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Travelling. Blog de cine.

Los años 20. Hollywood y las vanguardias.

Los años 20. Hollywood y las vanguardias.

Después del homenaje que hemos dedicado a los orígenes del cine , continuamos en la historia del celuloide viajando a la década de los años 20. Había finalizado la Primera Guerra Mundial y con el regreso del mundo a la normalidad, llegaba un cine marcado por la evasión y el puro entretenimiento. Historias de ambientes exóticos, el género de aventuras y la figura del heroe romántico, llenó las pantallas de Hollywood, pero al mismo tiempo fueron surgiendo algunas prospuestas a contracorrientes para desmarcarse de este cine comercial. Vamos a hacer un homenaje a todos ellos que valientemente se atrevieron a innovar con los conceptos, los ritmos e incluso las formas cinematográficas, aunque muchos de ellos pagaron el precio de convertirse en artistas malditos. 

Nuestro viaje a los años veinte lo haremos en seis episodios. 

Uno, nos introducirá en el cine de Hollywood y en las vanguardias de aquella época.

               

                         

                   El montaje de Serguei Eisenstein.

                       (El acorazado Potemkin)

                   

                    El surrealismo.

                                        (El perro andaluz, Luis Buñuel)

El orden será el siguiente.

Episodio 1. Avaricia. Erich von Stroheim.
Episodio 2. ...Y el mundo marcha. King Vidor.
Episodio 3. La cinematografía rusa.
Episodio 4. Dreyer. La pasión de Juana de Arco.
Episodio 5. Abel Gance.

Los dos siguientes episodios fueron dos respuestas en el propio seno de los Estados Unidos. La primera, a cargo de un cineasta emigrante europeo, Von Stroheim, Avaricia (Greed) y la segunda propuesta, Y el mundo marcha (King Vidor). Dos películas que coincidieron también por la major que la produjo, la Metro Goldwyn Mayer.        

     

                             

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Una página de locura. Sorprendente película japonesa de los años veinte.

 

Una página de locura. Sorprendente película japonesa de los años veinte.

Una página de locura. Sorprendente película japonesa de los años veinte.

Una bailarina está internada en una institución mental, con una línea argumental que puede recordar a El gabinete del Doctor Galigari. Eso sí la película japonesa supera en algunos aspectos al clásico expresionista de Robert Wienne, e incluso a otros film de la vanguardia europea.

Una página de locura es una película muda, con elementos de drama e incluso del surrealismo, de Teinosuke Kinugasa, actor y director que fue toda una excepción en su país –muy marcado por el cine institucional- por esta película. Una página de locura (Kurutta ippêji)  es una film visualmente innovador que abruma y sorprende.  La suerte de esta película es que estuvo perdida más de cuarenta años antes de que el propio director pudiera encontrar una copia.

Una página de locura está basado en un relato corto de Yasunari Kawabata,  autor de gran prestigio, ganador del Premio Nobel de Literatura, destacando Mil grullas (1952), El maestro de Go (1954), La casa de las bellas durmientes (1961) o Lo bello y lo triste (1964). Su obra ha estado relacionada con el cine, su primera aportación fue como guionista de esta película de 1926, pero el hecho de ganar el preciado galardón hizo que sus historias atrajeran la atención de cineastas, tanto nacionales como internacionales.

La novela corta, La casa de las bellas durmientes (眠れる美女, Nemureru bijo),  fue adaptada al teatro por el dramaturgo estadounidense David Henry Hwang. Inspiró también la novela Memoria de mis putas tristes de Gabriel García Márquez,  y sirvió de inspiración para la película Sleeping Beauty, dirigida por Julia Leigh. La novela contó con tres adaptaciones, una versión japonesa, una alemana e incluso una traslación española, a cargo de Eloy Lozano, con título de Bellas durmientes.

Os dejo un pequeño análisis de la película, espero que os guste. 

                         

                       

El maestro del agua. Rusell Crowe debuta en la dirección con la campaña de Gallipoli.

El maestro del agua. Rusell Crowe debuta en la dirección con la campaña de Gallipoli.

Hace pocos días estuvimos hablando del debut cinematográfico del actor Ryan Gosling, aquella película que a muchos nos ha resultado algo pretenciosa –Lost River- para luego encontrarnos con esta correcta película a cargo de otro miembro de Hollywood, que también debuta en la dirección. Un film más próximo a Invencible (Angelina Jolie) que al trabajo como director de Ryan Gosling.

Este año 2015 se cumple el centenario de Gallipoli, una campaña de la Primera Guerra Mundial, que supuso un momento inaugural en la historia de Australia, ya que fue la primera vez que los australianos lucharon como ANZAC y no como parte del ejército británico. Por ser un hito tan significativo no era de extrañar que regresemos a Gallipoli, con un nuevo debut de otro actor de Hollywood, Russell Crowe, con El maestro del agua.

En 1919, a raíz de la Gran Guerra, el granjero australiano Joshua Connor viaja a Gallipoli para recuperar los cuerpos de sus tres hijos que nunca regresaron de la campaña. Los tres cayeron el mismo día, el 7 de agosto de 1915. Sin embargo, después de recuperar dos de los cuerpos  descubre que uno de sus hijos fue hecho prisionero por los soldados turcos, y con la ayuda del comandante Hasan, busca el paradero de su tercer hijo.

-Si ese es su hijo, él está prisionero, él no murió aquí.


La Gran Guerra fue la primera vez en la que se hicieron intentos por recuperar e identificar los cadáveres de los soldados caídos. La historia de la película se inspiró en una carta del  coronel  Graves en la Unidad de Guerra Imperial, al destacar que un hombre australiano llegó a Gallipoli en busca de las tumbas de sus hijos. Sin embargo, a partir de ahí la película toma algunas licencias dramáticas obvias al contarse esta "historia verdadera". El título El maestro del agua es una referencia a la capacidad de Joshua para localizar el agua subterránea necesaria para su granja en pleno clima inhóspito. Con esta habilidad –propia de los zahoríes – logra  localizar el lugar donde los cuerpos de sus hijos están enterrados en el campo de batalla.

-Hemos encontrado a sus hijos, Edward y Henry, ¿cómo supo que estarían allí?

Esta campaña fue recreada en 1981 en Gallipoli (Peter Weir), aclamado como uno de los mejores logros del cine australiano.  Mantiene una imagen épica de la guerra junto con un retrato entrañable de dos jóvenes Archy (Mark Lee) y Frank (Mel Gibson) que, procedentes  de los extremos opuestos del espectro social, se enrolarán para esta batalla. Una película que destacaba el espíritu deportivo de Australia en numerosas ocasiones, de hecho, el personaje principal hará del atletismo una estimable aportación a esta campaña.

-¿Qué son tus piernas? Muelles de acero, ¿Y qué van a hacer? Llevarme a toda velocidad, ¿A qué velocidad puedes correr? A la de un leopardo, ¿Y a qué velocidad vas a correr? A la de un leopardo.


Pero con El maestro del agua Russell Crowe se las arregla para traer una nueva perspectiva a este momento tan mitificado en la historia de Australia. La película de 2015 ofrece un mayor protagonismo a la visión turca de la batalla. Esta perspectiva tan diferente del film de Weir comienza con el simple hecho de reconocer que los turcos ni siquiera llaman a la campaña como el sitio de Gallipoli. El personaje del Mayor Hasan nos recuerda que mientras fueron diez mil los australianos y neozelandeses los que cayeron allí, serían 250.000 los turcos que perdieron la vida. Además, incluso en 1919 la guerra aún no había terminado para ellos. Mientras que al resto del mundo el fin de la guerra dio un respiro, los turcos estuvieron defendiendo su territorio.

-Tiene una guía anticuada.

-No he venido a hacer turismo, voy a Gallipoli.

-Allí solamente hay fantasmas.

               

               

Junto a esta exploración de Turquía en las secuelas de la guerra aparece una subtrama romántica totalmente innecesaria cuando Joshua conoce a Ayshe, la mujer que dirige el hotel donde se hospeda en Estambul. Ella también está de duelo después de haber perdido a su marido en la guerra, algo que todavía no había confesado su hijo Orhan. Esta subtrama romántica bastante trillada no es ni de lejos tan interesante o atractiva como el resto de la película y nos muestra un incómodo choque de caracteres, con una historia entre un ser bastante sombrío y el otro que puede resultarnos luminoso o caprichoso.

-¿Está vivo? ¿Tienes esperanzas?

-Las esperanzas me mantienen vivo.

Eso sí,  este debut como director sin ser una obra maestra, representa la habilidad de alguien que conoce la profesión en sus 25 años como actor. Mientras que algunos de sus elementos narrativos son bastante ordinarios, la película nos ofrece la oportunidad de reflexionar sobre los sacrificios realizados en ambos bandos, en la guerra, y logra una buena contribución a la hora de profundizar en la campaña de Gallipoli.

Al Pacino: La sombra de un actor.

Al Pacino: La sombra de un actor.

Rendimos un pequeño homenaje al actor neoyorquino, en el día de su cumpleaños, coincidiendo con la llegada a las salas de cine de su última película. De forma similar que en la reciente Birdman, Al Pacino interpreta a un actor en crisis en su segunda colaboración con Barry Levinson, La sombra del actor.

-El mundo es un teatro, y los hombres y las mujeres, meros comediantes.

Al igual que muchos cineasta buscan el momento en sus carreras de dirigir una película ambientada en el mundo del cine, como si se tratase de una reflexión de su propio trabajo, son también muchos los intérpretes que se abandonan a auténticos alter egos, actores seducidos por el éxito pero sobre todo que sucumben ante el fracaso. En este sentido, al personaje de Simon Axler -interpretado por un inmenso Al Pacino- le falta el talento, la memoria e incluso el sentido de la vida ante una nueva etapa que se abre en su carrera. Personaje que podría significar mucho en el propio actor, cuando cumple 75 años, tras una carrera de brillantes papeles.

Conocido por sus personajes de mafioso como Michael Corleone en El padrino, Tony Montana en Scarface o Carlito Brigante en Atrapado por su pasado, ha interpretado tanto a delincuentes como a policías como su Sérpico. Ganador de un Oscar por el personaje invidente Esencia de mujer, Alfredo James Pacino –Al Pacino- comenzó en el teatro, antes de formarse con el método de Lee Strasberg. El actor neoyorquino es uno de los grandes amantes de Shakespeare, de hecho, su debut en la dirección lo hizo con un pseudo-documental sobre Ricardo III, Looking for Richard, y uno de sus papeles más celebrados fue el del judío Shylock en El mercader de Venecia.

Su carrera consiguió un gran impulso gracias a su personaje de Michael Corleone, el célebre mafioso de la saga El padrino escrita por Mario Puzo y llevada a la pantalla, por Francis Ford Coppola. Curiosamente, su madre y él vivieron muchos años en el Bronx, con sus abuelos maternos que eran originariamente del pueblo siciliano de Corleone.

A continuación os dejamos un breve repaso de algunos de sus momentos y diálogos más celebrados de este actor. 

                         

                          

Lost River. Una perturbadora ópera prima.

Lost River. Una perturbadora ópera prima.

Una vez fue una de las ciudades más prósperas de los Estados Unidos, capital de la industria del motor y de la música, pero desde hace unos años Detroit ha experimentando una crisis sin precedentes. De hecho, su devastación económica es tal que podría verse convincentes imágenes post-apocalípticas desde casa.  Este panorama de ciudad fantasma es el que ha tomado Ryan Gosling para su debut como director, película que está cosechando unas malas críticas –algunas injustificadas- desde su paso por el Festival de Cannes.

La ópera prima del actor toma el título de una ciudad anegada en donde se desarrolla la historia. La construcción de un embalse ha obligado a los residentes a dejar atrás una Detroit apenas poblada. En un momento de la película, Billy (Christina Hendricks) regresa a casa para encontrar cómo la vivienda contigua a la suya es derribada sin previo aviso; ella se ha atrasado en su hipoteca, y sabe que podría ser la próxima.

Desesperada por mantener a sus dos hijos en la casa en la que creció,  acepta trabajar en el club de Ben Mendelshon, regentado por Eva Mendes. Aquí encontramos la famosa fotografía de Robert Doisneau de la puerta a la condenación, recreado en el burdel, la parte más extraña de una película de por sí, extraña.  Sugiere un mensaje metafórico: encontrar el purgatorio en todo lo que nos rodea, pues los ricos están empujando a los últimos supervivientes a las puertas del infierno.


   Robert Doisneau.                     

El hijo mayor de Billy, Bones (Iain De Caestecker), se queda en casa para recoger la chatarra de las ruinas de la ciudad y lidiar con una especie de sociópata Bully (Matt Smith, visto en Doctor Who). Sentado en una silla de felpa, grita "¡mira mis músculos!" desde un micrófono mientras evita a la competencia en el negocio de recolección de residuos.

 Con su ensuciada camiseta blanca y murmurando de forma lacónica, De Caestecker parece un alter ego del propio Gosling, aunque carece de la capacidad de su director para el papel. Más afortunada es Saoirse Ronan como una inesperada amiga, Rata.

Si la trama ya nos suena algo rara,  no es nada en comparación con el estilo, sobre todo en los cortes inesperados a casas en llamas o al zoológico invadido de malezas.

¿Se ha equivocado a la hora de buscar sus referentes?

Como director, Ryan Gosling  parece haber salido del paso desplegando una  colección de florituras y ritmos tomados de otros cineastas (Lynch, Refn, Noé, Kaufman). Podemos rastrear un punto en común con las metáforas visuales de David Lych, pero se trata de una propuesta cercana a una interesante película, inedita entre nosotros: Enter the Void (Gaspar Noé). Una película sobre un Tokio futurista, con un viaje alucinógeno y mucha violencia, de por medio, que comparte con la película que nos centra un cierto tratamiento estético, gracias al director de fotografía en común: Benoît Debie.

Sin embargo, Gosling está bajo el hechizo de su reciente maestro Nicolas Winding Refn. Las habitaciones de color saturado (parecido a la obra del artista James Turrell) y la música electrónica recuerdan a "Sólo Dios perdona", pero esta película no es tan violenta ni tampoco cuenta con el mismo nihilismo.

                                               

También recuerda la mezcla de realidad y fantasía de Bestias del Salvaje Sur. Lost River se desarrolla en las ruinas de una ciudad, ahogada literal y metafóricamente.

Ryan Gosling no es el primer actor en tomar las riendas de una película y en principio, esto no debería ser una mala opción.  Intérpretes que dieron de sí grandes films los encontramos en Clint Eastwood, Tommy Lee Jones o Robert de Niro. El problema de Gosling es que no supo elegir bien sus referentes y tomó el estilo pretencioso del neo noir (Driver) o las florituras del cine postmoderno, olvidando que fue el protagonista de otro tipo de cine mucho más interesante con Dereck Cianfrance.

La falta de diálogo es uno de los grandes problemas que encontramos en el guión, pero es la falta de construcción narrativa lo que destaca en Lost River. En los primeros instantes, aparecen instantáneas elípticas y lo sorprendente es que toda la película sea así. El debut de Ryan Gosling cuenta con unos montajes febriles de imágenes que dependen demasiado de la magnífica partitura de Johnny  para unirlas.

Sin embargo, la película funciona por su carácter extraño. Sus imágenes fragmentadas y su inquietante paisaje sonoro perduran en la memoria, al igual que su abrumadora sensación que inunda la pantalla. Una vez que  Gosling encuentre su propio estilo puede que empecemos a referirnos de un nuevo director; por ahora, Lost River se presenta como un ambicioso pero confuso debut, a través de un desplegar una serie de imágenes en busca de una narración.

El último lobo: Jean Jacques Annaud regresa a China.

El último lobo: Jean Jacques Annaud regresa a China.

Wolf Totem (con un presupuesto de $ 32 millones) se basa en una novela de 2004 escrita por Lu Jiamin, todo un bestseller en China, donde  es el segundo libro más leído en el país (después del  Libro Rojo de Mao). Es una saga con lazos autobiográficos del autor acerca de un estudiante de Pekín enviado a Mongolia para enseñar a los pastores nómadas, con quienes comparte un vínculo profundo con los lobos que el gobierno quiere sacrificar.

-Estos dos jóvenes instruidos vivirán dos años con ustedes. A cambio les enseñarán chino a los niños.

Dos estudiantes de Beijing, Chen Zhen (Feng Shaofeng, visto en la película china de Ann Hui, The Golden Era) y Yang Ke (Shawn Dou) fueron enviados a las estepas de la provincia septentrional de Mongolia Interior en 1967, durante el segundo año de la Revolución Cultural, como explica Chen con una voz en off que entra y sale de la narración. Tienen el propósito de enseñar a los niños nómadas a leer y escribir en chino, aunque pronto se hará evidente que aprenderán más de los lugareños y en especial de su líder de barba gris, Bilig (Basen Zhabu). De hecho,  no hay una sola escena en la que Chen realmente se sienta a enseñar a nadie mandarín.

La fascinación de Chen con los lobos  de las estepas comienza desde el principio, después de desoír uno de los consejos de Bilig y ser acorralado por una manada. Este breve enfrentamiento ya ofrece un escaparate sólido no sólo de la música de cuerdas de James Horner junto con la puntuación dominante de la percusión, que expresa la tensión, con el enfoque del director de fotografía, Jean-Marie de Dreujou, de los primeros planos de unos amenazantes lobos.

Lu Jiamin

Aunque la historia de Lu Jiamin ha estado presente a la hora de escribir la película, El último lobo ha contado con hasta cuatro guionistas: Annaud, Alain Godard, Lu Wei y John Collee, dispuestos a forjar una historia convincente y que fluye de manera coherente con las interacciones de Chen con su lobezno o la gente del lugar. Dando lugar a una película que a menudo da una sensación didáctica e incluso condescendiente hacia los nómadas. La hija de Bilig, Gasma (Ankhnyam Ragchaa), por ejemplo, nos introduce en una historia romántica totalmente superficial. Sin embargo, son reveladores todos los destacados aspectos emocionales de la película procedentes de escenas en las que el animal ocupa el lugar protagonista.

Algunas reflexiones sobre la forma en que los mongoles y los chinos Han son como lobos y ovejas, respectivamente, dejan entrever un trasfondo político más pronunciado en la novela, al igual que la presencia de Bao como miembro del Partido Comunista,  al odiar su trabajo de aniquilar a los lobos –con el fin de preservar la seguridad de los ganaderos-  pero limitándose a cumplir órdenes. Annaud también toma un claro mensaje ecológico a la hora de presentarnos el equilibrio natural que juega un papel tan importante en la relación de la tribu con los animales y los paisajes de los alrededores. El viejo sabio, Bilig, recuerda al líder del partido local, Bao Shunghi (Yin Zusheng), que los lobos se enojarían y volverían para vengarse si los humanos destruían sus fuentes de alimentos, para hacer dinero rápido - su carne y la piel eran muy codiciados-. Pero sobre todo marcarían un impacto en los personajes, las órdenes del gobierno por la que debían capturarse las crías de los lobos.

-Han llegado las directrices de este año, con la captura de los lobeznos, llevándonos las crías, y así evitaremos que proliferen.

-Si nos llevamos sus crías, se enfurecerán y se vengarán.

-Es una orden.


Otros de los placeres tangenciales de la película es cómo El último lobo sugiere el paso de las estaciones, su impacto en las tradicionales yurtas –las viviendas de los mongoles- y la forma en que se reconoce implícitamente cómo un estilo de vida secular está siendo rápidamente destruido por la enorme necesidad de país para alimentar a su creciente población.

Encontramos una destacada secuencia de persecución, con la participación caballos y los lobos en una tormenta de nieve durante la noche. Escenificada de forma espectacular,  con unos impresionantes planos cenitales y un gran uso de una mínima luz, junto con las apagadas luces de las linternas de los pastores que dan al espectador el suficiente sentido de lo que está pasando al mismo tiempo que ilustra una abrumadora sensación de confusión y pánico de los protagonistas. También cabría destacar otra secuencia, tomada a plena luz: aquella que nos mostraba el día después de este citado ataque de los lobos, con una multitud de cadáveres de aquellos caballos congelados en un lago, para mostrarnos  la crueldad de la naturaleza con una misteriosa belleza.

Dos manadas de lobos fueron entrenados específicamente para esta película prácticamente desde el día en que nacieron, en 2010, por el entrenador de animales Andrew Simpson, quien había dirigió documentales sobre lobos de Siberia. Los resultados del trabajo de Simpson y de Annaud son a menudo impresionantes, aunque a veces parece que algunos planos no fueron necesariamente filmados simultáneamente e incluso en el mismo lugar.

Observando su filmografía, podemos sospechar que Jean Jacques Annaud, se sienta especialmente sensible por estos temas ("Me siento muy honrado de ayudar a tratar de detener la degradación del mundo") reconoció el director en una entrevista, pero es el "alma-hermandad" que siente con Lu el verdadero factor decisivo. Lu Jiamin fue a Mongolia en 1967, el mismo año en el que Annaud fue enviado a enseñar cine en Camerún, como parte de su servicio militar. De esta forma, el cineasta francés regresa a China –años después de su Siete años en el Tíbet, película por la que se le prohibió la entrada al país- para una película, algo irregular, pero muy necesaria, sobre todo si nos ayuda a concienciarnos a favor de la naturaleza. 

Günter Grass, en la memoria.

Günter Grass, en la memoria.

Hoy estamos de luto los que amamos las letras porque ha fallecido un autor genial que- sin librarse del peso de la polémica de muchos libres pensantes- no podemos, sin embargo, quitarle el mérito y el talento a esta autor alemán, premio Nobel de Literatura y Premio Príncipe de Asturias, por las Letras.  Lo cierto es que sin tener una clara relación con el cine, hemos querido reseñar esta efeméride en la sección que dedicamos a ambas disciplinas.

Nació en la ciudad libre de Danzing (la antigua Gdansk), en Polonia, fue miembro del llamado Grupo 47, formado por una serie de escritores jóvenes alemanes que tuvieron como objetivo revitalizar la literatura en la posguerra. Su primer gran éxito literario es El tambor de hojalata, su obra más conocida, y uno de los motivos por incluirlo en estas páginas dedicadas al cine. En política siempre estuvo muy cercano al partido socialdemócrata y ayudó entre otros a Willy Brandt en sus campañas. Pero es cierto también a Gunter Grass le acompañó la polémica.

                                                  

Fueron llamativamente polémicos los episodios de su juventud que relató en su autobiografía, Pelando la cebolla, en donde relata su infancia, su vida como soldado, sus inicios como escritor o su relación con el Papa Benedicto XVI. Sin embargo, lo que realmente impactó en él fue su confesión de haber pertenecido a las Waffen-SS, esto es, que se contó entre los soldados, casi un millón, que reclutó al final la SS (Schutzstaffel o «Cuerpo de Protección»).

También resultaron polémicas sus opiniones sobre Israel, e incluso otra de sus novelas, A paso de cangrejo, en la que se recuerda el destino de millones de alemanes que fueron víctimas de la Segunda guerra mundial. La parte central  es el hundimiento del barco Wilhelm Gustloff, el 30 de enero de 1945, con miles de refugiados de la Prusia Oriental a bordo, región muy familiar para él, porque allí es donde se crió.

                             

                           

Como ya hemos anunciado, El tambor de hojalata fue adaptada al cine. La versión cinematográfica corrió a cargo del director Volker Schlöndorff y del guionista, Jean-Claude Carrière, para una coproducción europea, rodado veinte años después de publicarse la novela (1979). Un niño alemán con tendencia a la fantasía, que vive en los duros años de la Segunda Guerra Mundial, recibe como regalo de cumpleaños algo que marcará el resto de su vida: un tambor de hojalata.  Ganadora de la Palma de Oro del Festival de Cannes y del Óscar a la mejor película de habla no inglesa, no se libró de la polémica y la censura, sobre todo por escenas como esta. El personaje principal David Bennent—Oskar Matzerath- que contaba con doce años mantenía relaciones sexuales con la actriz Katharina Thalbach (como María Matzerath en la película), entonces de veintiséis años.

Cerramos este texto –con el que recordamos a Gunter Grass- con una cita de El tambor de hojalata: “Ya no volvió. Del hecho de que antes de irse vaciara de un solo trago su vaso de refresco puede deducirse que el vaciar el vaso significa Adiós“.

En la ceremonia de los Nobel. 

El ángel exterminador, una amarga sátira burguesa.

El ángel exterminador, una amarga sátira burguesa.

En El ángel exterminador, un grupo de burgueses asisten a una fiesta en una mansión pero  descubrirán que no pueden salir al exterior. La velada comienza pero los asistentes no podrán salir de la habitación en la que se encuentran a pesar de que no hay obstáculos o puertas que impidan atravesar el umbral. Esta idea tan absurda, pero genial, servirá como trasfondo para una historia de tensión en la que poco  a poco la cordialidad va quedando en un segundo lugar. 

Juana: “Este es el cuarto, ¿verdad?”.

Cristián Ugalde: “Pues no lo sé señora, ya voy perdiendo la cuenta”.

Juana: “¿Y está usted seguro de la paternidad?”.

Cristián Ugalde: “¿Cómo?...”.

Juana: “Quiero decir...”.

Cristián Ugalde: “...eso pregúnteselo a ella”.

Rita Ugalde: “La ciencia lo decidirá”.

Luis Buñuel era quizás el más iconoclasta e individual de los españoles que se vincularon a la órbita de los surrealistas en París, amigo de Lorca y Dalí, con quien co-dirigió El perro andaluz (1928), cortometraje que causó un alboroto (el propio Buñuel se llenó los bolsillos con piedras, para poder tirar algo al público si les atacaba), y contenía una de las imágenes más famosas de la historia del cine, un plano de una nube atravesando la luna,  junto con una hoja de afeitar cortando un globo ocular. Después de esa película,  hizo la escandalosa y largamente reprimida "L’Age d’Or" y el documental "Las Hurdes. Tierra sin pan", una imagen de la pobreza en España.

Estilísticamente hay pocos elementos que vinculen a Ozu, Hitchcock, Herzog, Bergman o Buñuel, a excepción de este hilo común: Pertenecer a un grupo de grandes directores que obsesivamente han reelaborado los temas que perseguían. Fue durante su exilio en México donde pudo dar riendas sueltas a sus obsesiones, sin olvidarse de sus referencias de juventud. "Los Olvidados" (1950), "La vida criminal de Archibaldo de la Cruz" y "El" (ambas 1955). Hasta que pudo asociarse con el productor Gustavo Alatrista, que le dio la libertad creativa suficiente como para hacer algunas de sus más celebradas películas.

Nos referimos a “Viridiana” que le supuso un gran impulso internacional y su regreso a España después de décadas en el extranjero. Aunque su imagen central - un cuadro escandaloso recreando la Última Cena - desagradó a los censores españoles, y se volvió a México para preparar esa amarga sátira titulada "El ángel exterminador" (1962). Después de su etapa mexicana, marchó a Francia, donde rodaría su película más famosa: "Belle de Jour" (1967), que ganó el gran premio en Venecia. Fue protagonizada por Catherine Deneuve,  interpretando a un ama de casa, fascinada por un famoso burdel que acabó encontrando  trabajo allí dos o tres tardes a la semana.

"Tristana” o "El discreto encanto de la burguesía" (1972),  fueron otros trabajos suyos. Este último ganó el Oscar como mejor película extranjera, contando una historia que podría ser una versión de “El ángel exterminador".

Después de esta presentación que hemos hecho a la filmografía de Buñuel, os dejamos el reportaje audiocomentado de El ángel exterminador, película de 1962. (Nota, el análisis cuenta con importantes spoilers).

                           


 

Marilyn Monroe visitó el rodaje de El ángel exterminador.