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Travelling. Blog de cine.

La la land. Melodías de Broadway.

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Hace unos días hablamos de “Silencio” (Martin Scorsese), hoy hacemos lo propio con “La La Land (La ciudad de las estrellas)”, otra de las grandes apuestas de 2017,  una película que ahonda en el territorio del musical.

“La La Land” remite a la magia de los musicales del Hollywood clásico. Está dirigido por Damien Chazelle, el aclamado director de “Whiplash” en donde Emma Stone encarna a una aspirante a actriz, Mía, y Ryan Gosling a un pianista de jazz, Sebastian, que se enamoran en la ciudad de Los Ángeles, aunque su relación amorosa sufrirá, en la medida, de que sus carreras vayan alcanzando el éxito.

“La La Land” deslumbra y hace historia en los Globos de Oro, logrando siete estatuillas, lo que recuerda al éxito de “Chicago” (2012) con sus seis Premios Oscar y encarrila su marcha hacia los Academia Amsward, con 14 nominaciones, igualando a “Eva al desnudo” y “Titanic”. La película cuenta con dos o tres números musicales como para devolver la magia de Broadway, pero olvídense de “Moulin Rouge”, aquí no hay musical de corte posmoderno, es más bien un puro clasicismo al mejor estilo de Gene Kelly e incluso del francés Jacques Demy: “Las señoritas de Rochefort” o “Los paraguas de Cherburgo”. Damien Chazelle se aleja del montaje virtuosista de “Whiplash” por la toma larga del plano secuencia, que requiere que los actores den la talla, guiados por el virtuosismo escénico y las canciones compuestas por Justin Hurwitz; de hecho, uno de los temas logró la preciada estatuilla a la mejor canción: “City of stars”.

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La ciudad sería, perfectamente, un personaje más de la película, pues “La La Land” perdería parte de su magia si se hubiera ambientado en otro lugar. Es curioso que Ryan Gosling protagonizase dos de los mejores retratos de Los Ángeles de los últimos diez años. Hablamos de “Drive” y de este film. No había visto un director que mostrase tanto respeto y admiración por esa ciudad desde, quizás, Michael Mann. Si en aquella ocasión, Widing Reft tomaba partido por el skyline nocturno, mostrándonos el plano cenital del personaje de Gosling, asomado a la ventana; en “La La Land”, Chazelle toma una puesta de escena que explota la efervescencia multicolor. Fijaos, en la película, de momentos concretos como el baile de la pareja bajo el cielo estrellado del planetario, decorado de “Rebelde sin causa”, mientras algunas escenas nocturnas remiten a pinturas del siempre cinematográfico Edward Hopper. 

 -En esta ciudad, es una para ti y una para ellos.

La película nos muestra el viaje de unos soñadores: desde que persiguen sus sueños, los consiguen, los viven y luego se ven obligados a renunciar a ellos. De ahí que pasen de lo rítmico al drama, pero la historia pierde fuelle y vitalismo, en un sentido técnico, desde que se abandona la stedycam y la toma larga por la fría convención del plano/contraplano. Aquí encontramos la realidad, representada por el personaje de J.K. Simons, otra vez interpretando a un rol despótico.

Ryan Gonsling y Emma Stone, y otras parejas de cine.

Ryan Gonsling y Emma Stone forman una de las parejas cinematográficas actuales con mayor química, que habían coincidido en dos ocasiones anteriores: En la comedia romántica “Crazy, stupid, love” y en “Ganster Squad”. Si en la primera Gosling, era un joven apuesto y seductor que sale de la nada, y Stone, una joven universitaria de la que se enamora perdidamente; en la segunda, él, era un personaje con destellos románticos y cínicos, a partes iguales. Ella, la chica del gánster, de quién se enamorará, claro referente de todas esas mujeres fatales que acompañaban a los gánsteres de cine. 

-Vas a llevarme lejos y a hacer de mí, una chica decente.

-Claro que no, solo quiero llevarte a la cama.

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Seguramente sean los herederos del dúo interpretativo “Brangelina”, cuyo divorcio supuso el fin de una de las  parejas de Hollywood con más réditos en pantalla, aunque Angelina Jolie y Brad Pitt, apenas hubieran coincidido en el cine. Antes la Meca del Cine había explotado otras uniones interpretativas. Fred Astair y Ginger Rogers formaron, para la RKO, una de las parejas cinematográficas más brillantes de la historia, dos grandísimos bailarines en títulos como “Sombrero de copa”. “Fred y Ginger”, fue la última película de Federico Fellini, al servicio de   la mágica nostalgia  de estos bailarines, interpretados por Marcello Mastroiani y Giulia Massina.

MGM estaba ansioso por unir a dos de sus grandes estrellas de la productora y creó el dúo entre Spencer Tracy y Katherine Herburt. Existe una curiosa anécdota del momento en que se conocieron, que bien podría haber salido de uno de aquellos geniales guionistas del momento.

-Me parece, señor Tracy que usted es muy bajito para mí.

John L. Mankievitz, el director de La mujer del año, le dio la réplica. “No se preocupe, Kate, él te humillará y te dejará a su altura”.

La última relación que hemos querido destacar, la formaron Humphrey Bogart y Lauren Bacall, una pareja dentro del cine negro, en títulos como “Tener o no tener”, “El sueño eterno”, “Cayo largo” o “La senda tenebrosa”. Ellos crearon uno de los matrimonios más sólidos de Hollywood.

“La la land”, el segundo trabajo de la dirección de Damien Chazielle es una película que huele a Oscars, aunque por ahora, destila un envidiable aroma a sus siete Globos de Oro. Una historia de superación, con Hollywood como telón de fondo, con un cierto punto del fatalismo de “Casablanca”, que juega con el jazz y el cine. Nos ha encantado.

La llegada. Ciencia-ficción con mensaje humanista.

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Con tanta espectacularidad, tantos efectos especiales y trucajes digitales,  para unas tramas con poca historia, -necesarias, muchas de ellas, de sagas interminables - es de agradecer un soplo de aire fresco, procedente de este género. Lo cierto, es que hace tiempo que veíamos una ciencia-ficción lejos de los aparatosos clichés de este cine, siendo esta la más humanista de todas ellas. Estamos ante la llegada unos extraterrestres en donde lo menos importante sean los propios extraterrestres, sino cómo afectan ellos a nuestras vidas. Y, por primera vez, no hablamos de ciudades destruidas o de una humanidad aniquilada por el “visitante” o el “foráneo”, sino que estamos en los terrenos del cine de Tartovsky, Terence Malick o el Robert Zemeckis de “Contact”; una película con dos valores a destacar: la comunicación y el tiempo.

El director.

La dirige Dennis Villenueve, cineasta canadiense, situado en el candelero gracias a la secuela de “Blade Runner”, clásico entre los clásicos del género, y adapta con “La llegada” (Arrival), un relato corto de Ted Chiang, de forma impecable. Estamos ante una de mis cinco películas favoritas de lo que llevamos de siglo XXI.  Lo cierto es que estamos ante una obra coherente con el cine de su autor: la estructura en puzle de las historias, la importancia de un cine sensorial y las secuencias oníricas son parte de uno de los estilos cinematográficos más personales de los últimos años.

Ciencia-ficción sensorial en donde el tiempo es la clave.

El guión de Eric Heisserer permite construir una película que rompe la estructura narrativa convencional con una serie de recuerdos  que explicarán tanto la toma de decisiones como las motivaciones de sus personajes. Todo esto, reforzado por la fotografía de Bradford Young –que destaca por los planos cerrados sobre Amy Adams- y la música, compuesta por Johan Johannson, un tanto repetitiva, pero muy emotiva.

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Por una parte, tenemos el problema de la comunicación. Es curioso que a pesar de que el lenguaje hablado sea parte consustancial de toda película y que estas se construyan sobre textos dialogados, la comunicación no haya sido uno de los grandes temas recurrentes del cine o, al menos, uno de los grandes aciertos. Podría recordar películas como “Babel” en donde se destaca la incomunicación, pero a años luz de los múltiples enfoques que muestra “Arrival”. En este sentido, “La llegada” resulta del esfuerzo por destacar el lenguaje y la comunicación como una tabla de salvación, con la que construir una película osada, en lo narrativo. Ésta no escatima en recursos, pero no resulta repetitiva. El film nos muestra tanto el intento de querer traducir, in situ, una grabación de los extraterrestres, como las diferentes fases del estudio de los símbolos de su lenguaje alienígena, haciéndola de una forma comprensiva para el respetable y, ahorrándonos, por el camino ese fácil recurso del lenguaje especializado e incomprensible del que suele abusar la ciencia-ficción.

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Este problema define las propias entrañas de la historia, pero también los personajes e incluso el aspecto sociopolítico, a diferentes niveles. Evidentemente las elecciones de los países donde tienen lugar los conflictos (Venezuela, China) no son arbitrarias, situando a Estados Unidos, una vez más, en ese papel de “gendarme” del mundo. También merecerían destacarse las situaciones de crisis, provocadas por los “visitantes”: la sensación de amenaza ante lo desconocido, los brotes de violencia social o la respuesta de los fanatismos. Pero el film termina convirtiéndose en una loa del entendimiento global, surgido a causa de la propia incomunicación.

Si la comunicación sirve para tejer las relaciones con los extraterrestres y el tema del entendimiento global, el tiempo marcaría la trama personal de Louise, el personaje de Amy Addams. La película arranca con un doloroso prólogo, en donde se explica la pérdida de un ser querido, pero no estamos ante el recuerdo (flashback) sino ante un flashforward, es decir, un suceso futuro en la historia. De hecho, la película estaría estructurada en torno a un palíndromo, de ahí el nombre de la hija -Hannah (un palíndromo)-. Esta visión recurrente en Louise le permitirá saber que algún día tendrá una hija y que ella morirá tras una agónica enfermedad, surgiendo en “Arrival” una visión humanista, en torno a la concepción de la vida. La película  planteará, de forma inteligente, un dilema sobre la maternidad.

Silencio. La fe, según Martin Scorsese.

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2017 no puede empezar mejor, cinematográficamente hablando, con una película que estará entre lo más destacado del cine de este año, sin ser un film completamente redondo. Hablamos de “Silencio”. El esperadísimo último trabajo de Martin Scorsese,   sobre unos misioneros jesuitas que sufrieron por la fe, en el Japón del siglo XVII, donde fue prohibido el cristianismo. Llega, de esta forma, el primero de los films con opciones en los Oscars, a la espera de estrenarse las otras aspirantes (“Moonlight”, “La, la, land” o “Manchester frente al mar”).

La película comienza con un largo momento de silencio real, un silencio que no resulta tranquilo, pues se mezcla con la quema de madera, las olas chocando y el viento entre la hierba, pero también entre los gritos de dolor y los gemidos de agonía. Dos sacerdotes, Padre Rodrígues, Andrew Garfield (“Hasta el último hombre”) y Francisco Garpe, Adam Driver (“Patterson”) viajan de Portugal a Japón en busca de un tercer misionero, Cristóbal Ferreria (Liam Neeson), sospechoso de cometer apostasía, al ser obligado a pisar un crucifijo y renunciar a su fe, tras ser duramente torturado. Otro de los personajes principales deberá vivir la misma experiencia, más tarde. La película no hace otra cosa que reflexionar sobre la fe: ¿Cuánto sufrimiento puede soportar un hombre antes de renunciar a lo que es más importante para él?

Scorsese y su co-guionista Jay Cocks –quien hizo una reescritura de “La última tentación de Cristo”, sin acreditar- toman prestado elementos que, de una u otra forma, ya había explorado, en otras ocasiones. No sólo en aquellos dramas con un trasfondo teológico (Kundun o La última tentación de Cristo), sino también en aspectos desarrollados en sus thrillers; podría pensar en la fantasía autoflagelante del joven de “Malas calles”. Esto también es característico de alguien como el propio Scorsese, que estudió para ser sacerdote, aunque cambió el seminario por la escuela de cine, para luego tejer en sus películas situaciones, imágenes y temas cristianos.

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“Silencio” nos traslada al lodo y barro de dos jesuitas que se enfrentarán a una aventura con una profundidad espiritual que les será agotadora, tanto a ellos como al espectador.

El reparto.

Dos actores de moda, como Andrew Garfield (“Hasta el último hombre”) y Adam Driver (“Patterson”) encabezan el reparto, en el que también merecería citarse a Liam Neeson,   cuyo magnetismo en pantalla y su grandísima personalidad podría exigir unos minutos más, en la historia. Por último, mencionar a Shinya Tsukamoto, el inquisidor, uno de los personajes más curiosos del film, junto a una multitud de secundarios que se pondrán en la piel de esa sufrida comunidad de cristianos japoneses.

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La difícil subsistencia de los Kirishitan.

En “Kagemusha” (Akira Kurosawa, 1980), encontramos la exótica imagen de un jesuita bendiciendo a un señor feudal antes de marchar a la batalla, la de Nagashino, en donde los mosqueteros del ejército de Oda trituraron a la caballería de Takeda, en 1575. Los primeros misioneros cristianos, -llamados en Japón “Kirishitan”, sobre todo jesuitas portugueses y españoles- empezaron a llegar a mediados del siglo XVI. Y el cristianismo prosperó en la isla de Kyushu, con la iglesia principal en Nagasaki, pero a pesar de contar con unos doscientos mil simpatizantes, la crisis económica y las presiones del Gobierno, forzaron su persecución: los 26 mártires de Nagasaki y la Rebelión de Shimabara, serían los dos episodios más destacados. Debido al desgobierno, al aumento de impuestos y a la reacción que hubo a los cristianos, estalló un levantamiento armado en Shimabara, un pueblo-castillo, la segunda mayor sublevación en la Historia de Japón, duramente reprimida.

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“Silencio”, el último viaje transitado por Scorsese, es un proyecto que lleva preparándolo treinta años.  La película adapta una novela de Shūsaku Endō, que iniciaba tras esta sublevación campesina, fechada entre 1637 y 1638, y el escritor japonés describe con todo lujo de detalles las persecuciones cuando el cristianismo quedó prohibido y continuaron ocultos, los llamados “Kakure Kririshitan”.

En ese Japón feudal, aparecen dos ideas encontradas, la de los portugueses que pretenden evangelizar a la mayor población y la de los japoneses que se oponen al adoctrinamiento, aunque para ello, lleven a cabo la tortura y las ejecuciones como medio de persuasión.  Para crear un clima de sufrimiento, configura un sinfín de elementos: las crucifixiones, las torturas en las aguas termales o en el pozo, las grutas en las que se esconden los dos jesuitas portugueses o las misas clandestinas que se ven obligados a llevar los Kakure Kririshitan.

La novela ya había sido adaptada en los años setenta por Masuhiro Shinoda. Si Scorsese destaca los aspectos de la fe, el dilema moral y los conflictos internos de los dos religiosos, junto con el del Padre Ferreira y la comunidad de fieles japoneses, la versión de Shinoda –guionizada por el propio autor de la novela- desarrollaba una mayor diversidad de temas, sobre todo cuando quiso alejar la cámara al contexto en que se movía la historia. Es decir, a conocer mejor el país y su población desconocida, a los ojos de los dos jesuitas portugueses, uno de los puntos más débiles en la película de Scorsese. Los japoneses terminan siendo un mero decorado, como una estampa de época.

Blade Runner 2049. Primeras imágenes.

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Primeras imágenes de la segunda parte de una película que supuso todo un hito de la ciencia-ficción. Regresemos a ese 2019 de “Blade Runner” (Ridley Scott, 1982). En Los Ángeles se suceden las explosiones, las chimeneas de sus fábricas vomitan fuego. Una nueva explosión se siente muy cerca, cuando aparece un ojo humano, a lo largo del encuadre, con el reflejo de las luces de la ciudad. El horizonte de la metrópolis es rasgado por un rayo y el cielo lo sobrevuelan algunas naves futuristas. El universo posapocalítico, ideado por Phillip K Dick, presenta un cielo lleno de polución, unas calles habitadas por una mezcla exótica de razas y unos seres artificiales, más humanos que los propios humanos. Una ambientación en donde la oscuridad aparece impenetrable, aunque la luz brille en numerosos momentos de la película.

Ahora viajamos a 2049. El humo, la oscuridad y los sonidos asfixiantes, y por fin la voz en off de Harrison Ford: “Los replicantes son como otra cualquier máquina. Pueden ser un beneficio o un peligro; si son un beneficio, no son asunto mío”. Volvemos a la misma historia, treinta años más tarde, junto al detective Rick Deckard, un personaje que esta ocasión pasaría de perseguidor a perseguido, por Ryan Gosling. En las imágenes del avance, vemos como ambos se enfrentan, cara a cara, mientras que la sinopsis nos adelanta, que un nuevo “blade runner”, el oficial de la policía de Los Ángeles “K” (Ryan Gosling) está a punto de desvelar un secreto que provocará el caos en la sociedad superviviente. Un secreto que afecta a un antiguo policía, desaparecido todo ese tiempo, Rick Deckard, a quién vuelve a dar vida, Harrison Ford.

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Es la opinión de este cronista que resultará imposible repetir un logro cinematográfico tan intenso como el de Blade Runner, desde todas las perspectivas posibles: la producción, el vestuario, la música, las referencias estilísticas o filosóficas, etc… y, siguiendo los sonados fracasos de revivals tan esperados como decepcionantes, dentro del género de la ciencia-ficción: “Prometheus”, para la saga de “Alien”, la verdad es que el listón es tan altísimo que la peripecia que deberá superar el equipo de la nueva película, rozaría la categoría de milagro, para contentar a las legiones de fieles de aquel título clásico.

De hecho, aparece un nombre propio, que nos podría derrumbar algunas de las certezas de la historia original: el del agente Deckard. ¿Su personaje no era otro replicante? ¿Uno con una fecha de caducidad imprecisa? Lo cierto es que Harrison Ford parece estar dispuesto a dar lustre a antiguos personajes, desde que reapareciese en la saga de Star Wars, como un maduro y decepcionante Han Solo, o haciendo gala de los rumores de un regreso de otro de sus entrañables papeles: el de Indiana Jones. Le acompaña en el reparto, uno de los grandes  intérpretes de moda: Ryan Gosling, junto a Robin Wright, Ana de Armas o Dave Bautista.  En esta ocasión, Ridley Scott no se encuentra al frente de la película, quien aparece como productor ejecutivo, cediendo la dirección al canadiense Dennis Villenieve, quién recientemente ha sorprendido con “La llegada”. Y lo hace, acompañado de algunos de sus colaboradores habituales como el director de fotografía Roger Deakins y el músico Jóhann Jóhannsson.

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En vez del claustrofóbico universo de Los Ángeles, parece una especie de desierto. Por las imágenes de este avance, la fotografía parece más limpia que en la película original, y la música tiene un cierto acomodo con la mítica banda sonora que fue creada por Vangelis. El vestuario ya no recuerda a ese neo-noir de los años treinta en un mundo futurista, por ese abrigo que viste el personaje de Ryan Gosling, y algunos elementos del atrezzo, podrían recordar a la propia “Prometheus”. 

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Las grandes decepciones de 2016.

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Esto es lo más flojo que hemos visto del panorama cinematográfico de este 2016. Es curioso que entre las películas más irregulares del año se sitúen algunas ambientadas en el mundo de los superhéroes; a lo mejor, empieza sobrar tanta testosterona superheroica desbocada.

Hay películas que están predestinadas a llevarse los palos de la crítica y “Warcraft: El origen” es una de ellas. Primero está el adaptar un videojuego, partiendo del hecho de que han sido pocas las adaptaciones que hayan resultado interesantes; y luego, otro aspecto que chirría es su director. Se trata de un proyecto alejado de lo que nos tenía acostumbrado tras dos películas muy personales encuadradas en la ciencia-ficción: Moon y Código fuente; hablamos de Duncan Jones.

El film arranca con unas hordas de orcos atravesando un portal que le conducen de sus reinos –un mundo terrible- al de los humanos, un vergel formado por pacíficos prados, que intentarán invadir. Se podría rastrear en la película de Duncan Jones, ideas de El señor de los anillos y de la serie televisiva Juegos de Trono: la música la compone Ramin Djawadi. Lo que sucede con Warcraft es el exceso de los CGI, un sistema que arranca de Avatar (James Cameron) pero que cada se encuentra más presente en el cine.

-Los habitantes de este planeta siempre hemos buscando un salvador.

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Hay pocas culturas como la americana que crean tanto en la redención, en la venganza y por qué no, en el superhéroe; normal que todos quieran sumarse a esta fiebre por el traje de licra y la gomina superheroica. “Batman vs Superman: el origen de la justicia” (Zack Snyder) es un sofrito de personajes ya muy vistos que en plan crossower, sólo tiene una razón de ser: hacer caja de los réditos de uno y otro. Lex Luther está dispuesto a vengarse de su archienemigo Superman, enfrentándolo a otro superhéroe de cómic, el hombre murciélago, Batman. Pero si este destilado remix no parecía suficiente, llega también la versión femenina de los superhéroes, Wonder –woman para confirmar que ellas también son guerreras. Todo esto, además, con el característico estilo hiperacelerado y croma de su director.

-El mundo necesita a los X-Men.

A lo mejor, el mundo, el cine no. En un momento de la película, se dice justo esto mismo que podría sonar a frase publicitaria, pero lo cierto es que esta sexta entrega de los X-Men, es un auténtico bodrio. Bryan Singer vuelve  con una entrega con vocación de definitiva, un blockbuster con un perfume de los años 90 que reflexiona sobre el mainstream que prevalece en el Hollywood actual.

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Por lo visto, en Egipto surgió un Dios primordial llamado Apocalipsis que, después del largo sueño de los tiempos, despierta en los años 80. Aparece en un momento en el que sucede todo aquello que tememos a nuestro alrededor: la lucha de clases o las guerras, por lo que ese mal primigenio parecerá estar en su salsa. Pero él no vendrá solo, le acompañan uno de los grandes referentes de la cultura, auténtica representación del Mal: los cuatro jinetes del Apocalipsis. Sin embargo, la película pone un mayor interés en la relación entre los propio X-Men, más allá del caos que alude al título.  

Otro de los grandes descalabros de la temporada nos devuelve a aquellos años 80, que bien visto ya no nos resulta ser la peor década para el cine. "Tortugas ninjas 2: Fuera de las sombras" (David Green) se presentó como una secuela, que superaba a la original -que no habría dejado a nadie satisfecho-, aunque tampoco sea una maravilla. Lo mejor, sin duda, esos dos malos:  Bebop y Rocksteady.

                      Bebop Rocksteady Ninja Turtles Fuera De Las Sombras

Terminamos con cine palomitero, de evasión veraniega: la secuela de Independence Day, aquella invasión extraterrestre que Roland Emmerich concibió allá por 1996, para mayor gloria de Will Smith. Inverosimilitud con mensaje político y algunas sorpresas como la destrucción de la Casa Blanca. Algo fallaba en la secuela - Independence Day: Contraataque- cuando su principal estrella había desertado del reparto.  Veinte años después, los extraterrestres vuelven a atacar la Tierra y aunque la humanidad parece haber tomado nota –con un complejo sistema defensivo global, adaptado de las naves- el Apocalipsis parece ser inevitable, por lo que se requerirá de inventiva de y la unión, para repeler la nueva invasión.

Muchos que hayan llegado a esta altura del artículo, pensará que la elección de estas películas no resulta gratuita. Seguramente habrá otro tipo de cine que haya decepcionado este año 2016, me vendrían algunos otros títulos a la mente, pero esta ha sido nuestra selección de lo más flojito de la temporada. ¿Estáis de acuerdo con nosotros? ¿Habríais destacado otras películas?

Lo más destacado del cine de 2016

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Hay películas que nos han llamado más la atención que otras, grandes sorpresas y aciertos, pero también inmensas decepciones, aunque sea difícil de situar en el mismo espectro de títulos, los dramas o el cine de género, la comedia o el género bélico. He aquí mi personal top eight de aquellos films que me ha hecho emocionar en pantalla.

“La habitación” (Room,  Lenny Abrahamson), una sórdida película capaz de crear un microcosmos en torno a una madre y su hijo, protagonistas de una historia que a muchos les recordarán al suceso del llamado “monstruo de Amstetten”, el austriaco que violó a su hija y la mantuvo cautiva durante más de veinte años.

Al frente de la película, el irlandés Lenny Abrahamson que sorprendió hace dos años con esa maravillosa rareza que fue “Frank” (2014), film -inédito en salas- que se atrevía a colocar a Michael Fassbender bajo una gigante máscara de cartón.

-¿Qué hemos venido a hacer en este país? Cuando dejamos atrás nuestras familias, nuestro país, las casas de nuestros padres.

“La bruja”, un film de terror, alejado de los convencionalismos, una ópera prima de Robert Eggers, de tendencia indie. Con una producción modesta, apenas rodada en 25 días, el debutante nos  sitúa en Nueva Inglaterra, en el año 1630. Un granjero y su familia se deciden instalar en un inhóspito bosque; de forma que nos adentramos en el mundo colonial del siglo XVII, en cuyo contexto existiría todo un brote de puritanismo que marcará sus vidas y sus miedos. Lo que permite al diretor echar mano de un folclore propio del tiempo histórico que describe en imágenes, junto con el aspecto sexual que estos personajes despiertan en los espectadores, con una primera referencia: las brujas de Salem.

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Este año, también nos ha gustado mucho “Carol”,  una propuesta que obliga a plantear, por enésima vez, esa impertinencia por poner cotos a las pasiones, vengan de donde vengan. Reconozcámoslo, la transexualidad y el lesbianismo siguen siendo los dos grandes tabúes de nuestra sociedad occidental –por supuestos temas prohibidos en otras culturas-. Desde estos parámetros, nos encontramos con una esta  película valiente, surgida de la adaptación –atípica- de un relato de Patricia Highmish. Lo dirige Todd Haynes, especializado en dramas con conflictos amorosos, de fondo, y está protagonizada por Cate Blanchett y Roonie Mara. “Carol” es un film que se sostiene en las miradas y en los pequeños gestos, en una turbación que apenas necesita de grandes aspavientos.

Una película española se cuela en lo más destacado de 2016, “Tarde para la ira”, la mejor ópera prima de los últimos años, parece haberse reservado a un actor con gran carisma y proyección en nuestra cinematografía como es Raúl Arévalo. Y lo hace desde terrenos que conoce sobradamente desde la interpretación, de ahí que parezca moverse como pez en el agua, tras las cámaras. Un hombre (Eduard Fernández), recién salido de la cárcel, descubrirá que le aún le queda una cuenta pendiente, esta vez con el personaje que interpreta Antonio de la Torre.

“Historia de una pasión”, es un biopic de la poetisa norteamericana Emily Dickinson, alejado de los cánones comerciales, a cargo del singular cineasta británico: Terence Davies. Davies es un auténtico espíritu libre dentro de tanta modernidad impostada, capaz de sacar lo mejor de una actriz como Cintia Nixon, en un personaje alejado del interpretado en “Sexo en Nueva York”. También de Davies son sus impresionantes transiciones temporales, como los que aparecen en esta película.

-Mientras los demás arrebatan vidas, yo las salvaré, será mi forma de servir en esta guerra.

Encontramos un film bélico entre lo mejor de este año, el regreso de un gran cineasta-actor como Mel Gibson, con “Hasta el último hombre”. Estamos ante un peculiar héroe, un soldado que en vez de matar, ejerce su servicio a la patria, salvando vidas. Basada en una historia real, su protagonista se enfrentó al ejército de los Estados Unido, superó un consejo de guerra y, finalmente, consiguió que le enviaran a la sangrienta batalla de Okinawa, donde realizó una actuación ejemplar y heroica, sin usar un arma en ningún momento, y que luego sería recordada por todos, gracias a las 75 vidas que logró salvar. A causa de ello, sería el primer objetor de conciencia en ser laureado con la Medalla de Honor del Congreso.

                    

Una de ciencia-ficción: “La llegada” (Dennis Villenueve). Un impactante thriller, sobre un primer contacto con los extraterrestres. Un film con voluntad intelectual, aunque envuelta en los fastos de un Hollywood más o menos espectacular, en donde destacaría las atmósferas visuales y sonoras características del director. Se trata de un envoltorio muy atractivo para una premisa de lo más sencilla, con una espectacular interpretación de Amy Adams.

Cerramos nuestra valoración personal de lo mejor de este año 2016 con  “Elle”, una fascinante provocación en el regreso de Paul Verhoeven. Le echábamos de menos y la verdad es que nos ha maravillado esa historia, avalada por la Palma de Oro en el festival de Cannes, sobre la violación de una mujer, interpretada magistralmente por la francesa Isabelle Hupper.

-Tengo algo que contaros, quería decíroslo de una forma natural, pero no he encontrado la manera. Me han agredido, en mi casa, me parece que me han violado.

Lo curioso de la película será la actitud del personaje protagonista quién, tras la violación, no actuará como Hollywood suele mostrarnos este tipo de argumentos, de hecho, podría tratarse incluso de una “comedia” sobre el abuso sexual. En vez de la esperada venganza, Paul Verhoeven propone una historia en donde su personaje de Michelle, sentirá una atracción por el violador.

La llegada. Ciencia-ficción seria con invasores de otros mundos.

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Denis Villenueve podría recordar a directores como Danny Boyle o Michael Winterbotton, dos cineastas alejados de la idea de autoría cinematográfica porque sus películas no se parecen entre ellas. “Prisioneros” y “Enemy” cuentan con el mismo actor, Jacke Gyllenhaal, y se adscriben al género del thriller, pero poco guardan de relación. La primera se centra en un doble secuestro, mientras que la segunda, en la búsqueda del doble. Y por supuesto, ambos trabajos no se parece en nada a “Incendies”, adaptación de una obra teatral sobre el agrupamiento familiar en el contexto de la Guerra del Líbano. Quizás “Polytecnique”, sobre una matanza perpetrada en la escuela politécnica de Montreal, pueda tener una similitud con esas propuestas, por el tono, pero Villenueve se ha caracterizado por firmar películas sin estilo y sin una homogeneización temática.

Esto mismo se  podría decir de su última película, “La llegada”, un impactante thriller, ambientado en los terrenos de la ciencia-ficción, sobre un primer contacto con los extraterrestres. Unas naves llegan a la Tierra, doce concretamente, en forma de monolitos, tripuladas por unos heptópodos, unas particulares criaturas que se comunican a través de un lenguaje diseñado con tinta. De esta forma el gobierno americano contratará a la lingüista Louise Banks (Amy Adams), filóloga experta en lenguas extrañas, y al matemático (Jeremy Renner) por si pudieran comunicarse con los recién llegados y descubrir así sus intenciones.

-Necesitamos respuestas lo antes posible.

Es decir, emprenden un reto que ha tomado el género desde sus referencias más clásicas ese “Ultimátum a la Tierra” (Robert Wise) a los títulos más recientes: ver si triunfa la vertiente pacífica y conciliadora con los extraterrestres (Encuentros en la tercera fase) o la violenta (Independence Day).

-No necesitamos de una intérprete para saber qué significa eso.

-No sabemos si conocen la diferencia entre un arma o un instrumento.

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La ciencia-ficción cobra un gran auge en el cine actual. Habría opiniones para todos los gustos: desde el éxito de Avatar (James Cameron) a la crisis económica y moral que asola Occidente; tampoco podríamos obviar la mejora de los efectos especiales. Por un lado, encontramos muestras recientes como Moon (Duncan Jones) u Otra Tierra (Mike Cahill), en donde el género aparece velado y por otro, superproducciones como Oblivion o Elysium. Encontramos fantasías de evasión y films con una carga más intelectual o filosófica, con una estética más marcada y una historia que no reposa en la acción adrenalínica y en los efectos especiales. En esta línea, situamos “La llegada”.

Habría que hacer un aviso a navegantes. Estamos en los terrenos de la ciencia-ficción seria con invasores de otros mundos, por tanto, en las antípodas de títulos con vocación palomitera como “Independence day”, de la que se estrenó una secuela hace unos meses. Una ciencia-ficción cercana a “2001”, “Solaris” o “Contact”, es decir, al cine de Stanley Kubrick, Terence Malick o Tarkovsky, con un argumento que podría recordarnos a “Encuentros en la tercera fase” (S. Spielberg). Una película con una estética maravillosa, una gran banda sonora y un trabajo muy conseguido de su reparto principal.

-China amenaza con destruir su casco, hagan lo que hagan, Francia y Corea las seguirán.

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Es decir, una film con voluntad intelectual, aunque envuelta en los fastos de un Hollywood más o menos espectacular, en donde destacar las atmósferas visuales y sonoras características del director. Y finalmente, encontrarnos con un envoltorio muy atractivo para una premisa de lo más sencilla, nada que ver, por tanto, con las complejidades de otro destacado título de la última ciencia-ficción: “Intellestellar” (Christopher Nolan) Una película que pisará fuerte en los Oscars y que podría ofrecer una nominación para la actriz principal, Amy Adams.

Gregory Peck: Cien años de su aniversario.

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Pocos actores podrían vanagloriarse de haber trabajado con tantos directores célebres, como Gregory Peck, el actor que recordamos por cumplirse el cien aniversario de su nacimiento. Estuvo a las órdenes de Jacques Tournert en su primera película y lo dirigió Alfred Hithcock en dos ocasiones: El proceso Paradine y Recuerda; Raoul Walhs contó con el actor en su aventura marina: El mundo en sus manos o fue el capitán Ahab  en Mody Dick (John Huston). Duelo al Sol, Vacaciones en Roma, Horizontes de grandeza, Matar a un ruiseñor o Los cañones de Navarone son otras de las películas en la que tuvo a bien, participar.

Eldrid Gregory Peck nació el 5 de abril de 1916 en La Jolla (California), a los cinco años sus padres se divorciaron y él quedó al cuidado de su abuela quien le inculcó su pasión por el cine. Tras una temporada en la Academia Militar y en la Facultad de Medicina, decidió volcarse en su pasión, trasladándose a Nueva York a los 23 años con todo el patrimonio que contaba, en sus bolsillos, 130 dólares y la ayuda de una beca.  En 1942 debutó en Broadway y dos años más tarde, en el cine, estrenándose con dos películas  Días de gloria  (Jacques Tournert) y La llave del reino (John M. Stalh), que le valió su primera nominación al Oscar.

Tras el Oscar. 

Gregory Peck optó a la estatuilla en otras cuatro ocasiones más, aunque sólo la consiguió en Matar un ruiseñor.

En “La barrera invisible” (Elia Kazan, 1947) su personaje es el de un escritor que sufría las consecuencias del antisemitismo, pues para documentarse para escribir el libro suplanta la identidad de un judío. Entre el rodaje hubo tensiones entre actor y director, que quedó muy descontento con la interpretación de Gregory Peck. Los dos, de hecho, no volverían a trabajar juntos nunca más, a pesar de que logró el Oscar a la Mejor Película.  

Vacaciones en Roma.

Su personaje Joe Bradley, era un periodista que se enamoraba de una princesa joven y caprichosa, en Vacaciones en Roma. La película iba a ser dirigida por Frank Capra, pero al final recayó el proyecto en William Wyler que puso como condiciones que se rodase en la misma Roma y sin decorados artificiales, exigencias que provocaron recortes en el presupuesto. Como consecuencia, se rodaría en blanco y negro y se necesitaría contratar a una actriz desconocida; desconocida, entonces, porque Audrie Herburt destacaría como una de las grandes estrellas de Hollywood. Eso sí, a William Wyler no le gustó nada y fue tarea de Gregory Peck convencer al director para que se incorporase en el reparto. Otra cosa fue que el propio Gregory Peck tampoco fue la primera opción. Hubo un actor que renunció al personaje después de haberse leído el guión: Cary Grant. De hecho, Gregory Peck llegó a bromear con la idea de que cuando él aceptaba un papel, lo habría rechazado previamente Cary Grant.

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Héroe americano.

A pesar de que sus limitados recursos interpretativos, un temperamento escénico y su atractivo físico, unido a un gran carisma, propiciaron que le fueran ofrecidos papeles del héroe anónimo americano. Es decir, personajes que aunque no pasaron a la Historia, influyeron en la sociedad gracias a una conducta intachable. Sería el perfecto ejemplo, el abogado de Matar a un ruiseñor. 

A Gregory Peck también le ofrecieron personajes que lidiaban con el entorno hosco e inhóspito del Salvaje Oeste. Hablamos de películas como El pistolero (Henry King) u Horizontes de grandeza (William Wyler), donde interpretado a un pacífico y culto capitán de navío, retirado, que se las verá con algunos violentos rancheros, entre ellos el mismísimo Charlton Heston. Esta película, además, supuso la ruptura de la amistad con el director –desde los tiempos de Vacaciones en Roma- porque le prometió rodar un thriller para Gregory Peck –género no demasiado apreciado por William Wyler- que al final no llegó a realizar.

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‘Duelo al sol’ (1946)

Pero Gregory Peck también podía ser rudo y pasional, como lo demostró en la famosísima película Duelo al Sol (King Vidor). Dos hermanos estaban enfrentados por unas tierras pero también por el amor de una mujer. Ella era Jennifer Jones, a la postre pareja del productor, David O. Selznick; ellos, Joseph Cotten, el correcto Jesse, y Gregoy Peck, como el fiero cowboy Lewton.

Tampoco podríamos olvidar uno de sus grandes participaciones, dentro del género del terror, a través de "La profecía" (Richard Donner, 1976).

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Apunte final.

En su última interpretación para la gran pantalla, estuvo a las órdenes de Martin Scorsese en El cabo del miedo, 1993, un thriller angustioso, remake de El cabo del terror (J. Lee Thompson, 1962).  En esta, precisamente, Gregory Peck era el abogado criminalista que sufría la venganza de un ex convicto al que había defendido, Robert Mitchum. En esta versión de Scorsese, Peck vuelve a ser letrado, pero esta vez contratado por el personaje del abogado (Nick Nolte).