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Sicko: La pesadilla del sistema sanitario.

Sicko: La pesadilla del sistema sanitario.

El Sueño Americano, roto. La trampa de los seguros y la corrupción, que se oculta detrás de la cobertura médica americana, son los molinos contra los que este quijotesco cineasta va poniendo sobre el tapete. Descubriéndose cómo el concepto de salud en USA está ligado a la idea económica. De hecho, el acceso a la sanidad está en manos de las compañías de seguros y empresas farmacéuticas.

- Estaba dispuesta a hacerle ahorrar a la compañía millones de dólares.

Señala el propio director que la idea de la película le surgió cuando estaba trabajando en un programa para la televisión, llamado The Awfull Truth. En un capítulo hicieron un reportaje sobre un hombre que necesitaba un transplante de páncreas, pero el seguro médico se negaba a intervenirle. Amenazaron a la compañía con celebrar un falso funeral, y en pocos días, el seguro cedió.

 En cierto modo, los que critican a Michael Moore, suelen referirse a este peculiar método a la hora desarrollar sus filmes. Porque resulta difícil asomarse a uno de sus trabajos sin asumir que se trata de un provocador. Como marca de la casa, practica el documental de tesis, siendo el mismo quien empuja la narración con su característica presencia. Sin embargo, no deja indiferente a nadie. Odiado por unos y admirado por otro, nos acerca al negocio de los seguros médico en un documental que tiene como principal valor, meter el dedo en la llaga sobre un tema capital en los Estados Unidos, la ausencia de cobertura médica universal.

 El propio título del documental Sicko, ya alude a la forma de entender este problema según Michael Moore, al presentarlo como un sistema enfermo que actúa con crueldad con la gente que está fuera: Sick + Psycko. La realidad que vive a diario una buena parte de la población, lo que aparece reflejado en la película. Sin una garantía pública de salud muchos estadounidenses se quedan fuera del sistema, y otros, los que creen estar dentro, pagando una póliza, se enfrentan a otro de los mecanismos de esta verdad: las propias compañías aseguradoras niegan la atención médica, incluso fundamentales para la supervivencia del asegurado, por motivos económicos.

 - Recibí una factura de mi seguro médico que me negaba la asistencia de una ambulancia porque lo habían decidido mientras que tuve el accidente. Pero, ¿cuándo pretendían que yo firmase? ¿En el propio coche accidentado?

                       

 Michael Moore es tanto un ente público como un fenómeno mediático y un showman, como le consideran sus más férreos detractores. Muchos le acusan de manipulador y de crear unos documentales a base de métodos muy discutibles. Es cierto que tiene una serie de características que suele reflejar en pantalla. Por citar una: sus argumentos en la pantalla terminan siendo un panfleto convertido en un ejercicio de reconocimiento colectivo: un chiste con el que reírse en compañía de amigos. Que resulta innecesario. Si estás de acuerdo con las ideas de Michael Moore no hace falta hacer tanta saña.

 - Sr. Presidente, el pueblo americano se tragará todo lo que digamos.

Parte de su futura tesis, ya lo reflejaba en su película de ficción, Operación Canadá. Pero fue en el género del documental en donde, Moore se explayó en sus críticas hacia los puntos más candentes de los Estados Unidos. Si fueron los despidos colectivos de una gran multinacional, el primer gran tema de Michael Moore; sería el derecho a poseer armas, el que le diese la popularidad de la que goza. Cuando todavía era un total desconocido se atrevió en Roger y yo a plantar cara, nada menos que a Roger Smith, el presidente de la General Motors, quién había despedido recientemente a cientos de trabajadores de su planta que tenía la empresa en su pueblo natal, Flint (Michigan).

 Pero mayor reconocimiento obtuvo con ese derecho presente en una enmienda de la constitución, tema capital que salió a la palestra, a raíz de los asesinatos a cargo de un adolescente en el instituto Columbine.

- Quería hacerle una pregunta, ¿no creen que es un poco peligroso regalar armas en un banco?

 Con el oscarizado Bowling for Columbine, empieza a interesarse por ese formato que le daría la fama, un tipo de documental en la que el mismo se atreve como reportero a contarnos las experiencias que va surgiendo.

 - Mientras los minutos pasaban George Bush, seguía sentado en el aula. Estaría pensando: “¿habré estado relacionándome con la gente equivocada?”.

 Si el anterior filme fue el que le dio la fama, su ataque a George Bush en Farenheit 9/11, es el referente tanto por quienes le odian como por aquellos que le admiran. Y a pesar de que no logró el objetivo de evitar la reelección de Bush, consiguió sacar a la luz los puntos flacos de su Administración, en lo que respecta su política exterior.

 Con su última película, sobre el tema candente de la sanidad de los EEUU, vuelve a ofrecernos un objetivo noble, pero sigue tropezando con ese método marca de la casa: afirmaciones dudosas (¿cómo sabe que van a morir 18.000 personas este año por falta de seguro médico?), o trampas como la de llevar a voluntarios del 11-S, enfermos, a la prisión de Guantánamo para que recibiesen ayuda médica, que según Moore –no conozco otra fuente- reciben los de Al-Qaeda.

- Tengo aquí a tres voluntarios del 11-S que no tienen asistencia médica y quisieran tener la misma que facilitan a los terroristas.

 Otras historias son terroríficas: ese hombre que se cortó dos dedos y sólo tenía dinero para coserse uno de ellos, o el matrimonio que se vio obligado a vender la casa, para costear el tratamiento de la enfermedad de la mujer. Michael Moore observa como muchos norteamericanos aceptan trabajos denigrantes y horribles tan sólo porque cuentan con seguro de enfermedad. Pero este controvertido realizador hace algo fundamental en sus documentales, después de presentar el lado más oscuro de su propio país, viaja a Canadá –el ejemplo que suele utilizar para compararlo con Estados Unidos-, que goza de una cobertura médica universal.

 - Claro que el canadiense es un sistema maravilloso que se asegura que tanto ricos como pobres reciban atención.

Es decir, se fija en su admirado país vecino, pero su periplo le lleva también a la Europa del bienestar.

 - Como médico, como ciudadano y como paciente, me alegro mucho de estar en Francia.

Al final de su periplo, llega incluso a la isla caribeña en donde, paradójicamente, la sanidad es gratuita en la prisión de Guantánamo. Pero, tras recibir la negativa de la base, acude a un hospital cubano, donde le atienden sin problemas. El espectador intuye que acabará su viaje en Cuba, elogiando su sistema de salud, con algunos excesos en las comparaciones con el sistema norteamericano. Es decir, aboga por un sistema sanitario estatal, sobre todo cuando las compañías aseguradoras aportan fondos a las compañías para perpetuar el statu quo.

 - La salud debe ser un derecho.

Seguramente Michael Moore fuese más feliz desde que el demócrata Barack Obama lograse la Presidencia. Y ¿Ahora, qué? ¿El fraude de Madoff y los mecanismos de Wall Street? ¿El cambio climático? ¿Cuáles serán los futuros temas contra los que luche este cineasta como si de molinos de viento se tratasen?



Pozos de ambición (2008)

Pozos de ambición (2008)

There Will Be Blood, Habrá sangre. Habría sido mejor que quedará el título sin traducir que llevar el de Pozos de ambición, que me suena más a telenovela sudamericana que a obra maestra del cine y todo un tratado sobre la avaricia. Si ya nos había dejado fascinado con ese retrato sórdido y certero del mundo del cine porno en Booghy Nigth y a la hora de bucear en la infelicidad humana con tanta lucidez como hizo en Magnolia, Paul Thomas Anderson vuelve con su último proyecto, Pozos de ambición, a una turbadora película basada en la novela de Upton Sinclaire, Foil.

Es muy difícil ser objetivo con Pozos de ambición. Para empezar, porque muy pocas veces un filme de casi tres horas de duración te hace desear una hora más de metraje y porque durante su visionado resulta casi imposible no tener la sensación de no estar contemplando una obra maestra. Con su última película, este cineasta deja a un lado el mundo retorcido y bizarro que había caracterizado a su anterior cinematografía, para adentrarse en un clasicismo sereno que por momentos, -en especial, en su obertura, más de veinte minutos de cine mudo,- recuerda al maestro Kubrick. Basada en la novela de Upton Sinclaire, Foil, Pozos de ambición es un amargo tratado sobre lo peor de la naturaleza humana en la que es fácil encontrar los paralelismos con los conflictos de la sociedad actual.

               

                  

En Pozos de ambición, no existen maniqueísmos; es más, incluso podemos entender la actitud de su protagonista, un especulador en el que se encarnan los principios básicos del libre mercado, capaz de renegar de sus creencias, de pactar con el diablo y de vender a su hijo por unos cuantos barriles de petróleo. Un recorrido por los comienzos del Siglo XX en torno a la vida de este particular Ciudadano Kane, en donde el odio y la avaricia se representan como pilares de un empresario en el más seco terruño americano, de donde pudo sacar oro en forma de petróleo. Una metáfora tanto de los nuevos tiempos que corren como del Sueño Americano, labrado con individualidad y forjado a sangre a la tierra. Un drama que enseña la cara más oscura de la prosperidad americana, a través del implacable ascenso económico de Daniel Plainview (Daniel Day-Lewis), minero de Texas convertido en magnate del petróleo. Un ascenso que recuerda a grandes clásicos como Avaricia (Von Stromhein) y la citada película de Orson Welles. Y su fuerte: edificar su empresa sobre vínculos familiares. Para demostrarlo va siempre con su hijo H. W, con quien al principio del filme parece tener una gran camaradería. Pero cuando recibe un soplo de una tierra poco fértil que esconde petróleo en Litlle Boston (California) su ambición le enfrentará a un joven predicador, Elli Sunday (Paul Delan), tan ambicioso como fanático.

 Así, el paisaje moral de Pozos de ambición se degrada progresivamente hasta resultar demoledor. Ni la religión, ni la familia, ni las convicciones personales soportan el influjo destructivo del crudo, o lo que es lo mismo, del dinero que produce. El escepticismo que pesa en la obra de Anderson encuentra su máxima expresión en la violencia, elemento recurrente con el que se solventan los conflictos generados por el llamado oro negro.

 - Cuando llegaste aquí, trajiste bien y prosperidad, pero también trajiste tus malas costumbres de reincidente. Deseaste a las mujeres y abandonaste a tu hijo.

En los últimos años hemos asistido a varias reflexiones, más o menos convincentes, sobre cómo el petroleo, su extracción y distribución no sólo dirige las carpetas de política exterior de algunos países (Estados Unidos, verbi gracia) sino que es fuente de conflictos aún sin resolver; un filme interesante en esta línea era Syriana. Pero resulta chocante que un director con una visión del mundo tan peculiar como Paul Thomas Anderson genere a juicio de este humilde crítico, la reflexión más acertada al respecto.

                   

 Pozos de ambición, genial historia que el tiempo tratará de obra maestra, nos acerca a la ambición desmedida, a la soledad, a la codicia, pero también a la familia y a la religión, temas que forjan el espíritu norteamericano. Una historia de petróleo con algunas peculiaridades, como la de de rodarse en los mismos escenarios que otra de las épicas producciones petrolíferas: Gigante (George Stevens) y a muy poca distancia de la otra película del año, No es país para viejos, de los Coen. Sin embargo, el filme de Paul Thomas Anderson será un título fundamental en lo que respecta la carrera de su protagonista. Con ocho nominaciones de la academia, Daniel Day Lewis sublima una interpretación soberbia que justifica su estatuilla, premio que ya obtuvo por su trabajo en Mi pie izquierdo, a las órdenes de Jim Sheridam, en una primera etapa que demostró su versatilidad de la mejor escuela británica, mientras que el oscar le abría las puertas de la industria de Hollywood que quiso ver en él un héroe al uso, y le volvió a nominar por su papel en la magnífica En el nombre del padre. Sabiamente, Day-Lewis empezó a rechazar proyectos y tardó en reaparecer una tercera nominación en Gangs of New York, de la mano de Martin Scorsese, con quien ya trabajó en La edad de la inocencia. Es cierto que hace una de las interpretaciones más brillantes de los últimas quince o veinte años, pero también hablar sobre el mundo del petróleo, sobre la ambición desmedida que puede provocar en un país como Estados Unidos, es toda una intención de principios políticamente incorrectos.

 

 

IL divo: Tras la pista de Gulio Andreotti.

IL divo: Tras la pista de Gulio Andreotti.

Pocos personajes han resultado tan influyentes en la política como Giulio Andreotti que ha conseguido sobrevivir a varias masacres terroristas, calumnias, aunque una de las instituciones más poderosas de Italia, como la mafia, sin embargo, ha logrado debilitarle. De todo esto nos habla Il Divo, filme  que demuestra el buen momento del cine italiano.

 En una de las secuencias de la película, el personaje principal aparece en un hipódromo con un montaje en paralelo, la atenta mirada en la carrera hípica se mezcla con las imágenes de un hombre al que intentan asesinar. Se trata de un miembro de la Democracia Cristiana, que en marzo de 1992 fue asesinado, uno de sus brazos derechos y su relación más directa con la Mafia. Según estas imágenes podríamos cuestionarnos si fue el propio Andreotti quien ordenó su asesinato. Este es parte del estilo del director, Paolo Sorretino, para mostrarnos las dobleces de un personaje considerado en un símbolo de poder en Italia. Fue siete veces Presidente del Gobierno, en otra veintena de ocasiones Ministro y a finales de los años ochenta fue nombrado Senador vitalicio. A pesar de esta brillante carrera, no ha podido quitarse de encima el baldón de la corrupción y de sus vinculaciones con la mafia.

 - Puedo haber cometido muchos errores en mi vida, pero la mafia nunca. Jamás, ¡Jamás!

 Con sus mecánicos movimientos, los gestos de las manos y su particular forma de caminar (camina encogido por el Quirinal, con el momento del gato que huye despavorido). No tiene una imagen autoritaria, ni un físico aterrador, sino una apariencia seca y enfermiza, pero realmente Andreotti asusta porque el verdadero poder no necesita de la arrogancia y de una voz aterradora, sino que estrangula con encanto y elegancia, como sucedía con otros personajes como el capo Vito Corleone (M. Brandon) en El Padrino.

 - Guerras púnicas aparte, me han acusado de todo lo sucedido en Italia. En el transcurso de los años me han honrado con numerosos apodos: “El divino Giulio”, “El jorobado”, “El zorro”, “La salamandra”, “El papa negro”, “El hombre de las tinieblas”, “Belcebú”. Pero nunca me he querellado por un solo motivo: poseo sentido del humor.

                             

 Una de las escenas cumbre de esta extraordinaria película –como si fuese una biografía no autorizada del personaje (magníficamente interpretado por Toni Servillo)- nos enseña la llegada al palacio del poder, haciendo ostentación de éste y de toda su corte. Roma sigue siendo esa cloaca de césares y crímenes, con un fiel reflejo de la realidad política de Italia. Políticos (como los de una Democracia Cristiana en guerra intestina), senadores, fantasmas (Aldo Moro), mafiosos (Toto Riina), periodistas y magistrados (juez Falcone) forman parte del coro de esta tragedia que más que parecer cosa del pasado, parece hablar del presente (también hay alusiones a Berlusconi). Quizás, lo peor de la película es que exija al espectador español un conocimiento previo del tema.

 “Las investigaciones sobre el dirigente de los Democristianos y la Mafia”, “A sus sesenta y siete años Giulio Andreotti, será juzgado hoy”, “En Italia se considera como el proceso del siglo”, “Un tribunal de Palermo le ha absuelto de asociación mafiosa”, “Italia está conmocionada por la condena de quien fue el Presidente del Gobierno, Giulio Andreoti, con 24 años de prisión”, “Giuilio Andreotti, hoy senador vitalicio, no irá a la cárcel”. Como personaje fundamental de la Italia moderna (en paralelo, quizás, con el actual mandatario del país, Berlusconi, también con sospechas de asociación mafiosa), su proceso judicial fue noticia durante años, siendo estos algunos de los titulares recogidos por el Telediario de TVE, en todo ese tiempo.

 - Es necesario hacer el mal para perpetuar el bien de la ciudadanía.

 Sorretino sublima los mecánicos aspectos genéricos (véanse las secuencias de asesinatos) con montajes paralelos al estilo de El Padrino, para centrarse en el inmortal drama de la ambición, la gloria y la imperfección humana. Pocas veces, la ciudad de Roma aparece en nuestros ojos tan nítidamente como sucedía en Romanzo criminale, de Michelle Placido, que nos mostraba unos nuevos Borgias surgidos del arroyo, como si se tratase en una versión criminal de la trágica familia de Rocco, de Lucino Visconti.

 Con esta película, el director ha modernizado el cine político italiano, que se une a Gomorra, para desmentir una cinematografía con una profunda falta de ideas. A finales de los setenta, nadie hablaba de “falta de ideas” al contemplar los trabajos de Francesco Rosi (especialmente la película, Excelentísimos cadáveres) y Elio Petri (Investigación sobre un ciudadano libre de toda sospecha), la principal influencia del director. Pero, con mezcla de cine político y documental, en Il Divo hay mucho más que la recuperación de un prestigio cinematográfico, es una historia de crímenes, un relato de la convivencia entre la mafia, la política e incluso sectores de la Iglesia, los poderes fácticos del país que resultaron de la crisis sufrida con Garibaldi.

 Aunque tuvo que ser un americano, descendiente de italianos, el que estableciera como nadie las relaciones entre la alta política, la Iglesia y la mafia. Por supuesto, estamos hablando de El padrino, especialmente en su tercer episodio de la saga, que presenta a un personaje próximo al de Andreotti, el banquero Calvi.

 - El poder desgasta al que no lo tiene.

 A Sorretino le gustan los montajes paralelos de los que nos aficionó Coppola, uno de los elementos en común con la grandiosa trilogía sobre el crimen organizado. Pero Il Divo juega con la ensoñación de un político y una forma de vida. El resultado provoca la curiosidad malsana que se siente al asomarse sobre las cloacas de la política. Sorretino sabe mostrar, la cámara seduce con la habilidad del encantador de serpientes acostumbrado a lidiar con la muerte. Al final, el veredicto queda en manos del espectador rendido a este fascinante retrato humano de las paradojas de la Historia. Un cine con mayúsculas, una excelente película, sin duda.

         

                      

El abogado del terror.

El abogado del terror.

"Cuando Platón dio la definición del hombre como la de un bípedo implume y obtuvo la aprobación de los demás, Diógenes el cínico le arrancó las plumas a un gallo y lo llevó a la Academia con estas palabras: Este es el hombre de Platón".

 El chascarrillo lo relata Diógenes Laercio en su Vida y opiniones de los filósofos más ilustres. La anécdota viene a cuento del último alumno del cinismo: Jacques Vergès.  El cine de Barbet Schroeder está lleno de monstruos, ya sea desde la visión documental (General Idi Amin Dada, Charles Bukowski) o de la ficción (El Misterio Von Büllow); en este sentido, Jaques Vergès, el protagonista del documental, es un abogado que confraternizó con algunos de los personajes más abyectos de la segunda mitad del XX.

 Antes de que aparezcan los títulos de crédito, vemos al letrado Vergès darse un acalorado abrazo con Pol Pot, líder de los jeremes rojos camboyanos, amigo y compañero de estudios en París. "Siempre enseñan las mismas treinta calaveras, no creo que se trate de un genocidio", dice, a continuación. No podemos decir que el director no toma partido, pero a diferencia de Michael Moore y otros, el autor se retira para que sea el protagonista el que desglose sus motivos.

No se trata de ridiculizar al interpelado, como hacía, por ejemplo, Michael Moore. Valdría la pena citar, en este sentido, a Morgan Spurlock (Super size me) sobre la comida basura o Chris Bell (Bigger, stronger, faster), acerca de la obsesión por la búsqueda de la perfección en el cuerpo humano. Estamos en la antítesis de la bufonada como panfleto, que resulta divertida, ciertamente, de Bowling for Columbine. Recordemos la escena en la que Moore deposita una flor junto al retrato de una niña asesinada, delante de la casa de Charlton Heston. El panfleto se convierte en un ejercicio de reconocimiento colectivo: un chiste con el que reírse en compañía de amigos. Que resulta innecesario. Si estás de acuerdo con las ideas de Michael Moore no hace falta hacer tanta saña. Así sus películas, desde Roger and me (su mejor trabajo) a Sicko o Fahrenheit 9/11, no inquietan como las de Schroeder.

 El director de películas tan populares como Medidas desesperadas o La virgen de los sicarios, en realidad, no hace un documental al uso, porque no suele usar muchos de los recursos habituales del género, por ejemplo, la voz en off. Sus trabajos no se acercan a la técnica del "mondo films" (falsos documentales con un tono ingenuo por el sensacionalismo) y tampoco es uno de esas películas impelidas por la urgencia de la denuncia como Invisibles, documental colectivo, y Una verdad incómoda, de David Guggenheim, y no de Al Gore, como se cree.

                          
 
Quizás se acerca más al estilo de Oliver Stone (Comandante) con una larga entrevista con Fidel Castro, y sobre todo a la filmografía de Errol Morris (Rumores de Guerra). En este sentido, Standard Operating Procedure mostraba las entrevistas guiadas a cada uno de los protagonistas de la famosa prisión iraquí de Abu Ghraib.

-Ese día cumplí 21 años.

 Como ya hemos señalado, la filmografía del director alemán siempre ha sentido fascinación por la ambigüedad del mal. En este sentido, es muy coherente que se haya acercado a una personalidad abarrotada de claroscuros, difícilmente etiquetable como la de Vergès. Personaje que maneja el sarcasmo y hace una puesta al día del cinismo clásico. Un virtuoso de la dialéctica, con quien los adjetivos maquiavélico o inquietante, reciben pleno sentido. Un personaje asociado al derramamiento de sangre, aunque su única herida de guerra se la provocó la apertura de una ostra.

- “Yo amo la Francia de Montagine, de Diderot, la Revolución, y me es completamente insoportable que todo esto pueda desaparecer”.

Se sabe que fue el abogado de Djanila Bouhired, la condenada a muerte que simbolizó la lucha de Argel contra el contra el colonialismo francés, de los fedayín, de la Baader Meinhoff, de Carlos el Chacal, de Klaus Barbie. Vergès, hijo de una vietnamita y de un diplomático francés, siempre se ha sentido en guerra contra los imperialismos. Un personaje del que podría hacerse una novela al estilo de un John Le Carrè en estado de gracia.

Como resultado, más de dos horas de metraje, El abogado del terror es un filme de obligada visión no sólo por su tremendo valor histórico sino, sobre todo, porque nos encontramos con cine de mayúsculas. Sólo por eso, habría que celebrarlo. Lo demás, mojigatería. Como decía Borges: "la pedantería de contar la verdad".

 


 
 

El intercambio: melodrama almibarado de Eastwood.

El intercambio: melodrama almibarado de Eastwood.

 Es una de las mejores citas cinematográficas del momento, el reencuentro con uno de los grandes, Clint Eastwood, director que ha sabido sacar provecho de numerosas actrices y que cuenta por primera vez con el protagonismo de Angelina Jolie, reencontrada de nuevo con el drama. El intercambio, basada en un hecho real, es una película sombría y llena de tensión, en la que brilla una actriz que demuestra que es mucho más que la madre más sexy del planeta.

 - ¡Está vivo, Señora Collins!

Ocurrida en Los Ángeles, en los años 20, retrata la extraña desaparición de un niño y la pintoresca solución que da la policía, que pretendía cerrar el caso.

- He dado a la policía sobradas oportunidades para que reconozca el error y reabra la búsqueda de mi hijo. Dado que se han negado hacerlo, me he visto obligada a exponer públicamente mi caso.

El personaje principal fue la voz que representó a una minoría de aquel tiempo, insistió incluso cuando se le encerró en un psiquiátrico. Esa madre luchando contra toda la ciudad materializa un estudio de las características del ser humano.

- Ese no es mi hijo.
- ¿Qué? ¿Qué está diciendo?
- Que no es mi hijo.

                            

 El intercambio parte de un breve hilo argumental, una mera anécdota melodramática de la que Eastwood sabe sacar el mayor provecho posible, que va creciendo hasta convertirse la gota de un brote de insumisión en una ciudad en donde la corrupción campa a sus anchas. 

 - Señora Collins, ahora mismo es usted tan conocida que creo que la policía vacilaría antes de ir contra usted públicamente. Pero eso cambiaría rápidamente si ven amenazada su posición. Muy rápidamente.

- ¿Qué pueden hacerme ahora? No tienen nada.

 Era una madre soltera y eso no estaba muy bien visto en su tiempo; lo cierto es que eso se volvió en su contra. Pero era una mujer tenaz y con la ayuda del personaje que interpreta Jhon Malkowitz, un pastor protestante que ayudó a esa mujer hasta el final, hasta que consiguió una respuesta.

 - Para mí, sería un honor defender su causa, señora Collins. En mis quince años de abogacía nunca he visto luchar tanto y con tanta fuerza, en algo tan claramente en pro de la justicia.

- Gracias.

                       el-intercambio-2

 Es inevitable esbozar una sonrisa cuando el rótulo de “basada en una historia real” aparece al principio de El intercambio, poco después del nombre del director, porque sino lo supiéramos podríamos confundirlo con un telefilme que entretiene las aburridas sobremesas de domingo. Porque la película más floja como director, desde Ejecución inminente, es una novedad en su carrera, nunca había dado tanta manipulación sentimental que llega empachar el efectismo emocional. Más incluso que en Millian Dollar Baby, pues la mostrenca familia de Maggie Fitzgerald –el personaje principal que se enfunda los guantes de boxeo- parece sobria en comparación con las caricaturas misóginas que atormentan a esta madre coraje de turno, casi salida de la pluma de un inspirado guionista de telefilme.

 La magnífica ambientación, la capacidad envolvente de sus imágenes, la equilibrada fluidez de una narrativa precisa que pone al alcance de cualquiera ante la abigarrada complicidad de su personaje, viene a constatar el magnífico estado de forma de este veterano cineasta, el mejor director vivo según la opinión de este humilde crítico. Clint Eastwood sigue siendo uno de los más solventes tras las cámaras, a sus ochenta años, infaliblemente inspirado y recalcitrantemente independiente, como queda patente en la lista de sus últimos títulos.

- Los periódicos no dicen nada, los he mirado tres veces.

- Era tarde, muy tarde.

Pero en la comparación con otras películas suyas, deja a este nuevo trabajo del realizador en un puesto segundón. Mistic River, con la que El intercambio, mantiene numerosos puntos de semejanza, exploraba con mayor precisión en el dolor basado en la pérdida de un ser querido.

- Es ese el coche de mi hija.

- Lo sé, lo sé.

- Es el coche de mi hija, hay sangre en el interior y habéis traído a vuestros jodidos perros. ¿Por qué estáis aquí? ¿Estás buscando a mi hija, John?

- Estamos buscando, Jimmy. Por ahora, sólo ha desaparecido.

También encontramos similitudes con Million Dollar Baby, o el díctico sobre la Segunda Guerra Mundial, con Banderas de nuestros padres y la superior Cartas desde Iwo-Jima, que narraba un mismo episodio bélico, desde la perspectiva de cada uno de los bandos.

- Deja de decir eso, deja de decir eso. Yo no soy tu madre.

En El intercambio la solidez se sustenta sobre uno de los temas que vuelve a la palestra cinematográfica del director, con la definición del espíritu genuinamente americano, hasta ahora desde géneros y temas tan dispares como el jazz, el western o las contradicciones de la guerra. Esta vez fijando su atención en la corrupción de los poderes públicos y la capacidad heroica de los ciudadanos de a pié para revolver las aguas de la democracia.

 - Se chasquea los dedos y una mujer inocente es arrojada al pabellón psiquiátrico.

 El buen funcionamiento de la justicia es uno de los temas claves de la actualidad, siendo uno de los aspectos más recurrentes del filme la de presentar las portadas del Times, que se hacían eco de la historia, para dar una imagen de la relevancia y el tiempo que conllevó el caso.

 - Según su expediente, usted cree que la policía hizo pasar un impostor por su hijo.

- Yo no digo que fuera un impostor, sólo que no es mi hijo. Equivocaron a mi hijo, que sigue desaparecido
                            

 

 

 

Egos tras la pantalla: crisis de identidad en el celuloide.

Egos tras la pantalla: crisis de identidad en el celuloide.

Claude Van Damme volvió al cine con JCVD, pero no para lo que nos tiene acostumbrados, -repartir mamporros y patadas a diestro y siniestro, sino como parodia del género y de sí mismo, lo que nos da la ocasión para repasar algunas de esas figuras del séptimo arte que han sabido reírse de sí mismo.

Actores, directores y otros tantos artistas se han visto, en algún momento de su carrera, en la tentación de abandonar la cámara para embarcarse en un juego entre la realidad y ficción. Es algo que ya estaba en la mente en King Vidor, en su aparición en Espejismos, nada menos que una lección de cómo se rodaba en cine mudo y sobre la fascinación que han supuesto las estrellas de cine. Sobre esto, hay un puñado de grandes películas que han querido reflejar la caía de muchas de ellas, principalmente actrices que se vieron abocadas al olvido o que hicieron del exceso de ego una señal de identidad. La gran Bette Davies dio vida, en un par de ocasiones, a esa actriz consagrada, con exceso de ego –en Eva al desnudo, Joseph L. Mankievitz- como a la estrella que quedó apartada de su estrellato - ¿Qué fue de Baby Jane?-, pero el mejor retrato de esa parte de Hollywood la ofreció Billy Wilder en Crepúsculo de los dioses (Subset Bulevard). Una antigua estrella de las películas mudas, desaparecida con la llegada del cine sonoro, verá la posibilidad de resurgir gracias a un joven guionista. Sin embargo, sus problemas de ego serán su perdición.

 - ¿Cómo que por que? Me envían tantas cartas, porque soy Norman Desmond.

                          ELCREPUSCULO

 En realidad, el recurso del cine dentro del cine ha sido uno de los referentes con juegos en el celuloide. Divertimento cinéfilo fue el de Jay y Bob El silencio contraataca, en donde Kevin Smith imaginó cómo sería una secuela de El indomable Will Hunting, con Matt Damon y Ben Affleck, haciendo de sí mismo y repitiendo personajes. Otro de los héroes de acción de los 80, habitual de las muscle operas, Arnold Swarzzeneger, se sumó al metalenguaje. En El último gran héroe, Arnie se desdoblaba para que personaje y actor se encontrasen en el estreno de su última película. Y, de por medio, daba consejos a un chico, procedente del mundo real.

 Por cierto: allí Van Damme ya aparecía haciendo de sí mismo.

 En tiempos de crisis hay mejores soluciones que las que ofrecen los políticos. Si la crisis económica mejor retratada en el celuloide era la Gran Depresión, ahora le toca a otra crisis no menos importante, la de identidad. Esta ha encontrado en el celuloide un filón. Quizás de las mayores pesadillas de un actor como John Malkovich sea la de descubrir que una pequeña puerta iba directa a su cerebro y que alguien se estaba lucrando de sus interioridades.

- Disculpe Sr., ¿qué tipo de servicios ofrece esta empresa?
- Cómo ser John Malkovich, durante 15 minutos, por 200 pavos.

                               being_john_malkovich

A medio camino entre falso documental y drama, Mabruck El Mechri, se bandea entre el cine europeo de autor y el comercial propio de hollywood, sin llegar a los números pirotécnicos de la Meca del cine. Una película que demuestra que Van Damme ha sabido asumir las arrugar y reinventarse. Aunque lo mejor de la cinta sea cuando el propio protagonista salé de la acción y nos asegura que lo que vemos es la “pura realidad”, mientras vemos los focos del plató. Entonces, llega el momento cúspide de la película, con la confesión del propio actor, que no evita de hablar de sus problemas con las mujeres o las drogas.

 - Esto no es una película, es una realidad. He tenido muchas mujeres, siempre he creído en el amor. Van Damme. La Bestia. El tigre enjaulado. El hombre bloodsport se engancha. Me destruyó, física y mentalmente.

 El resultado es una película con mucho encanto, que sin duda no defraudará a sus admiradores, aunque tenga como handicap que los detractores del actor no sepan valorarla. Una película muy inteligente, a pesar de que algunos digan que se trate de un “actor de los malos”; Raúl Alda dixit.

 - Antes no era así, era enclenque. ¿Qué culpa tengo yo por conseguir ser una estrella?
 

 

Tropic Hunter: una guerra de risa.

Tropic Hunter: una guerra de risa.

Ben Stiller es un tipo serio que va casi siempre vestido de negro y con cara de palo, pero que consigue que un cine entero se doble de risa y es eso lo que consigue con su última película en el que da un vuelco al mundo de Hollywood. Tropic Hunter es para la industria del cine lo que fue Zoolander para el mundo de la moda, no deja títere cono cabeza en la Meca del séptimo arte.

Una película sobre el rodaje de un blockbuster bélico, con un reparto de egos desmedidos, un director novato y mucho caos. El punto de partida para una genial y disparatada comedia. La guerra de mentira, de efectos especiales, se torna en verdad cuando el director intenta dar un sentido realista a la producción. Lo que aprovecha Stiller para reírse de Hollywood.

Las escenas de Tropic Hunter parodian a conocidas secuencias de casi todas las cintas bélicas, desde Rambo, a Platoon, La chaqueta metálica o Apocalipsis now. Para sacar una idea a la palestra: la falta de creatividad de las secuelas, remakes, y sagas; en definitiva la crisis de una industria que se devora así misma. Ya no hace falta imaginarse como hubiera sido Apocalisys Now, si lo rodase John Landis, Ben Stiller ha materializado ese sueño. Sin embargo, existe un precedente en este sentido: ¡Oh qué guerra tan bonita!, de Richard Attenborough, era un musical que incidía con humor en la primera Guerra Mundial. De hecho, Stiller reclama esta tendencia, porque algunas de las mejores películas anti-bélicas surgieron del mundo de la comedia, como El gran dictador (Charles Chaplin) o Teléfono rojo, ¿volamos hacia Moscú? (S. Kubrick). 

- ¡Señores, no se peleen aquí, esto es el Ministerio de la Guerra! 

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Lo explosivo de Stiller no es que meta el dedo en la llaga de los Rambo y sucedáneos, sino que se cebe en las películas consideradas canónicas del género: Apocalisys Now (con un delirante encuentro entre Marlon Brandon y Martin Sheen, convertido en descenso al autismo del personaje de Stiller) o Platton (parodiando ese secuencia en cámara lenta, en la que aparecía Willem Dafoe corriendo en la selva, con esa música clásica de fondo). La gran coartada de Tropic Hunter es Vietnam, pero la película de Stiller no se limita a reproducir las escenas populares del cine bélico, sino a reflexionar sobre Hollywood, riéndose del personal.

Así el reparto de la película presenta a la fauna que frecuenta la Meca del cine: actores esclavos de las drogas, la popularidad o de un excesivo ego; agentes carroñeros, productores monstruosos, un director funcionario, o el asesor falaz. Si habría que destacar algunos momentos, me quedaba con la escena en la que Jack Black se ofrece a conceder favores sexuales a cambio de heroína; el personaje de Simple Jack, un retrasado mental que Stiller se atreve a llamar por su nombre; el memorable Robert Downey Jr. (con su papel de actor negro del Método) y ese Tom Cruise haciendo el ganso bajo el disfraz de un productor judío sin escrúpulos. Tampoco tiene desperdicio el cuarteto de falsos trailers que preceden a la película, el mejor el de Spiderman e Ironman vistos como dos monjes enamorados. Y otro punto interesante de la película es la polémica que ha suscitado la imagen de los discapacitados en unos detalles muy concretos del filme. Pero una vez visto, el ofendido debería ser Leonardo Dicaprio, por su interpretación del personaje de deficiente en A quién ama Gilbert Grape (Lasse Hallstrom) y el de Sean Penn, en Me llamo Sam. En la piel de Kirk Lazarus, Robert Downey Jr., dice el siguiente monólogo sobre este polémico tema: 

- Para conseguir un Oscar todo el mundo sabe que no hay que hacer de un retrasado total. Dustin Hoffman: Rain Man. Cara y pinta de retrasado pero no lo era; hacía trampas con las cartas. ¿Autista? Sí, ¿Retrasado? No. Luego está Tom Hanks: Forrest Gump. ¿Lento? Sí ¿Torpe? Tal vez. Pero camelarse a Nixon y ganar un campeonato de ping pong no es de retrasado. Y además era un puto héroe de guerra, ¿tú conoces a un héroe de guerra retrasado? Tu personaje, en cambio, era retrasado… retrasado total, macho. Eso es lo peor… ¿No te lo crees? Pregúntale a Sean Penn: Me llamo Sam, ¿te acuerdas? Retrasado total… ¡Y se fue de vacío! 

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En definitiva, el filme no tiene desperdicio ni como relectura disparatada de El corazón de las tinieblas, a ritmo de El juego de Hollywood (R. Altman), ni como ejercicio de radicalidad cinematográfica. A pesar de ello, no termina de cuajar el filme. Una lástima, porque Ben Stiller no logra en la película la ácida brillantez de Zoolander y, en momentos, parece regular

Tribulaciones de un director.

Tribulaciones de un director.

Después de conocer el Quién es quién en un rodaje, en Cuando  Hollywood destripó Hollywood, presentaremos algunos de los problemas con los que se puede enfrentar un director a la hora de poner en pie un trabajo. Tras conocer el cine desde las bambalinas de un rodaje, al participar en la producción de una película, doy fe de los mil y un problemas que surjen a la hora de poner en práctica los sueños de largos años. De hecho, muchos filmes han destacado las dificultades que encuentra el director para poner en marcha su proyecto. Cantando bajo la lluvia, por ejemplo, fue pionera -en este sentido- de los problemas tanto de los técnicos como de los actores a la hora de experimentar con el sonido en el séptimo arte, pero uno de los momentos brillantes eran los aprietos del realizador con su equipo de especialistas de dobles:

- No, no, ha caído muy mal, Ben. Debías habar saltado para caer patas arriba, encima de los vasos. ¡Hágalo otra vez! ¿Listo, Ben? ¡Ben, Ben! Se ha desmayado, estupendo.

Como el director (Antonio Resines) que pretende hacer una película folclórica en Alemania, en pleno III Reich, mientras que su estrella (Penélope Cruz) no acierta ni una; a causa de los extras, dice ella. En La niña de tus ojos (Fernando Trueba).

 - ¡Qué no, Macarena, que te has saltado tres marcas! Qué no estás en lo que debes estar.
- Pero, ¿cómo quiere que me concentre con esta música que no es española, ni es ná. Y esta gente, que parece más muerta que viva, ¡mira cómo palmean!
- ¡Cómo quieres que le explique cómo se palmea a unos prisioneros de un campo de concentración! ¡Florinda, coño, que me estoy volviendo loco!

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O esa escena genial de Viaje a ninguna parte, en la que el pobre director se desquicia ante un Fernando Fernán Gómez que no acierta en el registra de su frase: aquel mítico "¡Señorito!". Los cineastas se han tenido que enfrentarse a estos problemas y a actores con excesivo ego, que intentan ningunear al realizador, en ese ejemplo de cine indie que fue Vivir rodando de Tom Diccillo.

- El único motivo por el que elegí participar en esta película es porque me dijeron que eras colega de Quentin Tarantino. No llegarás a nada.

 Otros deben aguantar a productores de altos vuelos, que pretenden cargarse su película de un plumazo, como Ed Wood (Tim Burton), considerado como el peor director de la historia.

 - No se va a estrenar en Los Ángeles, porque nadie va a querer ver esa puta mierda.
- Oye no te permito hablar así de mi película.
- ¡Tu película! Ojalá fuera tu película, ojalá no hubiera tirado hasta el último céntimo que he dado para esa basura.

Los hay también que discrepan con los productores por querer cambiar el final de la historia. Paco Rabal era Máximo Espejo en Átame (Pedro Almodóvar), un realizador vejete capaz de todo por salvar a su estrella de la muerte fílmica.

- No hay problema, Lola, cambiaré el final.
- Tú no cambiarás nada.
- ¡Pues lo voy a cambiar!

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Mientras el cutrerío del cine español permite que el pervertido Ricki (Antonio Banderas) campase a sus anchas por el estudio y llevarse algunos recuerdos, como las bragas de la protagonista. De todo ello, Paco Rabal nos deja una máxima: “Cuando se ponen el corazón y los órganos genitales en una película siempre te sale algo personal”.

Como los hay que por no ponerse de acuerdo y no contentarse con nada, algunos se desquician porque no aparece el atrezzo adecuado. Los hermanos Taviani imaginaron en Buenos días Babilonia, el rodaje de uno de los clásicos, Intolerancia de Griffith. El cine, sin embargo, nos ha demostrado que la realidad siempre supera a la ficción.

- Circularon y circularon… ¡pero los caballos no pudieron arrastrar nada! No son del color que he pedido, llévatelos. Los había pedido blancos, ¡blancos!

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Al final, hay directores que se contentan con que su película haya gustado en algún lugar del planeta, como sucede con Woody Allen en Un final made in usa.

 - Los franceses han visto tu película en París y creen que es la mejor película norteamericana en cincuenta años.
- ¡Bromeas!

Y ahora, uno se puede preguntar: ¿y por qué leches lo ha puesto dentro de las comedias? ¡Amigo, tu no has visto la cara del director después de todo esto!