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No habría institución más conservadora que Hollywood y los productores lo sabían y sabrían que el público llenaba las salas en busca de historia de fácil consumo, películas de evasión, que los distrajese, porque en ese mundo de los felices años veinte habría grandes contrastes. En Estados Unidos no era fácil encontrar película de corte vanguardista, tan innovadoras como La rueda o Napoleón, El gabinete del Doctor Galigari o la original, toda una sorpresa posmoderna en los años veinte, procedente de Japón como Una página de locura. Esa década dieron lugar a una serie de propuestas a contracorriente de las que hemos querido destacar dos de ellas.

Von Stroheim fue uno de los ayudantes y asesores militares de Griffith, en la Universal, antes de que fuera expulsado por el Jefe de Producción Irving Thalberg. Entró en la Goldwyn Pictures, -futura MGM- donde estuvo al frente de la adaptación de la novela McTeague, de Frank Norris, trasladando el estilo naturalista de Emile Zolá, a lenguaje cinematográfico. Desde entonces, la película fue todo un calvario para su director, quién logró concluirla nueve meses después con el título de Greed (Avaricia). Fue un filme descomunal de nueve horas de metraje –muy alejado de las películas baratas de matinées, e incluso de las producciones más costosas que realizaba cualquier mayor de la época- que encontró el enfrentamiento de la productora, sobre todo cuando un viejo "amigo" suyo, el bueno de Thalberg, entró en la compañía y redujo la película a poco más de dos horas. La nueva versión indignó a Von Stroheim, director que se convertiría en uno de los autores malditos de Hollywood; pero como le sucedió a La Venus de Milo, la película mutilada se convirtió en un clásico de todos los tiempos.

                              

Unos años más tarde, encontramos este otro título que se demarcaría de los cánones de las productoras, Y el mundo marcha (The crowd, King Vidor). El cineasta tejano entró en la MGM cuando su propia empresa quedó en bancarrota. Vidor quería mostrar otra imagen frustrada del Sueño Americano, a través de un personaje, John Sims, nacido simbólicamente el 4 de julio de 1900.

Seguimos a John Sims desde los traumas de su infancia a través de su llegada a Nueva York. Gran parte de la película se rodó en exteriores; vemos un horizonte de Manhattan extrañamente carente sin los grandes rascacielos del Empire State y Chrysler. Finalmente, se enamora de una joven y termina trabajando en un edificio de oficinas.

Una de las imágenes más famosas de la historia del cine llega pronto. La cámara nos mostraba un rascacielos, antes de penetrar en una ventana aparentemente al azar para revelar vastas filas de monótonos escritorios, perfectamente alineados. El plano inspiró nada menos que a Orson Welles para Ciudadano Kane y luego para El proceso. Y a su vez, Billy Wilder lo tomaba prestado para explicar visualmente las oficinas donde trabajaba Jack Lemmon, en El apartamento. 

Pero como le sucedió a Avaricia, el deseo de innovación llevó a la película a su fracaso (se requirieron de hasta siete finales alternativos y el actor principal, que no había trabajado antes en el cine, no fue nunca más contratado). 

En el siguiente reportaje, analizamos algunas ideas de estas dos películas. Espero que les resulte interesante. 

                            

                             

                             

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