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Mad Max VS Cyborg: héroes de un mundo futuro.

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¿Han oído alguna vez aquella expresión de “esos polvos estos lodos”? La frasecilla tiene todo su sentido en estos dos títulos. Mad Max 2: El guerrero de la carretera (1981) y Cyborg (1989). La primera, una obra maestra del género; la segunda una herencia, mucho más que una influencia, confesa o no,  pura serie B, de las que surgen dos héroes individualistas en pleno futuro posapocalíptico, marcado por el caos y la anarquía.

En el primer Mad Max (George Miller, 1979) se mantenía un nivel normal de civilización, aunque con una violencia desatada y un sentido del motor, definida por la degradación de la comunicación de los personajes –de forma similar a películas como “Carretera asfaltada en dos dirección” (Monte Helman) o “Punto límite: cero”- mientras que su secuela, ya quedaba establecida por el final de una sociedad que sólo tendría en la refinería ese resto del pasado.

En cuanto a Cyborg (Albert Pyun, 1989) una guerra nuclear había dejado en la anarquía a unos Estados Unidos, amenazados por una plaga mortal. Un compañero me ofreció un dato que desconocía: la idea de filmar una ópera-rock, con el estilo de Mad Max, como telón de fondo, de la que quedaría algunos nombres de personajes tomados de guitarras eléctricas (Rickenbaker, Fender, Marshall). Eso sí, el film de Albert Pyun pudo haber sido una secuela de He-Man, aquella con Dolph Langer y Frank Langella, pero la bancarrota que sufrió la productora Cannon obligó a frenar el film y el proyecto cambió cuando llegó el dinero de Golam-Globus. De hecho, “Cyborg” supondría el fin de Cannon Films.

La falta de recursos y la escasez de gasolina, marcaban la primera película (recordemos que el film original, de los años 70, coincidieron con la crisis del petróleo), mientras que una extraña plaga asolaba el futuro, en Cyborg. Encontramos temas como el del western, en Mad Max o el ciberpunk, en el film de Van Damme, que empezaba a desarrollarse como concepto entre novelas como Neuromante o películas como “Blade Runner” (Ridley Scott). A parte, pueden observarse influencias desde Robocop o Terminator, de ahí que ese personaje –medio hombre, medio robot- marcase el tono de aquel mundo devastado.

Villanos en el páramo.

Humungous (Kjelll Nillson), definido por toda una referencia cinéfila: “el ayatolah del rock and roll” -¿habéis visto “Sargento de hierro”?- es el carismático líder de las salvajes tribus motorizadas en Mad Max 2, acompañado de algunos subalternos con gran identidad como ese motorista de carácter pretendidamente homosexual, Wez (Vernon Wells).

- Estoy profundamente decepcionado, me habéis obligado a sacar a mis perros de guerra. Sois unos egoístas, acaparáis la gasolina. Me dicen mis prisioneros que pensáis sacar la gasolina del páramo, qué les habéis enviado a buscar un vehículo lo suficientemente potente para remolcar ese tanque.

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En cuanto a “Cyborg”, Van Damme se enfrentará a un líder pandillero, salido de la era del ciberpunck, Fender Trémolo, interpretado por Vincent Klyn.

Estamos ante dos títulos de culto, pero situados en los extremos. Si una aprovechó los escenarios naturales de Australia y fue filmada con gran talento–capaz de presentar elaboradas set pieces de acción-, la otra reutilizaba decorados de un film rechazado, siendo un ejemplo de lo que no debía hacerse en una película de este género. Mientras que “Cyborg” intenta lograr el tono del salvajismo y la épica, el film de George Miller lo alcanza derrochándolo por todos los poros de la película. Miller, de hecho, construyó una forma de entender la violencia y la aventura –que Albert Pyun seguramente intentó imitar- aunque, a mi juicio, esté completamente devaluada hoy en día.

- Todos buscamos algo, ¿eres feliz a fuera, vagando, esperando que venga el día siguiente? Vives de desechos, Max, te alimentas del cadáver del viejo mundo.

Quizás, un último intento de recrearlo fue la reciente y brillante versión de Mad Max, esta vez con el personaje encarnado por Tom Hardy. Al mismo tiempo que se mostraba el film como una adaptación del western a un mundo posapocalíptico, pasado por el tamiz del cine setentero de tribus urbanas (The Warriors, los amos de la calle; por ejemplo). De hecho, el personaje de Mel Gibson, representaría a ese héroe clásico solitario, introvertido y parco en palabras, propio del cine del Oeste, mientras que la famosa escena final surgiría de trasladar las persecuciones de los indios con las diligencias, a tiempos futuros.

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Vidas paralelas.

Mel Gibson comenzó con su carrera en su país natal, Australia, en los setenta y Mad Max sería su primer papel, un personaje al que debe tanto. De hecho, cuando hizo Mad Max 2: El guerrero de la carretera. Venía de rodar ese grandísimo film bélico que fue “Gallipolli” (Peter Weir). Aún le esperaría al actor una carrera brillante y en ascenso, que incluye una destacadísima filmografía como director. En cuanto a Jean que entró en Hollywood gracias a una serie de amistades, como Chuck Norris. Su carrera comenzó en los 80 y el filme que le dio popularidad fue “Contacto sangriento”. En este sentido, logró rescatar un personaje que –en principio estaba pensado para Chuck Norris-, cuando Van Damme renunció al papel de Swarzeneger en “Depredador”; una mala decisión porque el propio actor belga reconocería que “Cyborg” sería una de sus peores trabajos. Estamos, por tanto, en el inicio de una carrera mucho más discreta, siempre situada dentro del cine de acción, en el subgénero de las artes marciales, aunque a veces en clave de ciencia-ficción. De hecho, volverá a interpretar a un personaje con ciertas similitudes en “Soldado universal”, con un combate final casi calcado, bajo la lluvia, en ambas películas.

Con  su encanto, como obras de culto de acción posapocalíptico, ambos títulos recorrerían una vida paralela, en la que Mad Max fue un gran clásico mientras que el film, protagonizado por Van Damme es considerada como una discreta recreación del más puro estilo ochentero, con sus virtudes y sus defectos. “Mad Max” daría pie a una saga memorable mientras que “Cyborg” daría lugar a una franquicia bastante olvidable, de la que solamente podríamos reseñar que “Cyborg 2”, su secuela más inmediata, supuso el primer protagónico para la actriz Angelina Jolie. Al final, lo más importante quizás sea que más allá de su condición de cine de género,  esas obras de culto dejarán un buen sabor de boca a los cinéfilos más nostálgicos y forman parte de una manera de filmar que ya se ha perdido.

16/05/2017 17:53. Gonzalo Gala ;?>

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