- ¡Eh, yo me tomo muy en serio mi planeta!

- Dí que el calentamiento global es un mito.

- Es un mito. En la cabeza no, que estoy estudiando.

Quizás por la pulsión autobiográfica de algunos directores, quizás por la fascinación que el cine siente por la infancia y sus postrimerías, existe una gran filmografía sobre el maltrato en las aulas y sus entornos adyacentes. En demasiadas ocasiones el maltrato se considera como algo natural, como algo propio de la edad e incluso como algo risible; sino recordad la familia más catódica de la televisión, Los Simpson con el personaje de Nelson, el gamberro del colegio, que tiene un especial interés por Milhouse. En otras ocasiones, el pringado de la clase funcionaba como alter ego de un superhéroe, cuyo mérito consistía en la contención de su ira y por tanto en sus capacidades sobrenaturales. Esto aparecía tanto en el personaje de Superman como en todos aquellos chicos que buscaban, de alguna forma, superar las adversidades cotidianas que incluso podían aparecer entre los muros de un colegio.

Cuando el acosado respondía al acosador con su misma moneda se pretendía el aplauso del público a un protagonista que recurre a la violencia como forma de superación personal. Así, pues el cine ha generado reflexiones más o menos serias y profundas sobre la violencia en las aulas, sobre como su aberrante normalización en la adolescencia se perpetúa en la madurez como resolución de nuestros conflictos. Uno de los filmes que más inciden en este aspecto es Una historia de violencia (David Cronemberg).

- Escúchame listillo, en esta familia no solucionamos los problemas a base de trompazos.

- No, los solucionamos a tiros.


El séptimo arte nos ha acercado a esta temática desde una multitud de puntos de vista y géneros, desde el drama, la comedia o el terror. Brian de Palma adaptaba un relato de Stephen King –Carrie- sobre una adolescente que decidía vengarse de sus compañeros, empleando sus poderes telequinéticos, en plena fiesta de fin de curso. Esta normalización cultural de la violencia junto con el libre acceso a las armas de fuego, causa masacres como la del instituto Columbine, excepcionalmente narrada por Gus Van Sant, en Elephant, una historia en la que dos perdedores adolescentes, -acosados y víctimas por un sistema que promueve el éxito- deciden poner fin a su existencia, llevándose antes todo lo que odian. Esta tragedia inspiró también Bowling for Colombine, reflexión acertada pero incorrecta en sus formas, en la que Michael Moore eclipsa sus razones con sus siempre discutibles puestas en escena.

- Yo odio a los blancos.

- ¿Me odias? Pero si no me conoces.

- Sé lo que puedes hacer.

                                      

Los institutos suburbiales son caldo de cultivo para las bandas -que agrupadas bajo idearios racistas-, utilizan el conflicto étnico como excusa y motivo de identidad. Diarios de la calle es uno de los filmes más recientes sobre la temática, pero es sin duda American History X el mejor ejemplo en este sentido. Al margen de la etnia, el acosador, como individuo amparado en la masa, encuentra en el diferente, el anormal, una muestra excelente para el linchamiento colectivo. El episodio de All invisible children, dirigido por Spike Lee, establecía una relación directa entre el carácter intolerante de los padres y el de los hijos acosadores. Una niña enferma de Sida era la víctima perfecta para una agresión colectiva. En esta misma dirección recaía la reflexión de François Truffaut en Los cuatrocientos golpes, pues la responsabilidad no sólo recae en los educadores, sino también en los padres, culpables en muchos casos y verdaderos delincuentes, en otros. Archero Mañas nos dejó una emotiva y dura película sobre este aspecto, El bola, aunque fue Larry Clark, en Ken Park, quien llevó la provocación hasta límites nauseabundos, en un filme centrado en el comportamiento del adolescente, profundizando en los abismos generacionales y apuntando como causa principal la intolerancia paterna.

Pero la problemática es aún más compleja. El rol del educador tradicional, -desdibujado por los sistemas educativos modernos-, da paso a la figura del profesor acosado, estresado y en muchas ocasiones dado de baja por depresión. El tema de la violencia en el aula, más que desaparecer, toma un nuevo giro que seguirá inspirando a otros tantos títulos cinematográficos.