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Moscow zero: Cero patatero.

Moscow zero: Cero patatero.

Una rareza del celuloide, titulada Moscow Zero, que partía de una idea interesante pero que quedó totalmente desbancada por el camino. Lo dirije Luna, el alias con el que se conoce a la cineasta española María Lidón, autora de ese romántico y sensible título Yo, puta.  Filme que nos sirve para recordar a uno de los más controvertidos personajes del séptimo arte, tan insólito como polémico de los que pululan a sus anchas por el celuloide, el polifacético actor, director, motorista, músico, modelo y fotógrafo, si nos referimos a su currículo, o narcisista, ególatra y homófobo, entre otras perlas, si lo hacemos a su personalidad, el norteamericano Vincent Gallo.

- Nuestras leyendas cuentan que estos subterráneos son la antesala del Infierno. Es la verdad, porque eso tiene poco de mito.

 Asegura la publicidad de Moscow Zero que las puertas del Infierno han sido abiertas y después de ver la película no nos queda duda alguna al respecto, porque su directora María Lidón, Luna, debía estar en cuarto menguante cuando concibió semejante engendro. Con vocación de película de terror, pretende narrar la investigación de un antropólogo en el laberíntico subsuelo de la capital rusa. Pero la verdad, es que como película no serviría ni como reportaje de un programa de Cuarto milenio. 

 A los pocos minutos, la mínima historia se desperdiga a los cuatro vientos y la atención del espectador se pierde; se pierde como el personaje al que intentan encontrar. La acción está divida en dos historias, la de Owen  (Vincent Gallo) y sus compañeros, y la de Spassky, a quien buscan los primeros. Entre tanto, se suma algunas escenas de "niña misteriosa corriendo". Así, los túneles subterráneos se convierten en un laberinto para el espectador, que no sabe ni el quién, ni el dónde, ni el porqué la niña sale siempre corriendo o si van a llegar a alguna parte. Un caos que sólo produce, en el mejor de los casos, carcajadas por lo rídiculo de lo que se está viendo.

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La película demuestra una torpeza e ingenuidad narrativa, junto a la carencia de elementos cinematográficos destacados, tanto visuales como interpretativos, así como un pésimo montaje. Sorprende la participación de un veteranísimo director de fotografía como Ricardo Aronovich, quién trabajase con Alain Resnai o Costa-Gavras (Missing), demostrando que en este oficio también existen las facturas que pagar. Lo mejor es su duración, unos escasos 90 minutos, pero la buena noticia es que Luna se ha limitado a estar detrás de la cámara, ahorrándonos con ello la vergüenza ajena y el sonrojo generalizado que provocaba su participación, como actriz, en Stranded (Naufragos) la película que más se ha acercado a la genial 2001 (Kubrick) por una producción española, a pesar de ser un completo fracaso.

- El río es la frontera que hay entre su mundo y el nuestro. Es lo único que puede controlar a los demonios.

- Y a los vampiros y a los hombres lobos, cielo.
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Qué Moscow Zero tenga entre su reparto a actores como Vincent Gallo no debería sorprender por los antecedentes que conocemos, junto a la directora que se conoce como Luna (participando en la citada Stranded) y porque vendería a su madre, si fuera legal, si le permitiese acrecentar su ego; pero que intervengan otros, como Vall Kilmer o Joaquim de Almeida demuestra varias cosas, primero que el Planeta Hollywood está lleno de mercenarios; segundo, que las arcas autonómicas subvencionan con muy poco criterio; y tercero, que María Lidón está capacitada para la producción pero no para la dirección. 

 La participación de Vincent Gallo tiene una explicación muy obvia, no hay que ser un superdotado para darse cuenta de que Gallo es capaz de interpretar lo que sea, mientras le paguen. En esta película, su personaje tiene un cierto peso teniendo en cuenta que es uno de los protagonistas, pero llama la atención  ver a Val Kilmer en el cartel de la película, con un par de apariciones y unas breves líneas de guión, leídas con la misma emoción con la que se pide churros con chocolate. Desde aquí, tan sólo se recomendaría revisar, al menos en parte, la carrera de este actor, así como conocer la webb de Vincent Gallo. Quizás con el merchandaising conseguimos financiarle una nueva película.

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Conociendo a Vincent Gallo: un outlander del séptimo arte.

The official website for Vincent Gallo by Vincent Gallo.

Conociendo a Vincent Gallo: un outlander del séptimo arte.

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Actor, director y músico, el norteamericano Vincent Gallo cuenta con una vida y una carrera cinematográfica que no tienen desperdicio. Destaca The Brown Bunny, presentada en el Festival de Cannes. Pero su segundo largometraje de Gallo fue considerado por muchos como la peor película jamás proyectada en el festival francés, mientras que para otros este calificativo tan sólo escondía la airada respuesta de una moral obtusa y retrógrada que no soportó la felatio sin truco que la actriz Chöle Sevigny (secundaria en la genial Zodiac) hacía a Vicent Gallo, coronando así la película. Como Tarantino o Michael Moore, Vincent fue recibido con una fuerte polémica en torno al Festival de Cannes. Es cierto que el actor y director Gallo es un ególatra, por eso Cannes debía ser su hábitat natural; es más, Vicent Gallo es el ególatra más sincero de los que han pasado no sólo por el celuloide sino por un Festival de cine, en los últimos años.  Por eso, The Brown Bunny se puede considerar como un autorretrato, un ejercicio propio lleno de onanismo, tan bello como sincero, tan libre como denostado por aquellos que no ven el cine más allá de Clint Eastwood, como hacía quince años ocurría con Ciundadano Kane de Orson Welles. The Brown Bunny es un retrato, con paisaje al fondo, de un hombre destrozado por la culpa y el recuerdo, una búsqueda existencial en forma de huída a ninguna parte.

De este modo, se ha creado su leyenda de director maldito, que vio su estreno tan sólo en las salas X en Estados Unidos, y su DVD sólo fue editado en Japón y Norteamérica. Así que los que quisieran ver la película, no deben perder el tiempo buscándola en Videoclubs y centros comerciales, sino ir directamente a Internet, a su página webb. Así, el que entre en ella encontrará, entre otras cosas, que la preciosa Honda que el propio Gallo pilotaba al comienzo de The Brown Bunny, se encuentra a la venta, al igual que su mono de cuero y otras peculiaridades, como su propio semen, por la friolera de un millón de dólares, cada inseminación. Pero si para unos es una broma, como estrategia de publicidad, para otros, es una barbaridad intolerable. Con esta guisa, Vicent Gallo se ha convertido en un ser detestable que ha conseguido tantos enemigos como Bin Landen y Bush, juntos. Pero Gallo ha creado una leyenda a su alrededor, teniendo como principal baza su propio miembro.

- ¿Qué estás mirando?

- Nada.

- Pues deja de mirarme los pantalones con cara de imbécil.

- Relájate.

- No me digas que me relaje, coño, y deja de mirarme los pantalones.

- Es que es enorme.

- ¿Qué has dicho? ¿Qué me has dicho, maricón? ¡Fuera del lavabo, sal del puto lavabo!

El falo de Vincent es el fundamento principal de su leyenda y las especulaciones que se estaban haciendo sobre su tamaño fueron alentadas por él mismo en su primer largometraje como director, Buffalo 66, aunque fue en The Brown Bunny en donde lo presentó como un valor indie de la virilidad. Pretendió llegar al sexo explícito como un aspecto artístico, más próximo a Andy Wharhol, en Blow Job, que a Garganta Profunda, clásico del cine porno de los setenta en donde se tenía como tema central una felación. Pero en la película de Gallo, se separan los límites del cine de autor y de la pornografía, y sobre todo saca partido de su miembro, mejor incluso que el porno-star español Nacho Vidal, incluyéndolo en sus películas de ¿manera inteligente?.

- ¿No puedes quedarte aquí dentro sólo y masturbarte, una y otra vez, hasta morir deshidratado?

- Yo no quiero masturbarme.

- Y cuando llegue la misión de rescate encontrar así: ¡Ahh! E incluso pueden que te erijan una estatua de la erección, en ese mismo lugar. ¡Ahhh!

Cuenta la leyenda que en pleno rodaje de Stranted, desquiciante opera prima de Luna, María Lidón, el autor demostró su hombría a diestro y siniestro, regalando su virilidad a cata y aprueba como si de un vendedor ambulante de nabos y lechuguinos se tratase. Pero además de ser actor y director, es uno de los mayores coleccionistas de un tipo de guitarra eléctrica conocida como “ricken-baker” y músico, con un destacado último trabajo When, editado por la prestigiosa firma británica, de nombre Ward. Los orígenes musicales de Vicent Gallo se remontan a los años setenta, militando en algunas bandas importantes, coincidiendo en una de ellas con Jean Michel Bastian, e incluso compone la música de sus propias películas. Oyendo sus trabajos musicales sorprende que Gallo sea un tipo detestable. Más bien parece que mantiene la estrategia de la mofeta, es decir, ocultar sus debilidades atacando, o expresar lo que piensan sin calcular la repercusión de sus palabras o actos.

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En su opera prima, Buffalo 66, participaba como protagonista la actriz que había pasado de niña gótica a ninfómana redomada, Christina Ricci. La película es un regreso seudo-autobiográfico al hogar, con una gran sinceridad que levantó ampollas en la ultra-mitificada imagen de la familia norteamericana, pero es también el retrato de un fracasado neurótico y depresivo, de un hombre que no es capaz de recuperarse de sus traumas, lo cual enlaza con su The Brown Bunny y la sensibilidad dolida de su personaje principal, interpretado por el propio Gallo. En ambas películas encontramos otro de los elementos que el mismo fomentó dentro de su leyenda: el mismo. Las cintas se llenan de momentos en lo que Gallo fomentó su egolatría con primeros planos de rostro que fue bien explotada en el celuloide, en la que posa como un modelo profesional, quizás recordando aquellos días en los que trabajaba para H&M. Pero Vincent Gallo también habría intentado otras facetas, como fotógrafo, pintor e incluso motorista o bailarín de brake dance. Aunque su faceta más conocida sea la de actor, pasando de series televisivas de los setenta a cameos, pequeñas apariciones en algunas grandes películas, como Uno de los nuestros, de Martín Scorsese, hasta que dio el paso a la gran pantalla con otro cineasta con vocación de músico, Emir Custurica, quien en su filme Arizona Dream le reservó uno de los papeles principales, aunque parece que siempre repitiendo el mismo esquema de personaje.

- Podemos hacer el amor, pero no me toques la cara y el pelo.

- ¿Qué? ¿Todos los actores sois así?

Pronto llegaría a Hollywood, participando en la interesante película La casa de los espíritus, con un pequeño papel que sin embargo le ofreció la oportunidad para que Abel Ferrara, uno de los especialistas del cine de terror y fantástico, se interesara por él para uno de sus mejores trabajos, El Funeral. Aunque no supo mantenerse en la liza y con la misma facilidad, quedó relegado como actor de segunda fila, lo que le forzaba a elegir papeles de secundario o de protagonista en películas independientes, de bajos presupuestos y bastante mediocres. Uno de los personajes que debía interpretar con más asiduidad era el de atracador de medio pelo, rodeado en una pandilla de inútiles, como por ejemplo en Últimas consecuencias, de Kiefer Shutherland.

- ¿Tenéis suelto para el parquímetro?

- No.

- ¿Y los veinticinco centavos que tenías?

- De eso nada, esa moneda es especial.

- ¿Qué tiene de especial?

- No lo entenderías.

- ¿Qué quieres decir, que mi inteligencia no da para tanto?

Aborrecido en los Estados Unidos, pero convertido en un actor de culto en el Viejo continente y el país del Sol Naciente, sobre todo por Buffalo 66, ahora multiplica sus colaboraciones con realizadores europeos, entre los que destaca Claire Dennis, en la película Trouble Every day. Y todo lo contrario de esta colaboración o con la de Kaurismaki, resulta ser sus participaciones en los filmes de María Lidón, cuyos trabajos –como el de Stranded o Moscow Zero- son al cine lo que serían unos pepitos de ternera a la alta cocina.

- Me pedisteis los datos y estas son las frías ecuaciones. La nave no puede mantener a los cinco con vida durante mucho tiempo.

- ¿Cuántos podrán sobrevivir?

Que la carrera de Vincent Gallo ha tocado fondo ya se sabe. Desde aquí, tan sólo se recomendaría conocer la webb de Vincent Gallo. Quizás con el merchandaising conseguimos financiarle una nueva película, y sobre todo, aguarle la fiesta a los ortodoxos de mente estrecha y acérrimos seguidores de Clint Eastwood.

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Sin Perdón: aniversario de un western crepuscular.

Sin Perdón: aniversario de un western crepuscular.

Sin Perdón (Unforgiven, 1992) fue la película que marcó a todos aquellos que aún todavían le tildaban de actor facistoide, revelándose como el gran cineasta que hoy crea tantos apegos, precisamente entre aquellos que entonces le criticaban. Cosas que pasan. Y lo más curioso de todo fue que Eastwood lo hizo con los mismos aspectos  que había conocido hasta entonces; de hecho, no es casual que apareciese en los créditos: "Dedicated to Sergio and Don". 

Su Sin Perdón sería el gran colofón de un género visitado como actor y director, siendo el western el que marcó sus inicios y su carrera posterior. Sergio Leone lo puso al frente de la llamada Trilogía del dólar, definiendo al personaje que fuera a acompañar a Eastwood el resto de su filmografía: introvertido, solitario y violento. Personajes lacónicos hasta el paroxismo y una puesta de escena que le acompañaba al mismo ritmo. Ese Hombre sin nombre de Por un puñado de dólares, La muerte tenía un precio y El bueno, el malo y el feo, sería el anticipo de todos esos Josey Wales, Jim Duncan o Will Munny, pero también de su personaje Harry Callahan. La larga influencia de Sergio Leone y de Don Siegel aparece en la película,  pero no es la única. Eastwood quiso hermanar el estilo del western moderno con el clasicismo de los grandes del género (Ford). En un impresionante plano, vemos el cielo rojizo del atardecer con la figura recortada de William Munny (el propio Clint Eastwood), ante la tumba de su mujer fallecida, Claudia. Momento enfatizado por un brillante tema musical, compuesto por el propio Eastwood. 

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Eso sí, compartiendo géneros, sus personajes han ido repitiendo gestos y caracteres hasta llegar a definirlos, desembocando en una repetición de una misma historia finalmente dramática y violenta.

 - Usted mató a Charlie Peppers, ¿verdad? Y también mató a William Hardy y robó un tren en Missuri.

- Un momento… Anda, hijo, ve separando a esos cerdos.

El peso de la conciencia y del pasado, la venganza y la violencia han sido temas repetidos en la filmogracía del cineasta. Todos los personajes, de una forma u otra, están marcados por la violencia e incluso su puesta de escena, su estilo, está definido por ella. Uno de los aspectos más interesantes de Sin perdón, -que comparte con sus anteriores westerns como director (El fuera de la ley, El jinete pálido e Infierno de cobardes)- son las atmósferas, si no sobrenaturales, sí recargadas. Una puesta de escena en la que recupera una luz tenebrosa junto a los paisajes naturales, apostando por un significado dramático: por una parte, la ilumación de los  bosques, las ciudades cubiertas de barro y por otro, las escenas a oscuras, bien en interiores como en exteriores nocturnos debilmente ilumandos por hogueras, en las cuales los personajes dan riendas sueltas a sus sentimientos más turbios:

- He matado a mujeres y niños, he matado a cualquier cosa que se moviera y tuviera vida y hoy he venido a matarle a usted, por lo que ha hecho.

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 Recientemente leí una entrevista en la que le preguntaban a Eastwood sobre aquella obra maestra que es Mistic River. Entonces, le criticaron el exceso de "oscuridad" de la película; el director se justificó en su momento con lo siguiente: "Cuando ves a Velázquez y lo que hizo durante sus años más oscuros, tiendes a preguntarte por qué hizo eso. Pero estoy seguro de que él no llegó y se dijo “voy a empezar a pintar de forma oscura, voy a iniciar una etapa oscura en mi carrera”. Tan sólo lo hizo". Esto mismo vemos en Sin Perdon (y otras tantísimas películas suyas). Sus personajes ya no representa al héroe americano, sino una ambigüedad moral, sumidos en problemas de conciencia y con una búsqueda incansable de la justicia.

- Dime, ¿qué han hecho esos tipos? ¿Robar reses, matar a alguien?

-No, cortaron a una mujer.

- ¿Qué?

- Le marcaron la cara, le cortaron la oreja, le cortaron las tetas, todo salvo el coño, supongo.

También Sin perdón ha aportado al género una herencia que se ha hecho notar en la mayoría de los títulos, rodados desde entonces. Un subgénero que surge a raíz del claroscuro de este western crepuscular. Por cierto, entre las influencias se encuentra el proyecto del remake japonés, con Ken Watanabe, como protagonista, que ahora mismo se está rodando. 

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Mi nombre es Bogart: Homenaje a uno de los más grandes actores del cine.

Mi nombre es Bogart: Homenaje a uno de los más grandes actores del cine.

Casablanca fue considerada en su época de serie B y de hecho, está plagada de errores técnicos (nunca se respeta la posición de las manos en los cambios de plano, ni el tamaño de las sombras); fisuras en el guión, con algunas situaciones incomprensibles (la llegada del jefe nazi, sin que nadie le acompañe, en la última escena, sabiendo que le podían matar). Fallos de diversa naturaleza (por ejemplo, que tras un aguacero, Rick entre en el café con la gabardina totalmente seca) y llena de excesos, con diálogos lapidarios y poco creíbles: "¿Son cañones o los latidos de mi corazón?". La mitificación de Casablanca no se debe tanto a sus cualidades cinematográficos sino por el hecho de ser todo un icono. Una huella apoyada sobre el fenómeno Bogart.

De todos los momentos de la película, quizás sea su final el más mitificado e imitado tantas otras veces.

- Lui, esto parece ser el origen de una gran amistad.

                       

Pero de sus grandes personajes quisiera destacar sus colaboraciones con John Huston, interpretando al héroe cínico y fatalista. El cineasta supo sacar de sus adaptaciones literarias, el espíritu del derrotado. Sus personajes están a la deriva, sin comprensión, y sus vidas parecen apocadas al fracaso casi desde el comienzo.

 El ambiente de fatalidad en que se mueven sus historias tiene un punto en común, la ambición. Es el deseo, siempre frustrado, por la búsqueda de dinero, alguna joya, venganza o un legendario tesoro en forma de halcón, “del material del que están hechos los sueños”.  

- Tendrá suerte si te echan cadena perpetua, eso significaría para toda la vida. Te estaré esperando. Si te ahorcan, te recordaré siempre. 

                                

Ese ambiente de fatalidad de estos personajes ya estaban presentes en sus trabajos como guionista, anticipo de su gran Sam Spade cómo ese héroe romántico y fatalista. Sirva como ejemplo, esa obra maestra a cargo de Raoul Walsh que fue El último refugio, con un Humphrey Bogart anterior a El Halcón maltés. Pero su estilo lo definió, como nadie, en sus películas como director: El tesoro de Sierra Madre

- Vaya broma nos ha gastado Dios, la naturaleza, el destino o como quiera llamarlo.

Otro de los grandes personajes de Bogart, a los órdenes de John Huston, fue el de Charles Alnutt, el canadiense que transportaba mercancías en su viejo barco llamado The African Queen. Una interpretación por la que el actor ganó su único Oscar, para una película llena de curiosidades que luego plasmaría en imágenes, de forma apócrifa, Clint Eastwood en Cazador blanco, corazón negro. 

                          

El Capital: Costa-Gavras analiza una de las lacras del sistema financiero.

El Capital: Costa-Gavras analiza una de las lacras del sistema financiero.

Pocos cineastas se pueden tomar tan en serio hasta tal punto que de sus películas se haga una reflexión de la actualidad; hablamos de Costa-Gavras, a pesar de que usa el thriller como transfondo de la situación económica actual. En este sentido, vuelve a retomar el tema de Arcadia. En El Capital, el protagonista es una especie de Robin Hood, a la inversa: "¡Seguiremos robando a los pobres para dárselo a los ricos!".

El capital y uno de sus films anteriores, Arcadia, podrían ser la cara y la cruz de una misma moneda. Si en la anterior seguíamos la pista de un ejecutivo de una gran empresa, despedido tras una reducción de personal; en esta película nos centramos en ese grupo de personas que se enriquecen a costa de unas "reestructuraciones", el eufemismo empleado para el "fin de contrato". La película sigue a Marc Tourneuilleire (interpretado por Gad Elmaleh) quién preside uno de los mayores bancos europeos, convirtiéndose en un hombre de paja, pero con una ambición desmedida. Un personaje que se suma al selecto club de los "villanos" financieros que ha dado el cine: Gordon Gecko de Wall Street (Oliver Stone), Potter (Qué bello es vivir, Frank Capra), etc. Unos tiburones de las finanzas, sin escrúpulos, dispuestos a todo con el fin de hacer engordar sus carteras hasta el infinito, mientras disfrutan de los lujos de una privilegiada situación: sexo, poder y dinero.                 

                          El Capital Festival de San Sebastián

 No es causualidad el título de dicha película. "El capital", film de Costa-Gavras, parte de la novela del economista francés Stephane Osmont, con el que guarda no pocos puntos en común con la célebre obra del pensador alemán Karl Marx, padre del socialismo marxista. El capitalismo no sólo se centra en las mercancías, bienes y servicios, también se apodera del alma humana. En su obra "El Capital", Marx llegaba a decir: "El capital es trabajo muerto que solo revive como los vampiros, chupando trabajo vivo, y vive tanto más cuanto más trabajo vivo chupe".

-Tu banco tiene beneficios y ¿tú despides a la gente? ¿Cómo llevas eso?

Stéphane Osmont, -llamado en realidad, Stéphane Dottelonde-, es un antiguo alto funcionario del Ministerio de Economía; es decir, sabe de lo que habla. Pero la película de Costa-Gavras también recuerda al pensamiento de uno de los mayores economistas norteamerinacos, David Korten: "Los mecanismos empleados por el capitalismo financiero para hacer dinero a partir del dinero, permiten que aquellos que tienen dinero incremetarlo en contra de la riqueza real de la sociedad sin contribuir a su producción".

-Con siete mil despidos las acciones se multiplicarían entre un 12 y 18%, con diez mil, entre un 22 y un 36%, y los accionistas estarían satisfechos. Esta reunión es para fijar mi parte de prima. Digamos que mi prima por despido.

-El banco se estaba hundiendo, teníamos que salvarlo. Había que despedir a gente para salvar miles

-No me fastidies, Marc, llevo mucho tiempo viéndolo, sangráis a la gente tres veces. Una, la bolsa quiere sangre, le localizais y hay gente que va a la calle. Dos, los sangráis como clientes. Tres, con la deuda en Europa, sangráis a los paises y por tanto, al ciudadano. Y como el trabajos, el cliente y el ciudadano son los mismos, los jodéis tres veces.

Sin embargo, se verá presionado por el reprensetante de los accionistas norteamericanos del banco Dittmar Rigule (interpretado por Gabriel Byrne), cuando accede a estafar a sus propios accionistas, a través de la compra de un banco japonés en bancarrota. Lo que arruinaría el valor del Fenix, lo que permitiría que los norteamericanos compranran la entidad bancaria a un precio de saldo.

-Las gente cree que el dinero es una herramienta, pero el dinero es el alma.

-En Europa no tenemos esa mentalidad.

-Las mentalidades cambian, Marc.

De los personajes que aparecen por la película, quisiera destacar a los ricos norteamericanos que concretan sus reuniones en yates de lujo, junto a mansiones con un cierto gusto hortera (esculturas clásicas en el jardín, como la Victoria Nikè griega); top models, en la línea de Kate Moss, muy delgadas y adictas a las drogas; y los accionistas del banco, bufando como lobos, movidos por la codicia.

-A veces es injusta y un poco cruel, cierto, pero es un juego.

-Y la gente que pierde su empleo y su vida, para enriqueceros, ¿también juegan?

El Capital 1

El Capital 2

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-En agradecimiento a su inquebrantable fidelidad a sus quince años con nosotros.

-En su "agradecimiento", me echaron a la calle, junto a otros 600 empleados. Reducción de plantilla ante la reestructuración.

Basada en la novela homónimna de Donald Westlaker, responde a las claves políticas de un cineasta pro-marxista, autor de films célebres como Estado de Sitio o Missing, más próxima a sus últimas películas, en donde sobresale el problema del desempleo y una crítica hacia nuestro sistema económico, como telón de fondo. Costa-Gavras reflexiona con Le couperet (conocida como Arcadia en España) sobre uno de los males cotidianos, contado en clave de cine negro. Bruno, el protagonista de esta historia, es un ejecutivo de una importante empresa papelera que es despedido tras de un proceso que nosotros conocemos como Ere (Expediente de Regulación de Empleo). En un mundo dominado por los recursos humanos, inquietan los diferentes eufemismos ocultos tras la denomianda "cuestión humana", tal y como lo plantea la película. En el film de Costa-Gavras, la "reestructuración" es el eufemismo usado para el "fin de contrato" de este personaje.

-Usted, Bruno, no me precupa, con su experiencia encontrará trabajo, es pan comido.

-Dos años y medio después seguía sin trabajo.

Al principicio acepta con un buen tono esta decisión dando por hecho que encontraría trabajo, pues cuenta con una suficiente experiencia y todavía era joven. Pero tras un tiempo, Bruno empieza a inquietarse, al darse cuenta que podría convertirse en un parado crónico y hacer peligrar el nivel de vida que gozaba su familia.

-Es una catástrofe, tendré que volver a empezar.

Una esperanza aparece de pronto, cuando Arcadia -la empresa que da título a la película- le selecciona entre un reducido número de candidatos para cubrir una vacante. La desesperación es lo que explica una decisión algo extrema, conocer a los candidatos y eliminar la competencia. "En estos momentos deseaba tener una luger".

-Puse un anuncio en inglés, francés y alemán. Disfruté como nunca leyendo los secretos de mis competidodores. Más de la mitad declaraban estar al servicio de unos accionistas, no se daban cuenta que esos mismos accionistas son el enemigo. Y todo para saciar un poco a la bestia voraz que siempre estaba con la boca abierta.

Interpreta al personaje de Bruno un actor francés, José García, -eso sí, de origen español, como descubrimos en su nombre-. Con este, Costa Gavras, repite el modelo empleado en Missing, al tratarse de un actor con una sólida carrera en la comedia como sucedía con Jack Lemmon, en el papel del padre dispuesto a todo por encontrar a su hijo en plena dictadura de Pinochet.

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Fin: Cine de reencuentros con aires apocalípticos.

Fin: Cine de reencuentros con aires apocalípticos.

Unos viejos amigos se enfrentan a la desaparición del resto de la humanidad y a las imposturas de su dinámica de grupo. El taquillero subgénero del Apocalipsis llega al cine español de la mano Jorge Torregrosa con Fin, pelicula que adapta la novela homónima de David Monteagudo.

A pesar de ser una propuesta rompedora y original en nuestro cine, como era Eva (Kike Maillo) e incluso Invasor (película vista en Sitges y que contaba como trasfondo la Guerra de Irak), también cuenta con los puntos flacos de nuestra cinematografía, por ejemplo, contar con pocos atrevimientos formales y argumentales. Sobre todo porque el Apocalipsis es como ese personaje del que hablan todos en la película pero no está; porque lo realmente importante es la relación que hay entre ellos, y ésta se encuentra con todos los clichés vistos en el cine.

- Falta algo, no sé qué.

-¿Un poco de vergüenza?

Un grupo de amigos se reune después de muchos años sin guardar contacto y en el aire se respiran las rencillas y tensiones tanto tiempo en letargo. Sólo una de las invitadas no conoce nada del pasado de ellos, una misteriosa acompañante de Daniel Grau, al que interpreta Clara Lago. "El personaje de Eva -nos comenta la actriz- es un poco la mirada del espectador, porque es la que no conoce a nadie, no sabe lo que ha pasado con este peculiar grupo de amigos".

-Oye, ¿y Ángel?

-No ha llegado todavía, pero está de camino.

Ángel es el personaje ausente, un antiguo amigo que llegaría a predecir un inminente Apocalipsis después de volverse loco: "Estamos a punto de ser engullidos por un agujero negro". Una película que mezcla la estructura del cine del reencuentro de grupos (Kazdan, por ejemplo) con las fantásticas, llena de misterios y desapariciones. "Esa posibilidad de comenzar la pelicula con un tono de melodrama, -dirá el director- de amigos que se reencuentran después de muchos años, me dio la oportunidad de crear un catálogo de personajes con sus secretos, sus mentiras, al estilo de Lawerence Kasdan. Pero luego se convierte en otra cosa". De esta forma, la película pasa de ser un cine de reencuentro a un cine de género, siguiendo las premisas de Lars von Triers y su Melancholia.

-La Tierra y Melancholia, danza de la muerte.

De lo mejor de "Fin" es Sergio Sánchez (el oficio tira), al adaptar la novela original como guión cinematográfico. El texto del que parte la película arrancaba con un gran potencial de salida, desperdiciado por su endeble calidad literaria, pero Sergio Sánchez -autor de los guiones de Los ojos de Julia y El orfanato- sabe sacarle a la historia un gran partido. Un tipo que llegó a bromear cuando recibió el Goya al mejor guión por la opera prima de Bayona: "¿Nos habéis enterado que El orfanato es una mala copia de Los otros? Así que no sé porque me entregáis esto".

Con un reparto lleno de actores muy conocidos (Maribel Verdu, Antonio Garrido, Clara Lago, Blanca Romero) junto con el debutante, el modelo Andrés Velencoso; aprovecha los espacios naturales para representar estampidas, persecuciones y otras imágenes de caos que pueda recordar al cine de Shyamalan. A pesar de ello, algunas escenas de acción fallan por su falta de verisimilitud.

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Una película que da más preguntas que respuestas, que juega con la opacidad de una situación vivida en primera persona por esos personajes que descruben, un buen día, que su mundo que conocían a desaparecido... y ellos, con él. 

 


Beisbol como transfondo en el cine americano.

Beisbol como transfondo en el cine americano.

En los últimos años, el beisbol ha aparecido como telón de fondo en dos películas sobre este deporte. Así que preparense para los bateadores, las carreras y un sistema de puntuación que la mayoría de nosotros desconocemos.

Moneyball: rompiendo las reglas es el título con el que se conoce en el mercado español, la última película de Brad Pitt, dirigida por Bennett Miller, a quien habíamos visto como actor en Capote. Corren tiempos de cambios, cambios para que las cosas avancen y Hollywood está tomando buena nota de todo esto; pero las "reglas" que están cambiando -volviendo al título- no son las de las conveciones del cine americano, sino la del mensaje de superación. 

-Puede que no parezcáis campeones, pero sí lo soys, así que jugad como campeones.

Deporte y superación se han cruzado en el camino del cine en alguna que otra ocasión y este tipo de diálogo puede reconocerse en muchas de ellas. La novedad, en este caso, lo encontramos en su protagonista, el responsable de "romper las reglas". Un personaje que se atrevió a superar el tradicional sistema de reclutación de jugadores, en la liga profesional de beisbol, por uno totalmente innovador que permitió poner a un equipa de segunda en la misma sintonía que los grandes clubes.

-Hay equipos más ricos y equipos pobres, e incluso cientos de metros de mierda, y después estamos nosotros.

Se trata de la adaptación cinematográfica de "Moneyball: The art of winning an unfair game"; libro de Michael Lewis que nos relata la historia real de Billy Beane, el Gerente General de los Oakland Athletics, quien utilizó unos complejos análisis estadísticos para confeccionar la plantilla más adecuada para dicho equipo de béisbol. Beane y su asistente Peter Brand, mediante el uso de sofisticadas estadísticas sabermétricas, récords, porcentajes y promedios, lograron mantener al equipo en los primeros puestos durante varios años consecutivos.

-El objetivo no debería ser comprar jugadores, sino comprar victorias. Aquí hay veinticinco jugadores infravalorados de otros clubes, que no juegan por una razón o por otra. Así reuniremos a un equipo ganador, uno que nos podamos permitir.

El propio Brad Pitt contaba en una entrevista para el programa de televisión, Dias de cine (jueves 2 de febrero), la esencia de la película: "la visión de unos secundones que buscaban la forma de ser competitivos en sistema injusto. Cuando un equipo pequeño cuenta con una gran estrella, los clubes más fuertes ponen el dinero sobre la mesa y se lo llevan. Por lo que es prácticamente imposible aspirar a ganar. Este hombre vio que no podía competir con las mismas estrategias que los demás".

-Este es el nuevo equipo de los Atletics Oakland.

-No se puede construir un equipo por ordenador.

-Renovarse o morir.

-¿Y si nos sale bien?

-Habremos cambiado el beisbol para siempre.

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La segunda película sobre el mundo de este deporte, llega estos días a los cines. Con Golpe de efecto (Trouble with the curve, Robert Lorenz), nos reencontramos con el Clint Eastwood actor, aunque eso sí, su influencia queda confirmada en toda la película. Es una producción de Malpaso, cuenta con el equipo de las últimas películas de Eastwood y Robert Lorenz es un colaborador del director desde los tiempos de Puentes de Madison, debutando en la dirección. Por eso podríamos hablar de una nueva película de Eastwood, a pesar de no estar tras las cámaras. Eso sí, el discípulo aún tiene que aprender bastante del maestro porque mal asunto cuando lo mejor son las interpretaciones; y Eastwood recuerda mucho a ese gruñón de El Gran Torino; ese Waltz Kowalski, un tipo antipático que terminaba siendo el heroe del barrio. De hecho, Kowalski no quedaba lejos de su personaje del ojeador de beisball en Golpe de efecto.

La primera huía de los clichés, gracias sobre todo a la labor de unos grandes guionistas, aprovechándose del valor estadístico y de los nuevas tecnologías.

-Quería que vieras estas evaluaciones de los jugadores que me pedistes que hiciera.

-Te pedí tres.

-Sí.

-Que evaluaras a tres jugadores. ¿Cuántas has hecho?

-Cuarenta y siete.

Y la segunda destaca la observación humana a pie de campo y la defensa de la profesionalidad y la veteranía, aunque enmarcado en un melodrama lleno de convencionalismos.

-Estais hablando de uno de los mejores ojeadores que ha habido.

Porque lo importante es la relación paterno-filial.

-No quería que vieses la vida desde el gallinero.

-No la veía desde el gallinero. Pasar toda la vida viendo partidos de beisbol, comiendo comida basura que no era sana, jugando al billar, acostándome tarde. La veía desde la tribuna.

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