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Marc Foster, -recordar, el director de 007: Quanton of Solance o de la muy interesante, Descubriendo nunca jamás- demuestra en Guerra Mundial Z que el cine político –y más concretamente las relaciones internacionales del nuevo milenio- puede alcanzar al cine mainstream, pero también que otra forma de entender el género zombie es posible.

-Me comunican que tienen nuevos datos que están llegado a la redacción. Que los recién fallecidos regresan a la vida y devoran a los seres humanos.

George A. Romero introdujo el concepto del zombie contemporáneo, alejado del muerto viviente del mito de las plantaciones haitianas, el negro y el vudú, de Yo anduve con un zombie (Jacques Tournert) o La legión de los hombres sin alma (Walter Halperin). Desde entonces, el séptimo arte ha querido plasmar en imágenes todo tipo de ataque de origen zombie, extendiéndose como una pandemia hacia los videojuegos (Resident Evil) o la televisión (Walking Dead). El subgénero está tan de moda que son muchos los actores que se prestan a liderar la resistencia, como hace Brad Pitt en Guerra Mundial Z. Ya no son zombies lentos y torpes, sino auténticas hordas imparables.

-Aquí no hay lugar para el ciudadano no esencial. ¿Quiere ayudar a su familia? Averigue cómo podemos detenerlo.


Un ex investigador de la ONU se ve obligado a buscar una cura a través del “paciente cero”, una idea que pronto se convertirá en todo un macguffin pero que daría la pista para hallar la solución al problema. En una película que bebe de numerosas referencias, aunque observamos una gran originalidad: es la primera vez que una invasión zombie sirve como telón de fondo del cine de catástrofes y del cine político. Eso sí, el conflicto se extiende por toda la Tierra.

-Prevemos que doce de cada cien habientes del planeta contraerá esta enfermedad en las próximas horas.

Un rodaje polémico.

La película se basa –aunque algo de pasada- en el bestseller homónimo de Max Brooks (seguramente no suene de nada, pero su apellido es toda una referencia cinematográfica al ser hijo del cineasta Mel Brooks y de la actriz Anne Bancroft).

Con las suficientes referencias sobre el original, se descubre  que su estructura narrativa es muy distinta de la presentada en la película. El libro de Brooks está construido alrededor de una serie de supuestos informes y entrevistas que documentan minuciosamente el origen, desarrollo y punto final de una plaga zombi de proporciones planetarias, empezando por la existencia de un “paciente cero”, el portador inicial de la plaga, y concluyendo con los informes definitivos sobre el control de la misma tras una batalla que se ha saldado con millones de vidas humanas.  Evidentemente esto no es lo visto en el film. Guerra Mundial Z: the movie no está planteada de esta manera, sino que gira principalmente alrededor del personaje de Gerry Lane (Brad Pitt) y, por supuesto, del gobierno de los Estados Unidos en coordinación con los gobiernos de otros países, de cara a la contención de la pandemia zombi. La motivación de Gerry, como suele ser habitual en la gran parte del cine comercial hollywoodiense de todas las épocas, es de tipo personal, y cuando se dice “personal”, es familiar: gracias a sus antiguos contactos en la ONU, el protagonista ha conseguido plaza a bordo de un portaaviones para su esposa Karin (Mireille Enos) y sus dos pequeñas hijas Constance y Rachel (Sterling Jerins y Abigail Hargrove), pero con la condición de que cumpla una determinada misión.

Pero el rodaje de la película se marcó por la polémica desde el nacimiento como proyecto,  lo que suele ser la tónica seguida por los grandes clásicos: a mayor éxito, mayor dificultad en el rodaje. Las respectivas productoras de Brad Pitt y Leonardo DiCaprio (Plan B y Appian Way) se enfrentaron por conseguir los derechos de la novela, hasta recaer en el bando del primero, como todo el mundo sospecharía. Como todo buen blockbuster, hubo cambios de guionistas. Se pasó de Michael Straczynski (El intercambio, Clint Eastwood) a Michael Carnahan (Leones por corderos), a quién se sumarían Damon Lidelof (Prometheus) y Drew Goddard (The cabin in the Woods).

Esto explica los subsiguientes cambios en el guión. La primera versión recogía una batalla final en Moscú, al estilo seguido en la novela original, pero de forma definitiva se quedó el tono más reflexivo a cargo del personaje (¡cómo no!) de Gerry (Brad Pitt). A fin y a la postre, uno de los productores. A parte de esto, hubo incautaciones de parte del armamento usado en el film por parte de las autoridades israelíes, mientras se rodaba las escenas del set piece israelí, y sospechas de enfrentamiento entre el director y la estrella.

Zombies alejados del cliché.

Efectivamente, los muertos vivientes de Guerra Mundial Z ni practican el canibalismo y ni tan siquiera tienen un aspecto excesivamente putrefacto; apenas hay una gota de sangre en los momentos que se prestan a ello, e incluso las escenas más crudas están resueltas mediante el fuera de campo: el flashback que ilustra brevemente cómo se contagió el médico surcoreano de la base militar; o aquella escena en la que Gerry amputa de un machetazo la mano izquierda de la soldado israelí Segen (Daniella Kertesz), Comprendo que esta ausencia de gore pueda decepcionar a los seguidores de George A. Romero o de la muy irregular teleserie The Walking Dead