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La película muda de Carl Dreyer, La pasión de Juana de Arco, es un ejemplo del potencial del cine como arte. De una estética meticulosa (el film está casi enteramente compuesta de primeros planos de los rostros de los actores) está unida a la desgarradora interpretación  de María Falconetti (una estrella de cine que nunca actuó en otra película) en el papel principal. No es necesario ser religioso para entender lo que  Juana de Arco quiere expresar según lo retratado por la actriz. Su rostro es pura expresión y  Dreyer  saca un enorme potencial de esta y otras imágenes impresionantes como la sombra de un marco de ventana que se convierta en una cruz en el suelo, gusanos que se arrastran a través de un cráneo desenterrado de una tumba recién cavada, o un aburrido verdugo que apenas es capaz de sostener su cabeza en la compañía de sus instrumentos de tortura. Y luego está la muerte en la hoguera y la brutal represión de esta campesina, en una serie de imágenes proyectadas sobre un permanente fondo blanco.

El genio de estos efectos visuales de Dreyer y la interpretación de Falconetti  logran una complejidad psicológica que impactará en el espectador. ¿Fue Juana de Arco verdaderamente una mística y una mártir? ¿O era simplemente una desafortunada víctima del tiempo en el que ella vivió y murió? De cualquier manera, una cosa es segura: su personaje se presenta aquí como humano. Se trata de la espiritualidad y la represión, en una película realizada por el danés Carl Dreyer en el año 1928, La pasión de Juana de Arco.

Pero como le sucede a la mártir de la historia, su director sufrió un auténtico calvario. Durante  décadas, el cine de Dreyer sería  víctima de censores religiosos y políticos, dos incendios que destruyeron importante metraje de sus cintas, cortes no autorizados, con el deseo de modernizar la película. Un rollo del largometraje, sin censura, se encontró milagrosamente en un hospital noruego para  enfermos mentales (irónico, ¿no?) Lo peor de todo sería, sin embargo, que su estilo no fue justamente apreciado y reconocido; de hecho, Dreyer se convirtió en un director que caería en desgracia. 

                       

                      

Una de las referencias que encontramos en Dreyer, más allá de La pasión de Juana de Arco es la pintura del también danés, Hammershøi, que influiría a otros directores como Michael Haneke, Amour.

De izquerda a derecha: 

Fotograma de la película Ordet.

Habitación, Vilhelm Hammershøi,1890

Fotografía de la casa de Dreyer.

Interior con Ida tocando el piano,Vilhelm Hammershøi,1910

Fotograma de Amour, Michael Haneke.