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Hay muchos directores que se han acercado a la adolescencia, porque todos hemos pasado por ella, pero también por ser la etapa de la vida que marcará tu edad adulta. Desde este punto de vista, el cine siempre ha sentido un interés por quiénes somos y cómo nos hemos ido formando, por la forma de llegar a ser lo que seremos en esa edad fundamental en el que la vida nos pida responsabilidades. Por lo tanto, y en nuestro estilo, repasaremos todos esos maestros y profesores del séptimo arte.

Entre los Pigmaliones más interesantes del celuloide se encuentran algunos engreídos y envidiosos como el profesor de matemáticas Lambeau (S. Skargard, en El indomable Will Hunting), otros con una inspiración creativa, el personaje de Michael Douglas (Grady Tripp) en Jóvenes prodigiosos; autoritarios con una gran personalidad (Kingsfield, John Houseman en Vidas de estudiante), personaje que podría parecerse al doctor House de la Facultad de Derecho. He aquí una de sus perlas: “llame usted a su madre y dígale que es probable que no llegue a ser abogado”. Los hay gafes y disparatados, como Julius Klemp (Jerry Lewis en El profesor chiflado); algunos profesores llevando la rebeldía en la sangre (Dewey Finn, Jack Black en Escuela de rock): “Tenéis que ser sentir el rock en la sangre y en las tripas. ¡Debéis romper las reglas!”. E incluso, también existen los maestrillos que esperan lograr algo más en sus puestos de trabajo, como el Padre Manolo (Daniel Jiménez en La mala educación, Pedro Almodóvar): “Vamos Ignacio, acompáñame a la capilla...”. ¡Picarón!.

En muchas ocasiones se ha acercado a la figura del profesor idealista, empecinado en cambiar el mundo y mejorar las cosas a toda costa. Desde el interpretado por Sidney Poatier (Rebelión en las aulas): “Vuestra obligación es cambiar el mundo si podéis”; a Robin Williams (Sr. Keating) en El club de los poetas muertos (Peter Weir): “Carpe Diem. Aprovechad el momento. Haced que vuestra vida sea extraordinaria”; o Michelle Pfeiffer (Mentes peligrosas): “Cuando vaya a mi tumba iré con la cabeza alta y el espíritu fuerte. ¡Esto es una elección! ¡No hay víctimas en mi clase!”.

En definitiva, todo termina siendo una elección. Ya lo decía el profesor Dumbledore, en Harry Potter y el cáliz de fuego:

- Tendrás que elegir entre hacer lo fácil o hacer lo correcto.

Pero el profesor, deberá lidiar con el líder de la clase que se le enfrenta como un gallo de pelea, mientras que se cuestiona sobre un sistema educativo lleno de interrogantes. (Rebelión en las aulas)

- ¿No sabe que no se permite el castigo corporal o mejor dicho, ninguna clase de castigo?

- ¿Ninguno?

- No.

Por lo que el maestro instruye a sus alumnos con ideas propias que hacen mella en la clase y es entonces cuando el líder se rinde.

- No hay sitio para estos dos en nuestra escuela, esta mañana hemos dado un paso hacia delante y no se puede retroceder. Les guste o no. Ahora voy a llevar a estos dos abajo.

- Creo que nos gustará echarle una mano, señor Tarling.

Semilla de maldad es uno de los principales referentes del cine ambientado en los institutos, que diseñaría un esquema, luego repetido en Rebelión en las aulas y Mentes peligrosa, aunque a mucha distancia del clásico protagonizado por Glenn Ford. Si el mayor reclamo de Rebelión en las aulas era que la historia se desarrollaba en Londres, el profesor era negro (Sidney Poatier) y los alumnos, blancos, el argumento de Mentes peligrosas, se construye con la idea de que la profesora es mujer, junto a una pandilla de adolescentes violentos. Mentes peligrosas seguía el esquema de Semilla de maldad, aunque con una variación: queda patente el fracaso del profesor, no existen superhéroes en la educación y por mucho que se intente evitar, siempre quedaran cadáveres en el camino, alumnos a los que no se les puede redimir.

- Yo sé quien es usted, la blanca tragapastosa que ha estado liando la cabeza de mis niños. Ellos no van a volver a su instituto, y se acabó.

- ¿Usted se lo prohíbe?

- Desde luego que sí, ya sé lo que traían a casa, poesía y poemita, una pérdida de tiempo. Tienen cosas más importantes por las que preocuparse.

Pero para fracaso es el que planteaba años atrás François Trouffaut (en 400 Golpes) que renunciaba a la profunda existencia de un modelo educativo en continua gotera, forjada por una sociedad con muchos palos y mucha sangre derramada en pos de la buena educación. Cine francés con grandes ejemplos dentro de esta temática, como Cero en conducta, de Jean Vigo o Adios, muchachos (Louis Malle).

La ausencia de un modelo es también muy alabado en sistema educativo tan prestigioso como el británico, en donde hay profesores que fracasan por su incapacidad para motivar a sus alumnos en aquello que les entusiasma. Un buen ejemplo de esto es el título de La versión Brouning (Mike Figgins).

- He degradado la llamada más noble que pudiera seguir un hombre, el cuidado y la formación de unos jóvenes. He fracasado miserablemente, y sólo puedo esperar que encuentre en vuestros corazones, en ustedes y en los alumnos que os han precedido, el modo de perdonarme por haber fallado.

También el cine patrio se ha preocupado por mostrarnos esta simbiosis existente en el mundo educativo, entre el profesor y sus alumnos. Un buen ejemplo sería La lengua de las mariposas, con un excelente Fernando Fernán Gómez, aunque eso sí, cada uno lo presenta de un modo distinto, particular:

- El infierno del más allá no existe. El odio, la crueldad, es el infierno. A veces el infierno somos nosotros mismos.

Como hace el cine argentino, con un magnífico Fernando Luppi, interpretando a un profesor en Lugares comunes:

- Despierten en sus alumnos el dolor de la lucidez, sin límites, sin piedad.

El profesor, el aula y el adolescente en el blog. 

Diarios de la calle.

La violencia en el aula: acosado y acosador.

Carpe Diem: Juventud y muerte.