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Travelling. Blog de cine.

La fiera de mi niña. La locura de vivir.

La comedia fue el género más destacado en el cine silente de Hollywood pero también el que encontró más posibilidades gracias al sonido. Llegaba la scrweball comedy. El título inaugural fue La comedia de la vida. Un productor teatral en decadencia intenta convencer a su amante, una estrella de Hollywood en completo ascenso, a que vuelva a los escenarios de Broadway para que logre relanzar su carrera. El gran inconveniente es que ambos personajes se odian. John Barrymore (el productor) quedaba como un loco en la película (ojos de demente, pelo alborotado), mientas que ella (Carole Lombard) interpretaba de forma muy rápida. Esa velocidad, nueva en el cine, fue el ritmo que se impuso en las siguientes películas, sobre todo en La fiera de mi niña, una de las obras maestras de un director que contaba con numerosos títulos destacables.

Si es verdad que en sus películas “serias” solía insertar escenas o interludios humorísticos, en sus comedias encontramos secuencias con un aire de aventuras, como sucede en La fiera de mi niña en su variante temática de safaris africanos. En algún momento, David y Susan buscan al leopardo Baby por la casa de campo; y hay algo más, una escena propia del cine negro, cuando ella simula ser una criminal al estilo de la femme fatale para engañar al comisario. No será la primera vez que vemos interferencias genéricas en su cine.

                          

Una de las esencias de este tipo de comedia es que los personajes femeninos provocan una infinidad de problemas a los masculinos. En una secuencia magistral, Susan, aprovechando que David está en la ducha, lleva su ropa a la ciudad para que se lave y se planche. David no dudará en ponerse la bata de mujer y con esa facha, se presenta a tía Elisabeth y persigue a un perro que había birlado una de las costillas de su brontosaurio. Escenas como esta representan la screwball comedy por antonomasia, una modalidad alocada de la comedia, pero sin caer en ningún momento en el mal gusto o alejarse de la lógica más aplastante.

La historia se basaba en un relato de Hagar Wilde, adaptado por la propia autora y por Dudley Nichols, guionista habitual de Ford y quien escribiría al año siguiente la inmensa “La diligencia”. Y los personajes principales fueron ofrecidos a Cary Grant y a Katherine Herburt. Hawks tuvo que meterla en cintura, hasta tal punto que insinuó a la actriz que se dejara aleccionar por uno de los veteranos secundarios del film, Walter Carlett (quién interpretaba al comisario).

El director que odiaba los flashbacks y los ángulos de cámara forzados, creía que la comedia era el género idóneo donde representar la irrealidad. El tono adecuado para una comedia ligera, aunque sofisticada, que sirviera de evasión para la crisis económica de los años treinta. Y sin embargo, fue un inexplicable fracaso de taquilla. En su momento, a nadie le parecía gustar la película, a excepción de Harold Lloyd quién tomó como referencia a Cary Grant para interpretar sus propios personajes. Pero el tiempo la colocó en su lugar, de hecho, es el origen de la comedia de los noventa como uno de los films favoritos de un cineasta con gran vocación cinéfila como Peter Bogdanovich. Las grandes similitudes de algunos planos de su película, "¿Qué me pasa doctor?", son testimonio de esa admiración.

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Un caso especial sucede a Katherine Herburt, quien no entendía un guión tan alocado en donde ningún personaje parecía cuerdo. De hecho, se rompió las relaciones entre la actriz y la productora, la RKO, que se tuvo que exiliar en el teatro hasta su regreso triunfal con “Historias de Filadelfia” (George Cukor). Una película que podría servir de reverso de “La fiera de mi niña”. En uno de los siete planos de la famosa secuencia inicial, vemos como Herburt rompe a Cary Grant un palo de golf. Si recordamos, el primer encuentro entre ambos personajes en el film de Haws es durante una partida de golf, en la que ella le golpea con una bola en la cabeza. “La fiera de mi niña” trataba sobre un paleontólogo que pretendía casarse con su secretaria, aunque una millonaria hará todo lo posible por estropearle sus planes. “Historia de Filadelfia” cuenta la historia al revés. Una millonaria se piensa casar pero su ex marido se presenta unos días antes con el fin de desbaratarle su boda.

La Tía Tula, obra maestra de Miguel Picazo.

-Los niños me necesitan.

-¿No te has casado por culpa de los niños?

-No me he casado porque no aguanto a los hombres.

52 años después del estreno de la película considerada como su obra maestra, ha fallecido Miguel Picazo, un clásico de Miguel de Unamuno que el cineasta andaluz se ha atrevió a llevar a la gran pantalla. Una inmensa Aurora Bautista encarnaba a esa mujer,  una solterona que acogía a su viudo cuñado y a su dos hijos, pero esta situación de partida degenerará en una historia de represión sexual.

Miguel Picazo nació en Cazorla (Jaén) un director de muy pocas películas, aunque su carrera sea muy larga y este es uno de los motivos por lo que sería poco conocido. Aún eso, comenzaría de una forma magistral entrando en el cine por la puerta grande, gracias a esta película que hemos presentado. El propio Marco Ferreri (director de El cochecito) aconsejó a este aventajado alumno de la escuela de cine que se fijara en esa historia de Unamuno y contó nada menos que con una de las grandes actrices del cine español como Aurora Bautista, como también con el actor argentino, aunque afincado en España, Carlos Estrada; otro de los personajes lo interpretaba Irene Gutiérrez Caba.

Tomando como punto de partida la muerte de Rosa, la hermana de Tula, Aurora Bautista encarnaba a esa solterona de una ciudad de provincias, como podría ser Guadalajara.

-Tú eres mi cuñado, el marido de Rosa.

-Pero soy hombre, ¿no?


Su personaje, tal y como lo presentaba Unamuno estaba representado como un símbolo de la maternidad que cuidaba a sus sobrinos sin esperar nada a cambio. Sin embargo, en la película, el roce continuo entre una mujer y su cuñado, encerrados en el pequeño espacio de una casa termina despertando una experiencia sexual, uno de los temas con los que este cineasta –dentro del nuevo cine español- quería denunciar la mentalidad represiva hacia la sexualidad que el Régimen mantenía en esos años 60. Como le sucedía a Unamuno, de quien parte el texto original, a Picazo y otros directores, también “le dolía España”. Quizás, por eso fue escogida Aurora Bautista como protagonista, al ser un icono de la heroína por el cine franquista por películas como Locura de amor o Augusta de Aragón, ambas dirigidas por Juan de Orduña.

Gracias a la película logró alzarse como Mejor Director en el Festival de San Sebastián, en cuyo año estaba el jurado presidido por Nicolas Ray, compitiendo nada menos que con Elia Kazan y su América, América, que se llevó la Concha de Oro. Pero el éxito de esta primera película le resultaría agridulce, porque su siguiente película Oscuros, sueños de Agosto (1967) también sufrió las consecuencias de la censura e incluso evitó que sus tres siguientes guiones fueran aceptados el Régimen cuya Censura le negaba, una y otra vez, volver a ser director. Uno de esos proyectos unía al propio Joan Manuel Serrat, quien iba a interpretar a un emigrante en Alemania. Se trataba de “Los hijos de Alvargonzález”, cuyo título aludía a un poema de Antonio Machado (incluido en Campos de Castilla) que el poeta sevillano dedicaba a Juan Ramón Jiménez. Desencantado no volvería a dirigir hasta la Transición, donde el tema de la represión sexual volvía a salir a relucir.

En su última película como director Extramuros (1985), una producción de época y segunda adaptación de una novela de Jesús Fernández SantosPosibilitada, entre otras cosas, por la Ley Miró, nos traslada a un convento donde se  lleva a cabo dos falsos milagros que escondía una relación sexual mantenida entre las monjas.

Su otra faceta como actor, quizás sea más conocida sobre todo por su participación en Tesis (ópera prima de Alejandro Aménabar) en donde Picazo interpretaba al profesor de Audiovisuales que dirigía la tesis del personaje de Ana Torrent. Por cierto, ya en su primera película como actor, El espíritu de la colmena, Miguel Picazo encarnaba a un médico que atendía a una primeriza Ana Torrent. 

La doble vida de Kiesloswki, veinte años de su muerte.

El 13 de marzo de 1996, hace veinte años, fallecía Krzsysztof  Kieslowski, uno de los grandes realizadores polacos, que logró un estilo personal y un cine con mayúsculas; capaz de  inculcarnos el deseo de que nos invada Polonia.

Kiesloswki nace el 20 de junio de 1941, en Varsovia, cuando la ciudad estaba ocupada por el Tercer Reigth y optaría por el cine, después de renunciar a sus sueños juveniles de ser bombero. Ingresó en la  prestigiosa “Escuela de Cine de Lodz”, donde se formarían otros grandes cineastas polacos como Andrzej Wajda o Roman Polanski, y emprendió su carrera con el documental cuyo contexto social estaría marcado por el lenguaje de lo cotidiano.

Entre 1968 y 1980, produjo una diversidad de historias documentales, destacando Zdjecie  (1968) y Bylem Zolnierzem (1970), en la que rastreaba la difícil adaptación a la vida normal tras la Segunda Guerra Mundial. Mientras que en Punto de vista del vigilante nocturno  (1977) mostró la condición del poder en los contextos cotidianos explorando la mirada de un vigilante nocturno de una industria, como  imagen de la actividad diaria bajo el orden y la disciplina y la exploración de la vida privada.

                                                              

Durante estos años su cine documental  describía las angustias cotidianas de una sociedad de posguerra. La intelectualidad polaca percibió los aires de cambio y la crisis del comunismo, cuya transformación estaba ligada con la política del régimen, sobre todo con el recrudecimiento de una crisis económica y social.

Desde entonces abandona su estilo documental e inicia el camino de la ficción, con películas (La cicatriz, Sin fin o El azar), que le empezaron a reportar un prestigio internacional, a través de festivales como el de Cannes o el de Venecia.

El decálogo y La doble vida de Verónica.

Kiesloswki empezó a ser reconocido mundialmente por dos trabajos: El decálogo y La doble vida de Verónica, su etapa de madurez cinematográfica. El decálogo (1988) es una serie para la televisión polaca en donde traslada los diez mandamientos a la Varsovia actual, en concreto a Stowki, donde se encontraban unos bloques de apartamentos de la posguerra.

Unos mediometrajes de poco menos de una hora en donde plantea los dilemas morales, surgidos de cada uno de los diez mandamientos cristianos (No matarás, no robarás, etc…) y dominados por un existencialismo muy en la línea de Kierdeergar. Musicalizados por su gran amigo Presvner, "Decálogo” fueron coescritos junto a Krzsysztof  Piesiewicz, el guionista de la “Trilogía de los colores”.

                                

El mito del doppelgänger, el tema del doble, aparece en la película “La doble vida de Verónica”. Una auténtica tradición cinematográfica y literaria que Kiesloswki recoge con un profundo existencialismo e intimismo. Una Verónica vive en Cracovia, la otra vive en París, pero a ambas les mueve una misma pasión: la música. Ambas son el reflejo de la otra, así que cuando la primera muera en su debut como cantante, la otra Verónica sentirá un gran vacío.

Su cine nos interroga a través de planteamientos abiertos y de unos símbolos, con los que busca la subjetividad de cada espectador para, al final, decidirse por un estilo intimista, regido por las sensaciones y estados de ánimo.  De hecho, en sus películas, Kiewlovski se preocupa por una mirada estética y humana. Esto lo consigue  a través del tratamiento de la imagen, el uso del color y los contrastes pero  también por el empleo de la música –siempre a cargo de su amigo Presvner -, y una técnica vanguardista, basada en imágenes-movimiento y en el silencio de sus personajes, logrando un esteticismo visual, con el que sus historias trascendían.

Al final, Kiewlovski se   instaló en Francia, en donde nacería la Trilogía de colores: Azul (Libertad), Blanco (Igualdad) y Rojo (Fraternidad), entre 1993 y 1994, el punto final de su filmografía. Relata las casualidades, las historias inesperadas, la búsqueda de algo que se ha perdido. De hecho, el cineasta despliega en estas tres películas sus grandes obsesiones como los encuentros casuales, la predestinación o el azar. También aparecen algunos detalles muy curiosos como la anciana a la que le cuesta tirar una botella al contenedor del vidrio. Algo querrá decir con ello, cuando lo repite en estas películas e incluso en su Decálogo. En gran medida, Kieslowski nos retrata la soledad, el desengaño y la  compleja  condición  humana envuelta en  las más sutiles  pasiones; y todo ello acompañada de tres grandes actriz que encabezan cada una de las películas: Kuliette Binoche, Julie Delpy e Irène Jacob.

                             

 

Centauros del desierto: Sesenta aniversario.

Se cumple el 60º aniversario de “Centauros del desierto”, del que ya es difícil aportar algo de novedad después de todo el tiempo que ha pasado, los ríos de tinta que ha hecho correr y las innumerables referencias que ha despertado en todo tipo de cineastas. Allí se recoge la esencia del Oeste, desde los primeros planos. Esa puerta que abre, ese horizonte lejano en pleno desierto y un jinete que se acerca.

Es una película sobre largas ausencias y breves reencuentros; también sobre el fantasma de la Guerra Civil y sobre unos perdedores. Sobre la soledad y el sempiterno desierto. En el fondo, la historia de un hombre que es incapaz de regresar a su hogar, como reza la canción que abre la película: Eso y mucho más, como la  idea de la frontera y la dureza de la vida en una tierra ocupada por colonos, que aparecía con grandeza y dramatismo en Ford.

- No pude evitar que mataran a tu hijo.

- No tienes nada que reprocharte, esta tierra es la que la mató, Ethan, estoy seguro.

- No digas eso, lo que pasa es que vivimos aquí y Texas no es tierra para habitarla por seres humanos, ni este año, ni el que viene. Y sabe Dios, cuántos más.

Película clásica, entre las clásicas de uno de los grandes. ¿Qué decir de John Ford que no se sepa ya? Nada, que fue más que un hombre que hacía películas del Oeste.  Mucho más que un artesano, planificando sus trabajos de manera magnífica, fue alguien capaz de crear mitos allí donde los demás veíamos una simple historia, de crear una épica en torno al western. Muchas veces se ha considerado al western, el género americano por antonomasia, la representación del nacimiento del propio país. Una visión de la historia, con un sentido épico ante que historicista, tal y como se hacían con los Cantares de Gesta o las tragedias griegas. Con ese fin, Ford supo sacar el mayor partido posible a los recursos que tenía a mano, esa capacidad hipnótica de Monument Valley, junto con el formato panorámico de los años cincuenta. Esta era la novedad cinematográfica, con la cual los grandes estudios intentaron frenar la competencia que ejercía la televisión en esa época: el Cinemascope. Nunca el desierto se volvería a ver con los mismos ojos.

-La encontraremos, tan cierto como que la Tierra da vueltas.

La historia real de una niña secuestrada por un grupo de indios, en el siglo XIX, dio pie a una historia sobre la obsesión, una búsqueda obsesiva y sin descanso. Pero sobre esta trama –que todo el mundo se conoce al dedillo- reposa unos detalles que no se cuentan, pero se intuyen: el pasado del personaje de Ethan Edwards (John Wayne). El hombre enemigo del hombre, adentrándose en un territorio salvaje, en donde nos sumergimos entre la fraternidad, el honor y la heroicidad; los valores humanos reflejados con sobriedad y  a través de unos excelentes diálogos. Al fin y al cabo, el film recoge la esencia del cine de Ford. Personajes ambiguos, el eterno contraste entre la búsqueda de una identidad y la violencia, y la perspectiva de un género –como el western- en constante evolución. Un cine, el de Ford, en donde cabían los espacios abiertos, como los de Monument Valley –La diligencia, Centauros del desierto- como también los interiores –El hombre que mató a Liberty Wallance-.



Spotlight, la Mejor película del 2016.

El Sueño Americano está lleno de renglones torcidos y da igual que venga de un hombre que se enfrenta a las tabacaleras (El dilema, Michael Mann) o un padre dispuesto a todo para que un hospital de una oportunidad a su hijo enfermo (John Q). Las situaciones de injusticias, que aparecen todos los días en los periódicos, dan buena cuenta de esos ciudadanos de a pie dispuestos a emprender una lucha digna de David y Goliat. Hollywood, en este sentido, hace caja de estas historias en melodramas que se mueven entre la corrección mortecina de estos héroes anónimos y la cruel ambición de los poderes fácticos e instituciones sacrosantas.

-Si eres un niño pobre, de una familia pobre y un cura te presta atención, te sientes muy especial. ¿Cómo le dices que no a Dios?

Tom McCarthy, el que fuese guionista de esa pieza magistral de la animación de Pixar (Up) y director de dos pequeñas, grandes películas, encuadradas en el cine indie “Cruce de caminos” y “The visitor”, vuelve al cine con una historia que le aúpa en lo más alto de los Oscar, con el Mejor guión original y la Mejor Película, después de triunfar con los premios Spirit, los que dedica al cine independiente. Se trata de un tema de actualidad y bastante espinoso en donde la  Iglesia vuelve a ser el foco de la polémica, la misma que lleva años azotando al clero católico: los casos de pederastia, dentro de la jerarquía eclesiástica.

Seguimos el día a día del trabajo de hormiguitas de unos periodistas que destaparon un escándalo, en torno al estamento local de la  iglesia católica, publicado por el Boston Globe y, en concreto, por la unidad de investigación de ese periódico –llamada Spotlight-, cuyo trabajo fue merecedor del premio Pulitzer.

-Contaremos la noticia y la contaremos bien.


Con un guión modélico y sobresalientes interpretaciones, Spotlight pertenece al grupo de películas que nos muestran la realidad como parte de una investigación llevada a cabo por un grupo de periodistas, casi un subgénero al que todos los años se van sumando algún título destacable. Eso sí, las dos principales referencias siguen siendo “Todos los hombres del presidente” (1976) y  “Zodiac” (2007). En la primera, Robert Reford y Dustin Hoffman interpretaban a los míticos reporteros que destaparon el caso Watergate, mientras que Zodiac narraba el día a día de dos periodistas del San Francisco Chronical que persiguieron a un asesino en serie.

En esta ocasión sobre el tema de la pederastia, en el contexto de la Iglesia católica, coincidiendo con la sobresaliente “El club”, la apuesta chilena por el Oscar, que reúne en una casa aislada a unos antiguos sacerdotes excomulgados por sus errores del pasado.

-¿Usted sabía que ellos tenían cosas en común, que fueron excolmugados por la Iglesia por penetrar a niños menores de edad?

La fiesta de los Oscars 2016: la valoración de los premiados.

Recordamos lo que fue la Gala de los Oscars 2016, para querer destacar todo lo que se sacó de ella.

Como no podía ser de otra forma, la 88ª edición de los premios Oscars, llegó con polémica a su cita anual. La controversia de este año iba dirigida al hecho de que no habían nominado a ningún actor de color, medida que dividió a Hollywood, entre los afroamericanos -que se sienten menospreciados por la Academia y que amenazaron con no asistir a la gala- y un grupo de actores –todos ellos blancos y con gran prestigio- que se lanzaron a criticarlo. Spike Lee y Jada Pinkett Smith –la esposa de Will Smith- utilizaron las redes sociales para hacer su propia valoración de lo sucedido y determinar que no iban a asistir al Dolby Theather para la ceremonia; curiosamente Spike Lee recibía el Oscar Honorífico en esta edición.

Pero pronto fueron relajándose los humos, al tiempo que llegaban los primeros premios. Sin duda, la ceremonia de 2016 será recordada en años por ser los Oscars más reivindicativos, de las últimas ediciones.  Por el triunfo de George Miller con “Mad Max”, ganadora de 6 Oscars de los 10 premios a los estaba nominado; por la polémica afroamericana, pero sobre todo por el Oscar a Leonardo DiCaprio (¡por fin!).

Si “Mad Max” triunfó, lo hizo en los aspectos técnicos, con el Montaje, Maquillaje y Peluquería, Producción y Vestuario, Sonido y mejor mezcla de sonido. Debe ser algo más que una sorpresa para George Miller que triunfase en los Oscars con una película de acción como la de Mad Max, una versión modernizada de su film clásico, en torno a un personaje y una época posapocalíptica de la que el cineasta australiano creó una saga. Si entonces se unió a Mel Gibson, cambia ahora el rostro de su célebre personaje el justiciero de era posapocalíptica, con Tom Hardy, uno de los actores de moda.

Por su parte, “Ex Machina” se llevaba el Oscar por los Mejores Efectos Visuales. Curiosamente la nueva entrega de Star Wars, el séptimo episodio, se ha ido de vacío de la ceremonia.

Una de las grandes sorpresas de la gala fue el Oscar para el actor de reparto, Mark Rylance, por “El puente los espías”, quedando Sylvester Stallone sin reconocimiento.  Su personaje nos lleva a la Guerra Fría, en la película de Spielberg; mientras que Alicia Vikander ganó el Oscar a la Mejor Actriz de Reparto, por “La chica danesa”. A. Vikander es una de las actrices suecas que más suenan en Hollyood, junto con Rebecca Fergurson. En el film interpreta a la artista Gerda Eiba que tuvo que abandonar su carrera como ilustradora erótica para ayudar a su marido.

Spotligth como Mejor Guión original, es un ejemplo más del estado de salud de Hollywood: al encontrarse los mejores guionistas en la televisión, deben echar mano de historias basadas en hechos reales. Es curiosa la cantidad de películas de este tipo en el cine americano, porque los dramas siguen imponiéndose en Hollywood.


La mejor fotografía recayó en “El Renacido”. El mexicano Emmanuel  Lubetzki ha sido recompensado un año más (y esta es su tercera estatuilla consecutiva) por su último trabajo a las órdenes de Alejandro González Iñárritu.

Del revés, como mejor película de animación, era la apuesta de Pixar; film que podría estar perfectamente entre las nominaciones a Mejor Película y que lo ha ido ganando todo, incluso el premio Asecan (los que dan los escritores de cine en Andalucía) a la categoría de animación.

El Oscar para Película de habla no inglesa fue para El hijo de Saúl, la representante húngara. El Holocausto, en una ceremonia tan reivindicativa como esta, es recompensado con el Oscar, pero sobre todo por su forma de narrar la historia tan original; mientras que los chilenos podrían estar contentos por esta ceremonia, al recibir una producción chilena su primer Oscar (en esta ocasión, en la categoría de cortometraje).

Un detalle especial fue el del Oscar para la mejor banda sonora y este año, de tantas reivindicaciones, también lo fue en esta categoría. John Williams –con cinco Oscars- ha estado nominado en cincuenta ocasiones, pero se llevó el gato al agua Ennio Morricone. Después de más de 500 películas, cinco nominaciones y un Oscar honorífico, ya era hora que le tocase al compositor italiano, aunque  la música que compuso para “Los odiosos ocho” (Quentin Tarantino) no sea su mejor trabajo; mientras que la Mejor Canción fue para “Spectra” (Sam Mendes), la última película centrada en el espía del MI6 James Bond.

Y Mejor Director a Alejandro González Iñárritu. “El Renacido” sólo se ha llevado tres Oscars de las 12 categorías a las que estaba nominadas, pero esas tres estatuillas le deben saber a gloria a su director que consigo lo impensable, colocarse a la altura del grande de John Ford y repetir Oscar dos años consecutivos. Si en esa ocasión, lo hizo por Qué verde era mi valle y Las uvas de la ira, González Iñárritu se llegó en la edición anterior el Oscar por Birdman.


Pero, sin duda, el momento de la noche fue ver recoger el Oscar al Mejor Actor a Leonardo DiCaprio, por su personaje de Hugo Glass, el trampero de “El Renacido”. Ya lo estábamos avisando y las quinielas no podía estar más a su favor, tras ganarlo todo: el Globo de Oro y el Bafta; mientras que el Oscar a la Mejor Actriz recaía en la protagonista de “La habitación” (“Room”). Una de las agradables sorpresas de este año es una modesta película de producción irlandesa, sobre un turbio asunto, a las órdenes de Lenny Abrahamson quién dirigió esa maravillosa rareza que fue “Frank”.

Y por último, el Oscar a la Mejor Película recayó en Spotlight, otra de las grandes triunfadoras de la noche, gracias a sus dos Oscars.

La verdad es que a excepción del bueno de Stallone, que se queda sin el Oscar, y la participación española, las quinielas han dado por buenas una ceremonia exitosa, en la que los mexicanos Alejandro González Iñárritu y Emmanuel Lubetzki han hecho historia, mientras que Leonardo DiCaprio rompe una maldición por la que le habían negado, año tras año, la estatuilla, pero no su enorme talento y el reconocimiento de ser uno de los mejores actores del mundo. Seguramente, Martin Scorsese -su gurú cinematográfico- esté más contento, hoy que ayer. 

 

¡Ave, César!, el Hollywood dorado según los Coen.

¿Os imagináis a rabinos y curas asesorando a los estudios de cine? ¿O a un grupo de guionistas rojos, secuestrando a Ben-Hur? La película está llena de absurdas y delirantes situaciones con la que se pretende satirizar ese Hollywood de los años cincuenta, a través de una comedia ligera y  una crítica de punta roma. 

-¡Ave, César!, es una película de prestigio con la mayor estrella del momento: Bert Witlock.

Si en Barton Finck, los Coen habían despedazado la Meca del cine desde la visión de un guionista con tendencias kafkianas, en esta ocasión, el punto de vista parte de la figura de un mediador.

En el Hollywood de la era dorada, una superproducción está en marcha pero la estrella de la película es secuestrada. Eddy Manix, el “fixer”, pondrá todo su empeño en liberarlo, pero también en mantener el buen pulso de los estudios. Este ejecutivo, que hace funciones de mediador, se tendrá que hacer frente a un actor que no es capaz de vocalizar ni de seguir las notas del director.

-Si fuera aaalgo tan simple.

-¿Por qué dices eso de “aaalgo” tan simple?


George Cloony, Josh Brolin, Tilda Swinson o Scarlett Johanson encabezan el reparto y junto a ellos una veintena de rostros conocidos que aparecen en forma de cameos, aunque a veces estén tan escondidos que nos sea difícil reconocerlos en un primer visionado.  En realidad, no es otra cosa que la imagen de unos estudios de cine, a través de la ficticia Capital Pictures, que no sólo hacía un cine industrial, a todo tren, sino que era “dueña” de la vida de quienes trabajaban en ella, sobre todo de sus estrellas.

Los mil rostros de Hollywood.

En ese mundillo de Hollywood, que queda al descubierto,  muchos de los personajes no surgen por casualidad: es fácil reconocer a Alexander Alenxandretz –el realizador “sofisticado” interpretado por Ralph Fiennes-en algún director homosexual como George Cukor o al personaje de Scarlett Johanson en la “sirena” Esther Williams; a Dalton Trumbo y algún otro miembro de los “Diez de Hollywood” entre los conspiradores rojos o al filósofo Herbert Marcuse, como el ideólogo principal.


Eddy Manix existió en realidad: era un “fixer”, un “arreglatodo” de la Metro-Goldwin-Meyer; el personaje real, interpretado por Josh Brolyn, tuvo que hacer frente a escándalos como la extraña muerte de George Reeves, el actor de la serie Superman. De hecho, aparece en la película Hollywoodland, encarnado por Bob Hockins.

El personaje de Frances McDorman, la montadora, es un reflejo de todas esas mujeres que han destacado en ese campo, desde la legendaria Dorothy Spencer (La diligencia, John Ford) hasta Thelma Schoonmaker (la editora habitual de Martin Scorsese).

-Me gustaría saber lo que está pasando, aquí, Eddy. Veinte millones de lectores quieren la verdad.

Hedda Hopper, la más mordaz y temida de las periodistas, es parodiada y por partida doble en la película por Tilda Swinson. Su personaje volverá a aparecer en pantalla, interpretada por Helen Mirren en “Trumbo”.

E incluso, el grupo religioso intenta recordar esa Legión Católica de la Decencia que marcaba la censura en muchas películas, el precedente del llamado “Código Hays”.


De por medio, unas escenas que homenajean esos géneros clásicos –lo mejor de la película- desde un musical al estilo de Gene Kelly , al pemplum, a través de la parodia de Ben-Hur o una secuencia de natación sincronizada, con guiños a Esther Williams y su “Escuela de sirenas”. También tiene lugar el cine negro –con femme fatale, incluida-; el melodrama de “teléfono blanco” y el western (en sus dos acepciones), el primitivo western, muy físico, con Roy Rogers como principal referencia, o el de las baladas bajo la Luna, propio de los cincuenta. Por supuesto, no se olvida de la Caza de Brujas, de McCarthy o episodios de la política más sombríos como las pruebas atómicas de la Bomba H, en el atolón de las islas Bikini.

A la espera de “Trumbo”, ese otro viaje al Hollywood dorado de la temporada, nos quedamos con una comedia divertidísima que estará entre lo mejor de estos hermanos cineastas de Minnesota. 

Zootrópolis. La jungla de asfalto.

George Orwell ideó en “Rebelión en la granja” una sociedad habitada por animales, después de expulsar a los humanos e imponer una dictadura; ahora Disney ha llevado la jungla al asfalto. Byron Howard, el responsable de “Enredados”, y Rich Moore (la divertida “Rompe Raplh” y director en series de animación, como “Los Simpson”) redefinen el mundo Disney a través de una ciudad habitada únicamente por animales.

Hace tiempo que Hollywood ha descubierto un auténtico filón en el gran formato de animación, lo que explica la explosión de proyectos en los últimos años y los esfuerzos tecnológicos de las principales productoras. Pero si hace años se tendía a conseguir un trabajado equilibrio entre comercialidad y calidad, parece que están primando los beneficios sobre los valores artísticos, sobre todo a la hora de presentarnos temáticas y personajes recurrentes. De hecho parece que toda compañía deba tener su obligada marca de animalitos simpáticos, ya sea Dreamworks con “Madagascar”, el intento de Fox con “Río” o la Disney con “Zootrópolis” y todas esos films intocables, como “Bambi” o “El libro de la Selva”, que empiezan a contar con sus vergonzosas continuaciones pensadas para el formato doméstico.

-Hay 14 casos de mamíferos desaparecidos, todos depredadores, desde un gigante oso polar hasta una diminuta nutria y me atosigan desde el ayuntamiento para que los encuentre.


La fórmula empleada es la de una historia de detectives, a través de las llamadas buddie movies y con un toque romántico de fondo, para contarnos algo que ya sabíamos, que las apariencias engañan. Un planteamiento muy de Disney, la verdad, pero la película funciona, con un gran trabajo en lo visual y una historia que engancha con continuos giros de guión que hace que la película no decaiga nunca. La pareja protagonista lo representan una teniente que pretenderá hacerse valer, pese a su tamaño, y el falso culpable de turno, que forzados a entenderse, entran de lleno en un film con homenajes al cine negro.

Los entrañables secundarios.

La ciudad poblada por animales cuenta con una fauna muy variada  de especies que hacen que los secundarios tengan tanta importancia como los personajes  principales y con guiños y rasgos antropomórficos muy reconocibles. Es la parte más hilarante del film. Hay referencias a El padrino, “vienes aquí sin avisar el día de la boda de mi hija” o el detalle los perezosos que representan a los funcionarios del departamento de Tráfico.



“Alguien, alguna vez decidió que nosotros íbamos a ser los malos, en todo cuento hay unos villanos pero sobre el nuestro no lo ha contado nadie”. (Schreck 3) Lo mismo sucedió con los secundarios, un día alguien decidió darle menos minutos, como acompañantes, compañeros de la trama, para darle un sentido cómico. Son adorables, extravagantes, entrañables, sentimentales, traviesos, odiosos o cínicos. No existe una fórmula mágica para quedarse con el público, pero ellos sí han dejado de ser los eternos olvidados de la película.

Sus peripecias traspasan la gran pantalla y su chispa les ha asegurado tener su espacio, gracias a cortos, series y apariciones estelares. Dan las mejores réplicas y siempre tienen un gag a mano, cuando hace falta.

- Es mi honor lo que me obliga a acompañaros para salvar vuestra vida.

La verdad es que “Zootrópolis” tiene todo lo necesario para pasar un rato entretenido y no está pensado únicamente  para los pequeños de la casa. Una de las mejores propuestas de animación de los últimos años, – esta vez sin el sello de Pixar- que revitaliza las historias originales de la marca Disney. Seguro que no faltarán los muñequitos de estos simpáticos animalitos, el resto del merchandising e incluso alguna secuela o corto, pero lo cierto es que estamos ante una apuesta que volverá a poner a la Disney a la cabeza.