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Garci: ¡Qué grande es el cine!

Garci: ¡Qué grande es el cine!

José Luís Garci es un director de cine, productor, guionista, crítico y presentador de televisión, como conductor del programa emitido por TVE "¡Qué grande es el cine!". Consiguió el primer Oscar para una producción española, en la categoría de Mejor película de habla no inglesa: "Volver a empezar". Y fue el cineasta español más nominado con otras tres nominaciones más. Sus puestas de escenas muy clásicas, el domino del lenguaje cinematográfico y sus gustos literarios y cinéfilos, marcan la filmografía de este gran cineasta español.

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La carrera de José Luis Garci se divide claramente en dos etapas. En la primera, analiza la España de su tiempo a través de diversos retratos, quizás un tanto almibarados pero apasionados con los que ganó al público y algunos premios, entre ellos un Oscar. Sobre todo gracias a una ternura cercana al sentimentalismo, una nostalgia desilusionada y una eficaz relación de referentes populares: la música (Luna de miel, de Gloria Lasso, en el travelling final de Asignatura pendiente), o el cine (el "no se puede vivir sin Rosselini" de Sesión continua).  Sus comienzos los encontramos en la llamada Tercera vía, el cine que se realizó en las postrimerías del franquismo, con unas comedias que abordaban temas acuciantes de la realidad social. José Sacristán -abanderado de esta cinematografía- junto a Fiorella Falcoyano protagonizó las primeras películas de Garci. Su debut, Asignatura pendiente, fue un fenómeno sociológico y una declaración de intenciones, una comedia tintada de melancolía, junto a un crisol de ilusiones perdidas -como reminiscencia de la dictadura franquista- y una condición de sueño de libertad. El trío volvería a reunirse en Solos en la madrugada y Asignatura aprobada, tras el cual empieza a desmarcarse de la Tercera vía para fijar su mirada en el melodrama americano.

Con Canción de cuna Garci inicia una nueva etapa, menos interesante, en la que echa mano de textos más o menos clásicos de nuestra literatura como inventa otros (junto a Horacio Valcárcel) en los que resulta particularmente difícil adentrarse a causa de su particular forma de hacer cine.

El alejamiento del presente, el desapego de la realidad y las adaptaciones literarias, características de sus últimas producciones, parecen ser las señas de identidad de un cineasta cada vez más interesado por el clasicismo americano, las ficciones que ahogan en el pozo de una erudición pulida y la hojarasca cinéfila.

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Pero tan pronto como rastreamos en su filmografía, encontramos la literatura como fuente de inspiración de este director. Desde Canción de cuna, el melodrama de convento de monjas y huerfanita surgido de la pluma de Gregorio Martínez Sierra, la adaptación literaria ha sido una constante, agregándose luego Benito Pérez Galdós, Josep Segarra, Miguel Mihura o Ramón Pérez de Ayala , de quien retrató en su breve relato Luz de domingo.

Junto a esto, destaca en su cine su academicismo y su empalagamiento. En sus películas, de los conflictos que surgen entre los personajes parecen desprenderse un “almibaramiento”, si se puede adoptar la palabra. Eso pasaba desde El abuelo a Historia de un beso, incluso en su última producción Luz de domingo

Por poner un ejemplo, en Historia de un beso nos mostraba una España idílica, sin conflictos ni enfrentamientos, mientras que en Luz de domingo, un hecho brutal, divide la película en dos. La violación múltiple de Estrella (Paula Echeverría), novia del forastero Urbano, en una demostración de poder del instigador Atila Becerril (Carlos Larrañaga), el mandamás del pueblo a su lacayo, Longinos (Enrique Villén): "Lo que hemos hecho no es vicio, es política". La violenta escena es filmada púdicamente, desde la lejanía y con más susurros que gritos, que separa la película: pasamos del territorio de Canción de cuna a los dominios temáticos y estilístico del hombre que mece la cuna del odio: Michael  Haeneke. Adiós a los pajaritos y a los píos constantes, para encontrarnos con los pajarracos. Pajarracos encarnados en Carlos Larrañaga, sus tres vástagos y un sublime Enrique Villén.

                    El abuelo

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El propio estilo de José Luis Garci en sus últimas obras cinematográficas, presenta el retrato de un pueblo, siempre asturiano, que remite a un clásico del cine del Oeste, de Ford, Pasión de los fuertes, con esa composición circular y un estilo sencillo, contemplativo. Al principio de las películas no pasa nada. No hay apenas diálogos. Sólo imágenes que se encadenan con un sutil registro musical, melodioso, casi sentimental, para presentar esa Asturias que ocupa un lugar primordial en buena parte de la actual filmografía del realizador. En Gijón, sucede Volver a empezar, y en esa misma ciudad y en paisajes similares a los retratados en You´ re the one, inaugurando los escenarios a medio camino entre la realidad y la ficción, como si de un Macondo o Vetusta particular, brotase del talento del cineasta. En cualquier caso, este escenario para Garci no es una mera geografía, la conexión con la película de Lydia Bosh va más allá. Como el propio Garci ha señalado en alguna ocasión, el primer filme termina donde empieza el siguiente. El último plano de Volver a empezar es en blanco y negro, como  You ´re the one; casi se podrían solapar esas escenas. Seguramente, sólo los que conozcan la trayectoria de Garci se darían cuenta de esa conexión, que por otra parte se observa en la gradación dramática de sus historias. El último filme comienza casi como un cuento bucólico pastoril, con ese Urbano bondadoso paseando por los parajes asturianos o entregado a su pasión por la pintura. Una voz en off nos acerca a esas costumbres, casi de pueblo ideal, como si sus costumbres y moradores hubieran sido escupidos de un friso histórico.

- Poco después se congregaba en el paseo, en la plaza a disfrutar de la música y el baile, en la cháchara y otros merodeos.

Clint Eastwood: Uno de los nuestros.

Clint Eastwood: Uno de los nuestros.

Antaño era el intérprete perfecto para esos tipos duros, cuando todavía no se había convertido en el auteur que es hoy y le criticaban precisamente por su excesivo carácter reaccionario –tildándole incluso de fascista- lo que en la actualidad hace de él, esa impronta que marca su personal estilo como director. Sobre todo porque durante más de quince años no ha hecho otra cosa que trasladar al celuloide el universo americano que había frecuentado como actor.  Pero nadie como Clint Eastwood simboliza el talento y el éxito del cine norteamericano. De hecho, pocos artistas gozan de un favor tan reconocido tanto de la crítica como del público.

Pese a sus bajos (Firefox) y sobre todo por sus altos (Mistic River), Eastwood es merecedor de todos nuestros respetos. Cincuenta años magnum en ristre, cabalgando hacia la puesta de sol y dirigiendo películas merecen un homenaje en condiciones. Su carrera, ya sea como actor o director, es tan extensa que vamos a abordarla desde varios puntos de vista.

Sus películas suelen explorar el mundo criminal y los territorios del melodrama, aunque casi todas ellas parten de elementos genéricos muy diversos. No es fácil encasillarlas en un género concreto, sino que comparten diferentes ideas, nos encontremos en el western o en el drama. Eastwood se ha enfrentado a historias, partiendo de ficciones inventadas por algún escritor o pasajes determinantes de la Historia como la batalla de Iwo-Jima. También suele tener en común el escenario de la ciudad como un lugar desquiciado y violento del que suele explorar ese estado de ánimo. Allí es donde Eastwood nos acerca un retrato del organigrama del poder (social, político, económico) para recurrir al enmascaramiento de la realidad y la supresión de las libertades. El director entiende la manipulación ejercida desde los más altos estamentos, como plantea en Poder absoluto o Banderas de nuestros padres.

A lo largo de su carrera no ha dejado de reflexionar sobre el sentido de la vida, con un gusto cariñoso por los perdedores. Uno de ellos, es Red, el cantautor itinerante de El aventurero de medianoche, que recorre todo tipo de tugurios con la guitarra a la espalda y en compañía de su sobrino, interpretado por su propio hijo Kyle Eastwood.

- Si estás peor, tío Red, tienes que ir al sanatorio una temporada.
- Ya estuve allí una vez, Horst, y juré no volver más.
- Se trata de tu vida.
- Cierto, así es muchacho, y quiero vivirla como me de la gana.

Los resortes de la vejez aparecen muy a menudo en su filmografía, sobre todo porque hablamos de un cineasta que no volverá a cumplir los setenta años y que aún se mantiene en activo y con un envidiable pulso. Lo marcó a fuego en toda una apología de la tercera edad que fue Cowboy space, hasta hacerse más evidente en sus últimas películas.

- Yo ya no me dedico a esto.

Bien interpretado por él mismo o por actores que saben reflejar esos mismas emociones repetidas en su carrera, la verdad es que no ha hecho otra cosa que repetir un mismo molde de personaje. Profesionales retirados, decepcionados por la vida, como sucede en su Ejecución inminente.

- Me importa un carajo Jesucristo y no me importa la justicia ni en este mundo ni en el otro.

A los jovencitos no les cae precisamente bien. Recordemos un diálogo de la película Gran Torino.

- ¿Le pasa algo conmigo, Sr. Kowaltsky?
- Mejor no se lo digo.
- Sí, dígamelo.
- Pues que pienso que eres un virgen de 27 años, sin experiencia en la vida, a quien le gusta coger a las viejecitas supersticiosas de la mano y prometerles la eternidad.

Eastwood pone cara a un veterano de la guerra de Corea que un día ve cómo su barrio se ve ocupado por la inmigración coreana. En realidad, el mensaje de su personaje es el de alguien que se ve fuera de lugar con respecto a la generación actual, sobre todo cuando debe asentarse en unos tiempos por los que no siente mucho respeto.

Sus personajes son también solitarios, desvinculados de la familia. Por ejemplo, lo encontramos en Poder Absoluto.

- Pensaba marcharme a un lugar con un clima más agradable. Pensé que sería conveniente hablarlo contigo, porque eres la única familia que tengo.
- Papá, tu no tienes familia.

Con un acercamiento muy particularidad a la espiritualidad, como hace en Más allá de la vida y en Million Dollar Baby.

- ¿Qué es lo que hoy te desconcierta?
- Lo de siempre, lo de un Dios que son tres dioses.
- Frankie, la gente suele entenderlo como algo propio de la fe.
- ¿Es como una mezcla de trigo, avena y pasas, metida en una gran caja?

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Y que incluso era capaz de crear una historia romántica como la de Los puentes de Madison

- Los hombres aún hacen eso, ¿verdad? No soy un anticuado, llevarles flores como muestra de agradecimiento.
- Claro, pero esas son venenosas.

Por último, no podríamos olvidar como clave fundamental del cineasta su gran aportación al llamado género Americano. Títulos como Bronco Billy, Un mundo perfecto o Million Dollar Baby, encarnan esa América profunda tan apreciada por Eastwood como lo es la música popular estadounidense, el country o el jazz, o el género cinematográfico americano por antonomasia, el western, uno de sus puntales en su carrera.

Eastwood, armado y peligroso.

Eastwood, armado y peligroso.

- ¿Cómo dijiste que te llamabas?
- No lo dije.

Como actor, Eastwood se ha enfundado en esa imagen del pistolero solitario y vengativo en una multitud de ocasiones, al servicio de Sergio Leone como al suyo propio en películas como Infierno de cobardes. Más allá de estas historias, que cuentan con su propio reportaje, nos interesa uno de sus personajes más célebres, el controvertido Harry Callahan.

- ¿Por qué le llaman a usted “Harry el sucio”?
- Bueno, Harry tiene algo en su favor.  No siente favoritismo por nadie, odia a todos por igual. Ingleses, irlandeses, judíos, negros, indios, chinos. Sólo tiene que nombrárselos.
- ¿Y qué opina de los mejicanos?
- Pregúntaselo.
- Siento por ellos un odio especial.

Nos encontramos ante una interesante mirada sobre el mundo, teñida de una amargura, de un trágico pesimismo, con una violencia que lleva en sí misma el abismo de la muerte. Sus historias reposan en personajes peculiares, que aunque no configuran un mundo en descomposición y corrupto, sí se caracterizan por sus rasgos oscuros. Son personajes que resultan antipáticos, aunque en aras de la historia, terminan redimiéndose.




De su célebre personaje Harry Callahan se creó una saga en torno a la violencia, la ciudad de San Francisco y este policía sin escrúpulos y con malas pulgas. Hubo hasta cinco películas, de las cuales solo merecerían destacarse la inaugural, Harry el Sucio y la filmada por el propio Eastwood, Impacto súbito.

 El personaje principal y el psicópata Scorpio derivaron de un suceso real que atormentó a la ciudad californiana toda la década de los setenta, el caso sin resolver más famoso de Estados Unidos. Nos referimos al asesino que enviaba notas a los periódicos y que firmaba con el nombre de Zodiac; existe una magnífica versión, torturada y realista, a cargo de David Fincher.

De ese personaje también son muy reconocibles sus frases, bien la de Impacto súbito (Clint Eastwood) “Anda, alégrame el día” como el famoso monólogo de Harry el Sucio: “Sé lo que estás pensando, si disparé las seis balas o solo cinco. La verdad es que con todo este ajetreo, incluso yo he perdido la cuenta. Pero siendo este un Magnum 44, la mejor arma del mundo, capaz de volarte los sesos de un tiro, ¿no deberías pensar que eres afortunado?”

Una visión humanizada del propio agente lo encontramos en La cuerda floja, película dirigida por un tal Richard Tuggle. Wes Block, un capitán de Nueva Orleans, parece ser la antítesis de Callahan. Solitario, como el resto de sus personajes, vive con dos hijas que le prefieren a su madre. También la sexualidad está presente y relacionada con el rictus seguido por el asesino.

Otro de sus personajes marcados por la violencia, sería Thomas Highway, su Sargento de hierro, una de esas perfectas para un debate sobre la catadura ideológica del director.

- ¡Soy el sargento de artillería Highway, he bebido más cerveza, he echado más polvos, he meado más sangre y he chafado más latas que todos vosotros juntos! ¡Capullos!

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La trama está centrada en el adiestramiento que lleva a cabo Highway en los jóvenes miembros de la unidad, un grupo de descerebrados a los que mete en cintura gracias a la disciplina y al trabajo en equipo.

Toda esta visión hacia la fuerza legítima del orden establecido sería uno de los argumentos para que la crítica viera en este Eastwood uno de los mayores defensores del “facismo made in Usa”. Pero existe una curiosa excepción a la regla, en una de sus mejores películas de su  primera etapa: Ruta suicida. Ben Shockley es un policía alcoholizado que debe escoltar a una testigo, Gus Mally, en un peligroso viaje de las Vegas a Phoneix. En su periplo, la casa de Mally se hundía bajo un torrente de disparos y un autobús blindando era cosido a balazos, por parte de la policía, en una visión poco halagüeña de ese mismo orden establecido.

Pasado los años, nos volvemos a encontrar con un personaje similar a su Harry Callahan, en El gran Torino. Eastwood pone cara a un veterano de la guerra de Corea que un día ve cómo su barrio se ve ocupado por la inmigración coreana. En realidad, el mensaje de su personaje es el de alguien que se ve fuera de lugar con respecto a la generación actual, sobre todo cuando debe asentarse en unos tiempos por los que no siente mucho respeto.

                      Clint Eastwood

El jinete solitario: Clint Eastwood cabalga por el celuloide.

El jinete solitario: Clint Eastwood cabalga por el celuloide.

- Hacéis muy mal en reíros, a mi caballo le molesta la gente que se ríe.

Por un puñado de dólares. Sergio Leone.

En esta ocasión, trataremos el recorrido de Eastwood antes de convertirse en el auteur que hoy fascina, a través de su género favorito, viendo las veces que ha transitado por él, el western.

Compartiendo los géneros, sus personajes han ido repitiendo sus gestos y caracteres hasta llegar a definirlos, desembocando en una repetición de una misma historia finalmente dramática y violenta.

- Usted mató a Charlie Peppers, ¿verdad? Y también mató a William Hardy y robó un tren en Missuri.
- Un momento… Anda, hijo, ve separando a esos cerdos.

Su Sin Perdón sería el gran colofón de un género visitado como actor y director, siendo el western el que marcó sus inicios y su carrera posterior. Sergio Leone lo puso al frente de la llamada Trilogía del dólar, definiendo al personaje que fuera a acompañar a Eastwood el resto de su filmografía: introvertido, solitario y violento. Personajes lacónicos hasta el paroxismo y una puesta de escena que le acompañaba al mismo ritmo. Ese Hombre sin nombre de Por un puñado de dólares, La muerte tenía un precio y El bueno, el malo y el feo, sería el anticipo de todos esos Josey Wales, Jim Duncan o Will Munny, pero también de su personaje Harry Callahan.

Su primero de los cuatro westerns interpretados y dirigidos por él, no resulta tanto una prolongación de su etapa anterior como un primer puntal hacia su propia visión del género. Es un filme con un ambiente sórdido y onírico que podría clasificarse de “sobrenatural”, pues en esta -Infierno de cobardes- interpreta a un fantasma -El Forastero- que regresa del más allá para cumplir una venganza.

             

Más apreciada, El fuera de la ley, nos acerca a Josey Wales, un personaje que dista mucho de ser una persona agradable. Es un huraño que se pasa el día mascando tabaco y escupiendo, a cualquier sitio, incluida la chaqueta de un vendedor ambulante que pretende despacharle un elixir (“Pruebe usarlo como quitamanchas”, le dirá). En esta aparecen muchos de los elementos narrativos presentes en sus posteriores acercamientos al género. Como en Sin Perdón, el protagonista practica la puntería con su revólver, pensando en la venganza; o como en El jinete pálido, el filme arranca con una cabalgada de unos bandidos contra una pacífica comunidad.

- Si no nos ayuda, todos moriremos. Te lo ruego. Haz un milagro.

La aureola fantástica vuelve a estar presente en El jinete pálido: La joven Megan entierra a su perrito, muerto de un disparo, y reza una plegaria ante esa divinidad que resulta indiferente ante el sufrimiento humano. El rezo de la chica se alterna con un montaje, en paralelo, con la imagen del predicador cabalgando desde el horizonte.

En sus westerns, va dejando pistas de su estilo. Por ejemplo, crea atmósferas de crispación alrededor de sus personajes, siempre torturados y personificados casi como perdedores. En Infierno de cobardes, Jim Duncan recrea a modo de flashbacks la saña de los latigazos y la contemplación impasible por parte del pueblo. Pero la evolución de estos personajes va ligada a las dificultades que tienen que atravesar en sus historias.



También observamos en sus westerns, una preocupación por la puesta de escena, mezclando la iluminación con los paisajes naturales. Estos cobran un protagonismo dentro de la lectura dramática de la historia: los bosques, los cielos nubosos, el barro o la nieve de los pueblos. Junto a esto, vemos muchas secuencias oscuras, con interiores poco iluminados o los exteriores nocturnos, en los cuales sus personajes sacan a luz sus sentimientos más oscuros.

 Más allá de estos títulos, sería de justicia reseñar otras películas en donde el género se presenta de forma tangencial.  

- ¡Señoras y señores, ante ustedes, Bronco Billy!

El circo de Bronco Billy agrupa a una serie de soñadores que deciden lanzarse a recorrer América con un espectáculo del Salvaje Oeste. Una metáfora del propio Eastwood de interpretar y dirigir “películas de vaqueros”. De hecho, el filme aparece jalonado por momentos muy western. El carácter nómada del circo y sus problemas para ganar dinero, soportar la lluvia y el frío, nos recuerda a las caravanas de los pioneros; en el único momento de violencia, Billy impide un atraco a un banco, con sus viejos colts; e incluso intentan asaltar un tren a la vieja usanza.

En otras películas la referencia a este cine es menor, pero igualmente reconocible. Como actor, protagonizó un filme inusual a las órdenes de Don Siegel, la más extraña de las asociaciones con el director. Ambientada en la época del Oeste (La Guerra de Secesión), lo más interesante de El seductor es la historia de amor que surge mientras el personaje se recupera de sus heridas en un internado femenino.

- ¿Sabe, Edwina?, tengo la impresión de estar prisionera en un colegio de señoritas.
- Está en un colegio de señoritas y usted es un soldado enemigo.

Pero también encontramos referencias al género en otras películas suyas, en donde se haga menos evidente su presencia. En la historia de El aventurero de medianoche, James Steward interpreta a un anciano que evoca el mundo del Salvaje Oeste, sobre todo una referencia a la mítica carrera protagonizada por colonos, quienes se lanzaron frenéticamente a tomar posesión de las tierras de los cherokees.

Dejando aparte estas cuestiones, lo cierto es que el western ha sido uno de los géneros por dónde más ha transitado Eastwood y aquel que ha permitido crear su modelo de personaje ideal. Sería para el director, lo que fue en su momento el cine de suspense para Alfred Hitchcock o el de gánsters para Scorsese; sin la presencia de este género, seguramente hablaríamos de su filmografía de forma distinta.

Las películas de Eastwood sin Eastwood.

Las películas de Eastwood sin Eastwood.

 

En este reportaje repasaremos las películas dirigidas por Clint Eastwood sin que apareciese como actor; personalmente algunos de sus mejores trabajos.

Su primer paréntesis en la filmografía de Eastwood supuso una de sus películas menos recordadas, Primavera en otoño, incursión en el género melodramático al que no volvería hasta Los puentes de Madison. Incomprendida y con poco éxito en su momento aprovechó el tirón de otras producciones que sí contaron con mayor éxito, por ejemplo, Love Story.

- Te molesta mucho si yo te amo.

Una digresión sobre la sexualidad, no con un joven y seductor como protagonista, sino un maduro y desengañado del amor, de vuelta de todo, William Holden, enamorado de una hippie menor de edad. “Con un poco de suerte, duraremos un año”, le dice él; “’¡Un año!”, replica alegre la chica, Breezy (brisa), para quien ese año es mucho tiempo.

El principal escollo que encuentra esta pareja (como sucederá también a los amantes de Los puentes de Madison), serán las convenciones sociales, que ven a él como un “viejo verde” y a ella, como una “putilla” de las que se acuesta con todo el mundo. En una de las mejores escenas de la película, el hombre es echado de casa por culpa de esas mismas convenciones sociales, por ser un viejo acabado sin derecho a amar. Vemos una influencia de Breve encuentro (David Lean), en la idea de la rutina como corruptora de los sentimientos.

La siguiente dirección de Eastwood, sin que apareciese como actor, era Bird. Su primera gran obra maestra, aquella que permitió a la crítica empezarle a ver como el cineasta que tantos apegos está creando, por los mismos que antes le criticaban como actor. Así eran las cosas.

Nos presenta la vida del famoso saxofonista Charlie Parker, sin las convenciones del género del biopic. Aparte de su soberbia carrera musical, a Eastwood le interesan más las sombras de su vida, abundando en este sentido los ambientes en los que se movía, como si se tratasen de recuerdos distorsionados por el efecto de las drogas, a las que se aficionó.

- ¿Cuándo fue la última vez que se desmayó, señor Parker?
- No lo sé, ya hace tiempo.
- ¿Bebe mucho?
- ¡Oh!, algunas veces bebo un jerez antes de cenar.

Luego encontramos otros títulos interesantes, como  Medianoche en el jardín del bien y del mal, un largo título con el que el director adaptaba una novela de John Berdett. Es el retrato de una exótica ciudad sureña, sus peculiares personajes y un crimen; basado a su vez en un hecho real. John Cusak, Kevin Spacey y un joven Jude Law encabezaban el reparto.

Con Mistic River nos acercamos a Boston para una historia torturada sobre otro autor norteamericano contemporáneo. El filme nos cuenta el descenso a los infiernos de una serie de personajes, al aparecer una joven asesinada.

- Es ese el coche de mi hija.
- Lo sé, lo sé.
- Es el coche de mi hija, hay sangre en el interior y habéis traído a vuestros jodidos perros. ¿Por qué estáis aquí? ¿Estás buscando a mi hija, John?
- Estamos buscando, Jimmy. Por ahora, sólo ha desaparecido.

Eastwood volverá a enfrentarnos con el dolor de la pérdida de un ser querida en otras ocasiones. Destacamos en este sentido, los personajes de Más allá de la vida (el pequeño que pierde a su hermano gemelo) y al hijo desaparecido de Christine (Angelina Jolie) en El intercambio.



Nunca había dado tanta manipulación sentimental que llega empachar el efectismo emocional. Más incluso que en Millian Dollar Baby, pues la mostrenca familia de Maggie Fitzgerald –el personaje principal que se enfunda los guantes de boxeo- parece sobria en comparación con las caricaturas misóginas que atormentan a esta madre coraje de turno, casi salida de la pluma de un inspirado guionista de telefilme.

- Ese no es mi hijo.
- ¿Qué? ¿Qué está diciendo?
- Que no es mi hijo.

No podíamos olvidar ese monumental fresco épico sobre la batalla de Iwo-Jima, contado en dos películas, sobre ambos bandos del frente, algo nunca visto, y que ofrece interesantes perspectivas. En la primera de ellas, Banderas de nuestros padres, Clint Eastwood, se centraba más en la propaganda, tan necesaria en el mundo de hoy -esté o no en guerra- analizando esa famosa foto de los soldados americanos izando la bandera. Por su parte, Cartas desde Iwo-Jima, desvela la tragedia vivida por los japoneses con una solemnidad y precisión sobrecogedora. El visionado de ambas películas consigue transmitir el efecto perseguido por su director, hablarnos de la inutilidad de la guerra, en la que miles de jóvenes murieron sin la oportunidad de vivir una vida.

- Soy el amo de mi destino, el capitán de mi alma.

Su último alter ego lo representa Matt Damon, protagonizando dos películas interesantes dentro de su filmografía. Clint Eastwood se aproxima en Invictus a la legendaria figura de Mandela, a través del deporte del rugby. El cineasta, que había abordado el tema de la venganza desde todas las perspectivas posibles, trata en el filme la reconciliación.

- La reconciliación comienza aquí.
- ¿La reconciliación, señor?
- Sí, reconciliación, Jason.
- Jamás, señor Presidente. Hace poco esos hombres querían matar a los nuestros. Quizás esos hombres que están en el despacho, lo intentaron y lo lograron.
- Sí, lo sé. El perdón también empieza aquí.

La película que cierra su filmografía, hasta la fecha, es otra de las que dirige sin que personalmente aparezca como actor. Más allá de la vida nos acerca a uno de nuestros tabúes dentro del mundo occidental, cómo afrontar la muerte. Temática no carente de controversia, al tratarse de un aspecto poco madurado en el cine, del que quizás se hubiera exigido una mayor concreción por parte del director, quien no toma partido en sus conclusiones. El filme, sin ser redondo, es un buen ejemplo de película clásica, muy bien rodada, de las que Eastwood nos tiene acostumbrado.

El tema de la muerte según Clint Easwood.

El tema de la muerte según Clint Easwood.

- ¿Qué nos jugamos?
- El pellejo.

De una forma u otra, la muerte está íntimamente relacionada con su filmografía, madurándose en relación con su carrera como director pero con una gran presencia en sus películas como actor. Así aparecía como un recurso más del espectáculo, que permitía dinamizar las historias que protagonizaba, cuando era el intérprete perfecto para un tipo de rol, violento, solitario y macarra.

En esos personajes, la vida o la muerte dependían de manos delincuentes, pero pronto dejaba de ser el motor para presentar una reflexión que daba vida a esa violencia: la venganza. La muerte que aparecía en sus propios westerns estaba animaba por esa emoción, que permitía relacionar la violencia con las sombras, siempre grises, de su pasado. La mejor reflexión, en este sentido, la recogía Eastwood en su Sin perdón, presentándola como algo doloroso no sólo para quien la sufre, sino como una indeleble huella para quien la perpetra.

- Matar a alguien siempre es muy duro, le quitas todo lo que tiene y todo lo que podría tener.

Curiosamente, cuando la muerte no es el fin - en sí mismo- de la película, esta aparece con un dramatismo que resultaría inusual en sus primeros compases. Así sucede en Cazador blanco, corazón negro (cuando uno de los muchachos aborígenes es aplastado por un elefante) y sobre todo en su magnífica Mistic River.

- ¿Es mi hija, es mi hija, John? ¿Está mi hija ahí?



Pocas veces, la pérdida de un ser querido se ha reflejado de forma tan contundente y con tanto dramatismo. De hecho, toda la historia y sus personajes se ven influidos por este hecho.
 
- Haced lo que tengáis que hacer para ser felices en esta vida, hay tanta belleza.

También la muerte está presente en uno de sus filmes menos convencionales, Los puentes de Madison, pues la película arranca con la reunión de dos hermanos a la muerte de su madre, Francesca Johnson, con su expresa petición de ser incinerada para que sus restos se esparzan sobre el escenario de una pasión oculta. Película que empieza a mostrarnos un interés de Eastwood por la espiritualidad, acentuada en sus últimos trabajos, pero sin ningún tipo de observación religiosa. Por citar un título, en El jinete pálido, recoge lo más próximo a un ser superior de casi toda su filmografía, aunque lo hace desde una interpretación legendaria.

- Si no nos ayuda, todos moriremos. Te lo ruego. Haz un milagro.

Hasta tal punto que no cree mucho en Dios y menos en sus ministros. De forma dramática, lo expone en Million Dollar Baby.

- Debes apartarte, Frankie, para que quede en manos de Dios.
- ¡Me está pidiendo ayuda a mí, no a Dios!

El filme, sobre una joven boxeadora que sufre una tremenda agresión en el ring, busca una respuesta humanista en este duro proceso hacia la muerte. Se aleja del tema religioso por reflexionar sobre uno de sus más importantes tabúes, la eutanasia, presentado en la película como parte de una libertad encorsetada por un destino impuesto.               

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Más allá de la vida, su última gran incursión a esta misma temática recoge cómo el consumismo, el laicismo y otros valores propios de la modernidad nos apartan de la espiritualidad, sin llegar a dar una respuesta clara y convincente sobre el tema. 

- Siendo científica y atea, mi mente estaba cerrada a tales cosas.

Eastwood y sus mujeres.

Eastwood y sus mujeres.

Igual que hay “chicas Bond”, las que acompañan al particular Woody Allen o las llamadas “chicas Almodóvar”, el cineasta Clint Eastwood se ha sabido rodear de mujeres y ha logrado sacar todo un potencial de ellas. 

Muchas veces su cine ha sido considerado, a la ligera, como "masculino", pero dentro de sus historiasm una multitud de mujeres han encontrado la forma de expresarse o de relacionarse con otros personajes masculinos, estén o no, interpretados por Eastwood. Encontramos un largo rosario de actrices y personajes, cuyo listado podría ser innecesario. Pero ahí están, Evelyn (Escalofrío en la noche), Mally (Ruta Suicida), Antoinette (Bronco Billy), Jennifer (Impacto súbito), la joven Megan (El jinete pálido), Francesca (Los puentes de Madison), Maggie (Millian Dollar Baby) o Christine (El intercambio).

- ¿Sabe, Edwina?, tengo la impresión de estar prisionera en un colegio de señoritas.
- Está en un colegio de señoritas y usted es un soldado enemigo.

Su relación con las mujeres ya aparecía en sus tiempos de actor, en ese filme de Don Siegel titulado El seductor; aquí, junto a la actriz Geraldine Page.

- Me pregunto si no es una bella durmiente encerrada en su castillo, esperando que un príncipe la libere con un beso.

Los personajes femeninos han acompañado al actor, desde sus primeros trabajos en la dirección. Uno de los más interesantes, lo encontramos en el filme Escalofrío en la noche. Eastwood interpreta a un locutor de radio que sufre un acoso por parte de Evelyn, “una conquista de una noche”. Rol de amante desquiciada, precedente de la menor Atracción fatal.

- ¡Maldita sea! ¿qué ocurre?
- No me digas que estás durmiendo.
- ¡Qué otra cosa voy a hacer a esta hora de la madrugada!
- Me sorprende que tenga la conciencia tan tranquila.
- ¿Qué quieres, Evelyn?
- ¿Qué quieres, qué quieres? ¿Es que tTengo que querer algo? ¿No puedo venir a verte? ¿O es qué hay otra metida en la cama? Es eso, ¿verdad?
- ¡Demonios!
- ¡Eh, sal de ahí! … Creí que… Dios Mío, no me mires así.
- Realmente no sé qué decir.
- Me debía dar cuenta de que no hay nada que lo estropeara.
- ¿Estropear el qué? No hay nada entre nosotros, no sé qué hacer para que lo comprendas.
- ¡No sigas por ahí porque no es cierto, no es cierto!

También es una mujer, Chan, la importante influencia en la vida del saxofonista Charlie Parker (Bird); como la del sargento Thomas Highway (El sargento de hierro), Aggie; o las mujeres de la película Mistic River (Celeste, Annabel y la asesinada Katie). Clint Eastwood sintió una especial atracción por la actriz Sondra Locke, con quien trabajó en varias ocasiones. 

 
Ella fue Antoniette, la joven millonaria que se unió al circo ambulante de Bronco Billy y la prostituta que acompañará a Eastwood en ese peligroso viaje de Ruta suicida. Personaje que vamos a destacar. Lo más interesante de la película es la relación entre los protagonistas, el mutuo reconocimiento de condición de marginados. Dos personajes condenados a entenderse, siguiendo una de las tradiciones más consolidadas de Hollywood: Un policía borracho y una prostituta de Las Vegas.

También fue Sondra Locke, quien encarnase el personaje femenino de Vanesa en el jardín. Se trata de un episodio de la serie televisiva, Cuentos asombrosos, producida por Steven Spielberg. Un pintor (Harvey Keitel), roto por el dolor, al fallecer su esposa, Vanesa (Sondra Locke), destruye todas sus obras.  Una noche descubre que Vanesa “vive”, gracias a un cuadro que se había salvado. Desde entonces, reproduce a su mujer en todos los rincones de la casa, pues esa era la única forma de recuperarla.

En otra de sus grandes películas, Million Dollar Baby, se enfundó en los guantes de boxeo para interpretar a un veterano boxeador, dispuesto a llevar a una chica a lo más alto de las catorce cuerdas, contra todo pronóstico. 

- Si te entreno…
- Trabajaré muy duro.
- No te preocupes y yo olvidaré que eres una chica.
- Si me entrenas, sé que seré la campeona.

Lo que sí lograría, es llevarla a lo más alto de lo Oscars. La actriz terminó obteniendo la preciada estatuilla a la mejor intérprete femenina. Nos encontremos con Eastwood o con algún alter ego, lo cierto es que todos estos personajes han sabido lucirse en sus filmes, bien influyendo en los roles masculinos o bien creando un istmo propio dentro de su filmografía. 

Leaving Las Vegas: la ciudad del neón en el cine.

Leaving Las Vegas: la ciudad del neón en el cine.

- Dinero, toneladas de dinero. ¿Qué creen que estábamos haciendo en medio del desierto? Es por todo ese dinero.

 Haga un ejercicio mental, cierre los ojos y piense en Las Vegas. Seguramente estará repasando sus grandes casinos, sus llamativas luces de neón, el dinero, el sexo y los espectáculos que surgen en esa ciudad como salidas de la chistera de un mago. Welcome to Las Vegas, la Meca del vicio. Es una de esas estaciones frecuentadas por el séptimo arte, en todos los géneros posibles, desde comedias disparatadas a dramas criminales y producciones dirigidas para consumo familiar. Las Vegas es un grotesco y superlativo templo del capitalismo, meca del dólar y Vaticano del Sueño Americano. Sus neones y sus artesonados de cartón piedra han sido, son y serán escenarios de destrucción, amor, combates, música y magia.

 - Como abogado, te recomiendo ir al Tropicana a ver la Banda y los Rogers en la Sala VIP.

- Hablando de mañana, ¿tienes que hacer algo?

- Sí, pero lo discutiremos esta noche.

 La primera parada en esta ruta turística por la ciudad del dinero, es la que hemos tomado para el título del reportaje, Leaving Las Vegas. La vida de un escritor (Nicolas Cage) que se dejó morir en la conocida ciudad de Nevada, a través de todo tipo de excesos. Sin embargo, Casino (Martin Scorsese) sigue siendo de lo mejorcito que pasa entre bastidores; el espectador descubre la fascinación del poder y la riqueza extrema que permite estar en la cumbre, seducido por un Mefistófeles en el campo del juego.

 - Yo, Ace Rosthein, era el mejor apostador del mundo, era tan bueno, que cuando apostaba podía cambiar el sentido de la apuesta de los demás jugadores del país.

 Será por esta atracción que tiene el mundo de los casinos lo que hizo que la mafia se asentara en Las Vegas. El retrato más conocido del lodo y el oro de este mundillo del crimen organizado, El Padrino (Francis F. Coppolla), dedicó una acertada mirada a todo aquello que conocemos de esta Meca del Vicio.    

 - Tendrá la licencia si la quiere. Su precio son 250.000 dólares, más el 5% de los ingresos brutos para comenzar, y eso de los cuatro hoteles, Señor Corleone.

- Mi oferta es esta, nada.

 Además de ser un recorrido por los lugares comunes de unas Vegas bañadas por el oro y el lodo de la mafia, es casi un quién es quién en la ciudad del neón. Siempre hay alguien que se pasa de listo e intenta estafar al casino, personaje que aparece en el filme de Scorsese. Y casi llegamos a simpatizar con estos timadores de tres al cuarto, sobre todo conociendo los tipos que dirigen esa clase de locales, pero –claro- la avaricia es el pecado de Las Vegas.

 Toda una fauna que habita la capital de las apuestas junto a otros tantos sospechosos habituales. El que frecuenta Las Vegas esperando hacer su agosto en algunos de sus casinos, aunque por lo general la fortuna y la vida la ganan o la pierden con un simple giro de la ruleta. Es el jugador, uno de esos tipos que encontrarás en la Meca del vicio.

Dos hombres vestidos con trajes grises suben unas escaleras mecánicas hacia el templo del dólar. Uno de ellos es un hombre de negocios sin escrúpulos, el otro tiene la mirada perdida, los nervios a flor de piel y la mente de un privilegiado matemático. Tom Cruise y Dustin Hoffman son dos hermanos que hacen saltar la banca en Rain Man (Barry Levinson).

                        

                            

Donde haya dinero y apuestas, estará alguien que sea gafe. Quizás, ser gafe y frecuentar los casinos sea el colmo de cualquier habitual en Las Vegas, pero también puede ser uno de esos objetos de cultos apreciados por sus dueños para que las apuestas caigan del lado de la casa, es decir que nada impida que “la banca gane”. Si hay un jugador en racha, basta con tocarle el hombro para traspasarle el cenizo durante toda la noche. Un lujo profesional para un tipo con cara de palo como William H. Macy en The cooler (Wayne Kramer).

El perdedor es otro de los personajes más clásicos en toda historia de dinero, y por tanto forma parte de la fauna cinematográfica de Las Vegas. Pero, ¿existe mayor pardillo que aquel que pierde los ahorros y su mujer en una sola mano? Woody Harrilson debía reconocer la realidad, es bastante difícil competir con todo un galán como Robert Refort sobre todo cuando la chica, Demi Moore, bien valía su millón de dólares en Una proposición indecente.

También encontrarás chicas malas y prostitutas de lujo, con la Ginger de Casino (Sharon Stone) como uno de sus referentes en el séptimo arte. Alguien que sabe moverse por los casinos y ganarse el respeto de la gente respetable, aunque suela relacionarse con las personas equivocadas. El chulo, quien la maltrata y le quita el dinero, es aquel personaje que siempre estará cerca de este tipo de chicas, como sucedía en Casino con Lester Diamond (James Woods).

- Te estoy protegiendo en esto, ¿vale? Recupera tu parte y serás la primera, ¿vale?

Por fin, Las Vegas es un lugar de culto donde cientos de íconos de la cultura y sus seguidores pretenden conservar íntacto el recuerdo de algunos mitos como Elvis Prestley o Marilyn Monroe. Pero hoy en día, buena parte de esa magia se está perdiendo, como señaló el personaje de Ace Rosthein, “convirtiéndose los casinos en grandes parques de atracciones en donde los padres de familia vienen a gastarse sus ahorros”.