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Bush y Nixon: la cara más amarga de la Casa Blanca.

Bush y Nixon: la cara más amarga de la Casa Blanca.

 La Presidencia de los Estados Unidos es una de esas estaciones inexcusable en la cinematografía americana. Con esta se pretende entretener al espectador mientras se le insufla los valores adecuados y presenta a la figura del Presidente como cabeza de un país triunfante. Así sucedía, desde George Whashington a Lincoln, mientras otros quedaban más por su leyenda o sus claves sin resolver (Kennedy) o la doble moralidad del pueblo americano (Clinton). Muchos son los presidentes de ficción, aunque acompañados de acontecimientos reconocibles como de los traumas o miedos colectivos. Y algunos otros se representaban por encarnar la cara más más oscura de la política, destacándose dos Presidentes: George W. Bush y Richard Nixon. De hecho, el celuloide se ha cebado con estos dos mandatarios con mayor pedirí de perdedor.

 Richard Milhaus Nixon pasó a la historia por la salida de la Guerra de Vietnam y por el escándalo conocido como Watergate. Ha aparecido en la pequeña pantalla en conocidas series de animación como Futurama o Los Simpson, ambas creadas por Matt Groening, retratado como un personaje gris; pero es en el cine en donde ha quedado para la posteridad.

 - Tiene que tener en cuenta lo que dijo uno de sus empleados, el señor Howardhands.
 - ¿Qué clase de información?
 - Se trata de encajar en su personalidad. Sabemos por ejemplo que trabaja o trabajaba como escritor. Dicen que es un novelista y parece que ha estado en la oficina del señor Colbson, en la Casa Blanca.

   El caso Watergate es uno de los puntales de su Administración y la principal referencia en el celuloide; de una forma u otra, todas las películas que se han acercado a la figura del Presidente Nixon se han visto marcadas por ese suceso. Fue Alan J. Pakula quien relatase en Todos los hombres del presidente,  las presiones a la que se vieron dos míticos periodistas norteamericanos, Woodward y Berstein (encarnados por Dustin Hoffman y Robert Redfort) en su intento por aclarar una de las intrigas políticas más interesantes de los Estados Unidos, el caso Watergate. Por lo que pudiera saber, resultó un caso de espionaje al partido demócrata, alojado en el hotel Watergate de Whasginton.

 Fueron muchos los que lo han interpretado en la gran pantalla, pero nos quedaremos con dos, el gran Anthony Hopkings (Nixon, Oliver Stone) y Frank Langella (Nixon contra Frost).

- He defraudado al pueblo americano. Y tendré que llevar esa carga el resto de mi vida.

El desafío: Frost contra Nixon, se aproxima con mayor verisimilitud que la mayoría de sus precedentes a los oscuros recovecos del poder, con el único presidente con verdadero pedigrí de perdedor de la política norteamericana y un periodista tenaz que supo hacer una investigación fascinante.

 - Tal vez no sepamos qué buscamos, tal vez usted debía haber sido político y yo un periodista riguroso.

 George W. Bush nos ha dejado grandes momentos cinematográficos para el recuerdo, bien de forma apócrifa en Fat city (Sidney Lumet) como en el filme de Oliver Stone, W. El cineasta demócrata convencido, cubre el largo viaje de Bush Jr., desde la universidad a la Casa Blanca, en cuyo trayecto no sólo soslaya las incontrables meteduras de pata de su legislatura (confundió Guantanamera con Guantánamo), sino que se explayó en las incontables vergüenzas de su Administración. Con el rostro del actor Josh Brolin, descubrimos el largo recorrido desde la fraternidad universitaria hasta su conversión evangélica y los primeros coqueteos con la política en Texas.
 
- La política es una guerra y yo acabo de perder. Os voy a decir una cosa, no voy a dejar que nadie sea más tejano o más cristiano que yo.

 En esta línea no tiene desperdicio un guiño que hacía el personaje de Mel Gibson en la película Conspiración.

- Es mi boletín, por eso creo que los he asustado. Le habré tocado algún nervio con algunos de esos artículos, por que sino no se explica porqué se han cabreado de esta manera y ha debido ser algo…
- ¿El secreto sísmico del trasbordador espacial? ¿La conexión entre George Bush y Oliver Stone?
- Sí, seguro. Si alguien tuviera la información que el tiene y pudiera difundirla por todo el país, ¿le dejarían hacerlo? No, está claro que es un líder de la desinformación que trabaja para él. Es significativo que siga con vida, debería haber muerto, pero no lo está.

 Pero si tuviéramos que destacar algo, sería aquel retrato procedente del género documental  Este ha dejado constancia de la personalidad de los últimos presidentes que han marcado el tono y el ritmo del mundo en los últimos ocho años. El ataque a George Bush, de Michale Moore (Farenheit 9/11), es el referente tanto por quienes le odian como por aquellos que le admiran. A pesar de que no logró el objetivo de evitar su reelección, consiguió sacar a la luz los puntos flacos de su Administración. Sea demagógico o no su postura, ¿verdad que es estimulante?

 - Mientras los minutos pasaban, George Bush seguía sentado en el aula. Estaría pensando: “¿habré estado relacionándome con la gente equivocada?”.

 

Recuerdo de un actor inolvidable

Recuerdo de un actor inolvidable

 Rendiremos un pequeño homenaje, en nuestro estilo, a este gran actor que ha sido Paul Newman, mucho más que un galán de Hollywood. El último mito vivo que perdurará, sin duda, en sus personajes, Butch Cassidy, Eddie Felson, Harper, Henry Gondordf, el juez Roy Bean y tantos, tantos otros.

 Debutó en la televisión, en la serie de ciencia-ficción de los cincuenta Tales of Tomorrow, en el episodio Ice from Space, luego llevó a Broadway una versión musical de Picnic y en el cine apareció por primera vez en el pemplum El cáliz de plata (Victor Saville), calificado por el propio actor como la peor película de la década.

 - Marchaos de aquí inmediatamente, ¿cuándo el esclavo es el dueño de la casa en que vive?

 Su primer éxito cinematográfico sería su personaje Rocky Graciano en Marcado por el odio, un film de Robert Wise ambientado en el mundo del boxeo. Desde entonces, toda una carrera de buenos papeles, algunos fundamentales como El zurdo (Arthur Penn) en la creación de un personal Billy el niño, o en sus incursiones en la América profunda, con ese sentir del melodrama propio de los dramaturgos norteamericanos y a las órdenes de Richard Brooks, Dulce pájaro de juventud y El largo y cálido verano. Película en la que conoció a quien fue su segunda esposa, Joanne Woodward, uno de los matrimonios casi irreales en Hollywood. 

 De esta primera etapa, destaca sin embargo, La gata sobre el tejado de zinq, también bajo la dirección de Richard Brooks, otra genial adaptación literaria, en esta ocasión de Tenesse Williams. Ella, Elisabeth Taylor, está en celo; él, enfermo de remordimientos. Un matrimonio roto por una mal experiencia, una homosexualidad mal asumida. De modo que poco puede hacer ella, a pesar de su ceñida combinación, de sus roces, de su ofrecimiento para un lascivo baño conjunto:

 - No, gracias, oleríamos igual a como olerían un par de alimañas.

 De hecho, nadie ha rechazado como él. Descreído, su personaje Harper (Harper, detective privado, Jack Smith) es acosado por una víbora de cuerpo caño, necesitada de adulación:

 - Tiene usted una forma de empezar las conversaciones que las pone término, su peor defecto son sus coqueteos.

 Fue uno de los rostros principales de Éxodo (Otto Preminger), un filme sobre los orígenes del Estado de Israel; un científico acosado en plena Guerra Fría, en Cortina rasgada (Alfred Hitchcock) y un literato, en ese divertimento hitchcockiano que fue El premio. Nunca un Premio Nóbel ha sido tan atractivo y aventurero. Perseguido por unos matones, se esconde en una convención nudista, en la que nos regala una secuencia vestido con una simple toalla. Debe avisar a la policía para que esta le salve, pero, ¿cómo? Provocando con su labia de escritor.

 - Les estoy diciendo que unos hombres quieren matarme.

 Cierto, un deja vú de Con la muerte en los talones, pero, ¿importa algo?

 Encarnó a Eddie Felson, en ese magnífico retrato del fracaso que fue El buscavidas (Robert Rossen).

 - ¿Se llama Felson? ¿Eddie Felson? Tengo entendido que estaba buscándome.

 El billar es un juego que requiere buena mano, pero también buena cabeza. Ahí es dónde el impulsivo Eddie Felson tiene todas las de perder Porque el Gordo de Minnesotta sabe esperar su momento, y al final el pardillo aprende la lección.

 - No basta con tener talento, también hay que tener carácter. Bola cuatro.

 También se sentó en la silla de director en más de una ocasión, sobre todo para el lucimiento de su esposa, Joanne Woodward, también salida del prestigioso Actor´s Studio. En su primera película, Rachel, Rachel, lograba nominaciones a los Oscars para la película y la actriz.

 - Una idea estúpida, morbosa. No debo hacer sitio en mi cráneo para cosas así.

 Volvió a la dirección con Casta invencible, pero sobre todo conquistó la atención de la crítica con Los efectos de los rayos gamma sobre las margaritas, un título personal y extraño, para otro dramón con espíritu teatral a mayor gloria de su mujer. Entre sus filmes que dirigió merecería la pena citar también una de sus creaciones más personales, Harry e hijo, con la que rendía homenaje a su hijo Scott, muerto por sobredosis.

 Como actor, Paul Newman se acercó al mundo del automovilismo, una de sus grandes aficiones, en 500 millas (Jerry Goldstein), fue presidiario en la Leyenda del indomable (Stuart Rosemberg) y el pistolero Butch Cassidy en Dos hombres y un destino (George Roy Hill). En dos ocasiones retomó algún personaje que le daría fama, el de detective privado Hasrper, en Con el agua al cuello (Stuart Rosemberg), que junto a su esposa, reflexionaba sobre un matrimonio que no era el suyo.

- ¿Gozas de la vida matrimonial fuera del matrimonio?

- Mi matrimonio no funciona desde hace años.

 Y el de Eddie Felson, en El color del dinero (Martin Scorsese). Ahora, está retirado y es el maestro de un joven jugador de billar, en realidad, su propia imagen juvenil reflejada en el espejo de los años. Alguien necesitado de lecciones sobre la didáctica de tahúr y la vida, de paso.

- El gran Henry Gondorf.

Y, por supuesto, Paul Newman daría el taquillazo, al regresar junto a Roy Hill y Redford, en la obra maestra que fue El Golpe.

- Señor Show, en esta mesa se exige llevar corbata. Si no lleva le ofreceremos una.

- Que amable es, señor Lornegan.

 Capaz de sacar de quicio al ganster que planeaba estafar, por venganza:

 - ¡Me llamo Lennegan!

 ¿O acaso Lonnigen? Doyle Lonnegan, de los Lonnegan de toda la vida, un Robert Shaw pletórico que encuentra su horma en toda una tropa de estafadores. Newman volvería a las órdenes de Gerorge Roy Hill en una comedia con tema deportivo, el hockey sobre hielo, en El castañazo.

 De hecho, ha podido trabajar con las más grandes, no solo con actores de primera fila, sino con importantes cineastas. Se puso a las órdenes de John Huston (El hombre de Makintoz y El juez de la horca), Sydney Pollack (Ausencia de malicia) o Sydney Lumet (Veredicto final).

 - Por favor, Señor, dinos que es lo correcto, dinos lo que es verdad. Y no hay justicia, los ricos ganan a los pobres, que están indefensos.

 E incluso, los hermanos Cohen le dirigieron en una ocasión, El Gran Salto, interpretando al Presidente de una gran empresa, sin escrúpulos, que contrata a un pardillo a quien utilizar a su antojo.

 - Necesitamos a un nuevo presidente que cree pánico entre los accionistas.

- Un pelele.

- Un cretino al que podamos manejar.

 En sus últimos años, supo transmitir sabiduría y experiencia a sus personajes en títulos como Al caer el sol (Robert Benton) y Camino a Perdición (Sam Mendes), su última película en la gran pantalla:

 - Un hombre de honor, siempre paga sus deudas y mantiene su palabra.

 Paul Newman es John Roony, un ganster que se ve obligado a matar a su ahijado porque su vástago biológico es un incapaz. El capo tiene una docena de guardaespaldas, pero un solitario Tom, Hanks es implacable. Lluvia, fotografía de Conrad Hall y música de Thomas Newman. Los grandes mueren en silencio.

- Me alegro que lo hagas tú.

 

The end: Adiós a uno de los grandes, Sydney Pollack.

 Hace un par de semanas, nos dejó otra de las grandes figuras de la industria norteamericana, uno de los cineastas más brillantes y personales del que conocemos bastante bien gracias a que fue actor antes de director. Sydney Pollack, autor de un puñado de obras maestras que están ya en nuestra memoria cinematográfica, nos enseñaba cómo hacer inolvidable una historia de amor en la sabana africana, los deslindes del terrorismo de Estado o la corrupción en el seno de un bufete de abogados.  Esto y mucho más fue Sydney Pollack, y aquí le dedicaremos un breve homenaje en nuestro estilo. 

Sydney Pollack, nieto de emigrantes ruso-judíos, comenzó su carrera en la televisión antes de introducirse en el mundo del cine de la mano de John Frankenheimer. Como también habría que dedicar una mención a su faceta de productor y actor, esta última ligada a sus orígenes; precisamente su breve aparición en Michael Clayton (Tony Gilroy) supone su última ocasión de verle frente a la cámaras. Sin embargo, serán sus películas las que hagan inmortal a este gran director que nos ha dejado recientemente. Cineasta todoterreno, pasó de la comedia al western y al thriller comercial, pero dejando algunas marcas de la casa como los amores intensos y difíciles que podían acabar en fracaso o en segundas oportunidades. Si hago memoria de esos amores bajo cuerda, salvo la excepción de La tapadera, la unión ocasión en la que Sydney Pollack abría una puerta a la reconciliación fue Tootsie. Una de las comedias más célebres y divertidas de los ochenta, en donde el actor Dustin Hoffman se travestía, como nadie, para representar a la adorable mujer del título de la película, con el propósito de recuperar a su esposa, Jessica Lange.

 - He sido mejor hombre contigo como mujer de lo que nunca había sido con una mujer como hombre. 

                                


                                                           

Sin embargo, el romance mejor contado por Pollack era Memorias de África, una de sus películas más conocidas y con su actor fetiche, Robert Refordt, como protagonista. Nadie como él para conquistar a una Meryl Streep en plena sabana africana y nadie como Sydney Pollack para acercarnos a esa escena en el aeroplano, aunque sepamos el final de la historia. Robert Redfort continuó en más de una ocasión en la estela de este cineasta, acompañándolo en esa historia perturbadora y intensamente lírica en donde los espacios abiertos y la sed de venganza trazaba una oda a la soledad y a la naturaleza, con Las aventuras de Jeremias Johnson, pero sobre todo sería su actor fetiche de sus particulares thrillers de los años sesenta como Havana.

- Escupe sobre el vicepresidente de los Estados Unidos y el New York Times encima dice que Castro es el salvador. Ya veremos quien es Castro.

Aunque su título referencial en este sentido, Los tres días del cóndor, con Robert Redfort, es significativo dentro de la temática.

 - ¿Qué es lo que hacían? ¿Qué le importa a Operaciones una edición de libros? ¿Una traducción al holandés? ¿Una traducción para Venezuela de Historias de misterio en árabe? ¿Qué demonios podían importarle? Pozos de petróleo, ¡petróleo!. 


  

Pero como director, regresó al thriller con un trasfondo judicial, en La tapadera, en donde un joven y prometedor recién licenciado en Derecho era contratado por un prestigioso bufete que ocultaba tras una imponente fachada todo una trama de corrupción y homicidios. Del que logró sacar provecho de Tom Cruise, con su mejor interpretación, en un taquillero y correcto filme, basado en un best-seller de John Grishnam. E incluso, le hemos visto en un puñado de películas, como actor,  en Maridos y mujeres de Woody Allen, El juego de Hollywood de Robert Altman, La muerte os sienta tan bien de Robert Zemeckis, Acción Civil de Steven Zaillian, e incluso en Eyes wide shut, la obra que ponía fin la carrera de otro de los grandes directores, Stanley Kubrick. 

- Feliz Navidad, es estupendo veros a los dos, muchas gracias por venir.

- No nos lo hubiéramos perdido por nada del mundo.

- Alice, deja que te mire, estás deslumbrante, y eso no se lo digo a todas.

- ¡Sí que se lo dice!. 

Como realizador, como actor e incluso productor, de películas como Los fabulosos Baker Boys y En busca de Bobby Fisher. A cada cual, su Pollack, uno de los grandes.

                          

 

 

Homenaje a Charlton Heston.

Homenaje a Charlton Heston.

- Me la tienen que quitar, muerto.

Él mismo. 

Más allá de la visión que ofrecía Michael Moore y de la imagen que tenemos de él como principal defensor del rifle - con aquella frase que se hizo mítica-, vamos a quedarnos con el actor que supo imponerse en un buen puñado de películas. Fue aquel que venció a los moros en el Cid o a Mesala, en aquella carrera de cuádrigas antológica; el que logró abrir los mares, se enfrentó a un policía corrupto, llamado Quinla, o maldijo a los hombres por destruir su civilización. El que puso rostro a Miguel Ángel Buonaroti y a un duro hombre de western en más de una vez. Todo eso fue Charlton Heston, fallecido recientemente de alzheimer, una enfermedad que no respeta ni a los hombres ni a los mitos; el actor que más papeles épicos ha dado el cine. 

- Admirad el inmenso poder del Señor.

 Quien nació como John Charles Carper y se cambió su nombre por el de Charlton Heston, -por cierto, apellido que tomaría prestado del segundo marido de su madre-, fue mucho más que ese Moisés de Los diez mandamientos, según la versión de Cecil B. Demille. Una historia bíblica más que conocida, dentro y fuera del séptimo arte sobre el libertador de los hebreos del yugo egipcio, que luego sentaría las bases de la religión judaica. Curiosamente junto a este personaje hebreo, el de Ben-Hur, sería el otro gran papel de su carrera y el que le reportó el Oscar al Mejor Actor, una película de William Wyler que con sus once estatuillas sería el largometraje más galardonado en la ceremonia de los Oscars hasta Titanic. 

- Podéis conquistar esta tierra, podéis sembrarla de cadáveres, pero ese no será el fin. Volveremos a levantarnos. 


Más allá de estas interpretaciones, y si hacemos abstracción del hecho de haber sido un filme sobre la defensa de las armas de fuego y de haber presidido la Asociación Nación del Rifle, encontramos una serie de títulos sobresalientes con Charlton Heston como un excelente actor. Además fue la imagen contra quien Micheal Moore arremetió con dureza, en su documental de propaganda, por más que estemos de acuerdo con su tesis; Bowling for Columbine hace que crezcan nuestras simpatías por ese hombre de rostro pétreo que empezaba a sufrir las consecuencias de esa enfermedad y que fue -en parte- engañado para participar en la película. 

- ¿No tiene ni idea por qué somos el único pueblo, el único país, en la que la gente se mata tanto con armas de fuego?

- Probablemente una mayor mezcla étnica que en otros países, sí.

- ¿Es una cuestión étnica? 

Fue su propio empeño el que hizo posible que Sed de Mal fuese dirigida por Orson Wells, en donde el actor interpreta a Mike Vargas, un policía mexicano dispuesto a acabar con la corrupción del inspector Quinlan, el propio Welles. 

- Vi esa caja y estaba vacía. Es imposible que me pasara por alto dos cartuchos de dinamita. Deje que le diga algo, capitán. Ustedes lo amañaron, un amaño. 

En ese mismo año, otro peliculón, Horizontes de grandeza, un título épico sobre las luchas que forjaron los Estados Unidos en el siglo XIX. 

- Yo de verdad, no llevaría mucho eso tiempo por aquí, si lo que de verdad lo que quiere es pelea, Mr. McKain.

- Ha sabido elegir la ocasión, ¿verdad?

- Sí, McKain, le desafío. 

Un gran western en el que Heston era un gallito de corral a quien el petrimetre de Westrick (Gregory Peck) le ponía en su sitio, bajo la luz de la luna. De nuevo, se vio bajo los auspicios de los Oscars como Rodrido Díaz de Vivar, en El Cid, ejemplar versión de Anthony Mann, en clave de western, sobre las gestas del héroe castellano, aunque lo que más chirríe sea la presencia de la de idea de España, dos siglos antes de que apareciese. 

-  No soy más que un desterrado.

- Sin nuestro Cid también lo somos, nosotros.

- Es una locura que vengáis conmigo, perederíais vuestros hogares. 

Después volvería a España, en compañía del gran productor Samuel Bronston, pasra hacer 55 días en Pekín (de Nicholas Ray), junto a un conocido elenco de actores, antes de dar personajes tan antógicos como el mayor Dundee, de la película homónima de Sam Peckimpah, una de sus cintas menores de la filmografía de este director. 

- Si les digo que avancen, avanzan. Sí les digo: carguen, cargan; si les digo que corran, me siguen a toda velocidad, si no mantengan sus posiciones. 

O el del célebre artista del Renacimiento, Miguel Ángel Buonarotti, enfrentado a Julio II, mientras pinta los frescos de la Capilla Sixtina. Todavía le quedaría una nueva participación en el cine épico antes de la famosa distopía de ciencia-ficción que fue El planeta de los simios, estreneda ahora hace cuarenta años. Para la historia, el beso entre el hombre y una simio, y una de las frases más conocidas del celuloide: 

- ¡Lo habéis destruido! ¡Yo os maldigo a todos, maldigo a las guerras!. ¡Os maldigo! 


Si el cine épico fue uno de los géneros que acompañaría a Charlton Heston toda su carrera, el western nos descubría ese lado salvaje y duro del actor. Por citar un nuevo ejemplo, sería Will Penny, otro de los llamados western crepuscular. Heston daba vida a un hombre rudo, un vaquero que no sabía leer ni escribir, en medio de un paisaje tan bello como lleno de amenazas. Ya en los setenta, tanto en El último hombre vivo y Cuando el destino nos alcance, regresaba al género de las distopías, mientras que interpretó al cardenal Richelieu en Los tres mosqueteros y su continuación, ambas a las órdenes de Richard Lester.

 - Si yo fallara tanto como voz, no dudaría que caería mi cabeza. 

Y en plena oda de cine de catástrofes, participó en dos títulos emblemáticos Aeropuerto y Terremoto; más recientemente le vimos en Tomsbone y en Mentiras arriesgadas, como personaje secundario de esa cinta de acción con el mundo del espionaje y el terrorismo islámico de fondo. Oliver Stone contó con él para su película Un domingo cualquiera, e incluso Tim Burton le quiso para su remake de El planeta de los simios, aunque en un papel que daba la vuelta a su conocido personaje en el original. 

- Ninguna criatura es tan retorcida, tan violenta. Debes encontrar a ese humano, en seguida. 

Asomó su cara en la serie Friends y no dudó en reírse de sí mismo, por eso cuesta más trabajo entender la falta de respeto de Michael Moore, a quien le había invitado a su propia casa, sin saber que estaba participando en una película de propaganda. 

- No conozco a ningún actor que no haya dicho en algún momento de su carrera: ¡Dios apesto! Acabo de rodar una película y en la primera escena yo he apestado por todos.

 Más allá de la tentadora y fácil imagen de una fanático empuñando un rifle, nos quedamos con la imagen de un hombre cabalgando solitario por los grandes espacios abiertos, también con el recuerdo de su esfuerzo por el que existe Sed de Mal y otros tanto personajes ya míticos, dentro de este imaginario que es el séptimo arte.