- Carpe Diem, aprovechad el momento. Coged una rosa mientras podáis, porque seremos pasto de los gusanos, porque lo creáis o no, todos lo que estamos en esta sala, un día dejaremos de respirar, nos enfriaremos y moriremos.

 El club de los poetas muertos. Peter Weir.

  Si existiese un subgénero sobre adolescentes marcados por la muerte, Nicholas Ray marcó las pautas en una serie de trabajos en la que destaca Rebelde sin causa, en donde sus tres protagonistas se encuentran perdidos, en un mundo que los asfixia y no les comprende. Todo un legado que sigue vigente.

  - Yo me dije: este va a ser un día fantástico, así que aprovéchalo, porque mañana quizás no vivirás.

  La ópera prima de Sofía Coppola, Vírgenes suicidas, exploró el camino tomado por cinco hermanas que reflexionan sobre la vida y la muerte, aunque no perdiendo por ello el sentido del humor.

 - ¿Qué haces aquí? Eres muy joven para saber valorar lo que es la vida

 - Obviamente doctor, usted no ha sido una chica de trece años.

 En el otro extremo, en el cine español encontramos interesantes reflejos de la adolescencia, como en el filme de Fernando León de Aranoa, Barrio, cuyos protagonistas pasaban las horas muertas paseando por las calles, descubriendo la mezquindad en cada recodo. Unos chicos que discuten sobre un futuro incierto.


 - ¿Te imaginas adelantar 10 años seguidos o 30, y tener 40 de golpe?

 - Sería de puta madre.

 - Ya casado, con curro, viendo la tele en tu casa.

 - O tirado en un albergue, no te jode, echo mierda, con el hígado reventado.

 - O en la piscina, rodeado de tías en pelotas.

 - O en la cárcel, con un tiro en la cabeza.

 - O en un yate, en Marbella tirándome a Claudia Shiffer.

 - No jodas, ya será una vieja.

 El recuerdo de la adolescencia nos lleva a veces a esa nostalgia, sobre todo cuando el deseo de "aprovechar el momento" se convierte en una necesidad ante la inminencia de la pérdida. Miguelito, personaje de El camino de los ingleses, -película de Antonio Banderas-, observa a los amigos, sabiendo que pronto los va a perder; con la misma emotividad con la que Alejandro Iñárritu, presentaba a la adolescente sordomuda de Babel. Son los amigos que juegan con los deseos más íntimos, como sucede a los chicos de Historias del Kronen, de Montxo Armendáriz, o de Tomates verdes fritos (Jon Avnet), que descubren el iniciamiento de la muerte, el amor e incluso la homosexualidad.

 En definitiva, se trata de una etapa de nuestras vidas en donde nosotros mismos vamos dándonos cuenta de nuestra propia identidad y en la que hay una mayor ánsia de libertad.

 - Soy un crío, estoy en la flor de la vida y sólo se es joven una vez. 

 Rob Reiner, en Cuenta conmigo, nos enseñaba que hasta alguien como Stephen King tuvo una infancia. Al fin y al cabo, estamos ante un momento único en nuestras vidas, por el pasamos todos y que siempre solemos recordar con cariño. También nos lleva a planteamientos existencialistas, que devienen en los problemas típicos de la adolescencia: la propia apatía o la soledad que lleva a la muerte. En definitiva, la fugacidad de la vida, la necesidad del Carpe Diem.