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Travelling. Blog de cine.

El mundo es nuestro: Un atraco a la andaluza.

El mundo es nuestro: Un atraco a la andaluza.

-Si conectan la alarma ahora, me lío a tiros, ¿está claro?  ¡Qué os doy un tiro! ¡Qué estamos muy locos! 

La crisis está creando producciones cinematográficas, diferentes, disparatadas o que, al menos, pretenden dar un aire fresco al género que toca. En este sentido, encontramos El mundo es nuestro, que se presenta como divertida comedia con una peculiar pareja, dispuesta a atracar un banco, como consecuencia de la crisis. La producción sevillana ha sido creada por Alfonso Sánchez y Alberto López, o si prefieren, por el Culebra y el Cabeza una catódica pareja muy famosa gracias a Internet. 

El Culebra y el Cabeza son dos "filósofos de la calle" que alcanzaron una gran popularidad con una serie de cortos subidos a la red, sobre las reflexiones de estos dos sevillanos y su entorno. Desde trabajos como Esto ya no es lo que era:

-Se están cargado tó, tío, tó. ¡Tó!. ¡La sevillanía, la pureza, el enterismo!

Hasta "El verano de los compadres"

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-Ese el problema de España, la bohemia.

-Exacto.

-Mucho modernito y mucho vago, y todo el mundo subvencionado y nadie trabaja. 

-Mira, mira... toallita, caravana.

-¿Caravana? ¡Chiringuito!

Ahora estos personajes catódicos, se pasan al largometraje con su debut El mundo es nuestro. Continúan con ese estilo suyo, a medio camino a medio camino entre el humor disparatado y una sabiduría popular, para contarnos la realidad de la crisis, a través de una historia que conecta con el público. Sobre todo con el sevillano, pues se disfrazan de nazarenos para llevar a cabo el robo, pero también con el espectador general, al hablar de los parados, la crisis o la corrupción. 

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-Les queda cuarenta minutos, si la televisión no está en cuarenta minutos, me cargo a toda esta gente.

El mundo es nuestro es un atraco a un banco, mediante rehenes, como si fuera una versión sevillana de Tardes de perro (Sidney Lumet) en plena Semana Santa. 

-Mantengan la tranquilidad y conversen con el asaltante, ¿correcto?

-Correcto.

-Muy bien, Manuel, páseme con él.

-¿Con quién?

-Con el asaltante.

-¿A cuál?

-¿Cómo que a cuál? ¿Hay más de uno?

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Comedia coral en la que reconocemos muchas caras conocidas por ser secundarios en producciones andaluzas, como el también sevillano Antonio Dechent. 

-Manuel, ¿de qué me está usted hablando?

-De que uno es el de los explosivos y el otro de los penitentes. 

-¿De los penitentes?

-¿De qué hermandad?

Cine carleario: las amistades peligrosas entre el carcelero y el encarcelado.

Cine carleario: las amistades peligrosas entre el carcelero y el encarcelado.

Lo hemos visto en un centenar de ocasiones, el sonido que sentimos al cerrarse una de las puertas que forma por sí solo un subgénero: el cine carcelario. Se nutre de una tradición que ha dado resultados excelsos en la gran pantalla, con la relación entre el encarcelado y el carcelero, que a menudo trastoca las posiciones de salida. Un ejemplo lo encontramos en La milla verde o Cadena Perpetua, ambas dirigidas por Frank Darabont y ambas, frutos de adaptaciones de Stephen King. 

- Esto se acabó, búsquese a otros para sus chanchullos.

 - No se acabó nada, nada. O cumplirá la condena más dura que existe, sin protección de los guardias. Te mandaré sacar de tu habitación de lujo y te entregaré a los sodomitas. Pensarás que te ha follado un tren. Y la biblioteca, ¡fuera!.

 Estas relaciones la encontramos también en ambientes en donde los abusos de autoridad y poder se sitúan en reformatorios de chicos violentos o con vidas mal dirigidas. Slepeers (Barry Levinson), con un reparto formado por caras muy conocidas y una trama interesante, es uno de los mejores ejemplos en el séptimo arte.

 - Acojonados de mierda, pero yo intenté haceros fuerte, intenté haceros duros.

- Entonces, me equivoqué contigo. Tanto tiempo pegando, que parecía que te divertía joder y pegar a niños.

-Vais a arder en el infierno, hijos de puta.

- Después de ti. 

También el cine bélico presentó la convivencia de carceleros y encarcelados, sobre todo en el contexto de la Segunda Guerra Mundial, en películas como La gran evasión (John Sturges), Feliz Navidad, Mr. Lwarence (Nagisha Oshima) y El puente sobre el río Kwai (David Lean), que nos dejó una escena sublime y un ejemplo de la flema británica cuando el coronel inglés (Alec Guiness) llamó la atención al coronel japonés Saito, dirigente del campo de prisioneros, para indicarle que los oficiales tenían el privilegio de no trabajar.

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- ¡Oficiales prisioneros, cojan las herramientas!. ¡Y vuelvan a sus filas!.

- Tengo que llamarle la atención, coronel Saito, respecto al artículo 27 del Tratado de Ginebra. Los beligerantes podrán emplear como obreros a los prisioneros, físicamente aptos, excepto a los oficiales.

- Deme ese libro.

- Con mucho gusto. ¿Usted sabe leer nuestro idioma?

- ¿Y usted sabe el nuestro?

- No señor, pero con una traducción más o menos literal podemos resolver el problema. Verá usted, el código especifica situaciones...

- ¡Quietos, que nadie se mueva!

Un verdadero duelo mental, una lucha de poder no exenta en muchos casos de deseos que subvierten el orden jerárquico y en esta tradición destaca una particular, muy americana, la rivalidad entre el preso cualificado y el alcaide, o director de la prisión, personaje que casi siempre presenta ribetes sádicos y a quién le gusta exhibir su dominio.

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- Estoy empezando a conocerte. El día que llegué aquí, casi me pediste que me pusiera de rodillas y que gimiera. No lo hice entonces y no lo haré ahora. No lameré su mano y eso es lo que le corroe. ¿Verdad?.

De El hombre de Alcatraz, de John Frankenheimer, quizás la mejor película sobre la vida carcelaria, protagonizada por Burt Lancaster en el papel del preso y Karl Malden, en el del alcaide. Un peliculón.

Al final toda esta tensión que se vive entre los muros de una prisión termina estallando en un fuerte acto de violencia, los motines. 

-¿Cuánto tiempo llevamos quejándonos a todo Dios? Años. A los jueces, al defensor de su puta madre, a los periódicos. A todo Cristo, pero ¿qué hemos conseguido? Una mierda, una puta mierda, un carajo.

                        celda 211           

Un excelente ejemplo lo encontramos en el cine español, de la mano deDaniel Monzón, en la fenomenal Celda 211. Pero en otras ocasiones, el personaje del director de prisiones se muestra benevolente con los presos que están a su cargo, consciente de sus necesidades, e incluso poniendo en peligro su reputación o enfrentándose al sistema por aplicar justicia, algo no es muy usual en el celuloide y que tiene en Brubaker (Stuart Rosemberg) –protagonizada por Robert Redfort- uno de los ejemplos más conocidos. El nuevo alcaide pretende poner orden en la prisión que debe dirigir.

-Si un preso tratara de escapar, he dicho que disparen, si es posible sólo herirle, porque nadie quedará en libertad condicional por matar a un preso fugitivo.

- Eso no está mal, ¿pero será verdad?.

- Y vamos a aclarar una cosa, la mayoría estáis aquí por algún motivo. Me imagino que no sentís respeto hacia los demás y hacia vosotros mismos, pero si queréis algo de mí, tenéis que ganároslo.

Del mismo modo, una prisión es otro espejo de la realidad, de la injusticia y del deseo de superación.  Denzel Washington protagonizaba un drama carcelario en donde la condición de negro era requisito para que la justicia cayese sobre alguien con inclemente injusticia en Huracan Carter (Norman Jewinson): "Si el castigo consistía en estar encerrado en la celda, entonces decidí sencillamente que nunca saldría de la celda. Y así le despojaba de esa arma. No trabajaba en sus talleres, no consumí su comida y comencé a estudiar. Examiné minuciosamente el caso, paso a paso, empezando por mi detención inicial, pasando por el juicio, hasta el terrible veredicto". 
                         huracan carter 

Celda 211.

Celda 211.

El cineasta Daniel Monzón, antiguo crítico de cine y director del prestigioso programa Dias de cine, logra su mejor filme con este thriller carcelario. Monzón, que filtreó con la comedia, consiguió un estilo propio con el cine de género, La caja Kovac. Ahora se consagra con uno de los mejores títulos del cine español de los últimos años, que nos traslada a los muros de una prisión para revelarnos el cautiverio, la violencia de estado y la ambición como normas a seguir; como también la experiencia de un tipo corriente que sufre un profundo cambio cuando queda encerrado en la celda que da título a la película. 

De quien hablamos es Juan (interpretado por Alberto Amman) un funcionario de prisiones, quien en su primer día de trabajo sufre un motín, pero decide quedar infiltrado. 

-Johnny, debes estar loco si quieres que te internen en un manicomio, sólo para investigar un asesinato.

-Aunque no resuelva el caso, esto puede servirme para un libro, una obra de teatro o una idea para el cine.

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Bien como infiltrado en un manicomio (Corredor sin salida, Sam Fuller), una organización mafiosa (Infiltrado, Martin Scorsese) o una prisión, el cine nos ha mostrado a estos personajes que se atreven a adentrarse en ella. 

-Malamadre, aquí está el nota que te dije. 

-¿Y tú de dónde has salido?

-De la 211.

-Ese chabolo estaba vacío.

-Ya no.

Pero el personaje principal, en quien recae la gran parte de la historia, es el sensacional papel de Malamadre, interpretado por Luís Tosar. 

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-¿Cuánto tiempo llevamos quejándonos a todo Dios? Años. A los jueces, al defensor de su puta madre, a los periódicos. A todo Cristo, pero ¿qué hemos conseguido? Una mierda, una puta mierda, un carajo.

Su personaje, Malamadre, no solo es totalmente creíble sino que además ha permitido uno de ls registros más convincentes de su carrera, en la que llega a modificar su tono de voz para interpretar ese personaje. Pero ahora nos van hacer caso, porque les tenemos cogidos por los huevos. 

-Ahora tomaréis el rol de guardián de la prisión.

En función de los escenarios, estos experimentos se han llevado al cine con distintos resultados. Un ejemplo, fue el demoledor filme El experimento (Oliver Higsmitg), una película a medio camin o ente la ficción y el documental, en la que se atrevía encerrar a dos grupos de personajes para desempeñar los papeles de preso y de funcionario de prisiones. Volviendo a Celda 211, Daniel Monzón firma su cuarta película con Jorge Guerricaechevarría, en el guión, adaptando la novela homónima de Francisco Pérez Gandul.

No es que sea muy original su propuesta, pero tiene un estilo y una interpretación que no es propia de nuestra cinematografía. A parte, se aleja de un cine absorbido por las mismas ideas - treintañeros en crisis, destrozos familiares y películas ideológicas-.

Desempleo, ambición y crisis: un nuevo repaso en el cine.

Desempleo, ambición y crisis: un nuevo repaso en el cine.

Pasada la Gran Depresión y la Segunda Guerra Mundial, para lavar conciencias por las millones de víctimas de este conflicto, se creó un sistema económico que tendría como base el utilitarismo (la creación de bienes para la comunidad) y el llamado Estado del Bienestar, promovida por la iniciativa privada y el concepto de la libre competencia. Igualmente se crearía ilusión de que este sistema crearía recursos de manera casi permanente. De ahí, el siguiente paso fue el feroz neoliberalismo de Ronald Reagan, llevando a la práctica las teorías de Milton Friedman, dogma intocable en los centros de poder. 

 - ¡Eh, no somos animales, porque no tengamos trabajo!

Las pulsiones de la política neoliberal de Margaret Tatcher fueron trasladadas a la pantalla en algunos títulos que destacaron el conflicto social, en el que encontramos a Ket Loach Lloviendo piedras o Riff - Raff.

-¿Veis esos contenedores? Pues deben estar llenos a las cuatro. Aquí manda Margaret Tatcher.

-Entendido, Margaret.

El cine actual incide el tema de la crisis económica con un sentido más frío y de documental que en la cinematografía de la Gran Depresión. Ya no se tratan de fábulas con las que mostrar los estragos de la crisis de 1929, a través del melodrama y la comedia. Pero resultan ser filmes que funcionan en torno a esquemas repetidos -teniendo en cuenta la realidad estadounidense y no de otros confines- y sobre datos y cifras que resultan incomprensibles para quien nunca haya jugado a la Bolsa o no conozca la terminología macroeconómica.  

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Sin embargo, existe una filmografía interesante, tanto en el cine de ficción como en el documental. Podríamos destacar  Inside job, expresión que se refiere a que el cataclismo vino desde dentro, hace análisis minucioso de las causas del sistema por el cual, millones de personas perdían empleos y viviendas, mientras que las élites de Wall Street se enriquecían casi como nunca.  

 - Lo que importa es hacer lo correcto.

- Lo que importa es el juego.

Con Wall Street, Oliver Stone esbozó una acertada tesis sobre la ambición a través de esta Meca financiera y del mítico Gordon Gecko; ahora su secuela Wall Street: El dinero nunca duerme, está plenamente justificada gracias a la crisis que vivimos hoy en día.   

- Cuando el Katrina llegó a Nueva Orleans en 2005, el mundo vio horrorizado un  Apherheid del desastre.

Hasta los fenómenos naturales, considerados casuales, pueden provocar que exista todo tipo de gente dispuesta a lucrarse haciendo negocio de la catástrofe. Uno de los mejores ejemplos fue el desastre de Nueva Orleans que lo utiliza Michael Winterbottom para ilustrar "la doctrina del shock", una nueva diatriba contra el capitalismo, aprovechando el sorprendente éxito de taquilla de Inside Job. De hecho, La doctrina del shock termina defendiendo una serie de catarsis necesarias para que el sistema se retomara con frescura. 

- La riqueza, que es pública y pagada por todos nosotros a través de los impuestos, pasa de los gobiernos a las empresas y a las manos más ricas de todo el mundo.

Pero más que de cifras y teorías económicas, lo que importa al ciudadano de a pié como usted o como yo, es la realidad de la calle. Y esa se cuantifica en el trabajo, el dinero que llevar a casa para mantener una familia. Así que su pérdida es la parte más dramática y real de toda esta crisis. 

-Estoy jugando al golf en el club y en pocas semanas no tendré ni para mantener a mi familia. 

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Tres ejecutivos de una gran empresa son despedidos en The company men, a pesar de esto seguramente ninguno de nosotros nos sintamos identificados con su situación, y sí con otros personajes que han tenido que aprender a vivir en la cola del paro. Nos referimos al grupo de Robert Carlyle que intentan buscarse la vida como unos stripers en Full Monty (Peter Cattaneo) y, sobre todo, los parados de Lunes al sol (Fernando León de Aranoa).

-¿Qué día es hoy?

-Lunes. 

La crisis actual está poniendo en jaque las bases del Estado del Bienestar que tanto esfuerzos y sacrificios costaron, así como la paciencia de unos sufridos ciudadanos. La gente que ve desde sus casas la destrucción laboral, la extrangulación de la economía diaria y el aumento de la miseria cotidiana que esta crisis, nuestros gobiernos, el rescate, ayuda o como queramos llamarlo, nos están llevando. Y lo hacemos como buenos españoles que somos, con el mismo talante que los protagonistas del filme de León de Aranoa, "los lunes al sol".

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Antes de que el diablo sepa que hemos muerto: el capítulo final de uno de los grandes.

Antes de que el diablo sepa que hemos muerto: el capítulo final de uno de los grandes.

En la industria norteamericana resulta verdaderamente complicado triunfar más allá de los 60, así muchas películas nos acercan al paso que hay que dar cuando nos jubilamos de la vida activa y nos debemos enfrentarnos a una tercera edad. Pero lo que respecta a los realizadores todavía quedan un buen puñado de grandes cineastas que han alcanzado la nada envidiable edad de los ochenta y aún continúan asombrando su talento profesional. Los que viven una nueva edad de oro cinematográfica en su tercera edad. Este es el caso de Sydney Lumet que con sus ochenta años se mantienía en forma tras las cámaras, en su último trabajo: Antes de que el diablo sepa que hemos muerto

- Necesitas dinero, yo también. Solucionémoslo. Vete a casa, hay un negocio en el que podemos dar un buen palo.                                         

                              

En el cine, como en otras artes, se da desgraciadamente una regla de oro: el éxito en taquilla suele ser proporcionalmente inverso a la calidad de sus trabajos. Esto se cumple a raja tabla con la última película de Lumet, uno de los thrillers más redondos del director, y uno de los mejores filmes del año, que sin embargo ha pasado de puntillas por la taquilla. En el melodrama Antes de que el diablo sepa que hemos muerto, encontramos la firma del veterano realizador, detrás de un inmenso guión a cargo de la desconocida Nelly Matherson y de un reparto encabezado por Phillips Seymour Hoffman y Ethan Howke, como dos hermanos decididos a solucionar sus problemas financieros a toda costa.

- Andy, espero que estés oyendo tu buzón de voz porque estamos metido en un verdadero aprieto, dos de tus ex empleados han seguido extendiendo talones.

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Ya fallecido, Lumet nos dejó esta pequeña gran obra maestra cuando el contaba con más de ochenta años, un acicate para volver a recuperar la importancia de la veteranía, del que sabe colocar una cámara sin que se note, sacar lo mejor de un elenco reducido de actores y ofrecer un sombrío, lúcido y brillantísimo thriller sobre la deriva de un triángulo familiar, compuesto por un padre y dos hijos, con un cuarto elemento, la mujer de uno de ellos, que es también la amante del hermano. 

- Es nuestro futuro, debes hacerlo.

- Pero…

- Debes hacerlo, cualquiera puede hacerlo.

Dos hermanos entrampados, monetaria y moralmente, planean un golpe limpio contra la joyería de sus padres. La chapuza se cuela por las rendijas de la cotidianidad y el espíritu de Dostoyeski aflora finalmente en un sombrío retrato de la condición humana, la familia como pesadilla y una ambición mal entendida, como pasaporte a la desolación.

- ¿Seguro qe soy hijo tuyo?

Una película que pasará a la historia.

Política y prensa: El cuarto poder en cuatro tiempos.

Política y prensa: El cuarto poder en cuatro tiempos.

La política y la prensa incide en las tramas turbias relacionadas con el poder, la ambición y el dinero. Un subgénero, muy americano, que recupera la tradición cinematográfica de los setenta (A. J. Pakula), como también los villanos próximos a los bufetes de abogados, de las novelas de John Grisham.

Más allá de la figura de ese gran magnate de la prensa que fue Randolph Herst, llevado al cine bajo el personaje de Charles Foster Kane (Ciudadano Kane, Orson Welles), el cine y el periodismo han dado muy buenos réditos. Un hombre coraje arriesga su vida y su carrera en pos de la justicia. En realidad, todas estas historias suelen comenzar con un periodista sin escrúpulos, destapando una trama de corrupción, cuando empieza a tirar de la manta. Punto de partida que permite profundizar sobre la libertad de presa, junto al suspense, tensión y giros inesperados, como parte de un cocktail del que Hollywood ha hecho taquilla desde el cine de los años setenta.

Es evidente la influencia de esa cinematografía y en especial del cineasta Alan J. Pakula, pero no podemos olvidarnos otras producciones como la serie británica, State of play.

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La regla de oro del periodismo es decir siempre la verdad.

Es la regla que impera en The Herald, el periódico en el que trabaja en calidad de freelance el protagonista de la serie británica. Como también: Que los buenos periodistas no tienen amigos, tienen fuentes.

- Lo de Watergate, si te das cuenta, es una cortina de humo, que tapa algo muchísimo más grave.

Esta historia trata de actualizar algunas de las claves que hicieron famoso al estilo del realizador J. Pakula, como por ejemplo, las trabas a la prensa a la hora de enfrentarse a lobbys omnímodos que cimientan el poder. El periodismo como profesión útil, e incluso heroica, tiene a nivel cinematográfico un referente fundamental: Todos los hombres del presidente. Como decía el propio Alan J. Pakula, unos garabatos y notas, recopilados con paciencia y mucho esfuerzo, adquieren sentido y la capacidad de derribar muros infranqueables.

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La película hacía hincapié en el trabajo de hormigas de los legendarios periodistas del Washington Post, Carl Berstein y Bob Woodward, interpretados por Dustin Hofman y Robert Redford, con una narración sobria, que ponía como telón de fondo los turbios laberintos del poder del Presidente Richard Nixon y el famoso caso de Watergate. Este estilo crearía escuela en algunas grandes producciones como Zodiac o la de David Yates, el creador de la serie State of play. De una investigación exhaustiva, además recorrida en treinta años, en busca del primer asesino mediático, Zodiac, bebía de estas mismas fuentes. Pero el propio Carl Berstein, uno de los protagonistas del suceso real reconstruido por Alan J. Pakula, nos advertía –en un documental, algunas décadas más tarde- que lo glorioso del periodismo de investigación no se iba a repetir.

- Hay una nueva configuración de los medios, sobre todo de la televisión, que permite al presidente y a su entorno, a controlar los medios de comunicación, hasta puntos impensables en los tiempos de Nixon.

Por citar otras dos películas, las más interesantes de los retratos del mundo de la prensa hecho por el cine americano, hay dos visiones en las que incide no de forma complementaria, pero con un discurso similar. La primera, Buenas noches y buena suerte (dirigida por Geprge Cloony) es un excelente trabajo cinematográfico, en la que refleja la América de “la caza de Brujas” de McArthur, a través de un popular programa de radio que hacía reflexionar sobre el papel del Cuarto Poder.

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- No vamos a entrar con miedo a una época de sinrazón, si nos afianzamos en nuestra historia y democracia. Y recordamos que no procedemos de hombres cobardes, hombres que no tuvieron miedo a huir, a asociarse, a hablar y a defender en su tiempo las causas que fueran impopulares.

La otra, película muy anterior, pero ambientada en el mismo proceso, estaba dirigida por Richard Brooks y protagonizada por Humphrey Bogart. El filme se llamaba El cuarto poder:

- Sin democracia no puede existir libertad de prensa y me refiero a la libertad de empresa, señoría, a dar al público a elegir sus ideas, sus noticias y no las de un hombre, un dirigente o las de un gobierno.

                                        

La libertad de prensa ha sido uno de los caballos de batalla de este "cuarto poder", desde tiempos antiquísimos que el cine de Hollywood siempre ha querido remarcar tras cada conspiración, conflicto con el poder e incluso guerras. Sólo hay que ver el trabajo realizado por Michael Moore en Farenheit 9/11, con respecto a la Guerra de Irak: "Esto es el ejército, aquí no hay libertad de prensa". Cada vez es más frecuente ver las "amistades peligrosas" entre la política y la prensa, sobre todo cuando alcanza ahora una interesante vigencia al contemplar la actualidad desde las cada más intrincadas alcantarillas del poder.

La figura del espadachín en el cine.

La figura del espadachín en el cine.

- ¿Puede el hombre pedir más ni el mundo ofrecer menos? ¿Quien quiere vivir hasta que la última botella esté vacía? Es lo del "todos para uno", Dartagnan, y lo de "uno para todos".

Los tres mosqueteros. George Sidney.

Desde que tengo uso de razón los espadachines que llenaron mi imaginario, todavía literario, eran los tres mosqueteros, Aramis, Athos y Portos, junto al famoso Dartagnan, formando parte de la guardia real de Luís XIII.  En mi niñez, la figura del espadachín era aquel noble caballero que defendía las causas justas, saliendo victorioso de todo tipo de aventuras gracias a su habilidad blandiendo un brillante acero, pero el personaje del espadachín existió en la realidad auque fuesen la literatura y el cine los medios que los convirtieran en universal. Hasta el siglo XV, siglo en el que aparecieron los primeros arcabuces, sería la espada el arma fundamental en el campo de batalla. Cuando dejó de ser un arma eficaz, sería parte de una disciplina con un sentido deportivo, la esgrima.

- Recordad esto, la espada es como un pajarillo, si la asís demasiado fuerte, la estrangulais; si la dejais demasaido fuerte, se escapa volando. Ahora bien, en esgrima toda la fuerza debe radicar en los dedos. Nunca en la muñeca.

El citado George Sidney se especializó en este género de la capa y espada con el otro clásico, titulado Scaramuche. En plena Revolución Francesa, André Moró se esconde bajo la máscara de un payaso en la escena teatral, tanto en una versión muda como en la dirigida por Sidney que recoge el mejor duelo a espada de la historia del cine. 

- ¡Hoy habéis dado vuestra última representación!

Desde entonces, el séptimo arte ha hecho gala de todo tipo de personajes que han defendido las causas nobles o sus propios destinos, blandiendo una espada. Sería el arma idónea para determinar la vida o la muerte, e incluso la defensa del honor del caballero, en películas como Los duelistas (Ridley Scott) o Barry Lyndon (Stanley Kubrick). Pero también la piratería se ha servido de la espada en sus abordajes, como haría Jack Sparrow el particular pirata interpretado por Johnny Depp, en La maldición de la perla negra

- Muchacho, ¿crees que es acertado hacer batalla a un pirata?

Encontramos a los personajes de El prisionera de Zenda, quien en el imaginario país de Ruritania defendía con su florín a su rey en la víspera de su coronación; o al no menos célebre personaje de Cyrano de Bergerac, inmortalizado por Gerard Depardieu, en su versión más conocida. 

- Ágil como el dragón, como Scaramuche ligero, os prevengo mi bribón que al finalizar os hiero.

                    cirano de Bergerac

En otras muchas películas la espada ha sido el arma idónea capaz de determinar el curso de una batalla o el combate de un héroe, pero no se trata de una "espada elegante", como el florete sino una más burda en el género de la "espada y la brujería". Uno de los personajes más emblemáticos es Conan, maestro en la llamada "disciplina del acero". Hasta llegar a nuestra época y encontrarnos con grandes duelos a espada. Sobresale la esgrima como deporte y la historia que nació de un relato de Pérez Reverte, "El maestro de esgrima", sin embargo, volvemos a Hollywood para cerrar nuestro reportaje con otra historia épica, la de Los inmortales, que nos trasladaba de las tierras altas de Escocia en plena Edad Media al Nueva York de nuestros días con ese personaje interpretado por Christopher Lambert y un inolvidable tema musical, a cargo de la banda Queen.

- Contigo se ha cerrado el número de los elegidos, debes estar preparado para cuando llegue el duelo final.- ¿Qué duelo?- A partir de ahora empezaremos a sentir una atracción irresistible de enfrentarnos entre nosotros, hasta que sólo quede uno.

                        Los inmortales

Barry Lyndon: Un paseo por la Historia.

Barry Lyndon: Un paseo por la Historia.

La película que Kubrick dedicó al siglo XVIII es una muestra de su genialidad como director, basándose en los tres pilares que han caracterizado su cine: la fotografía, la música y las adaptaciones literarias. En esta ocasión, de una novela del autor inglés -aunque de origen hindú- William Mackempeace Thackeary. Nos encontramos en la Inglaterra del siglo XVIII, en plena guerra contra los franceses durante el controvertido Jorge III. Y es, junto a El Gatopardo, de Visconti, una de las mejores recreaciones  históricas. 

 Barry Lyndon

Redmond Barry (Ryan O´Neil), un joven irlandés de provincias, vive con su madre y está perdidamente enamorado de su prima Nora. De hecho, bate a duelo a un adinerado y fanfarrón capitán inglés, que le promete en matrimonio, por lo que se ve obligado a marcharse a Dublín. Pero en el viaje es asaltado y sin un penique en los bolsillos, decide alistarse en el ejército. Marcha a la guerra en Europa y finalmente deserta, suplantando a un correo, camino a Prusia, aliada de Inglaterra. El capitán prusiano Polkpoft (Hardy Kruger) descubre su engaño y le obliga a entrar en su ejército; e incluso le sigue sirviendo una vez acabada la guerra. Entra en el cuerpo de policía con el fin de vigilar a un caballero irlandés (Patrick Magee), sospechoso de espionaje. Pero el hecho de encontrarse a un compatriota, en tierras lejanas, le llevó a unirse a este personaje que le hará conocer la nobleza más señara, a través de las mesas de juego, e incluso a su futura esposa, la condesa Lady Lyndon (Marisa Berenson). Sin embargo, esto supondría su definitiva caída y su hulmide origen irlandés.

                                    

"Solo, cansado como estaba qué podía hacer un hombre descorazonado. Aceptó la pensión y se fue a Irlanda con su madre. Volvió al continente y continuó con las mismas aficiones, sin éxito de antaño. Y nunca más volvió a ver a Lady Lyndon".

Barry Lyndon es todo un fresco histórico con una multitud de detalles y curiosidades. En la música, Kubrick abandona el individualismo de La naranja mecánica para enmarcarse no sólo en la música de su momento (Mozart, Haëndel, Shubert), sino también otras de carácter floclórico (La marcha de los granaderos, El lilibulero). Recurre a la voz en off, propio de otros personajes del XVIII adaptados al cine de la literatura, como el Tom Jones (Tony Richardson); en este caso, merece la pena citar la voz de José Luis López Vázquez.

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Junto a la música, también merece la pena detenerse en la fotografía, toda una revolución por parte de Kubrick y de su director de fotografía habitual, John Alcott. Ya es una costumbre de este cineasta el innovar en cada nueva película (el uso de steadycam en El resplandor, las innovaciones de cámaras en 2001). En Barry Lyndon destaca la luz natural, de velas, para los interiores, próxima al naturalismo en la fotografía cinematográfica que dejara el español Néstor Almendros.

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El filme ganador de varios Oscars  en el aspecto técnico tendría una gran conexión con el tiempo que cuenta a través de un argumento totalmente detallista, rodado al milímetro. La marcha de Redmond a Europa recuerda a la llamada "fuga de los gansos salvajes", los paisajes, los paseos, la religiosidad, los vestidos y atrezzos, todo respira autenticidad en esta película. Hay referencias históricas (La Guerra de los Siete Años y la Guerra Americana) y aspectos de la sociedad de la época. Como pretende Barry Lyndon, para la concesión de un título, se llegaba a derrochar dinero en fiestas, viajes y en excentricidades, pasándose endeudamientos y apuros económicos.

 Por último podríamos referirnos al reparto "familiar" que acompañó al director en algunos de sus filmes. El irreconocible Chevalier de Balibari (Patrick Magee) es el escritor que sufriría los ataques del violante Alex ; y el capitán Quin era uno de los cosmonautas de 2001; pero quisiera destacar a Phillip Stone, como el padre del joven protagonista de La naranja mecánica y un "fastasmal" huésped del hotel Overlook, en El resplandor.

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Cada plano respira una auténtica construcción pictórica, como si fuéramos una tarde a un museo de Arte e incluso asistiendo a una clase de Historia Moderna. De Hecho, Steven Spielberg había comentado de ella: "Barry Lyndon me gusta, pero es como si fueras al Prado sin comer". Lo que sucede es que también es una de sus películas que más controversia a creado. Para algunas estamos ante una de sus obras maestras, mientras que para otros es su film más aburrido. Para ellos, Barry Lyndon sería un donnadie, cuya vida es intrascendente. Juzguez ustedes mismos. 

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