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Travelling. Blog de cine.

Robert Redfort: Actor y director.

Robert Redfort: Actor y director.

El luminoso rostro de Robert Redfort, desprovisto de expresividad y ofreciendo la sensación de que los abusos de la cirugía plástica se ha ensañado con él, por su deseo de revivir la nostalgia de un pasado esplendor, ha ido representado durante más de treinta años la cara más grata y civilizada de los Estados Unidos. La sensación de que era tipo de fiar, con cerebro y conciencia, un hombre de bien, independientemente de los personajes y los atributos con los que Hollywood suele premiar y mimar a sus estrellas tan rentables como eternas. Como Cary Grant, James Steward o Gary Cooper es impensable verle como villano y dando vida a lo enfermizo o al reverso tenebroso de América. Demócrata y ecologista convencido, a lo largo de su trayectoria, Redford ha demostrado una coherencia política en la elección de sus papeles más comprometidos. En El candidato denunciaba a una clase política muy preparada para ganar unas elecciones pero incapaz de gobernar.

- Bueno, ¿qué vamos hacer ahora?
- ¿Qué?
- Vale, ya soy senador, ¿Y ahora qué?

Protagonizando Todos los hombres del presidente (Alan J. Pakula), Redfort abogó por la libertad de prensa como pilar fundamental de la democracia, mientras que con Sidney Pollack denunció los oscuros métodos del terrorismo de Estado en Los tres días del cóndor.

- Oiga, hijo de perra, estaba lloviendo, volví con los bocadillos y los habían asesinado a todos. Todos han muerto.

Paradójicamente, por vocación, convicción o mala conciencia, esta mina de oro, todo un símbolo dentro de la gran industria de Hollywood, dedicó su fama, su dinero y prestigio al mecenazgo, producción y distribución del cine independiente, a través de la plataforma del Festival de Sundance. Mientras que como realizador, ha dirigido películas sensibles y críticas, esforzadamente líricas, con más ambición que perfección pero muy dignas. Filmes en donde el compromiso político también está presente en su obra como director, en especial en Un lugar llamado milagro, fábula cercana al realismo mágico con la que denunciaba el mercantilismo salvaje ejercido sobre la tierra por las grandes multinacionales.

- ¿Allí estará el lago y el albergue de esquiadores?
- Sí.
- Los apartamentos y el campo de golf.
- Eso mismo, lo has entendido.



Más allá del compromiso político, el cine de Robert Redfort contiene reflexiones, en ocasiones puramente existenciales, que cuestionan con amargura el Sueño Americano, a través del significado del triunfo, tema central de La leyenda de Bagger Vance, pero sobre todo de Quitzshow, en donde el cineasta y actor disecciona los mecanismos fraudulentos con los que la televisión, y por extensión, la sociedad construye a sus triunfadores.

- He mentido al pueblo americano, he mentido acerca de lo que sabía y también he mentido acerca de lo que no sabía.

En la excepcional Gente corriente, opera prima por la que Redford ganó el Oscar al Mejor Director, se confronta a una destrozada familia por un traumático accidente con la exigencia social de encajar en el Sueño Americano. Un prometedor nadador adolescente, un padre y una madre, ejemplares.

- Hace mucho tiempo la lluvia cayó sobre el barro y se convirtió en piedra, hace millones de años. Pero aún antes que eso, sobre las piedras yacía la palabra de Dios.

 Menos amargas y más cercanas a sus creencias budistas y ecologistas son El río de la vida y El hombre que susurraba los caballos, suertes de encuentros místicos entre el hombre y la naturaleza, en donde el ritmo contemplativo y el preciosismo fotográfico son dos manifiestos existenciales empleados por Redford para dotar de armonía, lirismo y belleza a sus filmes.


La Generación de la Televisión: Arthur Penn y Sidney Lumet.

La Generación de la Televisión: Arthur Penn y Sidney Lumet.

- Dígame lo que significan estas palabras: "A través de un cristal oscuro".
- Es cómo lo ven, algunas personas.

(El zurdo, Arthur Penn)

Estos dos cineastas compartieron en su momento el pertenecer a la llamada "Generación de la televión", interesante por ser el mejor cine norteamericano de los años sesenta y setenta, y por su línea concienciada con los problemas de su país. La relajación de la moral sexual, el choque generacional, el auge de la violencia juvenil, junto al creciente presencia de la televisión, estaban presentes en esta década.

Sus personajes, representan los lados oscuros del mundo en que vieron estos dos cineastas, ese lado de Norteamerica, cuyas conciencias pretendían despertar sus películas, a base de "estimular el pensamiento", según las propias palabras de Sidney Lumet, uno a los que homenajeamos. "Toda película debe ser un entretenimiento, pero el cine debe recoger algo más: estimular el pensamiento".

Y si en este director, prevalecen los melodramas judiciales y la corrupción, como hizo en uno de sus títulos más emblemáticos, La noche cae sobre Manhattan.

- Y olvíndese de las putas normas, que a nadie se le ocurre mencionar sutilezas como los derechos civiles. Ustedes cojan a esos malditos asesinos y yo me ocuparé de la Asociación por los Derechos Civiles.

En Arthur Penn, el interés estriba en mostrarnos la violencia de su momento reflejada en una visión más contemporánea del western, como hizo en Jauria humana.

- Su sueldo sale de los impuestos de todos,  tiene obligación de protegernos.
- Si algo les ocurre, caballeros, les prometo devolverles el dinero.
 
De ahí que en estas historias no se haga raro encontrarnos con auténticos ambientes fatales, en donde no existan los vencedores; en estas películas "unos pierden más que otros", como decía el personaje interpretado por Gene Hackman en La noche se mueve, de Arthur Penn, el primer director al que vamos a referirnos. Unos destinos fatales que aparecen en otros tantos títulos, como por ejemplo, en Bonnie and Clayd.

- Caerán justos algún día, justos los sepultará, y aunque unos lo lamentén, muchos lo celebrarán. Para Bonnie and Clayd, habrá llegado el final.

La figura del gánster es presentada como un romántico modelo constestatario a las audiencias de la América del Watergate. Ahí explica que el romanticismo de la pareja protagonista, ganara en simpatías, por quienes veían en su epopeya socialmente amoral, subversiva y vitalista, una huidiza cualidad trágica.

A su manera, Penn hizo una particular visión de lo que había sido América así como su concepción que tiene de sí misma; a través de la Gran Depresión o de los westerns reinventados por el mismo,  celebrando la épica de los perdedores.  Bien tomando una lectura psicoanalítica del Oeste, con El zurdo, como de su violencia en Missuri.

- ¿No es partidaria de colgar a un ladrón?
- No señor, no lo soy.
- Pues yo sí. ¿Cómo si no íbamos a tener ley y orden?

E incluso podemos rastrear una crítica del genocidio a las minorías indias, en su película Pequeño gran hombre, una visión desmitificadora del general Custer. Se denuncia el sempiterno etnocentrismo WASP, al mismo tiempo que deconstruye la mitología del western.

- Se nos están acabando las municiones.
-¡Bien, se están acabando las municiones! Le advertí que pasaría esto, pero el se quedó allí, en la Casa Blanca y además se rió de mí.

Pero también quedó reflejada en su filmografía la tremenda decepción de los escándalos políticos, desde el de Watergate como el de los asesinatos de los Kennedy; apareciendo en La noche se mueve.

- ¿Qué hacías la noche en que asesinaron a Kennedy?
- ¿Qué Kennedy?
- Cualquier Kennedy.

Esta decepción quedó reflejada en la historia de la película, al ser un thriller en donde el personaje, un detective no termina por descubrir el caso, llendo en círculos al final del filme.

- ¿Es usted uno de esos detectives que metidos en un caso nadie les puede sacar de él?
- Eso era en los viejos tiempos, ahora estamos sindicados.

                                                                      ****

- Once han votado culpabe. ¿Alguno vota inocente? Uno, muy bien. Once culpable y uno, inocente.
- Bueno, y ahora ¿qué pasa?
- Tendremos que hablar.
- ¿Así que inocente?
- No lo sé.

Este seguramente sea el momento central de su película más conocida, Doce hombres sin piedad, del segundo director que homenajeamos de la llamada "Generación de la televisión". Sus filmes escarban en algunas de las mayores mezquindades humanas, incidiendo en la falta de justicia y de ética, como se aprecia en ese melodrama con dimensiones intimistas que fue su epitafio cinematográfica: Antes que el diablo sepa que hemos muerto.

- Es la tienda de papá y mamá.
- Lo que te decía, un negocio familiar.

Unió a  Al Pacino y a John Cazale, que una vez fueron hermanos de esa gran familia de los Corleone (El Padrino, F. F. Copolla) para encarnar a dos auténticos antihéroes que pretenden robar un banco. Lumet aprovechaba la historia para esbozar dos temas tabúes, la homosexualidad y la condición mediática de los delincuentes.  

- ¿Qué me dice? ¿Qué por qué lo hago? ¿El qué?
- Atracar un banco.
- Qué pregunta más tonta. Robo un banco porque hay dinero, porque sino no lo robaría.

Como nadie otro, Sidney Lumet supo plasmar en la gran pantalla el poder de la televisión, logrando su éxtasis en Network. Por el camino, habría otras historias igualmente crudas e impactante como la de ese judío, supeviviente del Holocausto, de El prestamista.

- Yo no creo en Dios, ni en el arte, ni en los periódicos, ni en la política, ni en los filósofos.
- Entonces, profesor, ¿en qué crée usted?
- En el dinero.

O también reflejó la tensión de la llamada Crisis de los misiles, con Cuba, en su película Punto límite.

- En toda guerra, incluso en una nuclear, hay un ganador y un perdedor. ¿Quien preferiría ser?
- en una guerra nuclear todos perderíamos, la guerra ya no es lo que era antes.
- Sigue siendo una solución para los conflictos políticos y económicos.
- ¿Habría cien millones de muertos, qué clase de solución sería esa?
- No serían cien millones.
- ¡Ni sesenta!

Joel Shumacher: autor veraniego y de escape.

Joel Shumacher: autor veraniego y de escape.

Joel Schumacher es uno de los directores más freaks en ese peculiar mundo que conocemos como Hollywood, uno de los todoterrenos que la industria norteamericana tiene tanto para un roto como para un descosido, que abarca desde el thriller al drama romántico o a la trama judicial, pasando por el blockbuster del superhéroe de turno. Su irregular trayectoria está jalonada por taquillazos de muy dudosa valía cinematográfica, que le han dado fama de director “veraniego”. Además, de casta le viene al galgo en su acepción del látex negro, que luce el personaje de Batman, e incluso del exagerado colorido de las plumas de su versión El fantasma de la ópera, pues se inició como diseñador de vestuario de cineastas como Woody Allen, y tras una exigua trayectoria como guionista, comienza su andadura en la realización con una versión femenina de la historia del hombre menguante. Homosexual confeso, recibió críticas de la comunidad gay por la imagen que ofreció en una de sus primeras películas, con el mundo de la homosexualidad de fondo, Nadie es perfecto.

Pero su eclosión se produce en los años 80, cuando aprovecha la llamada generación drug – pack y dirige cintas de bajo presupuesto y calidad cinematográfica, como Palermo, Punto de encuentro y Jóvenes oculto, una floja versión del cine de vampiros con elementos que luego repetiría en buena parte de su producción filmográfica, su humor descerebrado, los excesos horteras y la asimilación de los códigos vampíricos, desde el punto de vista adolescente.

- Eres una criatura de la noche, cómo sui hubieras salido de un cómic. ¡Mi propio hermano es un vampiro! Ya verás cuando se enteren papá y mamá.

El cineasta alemán descubre a los vampiros cómo una transposición perfecta de los delirios de grandeza y las fluctuaciones típicas de la pubertad: La concepción de no pertenecer al mundo de los adultos, la iniciación sexual y la exploración de las propias cosas.

Los noventa, sin embargo, supondrían para el director el momento más fructífero de su carrera, con algunos filmes interesantes, como la de una pandilla de estudiantes de medicina en busca de emociones fuertes (Línea mortal), aunque la más destacada sería Un día de furia, con un magnífico y neurótico Michael Douglas con el que deberíamos sentir empatía los españoles, sobre todo en época de elecciones o crisis.

- ¿Por qué me atraerán el tipo de hombre equivocado? En el colegio eran los chicos con pendientes, en la universidad, las motos y las chupas de cuero, y ahora, la goma negra.
- Inténtalo con los bomberos, llevan menos ropa.

Tras las dos primeras versiones de la saga de Batman, Schumacher sustituye a Burton al frente de las siguientes continuaciones y excepto por el nuevo bat-traje, el director no aporta nada original. Mucho mejor, porque en la cuarta entrega del superhéroe, los excesos de pluma y la recuperación del colorismo de la serie de los setenta convirtieron a Gotham City en el Día del Orgullo Gay, lo cual es muy respetable pero supone una traición a la tradición oscura y fría que la saga había acuñado gracias la genialidad de Tim Burton. Ya por entonces la numerología de pacotilla estaba presente en la obra de Schumacher. La W, la letra 23 de nuestro alfabeto, se relaciona con una interrogación, con Enigma, nombre del supervillano interpretado por Jim Carrey.

La época posterior a las dos últimas películas de Batman, vuelve a caracterizarse por su eclecticismo, en donde dos adaptaciones de John Grisnam, uno de los especialistas de la literatura judicial, The Clean y Tiempos de matar le relacionan con el cine de David Lumet, aunque salvando las distancias. Mientras tanto sus colaboraciones con Collin Farrell y una con Anthony Hopkings se salvan con aceptables beneficios económicos y pésimas críticas, pero será sólo Asesinato en 8 mm, el que le devolvería parte de su prestigio perdido tras la cuarta entrega de la saga del murciélago, Batman y Robin. Una de las claves del cine de Schumacher lo encontramos en el personaje interpretado por Joaquin Phoenix.

-  Mire yo no sé lo que está buscando, pero para que quede claro desde el principio, yo soy hetero.
- Felicidades.
- Gracias. Pero puedo buscarle un rollo. Usted diga el vicio y yo le diré el precio.

En El fantasma de la ópera, Schumacher se siente como pez en el agua entre máscaras, plumas y terciopelo, por lo que serían los patrones de vestuario y no los numéricos a los que debía que dedicarse el director, porque en lo que respecta a lo segunda, se debe tener una concepción del mundo menos frívola y sobre todo no dejarse engañar por esoterismos propios de Iker Jiménez. Esto lo descubrimos en su última película, El número 23, una pesadilla en torno a la esquizofrenia que produce la numerología. ¿Qué ocurre si toda tu vida está relacionada con el número 23? Bueno, al menos eso es lo que le sucede al sufrido protagonista, interpretado por Jim Carrey.

El viaje pirandelliano y psicoanalítico de Woody Allen.

El viaje pirandelliano y psicoanalítico de Woody Allen.

Director, actor, músico, productor y guionista neoyorquino, con una asombrante incontinencia fílmica, que lleva arrastrando desde sus inicios las etiquetas de misántropo, cínico pesimista y de cara deprimente. Y casi a película por año, en las últimas tres décadas, lleva reflejándose así mismo en un género que podría titularse de “autobiografía épica”. Lo sabemos todo de él, gracias a sus inteligentes y cuidados diálogos, pero sobre todo a su arma más eficaz, la ironía. Siendo esta una de las claves de su filmografía junto al psicoanálisis.

- Tengo una cita con mi psicoanalista.
- ¿Desde cuándo vas a un psiquiatra?.
- Sólo desde hace quince años.

Un actor con numerosos trastornos psicológicos que ha intentado justificar con su juventud y su religión: “Soy un ateo teológico existencial, hay vida inteligente en el universo salvo en ciertas partes de los Estados Unidos”.

- Déjeme ir al cielo, por favor.
- Soy judío, no quiero ir al cielo.
- ¿A dónde quiere ir?
- A un restaurante chino.

La obra del cineasta neoyorquino es una absurda e inteligente recreación de su vida en el celuloide, haciendo de su infierno existencial todo un rincón de recreo para sus espectadores. Para eso están los geniales diálogos que hunden en un torrente de fina ironía, sarcasmo y causticidad, que escupen como puñetazos, los personajes de sus películas. No hay mejor forma para descubrir a Allen que a través de sus palabras.

- Pero si existe Dios, ¿por qué hay tanta maldad en el mundo? Todavía más sencillo, ¿por qué pudieron existir los nazis?
- Explícaselo, tú.
- ¡Cómo voy a saber explicarle porqué exisitieron los nazis, si ni siquiera sé como funciona el abrelatas!

            

Como si tratara de una obra pirandelliana, la filmografía de Woody Allen ha sabido mezclar con pasión, la ficción con la realidad, que él mismo ha llevado la batuta de sus propios personajes.

- La vida no se puede controlar, no se puede forzar para que tenga un desenlace feliz. Sólo se puede controlar el arte y la masturbación, campos de los cuales son un auténtico experto.

Como el propio Woody Allen sostiene, a lo largo de nuestra vida nos enfrentamos a elecciones morales, son esas decisiones las que nos definen como persona.

Además, ha sido uno de los directores que más han planteado reflexiones sobre una diversidad de temas ocurrentes, que los ha hecho repetir de forma incansable en la mayor parte de su producción. La religión, lo fugaz del amor, las flaquezas intelectuales de la sociedad actual y, sobre todo, el psicoanálisis y el sexo, han sido su temática preferida, mil y una veces vista. Pero una de sus temáticas preferidas sea el mismo y las mujeres.

- Las mujeres están, no sabemos si Dios existe, pero las mujeres están. Y no en un mundo imaginario, sino aquí en la Tierra, y ¡hay algunas de ellas que compran una lencería!

Las relaciones interesantes e inteligentes entre los personajes femeninos de sus películas y el propio Woody Allen, retratado directamente en ellas, o bien a través de alter egos con unos actores de perfiles similares al suyo (John Cusak, Jason Biggs, Will Ferrell). Diane Keaton y Mia Farrow eran, sin duda, sus musas predilectas pero no las únicas que han pasado por el universo delirante y neurótico del cineasta. Las chicas Allen podrían competir perfectamente con las Bond, aunque tienen algunas peculiaridades bastante significativas: van con gafas, chalecos, enormes bolsos y un psicólogo incluidos. Algunas, como Diane Keaton en Annie Hall pusieron de moda un estilo bastante particular, el de chicas con sombreros Fedora, chalecos y pantalones de hombre. Entre todas ellas, hay incluso una rareza, Hattie (Samamtha Morton), la muda de Acordes y desacordes, el unico personaje al que no influía los trabajados diálogos de Allen. Si no fuera poco, no sólo no le da ni una sóla línea del guión sino que la ennovia con Emmet Ray (Sean Penn), un envidioso guitarrista, con el que tiene sus más y sus menos desde su primera cita, cuando debe cambiar un neumático del coche: "¿Qué pasa? ¡Nadie dijo que esto iba a ser un picnic! Ya sabes que no puedo arriesgar mis manos. Tranquila, después iremos al vertedero a disparar a las ratas". 
             

También está su don para la palabra, dirigiéndose al espectador; a través de incontables recursos narrativos. Como encontramos en su  Annie Hall:

- ¿Conocen este chiste? Dos hombres están en un restaurante, uno dice: vaya, la comida es verdaderamente terrible, y contesta el otro: ¡y las raciones son tan pequeñas! Pues, básicamente es así como a mí me parece la vida, llena de soledad, miseria, sufrimiento, tristeza, y sin embargo, se acaba demasiado deprisa.

En realidad, sus películas cuentan siempre la misma historia, ya sean inspiradas en Bergman o del tipo de comedia de enredo, sus personajes siempre buscan respuestas, porque la felicidad humana no parece incluida en el proyecto de la creación.

- Las palabras más bonitas de nuestro idioma no son “te quiero”, sino “es benigno”.

Cocktail Allen.

Cocktail Allen.

Acaba de aterrizar la nueva entrega del cineasta neoyorquino, ya se sabe, una película por año, una más en la extensa filmografía del laureado realizador que tiene su hogar afectivo en los países europeos, tocados por el meridiano de Greenwich, al que podríamos también llamar de Allen.

- La mayoría de la gente debería saber que una vida se basa en la suerte. A saber cuántas cosas se escapan de nuestro control.

Asistimos a unas historias fraguadas en los trasteros de la conciencia y que revelan el lado amargo de la existencia. Seguramente esta reflexión la comparta con el propio director, al ver que la vida esta dominada por una existencia trágica, salpicada por contados momentos cómicos, placenteros y divertidos. En este sentido, Allen siempre ha querido escribir historias trágicas, aunque el particular estilo de este gran director no escatimara en comicidad. Toda una declaración de intenciones, sobre todo en un director que tiene en su extensa carrera, y en clave de comedia, ciertos elementos que anuncian lo que la sabiduría de la edad consigue verbalizar:

- Te gustan las películas porque eres un observador de la vida.
- La vida no imita al arte, la vida imita a la mala televisión.

Woody Allen se ha convertido en un cineasta noir, pero no me refiero a sus comedias con guiños al género, sino cómo su cine se ha ido desbancando por una coloración oscura a medio camino entre el melodrama criminal, la comedia negra y el cuento moral. Esto, evidente en Macht Point, ya aparecía en gran parte de su filmografía, desde Delitos y faldas a Misterioso asesinato en Manhattan o Scoop. Aquí hay que situar también a El sueño de Cassandra, ejercicio que intenta reunir tanto J. M. Cain, Schakespeare, la tragedia griega, Patricia Highsmith como Dostoyeski, para construir lo que los anglosajones conocen como moral play. Filmes en donde se dan cita el punto moral de Allen, su agudeza disección de la ambición, la culpa y alguna pincelada de comedia humana.

- ¿Qué ocurrió cuando la luna de miel se había terminado? ¿Creció el deseo con los años? ¿O la familiaridad fue la causa de la infidelidad de los amantes? ¿O como nos habían inculcado el orgasmo simultáneo?

Como vemos, sus películas encontramos el humor irónico e inteligente propio del director. Todas ellas hacen gala de un largo repertorio de situaciones pintorescas, en donde los diálogos son parte esencial de estas. De destacar algún título podría quedarme con Misterioso asesinato en Manhattan: “Como oiga otra vez a Wagner, voy a querer invadir Polonia”; “¿Puedes llamar más tarde?, es que mi matrimonio se desmorona”; Diane Keaton: “¡Quizás, vivamos puerta con puerta con un asesino!” W.A.: “Nueva York es un cajón de sastre, tienes que acostumbrarte”. Aunque, sin duda, de la película nos quedamos con una cita interesante de Angelica Huston (Marcia Fox). Marcia: "¿Habéis leído lo de ese hombre en Missuri que mató a doce personas, les desmembró y se las comió?"; Larry: "Bueno, es un estilo de vida".





Pero junto con el humor inteligente de sus guiones, encontramos en sus filmes,  su pasión por el cine. Abundan los homenajes al séptimo arte en sus películas como en la fellimiana Recuerdos, pero también en sus parodias disparatadas como La última noche de Boris Gruchenko o sus comedias sociales de madurez (Anie Hall) y sus dramas con Ingman Bergman en el horizonte, como Otra mujer. Una de sus filmes que más me han interesado, Misterioso asesinato en Manhattan, es toda una recurrente colección de guiños cinéfilos, en donde vemos a Alfred Hichcock, Billy Wilder, Fred Astire y sobre todo de La dama de Shanguay de Orson Welles. Woody Allen (Larry) se pierde en una vieja sala de proyección como el personaje de Welles en ese clásico del cine negro, e incluso con una escena que recuerda al famoso tiroteo en el cuarto de los espejos.

Más significativo que la música de Col Porter para la ciudad de Nueva York o las películas de Martin Scorsese, es Woody Allen, porque el ya típico menage à trois entre Diane Keaton, el mismo y la isla de Manhattan como escenario, engrosa buena parte de la filmografía del director. Principalmente en su primera etapa cinematográfica, en los años setenta, a cuyo trío habría que sumarse Gordon Willis, el director de fotografía que acompañó al cineasta en sus primeras películas. El fue el responsable de esa mítica imagen que todos los amantes del cine de Woody Allen tengamos en la memoria, la de Manhattan, uno de sus filmes más emblemáticos: La pareja protagonista sentada en un banco frente a un imponente puente de la ciudad, sonando de fondo Col Porter y todo ello en un magnífico blanco y negro monócromo.

Crimen y castigo en el cine de Bernard Tavernier.

Crimen y castigo en el cine de Bernard Tavernier.

- Las imágenes, ellas son las que nos enseñan. Imágenes y rostros de cosas que nunca hemos visto.

La muerte en directo.

El crimen, la delincuencia, la corrupción, y por fin, la muerte, son temas recurrentes en la cinematografía del director francés Bernard Tavernier. Si en una de sus películas más conocidas, La muerte en directo, reflexionaba sobre el poder mediático de la televisión, a modo de Network de Sidney Lumet, en su cine aparecerá desde todos los puntos de vista posible pero además presentando una variedad de lecturas. Sobre todo porque suele dinamitar los códigos genéricos y adoptar intensos relatos, desde la objetividad de su cámara, para retratar fría y eficazmente a la sociedad.

- Estoy aquí para salvar inocentes, pero casi no los hay.
- ¿El qué?
- Inocentes, los crímenes son todos colectivos.

Confeso admirador de la cultura y sociedad norteamericanas, otra de sus claves es la de buscar  en ella su inspiración para muchas de sus películas, como por ejemplo, en Alrededor de la medianoche, ambientada en el mundo del jazz. Pero también ha regresado una y otra vez a la literatura negra para rescatar de sus  páginas brillantes retratos de la América Profunda.  Uno de sus títulos más emblemáticos, la extraordinaria Coup de  tourchondMil doscientas ochenta almas, resulta de la novela de Jim Thompson.

 1986 Round midnight- Alrededor de la medianoche (foto) 01.jpg1983 Mississippi blues (foto) 02.jpg

- Acabo de leer a un autor que no es de los nuestros.
- ¡Zola!
- No, Mielveaux. Dice que todos somos asesinos, al menos, en potencia. Y dice que esa necesidad la canalizamos a través de medios legales, la industria, el comercia colonial, la guerra, el antisemitismo.

En Tavernier, muchas de sus historias, giran en torno al mundo criminal, como parte de ese retrato del comportamiento humano, pero siempre formado parte de un subterfugio de algo superior. En El juez y el asesino, se sirve de la historia de un criminal para demostrar como los roles de un criminal y el de un juez podían ser intercambiables.

- Dice que le mató porque era un hijo de puta. A mí me basta.

            1974 LHorloger de Saint-Paul - El relojero de Saint Paul (fra) 01.jpg1976 Le juge et lassassin - El juez y el asesino (fra) 01.jpg

               1980 La mort en direct - La muerte en directo (ale) 01.jpg   
 
                1980 Une semaine de vacances - Una semana de vacaciones (fra) 01.jpg
                 1984 Un dimanche a la campagne - Un domingo en el campo (fra) 01.jpg 
                     1981 Coup de torchon - 1280 almas (fra) 01.jpg1986 Round midnight - Alrededor de la medianoche (ing) 01.jpg

En otro título, El relojero de Saint- Paul, Bernard Tavernier emplea el asesinato de un explotador para mostrar los abusos del poder. La misma temática pero en otro tiempo y con un estilo próximo al documental, su Ley 627 sirve de denuncia de la brutalidad que presenta una brigada policial relacionados con los narcóticos.

- Lo importante es darse prisa, si a los veinticinco no has triunfado, no vales nada.

También son delincuentes los adolescentes de La carnaza, cuyos crímenes surgieron como respuesta a una sociedad enferma, dominada por el consumismo y por una mentalidad basada en el triunfo.

 La muerte y la violencia pueden aparecer organizada, como sucede en las guerras y concretamente lo vemos en un título de Tavernier centrado en la Primera Guerra Mundial, Capitán Conan. El film nos muestra el contrapunto entre los métodos empleados por el Capitan Conan y los de su amigo el Teniente Norbert. Los primeros llevan a cabo una lucha violenta y salvaje, sin uniformes, empleando hondas o ballestas y afilando  los cuchillos en las tripas de sus adversarios. Por su parte, el Teniente Norbert, intenta buscar la cordura en medio de esa locura que es la guerra. Pero lo cierto es que "son los hombres como los míos quienes ganan las guerras", como señala el propio protagonista.

 Tras la tormenta, el último filme de Tavernierno, presenta paisajes fantasmagóricos, casi ilusorios, de Luisiana, parecidos a los de Coup de tourchound,  como escenario de la decadencia física y moral que el director pretende transmitir en muchas de sus películas. Una decadencia que vapulea el alma de sus personajes.

- Luisiana está arruinadísima, Nueva Orleans es un cementerio y el fondo del váter es más atractivo que este paisaje.

Costa-Gavras: comprometido con su cine.

Costa-Gavras: comprometido con su cine.

- Siempre se termina hablando de política.

Él mismo.

Costa-Gavras es un ejemplo de cineasta concienciado, capaz de tocar en el mismo Hollywood temas como la dictadura de Pinochet (Desaparecido) o la complicidad del Vaticano en el Holocausto (Amén). Revisando la filmografía del primer cineasta que vamos a referirnos, el griego Costa-Gavras, podemos establecer en grandes rasgos su etapa cinematográfica que ilustra de manera brillante la política de los últimos 50 años. Se trata de un cine de denuncia que se ha ido adaptando a los tiempos que corren. Sin embargo, el grueso de su filmografía tiene algunos puntos comunes, uno sobre todo: sus películas pretenden denunciar los totalitarismos de todo signo, combatir las dictaduras y reivindicar las democracias, o como valor emblemático, los derechos humanos.

- En más de 3000 empresas norteamericanas defendemos un modo determinado de vida, el nuestro.
- Tal vez por eso no hay nadie afuera.

El filme, Missing, quizás el más desgarrador de su filmografía, presentaba a un padre coraje dispuesto a todo por encontrar a su hijo, perdido en el gran estupor del Chile de Pinochet.

- ¡Dios mío, le dieron tanto que no le soltarán hasta que esté en condiciones! No lo sé y no me importa. De veras no me importa, porque lo que está hecho, hecho está. Contacten con esa gente y díganle que me llevaré a mi hijo como esté. No armaré alboroto, no acudiré a la prensa. Redacté el documento que sea necesario y lo firmaré. Disculparé a cualquiera. Solo quiero llevarme a mi hijo. Es mi único hijo.


Frente a esto nos ha dejado algunas interesantes novedades, como desentrañar las raíces del totalitarismo camuflado en la apariencia de democracia. Algo que viene a confirmar una cita de Leonard Cohen, “todos tenemos que luchar contra el fascista que llevamos dentro”. En la actualidad el cine de Costa-Gavras, siempre interesante y controvertido, tiene a Francis Fujiyama en su punto de mira. Sus últimas películas se han marcado por una crítica más o menos velada hacia las imperfecciones de la democracia y occidente. A diferencia de sus primeras películas, inscritas dentro del género del thriller políticas, esta etapa se abre con filmes encuadradas en la ficción social. Aquí cobra protagonismo una lacra cada vez mayor en la sociedad: el problema del desempleo. En dos películas trata sobre este tema desde una espinosa postura, en ambas la violencia cobra protagonismo.

Si en Mad city, denunciaba la información blindada de los medios de comunicación y la del mundo empresarial, tras un suceso como el secuestro de unos niños en el Mueso Natural por un ex empleado; en Arcadia, se acercaba al tema, de candente actualidad, de la búsqueda de empleo tras un despido general camuflado en el eufemismo “reestructuración”.

-  Disfruté como nunca leyendo la información de mis competidores, descubrí que la ignorancia era abismal, la venalidad se ponía al servicio de los accionistas, no se daban cuenta que esos mismos accionistas eran el enemigo. Pensaban cerrar empresas, y todo para satisfacer la bestia voraz que siempre tenía la boca abierta.

 En su última película se centra en un fenómeno que el propio director conoce: la emigración.

En Edén, al Oeste, en las mismas aguas del Mar Egeo surcadas por Ulises en La Odisea, el joven Elías cruza varios países para introducirse ilegalmente en Europa.  Se abandona el artificioso aspecto turístico y emprende un viaje con ciertos peligros, asistiendo a una serie de encuentros fortuitos, que muestran tan diferentes actitudes ante el inmigrante ilegal. Da igual de dónde se proceda, sólo importa llegar a primer mundo, en busca de la Tierra Prometida.

- Pero, ¿qué haces aquí? Esfúmate.
- Tengo hambre.

 

             

Roger Corman, el Rey del low cost.

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Personalísimo istmo dentro del cine norteamericano, porque su obra resulta tan inclasificable como interesante, pero sobre todo por el título de Rey de la serie B que ha acompañado toda su carrera. Su filmografía está próxima al imaginario Grindhouse, su nombre solía aparecer tras incontables producciones extravagantes, aunque sobre todo estaba vinculado con dos destacados autores de la literatura norteamericana, Allan Poe y Richard Matheson. Sin embargo, lo más relevante de Roger Corman fue que estuvo detrás de cientos de producciones y no perdió dinero. Eso al menos, es lo que reza el título de su biografía Cómo hice 100 films en Hollywood y no perdí un céntimo. 

Roger Corman hizo de la serie B toda una serie A; A de ahorrador. Era partidario de la máxima: rentabilidad al mímino coste, lo del bueno, barato y bonito. Fue el gran gurú de las secuelas, del cine denuncia y del low cost (bajo coste). Su filmografía está lleno de cine de consumo, de evasión pura y dura, estaba detrás de todo aquello que pudiera generar dinero. El Hollywood dorado también había apostado por esa idea. El legendario productor Jack Warner decía algo así: “No lo quiero bueno, lo quiero el martes”; mientras que algunos directores hicieron fama precisamente por lo contrario, gastar más de lo presupuestado, como Orson Welles, o por despilfarrar un dineral en proyectos que ni siquiera se llevaron a cabo, como Robert Aldrich.

Se trata de una de las personalidades más creativas que, sin embargo, se ha creado tantos seguidores como detractores. La sesgada valoración de su cine se debe a la densidad de sus temas y a los intereses de cierta crítica considerada intelectual. El Péndulo de la Muerte, La Matanza de San Valentín o Los Ángeles del Infierno son algunos de sus títulos emblemáticos. Tantos géneros como producciones, su cine era tan cambiante en temas, moviéndose entre el terror barato de sus primeras películas y el clasicismo de las obras de Poe, sin olvidar su particular filme noir de Un cubo de sangre o la comicidad granguiñolesca de La tienda de los horrores.

- ¡Tengo hambre!
- Cálmate ya, Drácula, ¿qué crees que es esto, mi ropa sucia?

Tampoco abandonó todo aquello que sonase a cine exploet como el erotismo, las drogas, la violencia, las motos, el rock and roll o las chicas reclusas. Produjo a destajo, sin reparar en géneros, pero tampoco en nombres; de ahí que fuese el padrino de incontables talentos cinematográficos, desde Francis Ford Coppola a Joe Dante o Martin Scorsese.

- Lo que representáis para ellos es la libertad.
- ¿Y qué tiene de malo ser libre? Todo el mundo la quiero.
- Sí, desde luego, todo el mundo la quiere pero una cosa es hablar de ello y otra muy diferente es hablar de ello.

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Fonda, Hopper y Nicholson, trío de actores salidos de “papá” Corman, representaron toda una época con ese filme contestatario llamado Easy Rider.

Igualmente, a él se deben las geniales adaptaciones de las obras de Edgar Allan Poe. Las "Narraciones extraordinarias" del escritor norteamericano, con casi siempre, Vincent Price de sufrido protagonistas. Títulos como El cuervo, El péndulo de la muerte, La palabra de los espíritus, La máscara de la muerte roja e Historias de terror. Películas que llevaban el estilo característico del llamado "Rey de la serie B" en donde terror, clasicismo y humor se fundían en estas truculentas historias para no dormir.

- Este es el latido de un corazón humano, quédese muy quieto y escuche.

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