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Soy leyenda: Clásico de Matheson llevado al cine.

Soy leyenda: Clásico de Matheson llevado al cine.

 Soy Leyenda es la adaptación cinematográfica de una novela, creo que la tercera, del  autor de ciencia-ficción Richard Matheson, que me resultó ciertamente interesante cuando la leí hace unos años. Ahora, Will Smith la protagoniza, ambientada en una Nueva York espectral, a cargo de Francis Lwarence.

 - Nada ha salido como tenía que salir. Había seis mil millones de personas cuando se propagó la infección, soy un superviviente que vive en Nueva York.

Desde siempre la literatura de la ciencia-ficción, nos ha querido prever el mundo del futuro o la realidad en donde existe la amenaza de seres tan imaginarios como terrores más o menos próximos a nuestra cotidianidad, pero con conflictos que reflejan las inquietudes de nuestras almas. Una buena muestra es Soy Leyenda, cuya novela original es un impresionante tratado sobre la soledad, que ahora Will Smith experimentará toda esa angustia en esta superproducción, a cargo del director de Constantine.

 Seguramente tengáis una imagen de un día cualquiera de Manhattam, con la Quinta Avenida. Una calle siempre bulliciosa y atiborrada de adictos a las compras, ejecutivos agresivos y turistas, empeñados en ver algún famoso saliendo de un lujoso escaparate o hacer fotos a cualquier rincón de la que es quizás la acera cinematográfica más famosa del mundo. No hay mejor historia de amor o final feliz hollywoodiense que tenga como escenario la ciudad de la Gran Manzana, decorado del cine por antonomasia. Cuántas veces la habremos vivido junto a Woody Allen o Meg Ryan, paseando por Central Park con música de Cole Porter.  Pero, ¿podéis imaginar esta misma ciudad como un cementerio?. Luce desierta, tomada por arbustos y hierbajos que han roto el asfalto. Un silencio incómodo reina en el ambiente. De repente, vislumbramos la figura solitaria de Smith recortada en el horizonte, con la única compañía de un pastor alemán. Es el último hombre vivo en la Tierra, Robert Neville, el único superviviente de una pandemia que ha asolado la humanidad y cuyo único objetivo es encontrar otros supervivientes.

- Si hay alguien ahí, puedo proporcionar comida, puedo proporcionar refugio y puedo proporcionar seguridad.

                             

 El cambio más evidente con respecto a la novela y las otras dos adaptaciones cinematográficas es la localización de la acción, que pasa de Los Ángeles a Nueva York, para explotar la riqueza visual de la Gran Manzana, pero con un sentido fundamental. Mientras la ciudad de Los Ángeles puede aparecer desierta, según la hora y el día, Nueva York no duerme nunca, siempre tienes la sensación de que nunca se vacía. El contraste acentúa la inmensa soledad a la que tiene que enfrentarse Neville. Pero también es evidente la influencia con el 11-S, pues la trama inicial de la película pueden recordar e incluso recelar sobre el fantasma del atentado en el World Trade Center. En Soy Leyenda, las escenas son muy contundentes: militares y policías coordinando la evacuación de la Gran Manzana, con la imagen de una ciudad bombardeada y en ruinas, lo que no se veía en años. En una espectacular escena, los cazas del ejército intentan aislar y contener el virus destruyendo las vías de comunicaciones de Manhattan, puente de Brooklin incluido. La última vez que lo vimos saltar por los aires fue en Godzilla (Roland Emmerich). En esta ocasión para acercarnos a una historia a medio camino entre Armagedon (Michael Bay) y Náufrago (Robert Zemeckis). A finales de los años cincuenta, el escritor Richard Matheson publicó una novela de ciencia-ficción y terror, destinada a convertirse en un clásico. Su intención era reflejar el tremendo drama del protagonista, en una historia sobre la esperanza y la soledad. Muchas historias, tanto de la pequeña como la gran pantalla, nos han acercado a personajes solos en un mundo hostil o al que no pertenecen. Ya sea desde clásicos de la literatura,  sumamente conocidos en el celuloide, como el Robison Crusoe, de Daniel Defoe, e incluso Los viajes de Gulliver hasta la ciencia-ficción o el thriller. La última mujer sobre la Tierra (Roger Corman), en el primer género citado, o la española Zulo (Carlos Martín Ferrera) son dos ejemplos significativos, antes de que este tipo de argumento se hiciese característico de los Robinson Crusoe en pleno viaje espacial.

                                   

Considerando que la ciencia-ficción está movida por los sucesos que pueden agitar o preocupar al mundo -los sucesos del 11-S lanzaron hondas al género-, en la actualidad aparece abanderando una temática dirigida a plasmar un nuevo desorden mundial, con su pánico, conflicto y paranoia. En este sentido, la lucha por la supervivencia de Soy Leyenda ya sea, mental o física, entre los desechos de un mundo perdido para siempre es sólo superada por el deseo de encontrar una cura a la enfermedad que ha cambiado el rumbo de la humanidad, un contagio vírico de un agente tóxico surgido de la mano del hombre, por lo que se suma al temor del 11-S, el fantasma de la guerra bacteriológica.

- Hemos establecido contacto directo con una colmena, hoy, los análisis de sangre confirman que soy inmune tanto a la propagación por el aire como al contacto.

 La idea del Apocalipsis goza de gran presencia en la literatura como en el cine y arte en general, pero es en el caso del séptimo arte en el que comprende casi un género por méritos propios, desde la narrativa cinematográfica más clásica en títulos como Cuando los mundos chocan (Marcel Carnè) a las experimentales, propias de los falsos documentales como La Jetée (Chris Marker): "Luego, he visto a un hombre morir y la destrucción de París". Por eso, no sorprende que Soy Leyenda haya contado con una versión para cada época de crisis mundial. El último hombre vivo, de los sesenta, era un fiel reflejo del miedo a un holocausto nuclear más que probable, mientras que Omega man (Boris Sagal), en la década de los setenta, un escalofriante resultado de la carrera armamentística de los Estados Unido y la Unión Soviética, en la Guerra Fría.

 - Las instalaciones sanitarias son ya insuficientes ante la catástrofe. Las autoridades de la defensa civil declaran que la situación es similar en el resto del país. La ley marcial se ha implantado en toda la nación. Informan que en ciudades como Nueva York o Los Ángeles, las víctimas de la plaga caen muertas por las calles, por sus casas y lugares de trabajo.

 En cualquier caso, esta última versión tiene mucha más relación con el planteamiento de Omega man que con el propio libro de Matheson. Charlton Heston machote, de pose aguerrida y prepotente era el protagonista en aquella ocasión, icono ya rancio de los setenta, de cuyo estilo tampoco se libraron los vampiros, con gafas de sol, pelo a lo afro y, en general, con un estilo próximo al de los punky.

- Volaremos la historia desde que el triunfo de la maquinaria, en lugar de ayudarnos, nos amenazaba y cuando mueras, habrá desaparecido el último recuerdo del infierno para siempre.

Estas son las cosas en que no se parecen una y otra versión, porque en la puesta de escena y el mensaje de lucha heroica contra un enemigo enfermo, que no quiere ser curado, son prácticamente idénticas.

 - Si estáis organizados, ¿por qué no intentáis hallar la curación?

- No hay curación. Ninguna. No la había antes y no la hay ahora. Pero hemos hallado la salvación y lo soportamos. La única carga insoportable eres tú.

El personaje Robert Neville, de Soy Leyenda, se ve rodeado por un horror casi surrealista, un universo de miedos y temores ancestrales, que toma forma en una de las supersticiones más antiguas de nuestra cultura, la existencia de vampiros. La primera y más fiel de las adaptaciones de Soy Leyenda, "El último hombre sobre la Tierra" (Ubaldo B. Ragona), representaba a los vampiros casi como a zombies, quién sabe si por herencia de La noche de los muertos vivientes (George A. Romero), cinta de unos años antes. En este universo infectado, Vincent Price intenta sobrevivir al ataque de unas criaturas sedientas de sangre, mientras descubre que el sano se convierte en la anormalidad, el monstruo, la amenaza.

- No puedes unirte a nosotros, eres un monstruo para nosotros. Eres una leyenda en la ciudad.

Esta es la esencia perdida en la nueva versión: "No todo está perdido, si encontramos un remedio en una semana o dos, podemos frenar la propagación". La idea central no era la epidemia en sí sino en la posibilidad de renacer, de ahí que el personaje principal -un reputado científico- se obsesionara en buscar la forma de sanar. Una película con aire de blockbuster, con el espíritu y el detallismo de la segunda de las adaptaciones de Matheson. Así, por ejemplo aparece el refugio de Whanginton Square, en donde el personaje de Smith se oculta cada noche, una especie de mansión-fortaleza con todos los lujos que sólo un superviviente postapocalíptico podía permitirse. Por poner unos ejemplos, su salón cuelga un par de cuadros que Neville tomó prestado de los museos de la ciudad, La noche estrellada, de Van Gogh, y El sueño, de Henri Rousseau. Un imponente Rothko adorna el gimnasio y otros tantos recuerdos de todo tipo aparecen desperdigados por la casa. ¡No está mal para un tipo que creció en los suburbios de Filadelfia!

La huella. (Versión de Kenneth Brannagh)

La huella. (Versión de Kenneth Brannagh)

El realizador irlandés, que emergió en el mundo del cine con Enrique V, además de otras muchas adaptaciones de Shakespeare o la reinterpretración al celuloide de la ópera de Mozart, La Flauta mágica, es el encargado de este proyecto que me confirma porqué asisto tan poco a una sala para ver cine actual y, sin embargo, me encierro en mi casa para ver, una y otra vez, estos clásicos, que si no fueran por estos remakes, quedarían a merced del olvido.

Es mejor quedarse con los recuerdos de un buen bar que cierra por traspaso que asistir a su decadencia. Cambia el dueño, la decoración y los parroquianos, pero seguimos sintiendo ese vínculo, invisible y sólido, que un día nos unió al local, hasta que la desidia o cualquier otra cosa, acaba por desterrarnos del todo. Una de las críticas cinematográficas más desconcertantes y habituales es decir que tal película ha envejecido bien, mal o regular. En principio, lo único que mejora con la edad es el vino, todo lo demás, incluido Paul Newman, envejece mal o peor. Las películas se realizan en un contexto temporal determinado, aunque la universalidad de su propuesta pueda superar esa limitación; hasta las obras "adelantadas a su época" acaban devoradas por el monstruoso y voraz paso del tiempo. Mucho de esto sucede con Sletuh, el remake de la clásica La huella dirigida por Kenneth Branagh.

 Querer hacer una reinterpretación de un clásico, más o menos redondo, tiene un sentido, sobre todo si se unen en el proyecto cuatro grandes talentos del cine y el teatro. No sólo nos sirve de contexto para revisar el original, sino para añadir algunas alternativas atractivas a una historia contada hace más de cuarenta años. La nueva versión tiene alicientes interesantes como la presencia de Michael Caine, por cierto, lo mejor de la película, así que el que vaya a ver el filme no pierda la vista de él. Michael Caine es uno de los grandes actores vivos que repite participación en un trabajo deslumbrante por su ironía, sutileza y perversión, y por la facilidad en el que el viejo Maurice Micklewhite, nombre real  de este hijo del Londres proletario, despliega su talento. Pero la nueva versión falla en el humor sutil que se sublima en los muchos diálogos entre Laurence Olivier y M. Caine, en el original.

- ¿Y usted a qué se dedica?
- No lo sabe.
- Soy peluquero, Casa Tindolini.
- ¿No le preocupa que le confundan con una tienda de helados?.

 Hagamos una reflexión de ambas versiones para situarnos adecuadamente.

«La huella», de Joseph Leo Mankievitz tenía un origen teatral, la obra del dramaturgo Anthony Shaffer, quien sería el encargado de adaptar el guión cinematográfico. Milo Tindel, un apuesto peluquero, interpretado por Michael.Caine, llega con su Alfa Romeo a la mansión campestre y muy inglesa de Andrew Wyke, un decadente escritor de éxito a cargo de Laurence Olivier. Personaje obsesionado por los juegos, que llena su casa de muñecos, ingenios mecánicos y autómatas, como si se tratase de un antecedente de Blade Runner (Ridley Scott). la mujer del escritor quiere divorciarse de él y unirse al peluquero, por lo que se produce un duelo dialéctico, en el cual el veterano escritor propone urdir una trama para humillar a su contrincante, a través de una curiosa propuesta:

- Me alegro que hayas adivinado que lo que quiero es que robes esas joyas.

La nueva versión plantea la misma trama, aunque cambian algunos detalles, por ejemplo, el joven Milo Tindel no es un peluquero sino un actor arruinado, por lo que volverá a verse la propuesta anterior, que desencadena el duelo entre ambos personajes, aunque este sea más físico que en la película original.

 - Ahora es cuando te planto cara, saco mi pistola y el juego acaba de empezar.

Los nuevos juguetes de Andrew no son marionetas, sino tecnología, desarrollándose un enfrentamiento mucho más clínico y tecnológico, con un planteamiento posmoderno de la historia.

Comparar La huella de Mankiewizt con el filme del mismo título de Branagh es como comparar el Conde Drácula de Bela Lugosi, con el de George Hamilton. El primero, es una joya, un clásico, el segundo es un divertimento, una elegante forma de entretenimiento. El primer problema de Branagh es su empeño por olvidarse de dirigir y preocuparse por colocar la cámara en ángulos muertos (llegando a extremos de auténtico delirio) y por obsesionarse con las formas y olvidándose del fondo. Otro problema de este proyecto es Jude Law, porque a pesar de esforzarse hasta lo máximo, no está ni de lejos a la altura de su compañero de reparto. Le da la réplica con una cierta dignidad, pero en el tercer acto -que resulta el más forzado-, el actor tiende a la sobreactuación, desequilibrando la balanza del duelo particular entre ambos intérpretes. A la película le faltará garra, pero eso sí, le sobre el talento de Michael Caine. El que mejor ha entendido el combate intelectual que se establece entre amo y esclavo, entre dominado y dominante, siendo Michael Caine quien borda su papel de marido despechado y cruel, midiendo con elegancia insultos y peticiones de afecto, pasando del grito al susurro con gran habilidad.

Sin embargo, no es un remake plastificado, porque Harold Pinter decidió reescribir el guión, reinterpretando la obra de Anthony Shaffer. Le ha quitado 45 minutos a la película de Mankiewicz y su proceso de jibarización ha destacado algunos efectos interesantes: por un lado, la acción-reacción de los personajes es más brusca, está menos justificada pero resulta más depredadora; y por el otro lado, la mano del Premio Noel ha hecho suya la tensión (homo)sexual, que se subyace en el original, convirtiéndolo en una versión tecnófila de El sirviente. Este componente de seducción sexual que aparece en el filme se acerca a una condición psicológica bautizada como celos mórbidos, que surge cuando un marido traicionado, sin ser homosexual intenta seducir al amante de su mujer para, de este modo humillarla.

Pero la película de Sleuth tiene otras muchas lecturas posibles, como por ejemplo, la importancia del guionista Harold Pinter, en quien la seducción a través de la palabra es característica del Premio Nobel. Desde el guión, Pinter, y desde la dirección, Richard Eyre, Diario de una seducción situaba a dos mujeres en el centro de un drama, en la que surgen una amistad interesada y posesiva, pero además un idilio ilícito que deriva en una venganza y un épico cara a cara, entre las dos.

- No lo vas a contar, no se lo vas a decir a nadie.
- Esto no beneficiaría ni a ti ni al chico.

                        la huella
 
«Sleuth» se nutre de esta tradición anclada en el thriller de personajes inquietantes y dosis de misterio, pero también toma distancia respecto a ellas, al mostrarnos un personaje sólido y real, aquejado de males tan contemporáneos como la soledad, el misticismo o una injusticia;  es que con estos supuestos, ya se sabe, alguien lo tiene que pagar. El poder es uno de los atributos de ese fenómeno tan fascinante como demoledor que conocemos como el mal. Puede ser banal o profundo, fruto de un error o la voluntad, y suele coronar, como suprema paradoja, los empeños más nobles del ser humano. Pero no hay duda de que el mal es un fenómeno totalmente cinematográfico. Hace tiempo que nos dimos cuenta de que el mal puede estar en cualquier parte, oculto tras la inocencia de un niño, en un aparato de televisión, en un animal que devora a sus víctimas con la misma voracidad con la que Super Mario engulle raviolis, o en nuestro interior. En esta ocasión, Kenneth Branagh ha planteado una propuesta del mal, de atractiva fascinante y encarnado en un actor magnético: Michael Caine, para llevarnos a un choque frontal entre dos personajes que se desnudan psicológicamente ante la cámara.

El mal encarnado por Michael Caine es juguetón, ambigüo, cortés, y sobre todo divertido: un mal peligrosamente atractivo.

- ¿Sabes que estoy empezando a rendirme a tu encanto?

- Es normal, dime ¿a  qué no te imaginabas que fuera tan inteligente, tan ingenioso?.

- Algo sí.

 

 

Matrix: ¿Qué es lo real?

Matrix: ¿Qué es lo real?

En un futuro indeterminado las máquinas han superado al hombre y le obligan a vivir en Matrix, un programa de realidad virtual, mientras que en la realidad el hombre no sirve más que como “combustible” de las mismas máquinas, cultivándose en grandes campos. En un momento en que la realidad está sometida a debate, la tradicional cinematografía con sus vaqueros e indios, sus piratas, sus dramas y romances, ya no son suficientes. Hace tiempo que la acción dejó de ser el enfrentamiento clásico entre el bueno y el malo. Eso es de los tiempos de Mariacastañas. Ahora lo que priva son las luchas con algunos alicientes, entre los que tienen mayor peso, los tecnológicos, pero también la dialéctica entre lo real y lo virtual, y el enfretamiento entre las dos dimensiones existentes, la de los vivos y muertos. Mucho de todo esto tiene Matrix, que presenta el enfrentamiento clásico maniqueísta pero entre lo palpable y lo imaginario, llevado a la enésima potencia.

Estos desconocidos colaboradores de la Marvel habían ya apuntado maneras como buenos realizadores con Lazos ardientes, un thriller de contenido lésbico, antes de embarcarse en esta película moderna hasta el desmayo que intenta presentar la realidad como un gran invento. Interesante por sus numerosas referencias - que aunque básicas, resultan atractivas -: Alicia en el país de las maravillas, la mitología griega, las películas de Bruce Lee, los comics de la Marvel, el cristianismo, Blade Runner. Y todo esto, junto a una estética cyber-punk y un redescubrimiento musical muy acorde con sus pretensiones: Marilyn Manson, Prodigy, Rob Zombye, Propellerheads,... En realidad, un collage de algunos de los mejores recortes de estos géneros proscritos que hace que Matrix sea un entretenimiento reflexivo. “¿Qué pasaría si lo que vivimos no es realmente lo que vivimos?”.

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Un tema recurrente. 

Aunque nos encontramos ante un sofrito bastante interesante y entretenido acerca de las consecuencias de la robótica, de la era digital y de !la informática, junto a grandes dosis de acción adredalínica y espectaculares efectos especiales, en realidad, el transfondo filosófico que refleja esta saga de Matrix ha sido uno de los temas recurrentes de la literatura y un filón cinematográfico. No vamos a decir que toca un lugar común en la literatura española, pero sí un tema recurrente desde Calderón de la Barca (en La vida es sueño), pasando por Unamuno hasta llegar a autores contemporáneos como Gonzalo Suárez, con sus correspondientes traducciones a la pantalla.

La recreación de la vida de un personaje dentro de un mundo minuciosamente construído y descrito, y sus comprensibles reacciones hacia el demiurgo o el gran hacedor que rige su destino evoca inevitablemente a las peripecias medáticas del actor Jim Carrey, en la estupenda película de Peter Weir El show de Truman.

- Puedes hablar, te escucho.
- ¿Quién eres?
- Soy el creador del programa de televisión que llena de esperanzas y felicidad a millones de personas.

El éxito de Matrix permitió que se produjeran en EEUU decenas de secuelas de la taquillera película de los hermanos Wachowsky. Entre ellas, merecería la pena citar la película Nivel 13, del director Josef Rusnak. Se trata de Matrix revisitado y se quedan anchos. Resulta que la vida es una creación virtual y no somos más que un mal sueño de unos señores del futuro que no paran de dar la lata. El canadiense David Cronenberg, acostumbrado a explorar el mundo interior, dedicó algunas de sus películas a tratar las relaciones que existían entre la ficción y la realidad, sobre todo en el film ExistenZ. Una subjetiva y cambiante percepción de la realidad. Desde Nirvana, El cortador de cespedo Días extraños, a otro de los trabajos del propio director, Videodrome, se plantea en el fondo el mismo tema que el film de los hermanos Wachosky. Los avances de la tecnología permiten replantear aquella metáfora orgánica de una manera casi literal: en el universo virtual de los videojuegos, la realidad, o más bien, la percepción de ella y de nosostros mismos es algo subjetivo, cambiante, sujeto a las reglas de la partida. L!o real no es algo absoluto sino que depende siempre de cómo lo construyamos. Es un tema casi filosófico y que, al fin y al cabo, tiene mucho que ver con el cine, que construye un mundo propio.

Pero también existen referencias a este tema entre algunas producciones patrias. Ya queda muy lejos una especie de precedente del Show de Truman, made in Spain, en donde José Luis López Vázquez era secuestrado y confundido con un peligroso terrorista, a quien le retienen y le torturan, para que todo fuese el entramado de un programa televisivo. La película se llamaba El concurso. Pero más próximo a nosotros está la inquietante segunda obra del director Alejandro Amenábar, Abre los ojos, ubicándose en una zona limítrofe entre el sueño y la realidad.

En otro orden de cosas, encontramos muchos relatos que entremezclan la realidad y la ficción desde el punto de vista de un escritor que se ve superado por la mecánica de sus propias invenciones. En este apartado merece una reivindicación Los pasajeros del tiempo, en donde Nicolas Meyer hacía viajar a través del tiempo y del espacio al mismísimo H.G.Welles para perseguir nada menos que a Jack el Destripador.

- Tú eres el que no pertenece a este tiempo, tú, con tus absurdas teorías de una sociedad perfecta y justa.

A medio camino entre el mundo creado por el autor y el creador mismo, es la película sobre Kafka de Steven Sorderberg, como kafkiana es la atmósfera que inauguraron los hermanos Cohen en el claustrofóbico hotel donde un dramaturgo de nombre Barton Finch condescendía para trabajar para la industria del cine sobreviviendo a duras penas al desaliento de sus propias pesadillas. Y puestos a explorar una mente ajena, habría que recordar la lambicada Cómo ser John Malkovich, dirigida por Spike John, en torno a un viaje aluciante por los vericuetos interiores de un actor encantado de haberse conocido.

Cameron Díaz: “No lo acabo de entender, no existe, no existe, ninguna puerta o agujero que conduzca al cerebro de nadie!”.
John Cusak: “Sí, sí que lo hay. Al cerebro o al alma o a lo !que sea.Yo estuve dentro de John Malkovich mirando hacia fuera”.

Hasta llegar a David Fincher, en películas como Seven o The game, en donde los protagonistas son controlados por organizaciones o personajes desquiciados que manipulan al heroe para llevarnos a un enfrentamiento entre el representante del bien y del mal.

- ¿Para qué es esto? ¿Qué vendéis ustedes?.
- Es un juego.
- ¿Un juego?.
- Específicamente diseñado para cada participante.

Evidentemente el caso de Matrix se presenta original desde el punto de vista formal, pero con una temática llena de precedentes en el celuloide, así como ciertas escenas que recuerdan al cine conspiratorio de los años setenta. En las disciplinas dedicadas a la observación visual, como la cinematografía y la fotografía, el término paralelaje sirve para definir las diferencias que existen entre lo observado por un visor y la imagen que recoge la cámara. Sin detenernos a explicar en qué consiste, lo importante es el resultado pues el ojo humano percibe de lo observado imágenes falseadas. Si damos un sentido metafórico a este efecto, constatamos la diferencia entre el conocimiento del mundo mediante la observación, por una parte, y lo que en verdad son las cosas, por otra, en una sociedad avanzada en la que la ocultación de la información es clave.

Esta idea que se desprende en la película de los hermanos Wachowski sirvió de base a numerosos filmes de acción de la década de los setenta, como por ejemplo, El último testigo de Alan J. Pakula. Películas sobre la conspiración y la paranoia que planteaban una necesidad de encontrar una nueva forma de pensar la posmodernidad como lógica, y para entender, de paso, las tecnologías como instrumentos de mediación entre lo real y lo percibido.En este sentido, Matrix comienza como un thriller en la línea de las cintas de los setenta, encontrando secuencias muy características del cine conspiratorio como la escena en la que el personaje interpretado por Keeanu Reeves (Neo) es sometido a un duro interrogatorio, que termina con una sesión de lavado de cerebro. Desde entonces, la película toma un giro de 180º y se adentra en el terreno de la ciencia-ficción, cuando descubrimos al otro gran personaje de la saga, el de Morfeo (Laurence Fishburne), el líder del grupo conspiratorio que pretende dejar al descubierto el auténtico Matrix y liberar a la humanidad del yugo impuesto por las máquinas. Una especie de Gandalf, un Obi- Guan Kenobi, e incluso un Pigmalion de la era posmoderna.

Y a pesar de que el estilo deja mucho de desear, si no es un referente del llamado cine-verdad, al menos es un correcto ejemplo de cinta de acción, con mucho montaje, explosiones por doquier, gente a porrillo e imágenes quemadas. En definitiva, mucho ruido, pero pocas nueces.

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La guerra de las galaxias. Un hito en la ciencia-ficción.

La guerra de las galaxias. Un hito en la ciencia-ficción.

"La guerra ni es divertida ni tiene encanto, y no hay guerras buenas, salvo excepciones como la Revolución Americana, la II Guerra Mundial y La Guerra de las Galaxias".

Bart (Los Simpson).

Nos encontramos en un instante de la historia del cine en donde la ciencia-ficción cambió sus reglas. Si podías soñarlo, podías verlo y a medida que fue evolucionando la tecnología informática, los directores más ambiciosos dejaron volar su imaginación. Con el país de las maravillas que definiese Spielberg y el cosmos como escenario del cuento de aventuras de Lucas, la ciencia-ficción llegaba al mainstream y nacía el blockbuster moderno. Hay películas que marcaron un hito fundamental en la historia del cine y sin embargo estuvieron a punto de no llevarse a cabo. Esto le sucedió a George Lucas, cuyo proyecto inicial era una versión documental de la guerra de Vietnam - el futuro Apocalipys Now -, aunque debido a la situación política de su país no sería posible una historia que destacara la capacidad de un pequeño grupo para derrotar una superpotencia. De ahí que lo ubicasen en un escenario exótico, para que la idea del Bien y del Mal imperase, entonces, en "una galaxia muy, muy lejana, hace mucho tiempo", donde el grupo de Darth Vader (David Prowse) y el de Obi Wan Kenobi (Alec Guiness) cruzaban sus espadas en el episodio 4 de una serie proyectada en 9 partes. 

Podemos considerar a La guerra de las galaxias como el Big Bang de "la cultura del tuenado", porque George Lucas echó mano de sus influencias y las explotó en pantalla a hipervelocidad, mientras encajaba todo el tinglado de esta estética multireferencial con el tema más clásico del séptimo arte: la eterna lucha entre el Bien y el Mal. Las space-operas, la estética del western, Errolt Flint, el cine japonés de Kurosawa o los mitos artúricos, tenían cabida en esta inmensa saga, como también todo un arsenal de maquetas y miniaturas permitieron que estas películas salieran adelante, hasta la más moderna tecnología.

 En este sentido, los aspectos técnicos son  unos de los principales referentes de Star Warsm, no sólo por ser un anticipo de la era digital, sino sobre todo por la estética. En realidad, el auténtico éxito de George Lucas fue preparar toda una batería de nuevas tecnologías, y de intensos efectos especiales, contando básicamente con rudimentarios sistemas y una caterva de maquetas. Por eso, marcaría un antes y un después en el cine de Hollywood. Y esto llevaría que los modelos a escala, los robots motorizados, las armas, las naves, los rayos láser y la holografía cobraran más importancia que los propios actores de carne y hueso. También se haría un importante trabajo por parte de Ben Burtt, el encargado de dar vida a los múltiples sonidos del film, como por ejemplo, el de los gruñidos del wookiee Chewacca o la entrañable respiración entrecortada del mítico Darth Vader.


La estética de la saga es otro de estos puntos fuertes de La Guerra de las Galaxias: los uniformes de los soldados imperiales, los exóticos seres, los bhantas (los moradores de las arenas), las naves, los decorados. Hay una influencia de Jim Henson en muchas de esas extrañas criaturas que pueblan el universo de Lucas, pero sobre todo se observa el estilo de este genio de las marionetas (Barrio Sésamo, Cristal Oscuro) en el personaje de Yoda, el maestro jedi,  que nació como muñeco, antes de digitalizarse por completo. En esta estética no podemos obviar el carácter bélico de muchas de sus escenas. Como cine de entretenimiento, la saga galáctica contaba con buenas dosis de acción y un gran despliegue de este tipo de secuencias, con algunas batallas en el espacio entre las X-wings (Alas X) y los TIE Fighters (cazas imperiales), que se adelantaron a la era de los videojuegos e hicieron soñar a toda una generación. Pero el mejor combate de la serie tiene lugar en tierra, en la nieve, en el arranque de El imperio contraataca, la segunda de la serie (o la quinta, según se mire). Panorámicas propias del cine bélico, como las de David Lean, en el que vemos un ataque de infantería en toda regla, apoyado en los blindados, esas inmensas vacas mecánicas.  

 Quizás, por ello, Star Wars sea la película más comentada, alabada, plagiada, criticada y parodiada de la era del blockbuster. Podrá gustar más o menos, e incluso nada, eso depende de cada cuál. Pero con independencia de la opinión que cada uno tengamos, de lo que no cabe duda es de su importancia en el cine contemporáneo. La apertura de Dan Perry de la saga, es tan archiconocida e imitada como tantos otros detalles, como su estética, sus armas, sus naves, sus uniformes o los androides. E incluso Drew Struzan, el creador del cartel de Las Guerras de las Galaxias, inició un nuevo rumbo en la cartelería cinematográfica, con un estilo propio muy marcado en numerosos ejemplos contemporáneos: la serie de Indiana Jones, Hook, Harry Potter, e incluso el de Torrente 3. La granja de los Skywalker, el hogar de Luke creado por Lucas entre los interiores y alrededores del hotel Sissi Driss, en Matamta (Túnez) es uno de los escenarios más legendarios de la ciencia-ficción, con esas localizaciones más famosas de Tatooine, como Mos Eisley, que hoy pueden ser visitadas e incluso servir de alojamiento. 

 


 Sin detenernos en el merchandaising o el sistema Dolby de cuatro pistas -inaugurado con Star Wars-, George Lucas recupera el concepto de saga. Estrategia cinematográfica que surge en los años sesenta con las de Tarzán o la serie de James Bond, reincorporando la idea de serial. En El Imperio contraataca aparecía uno de los to be continued más conocidos del cine. Irving Kershner dejaba a Han Solo congelado en carbono, mientras Darth Vader soltaba una de las frases lapidarias de la saga: "Luke, yo soy tu padre". Esta estrategia se conoce con el término "Cliffhanger" (cuya traducción literal sería "quedarse colgado"), aplicada tanto al cine como a la televisión, para dejar al espectador en la estacada y un final abierto que espera cerrarse en la siguiente continuación. 

Ahora la mítica saga de las galaxias ha cumplido más de cuarenta años, sin perder la magia que despertaba el primer Star Wars que surgía en los años setenta - a pesar de que las precuelas han restado algo del lustre de su leyenda-. Cuarenta años, casi el mismo número de guiños que la televisiva serie de Los Simpson ha dedicado a ella. Han aparecido algunos de sus personajes más célebres: Mark Hamill, haciendo de él mismo, encasillado como Luke; R2D2 y C3PO humillados por los Cylones de Galáctica -la producción cinematográfica que más debe a la saga creada por George Lucas-. Ha sonado la música, y les ha sorprendido, con frases memorables como la de Homer: "¡No puedo creer que Darth Vader sea el padre de Luke!". 

Mafia en el cine.

Mafia en el cine.

Se dice que la mafia llega a todas partes y el cine se ha alimentado siempre de sus historias. Familia y lealtad, crimen y negocio son algunos de los conceptos que evocan las películas de gánsters, esos tipos con trajes, sombreros calados, gabardinas y pulcrosos botines que a más de uno le ha quitado el sueño alguna vez. Si bien es verdad que sus orígenes le sitúan fuera de los Estados Unidos, es en este país de las oportunidades en donde el crimen organizado fructificó hasta llegar a las masas, pero no sólo en la realidad, sino que la mafia debe a Hollywood gran parte del esplendor y del sentido épico que se le otorga, dado que desde sus principios el séptimo arte tuvo una especial relación con el sindicato del crimen. El mundo del hampa resulta muy atractivo en la gran pantalla, mientras que detrás de las cámaras las relaciones entre el cine y el crimen organizado se basan en el dinero y en el glamour, algo que en la época de Lucciano, Al Capone y compañía estaban a la orden del día tanto en las estrellas del séptimo arte como en los gánsteres.      

- Claro, ha salido su foto en los periódicos. Es usted el famoso gánster. Bueno, si usted lo dice, no había conocido a nadie de su profesión, señor Capone, usted es alguien bastante emocionante. Perdone, ¿es verdad que siempre va usted armado?.     

Mezclado el mito con la realidad, siempre combiene hablar de la figura del Don que en El padrino, obra maestra del género, se trata con cariño y respeto. Sin embargo el auténtico capo de los Corleone, el salvaje Tito Ina, que mató a los jueces antimafia Falcone y Corselino, no era como Marlon Brandon, ni mucho menos, y ni siquiera en el cine, los padrinos son tan afables y dignos como Don Vito. De ahí, la personalidad agresiva de Capone, la voluntad implacable de Corrado Prizzi (Jack Nicholson, en Honor de los Prizzi, John Huston) o la falta de piedad de Frank Costello, en Infliltrado (Martín Scorsese), pero la lista de violentos mafiosos en el cine es muy larga. Uno de los más interesantes es el de Benjamin Seagel, asesino y mujeriego que era interpretado por Warren Beaty, en la película Bugsy, de Barry Levinson, en donde Seagel era retratado como el violento pistolero que fue.  
 
En este mismo filme, Joe Mantenga daba vida a George Raft, un caso interesante de gánster que terminó en Hollywood. Raft trabajaba de pistolero para una banda en el mismo momento en que Howard Hawks, tras un combate de boxeo, le propuso el papel de Reinaldo en Scarface, una de las películas que inauguraron en el celuloide el retrato de históricos mafiosos. Raft trabajó posteriormente en el cine en cintas como La pasión ciega o Con faldas y a lo loco (Billy Wilder), en la que se cita la Matanza de San Valentín, que tanto conmocionó al Chicago de 1929. Otro caso es el de Frank Sinatra, cuyo abuelo nació en el mismo pueblo siciliano que el conocido mafioso Luchano Luchino, uno de los capos italoamericanos más famosos. De hecho, entre otras cosas se dice que Sinatra servía de correo del Don o que cantó en la misma sala del Casino Flamingo, en donde unos capos pactaban la muerte de Bugsy. Sinatra se convertía, por tanto, en una atracción en Las Vegas, partiendo del Flamingo, que había sido fundado precisamente por Benjamin Seagel, y también pudo trabajar en Hollywood gracias a la mafia. Después de su tortuoso matrimonio con Ava Gadner, se vio apartado de la gran pantalla, pero hizo un beve papel de secundario en De aquí a la eternidad (Otto Preminger), a pesar de la rotunda negativa del productor principal. De ahí que uno de los personajes de El padrino recuerde mucho a esta faceta de Sinatra.        

Sólo fue necesario enseñar la pistola de Jimmy Blue Hais, el colaborador de Luchano, para que el productor concediese los deseos de Sinatra. Curiosamente obtuvo el Oscar por su interpretación y recuperó su popularidad. Sin embargo, son más conocidos los escarceos de Lana Turner con la mafia, sobre todo por su relación con Johnny Spanpanatto, guardaespalda del capo Michy Coen, que fue apuñalado por la espalda por la hija de la actriz. Spanpanatto era uno de los personajes secundarios de L.A. Confidential (Curtis Hanson) en la que se hablaba magníficamente de la mafia, la policía y Hollywood en la época que nos ocupa. Reflejo de un momento de explendor en donde convivían los mafiosos reales con los personajes de ficción, en cintas como El hampa dorada o Los violentos años veinte, clásicos del género.  

- Se dice que en Hollywood se va hacer una película sobre usted.   
- ¡Qué no la hagan, porque les demandaré!. Algo horrible son las películas de gánster, porque cuando los chicos salen de verlas, ¿qué desean ser presidentes, policías, médicos? ¡Nada de eso!, quieren ser alguien que empuñan una pistola y dicen: “¡Arriba las manos!”

Tradición que fue retomada magistralmente por dos especialista de este cine, Scorsese y Coppola, haciendo gala de sus orígenes sicilianos. Entre las producciones de Martin Scorsese hay varios retratos genuinos de la mafia más actual, como Uno de los nuestros o Casino, en donde la idea que se había tenido de la traición se deja un poco de lado a favor de una visión más realista y violenta, encarnada en el personaje interpretado por Joe Pesci.       
     

Esa tradición es la que quiso reflejar Francis Ford Coppolla en su trilogía de El padrino, que aborda todos los tópicos del cine de la mafia, con un carácter épico que reflexiona con la ambigüedad moral entre el bien y el mal, sobre todo al tomar como telón de fondo la mascarada de los que pretenden mover los hilos.         

- Compran a policías y políticos, y los eliminarán. Cierto que controlamos los sindicatos y el juego, pero el asunto de  los narcoticos es el futuro.              

Y si hablamos de Coppola y Scorsese, tenemos que hablar también de la figura de Roger Corman, padrino cinematográfico de ambos, cuya estela en este cine de  violencia se observa en La matanza del día de San Valentín, como director, y Capone, como productor.     

- Basta lo de tú matas a uno de los míos y yo mato a otro de los tuyos, vamos a acabar con todos, y en grupo, y en un mismo lugar.    

Alejándonos de la mafia ítaloamericana, debemos hacer mención a otros clanes que tuvieron que ver en el reparto del negocio. Los silenciosos japoneses, por ejemplo, cuya presencia en el cine de Hollywood es magnífica gracias sobre todo a la presencia de Yakuza, de Sydney Pollack, o los irlandeses, en Muerte entre las flores (hermanos Coen), Camino de Perdición (Sam Mendes) o El clan de los irlandeses son algunos de los ejemplos del cine del hampa más allá de las propias fronteras de la mafia italiana. Sobre todo cuando en el cine como en la realidad, la historia se repite. Se repiten los tópicos que configuran un género, sobre todo cuando en el cine de la mafia hay algunos que no fallan.      

La última imagen que tenemos de la mafia viene representada por Robert de Niro, cuyo papel de ganster le vendría desde que interpretó al joven Vito Corleone de El padrino II, papel por el que ganó el Oscar, a pesar de sus ocho palabras. Luego, vendrían el de Noodles, de Érase una vez Ámerica (donde abandonaba la habitual étnica italoamericana para encarnar a un ganster judío), el excesivo Al Capone de Los intocables de Elliott Ness y sus dos últimas creaciones para Scorsese: el goodfella de Uno de los nuestros y el gerente de Casino. Hasta cuando hace de hombre bueno y gris, como en La chica del gánster, en su debut en la dirección, Una historia del Bronx, e incluso en clave de comedia, Una terapia peligrosa (Harold Ramis), no deja de relacionarse con la mafia. Esta larga serie de personajes adquiere todo el peso de una tradición que el actor trae consigo, por eso resulta creíble que este gánster cincuentón, que es Paul Viti, sufra un ataque de ansiedad y decida pedir ayuda a un especialista. Es un espectáculo descacharrante ver a Robert de Niro burlarse del personaje que más ha interpretado, pasado por el filtro de Martin Scorsese, Francis Ford Coppola, Brian de Palma y Sergio Leone. Como si un buen día, Vito Corleone se sintiera carne de diván y tuviera ganas de llorar, con simpáticos gags que homenajena a El padrino y con diálogos y ondas argumentales que huelen a Woody Allen, pero también con unos secundarios propios del cine de la mafia, como Chazz Palmentieri y Joseph Viterrelli. Con la cara de este último actor es imposible no imaginar un cometido diferente a su frecuentado ganster, desde Balas sobre Brodway a Mickey Blue Eyes, pasando por Una historia del Bronx, un guardaespalda tierno e implacable, con algunas interpretaciones memorables.