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El viaje pirandelliano y psicoanalítico de Woody Allen.

El viaje pirandelliano y psicoanalítico de Woody Allen.

Director, actor, músico, productor y guionista neoyorquino, con una asombrante incontinencia fílmica, que lleva arrastrando desde sus inicios las etiquetas de misántropo, cínico pesimista y de cara deprimente. Y casi a película por año, en las últimas tres décadas, lleva reflejándose así mismo en un género que podría titularse de “autobiografía épica”. Lo sabemos todo de él, gracias a sus inteligentes y cuidados diálogos, pero sobre todo a su arma más eficaz, la ironía. Siendo esta una de las claves de su filmografía junto al psicoanálisis.

- Tengo una cita con mi psicoanalista.
- ¿Desde cuándo vas a un psiquiatra?.
- Sólo desde hace quince años.

Un actor con numerosos trastornos psicológicos que ha intentado justificar con su juventud y su religión: “Soy un ateo teológico existencial, hay vida inteligente en el universo salvo en ciertas partes de los Estados Unidos”.

- Déjeme ir al cielo, por favor.
- Soy judío, no quiero ir al cielo.
- ¿A dónde quiere ir?
- A un restaurante chino.

La obra del cineasta neoyorquino es una absurda e inteligente recreación de su vida en el celuloide, haciendo de su infierno existencial todo un rincón de recreo para sus espectadores. Para eso están los geniales diálogos que hunden en un torrente de fina ironía, sarcasmo y causticidad, que escupen como puñetazos, los personajes de sus películas. No hay mejor forma para descubrir a Allen que a través de sus palabras.

- Pero si existe Dios, ¿por qué hay tanta maldad en el mundo? Todavía más sencillo, ¿por qué pudieron existir los nazis?
- Explícaselo, tú.
- ¡Cómo voy a saber explicarle porqué exisitieron los nazis, si ni siquiera sé como funciona el abrelatas!

            

Como si tratara de una obra pirandelliana, la filmografía de Woody Allen ha sabido mezclar con pasión, la ficción con la realidad, que él mismo ha llevado la batuta de sus propios personajes.

- La vida no se puede controlar, no se puede forzar para que tenga un desenlace feliz. Sólo se puede controlar el arte y la masturbación, campos de los cuales son un auténtico experto.

Como el propio Woody Allen sostiene, a lo largo de nuestra vida nos enfrentamos a elecciones morales, son esas decisiones las que nos definen como persona.

Además, ha sido uno de los directores que más han planteado reflexiones sobre una diversidad de temas ocurrentes, que los ha hecho repetir de forma incansable en la mayor parte de su producción. La religión, lo fugaz del amor, las flaquezas intelectuales de la sociedad actual y, sobre todo, el psicoanálisis y el sexo, han sido su temática preferida, mil y una veces vista. Pero una de sus temáticas preferidas sea el mismo y las mujeres.

- Las mujeres están, no sabemos si Dios existe, pero las mujeres están. Y no en un mundo imaginario, sino aquí en la Tierra, y ¡hay algunas de ellas que compran una lencería!

Las relaciones interesantes e inteligentes entre los personajes femeninos de sus películas y el propio Woody Allen, retratado directamente en ellas, o bien a través de alter egos con unos actores de perfiles similares al suyo (John Cusak, Jason Biggs, Will Ferrell). Diane Keaton y Mia Farrow eran, sin duda, sus musas predilectas pero no las únicas que han pasado por el universo delirante y neurótico del cineasta. Las chicas Allen podrían competir perfectamente con las Bond, aunque tienen algunas peculiaridades bastante significativas: van con gafas, chalecos, enormes bolsos y un psicólogo incluidos. Algunas, como Diane Keaton en Annie Hall pusieron de moda un estilo bastante particular, el de chicas con sombreros Fedora, chalecos y pantalones de hombre. Entre todas ellas, hay incluso una rareza, Hattie (Samamtha Morton), la muda de Acordes y desacordes, el unico personaje al que no influía los trabajados diálogos de Allen. Si no fuera poco, no sólo no le da ni una sóla línea del guión sino que la ennovia con Emmet Ray (Sean Penn), un envidioso guitarrista, con el que tiene sus más y sus menos desde su primera cita, cuando debe cambiar un neumático del coche: "¿Qué pasa? ¡Nadie dijo que esto iba a ser un picnic! Ya sabes que no puedo arriesgar mis manos. Tranquila, después iremos al vertedero a disparar a las ratas". 
             

También está su don para la palabra, dirigiéndose al espectador; a través de incontables recursos narrativos. Como encontramos en su  Annie Hall:

- ¿Conocen este chiste? Dos hombres están en un restaurante, uno dice: vaya, la comida es verdaderamente terrible, y contesta el otro: ¡y las raciones son tan pequeñas! Pues, básicamente es así como a mí me parece la vida, llena de soledad, miseria, sufrimiento, tristeza, y sin embargo, se acaba demasiado deprisa.

En realidad, sus películas cuentan siempre la misma historia, ya sean inspiradas en Bergman o del tipo de comedia de enredo, sus personajes siempre buscan respuestas, porque la felicidad humana no parece incluida en el proyecto de la creación.

- Las palabras más bonitas de nuestro idioma no son “te quiero”, sino “es benigno”.

On the road: cine en la carretera.

On the road: cine en la carretera.

Bien a dos ruedas o con cuatro de ellas, el road movie se ha identificado como un canto a la libertad, una poética necesidad de romper con el pasado, dejar atrás las ataduras de una vida sumida en la rutina, que los protagonistas lo consideran tanto como un viaje iniciático o desde la lejanía de la experiencia de quien ha vivido tanto.  Como expresión de los ideales surgidos en una de las décadas más contestataria como los años 60 e influidos por el modo de pensar del movimiento hippy, el road movie funciona como un intento de alcanzar la libertad (Easy rider, Dennis Hopper), así como presentando los resortes en donde unos personajes desorientados se enfrentan a su propio destino; este es el caso de Carretera asfaltada en doble sentido o The brown bunny, de Vicent Gallo, filme que tuvo en su momento el marchamo de ser la peor película proyectada jamás en Cannes, mientras que para quien escribe se tratase de un clásico por derecho.

Los años de la Gran Depresión configuraron el caldo de cultivo idóneo para entresacar en la pantalla a personajes que deambulaban sin retorno fijo, sin más pretensiones que la mera supervivencia o con destellos, más o menos concretos, de rebeldía, de sinsentido hacia la justicia y animadversión hacia el sistema y sus instituciones. Individuos anónimos, por lo general, o voces carismáticas que pusieron música y letra a inquietudes individuales y sentimientos colectivos. Eran los tiempos en que los trenes de mercancías se llenaban de mendigos y de buscavidas, desarrapados de cualquier condición que buscaban estímulos suplementarios en el interminable juego del gato y del ratón, burlando a los celosos empleados de las compañías ferroviarias. El propio cine, en la espléndida Los viajes de Sullivan, Preston Sturges reflexionó sobre si mismo y el sentido de la comedia y del drama, alrededor de la aventura didáctica de un escritor de éxito, decidido a experimentar en carne propia los sinsabores de la pobreza extrema.

- Buenas tardes. ¿Vais a viajar muy lejos? ¿No os importará nuestra compañía?

Con el paso del tiempo, los caminos cambiaron a los mendigos por otro tipo de aventureros más cercano a la generación beat de Jack Keurac y compañía, que desembocó en el mundo contracultural de los hippies. Uno de los mejores testimonios cinematográficos lo representaba el road movie, y la película emblemática de la época, Easy Ryder (Dennys Hopper).

- Lo que representáis para ellos es la libertad.

- ¿Y qué tiene de malo ser libre? Todo el mundo la quiero.

- Sí, desde luego, todo el mundo la quiere pero una cosa es hablar de ello y otra muy diferente es hablar de ello.

                 

Estas reflexiones tuvieron un resurgimiento desigual en los 90, con algunas referencias interesantes en Mundo perfecto (Clint Eastwood), pero sobre todo en Thelma y Louise, un alegato feminista que tuvo como antecedente una de las películas menos conocidas de los sesenta de Martin Scorsese, Alicia ya no vive aquí.

- Mamá, ¿estamos ya en Arizona?

- Si sigues preguntando eso, sales por la ventanilla. Quédate sentado y disfruta de la vida, que la vida es corta y tú, un pesado.

 Sin embargo, es en esos momentos cuando se extiende este denominado subgénero a otras producciones dirigidas, en parte, por la filmografía del cineasta iraní Abbas Kierostami. Con la excusa del viaje, el director retrata un bacheado camino en donde personajes deben enfrentarse a una serie de reflexiones que luego aparecerían en cinematografías de otras latitudes. Algunas de estas, y sobre todo debido a la característica fisonomía el paisaje de su país, el road movie es mucho más que el sentir generacional de un puñado de realizadores. En este sentido, en Argentina muchos autores tienen en este subgénero una parte importante de su filmografía. Carlos Sorín, aprovecha los espectaculares paisajes patagónicos como escenarios para actores no profesionales, cuyos personajes hallan el sentido de sus vidas en un viaje.

- ¿Qué haces acá?

- Estudio la vida.

- ¿La vida?

 El también argentino, Carlos Trapero, toma esta peculiaridad para recorrer el país durante la crisis del corralito, en Familia rodante, del mismo modo que Henry Fonda atravesaba los Estados Unidos en los años de la Gran Depresión, en Las uvas de la ira (Jhon Ford). Pero el existencialismo viajero tiene otro importante referente cinematográfico, el del último viaje. Huida a ninguna parte o búsqueda de los cabos sueltos, en los que sus protagonistas presienten el final del camino, con un clásico título referencial: Una historia verdadera.

- Algo bueno tendrá envejecer.

- La verdad es que no se me ocurre nada bueno en quedarse ciego y cojo al mismo tiempo, pero a mi edad ya he visto casi todo lo que la vida puede ofrecer.

A bordo de un peculiar medio de transporte, una máquina cortacésped, un anciano recorría todo un Estado en un último viaje, similar al que emprendía Jack Nicholson en Mr Smith. Sin embargo, este tipo de road movies entre delirantes y existencialistas es una marca de la casa del cineasta David Lynch. En Corazón salvaje, el particular realizador propone una psicodélica montaña rusa, con la historia romántica de fondo. Por último, el relato on the road nos lleva a tema del inocente perseguido (El fugitivo, por ejemplo); películas que llevan a diversos cambios de escenarios por medio de desplazamiento en trenes, autobuses y otros vehículos.

 


Con la cámara al hombro: grabando el terror.

- Es sólo una película, sólo una película.

- Piensa que sólo peden matar tan fácil en las películas.

El fotógrafo del miedo (Michael Powell)

 Llamamos horromentary al falso documental de terror, en la línea del cine exploit de los años sesenta.  P. Cavara dirigió Mondo cane, filme italiano que resultaba ser toda una recopilación de momentos a cual más macabro que dio pie a toda una franquicia. Pero si Este perro mundo fue  el origen moderno de este subgénero que hoy pega fuerte, fueron los años ochenta los que marcaron el inicio del cine de terror moderno. Por supuesto, coincidiendo con la aparición de los reproductores y las primeras cámaras de video domésticas, el séptimo arte tuvo en cuenta la fuerza perturbadora de estos nuevos formatos. Desde entonces,  las imágenes desvaídas, quemadas o subexpuestas, con el sonido distorsionado, forman parte de lasu iconografía  del cine de terror. Holocausto caníbal, de Riugero Deodato, sería uno de los grandes títulos de esta tendencia, a medio camino entre ficción y documental.

                   

  - El mecanismo de grabación esta autocontrolado, no debes preocuparte de nada hasta la posición final.

  Aquellas líneas entrelazadas formaban imágenes imperfectas que podían esconder un mundo imprevisible de cara y formas misteriosas, que jamás abandonará el género. La previsión de una sociedad que por primera vez contaba con una  herramienta precisa para llevar a cabo los impulsos de voayer. Si fue David Lynch, en Carretera perdida, quién ofreció el embrión de un tipo de cine que estuvo a punto de llegar; Videodrome, de David Cronemberg convertía la grabación analógica en la nueva fagocitación del terror. El video aparecía como un elemento perturbador, un ojo anónimo que graba todo lo que captura la cámara. Sin embargo, coincide con la aparición de dos películas rodadas con muy bajo presupuesto, The last cronical y El proyecto de la bruja de Blair. Si la primera era un malogrado falso documental muy superior a su predecesora, fue la película codirigida entre Daniel Myirck y Eduardo Sánchez la que sacó mayor rentabilidad a una leyenda urbana local, con este horromentary, que le sienta como un guante al terror y que además es baratísimo.

  Ambas simulan contener el metraje real de los últimos momentos de unos maltrechos reporteros que visitan un bosque en busca de fenómenos paranormales. En la manera tradicional de hacer películas existe un filtro, un equipo de rodaje, un director y unos actores en torno a una trama. Uno de los motivos del éxito de estos formatos alternativos es que el espectador ve la historia desde el punto de vista de sus protagonistas, de una forma más realista. Con la llegada de la cámara digital, las películas de zombies y de los psicópatas de siempre, empiezan a estar grabados por un operador con párkinson. Es habitual toparse con secuencias que parecen sacadas de un video doméstico, una cámara de seguridad,  e incluso un circuito cerrado de cámaras al estilo del Gran Hermano.

-  Por favor, no te muevas.

- Me llamo Ángela y me van a matar.

  La contribución patria es una de las más destacadas. Alejandro Amenábar reflexionaba sobre el mundo del snuff en su ópera prima, Tesis. Sin embargo, habría que esperar a [REC] (Paco Plaza y Jaume Balagueró) para sumergirnos en ejercicio de telerrealidad al más puro estilo terrífico, para sublimar el grito, el susto y el mareo a través de una cámara de televisión. ¿Alguien dijo trípode?

 - Ostias,  ¿no sabes que necesitamos grabar todo lo que está pasando?

  Sus autores le otorgaron una expresa atmósfera de terror exprimiendo la condición de residencia laberíntica, aunque lo más interesante son sus reflexiones sobre la obsesión por mirar, la obstinación de la sociedad actual por registrar cada detalle de la vida, la crítica hacia un tipo de televisión, centrado en esa cámara que todo lo ve.

           

  Otra forma original de presentar el video como objeto de terror la aportó el cine japonés, con ese título referencial que fue El círculo (Hideo Nataka).

  - Cuando puso la cinta apareció una mujer en la pantalla. Morirás en una semana, dijo. Paró la cinta y entonces sonó el teléfono: Ya lo has visto, y una semana después lo encontraron muerto.

  La fascinación por el terror japonés, los kaida eiga o películas de fantasmas, heredan el interés por encontrar imágenes malditas. El videocasete o la emisión fantasma circula como una leyenda urbana letal, metáfora de una sociedad esclavizada y víctima de la deshumanización que la tecnología genera en esta fase posmoderna de los países hiperdesarrollados.

  Así vemos cómo las nuevas tecnologías pueden ser un recurso para el susto y el suspense de gran eficacia. Son formatos que el propio espectador manipula diariamente, por lo que éste sintoniza en una fracción de segundo. Así la imagen parece más real si está convenientemente pixelada. De hecho, el cine ha dado un gran juego a cualquier medio de grabación, como por ejemplo de un teléfono móvil. Quizás, rudimentario pero muy eficaz, sirvió para que los soldados norteamericanos grabasen lo que sucedía en Irak, para luego colgarlo en Internet, escenas que han servido como base para diversas películas como Redacted de Brian de Palma. Sin embargo, fue el terror el que sacó un mayor partido por la cotidianidad de su uso. Desde Takeshi Miike en Llamada perdida a Cry Wolf, numerosas películas han visto en el teléfono otra herramienta idónea para suscitar horror.

  - Hazte una foto, con el móvil. Es como el sexo telefónico, a vosotras os gusta hacerlo. ¡Cuidado, hay alguien ahí!

 - Pero, ¿qué dices?

En la era del Youtube, se van imponiendo las imágenes amateur, tanto que algunas producciones se preocupan por expresar esta punto de vista, ciñéndose en la experiencia de sus personajes en relación con las imágenes (La Guerra de los Mundos/Steven Spielberg; Monstruoso/Matt Reeve) o en explorar imágenes que no se originen en una cámara de cineasta (Redacted/Brian de Palma). Con un sentido amateur, Actividad paranormal, es la historia de una pareja que instala en su casa una cámara doméstica para poder recoger todo tipo de fenómenos extraños.

- Creo que va a ser muy interesante grabar lo que ocurre o si no hay suerte, lo que no ocurre.

No es más que una suma de tópicos y lugares de un género que inventa una intensa e inquietante travesía por el terror doméstico y cotidiano. Una experiencia que no hace más que sacar todo voayer que llevamos dentro, sin concesiones y censuras, con una cámara al hombro y un deseo por registrarlo todo en video.

- ¡Grábalo todo, por tu puta madre!

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Bebés y tetosterona: canguros superduros.

Bebés y tetosterona: canguros superduros.

 A muchos directores les gusta poner a la tierna infancia en situaciones muy comprometidas. Imágenes tan conmovedoras como eficaces, que colocan a bebés en medio de un tiroteo, son tan antiguas como el propio cine. Ya aparecía en una de las secuencias emblemáticas del clásico del soviético Sergei Eisenstein, El acorazado Potemkin, en la escena de la escalera de Odessa, mil veces vista en la gran pantalla, por ejemplo en Los intocables de Elliott Ness (Biran de Palma).  De hecho,  pocos duros del cine se han librado de la necesidad de desnudar sus emociones ante la sonrisa de un bebé o ante los ojos de pánico de un niño que se enfrenta a una situación desesperada.

Este reportaje destacará esas relaciones, algunas veces muy sugerentes, como la presencia de niños que han superado la ausencia de sus progenitores. En el cine de animación era muy normal encontrarse con unos niños que habían perdido a sus padres al comienzo de la cinta, para observar cómo iban formándose su propia vida de manera independiente, siguiendo el mismo mensaje del Sueño Americano. Otras muchas películas han incidido en esos personajes que jamás tendrían hijos y que se vieron con uno, entre sus brazos, de manera inexperada. John Wayne, Harrison Ford, Swarzenegger, Bruce Willis y Vin Diesel son sólo algunos ejemplos. El mismísimo John Ford se atrevió a poner a John Wayne, Pedro Amendáriz y a Harry Carey Jr. en la difícil situación de cuidar a un bebé en mitad del desierto, con lo que desmitificaba a los héroes del lejano oeste. Tres bandidos se redimían al verse obligado a cuidar a un bebé, en Tres padrinos. Otro héroe de siempre a quien se le vio en un similar aprieto, fue  Harrison Ford. Su personaje se las debía ver en la misión de defender la inocente mirada de un niño Amish, que había visto cosas que nunca debía ver (Único testigo, Peter Weir).

 - Soy oficial de policía y tengo que hablar con el muchacho. ¿Cómo te llamas? ¿Me puedes decir qué es lo que has visto?

 El gran éxito cosechado por la película del australino Peter Weir hizo que el actual gobernador de California, se diera una pausa en su faceta de musculoso, de gatillo fácil, para mostrarnos su perfil más sensible. Eso sí, sin dejar a un lado su facilidad para dar en el blanco. En Poli de guardería, interpreta a un tipo duro que debe convertirse en monitor de una guardería para proteger a un niño y atrapar a su padre, un peligroso delincuente.

 - Quieto, quieto. ¡Dame el arma! ¡Rápido! ¡Rápido!.

- Si, ya está, ya está, pero deja al niño en paz.

- El niño es mío, es mi hijo. Tú puedes quedarte con tu maldita familia.

 Bruce Willis también tuvo su oportunidad de convertirse en el canguro de un niño autista, capaz de descifrar códigos secretos que podían poner en peligro la seguridad de un país, en Mercury Rising. Y contar con un actor de acción, como Vin Diesel, en un producto de consumo familiar, era el propósito de los Estudios Disney para la película Un canguro superduro (Adam Shakman) pero el resultado sólo es apto para una sesión de sobremesa del sábado.

 - Tomaremos la colina, metro a metro, sólo así podremos culminar con éxito.

- Se ha peído.

 En una línea próxima, dentro del cine familiar, encontramos las taquilleras sagas de los niños que se quedaban sólo en casa, capaces de reducir a cenizas a todo aquel que se atreviera asomar la cabeza, sin necesidad de ningún adulto que los vigile o proteja, ya fuera caco, espía o terrorista. Estos niños no necesitaban canguros, todo lo contrario, eran estos los que necesitarían de tratamiento físico y psíquico después de medirse con ellos. La serie de Sólo en casa, iniciada por Chris Columbus, es ejemplar en este sentido.

 - ¿A qué te dedicas exactamente?

- Soy limpiador.

- ¿Quieres decir, asesino a sueldo?

- Sí.

- Guay.

 ¿Puede una niña seducir a un asesino a sueldo? Después de ver a una jovencísima Natalie Portman en esta espléndida cinta de Luc Besson, El profesional, desaparece cualquier duda que se tenga al respecto. Tampoco hay dudas de que un gánster pueda ser un buen padre, el mejor de los canguros, siempre que sea Tom Hanks y sea capaz de controlar la incipiente curiosidad de su hijo, en Camino a la perdición (Sam Mendes).

 - ¿Estás herido? ¿Lo has visto todo?

 Puestos a elegir relaciones de canguros accidentales con cachorros inquietos, nos quedamos con una genialidad de los hermanos Cohen (Arizona Baby). El robo de un bebé es la única salida de un caco de tres al cuarto, para satisfacer a una mujer policía a la que parece no haberle llegado la hora de dar a luz.

 - Eso ya lo sé. Anda, vámonos.

- Vuelve allí, ahora mismo, y encuentre un niño, necesito a un hijo. Y ellos tienen demasiados.

- ¡Ay, cielo!

- No vuelvas aquí sin un niño.

 Y hablando de dar a luz, posiblemente el de esta película de los Cohen, una locura delirante muy al estilo de estos hermanos cineastas, sea uno de los mejores partos de la historia del cine, cuando el protagonista, Nicolas Cage, consigue salir del barro que le había cubierto por completo, como si fuese arrancado de la placenta. Otro de los más delirantes sería el de En el punto de mira, con corte del cordón umbilical a tiro limpio y revolcón entre Belucci y Owen, hasta alcanzar el clímax, en medio de un tiroteo.

 - ¿Quién eres?

- Trabajo como canguro y soy peligroso.

 Se trata de Clive Owen,  convertido en un canguro superduro, en un personaje que podría recordar al de aquel protector de un bebé, con tintes apocalípticos, dirigido por Alfonso Cuarón (Los hijos de los hombres). “Yo no tengo padre, yo no tengo madre, yo no tengo a nadie que me quiera a mí”. Con ese espíritu, propio de una conocida canción de Machín, concluímos un reportaje sobre niños desamparados en el celuloide, que sin embargo, pueden encontrarse con algunos inesperados ángeles de la guarda.

Superación personal y cine.

Superación personal y cine.

El Sueño Americano ha sido desde siempre una de las metas a lograr en una sociedad en donde el individualismo y el triunfo acabaron por marcar a fuego a todo un país. Por ello, superar obstáculos y alcanzar metas cada vez más inalcanzables, que estuvieran sólo al alcance de unos pocos, se fue convirtiendo en el modo de vida de toda una comunidad. Por esta razón, es habitual que la superación personal sea parte de los argumentos del cine americano; al fin y al cabo el éxito del séptimo arte está en evadirnos de las dificultades cotidianas.

- Desde que nací quería ser uno de ellos, puede resultar un sueño extraño, sobre todo para una rata.

Comprobar cómo nuestros protagonistas superan sus dificultades después de una larga batalla, anima a pensar que todo no está perdido, y en el caso de Hollywood lo ha tratado desde todos los géneros posibles, desde el drama, la comedia, el subgénero deportivo y la animación. En este sentido, hay célebres ejemplos entre las últimas propuestas, una rata que sueña con ser un maestro cocinero, en Ratatuille, o un oso panda obsesionado con las artes marciales (Kunfu panda):

- Un auténtico guerrero nunca abandona, confía en su ejemplo.

Enfretándose con entusiasmo a los vapuleos económicos, sentimentales e incluso físicos, es casi siempre interesante desde el punto de vista vital. Conmovido por el sufrimiento, el tema de los bailarines ha estado presente en este tipo de películas, como sucedía en Fama (Alan Parker), o en Billy Elliot (Stephen Aldrich), en cuyo filme un chico de clase proletaria buscaba su autosatisfacción en el mundo del ballet, en plena Inglaterra sumida en la crisis de la Era Tatcher.

- Busca el punto en esa maldita pared e intenta concentrarte en él, luego da la vuelta y regresa otra vez a ese punto.

Muchas veces el esfuerzo de los personajes viene a reforzar la batalla desde muchos aspectos de su vida. Por ejemplo, hemos visto a cineastas luchar contra los elementos y la industria (como Ed Wood, Tin Burtom). Pero también es interesante la lucha contra los prejuicios, en Quiero ser como David Beckham. Una chica hace todo lo posible por triunfar en el fútbol, pero encuentra el escollo en su conservadora familia, al tratarse de una joven hindú instalada en Gran Bretaña.

- Debe estar muy orgullosa de su hija.

- Esa niña no debía corretear enseñando las piernas desnudas.

Por eso sea precisamente el mundo del boxeo en donde el instinto de superación esté mejor reflejado; ya aparecía en la saga de Rocky y en un centenar de títulos, mientras que otros célebres boxeadores descubrían que los golpes más duros los recibía fuera del ring, como Mohammed Ali en Ali.

- No son el enemigo, ni los comunistas, ni los chinos, ni los japoneses. Soys vosotros, los que me privais de la igualdad, queréis que vaya a luchar por vosotros. Pero mis enemigos están en América.

Otras veces la lucha es por salir de las calles y buscar una vida mejor, con algún tipo de deporte como telón de fondo, como el billar en El buscavidas (Robert Rossem).

- Soy tu mejor adversario, Gordo, el mejor de todos.

Pero si por algo se ha sentido atraído el séptimo arte son por aquellos ciudadanos anónimos que lograron levantar su propia revolución después de verse noqueado por la vida o el sistema. Derribar a una poderosa firma de abogados sin saber de leyes, para defender a personas sin recursos, fue la hazaña de Erin Brochovich, llevada al celuloide por Steven Sorderberg.

- ¿Qué cómo lo conseguí? Salí ahí fuera e hice favores sexuales. 634 mamadas en cinco días… estoy agotada.

Lo mejor del Sueño Americano es la creencia en los Estados Unidos, en la ideas de libertad, justicia y democracia, presentes en la Constitución Americana, pero es difícil de hablar de democracia cuando los resortes del país por un sistema económico depredador. Este es el mensaje de Michael Moore en Capitalismo: una historia de amor. Su mensaje es incontestable: el capitalismo nos está destrozando, y su envoltorio, entretenido.

Otro caso de superación, fuera de contextos sociales, es el de los enfermos y minusválidos, en cuyas temáticas lo que está en juego es el reconocimiento ante la sociedad (como en el caso de Mi pie izquierdo, basada en la vida del escritor irlandés Christy Brown, quien tenía parálisis cerebral) y volver al estado normal.

- Cruzas el cordón y ya está hecho el nudo.

- ¿Dónde has aprendido a hacer eso?

- Me lo enseñastes tu.

El personaje que interpreta Harrison Ford, en A propósito de Henry, sufría una dura recuperación después de la minusvalía que le produce el disparo de un atracador. Esta temática frecuente en la cinematografía se centra en el reconocimiento de la propia condición que continúa con la superación personal. Por eso, está conquista se suele centrar en el contexto de los veteranos de guerra que vuelven del frente con alguna tara física. Si las dos guerras mundiales dejaron tras de sí reconocibles testimonios en este sentido, con el explícito filme de Johnny cogió su fúsil (Dalton Trumbo), para la primera de estas, y Hombres (Fred Zinneman), para la segunda:

- ¿Qué voy a hacer yo? ¿Volver a la Universidad por una beca de atletismo?

Fue la Guerra de Vietnam la que incidió en este aspecto, con dos visiones diferentes en el cine que podrían servir como ejemplos, por un lado, Nacido el cuatro de julio (Oliver Stone) y Forrest Gump (Robert Zemneckis), que juega con la fantasía.

- Enhorabuena, ¿Qué le gustaría decir a la nación?

- Que tengo que hacer pis.

En esta ocasión, no dejó de ser parte de un mensaje optimista que incita a la tranquilidad y acepta las cosas tal y como son:

- La vida es como una caja de bombones, nunca sabes lo que te va a tocar.

Desde el punto de vista del filme de Oliver Stone, la minusvalía es parte de esa luchador los derechos sociales contra los poderosos.

- Me llamo Ron Kovic, soy veterano del Vietnam, y he venido para decir que esta guerra es un error.

Las películas sobre la superación personal varían sustancialmente según el contexto en que se sitúa. Aunque no pocas veces se encuentran al borde de la autodestrucción, la batalla por salir adelante ha sido muy atractiva a la hora de triunfar en taquilla, por ser algo que el espectador comprende y agradece.

La cámara cinematográfica en el aula.

La cámara cinematográfica en el aula.

Hay muchos directores que se han acercado a la adolescencia, porque todos hemos pasado por ella, pero también por ser la etapa de la vida que marcará tu edad adulta. Desde este punto de vista, el cine siempre ha sentido un interés por quiénes somos y cómo nos hemos ido formando, por la forma de llegar a ser lo que seremos en esa edad fundamental en el que la vida nos pida responsabilidades. Por lo tanto, y en nuestro estilo, repasaremos todos esos maestros y profesores del séptimo arte.

Entre los Pigmaliones más interesantes del celuloide se encuentran algunos engreídos y envidiosos como el profesor de matemáticas Lambeau (S. Skargard, en El indomable Will Hunting), otros con una inspiración creativa, el personaje de Michael Douglas (Grady Tripp) en Jóvenes prodigiosos; autoritarios con una gran personalidad (Kingsfield, John Houseman en Vidas de estudiante), personaje que podría parecerse al doctor House de la Facultad de Derecho. He aquí una de sus perlas: “llame usted a su madre y dígale que es probable que no llegue a ser abogado”. Los hay gafes y disparatados, como Julius Klemp (Jerry Lewis en El profesor chiflado); algunos profesores llevando la rebeldía en la sangre (Dewey Finn, Jack Black en Escuela de rock): “Tenéis que ser sentir el rock en la sangre y en las tripas. ¡Debéis romper las reglas!”. E incluso, también existen los maestrillos que esperan lograr algo más en sus puestos de trabajo, como el Padre Manolo (Daniel Jiménez en La mala educación, Pedro Almodóvar): “Vamos Ignacio, acompáñame a la capilla...”. ¡Picarón!.

En muchas ocasiones se ha acercado a la figura del profesor idealista, empecinado en cambiar el mundo y mejorar las cosas a toda costa. Desde el interpretado por Sidney Poatier (Rebelión en las aulas): “Vuestra obligación es cambiar el mundo si podéis”; a Robin Williams (Sr. Keating) en El club de los poetas muertos (Peter Weir): “Carpe Diem. Aprovechad el momento. Haced que vuestra vida sea extraordinaria”; o Michelle Pfeiffer (Mentes peligrosas): “Cuando vaya a mi tumba iré con la cabeza alta y el espíritu fuerte. ¡Esto es una elección! ¡No hay víctimas en mi clase!”.

En definitiva, todo termina siendo una elección. Ya lo decía el profesor Dumbledore, en Harry Potter y el cáliz de fuego:

- Tendrás que elegir entre hacer lo fácil o hacer lo correcto.

Pero el profesor, deberá lidiar con el líder de la clase que se le enfrenta como un gallo de pelea, mientras que se cuestiona sobre un sistema educativo lleno de interrogantes. (Rebelión en las aulas)

- ¿No sabe que no se permite el castigo corporal o mejor dicho, ninguna clase de castigo?

- ¿Ninguno?

- No.

Por lo que el maestro instruye a sus alumnos con ideas propias que hacen mella en la clase y es entonces cuando el líder se rinde.

- No hay sitio para estos dos en nuestra escuela, esta mañana hemos dado un paso hacia delante y no se puede retroceder. Les guste o no. Ahora voy a llevar a estos dos abajo.

- Creo que nos gustará echarle una mano, señor Tarling.

Semilla de maldad es uno de los principales referentes del cine ambientado en los institutos, que diseñaría un esquema, luego repetido en Rebelión en las aulas y Mentes peligrosa, aunque a mucha distancia del clásico protagonizado por Glenn Ford. Si el mayor reclamo de Rebelión en las aulas era que la historia se desarrollaba en Londres, el profesor era negro (Sidney Poatier) y los alumnos, blancos, el argumento de Mentes peligrosas, se construye con la idea de que la profesora es mujer, junto a una pandilla de adolescentes violentos. Mentes peligrosas seguía el esquema de Semilla de maldad, aunque con una variación: queda patente el fracaso del profesor, no existen superhéroes en la educación y por mucho que se intente evitar, siempre quedaran cadáveres en el camino, alumnos a los que no se les puede redimir.

- Yo sé quien es usted, la blanca tragapastosa que ha estado liando la cabeza de mis niños. Ellos no van a volver a su instituto, y se acabó.

- ¿Usted se lo prohíbe?

- Desde luego que sí, ya sé lo que traían a casa, poesía y poemita, una pérdida de tiempo. Tienen cosas más importantes por las que preocuparse.

Pero para fracaso es el que planteaba años atrás François Trouffaut (en 400 Golpes) que renunciaba a la profunda existencia de un modelo educativo en continua gotera, forjada por una sociedad con muchos palos y mucha sangre derramada en pos de la buena educación. Cine francés con grandes ejemplos dentro de esta temática, como Cero en conducta, de Jean Vigo o Adios, muchachos (Louis Malle).

La ausencia de un modelo es también muy alabado en sistema educativo tan prestigioso como el británico, en donde hay profesores que fracasan por su incapacidad para motivar a sus alumnos en aquello que les entusiasma. Un buen ejemplo de esto es el título de La versión Brouning (Mike Figgins).

- He degradado la llamada más noble que pudiera seguir un hombre, el cuidado y la formación de unos jóvenes. He fracasado miserablemente, y sólo puedo esperar que encuentre en vuestros corazones, en ustedes y en los alumnos que os han precedido, el modo de perdonarme por haber fallado.

También el cine patrio se ha preocupado por mostrarnos esta simbiosis existente en el mundo educativo, entre el profesor y sus alumnos. Un buen ejemplo sería La lengua de las mariposas, con un excelente Fernando Fernán Gómez, aunque eso sí, cada uno lo presenta de un modo distinto, particular:

- El infierno del más allá no existe. El odio, la crueldad, es el infierno. A veces el infierno somos nosotros mismos.

Como hace el cine argentino, con un magnífico Fernando Luppi, interpretando a un profesor en Lugares comunes:

- Despierten en sus alumnos el dolor de la lucidez, sin límites, sin piedad.

El profesor, el aula y el adolescente en el blog. 

Diarios de la calle.

La violencia en el aula: acosado y acosador.

Carpe Diem: Juventud y muerte.

 

 

 

 


Ópera y cine: una amistad peligrosa.

El título y el argumento del reportaje giran en torno a la ópera. Vale, dadnos una oportunidad. Sabemos que no es un comienzo prometedor, un cocktail de ópera y cine, además con nocturnidad y alevosía. Pero si todavía sigues ahí, tal vez os reconozcáis con algunos de estos personajes. El disparatado Groucho Marx, en Una noche en la ópera.

- Y ahora, adelante con la ópera, que la alegría se desborde, que los porteros bailen en el vestíbulo y que todos se  emborrachen en los palcos. Bartolo toca.

O el  siempre genial y sarcástico Woody Allen, en  Misterioso asesinato en Manhattan

- Habíamos acordado que yo aguantaría el partido de hockey y que tu verías toda la ópera.
- No puedo escuchar tanto a Wagner, me dan ganas de invadir Polonia.

                      

Aunque no nos olvidemos que ha habido gente que no vería la ópera ni a tiros y que finalmente no tuvo más remedio que reconocer que el espectáculo les produjo sensaciones indescriptibles. Un ejemplo lo encontramos en el personaje interpretado por Julia Roberts en Pretty Woman.

- ¿Le ha gustado la ópera, querida?
- Por poco me meo de gusto en las bragas.

Nos hemos pasado de frívolos, y eso que estos son algunos de los momentos que tenemos grabados en la memoria, que relacionan la ópera y el cine. Pero debemos ponernos un poco más serios.

- Dios desciende del cielo a la tierra para hacer de la tierra un cielo. ¡Yo soy el amor! ¡Yo soy el amor!

La intención era ponernos un poco más serios, pero no tanto como Tom Hanks en una de las más vibrantes y dramáticas secuencias de Filadelfia, en donde un enfermo de Sida terminal tenía en la ópera su catarsis, y en concreto la Aída, de Verdi, con la voz de la inigualable soprano María Callas, en uno de los momentos más significativos de la soprano. Lástima que no podamos reflejar el dramatismo del actor en palabras, sino que hay que verlo.

El cine y la ópera han tenido una estrecha relación que, a menudo, han mantenido disonancias entre los amantes de ambas disciplinas. El intento de llevar la ópera al celuloide tocaba, por un lado, con el alejamiento de un público del cine muy mayoritario que echaba de menos la proximidad de los actores, y por otra, la dificultad de los cinéfilos para aceptar un ritmo narrativo que le era ajeno. Aún así, hay destacados trabajos como el de Franco Zeffirelli (Carmen) y Francesco Rosi (La Traviata), que intentaron dotar al cine de la grandeza de la ópera, apoyándose en excelentes repartos. Más reciente es la adaptación que hace el director francés Frederic Mitterand de Madame Butterfly, con una cuidada puesta de escena y una elaboración que la hace vencedora de todos los respetos, a pesar de no contar con elementos narrativos cinematográficos. 


La dificultad de versionar óperas en el celuloide es tan notable, que destaca sobre todo el intento de reflejar el autorretrato de las grandes divas, sobresaliendo la exaltación del lujo, la sofisticación y la soberbia que el cine de Fellini realiza de forma magistral en una joya llena de escenas tan estupendas como mágicas. En Y la nave va, el italiano Federico Fellini adapta La Traviata en un magnífico film, con escenas que rozan el absurdo como aquella en la que la aristocracia, con sus trajes de fiesta, bajan a la sala de máquinas del barco para cantarles a los hombres La Donna e mobile. Y a la altura de Fellini, otro título reseñable que mezcla ópera y política es el realizado por Istvan Sazvo, en Cita con Venus.

- Bravo, bravo, pausa para el café, en el ensayo has estado magnífica, magnífica.
 
Sazvo se cuestiona si alguien obsesionado con la creación (el director de la obra) puede romper todos los derechos laborales, o bien visto desde el otro lado, si esos derechos acaban con el arte. Difícil dilema moral es el planteado por el cineasta europeo, pero tanto como el que corrompió la conciencia de Salieri, según cuenta Milos Forman en su oscarizada Amadeus, el biopic de Mozart. Salieri fue capaz de dejar morir a un genio con tal de compartir su gloria, en la noche en la que había estrenado,  La flauta mágica. Cuento masónico, fábula moral y alegoría política con la que casualmente cerramos el reportaje.



 Kenneth Branaght y Stepehn Fry adaptan la famosa ópera de Mozart, de la que han pretendido eliminar toda evidencia masónica. Recordemos que La flauta mágica es la ópera que se recomienda para iniciar a los niños en el llamado arte total, en esa mezcla de poseía, música, pintura y teatro, que este año ha cumplido su cuarto centenario. Es el particular homenaje que el cineasta británico dedica al genial compositor austriaco, abandonando su siempre inspiración shakespirirana. Branagh adapta el libreto original a un tiempo y un escenario tan distantes como la antesala de la Primera Guerra Mundial. Así, el peligroso viaje de Camilo y Papadeno, en busca de amor, se desarrolla entre trincheras y fuego cruzado. Pero, aunque muy poco tienen que ver Mozart y Shakespeare, mucho ha pesado la demostrada capacidad del director para adaptar el texto del dramaturgo inglés a la hora de ser el elegido para realizar La flauta mágica, y en concreto su película Enrique V, en donde también se presentan escenas de combates.

- Amigos míos, una vez más nuestras flechas atravesarán las murallas de nuestros muertos ingleses.

Amadeus. Entre la mediocridad y el talento.

 

Con alma de metal, el androide como personaje cinematográfico.

Con alma de metal, el androide como personaje cinematográfico.

En la unión entre la carne y el metal, el séptimo arte ha encontrado un campo abonado para reflexionar sobre la evolución de la especie humana, sobre la contradicción entre la dureza exterior y la fragilidad interior; en definitiva en cómo el ser humano necesita protegerse para sobrevivir o simplemente para ocultar sus debilidades. Podría entenderse como una sofisticada armadura, una actualización hitech de la tradicional coraza medieval, en la que se produce una fusión entre el hombre y la máquina. El generador que alimenta la armadura es el mismo que mueve el corazón de estos personajes, como aparecían en algunos referentes cinematográficos, como en el mítico hombre de hojalata de El mago de Oz.

- Golpea mi pecho si crees que soy perfecta, anda golpea, ¿quieres? ¡Magnífico!, ¡qué eco! Está vacío, se olvidaron de darme un corazón.

  

 Siguiendo esta idea, algunos robots del celuloide como Robocop o el reciente Iron Man son unos ciborgs en el que la fusión de lo orgánico y lo sintético son reversibles, algo que no sucedía en Terminator y mucho menos en el cine de David Cronemberg, en cuya filmografía esta integración es una mutación, "carne nueva" o una evolución del ser humano a un estadio superior. El fetichismo por el metal del que Shinya Tsukamoto, abanderaba en Tetsuo, apenas tiene eco en esta tendencia del personaje del androide en el séptimo arte, que por una parte hunde sus raíces en la tradición del cruzado, el caballero medieval, tan bien reflejado en El Quijote.

- Venid acá, caballero, que os desnudemos de estos hierros.
- Si nunca fuera caballero de damas tan bien servido, como fuera Don Quijote que de su aldea vino. Doncellas curaban de él, princesas de su rocino - o Rocinante- que es el nombre de mi caballo. Y Don Quijote de la Mancha, que es el mío.
 
La épica medieval ha servido de excusa perfecta para poner de manifiesto la fragilidad de la condición humana, en la que además de un poderoso elemento visual, la armadura es una metáfora de nuestra debilidad como de nuestra cobardía, en muchos casos. Si Welles parodiaba al cruzado, en Campanadas a medianoche, como encarnación del antihéroe embutido en metal que cuestionaba el honor del muerto en el campo de batalla, en otras películas, la armadura es un elemento que ayuda a negar la interpretación, el hieratismo facial que llega a lo corporal. La coraza sirve de escudo para la expresión. Unos actuantes, muñecos, en los que su violencia responde a las formas de representación medieval, como vemos en la película Excalibur (J. Boorman)

- ¿Buscas lo que Arturo desea? Eso que llaman el Grial.
- Sí, en efecto.
- Pues entonces, sígueme.



 La armadura sirvió también como reflejo de la superioridad tecnológica de los conquistadores del nuevo mundo (El Dorado, Carlos Saura) y como representación del choque de universos, el guerrero desnudo de la civilización pura frente al guerrero vestido de la civilización corrupta (El Nuevo Mundo, E. Malick). Trasladando a una tecnología mecánica propia de la robótica estos mismos esquemas, hallaremos una cinematográfica que encuadrada en la ciencia-ficción ha desarrollado en una multitud de ocasiones el androide alienígena más o menos perfeccionado. Aunque careciendo de parte orgánica, existen robots que con programación cumple la máxima de la Tyre Corporation, más humanos que los propios humanos.

- Klaatu, Barada, Nitko.
 
Otro de los androides que no podíamos dejar en el tintero es el mítico Gort, de uno de los clásicos de la ciencia-ficción de los años cincuenta, Ultimatun a la Tierra (Robert Wise), en donde el temor atómico a un holocausto nuclear llevó a que unos curiosos extraterrestres nos visitaran para advertirnos del peligro que tenía la Guerra Fría tanto para nosotros mismos y el Universo. El androide, como personaje cinematográfico, ha expandido su alargada sombra más allá de la mera ciencia-ficción, al cine de Woody Allen, con su característico estilo propio del slapstick, en la disparatada película El dormilón; al carismático Jhonny 5, de Cortocircuito, o el pequeño cabezón con tendencias depresivas de Guía del autoestopista galáctico: "La mejor conversación que tuvo fue hace cuarenta  millones de años y fue con una máquina de café". Personaje que inspiró al comportamiento errático de uno de los personajes más carismáticos de la serie creada por Matt Groning, Futurama, el alcohólico y cleptómano Bender.
 
- Toma ya un robot de verdad o se trata de un disfraz cutre de fin de año.
- ¿Te refieres a mi brillante culo metálico?
- A mí no me parece tan brillante.
- Más que el tuyo, cacho carne.