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Prisión. El “Mulholland drive” de Bergman.

por Gonzalo Gala el 05/04/2018 18:30, en Ciclo Ingmar Bergman.

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Sólo un año después de experimentar con el éxito, con “Música en la oscuridad” (1948), pudo disfrutar de una libertad total en su siguiente trabajo “Prisión”, aunque el  productor Lorens Marmstedt le impuso una condición: rodar sin apenas presupuesto y en 18 días. Al final, el film costaría unas 240.000 coronas y las restricciones presupuestarias se reflejan en una historia que va a lo esencial (79 minutos de duración), en el que se ha recortado desde días de rodaje a extras y música. Ésta se centra en una película sobre un director de cine que proyectará rodar un filme sobre el diablo, mientras se ve inmerso en una serie de experiencias que demuestran el poder absoluto de demonio.

Este mundo del cine forma parte de la condición de artistas de muchos personajes bergmanianos (ya sean los circenses de “Noche de circo”, los ilusionistas de “El rostro” o los actores de teatro de “Fanny y Alexander”), creándose un microcosmos en torno a ellos.   En este sentido, situamos a Martin, el joven director y a Tomás, su hermano, como guionista, dentro de una de las líneas argumentales de la película. Sin embargo, Bergman parece más interesado en mostrarnos el arte del cine que contarnos una historia, desarrollando técnicas y explorando ideas que sirviesen de punto de  partida para sus siguientes películas. Sería la primera vez en la que Bergman explora temas como la existencia, la identidad y la fe, convertidos en sus máximas preocupaciones.

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 “El infierno son los otros”. El Diablo y el existencialismo.

-El demonio reina en el infierno que es la Tierra.

 “Prisión” arranca con un plano panorámico en el que vemos a un hombre caminando –con una inclusión del paisaje que no es sólo una puesta de escena sino también un reflejo del estado de ánimo de sus personajes como caracterizaba al cine sueco-. Este hombre, Paul, es un profesor de matemáticas que va a visitar a un antiguo alumno, Martin (Hasse Enkman, director de cine sueco) para contarle la idea para una película sobre la influencia del demonio. Martin estudiará el proyecto junto al guionista, su hermano Tomás (Biger Maltmsten) y su cuñada Sophie, (interpretada por Eva Henning, la esposa de Hasse Enkman, en aquellos años). El tema del Diablo, que rige el mundo, aparecerá en películas posteriores como “El séptimo sello” o, de forma muy curiosa, en “Esto no puede ocurrir aquí”, donde uno de los personajes se llamaba “Atkä Natas”: un acrónimo que en sueco quiere decir: “Satán reina”.

-La vida es muy cruel desde la cuna hasta la tumba.

El existencialismo es otro de los leitmotivs fundamentales de Bergman: Desde el infierno de Sartre (el infierno son los otros), Kierkegaard (el hombre aislado ante Dios) o el suicidio dostoieskisiano, -la opción de “los cansados e indiferentes”, también tiene lugar la muerte. En su cine, se hace presente tanto la reflexión de Heidegger (“la vecindad de la muerte”) como de Rilke (“la gran muerte es el fruto en torno al cual gira el mundo”).

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E incluso se alude a ese “Silencio de Dios” (o a la orfandad del mundo) que formará parte de la trilogía de la duda, obra fundamental en el cineasta de Upsala.

-¿Hemos acabado con Dios?

-Dios está muerto, vencido o lo que sea…

De su etapa de aprendizaje (aquella que terminaría con la maravillosa “Un verano con Mónica”, 1953), ésta sería su película más personal, aunque encontremos algunos elementos de anteriores films, algunos muy oscuros, sobre todo en aquellos trabajos previos a “Prisión”, -melodramas sociales, adaptados de la literatura popular-. Así sería,  “Eva” (que fue escrita por Bergman, pero no dirigida por él) o la neorrealista “Ciudad portuaria”, con la que comparte muchos puntos esta película, sobre todo en la trama de una prostituta llamada Bridgitte.  “Prisión” cuenta una estructura basada en una narrativa externa (el mundo del cine, representada en Martin) y una interna (la historia de Tomás, Sophie y Brigitte), a través de dos historias interrelacionadas; que, arrancando en la Navidad (vemos un árbol navideño en las primeras escenas), dará un salto de seis meses, para mostrarnos el parto de Bridgitte y el posterior asesinato del bebé, por parte de su proxeneta, su amante.

Podríamos concluir con algunos aspectos fílmicos. Destacamos, por ejemplo, la fotografía de alto contraste (casi cine negro), firmada por Gorän Strindberg,  con un aroma expresionista cercano a la ilusión, desdibujando los límites entre lo real y lo imaginado, hasta tal punto que a veces nos lleva a preguntarnos cuánto de lo que vemos es real. También, tendríamos en cuenta como el  comienzo teatralizado de una película irá tomando un sentido cada vez más cinematográfico. Lo veremos, por ejemplo, en las transiciones. En un momento, vemos un plano de la madre sola, sin su bebé, lo que dará paso a una conversación entre Tomás y Martin, en un descanso del rodaje. De esta forma, “Fängelse” adopta la estructura de la narración en paralelo.

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