películas filmadas en los años sesenta y setenta, a Greetings, pero también a ¡Hola, mamá!, e incluso a la posterior Corazones de hierro, con Sean Penn, con la que comparte algunos paralelismos. Era el Vietnam de la época de Johnson y a la guerra que sólo interesaba a los traficantes de armas y a los socios del presidente demócrata. Pero también esas películas operaban como grandes metáforas de cómo invadir un país, violarlo y destruirlo. En las dos cintas, se secuentra, viola y asesina a una joven; aquellos soldados de Vietnam y ahora los de Irak se preguntan las mismas cuestiones: ¿qué demonios hacemos aquí? Todo el mundo nos odia, ¿somos insurgentes o amigos que hemos venido a "ayudar?.

 Si en el Festival de Venecia hubiera habido un premio a las mejores intenciones, hubiesen premiado con él a Brian de Palma, siendo más justo que un León de Plata, a la mejor dirección, porque si bien es cierto que el veterano director demuestra valentía al intentar construir una película con retazos de videos, Internet y crónicas periodísticas, también es verdad que el resultado dista de ser creíble. En Redacted existe mucha puesta en escena, interpretación y un agudo maniqueísmo que destruye la ilusión de estar ante un fragmento de realidad. Las costuras de lo que debía ser un fino trabajo de reconstrucción son tan evidentes que llega incluso a enojar. Para los que idolatramos al director de El precio del poder o Carlito´s way, Redacted es la continuación de un declive creativo que comenzó hace unos años. Ya lo había dicho Godard en alguna ocasión, el cine es una forma de mentir a veinticuatro imágenes por segundos, sobre la supremacía del realizador-demiurgo como manipulador de la realidad, utilizando para la ocasión un collage de imágenes, tanto B/N, color, viodeocámaras de seguridad o el diario del soldado Salazar (Izzy Díaz). Explosivo cóctel de imágenes que sirve para configurar una película, en donde la tensión a la que se ven sometidos los marines, nos acerca al hecho de verse como blancos móviles de francotiradores, bombas y otras mortíferas formas de ataque por parte de la milicia iraquí y de Al-Qaeda, mientras desempeñan sus habituales acciones de vigilancia. Una de las mejores secuencias del filme describe el aburrimiento en el checkpoint. Momento que nos recuerda al faso documental, producido por la televisión francesa, Barradge -trufado de primeros planos y panorámicas acompañados por una voz en off y la música de Franz Shubert, en concreto del segundo movimiento del Trío Opus 99-D 898 para piano, violín y violonchelo-.

En este sentido, Redacted sirve como reflejo de la evolución del reportaje de guerra. Internet, flujo infinito de información abierta, convierte en potencial es reporteros a cada uno de los soldados, que provistos de una minicámara, narra en primera persona, sin las censuras y los vicios del profesional de la información.


Guerras en 16 milímetros: reporteros en el infierno.

Guerras en 16 milímetros: reporteros en el infierno.

 - Las cadenas de televisión de todo el mundo dieron la noticia, pero es esta imagen, esta única fotografía, la que se convirtió en un sinónimo del dramatismo de ese momento histórico.

Andie MacDowell en Las flores de Harrison.

 Con una imagen se puede ganar o perder una guerra. Y si la escenificación de la toma de Iwo-Jima, inauguraba la victoria norteamericana en el Pacífico, durante la Segunda Guerra Mundial, las imágenes de las víctimas de los bombardeos de napal significaron la derrota en Vietnam. Quizás por eso, la estatua de Sadam Husseim, derribada tras la toma de Bagdag, estaba frente al Hotel Palestina, donde se alojaba los reporteros gráficos supervivientes. Pero la guerra de Irak es nueva por numerosos motivos. Las imágenes que escenifican la derrota moral de las tropas norteamericanas son estas, las encontradas en la red, colgadas a sus protagonistas y enviadas a la prensa. En este sentido, Brian de Palma con Redacted acierta al atender a Internet como flujo de verdad, como un medio libre en donde la guerra llega sin censura. Por ejemplo, todos podríamos recordar la manipulación de los medios en la primera Guerra del Golfo, en donde las imágenes -que procedían de la CNN- mostraban una realidad monolítica y distorsionada del conflicto. Del mismo modo, tampoco fueron auténticas las imágenes de la evacuación de las tropas españolas de La Habana en 1899, filmadas por un operador de Edison como testimonio de un género naciente, el de la propaganda política. Este Estas revelaciones, a veces poco documentadas, pero siempre del agrado del público, comenzaron a integrarse en el género de la ficción. Muestra de ella es la reconstrucción que Griffith hizo en El nacimiento de una nación de los episodios bélicos de la guerra de Secesión. Los condicionantes tecnológicos del cinematógrafo limitaron a los hechos bélicos de la Primera Guerra Mundial, a los noticiarios de la época, en un momento en que la propaganda era todavía escrita. Sin embargo, figuras como la de Robert Cappa con el testimonio gráfico de la Guerra Civil española -sobre toda esa famosa imagen del republicano abatido en el Cerro Muriano, cerca de Córdoba, al comienzo del conflicto-, contribuyeron a la creación del reportero de guerra, integrado en las tropas regulares y armado con una cámara de cuerda de 16 mm.

 Fue Frank Capra el gran artífice de la propaganda política en la Segunda Guerra Mundial, con su serie ¿Por qué luchamos? que coordinaba el trabajo de los reporteros, con un discurso didáctico cuyo objetivo era explicar, de forma simple, las causas del conflicto. Y, por tanto, de la intervención norteamericana en el mismo. Gran patriota, John Ford, también arrimó el hombro, con La batalla de Midway, 7 de Diciembre, como su máxima contribución del gran cineasta a la victoria del Pacífico.

 - Nadie se daba cuenta de que levantaban una segunda bandera. Hank no levantó esa bandera, levantó la otra, la de verdad.
- ¿La de verdad? ¿Hay una bandera de verdad?

 Recientemente, Clint Eastwood reflexionaba en Banderas de nuestros padres sobre la instrumentalización de una imagen y sus consecuencias, dejando al descubierto las mentiras de la maquinaria propagandística norteamericana, planteando un dilema sobre los fines y los medios, fácilmente exportables al contexto histórico actual.

 - ¿Es cierto que el presidente está de acuerdo con un gobierno revolucionario que no será ni pro francés ni pro comunista? ¿Un gobierno próximo a una tercera fuerza?
- El amor es la gran fuerza que al final unirá a todo el mundo.
- Luego me cuentas cómo acaba.

 Con el tiempo, este empleo de la propaganda y de los medios de comunicación fue instrumentos muy útilos por los gobiernos para continuar políticas colonialistas en lugares tan distantes como África o Asia. En este aspecto, destaca -por su repercusión en el séptimo arte- la guerra que mantuvo Francia para conservar sus reductos coloniales, lo que desangró a la población gala y dividió a la opinión pública. Son los años cincuenta, Indochina y Argelia. Destacando El americano tranquilo, Joseph L. Mankievitz y La batalla de Argel. Aquí, Gillo Pontecorvo señala que la libertad de prensa o la ausencia de un control sobre la misma, por el gobierno francés, fue una de las causas de la derrota gala.

- Coronel, Voatier, se ha hablado durante todo este tiempo no sólo de los éxitos obtenidos por los paracaidistas, sino también por los métodos que fueron utilizados por los mismos. ¿Usted puede decir algo al respecto?
- El éxito es el resultado de esos métodos.

 Esta libertad de prensa se extiende a la Guerra de Vietnam, en donde el trabajo de los corresponsales de guerra de la televisión, sirvió para que el clamor popular obligara a la Administración de Nixon a retirar las tropas. De este modo, encontramos un primer testimonio en Apocalipsis Now (Francis Ford Coppola):

 - Actúen igual que en el combate, igual que en el combate, no miren a las cámaras.

 Pero fue el maestro Kubrick, en La chaqueta metálica, el primero en mostrar el conflicto bélico como espectáculo mediático.
 
- ¿Eres fotógrafo?
- No, soy corresponsal de guerra.
- ¿Y has visto mucha guerra?
- No, he visto poca, en la tele.

Otras propuestas en el celuloide, serían El reportero (Michellanguello Antonioni), protagonizada por Jack Nicholson, y Nieve que quema, con Nick Nolte, en donde un fotógrafo se encuentra perdido en medio de un reportaje de guerra, en el contexto del conflicto de Vietnam. Hasta llegar a la televisión, como una fuente inagotable de imágenes morbosas que deben emitirse a tiempo para combatir otra batalla, la de la audiencia, con el info-show que llega a nuestras pantallas a través de los informativos. De esto se hace eco, Hotel Rwanda, magnífico testimonio de las crueldades en una guerra civil y el genocidio entre dos étnias rivales.

 - Tengo unas imágenes increíbles, es una masacre, cadáveres, machetes. Si te las envío inmediatamente, ¿estarán listas para el informativo de la noche?

En los Balcanes, la televisión vuelve a jugar un papel fundamental en la denuncia del genocidio llevado a cabo por las tropas de Milósevic, con Territorio comanche, la adaptación cinematográfica de la novela de Arturo Pérez- Reverte, como el mejor ejemplo dentro de nuestro cine, poniéndose de manifiesto los riesgos de oficio que sufrían estos reporteros que trabajan en pleno escenario de guerra. No obstante, la magnífica Las flores de Harrison funcionaba mejor como retrato del horror y la sinrazón vista desde la mirada de una periodista (Andie McDowell) dispuesta a todo a encontrar a su marido, reportero británico desaparecido en el conflicto. Pero la guerra, para la televisión, es un espectáculo que puede venderse sin bajar la mirada, sobre todo si los muertos no pertenecen a occidentales o a un país desarrollado. En este sentido, destacada el trabajo que Danis Tanovic presenta En tierra de nadie.

 Para llegar, por fin, a la Guerra de Irak, en donde parece prevalecer el tema de la censura, siempre que se cita la libertad de prensa en el celuloide. Recordemos dos ejemplos. Jarhead, de Sam Mendes:

 - Eso es censura.
- ¿Censura? Esto es el ejército, somos marines, aquí no hay libertad de prensa.

Y el documental de Michael Moore, Farenheit 9. 11: "El gobierno no emitía estas imágenes, para que no se supiera lo que ocurría en estos casos, sobre el regreso de los cuerpos de los soldados muertos". El nuevo filme de Brian de Palma, Redacted, comparte puntos interesantes con esta filmografía, como por ejemplo, la manipulación mediática norteamericana, la de los bombardeos sin cadáveres, los ataúdes que vuelven a casa de los que sólo se sabía por las imágenes de Internet. De hecho, la película se cierra con unas imágenes, de las cuales algunas no se pueden ver con detalles.