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Desde que D. W. Griffith estrenara El nacimiento de una nación, Hollywood ha estado mezclando política y espectáculo de forma continuada. Ya sea con fines reflexivos, puramente demagógicos o excitados por discursos propagandísticos; de hecho, una buena parte de este  barniz ideológico -con el que se ha adornado su entretenimiento- resulta muy sensible a esta política norteamericana. Una política en la que siempre ha estado presente un moralismo, una fe e incluso un sentido particular del patriotismo, sobre todo cuando la realidad del mundo se transforma a su antojo, y si es necesario, por la fuerza. Por eso, es gratificante que, de vez en cuando, vengan propuestas más críticas de cineastas foráneos como la del taiwanés Ang Lee, que centra su última película en la Guerra de Irak. Lo cierto es que Hollywood se ha presentado como la conciencia contra toda guerra y en concreto contra la de Irak, de la que parece haberse dicho todo, o casi. Lo cierto es que la principal novedad que ofrece este título lo encontramos en el aspecto técnico, al rodarlo Ang Lee a 120 fotogramas por segundos, una forma de presentar una película que -aviso a navegantes- no será posible de visionar en España.

-Resulta raro que te homenajeen por el peor día de tu vida.

Imagínense el extraño homenaje que recibe un grupo de soldados de Irak, durante un partido de futbol americano, el día de Acción de Gracias, de 2004. Este es el punto de partida de “Billy Lynn”; un drama sobre la guerra y sus secuelas; los sufrimientos que están dispuestos a tolerar los soldados, una vez que entran en combate. En este sentido, el film toma como eje la vida de un soldado que aclaman como un héroe, una vez que vuelve a casa durante un periodo de descanso, antes de regresar al frente: El soldado de primera, Billy Lynn.

Cuando visionaba la película, en la oscuridad de la sala, no podía dejar de pensar en "Banderas de nuestros padres" (Clint Eastwood), pues ambas comparten ese aspecto tan americano que es la fama, visto con un sentido propagandístico y patriótico, aunque –en el fondo- enmascarasen el horror de una guerra. “Billy Lynn” parte de una novela de Ben Fountain, con un tono completamente antibelicista.

El reparto.

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Un recién llegado, el actor británico Joe Alwyn, se pone al frente del reparto. Le secundan, intérpretes más o menos conocidos como Garrett Hedlund, quien ha participado en “Troya”, “Cuatro hermanos” y en “Tron Legacy”. Junto a ellos, unos eficaces Vin Diesel y Kristen Steward, quién demuestra que con cada nueva película, es mucho mejor actriz.

-Por primera vez en mi vida me siento cercano a algo más grande que yo mismo.

El director.

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Muchas películas de su director, Ang Lee, han mostrado la interacción entre la modernidad y la tradición, en algunos retratos de su país, desde que se diese a conocer con “El banquete de bodas”, film que reflejaba la homosexualidad desde el punto de vista de dos mundos completamente diferenciados, o radiografió el choque generacional o cultural, como se prefiera, en “Comer, beber, amar”. De la historia de China, retrató tanto la época feudal a través de las artes marciales “Tigre y dragón”, como el conflictivo tema del colaboracionismo con Japón, en la Segunda Guerra Mundial “Lust”.  Pero también se ha sumergido en diferentes aspectos de la sociedad norteamericana. Ang Lee ha tenido una gran habilidad para retratar distintas culturas, como también, situarse en diferentes etapas históricas. Se aproximó al western, ambientado en la guerra de Secesión, en “Cabalga con el diablo”.

- Esta no es nuestra guerra.

- Padre, puede que yo haya nacido en Alemania, pero yo me he criado aquí y esta es mi gente. Si la situación empeora…

- No Jacob, esta no es tu gente. Siempre serás un alemán para ellos.

Retrató la relación de unos hermanos en el drama romántico de “Leyendas de pasión” y los amores conflictivos de dos homosexuales “Brockback Mountain”.

Una apuesta técnica adelantada a su tiempo.

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En sus últimas películas hemos podido comprobar cómo apuesta por las novedades tecnológicas, como ya hizo en la notable “La vida de Pi”. Si en aquella ocasión, filmaba en digital y 3D, en esta la apuesta es mayor. Sus pretensiones por conseguir una acción bélica plenamente realista le hizo emplear una cámara especial de 4K, para poder rodar con 3D a 120 fotogramas por segundo. Eso es, a una velocidad, cinco veces mayor que el estandarizado 24 fotogramas por segundo. Lo más atrevido que un cineasta había hecho anteriormente fueron los 48 frames por segundo, con los que Peter Jackson había rodado “El hobbit”, aunque recibiese críticas, por el camino.

Este atrevimiento técnico ya ha hecho fracasar la película en la taquilla americana y ha evitado que en otros países se disfrute tal y como lo concibió su director, como el caso de España que ha optado por la versión estandarizada, en su distribución. Pero también ha dejado a la película de Ang Lee, a las puertas de los Oscar, como ha sucedido con el film de Scorsese “El Silencio”, dos de las grandes damnificadas por la Academia, junto con “Sully”, de Eastwood.