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A medio camino entre Mentes peligrosas, Rebelión en las aulas y El rector, más que como referencia a El club de los poetas muertos, Diarios de la calle se presenta como una fábula urbana en donde el profesor coraje de turno pretende preparar a sus alumnos tanto en el plano académico como en la vida misma, enseñándoles sus propias valías y a enfrentarse a los conflictos personales.
 
- Yo soy profesora, no importa de qué color seas.        

- Todo lo que importa es el color, porque hay gente que decide lo que te mereces, gente que tiene lo que no se merece, porque los blancos se creen que mandan en el mundo, pase lo que pase. Y yo odio a los blancos.

- ¿Me odias?
- Sí.
- Si no me conoces.
- Pero sé lo que puedes hacer.
 
Hacía tiempo que descubrimos que existía vida inteligente en los institutos, fuera precisamente de las comedias rosas, para adolescentes, salidas de la Productora Flower Films, al estilo de No me han besado nunca. En esta ocasión, la propuesta de la película resulta más seria que Mentes peligrosas, pero más ingenua y edulcorada que las dos últimas citadas.


Qué la adolescencia es una de las etapas más conflictivas de un chico es algo que todos sabemos y que su simbiosis con los institutos ha dado mucho juego en la gran pantalla, por ser una materia prima muy taquillera y que sirve para acercarnos a un público mayoritario que asiste a las salas, pero también a los problemas de máxima actualidad y de cualquier ciudad del mundo, sobre todo en un país multiétnico como los Estados Unidos. En realidad, los centros de enseñanzas no son una excepción a la hora de reflejar grandes parcelas del mundo que nos rodea, más bien es uno de los mejores escaparates en donde presentar las cadencias sociales y el cine ha dado buena cuenta de ello, a menudo acompañado de un esquema narrativo y mensaje moralizantes. Un profesor novato llega a la clase, sin experiencia en la enseñanza, pero se muestra ilusionado con su trabajo. Este tema, auténtico cliché de esta cinematografía, tuvo una primera representación en la gran pantalla con Semilla de maldad (Richard Brooks). Él era Glenn Ford, interpretando a un profesor idealista que deberá enfrentarse al sistema educativo y al alumno conflictivo, líder de la clase (S. Poatiers)

- Oiga, esos chicos no pueden ser todos malos, ¿verdad?
- No, ¿por qué?

 Es este el papel de Hillary Swank, al interpretar a una joven idealista que consigue conectar con esta pandilla de adolescentes. El personaje principal no parece conocer el significado de la palabra “fracaso”. Fue capaz, en la vida real, de domar una jauría humana, insuflando ideas como respeto o tolerancia, pero también a fuerza de saber trabajar en equipo y haciéndoles ver que cada uno de ellos compartía el mismo grado de dolor.
 
- Cada uno de vosotros tiene su propia historia y es importante que contéis vuestra historia, así que lo que vamos a hacer es escribir todos los días en estos diarios. Tener un boli a mano para cuando os venga la inspiración y no va a llevar nota. ¿Cómo voy a poner un 10 o 5 por escribir la verdad? ¿no?, y no los leeré, si no me dais permiso. Tendré que ver si habéis escrito algo, pero sólo haré esto [ojearlo rápidamente] para ver si lo habéis escrito.
 
La táctica consiste en hacerles escribir un diario en donde ellos poder volcar toda la rabia que tienen y contar sus experiencias e historias de las malas calles. Diarios de la calle surgió precisamente del libro que acabó editándose, al recoger todo el material escrito por los alumnos. E incluso fueron ellos los que decidieron trasladarlo a un ordenador y elaborar un volumen que se titularía El diario de los escritores en libertad.


 - Ya no éramos sólo unos alumnos cualquiera, éramos escritores con nuestra propia voz, nuestra propia historia, y aunque no lo leyese nadie, el libro quedaría como prueba de que estuvimos allí.

Otro de las ideas del argumento es reflexionar sobre el tema del racismo, desde el punto de visto nazi. Pero, ¿Cuántos jóvenes conocen la palabra holocausto en un barrio de Los Ángeles? ¿Puede un pandillero abandonar la violencia, al conocer los horrores de unos hombres sobre otros hombres al visitar un museo del holocausto? Estos son los interrogantes de películas como Diarios de la calle, e incluso de American History X, aunque habría que tener en cuenta que el nazismo surgió en una de las sociedades culturalmente más avanzadas de su época y que esa sociedad fue capaz de defender el exterminio con el argumento de la deshumanización de sus víctimas.
 
Estos serían algunos de los matices que la hacen adentrarse en terrenos más complejos, matices que la llevan a vivencias más allá de las aulas. De ahí que la cinta cuente acerca de la fuerte relación que llega a existir entre la protagonista y este grupo multiétnico, lanzando algunos mensajes sobre la tolerancia racial e integración, pero además proponiendo uno horizontes más allá del ghetto, con la imagen de que en América cualquier meta es posible, siempre que se realice el esfuerzo adecuado. Nuevamente nos acercamos a la ideología imperante en los Estados Unidos, la propia del mundo capitalista, caracterizada por un profundo individualismo, sentido de la competitividad y la idea de la igualdad de oportunidades, pero ambientada en un instituto de los barrios bajos de una gran ciudad.
 
- Vosotros habéis llegado hasta aquí, pensar en cómo lo habéis conseguido. Todos vosotros podéis terminar el instituto, algunos seréis los primeros de vuestra familia, los primeros que puedan ir a la universidad, algunos seréis más rápidos que otros, pero todos tendréis esa oportunidad. Y será un logro vuestro.
 
 Hay algunos que no aprenden y que todavía pretenden hacernos ver que la realidad es un mundo en donde puede que un día nos levantemos, viendo cómo todo ha cambiado para bien. Se continúa con lo mismo, a su estilo, presentado a la película Diarios de la calle casi como un drama de telefilm, aunque firmado por la productora MTV, en el que le sobran tantas lágrimas fáciles como artificios visuales y muchos de los tópicos que han abundado en la cinematografía americana sobre este tema. Es posible que la historia esté basada en algo que ocurrió en la realidad, pero en el cine, aparte de resultar veraz y de llenarse de buenas intenciones, además de ser real, debe parecerlo.