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Travelling. Blog de cine.

Bush y Nixon: la cara más amarga de la Casa Blanca.

Bush y Nixon: la cara más amarga de la Casa Blanca.

 La Presidencia de los Estados Unidos es una de esas estaciones inexcusable en la cinematografía americana. Con esta se pretende entretener al espectador mientras se le insufla los valores adecuados y presenta a la figura del Presidente como cabeza de un país triunfante. Así sucedía, desde George Whashington a Lincoln, mientras otros quedaban más por su leyenda o sus claves sin resolver (Kennedy) o la doble moralidad del pueblo americano (Clinton). Muchos son los presidentes de ficción, aunque acompañados de acontecimientos reconocibles como de los traumas o miedos colectivos. Y algunos otros se representaban por encarnar la cara más más oscura de la política, destacándose dos Presidentes: George W. Bush y Richard Nixon. De hecho, el celuloide se ha cebado con estos dos mandatarios con mayor pedirí de perdedor.

 Richard Milhaus Nixon pasó a la historia por la salida de la Guerra de Vietnam y por el escándalo conocido como Watergate. Ha aparecido en la pequeña pantalla en conocidas series de animación como Futurama o Los Simpson, ambas creadas por Matt Groening, retratado como un personaje gris; pero es en el cine en donde ha quedado para la posteridad.

 - Tiene que tener en cuenta lo que dijo uno de sus empleados, el señor Howardhands.
 - ¿Qué clase de información?
 - Se trata de encajar en su personalidad. Sabemos por ejemplo que trabaja o trabajaba como escritor. Dicen que es un novelista y parece que ha estado en la oficina del señor Colbson, en la Casa Blanca.

   El caso Watergate es uno de los puntales de su Administración y la principal referencia en el celuloide; de una forma u otra, todas las películas que se han acercado a la figura del Presidente Nixon se han visto marcadas por ese suceso. Fue Alan J. Pakula quien relatase en Todos los hombres del presidente,  las presiones a la que se vieron dos míticos periodistas norteamericanos, Woodward y Berstein (encarnados por Dustin Hoffman y Robert Redfort) en su intento por aclarar una de las intrigas políticas más interesantes de los Estados Unidos, el caso Watergate. Por lo que pudiera saber, resultó un caso de espionaje al partido demócrata, alojado en el hotel Watergate de Whasginton.

 Fueron muchos los que lo han interpretado en la gran pantalla, pero nos quedaremos con dos, el gran Anthony Hopkings (Nixon, Oliver Stone) y Frank Langella (Nixon contra Frost).

- He defraudado al pueblo americano. Y tendré que llevar esa carga el resto de mi vida.

El desafío: Frost contra Nixon, se aproxima con mayor verisimilitud que la mayoría de sus precedentes a los oscuros recovecos del poder, con el único presidente con verdadero pedigrí de perdedor de la política norteamericana y un periodista tenaz que supo hacer una investigación fascinante.

 - Tal vez no sepamos qué buscamos, tal vez usted debía haber sido político y yo un periodista riguroso.

 George W. Bush nos ha dejado grandes momentos cinematográficos para el recuerdo, bien de forma apócrifa en Fat city (Sidney Lumet) como en el filme de Oliver Stone, W. El cineasta demócrata convencido, cubre el largo viaje de Bush Jr., desde la universidad a la Casa Blanca, en cuyo trayecto no sólo soslaya las incontrables meteduras de pata de su legislatura (confundió Guantanamera con Guantánamo), sino que se explayó en las incontables vergüenzas de su Administración. Con el rostro del actor Josh Brolin, descubrimos el largo recorrido desde la fraternidad universitaria hasta su conversión evangélica y los primeros coqueteos con la política en Texas.
 
- La política es una guerra y yo acabo de perder. Os voy a decir una cosa, no voy a dejar que nadie sea más tejano o más cristiano que yo.

 En esta línea no tiene desperdicio un guiño que hacía el personaje de Mel Gibson en la película Conspiración.

- Es mi boletín, por eso creo que los he asustado. Le habré tocado algún nervio con algunos de esos artículos, por que sino no se explica porqué se han cabreado de esta manera y ha debido ser algo…
- ¿El secreto sísmico del trasbordador espacial? ¿La conexión entre George Bush y Oliver Stone?
- Sí, seguro. Si alguien tuviera la información que el tiene y pudiera difundirla por todo el país, ¿le dejarían hacerlo? No, está claro que es un líder de la desinformación que trabaja para él. Es significativo que siga con vida, debería haber muerto, pero no lo está.

 Pero si tuviéramos que destacar algo, sería aquel retrato procedente del género documental  Este ha dejado constancia de la personalidad de los últimos presidentes que han marcado el tono y el ritmo del mundo en los últimos ocho años. El ataque a George Bush, de Michale Moore (Farenheit 9/11), es el referente tanto por quienes le odian como por aquellos que le admiran. A pesar de que no logró el objetivo de evitar su reelección, consiguió sacar a la luz los puntos flacos de su Administración. Sea demagógico o no su postura, ¿verdad que es estimulante?

 - Mientras los minutos pasaban, George Bush seguía sentado en el aula. Estaría pensando: “¿habré estado relacionándome con la gente equivocada?”.

 

Capitalismo: una historia de amor.

Capitalismo: una historia de amor.

 - El 90% de los americanos tienen muy poco, yo no creo riqueza, yo poseo. Nosotros ponemos las normas, pon el hambre, la paz en una hoja de papel. Nosotros somos los que sacamos el conejo del sombrero, mientras que los demás están sentados preguntándose cómo lo hacemos, ¿no serás tan ingenuo de creer que estamos en una democracia, Buddy?

Gordon Genko (Michael Douglas) en Wall Street. Oliver Stone.

 No abandona ni su gorra de béisbol, ni su pinta de niño grande, pero desde hace 30 años toca las narices al país más poderoso del mundo. A Michael Moore le hemos visto detrás de la guerra de Irak, la política sanitaria o la posesión de armas. Ahora vuelve a la carga con su mejor artillería, para lanzar una arenga contra el capitalismo, una mirada crítica a la economía global; el resultado: Capitalismo, una historia de amor.
                 
 Sin duda, lo logrado por Moore debe despetar curiosidad, rivalidad e incluso envidía, entre los que hacen grande a Hollywood: recoger un Oscar, hacer taquilla y provocar –como nadie- contando siempre la misma historia. En esta ocasión, se trata de la historia de un sistema –el capitalismo-, convertido en la principal pesadilla.

 - El capitalismo es un mal, y el mal no se puede regular. Hay que erradicarlo, pero en base a leyes, sino a través de la democracia.



Ni economistas ni historiadores se ponen de acuerdo sobre el origen del capitalismo. Para algunos es tan antiguo como el trueque, para otros, tan moderno como la economía de mercado. Pero nadie duda que el sistema creado bajo los auspicios anglosajones, tuvo el éxito en las Colonias, hasta convertirse en la religión de los Estados Unidos. Si nos quedamos con referencias cinematográficas sobre el tema, destaca 2012 de Roland Emmerich -porque sus conclusiones resultan más objetivas y sinceras que las de Moore-, y Wall Street (Oliver Stone).

 Sin embargo, habría que hacer un inciso, el sistema económico al que Michael Moore dirige sus críticas no es el Capitalismo con mayúsculas, sino una versión de este. Quizás su versión más depredadora, la que abandera los Estados Unidos y que tiene su catedral en Wall Street. De hecho, el cineasta no pone en cuestión el capitalismo, pero su discurso se identifica con las posturas democráticas, que encuentran en Barack Obama su principal esperanza. Su principal argumentación se asienta en una tesis: Lo mejor del Sueño Americano es la creencia en los Estados Unidos, en la democracia y en la justicia, pero es difícil cuando la economía rige los resostes de un país. El mensaje de Moore es incontestable, el capitalismo nos está destrozando; pero su envoltorio es tan entretenido que resulta peligroso por dejar demasiadas puertas a la manipulación. Es como si Buenafuente o el Gran Wyagoming hubieran hecho una tesis del estado económico actual y no escatimaran en supuestos.

 Por otra parte, de nuevo Michael Moore llena la pantalla de su omnipresencia figura y de unos datos de dudosa valía. La crisis actual ha puesto a las finanzas internacionales contra las cuerdas, ha provocado millones de desahucios, un 10% de desempleo, deudas públicas de más de un billón de dólares y ha destapado vicios y escándalos estratosféricos. Con el capitalismo, como objetivo, Michael Moore recorre la geografía de la crisis que en Estados Unidos ha destruido millares de empleos, mientras que advierte a los europeos del modo de vida americano: “Cuanto más os parezcais a nosotros, peor será para vosotros”.

 Al fin y al cabo, los ejemplos con los que ilustra su discurso son tan burdos como contradictorios: unos casos de desahucios no demuestran la situación de todo un sistema económico, a lo sumo subrayarían sus imperfecciones. Por esa razón, el director acierta más en la situación general que en los casos particulares. Se encuentra más cómodo en sus críticas hacia la política de Whashington, que favoreció a los grandes bancos, que en los ejemplos concretos (resulta incomprensible la defensa de los pilotos de aviación, como víctimas del sistema). También se le ve bastante descolocado en sus intervenciones en pleno Wall Street (esa escena en la que se le ve precintando un banco, en domingo, como una revolucionaria medida de protesta), meras acciones cara a la galería, celebradas por sus seguidores. Los mismos espectadores que seguramente no sepan que si una película como esta llega a las salas de cine es gracias al capitalismo.

 Michael Moore es un realizador que se mueve por el telereportaje de actualidad con fondo social y político como un showman con vocación de Pepito Grillo. Todo un demagogo que pisotea a sus anchas otra de las instituciones consagradas de los Estados Unidos, aunque se siente más cómodo en su vena de humor cínico que en su crítica objetiva. La película, El capitalismo: una historia de amor termina siendo un ensayo simplista y manipulador, dirigido más por un telepredicador que por un verdadero crítico del sistema.

                    

Crisis? What Crisis?: Quiebra del capitalismo en el celuloide. Parte 1.

Crisis? What Crisis?: Quiebra del capitalismo en el celuloide. Parte 1.

Estamos embriagados por la crisis, allí donde haya dos personas el fantasma del desempleo, la miseria y sus resortes hacen su aparición: menos mal que el cine está de nuestro lado para recordarnos esas películas que se han acercado a la crisis, para darnos una explicación y de paso, concienciarnos.

 - Mientras la moneda europea siga cayendo, fabrica exclusivamente billetes de dólar.

 Ya en los albores del séptimo arte, uno del los villanos más sofisticados, el Dr. Mabuse en Dr. Mabuse (El jugador), de Fritz Lang, desestabilizaba el sistema a través de la economía. Primero fabricaba moneda falsa para ponerla en circulación y luego manipulaba la bolsa con un ejercicio absolutamente premonitorio. El expresionista Mabuse presagiaba el Crack de la Gran Depresión, fenómeno que hizo correr litros de tinta y metros de rollos de celuloide. El famoso “Jueves Negro”supuso la caída de un sistema económico que tenía en Wall Street su sede financiera; el demócrata Rooswelt y su New Deal intentaron levantar el sistema del derrumbe, teniendo en Frank Capra su principal referente cinematográfico.

 - Quiero que sepan que vuestro dinero está seguro. La situación de este banco es excelente.

- Yo he oído otra cosa.

- No es más que un rumor malicioso.

 En La locura del dólar, más sugerente su título original, American madness, encontramos una parábola que no ha perdido vigencia. ¿Qué ocurre cuando se pierde la confianza? ¿Y cuando el banco se enfrenta a una alarmante pérdida de liquidez? El propio Capra en Viva como pueda, nos proponía la figura del banquero consciente de su propia relevancia social.

- El problema de este país es que el dinero está guardado. El dinero guardado no es un buen negocio. ¿Dónde está todo el dinero hoy? En los bancos, en bonos, acciones o metido en vigas viejas bajo tierra. Y les digo que tienen que poner el dinero en circulación si quieren que este país vuelva a reflotar.

No se trataba, en realidad, de cuestionar el modelo de libremercado, sino de reflexionar con el sentido moralista de la época. Eran fábulas o cuentos morales, apoyados en el maniqueísmo, para reflejar cómo el ciudadano medio podía sobrevivir a la Depresión, defendiéndose de la ambición de los hombres de negocio y su corrupción, gracias a la obstinación y a la ayuda de los amigos. Así sucedía en este clásico, en Vive como puedas, Qué bello es vivir o en Juan Nadie.

 - Son tiempos peligrosos, señor Beira, nos dirigimos a un orden nuevo. Se han hablado demasiado en este país, se han hechos demasiadas confesiones para que el pueblo se sienta confortado.

 Si en el mundo urbano, destacaba Frank Capra, la Gran Depresión en el mundo rural había sido tema para una diversidad de cineastas. El gran John Ford había adapatado una novela de J. Steimbeck para acercarnos al drama de la crisis entre campesinos. Muchas familias que habían perdido sus tierras salian hacia el oeste para encontrar en la recolección de la uva su medio de vida.

En este sentido la familila Joad, de Las uvas de la ira, es arquetípica. Con Henry Fonda y Jane Dawell (Ma Joad) a la cabeza, emprenden el éxodo desde Oklahoma a California, en una odisea hacia la “tierra prometida”.
 
- Pero nosotros estamos vivos, y seguimos caminando. No pueden acabar con nosotros ni aplastarnos; saldremos adelante, porque somos la gente.

Al final Henry Fonda descubría la crudeza de la realidad; nada más poner los pies en California, el sueño se hace trizas.

 A Ford tampoco le caían simpáticos los banqueros, siempre solía aparecer en sus películas como uno de sus villanos peculiares, pero su mejor retrato lo consiguió en La diligencia, en donde reflejaba parte del eterno debate, propio del libremercado, sobre la intervención del Estado en la economía.
 
- América para los americanos, el gobierno no debe involucrarse en los negocios, ni reducir impuestos: la deuda nacional es algo más que sentir el calor de la gentuza. Lo que necesita el país es un hombre de negocios como presidente.
- Lo que necesita el país es más cogorzas.

 Una de las consecuencias de la crisis del capitalismo especulativo es que quienes toman las decisiones no dan la cara, no sabemos quienes son; idea ya esbozada en el clásico de los años 40, Las uvas de la ira.
 
- ¿Quieres decir que me echas de mis tierras?
- No hay que enfadarse conmigo, yo sólo soy el mensajero. Ya sabes que el dueño de las tierras es la compañía Sayland.
- ¿Y quién es la compañía Sayland?
- Una compañía.
- Pero tiene un presidente, alguien que sepa para que sirve un rifle, ¿verdad?
- Hijo, ellos no tienen la culpa, el banco les dice lo que tienen que hacer.
- Muy bien, ¿dónde está el banco?
-En Toolse, pero no vas a resolver nada, allí sólo está el apoderado. Y el pobre sólo trata de cumplir las órdenes.
- Entonces, ¿a quién buscamos?
- La verdad, no lo sé, si lo supiera te lo diría.

Una esquizofrenia perpetua en la que vivimos, dos realidades paralelas, con el discurso oficial y otro sometido a censura, como refleja otro clásico por derecho. Porque como sabrá más de uno, no hay mejor forma de llegar al ciudadano que a través de las miserias cotidianas. En El político, Robert Rossem nos presenta a un gobernador que quería ganarse el voto de los desheredados en el momento de mayor miseria del país. Es decir, la radiografía de un político que hace campaña de las necesidades.

- Tú, ese de allí, mírate los bolsillos. Tienes agujeros en las rodillas. Escúchate el estómago, ¿no está protestando de hambre?

Crisis? What Crisis?: Quiebra del capitalismo en el celuloide. Parte 2.

Crisis? What Crisis?: Quiebra del capitalismo en el celuloide. Parte 2.

- Seremos ricos Martínez y cuando seamos ricos, todo vale.

José Luis López Vázquez en El pisito.

 Pasada la Gran Depresión, el mensaje referente a la crisis se ha modernizado en el séptimo arte, no dirigiéndose tanto al mundo de la banca como al de la empresa y la bolsa, es decir, al centro bursátil de Wall Street. La ambición, la codicia y el poder sustentado en el dinero, han sido los nuevos temas surgidos en el cine. También, claro está, el desempleo y la miseria de la marginalidad de un sistema económico depredador.

 - El 90% de los americanos tienen muy poco, yo no creo riqueza, yo poseo. Nosotros ponemos las normas, pon el hambre, la paz en una hoja de papel. Nosotros somos los que sacamos el conejo del sombrero, mientras que los demás están sentados preguntándose cómo lo hacemos, ¿no serás tan ingenuo de creer que estamos en una democracia, Buddy?

 Wall Street (Oliver Stone) sigue siendo de lo mejorcito que pasa entre bastidores; un joven prometedor descubre la fascinación del poder y la riqueza extrema que permite estar en la cumbre, seducido por un Mefistófeles del mundo bursátil.

 - Mira esos dos, ¿vas a decirme que la diferencia entre ese hombre y ese otro está en la suerte?

 Al igual que Richard Gere en Pretty Woman, Gordon Genko, -el personaje interpretado por Michael Douglas- vive de partizar empresas y de vender sus partes al mejor postor, especulando artificialmente en la bolsa para obtener beneficios escandalosos en tiempo record.

 - Recuerda que no hay atajos, chico, los que quieren dinero fácil suben y bajan con el mercado, la inflación, con los operadores fuertes que se mueven en el bajista. Tú eres parte de algo importante, el dinero que tú creas genera empleo y proporciona estabilidad, no renieges de eso.

- Tienes razón, Luy, tienes razón. Ante todo hay que tener ambición, luego vendrá ayudar a la gente.

- Aquí no hay compromisos a medias.

 Pero también hay otro personaje del filme de Oliver Stone, interpretado por Al Holbruck, que con tintes paternalistas, aboga por la inversión del capital en empleo e investigación. Gordon Genko fue imitado en la vida real y el actor Michael Douglas llegó hasta el punto de avisar a sus muchos fans que él era el malo de la película.
 
- He considerado la postura sobre su oferta de compra, con una condición. No estoy preocupado por mí, sino por la gente que trabaja para mí.

 En Pretty Woman (Garry Marshall), Ralph Bellamy era un empresario honrado que se preocupaba por sus trabajadores, mientras que en Entre pillos anda el juego (John Landis), interpretaba a un tiburón de la bolsa, dispuesto a todo por el mayor beneficio posible.

 - Acabamos de ganar 340.000 dólares libres de impuestos.

Un especulador puro y duro, que junto a Donald Meache (su hermano en la ficción) se dedicaba a jugar a la bolsa, como si se tratase del monopoli.

- A mí me parece que sois corredores de bolsa.
- Te dije que lo entendería.

 La película supone además un varapalo a lo que la clase dirigente y el conservadurismo divulgó para autojustificarse así mismo: el darwinismo social, es decir, los que están arriba están por su inteligencia y su capacidad. Pues bien, el experimento –en clave de comedia- consistía en recoger a un vagabundo (Eddie Murphy) y hacer que presidiese una gran compañía, para luego apostar por su tiempo de caída en aquella. Y todo por el simbólico valor de un dólar.

- Rudy, en la facultad sólo te enseñan lo que necesitas saber, sólo son teorías, ideales y enormes libros de ética.
- ¿Qué tiene de malo la ética?
- Nada supongo.

Con el tiempo, el ultraliberalismo empezó a descubrir sus talones de Aquiles; entre estos, la ética y la justicia. Un título referencial, en este sentido, fue Legítima defensa (Francis Ford Coppola). Un joven y prometedor recién licenciado, se asocia con un veterano abogado para defender una causa que parecía perdida.

 - Espanta comprobar hasta qué punto puede llegar una compañía de seguros, para coger el dinero de una humilde familia y embolsárselo, mientras les deniega lo que les corresponde.

 Y todo esto, ¿por qué? Por el dinero. ¿Qué creían? Cantidades de dinero inconmensurables, prohivitivas. Conseguir el máximo beneficio, con el menor esfuerzo posible. Y sin escatimar en medios, sin importar lo ético, lo ortodoxo o lo profesional. Otro apostol del sistema era el ambicioso protagonista de Un buen año (Ridley Scott), ese tiburón de las finanzas encarnando el empresario modelo.

- Sólo quiero decir a los esclavos: buen trabajo, hemos ganado una cantidad considerable de dinero. Hoy hemos demostrado el dicho de que ganar no es todo, pero…
- ¡¡Es lo único!!

 En la crisis actual todo el mundo se pregunta dónde está todo ese dinero, por qué ha desaparecido y quiénes son los culpables. Cuando una empresa, una comunidad y un Estado están gobernados por delincuentes de “cuello blanco”, cuántas veces pagan por su delito. Encontramos un interensante testimonio en el cine español, La vida de nadie (Eduard Cortés), película protagonizada por José Coronado.
 
- ¿Y mis joyas?
- Ágata, por favor, ¿estás loca?
- ¿De qué hemos vivido todos estos años? ¿Dónde están las inversiones de mis padres, y del tuyo, y de José? ¿Y las de todos?

 Hay un puñado de títulos dentro del cine documental que reflejan y explican la situación de las diversas crisis económicas que surgieron como consecuencias de corrupciones y de usos poco ortodoxos de los fondos. Una destacada película centraba la situación que vivió Argentina hace unos años, fenómeno que se conoció como corralito, Memorias del saqueo (Ferdando E. Solanas). Esta contaba el derrumbe del país, a partir de un maquillado saqueo por la propaganda oficial.
 
- Las empresas estatales podían comprarse con bonos del Estado que se obtenían al 15% de su valor nominal que se reconocía al 100%.
 
Otro título interesante sobre las alcantarillas del capitalismo fue Enron, los tipos que estafaron América (Alex Gibrey).
 
- Pasaremos del sistema de valoración al precio de mercado, con algo que yo llamo CFH, Contaduría de Valor Futuro. Si hacemos eso podemos establecer tropecientos millones al balance final.
 
Estos últimos nos explican las maravillas de quienes practican otra de las pestes de la actualidas, una contabilidad creativa dirigida a engañar con las cuentas.

 - Corrupción, es el instrusismo de la eficacia del mercado con sus acciones, y por eso Milton Friedman tiene un maldito Premio Nóbel. Disponemos de leyes que protegen nuestra actividad comercial y la corrupción es nuestra salvación. La corrupción nos mantiene sanos y salvo, la corrupción permite que tú y yo hablemos ahora mismo, la corrupción permite que ganemos.

La gran pregunta sería, entonces, si existe alguna posibilidad de cambio. El cine más reciente ha intentado responder, con soluciones drásticas que resultan más o menos extravagantes. Si en Siryana se hablaba de la corrupción, con la misma facilidad con la que los gobiernos y los grandes magnates resolvían sus conflictos, en La ciudad tranquila (Robert Guedirian), se ponía de manifiesto cómo el asesinato era la única manera de sortear obstáculos. Otra opción más pausible venía de la postura social británica, de la mano de su principal represente en el celuloide, Ken Loach. En su película En un mundo libre, la idea era involucrar a los ciudadanos con el fin de controlar tanto a políticos como a las élites financieras, aunque se terminaba actuando en contra de sus propios principios. La verdad es que si pretendes dar un giro a tu vida y colocarte fuera del sistema, debes hacer lo mismo que Christopher McCandless, huir del mundo y poner rumbo Hacia rutas salvajes (Sean Penn).
 
- No podemos negar que romper con las ataduras siempre es estimulante.

 

Superación personal y cine.

Superación personal y cine.

El Sueño Americano ha sido desde siempre una de las metas a lograr en una sociedad en donde el individualismo y el triunfo acabaron por marcar a fuego a todo un país. Por ello, superar obstáculos y alcanzar metas cada vez más inalcanzables, que estuvieran sólo al alcance de unos pocos, se fue convirtiendo en el modo de vida de toda una comunidad. Por esta razón, es habitual que la superación personal sea parte de los argumentos del cine americano; al fin y al cabo el éxito del séptimo arte está en evadirnos de las dificultades cotidianas.

- Desde que nací quería ser uno de ellos, puede resultar un sueño extraño, sobre todo para una rata.

Comprobar cómo nuestros protagonistas superan sus dificultades después de una larga batalla, anima a pensar que todo no está perdido, y en el caso de Hollywood lo ha tratado desde todos los géneros posibles, desde el drama, la comedia, el subgénero deportivo y la animación. En este sentido, hay célebres ejemplos entre las últimas propuestas, una rata que sueña con ser un maestro cocinero, en Ratatuille, o un oso panda obsesionado con las artes marciales (Kunfu panda):

- Un auténtico guerrero nunca abandona, confía en su ejemplo.

Enfretándose con entusiasmo a los vapuleos económicos, sentimentales e incluso físicos, es casi siempre interesante desde el punto de vista vital. Conmovido por el sufrimiento, el tema de los bailarines ha estado presente en este tipo de películas, como sucedía en Fama (Alan Parker), o en Billy Elliot (Stephen Aldrich), en cuyo filme un chico de clase proletaria buscaba su autosatisfacción en el mundo del ballet, en plena Inglaterra sumida en la crisis de la Era Tatcher.

- Busca el punto en esa maldita pared e intenta concentrarte en él, luego da la vuelta y regresa otra vez a ese punto.

Muchas veces el esfuerzo de los personajes viene a reforzar la batalla desde muchos aspectos de su vida. Por ejemplo, hemos visto a cineastas luchar contra los elementos y la industria (como Ed Wood, Tin Burtom). Pero también es interesante la lucha contra los prejuicios, en Quiero ser como David Beckham. Una chica hace todo lo posible por triunfar en el fútbol, pero encuentra el escollo en su conservadora familia, al tratarse de una joven hindú instalada en Gran Bretaña.

- Debe estar muy orgullosa de su hija.

- Esa niña no debía corretear enseñando las piernas desnudas.

Por eso sea precisamente el mundo del boxeo en donde el instinto de superación esté mejor reflejado; ya aparecía en la saga de Rocky y en un centenar de títulos, mientras que otros célebres boxeadores descubrían que los golpes más duros los recibía fuera del ring, como Mohammed Ali en Ali.

- No son el enemigo, ni los comunistas, ni los chinos, ni los japoneses. Soys vosotros, los que me privais de la igualdad, queréis que vaya a luchar por vosotros. Pero mis enemigos están en América.

Otras veces la lucha es por salir de las calles y buscar una vida mejor, con algún tipo de deporte como telón de fondo, como el billar en El buscavidas (Robert Rossem).

- Soy tu mejor adversario, Gordo, el mejor de todos.

Pero si por algo se ha sentido atraído el séptimo arte son por aquellos ciudadanos anónimos que lograron levantar su propia revolución después de verse noqueado por la vida o el sistema. Derribar a una poderosa firma de abogados sin saber de leyes, para defender a personas sin recursos, fue la hazaña de Erin Brochovich, llevada al celuloide por Steven Sorderberg.

- ¿Qué cómo lo conseguí? Salí ahí fuera e hice favores sexuales. 634 mamadas en cinco días… estoy agotada.

Lo mejor del Sueño Americano es la creencia en los Estados Unidos, en la ideas de libertad, justicia y democracia, presentes en la Constitución Americana, pero es difícil de hablar de democracia cuando los resortes del país por un sistema económico depredador. Este es el mensaje de Michael Moore en Capitalismo: una historia de amor. Su mensaje es incontestable: el capitalismo nos está destrozando, y su envoltorio, entretenido.

Otro caso de superación, fuera de contextos sociales, es el de los enfermos y minusválidos, en cuyas temáticas lo que está en juego es el reconocimiento ante la sociedad (como en el caso de Mi pie izquierdo, basada en la vida del escritor irlandés Christy Brown, quien tenía parálisis cerebral) y volver al estado normal.

- Cruzas el cordón y ya está hecho el nudo.

- ¿Dónde has aprendido a hacer eso?

- Me lo enseñastes tu.

El personaje que interpreta Harrison Ford, en A propósito de Henry, sufría una dura recuperación después de la minusvalía que le produce el disparo de un atracador. Esta temática frecuente en la cinematografía se centra en el reconocimiento de la propia condición que continúa con la superación personal. Por eso, está conquista se suele centrar en el contexto de los veteranos de guerra que vuelven del frente con alguna tara física. Si las dos guerras mundiales dejaron tras de sí reconocibles testimonios en este sentido, con el explícito filme de Johnny cogió su fúsil (Dalton Trumbo), para la primera de estas, y Hombres (Fred Zinneman), para la segunda:

- ¿Qué voy a hacer yo? ¿Volver a la Universidad por una beca de atletismo?

Fue la Guerra de Vietnam la que incidió en este aspecto, con dos visiones diferentes en el cine que podrían servir como ejemplos, por un lado, Nacido el cuatro de julio (Oliver Stone) y Forrest Gump (Robert Zemneckis), que juega con la fantasía.

- Enhorabuena, ¿Qué le gustaría decir a la nación?

- Que tengo que hacer pis.

En esta ocasión, no dejó de ser parte de un mensaje optimista que incita a la tranquilidad y acepta las cosas tal y como son:

- La vida es como una caja de bombones, nunca sabes lo que te va a tocar.

Desde el punto de vista del filme de Oliver Stone, la minusvalía es parte de esa luchador los derechos sociales contra los poderosos.

- Me llamo Ron Kovic, soy veterano del Vietnam, y he venido para decir que esta guerra es un error.

Las películas sobre la superación personal varían sustancialmente según el contexto en que se sitúa. Aunque no pocas veces se encuentran al borde de la autodestrucción, la batalla por salir adelante ha sido muy atractiva a la hora de triunfar en taquilla, por ser algo que el espectador comprende y agradece.

Jungla de cristal. El héroe solitario americano.

Jungla de cristal. El héroe solitario americano.

Yippee-kay-ay. Con el grito más famoso del cine de acción, volvemos a una saga llena de explosiones, montaje por doquier y gente a porrillo.

Como se podría sospechar, el primer elemento es el terrorismo. Hagamos memoria: una célula militar rebelde tomaba el aeropuerto de Dulles, Wahsington, en plena operación salida de las vacaciones de navidad (Jungla de cristal 2: Alerta roja, Renny Harlim); en la tercera parte McClane deberá verse las caras con el terrorista de origen aleman Simon Gruber, que reparte bombas por New York, con la idea de vengar la muerte de su hermano Hans, un espléndido Alan Rickman, que aparecía en la primera película. Difícilmente se puede superar la interpretación de Alan Rickman en la primera Jungla de cristal, pero Bruce Willis se ha enfrentado a villanos de la talla de Jeremy Irons, a pesar de ser la peor de la saga. Ahora, la elección de Timothy Olyphant (de la serie Underwood), sea quizás uno de los mayores handicap de la película, por resultar demasiado blando para ser rival de Bruce Willis, lo que lleva que este peso recaiga en Maggie Q, que protagoniza una escena de pelea con John McClane que nada tiene que envidiar a las chicas de Tarantino.

En el otro lado encontramos a los personajes que ayudan e incluso entorpecen a John McClane. Desde el primer título, recibe la ayuda de un don nadie que resulta esencial para que el personaje no lo pase tan mal, lo que acerca a McClane y su saga al lejano Oeste, como si se tratase de un western crepuscular y posmoderno. De hecho abundan los guiños al género de aventuras en general y al western, en particular, encontrando en estos personajes secundarios una cercana referencia a los filmes de John Wayne, como Río Bravo, en donde tenía como ayudantes a unos particulares individuos, un borracho y un vejestorio. Siguiendo esta idea, John McClane se verá ayudado, directa o indirectamente, por un simpático sargento de la policía, Powell, interpretado por Reginald Veljohnson (el carismático protagonista de la serie Cosas de casa) hasta por un empleado de mantenimiento de aeropuerto, o un padre y humilde afroamericano de Harlem, para acabar con un hacker de aspecto físico más que debilucho, interpretado por Kevin Smith.

En este sentido, John McClain lleva luchando contra terrorista desde que en los años ochenta decidió sacar músculos y vestir la camiseta de tirantes al estilo de Stanley Kowalsky (el protagonista de Un tranvía llamado Deseo) y ponerse a pegar patadas, puñetazos o lo que sea, para hacerse un currículum de hombre duro, con el poder de seducción de su sonrisa y su pose, construyendo un personaje que era capaz de liarse a tiros y soltar un sotarrón chiste unos segundos más tarde. Además de presentar una acción más realista que las cintas de Silvester Stallone o Arnold Swarzennegger, así como de James Bond, que salían de mil y un apuros sin apenas despeinarse. Esta constante es mantenida en las cuatro entregas de la saga, al igual que la capacidad de McClane de soportar todo tipos de golpes, con sangre por los cuatro costados y de mostrarse derrotado, con las fuerzas al límite, incapaz de soportar la dura prueba de enfrentarse solo a todo un ejército. Si

En la primera entrega encontramos numerosas referencias cinéfilas. Parte de su argumento remite al clásico del cine de catástrofes, El coloso en llamas (John Guillermin e Irwin Allen), sucediéndose en un imponente edificio, en concreto entre las plantas 33 y 34 del rascacielos. Sin embargo, a diferencia del protagonismo coral de ésta, Willis se convirtió en el héroe absoluto de una trama que arranca durante la celebración de Nochebuena en las dependencias del Nakatomi, una multinacional japonesa que acaba de firmar el negocio más lucrativo de su historia. Allí, en la sede norteamericana, trabaja como ejecutiva su esposa, Holly (Bonnie Bediella), una de las víctimas de un grupo terrorista liderado por Habs Gruber (Alan Rickman), sin saber que se había colado un marido optimista y resuelto. Esta es la base del argumento de la película y el momento en que empieza la odisea de McClane, que después de comprobar la ineptitud de la policía -con la que se comunica a través de un wallkie-talkie- se percata de que sólo él podrá detener a las conspiraciones que ponen en jaque la vida de su esposa.

- Soy el sargento Powell o lo que queda de mí. ¿Puede identificarse?.

- Ahora no, puede que luego, esta línea es vecinal y los vecinos están locos por apretar el gatillo. Escuche con atención, tienen treinta rehenes en la planta 30.

Una de las referencias de las que se hacía mención es a La naranja mecánica (Stanley Kubrick). Los terroristas, supuestamente alemanes, interpretados por actores europeos, cuentan con unos diálogos en un alemán lleno de errores gramaticales y sinsentidos. Para acabarlos de ambientar, durante las conspiraciones se oye de fondo la novena sinfonía de Beettoven, e incluso, algunos de esos personajes canturrean Cantando bajo la lluvia.

Jungla de cristal posee una de las interacciones entre héroe y villano más interesantes del séptimo arte. Hans Gruber le pregunta a John si es "sólo otro americano que vio demasiadas películas de niño, otro huérfano de una cultura en bancarrota que se cree Rambo". John dice sentirse más cerca del vaquero Roy Rogers. McClane es por tanto, fruto de la mitología cultural del héroe americano. En este sentido, la principal referencia cinéfila del film será Sólo ante el peligro, presentado al personaje de McClane como al sheriff Kane del clásico de Fredd Zinneman. Al igual que Bruce Willis, Gary Cooper llegó a pedir ayuda a unos tipos que le negaban con alevosía. E incluso se hace un recurrente guiño:

-Al final, John Wayne no se irá con Grace Kelly.

- Ese es Gary Cooper, inculto.



Bienvenido, Mr. Marshall.

Bienvenido, Mr. Marshall.

Luís Berlanga (y sus colaboradores, a los que no se les podía olvidar, Juan Antonio Bardem y Miguel Mihura) nos ofrecen la visión del pueblo español a través de un cuento, una metáfora de lo que sucedía en España en los años cincuenta, con las ayudas del Plan Marshall, como telón de fondo. Saca lo mejor de uno de sus actores fetiches, Pepe Isbert, y de un reparto de actores geniales, junto a todas sus claves cinematográficas propias: la trama coral, el plano secuencia o el detalle de la “guerra austro-húngara”.

 - ¡Eh, señor! Érase una vez un pueblo español, un pueblecito español.

 Ambientada en un pueblo imaginario, pero muy realista que hace las veces de microcosmos de la vida española, el pueblo de Villar del Río (en realidad, Guadalix de la Sierra) es el tamiz en el que reflejarse los sueños y esperanzas de un país sufrido, expuesta en clave de comedia costumbrista, con momentos de lo absurdo y oníricos. Incluso con el empleo de la farsa y la fábula, nos hace pensar que en esa desgraciada tierra todo estaba muy crudo, que se caía a pedazos. Se podría destacar que las obligaciones cotidianas imponían eso tan fatigoso de buscarse la vida, la necesidad del trapicheo y el sálvese quien pueda para seguir tirando. El tema de la inmigración, presente en algún título significativo, como Surco. Sin embargo, Berlanga confía más en la idiosincrasia de lo español, la creencia de que al final las cosas se resolverían por sus propios medios, por el hecho de que soñar era gratis y que suponía un incombustible motor vital.

 - ¿Quién no cree en los Reyes Magos? – Dirá el narrador (Fernando Rey) al final.

Así se refleja con dramatismo y comicidad la vida misma, sus complejidades y miserias, sus equívocos y ternuras, de esos tragicómicos habitantes de Villar del Río que esperan la inminente llegada de mister Marshall, para sacarles de la permanente ruina.

 - Dime pronto, ¿qué es lo que quieres?
- Quiero un espejo grande y una colcha y una…
- Y una porra.

 Fue la comedia ácida, con sorna y mucha mala uva la que empeló en una infinidad de ocasiones en su búsqueda crítica de la realidad, como si quisiera plasmar con el más genuino sabor español, la máxima de Preston Sturges en El viaje de Sullivan: “las posibilidades del cine como medio sociológico y artístico”. La cotidianidad de un pequeño pueblo castellano se rompe de la noche a la mañana, con la llegada de una artista, Carmen Vargas (Lolita Sevilla) “el máximo valor del cante andaluz”.

 - Los americanos son un gran pueblo que no duda en ayudar a los hermanos menos afortunados: traerán ferrocarriles para parar un tren.



Sin embargo, la noticia de un delegado del gobierno sobre la llegada de una comitiva de altas personalidades norteamericanas, que están dando dinero a nuestro país, va a revolucionar el pueblo. Se trataba del Plan de reconstrucción europeo tras la Segunda Guerra Mundial, junto con el recrudecimiento de la Guerra Fría, que trajo consigo fondos norteamericanos. En este contexto, del espejismo por recibir esa ayuda, se sitúa el filme. El acierto de la película es reducir esa situación a un conjunto de imágenes contundentes: la perplejidad de sus autoridades, el atraso del pueblo o las triquiñuelas para seducir a los nuevos invasores. Las máximas autoridades de la localidad no se ponen de acuerdo en cómo van a recibirlos. Pero el manager de la cantaora, Manolo (Manolo Morán), tiene una feliz idea: convertir a Villar del Río en un pueblo andaluz. Es decir, la típica imagen andaluza, con cantaora y canto folclórico incluidos: “Americanos os recibimos con alegría”.

 - Los americanos van a pasar por aquí y hay que gustarles para que nos den cosas.

- ¡Ah! ¿Pero regalan cosas los americanos?

- ¿Qué si regalan cosas los americanos? Ay, niña, dile…

- ¡Ozú!

- Ya lo ves.

 Las ilusiones del pueblo aparecían personificadas en los habitantes y autoridades locales, las “fuerzas vivas de la época” –el alcalde, el médico, el cura, la maestra- e incluso con el pregonero, el barbero o la influencia del empresario de espectáculos que hacía más llevadera la vida de aquellos difíciles años.

Cada uno se iba haciendo una idea de lo que supondría la llegada de los americanos, con esas geniales escenas oníricas. La original pesadilla del cura del pueblo, Don Cosme que ve en los americanos como portadores de herejías, con la alusión al Comité de Actividades Antiamericanas, en forma de procesión de Semana Santa y los emblemas de KKK (Ku-Kux-Klan) o la divertida secuencia del western, con el sheriff (don Pablo, el alcalde, Pepe Isbert) y el bandido (Manolo Morán, el manager) en el saloon.

 Y los había también reticentes a la llegada de los americanos, Don Luís, el hidalgo arruinado que mantiene el orgullo español, sobre la conquista de América y la condición de indios, como una alusión al cine histórico muy popular en España.

 -Pero, ¿Quiénes son esos americanos?
 
Pronto el filme evoluciona a lo que Berlanga quería reflejar, como símbolo de la España rural de posguerra. Los significativos planos al reloj del pueblo, permanentemente parados a las 3:10; al igual que nuestro país, que tenía parado el reloj, tanto política, como económica y socialmente. En este sentido, la película señala una multitud de detalles contundentes: los discursos del alcalde al pueblo, como si se tratase de una parodia a esos actos multitudinarios de Franco o Mussolini; el atraso industrial, presente en España antes de los Planes del Desarrollo, que aparece en el filme en un diálogo entre el alcalde y el representante de Madrid.

- Los americanos del Norte, los del Plan Marshall, visitarán la villa y hemos de hablar…
- ¿De qué?
- De la industria.
-¿De qué industria?

 La secuencia del sueño del tractor que cae del cielo, como traído en avión por la ayuda norteamericana, es otra breve referencia al problema agrícola español, que necesitaba de una urgente reforma.

                      

Todo el mundo sueña, cuando se anuncia por fin la llegada de la comitiva. Pero la larga caravana de coches no se detiene en Villar de Río que deja, tan sólo una polvareda a su paso. Algunos símbolos se suceden, la caída de la bandera americana que se cuela por el sumidero de un arroyo, como las letras de Welcome que se destiñen en una pancarta que salía a saludarles. Sin comprender lo que ocurre, la gente del pueblo se afana por pagar los gastos y volver a la cotidianidad. “Ahora hay sol y esperanza”, dice la voz en off del narrador.

Bienvenido Mr. Marshall es una de las obras maestras de nuestro cine español, un título que dio a Berlanga la oportunidad de coronarse cara a una cinematografía que estaba alejándose poco a poco del cine de cruzada y de evasión de la filmografía oficial. Mientras que cara al exterior, tuvo un éxito parcial gracias a su importante paso por el Festival de Cannes, ensombrecido en parte por la opinión norteamericana (Edward G. Robinson era el Presidente del Jurado).

Un lugar donde quedarse. (2009)

Un lugar donde quedarse. (2009)

- ¡Mira qué barriga y que mofletes! ¡Dale un abrazo a la mujer más formidable del mundo entero!

 En American Beauty y Revolucionary Road, Sam Mendes denunció la capacidad destructiva del individualismo hedonista; ahora vuelve a esa idea en Un lugar donde quedarse, aunque en clave de comedia. Estamos ante una película distinta en la filmografía de su director, en donde sus protagonistas sufrirán una crisis de pánico ante la reciente paternidad.

- Somos unos fracasados.

- ¿A qué te refieres?

- Tenemos 34 años.

- 33.

- Y ni si quiera tenemos para lo más básico. Tenemos una ventana de cartón.

Para Mendes, la honestidad personal y el hecho de sentirse a gusto consigo mismo, está íntimamente ligado al vínculo familiar. Padres e hijos, maridos y mujeres, forman parte de un mismo juego en donde las apariencias imponen sus reglas. Viendo su carrera cinematográfica y los personajes que aparecen en esta última película, se entiende que Sam Mendes sitúe la desintegración de la familia en los años cincuenta (Revolucionary Road), lo que se nota en los padres de él, que deciden marcharse un mes antes del nacimiento de su nieto.

 - Nos vamos en junio. Nos hemos decidido.

- ¿Os marcháis en junio? El bebé es para julio.

- A Amberes, la ciudad de la luz. Va a ser soberbio.

- Inútil, es la palabra.

- Creía que te alegrarías, pensábamos hacerlo desde hace quince años y ahora podemos hacerlo.

- ¿Os marcháis justo un mes antes de que nazca el bebé?

 Evidentemente la familia es el problema, los recuerdos, las ausencias, las culpas, los malos rollos; es una bomba de relojería que da mucho juego, porque todos nos vemos reflejados en él. Y Sam Mendes vuelve a la catarsis de una familia disfuncional. En American Beauty y Revolucionary Road, la luminosidad de esas zonas residenciales, contrastaba con el oscuro destino de sus personajes que cruzaban en él. Una suerte de cine social que nos muestra con contundencia una América, más que profunda, hundida. Eran las radiografías de familias desestructuradas, en donde los esfuerzos por conseguir el Sueño Americano había convertido sus vidas en pesadilla.  Sin embargo, en esta ocasión hay una luz al final del túnel.

 Un lugar donde quedarse es una propuesta fresca con la que reflexionar sobre la familia, con un estilo hiperrealista de esta pequeña gran película, que se emparenta con la filmografía del director como con otros filmes del cine indie: Lars, una chica de verdad Juno. Películas en donde sus protagonistas sorteaban toda clase de prejuicios, para salir adelante y sin perder su buen humor. En el caso del filme de Mendes, sus personajes deciden buscar el sitio al que quieren pertenecer, en una especie de road movie que les llevará a visitar las ciudades de los que consideran sus más allegados. Es aquí, donde descubrirán las decepciones, porque la frescura de estos personajes está años luz de las hipocresías que se encuentran por el camino.

 Sin actores conocidos en el reparto y con un presupuesto ridículo, en comparación de otras películas suyas, Sam Mendes destaca por su habilidad para saltar de un género a otro. Ya sea una comedia dramática, cine negro, acción, drama existencial o comedia independiente, el director sabe amoldarse a distintos formatos para terminar haciéndose las mismas preguntas: ¿Quién soy y que he hecho yo con mi vida? Desde Lester Burham de American Beauty, los marines de Jarhead, el matrimonio Willard de Revolucionary Road o la joven pareja de este filme, son personajes que se preguntan eso mismo y que resultan adultos a su pesar. En Un lugar donde quedarse, Mendes busca su particular paraíso y con esta expresión no nos referimos sólo a un lugar geográfico. Los jóvenes protagonistas buscan también un modelo de familia, una forma de vida que no terminan por encontrar.

- No queremos una opaire.

- ¿En serio? ¿Ni una comadrona?

- No, las comadronas son para aquellos maridos que están perdidos o no quieren involucrarse. Ese no es mi caso. Estoy deseando involucrarme en todo.

Por primera vez, en su breve pero interesante carrera, el norteamericano Sam Mendes nos retrata a una pareja feliz, una pareja cuyo Sueño Americano es estar juntos y formar una familia.

- Y si a uno de los dos le pasa algo.

- Lo único que podemos hacer es ser bueno con este bebé. Lo demás no lo podemos controlar.