Blogia
Travelling. Blog de cine.

Con nombre propio.

Jack Finney: De la literatura a un género clásico de la ciencia-ficción.

Jack Finney: De la literatura a un género clásico de la ciencia-ficción.

Don Siegel, Phillip Kaufman, Abel Ferrara y Oliver Higsfield fueron los cineastas que realizaron adaptaciones de la famosa obra, a la que podría sumarse The faculty (Robert Rodriguez), inspirada parcialmente en el texto original de Jack Finney.

En el McCarthismo y la caza de Brujas encontramos el componente ideológico de la primera adaptación, a mediados de los años cincuenta. De impecable factura técnica, muy superior a los standars de la época, la obra de Don Siegel no necesitaba describir entre líneas que la ideología del invasor es la del enemigo comunista, pero eso sí, muchos observaron en su historia el contexto de los primeros compases de la Guerra Fría.

- De repente, cuando estéis durmiendo os absorberán vuestros cerebros, vuestros recuerdos y volveréis a nacer en un mundo sin preocupaciones en donde todos serán iguales.

- ¡Vaya un mundo!.

En este sentido, La invasión de los ladrones de cuerpo es uno de los títulos inaugurales de una manera de plasmar esta psicosis que sería imitada hasta la saciedad, tanto que se hicieron diversas secuelas de este clásico dirigido por Don Siegel. Si fueras alien (léase, comunista) y quieres invadir la Tierra (o los Estados Unidos), ¿por qué exponer tus platillos volantes a las flamantes armas nucleares humanas?. 

                       invasion2

La segunda adaptación de finales de los setenta traslada la trama a la ciudad de San Francisco. Protagonizada por Donald Sutherland y Jeff Goldumb, gracias a la brillante dirección de Phillip Kauffman, La invasión de los ultracuerpos, consigue retratar con precisión el aislamiento y desesperación del hombre en medio de la urbe moderna, dejando atrás la politización de su predecesora. Eso, teniendo como telón de fondo la Guerra de Vietnam y el caso Watergate, con un cameo del protagonista de la primera adaptación, Kevin McCarthy, que aparecía en medio de una calle, cortando el tráfico, tal y como lo hacía en la famosa última escena de la película. ¿Quién no tiene pesadillas con el grito espeluznante del final del film? Una oda sobre la falta de emociones de la vida moderna y la incomunicación, como una gran parábola social. 

                       invasion-de-los-ultracuerpos

La estética apocalíptica de las escenas de las persecuciones rodadas por Kauffman ha influido en una multitud de directores, de la talla de Danny Boyle, como se observa en 28 días después, pero también en la tercera adaptación que vino de la mano de Abel Ferrara, que incomprensiblemente adoptó el mensaje anticomunista de Siegel, tomando las medidas que popularizaron el filme de Kauffman, para repetir la fórmula. Demostraba lo absurdo que puede llegar a ser una repetición. En esta ocasión, en Body Snackers (Ladrones de cuerpos), el cineasta ambientaba esta historia de invasiones alienígenas en una base militar, con el mismo final apocalíptico que las anteriores. 

- Vamos, la historia de los ladrones de cuerpos es una historia inventada, la puedes encontrar en la sección de ciencia-ficción de la biblioteca.

- Y La Lista de Schidler, también, pero toda ficción se basa en algo real, ¿no? ¿Qué nos enseña la Srta. Burke en la clase de literatura? "Escribir de lo que sepáis". Quizás ese escritor...- Jack Finney.

- Se encontró con alienígenas en su instituto y quiso escribir sobre una invasión. 

Inspirada en clásicos de la ciencia-ficción, The Faculty narra la invasión alienígena, desde el punto de vista de un grupo de adolescentes (todos ellos arquetípicos de ese universo teen de los institutos) que un buen día descubren que sus profesores son extraterrestres. Algo que todos hemos sospechado alguna que otra vez.

La más reciente incursión, La invasión de Oliver Higsfield nos demuestra que este género está vivo, pero sin novedades en el frente. Eso sí, toma prestado elementos de la actualidad, el pánico al 11S y las "imperfecciones" sociales, globales, de nuestro mundo: las guerras, el terrorismo, la violencia. 

-Un mundo sin guerras, sin violaciones, porque en nuestro mundo no nos hacemos daño. Todos somos uno. 

Este es el fundamento político de La invasión, una película complaciente que, abogando por la democracia, justifica buena parte de los males que padece nuestro mundo. Desde las guerras a las peores injusticias, al fin y al cabo, esto son sólo daños colaterales surgidos de la imperfección humana. 

- A veces hay que hacer cosas que nos duelen para tener una vida mejor. 

                               the_invasion_movie_image_nicole_kidman_s

Dejando a un lado la más que cuestionable ideología de La invasión, la nueva adaptación de la novela de Jack Finney, rinde homenajes a sus predecesores e introduce novedades interesantes en la trama. Para empezar, los alienígenas no se duplican ya a través de vainas, sino que mutan a través de un sueño del portador de un virus. Y lejos de ser un problema local, la invasión es global; pero lo fundamental es que en esta nueva versión se crea un núcleo de resistencia muy organizado contra la epidemia alienígena. La invasión se empeña en subsanar las lagunas de credibilidad de cualquier obra de género y descuida el componente psicológico de los invasores, simplemente carecen de emoción, poco más sabemos de ellos. Una vez más el antagonista es un arquetipo mal definido. 

- Tranquilícese, se les puede engañar, pero hay que estar tranquilo. No muestre ninguna emoción, así no pueden distinguirnos. Mantén la calma.

Los duelos de Sergio Leone.

Al igual que en las películas clásicas del Oeste, en el Spaguetti-western siempre hay un vaquero solitario, un caballo y un arma. Aunque algunos consideran que se trata de una parodia del género, la verdad es que cuenta con personalidad propia y muchos directores y actores del Hollywood dorado aparecieron en él. Eso sí, fue un subgénero inventado por los italianos, sobresaliendo los tres Sergios, Leone, Corbucci y Colima.

-¡Qué horrible tiene que ser!

-No es suficiente, una soga para ahorcarle.

-¿Qué quiere decir?

-Qué hasta un harapiento como él, tiene un ángel de la guarda.

Sus westerns no corresponden al género clásico americano, el del nacimiento de una nación bajo los ideales de justicia, libertad y paz.  En sus historias no hay indios y ni tan siquiera el prototipo del héroe clásico, por ejemplo, de los filmes de Ford. Sus personajes principales son pistoleros, bandidos y ladrones que muestran una ambigüedad moral. De hecho,  Leone resuelve sus historias con violencia, crueldad y unos personajes que se alejan de las grandes gestas y de las convenciones épicas. Su cine fue imitado por directores como Quentin Tarantino, quien haría de su estilo, una marca de la casa: la yuxtaposición de tomas largas con planos cortos, la coreografía lenta y despiadada de sus duelos, y la música de Ennio Morricone; mucho más que una simple nota musical, el alma de la película.

Entre sus referencias encontramos a Kurosawa (Johimbo) e incluso Ford, pero sobre todo Aldrich y algunos títulos como Sólo ante el peligro (Fred Zinneman). El Oeste decadente, sin componendas épicas o sentimentales, de Robert Aldrich, sentaría las bases del spaguetti-western, en general, y de Leone, en particular. Sólo parece existir violencia y exceso; y sus personajes parecen estar en consonancia a este tempo. Se tratan de unos particulares héroes que tratan de sobrevivir de una forma inmoral y violenta; unos asesinos y ladrones que llegan a hacer un uso de la violencia casi como una metáfora deportiva. Un ejemplo, toda una excentricidad en Leone, es el duelo que mantuvieron Lee Van Cleeft y Clint Eastwood en La muerte tenía un precio.

En realidad, prácticamente todos sus personajes están condenados a morir. "Algo que ver con la muerte", es un título de una de sus biografías, pero se tratan de muertes muy cuidadas, pues sus duelos se ritualizan. Comienzan con la partitura musical y continúa con la característica fotografía de Leone, entre el paisaje y los primeros planos. Los andares, los sombreros, las botas, las armas y un estupendo juego de miradas. El bueno, el malo y el feo presentaba un duelo con un ritmo frenético, mientras que el de Hasta que llegó su hora, un ritmo muy lento. Pero ambos heredan el tempo del duelo de El último atardecer, de Aldrich, entre Kirk Douglas y Rock Hudson.

Destacamos, en este sentido, el que mantuvo Henry Fonda y Charles Bronson en Hasta que llegó su hora. Leone lo contempla como una danza. Empieza con la partitura musical de Frank, Like a Judement. Pronto nos encontramos con la característica fotografía de Leone, entre los paisajes y los primeros planos. Los andares, las botas, los sombreros. Y un ritmo lento, nada que ver con el frenético tempo de El bueno, el malo y el feo. Entonces suena la partitura musical de Harmónica. No hay diálogos, sólo música.

Una curiosidad en la forma de plantear sus películas es que éstas arrancan la historia y concluyen con secuencias de duelos similares entre ellos. Si viésemos en una serie continua muchos de sus duelos, veríamos la semejanza. Así empieza El bueno, el malo y el feo.

-¿Sabes que tu cara se parece a alguien que vale 2000 dólares?

-Pero tú no te pareces a quien lo va a cobrar.

Así, Hasta que llegó su hora.

-¿Lleváis tres caballos? Sobran dos.

Y esta, la primera secuencia de un duelo, en La muerte tenía un precio. Antológica.  

 -Hacéis muy mal en reíros, a mi caballo le molesta la gente que se ríe.

  Hemos dejados para el final dos de los grandes momentos. En el primero encontramos a Rubio, Tuco y Sentencia, o lo que es lo mismo, Clint Eastwood, Elli Wallach y Lee Van Cleeft, reunidos en un cementerio por un buen puñado de dólares.

 -Doscientos mil dólares es mucho y tendremos que ganárnoslo.

-¿Cómo?

-El nombre de la tumba lo escribiré aquí.

 Y el último, de nuestra selección, es el que cierra la película La muerte tiene un precio.  En esta ocasión, Clint Eastwood es un mero espectador del duelo. Lo protagonizan Lee Van Cleeft y Gian María Volonté, aunque no podamos olvidar de la magnífica música del reloj que acompañaba al personaje y que marcaba el tempo de sus duelos.

  -Cuando acabe la música, recoge el revólver, si puedes.

John Huston: La épica de los perdedores.

John Huston: La épica de los perdedores.

 Los personajes a la deriva, sin comprensión, cuyas vidas aparecen apocadas al fracaso casi desde el comienzo es una de las claves para entender la filmografía de este grande del séptimo arte. Siempre se ha mostrado una especial predilección por las historias en las que la dignidad personal era la única justificación vital que le quedaba a sus desencantados y perdedores personajes. El cine y la literatura han sentido un apego por los derrotados. Esquilo lo expresaba así, en su obra Agamenón: “Solo a aquel que ha sufrido se le da la capacidad de comprender”.

 Huston supo sacar de lo mejor de estas letras, el espíritu del derrotado, de sus adaptaciones de Melville, Stephane Crane, Hemmingway, Tennesse Williams o Rudayard Kipling. De este último autor surgió una de las grandes películas del cineasta y la que mejor define el destino -siempre trágico- de  unos pícaros en busca de una mejor vida. El hombre que pudo reinar. “No somos dioses, pero somos ingleses, que es casi lo mismo”. Pocas frases como ésta definían la política del Imperialismo inglés del siglo XIX, pero del mismo modo, pocas definiciones encerraban una mayor ironía. Quienes así se describen eran unos pillos redomados, Danny Drabota (Sean Connery) y Peachy Carnehan (Michael Caine), quienes al servicio de Su Magestad, en La India, habían sido ladrones, estafadores o todo aquellos que les permitieran sobrevivir.

El ambiente de fatalidad en que se mueven sus historias tiene un punto en común, la ambición. Es el deseo, siempre frustrado, por la búsqueda de dinero, alguna joya, venganza o un legendario tesoro en forma de halcón, “del material del que están hechos los sueños”. De corte shakesperiano, El Halcón maltés evocaba la avaricia que siempre acababa trágicamente. 

- Tendrá suerte si te echan cadena perpetua, eso significaría para toda la vida. Te estaré esperando. Si te ahorcan, te recordaré siempre.

Ese ambiente de fatalidad de estos personajes ya estaban presentes en sus trabajos como guionista, anticipo de su gran Sam Spade cómo ese héroe romántico y fatalista. Sirva como ejemplo, esa obra maestra a cargo de Raoul Walsh que fue El último refugio, con un Humphrey Bogart anterior a El Halcón maltés. Pero su estilo lo definió, como nadie, en sus películas como director: El tesoro de Sierra Madre.

- Vaya broma nos ha gastado Dios, la naturaleza, el destino o como quiera llamarlo.

O aquel retrato de la obsesión que fue Moby Dick, con un grandioso Gregory Peck, interpretando a uno de los grandes mitos de la literatura el Capitán Acab. Perdedores también fueron los protagonistas de ese extraño western llamado Vidas rebeldes, filme que estaría marcado por la propia fatalidad del director por ser el último trabajo de sus dos actores: Carl Gable y Marilyn Monroe, además de coincidir con la muerte de Arthur Miller, el autor guión. ¿Y no encierra algo de ironía que la última película de Huston se titulase Los muertos?
                               El Halcon Maltes

moby_dick_john_huston

                               vidas rebeldes 

Robert Redfort: Actor y director.

Robert Redfort: Actor y director.

El luminoso rostro de Robert Redfort, desprovisto de expresividad y ofreciendo la sensación de que los abusos de la cirugía plástica se ha ensañado con él, por su deseo de revivir la nostalgia de un pasado esplendor, ha ido representado durante más de treinta años la cara más grata y civilizada de los Estados Unidos. La sensación de que era tipo de fiar, con cerebro y conciencia, un hombre de bien, independientemente de los personajes y los atributos con los que Hollywood suele premiar y mimar a sus estrellas tan rentables como eternas. Como Cary Grant, James Steward o Gary Cooper es impensable verle como villano y dando vida a lo enfermizo o al reverso tenebroso de América. Demócrata y ecologista convencido, a lo largo de su trayectoria, Redford ha demostrado una coherencia política en la elección de sus papeles más comprometidos. En El candidato denunciaba a una clase política muy preparada para ganar unas elecciones pero incapaz de gobernar.

- Bueno, ¿qué vamos hacer ahora?
- ¿Qué?
- Vale, ya soy senador, ¿Y ahora qué?

Protagonizando Todos los hombres del presidente (Alan J. Pakula), Redfort abogó por la libertad de prensa como pilar fundamental de la democracia, mientras que con Sidney Pollack denunció los oscuros métodos del terrorismo de Estado en Los tres días del cóndor.

- Oiga, hijo de perra, estaba lloviendo, volví con los bocadillos y los habían asesinado a todos. Todos han muerto.

Paradójicamente, por vocación, convicción o mala conciencia, esta mina de oro, todo un símbolo dentro de la gran industria de Hollywood, dedicó su fama, su dinero y prestigio al mecenazgo, producción y distribución del cine independiente, a través de la plataforma del Festival de Sundance. Mientras que como realizador, ha dirigido películas sensibles y críticas, esforzadamente líricas, con más ambición que perfección pero muy dignas. Filmes en donde el compromiso político también está presente en su obra como director, en especial en Un lugar llamado milagro, fábula cercana al realismo mágico con la que denunciaba el mercantilismo salvaje ejercido sobre la tierra por las grandes multinacionales.

- ¿Allí estará el lago y el albergue de esquiadores?
- Sí.
- Los apartamentos y el campo de golf.
- Eso mismo, lo has entendido.



Más allá del compromiso político, el cine de Robert Redfort contiene reflexiones, en ocasiones puramente existenciales, que cuestionan con amargura el Sueño Americano, a través del significado del triunfo, tema central de La leyenda de Bagger Vance, pero sobre todo de Quitzshow, en donde el cineasta y actor disecciona los mecanismos fraudulentos con los que la televisión, y por extensión, la sociedad construye a sus triunfadores.

- He mentido al pueblo americano, he mentido acerca de lo que sabía y también he mentido acerca de lo que no sabía.

En la excepcional Gente corriente, opera prima por la que Redford ganó el Oscar al Mejor Director, se confronta a una destrozada familia por un traumático accidente con la exigencia social de encajar en el Sueño Americano. Un prometedor nadador adolescente, un padre y una madre, ejemplares.

- Hace mucho tiempo la lluvia cayó sobre el barro y se convirtió en piedra, hace millones de años. Pero aún antes que eso, sobre las piedras yacía la palabra de Dios.

 Menos amargas y más cercanas a sus creencias budistas y ecologistas son El río de la vida y El hombre que susurraba los caballos, suertes de encuentros místicos entre el hombre y la naturaleza, en donde el ritmo contemplativo y el preciosismo fotográfico son dos manifiestos existenciales empleados por Redford para dotar de armonía, lirismo y belleza a sus filmes.


La Generación de la Televisión: Arthur Penn y Sidney Lumet.

La Generación de la Televisión: Arthur Penn y Sidney Lumet.

- Dígame lo que significan estas palabras: "A través de un cristal oscuro".
- Es cómo lo ven, algunas personas.

(El zurdo, Arthur Penn)

Estos dos cineastas compartieron en su momento el pertenecer a la llamada "Generación de la televión", interesante por ser el mejor cine norteamericano de los años sesenta y setenta, y por su línea concienciada con los problemas de su país. La relajación de la moral sexual, el choque generacional, el auge de la violencia juvenil, junto al creciente presencia de la televisión, estaban presentes en esta década.

Sus personajes, representan los lados oscuros del mundo en que vieron estos dos cineastas, ese lado de Norteamerica, cuyas conciencias pretendían despertar sus películas, a base de "estimular el pensamiento", según las propias palabras de Sidney Lumet, uno a los que homenajeamos. "Toda película debe ser un entretenimiento, pero el cine debe recoger algo más: estimular el pensamiento".

Y si en este director, prevalecen los melodramas judiciales y la corrupción, como hizo en uno de sus títulos más emblemáticos, La noche cae sobre Manhattan.

- Y olvíndese de las putas normas, que a nadie se le ocurre mencionar sutilezas como los derechos civiles. Ustedes cojan a esos malditos asesinos y yo me ocuparé de la Asociación por los Derechos Civiles.

En Arthur Penn, el interés estriba en mostrarnos la violencia de su momento reflejada en una visión más contemporánea del western, como hizo en Jauria humana.

- Su sueldo sale de los impuestos de todos,  tiene obligación de protegernos.
- Si algo les ocurre, caballeros, les prometo devolverles el dinero.
 
De ahí que en estas historias no se haga raro encontrarnos con auténticos ambientes fatales, en donde no existan los vencedores; en estas películas "unos pierden más que otros", como decía el personaje interpretado por Gene Hackman en La noche se mueve, de Arthur Penn, el primer director al que vamos a referirnos. Unos destinos fatales que aparecen en otros tantos títulos, como por ejemplo, en Bonnie and Clayd.

- Caerán justos algún día, justos los sepultará, y aunque unos lo lamentén, muchos lo celebrarán. Para Bonnie and Clayd, habrá llegado el final.

La figura del gánster es presentada como un romántico modelo constestatario a las audiencias de la América del Watergate. Ahí explica que el romanticismo de la pareja protagonista, ganara en simpatías, por quienes veían en su epopeya socialmente amoral, subversiva y vitalista, una huidiza cualidad trágica.

A su manera, Penn hizo una particular visión de lo que había sido América así como su concepción que tiene de sí misma; a través de la Gran Depresión o de los westerns reinventados por el mismo,  celebrando la épica de los perdedores.  Bien tomando una lectura psicoanalítica del Oeste, con El zurdo, como de su violencia en Missuri.

- ¿No es partidaria de colgar a un ladrón?
- No señor, no lo soy.
- Pues yo sí. ¿Cómo si no íbamos a tener ley y orden?

E incluso podemos rastrear una crítica del genocidio a las minorías indias, en su película Pequeño gran hombre, una visión desmitificadora del general Custer. Se denuncia el sempiterno etnocentrismo WASP, al mismo tiempo que deconstruye la mitología del western.

- Se nos están acabando las municiones.
-¡Bien, se están acabando las municiones! Le advertí que pasaría esto, pero el se quedó allí, en la Casa Blanca y además se rió de mí.

Pero también quedó reflejada en su filmografía la tremenda decepción de los escándalos políticos, desde el de Watergate como el de los asesinatos de los Kennedy; apareciendo en La noche se mueve.

- ¿Qué hacías la noche en que asesinaron a Kennedy?
- ¿Qué Kennedy?
- Cualquier Kennedy.

Esta decepción quedó reflejada en la historia de la película, al ser un thriller en donde el personaje, un detective no termina por descubrir el caso, llendo en círculos al final del filme.

- ¿Es usted uno de esos detectives que metidos en un caso nadie les puede sacar de él?
- Eso era en los viejos tiempos, ahora estamos sindicados.

                                                                      ****

- Once han votado culpabe. ¿Alguno vota inocente? Uno, muy bien. Once culpable y uno, inocente.
- Bueno, y ahora ¿qué pasa?
- Tendremos que hablar.
- ¿Así que inocente?
- No lo sé.

Este seguramente sea el momento central de su película más conocida, Doce hombres sin piedad, del segundo director que homenajeamos de la llamada "Generación de la televisión". Sus filmes escarban en algunas de las mayores mezquindades humanas, incidiendo en la falta de justicia y de ética, como se aprecia en ese melodrama con dimensiones intimistas que fue su epitafio cinematográfica: Antes que el diablo sepa que hemos muerto.

- Es la tienda de papá y mamá.
- Lo que te decía, un negocio familiar.

Unió a  Al Pacino y a John Cazale, que una vez fueron hermanos de esa gran familia de los Corleone (El Padrino, F. F. Copolla) para encarnar a dos auténticos antihéroes que pretenden robar un banco. Lumet aprovechaba la historia para esbozar dos temas tabúes, la homosexualidad y la condición mediática de los delincuentes.  

- ¿Qué me dice? ¿Qué por qué lo hago? ¿El qué?
- Atracar un banco.
- Qué pregunta más tonta. Robo un banco porque hay dinero, porque sino no lo robaría.

Como nadie otro, Sidney Lumet supo plasmar en la gran pantalla el poder de la televisión, logrando su éxtasis en Network. Por el camino, habría otras historias igualmente crudas e impactante como la de ese judío, supeviviente del Holocausto, de El prestamista.

- Yo no creo en Dios, ni en el arte, ni en los periódicos, ni en la política, ni en los filósofos.
- Entonces, profesor, ¿en qué crée usted?
- En el dinero.

O también reflejó la tensión de la llamada Crisis de los misiles, con Cuba, en su película Punto límite.

- En toda guerra, incluso en una nuclear, hay un ganador y un perdedor. ¿Quien preferiría ser?
- en una guerra nuclear todos perderíamos, la guerra ya no es lo que era antes.
- Sigue siendo una solución para los conflictos políticos y económicos.
- ¿Habría cien millones de muertos, qué clase de solución sería esa?
- No serían cien millones.
- ¡Ni sesenta!

Joel Shumacher: autor veraniego y de escape.

Joel Shumacher: autor veraniego y de escape.

Joel Schumacher es uno de los directores más freaks en ese peculiar mundo que conocemos como Hollywood, uno de los todoterrenos que la industria norteamericana tiene tanto para un roto como para un descosido, que abarca desde el thriller al drama romántico o a la trama judicial, pasando por el blockbuster del superhéroe de turno. Su irregular trayectoria está jalonada por taquillazos de muy dudosa valía cinematográfica, que le han dado fama de director “veraniego”. Además, de casta le viene al galgo en su acepción del látex negro, que luce el personaje de Batman, e incluso del exagerado colorido de las plumas de su versión El fantasma de la ópera, pues se inició como diseñador de vestuario de cineastas como Woody Allen, y tras una exigua trayectoria como guionista, comienza su andadura en la realización con una versión femenina de la historia del hombre menguante. Homosexual confeso, recibió críticas de la comunidad gay por la imagen que ofreció en una de sus primeras películas, con el mundo de la homosexualidad de fondo, Nadie es perfecto.

Pero su eclosión se produce en los años 80, cuando aprovecha la llamada generación drug – pack y dirige cintas de bajo presupuesto y calidad cinematográfica, como Palermo, Punto de encuentro y Jóvenes oculto, una floja versión del cine de vampiros con elementos que luego repetiría en buena parte de su producción filmográfica, su humor descerebrado, los excesos horteras y la asimilación de los códigos vampíricos, desde el punto de vista adolescente.

- Eres una criatura de la noche, cómo sui hubieras salido de un cómic. ¡Mi propio hermano es un vampiro! Ya verás cuando se enteren papá y mamá.

El cineasta alemán descubre a los vampiros cómo una transposición perfecta de los delirios de grandeza y las fluctuaciones típicas de la pubertad: La concepción de no pertenecer al mundo de los adultos, la iniciación sexual y la exploración de las propias cosas.

Los noventa, sin embargo, supondrían para el director el momento más fructífero de su carrera, con algunos filmes interesantes, como la de una pandilla de estudiantes de medicina en busca de emociones fuertes (Línea mortal), aunque la más destacada sería Un día de furia, con un magnífico y neurótico Michael Douglas con el que deberíamos sentir empatía los españoles, sobre todo en época de elecciones o crisis.

- ¿Por qué me atraerán el tipo de hombre equivocado? En el colegio eran los chicos con pendientes, en la universidad, las motos y las chupas de cuero, y ahora, la goma negra.
- Inténtalo con los bomberos, llevan menos ropa.

Tras las dos primeras versiones de la saga de Batman, Schumacher sustituye a Burton al frente de las siguientes continuaciones y excepto por el nuevo bat-traje, el director no aporta nada original. Mucho mejor, porque en la cuarta entrega del superhéroe, los excesos de pluma y la recuperación del colorismo de la serie de los setenta convirtieron a Gotham City en el Día del Orgullo Gay, lo cual es muy respetable pero supone una traición a la tradición oscura y fría que la saga había acuñado gracias la genialidad de Tim Burton. Ya por entonces la numerología de pacotilla estaba presente en la obra de Schumacher. La W, la letra 23 de nuestro alfabeto, se relaciona con una interrogación, con Enigma, nombre del supervillano interpretado por Jim Carrey.

La época posterior a las dos últimas películas de Batman, vuelve a caracterizarse por su eclecticismo, en donde dos adaptaciones de John Grisnam, uno de los especialistas de la literatura judicial, The Clean y Tiempos de matar le relacionan con el cine de David Lumet, aunque salvando las distancias. Mientras tanto sus colaboraciones con Collin Farrell y una con Anthony Hopkings se salvan con aceptables beneficios económicos y pésimas críticas, pero será sólo Asesinato en 8 mm, el que le devolvería parte de su prestigio perdido tras la cuarta entrega de la saga del murciélago, Batman y Robin. Una de las claves del cine de Schumacher lo encontramos en el personaje interpretado por Joaquin Phoenix.

-  Mire yo no sé lo que está buscando, pero para que quede claro desde el principio, yo soy hetero.
- Felicidades.
- Gracias. Pero puedo buscarle un rollo. Usted diga el vicio y yo le diré el precio.

En El fantasma de la ópera, Schumacher se siente como pez en el agua entre máscaras, plumas y terciopelo, por lo que serían los patrones de vestuario y no los numéricos a los que debía que dedicarse el director, porque en lo que respecta a lo segunda, se debe tener una concepción del mundo menos frívola y sobre todo no dejarse engañar por esoterismos propios de Iker Jiménez. Esto lo descubrimos en su última película, El número 23, una pesadilla en torno a la esquizofrenia que produce la numerología. ¿Qué ocurre si toda tu vida está relacionada con el número 23? Bueno, al menos eso es lo que le sucede al sufrido protagonista, interpretado por Jim Carrey.

Crimen y castigo en el cine de Bernard Tavernier.

Crimen y castigo en el cine de Bernard Tavernier.

- Las imágenes, ellas son las que nos enseñan. Imágenes y rostros de cosas que nunca hemos visto.

La muerte en directo.

El crimen, la delincuencia, la corrupción, y por fin, la muerte, son temas recurrentes en la cinematografía del director francés Bernard Tavernier. Si en una de sus películas más conocidas, La muerte en directo, reflexionaba sobre el poder mediático de la televisión, a modo de Network de Sidney Lumet, en su cine aparecerá desde todos los puntos de vista posible pero además presentando una variedad de lecturas. Sobre todo porque suele dinamitar los códigos genéricos y adoptar intensos relatos, desde la objetividad de su cámara, para retratar fría y eficazmente a la sociedad.

- Estoy aquí para salvar inocentes, pero casi no los hay.
- ¿El qué?
- Inocentes, los crímenes son todos colectivos.

Confeso admirador de la cultura y sociedad norteamericanas, otra de sus claves es la de buscar  en ella su inspiración para muchas de sus películas, como por ejemplo, en Alrededor de la medianoche, ambientada en el mundo del jazz. Pero también ha regresado una y otra vez a la literatura negra para rescatar de sus  páginas brillantes retratos de la América Profunda.  Uno de sus títulos más emblemáticos, la extraordinaria Coup de  tourchondMil doscientas ochenta almas, resulta de la novela de Jim Thompson.

 1986 Round midnight- Alrededor de la medianoche (foto) 01.jpg1983 Mississippi blues (foto) 02.jpg

- Acabo de leer a un autor que no es de los nuestros.
- ¡Zola!
- No, Mielveaux. Dice que todos somos asesinos, al menos, en potencia. Y dice que esa necesidad la canalizamos a través de medios legales, la industria, el comercia colonial, la guerra, el antisemitismo.

En Tavernier, muchas de sus historias, giran en torno al mundo criminal, como parte de ese retrato del comportamiento humano, pero siempre formado parte de un subterfugio de algo superior. En El juez y el asesino, se sirve de la historia de un criminal para demostrar como los roles de un criminal y el de un juez podían ser intercambiables.

- Dice que le mató porque era un hijo de puta. A mí me basta.

            1974 LHorloger de Saint-Paul - El relojero de Saint Paul (fra) 01.jpg1976 Le juge et lassassin - El juez y el asesino (fra) 01.jpg

               1980 La mort en direct - La muerte en directo (ale) 01.jpg   
 
                1980 Une semaine de vacances - Una semana de vacaciones (fra) 01.jpg
                 1984 Un dimanche a la campagne - Un domingo en el campo (fra) 01.jpg 
                     1981 Coup de torchon - 1280 almas (fra) 01.jpg1986 Round midnight - Alrededor de la medianoche (ing) 01.jpg

En otro título, El relojero de Saint- Paul, Bernard Tavernier emplea el asesinato de un explotador para mostrar los abusos del poder. La misma temática pero en otro tiempo y con un estilo próximo al documental, su Ley 627 sirve de denuncia de la brutalidad que presenta una brigada policial relacionados con los narcóticos.

- Lo importante es darse prisa, si a los veinticinco no has triunfado, no vales nada.

También son delincuentes los adolescentes de La carnaza, cuyos crímenes surgieron como respuesta a una sociedad enferma, dominada por el consumismo y por una mentalidad basada en el triunfo.

 La muerte y la violencia pueden aparecer organizada, como sucede en las guerras y concretamente lo vemos en un título de Tavernier centrado en la Primera Guerra Mundial, Capitán Conan. El film nos muestra el contrapunto entre los métodos empleados por el Capitan Conan y los de su amigo el Teniente Norbert. Los primeros llevan a cabo una lucha violenta y salvaje, sin uniformes, empleando hondas o ballestas y afilando  los cuchillos en las tripas de sus adversarios. Por su parte, el Teniente Norbert, intenta buscar la cordura en medio de esa locura que es la guerra. Pero lo cierto es que "son los hombres como los míos quienes ganan las guerras", como señala el propio protagonista.

 Tras la tormenta, el último filme de Tavernierno, presenta paisajes fantasmagóricos, casi ilusorios, de Luisiana, parecidos a los de Coup de tourchound,  como escenario de la decadencia física y moral que el director pretende transmitir en muchas de sus películas. Una decadencia que vapulea el alma de sus personajes.

- Luisiana está arruinadísima, Nueva Orleans es un cementerio y el fondo del váter es más atractivo que este paisaje.

El Che, símbolo de una cinematografía revolucionaria.

El Che, símbolo de una cinematografía revolucionaria.

Ernersto Guevara, El Che, es una estación inexcusable en ese tipo de cinematografía revolucionaria. El séptimo arte, -entendido como archivo de mitos, arquetipos y héroes, o como ustedes prefieran- perdería buena parte de su magia sin este guerrillero que sumamos a la lista de revolucionarios de la pantalla que han querido cambiar su entorno con distintas armas, la palabra, el amor, la actitud. Sin embargo, ha aparecido en numerosas películas, aunque sea difícil de sustraerse a la tentación haiográfica o denigratoria.

 - Ahora sí, la historia tendrá que contar con los pobres de América, con los explotados y vilipendiados de América Latina que han decidido escribir ellos mismos para siempre su historia.

 Pero con el rostro de algunos actores más o menos conocidos, se ha querido sobresalir lo heróico de sus actos más que sus valores ideológicos.

 - La guerra de guerrillas es la guerra del pueblo, la lucha de las masas, tratas de llevar este tipo de guerras, sin el apoyo de la población, es correr hacia el desastre inevitable.

 Casi de manera inmediata a la muerte del Che, llegaba una producción norteamericana, muy maniquea, dirigida por Richard Fleisher y protagonizada por Omar Shariff. El propósito del filme no era otro que mostrar a la Revolución cubana como fruto de una serie de carambolas y casualidades del azar. En realidad, correspondía –perfectamente- con ese intento de descrédito de los Estados Unidos hacia el guerrillero revolucionario. De este modo, entre los años setenta y ochenta surgió toda una serie de referencias en el cine de Hollywood hacia él como a su mensaje, como sucedía en El Padrino II. Los intereses de la mafia en la isla caribeña encontraron como uno de los escollos, esta revolución que terminaría triunfando.

 A mediados de los noventa, surgieron otras reconstrucciones tanto de su etapa cubana como de su visionaria andadura sudamericana, a medio camino entre el entusiasmo confeso y las limitaciones narrativas, junto a desproporcionadas apuestas dramáticas y sus escasos logros cinematográficos. Incluso llegó a convertirse en una caricatura del famoso grupo humorístico británico, The Monty Phyton, y hasta Hitchock lo empleó como referencia obligada en su tergiversada visión de la revolución cubana en Topaz, uno de los títulos más mediocres de su filmografía.

 - Buenos Aires quedó atrás, quedó atrás también la bella vida.

 Habrá que esperar una visión más beneplácita del Che, en Diarios de una motocicleta, en la que aparece un retrato vehemente del personaje a cargo de Walter Alles. En esta, se reconstruía el viaje iniciático de Ernesto Guevara por América Latina, en donde el Che iba dándose cuenta de la realidad social, en compañía de su amigo Alberto Granados.

 - Constituiría una sola raza mestiza desde Mexico hasta el Estrecho de Magallanes, así que librándoles de cualquier carga de provincialismo, brindo por Perú y una América unida.

La última película sobre este personaje, es el díptico que realizó sobre su vida el cineasta norteamericano Steven Sorderberg con el actor Benicio del Toro como alter ego del Che. Los dos títulos que forman un bloque, Che, el argentino, y Che, el guerrillero, vienen a prolongar esta visión, imprimiendo a los hechos y actitudes una solvencia a cargo de sus responsables y el resto del equipo.

 - Nosotros no estamos aquí en el monte sólo para pegar tiros. Un pueblo que no sabe leer ni escribir, es un pueblo fácil de esclavizar.

 Sorderberg afronta el embite, fascinado por el personaje pero sin ocultar el lado más oscuro del Che, de este modo sabe diferenciar las escenas de la selva, -rodadas con planos generales- y las que tienen como escenario las Naciones Unidas, en donde apareció el Che, como rostro de la revolución. Su discurso fue provocador con frases lapidarias como esta: “Nuestros ojos libres hoy son capaces de ver lo que ayer nuestra condición de esclavos coloniales nos impedía observar: que la civilización occidental esconde bajo su fachada un cuadro de hienas y chacales”.

 - Quítate ese complejo de extranjero, tú te entrenaste con nosotros, tú estuviste con nosotros, has sido herido combatiendo con nosotros. Eres tan cubano y revolucionario como cualquiera que está aquí.