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En el cine  se da el caprichoso destino de muchos cineastas célebres que se desvanecen con una gran facilidad fuera de su ámbito. Esto mismo le sucede al director italiano Mario Monicelli,  hoy eclipsado en el escenario mundial. Monicelli fue un guionista prolífico en los años 40, despegó como director en los 50 y continuó haciendo películas sin mucha pausa hasta su muerte en 2010. En su apogeo como cineasta, trabajó con estrellas como Anna Magnani, Marcello Mastroianni, Totò, Claudia Cardinale, y Monica Vitti. En una ocasión compartió un León de Oro en Venecia con Roberto Rossellini, y fue nominado para el Oscar a la Mejor Película Extranjera dos años seguidos (y luego una tercera vez). Sin embargo, muy pocas de sus más de 50 películas están disponibles en países como el nuestro. Un caso ilustrativo es la película Boccaccio 70 (1962), donde el distribuidor internacional, preocupado por el largo tiempo de ejecución, cortó el segmento de Monicelli por completo. Otros tres directores de la misma película -Fellini, Visconti, y De Sica- boicotearon la proyección de Cannes en protesta.

Todo esto hace que demos la bienvenida a Mario Monicelli en su cien aniversario de su nacimiento.

                            

Fue uno de los maestros de la Commedia all’italiana ("Comedia a la italiana") y varias de sus películas son reconocidas como obras maestras del cine trasalpino. Sobre todo La gran guerra, considerada su mejor trabajo, pero también, Rufufú, cuya popularidad catapultaría a sus protagonistas Gassman y Mastroianni, y Risas de alegría, los tres títulos que van a recordar de su director. 

Risas de alegría  nos presenta la desventura de una extra en Cinecitta (Tortorella, una inmensa Anna Magnani) en la víspera de Año Nuevo,  como esas películas que suceden en una noche como la americana ¡Jo que noche!, que no pocos críticos la han querido relacionar.  Un carterista,  un cómplice poco dispuesto, un conductor de tranvía  y un turista americano muy borracho en busca de la Fuente de Trevi, completan el cartel de personajes principales.

                             

También se ha dicho que Mario Monnicelli parece ser una versión a la italiana de Billy Wilder o de Martin Scorsese.

En este contexto, La Gran Guerra (1959), ganador del León de Oro, es notablemente más ambiciosa a medio camino entre el cine bélico y la comedia.  Ambientada en la Primera Guerra Mundial, la película se centra en dos gandules (Alberto Sordi y Vittorio Gassman) que se convierten en compañeros antagónicos. En una escena, la cámara sigue rápidamente hacia atrás por una columna de soldados, para colocarse en dos de ellos que están discutiendo acerca de si la chica pin up favorita es casta en la vida. Entonces aparecen un par de botas, y la cámara sigue adelante, volviendo sobre sus pasos para establecerse en un espía enemigo,  a quien han situado en una pared y han ejecutado. Vemos diferentes ritmos en una sola toma, como ejemplo de la maestría del cineasta italiano. También es llamativo que la película se rodase dos años después de Senderos de gloria (Stanley Kubrick).


En Rufufú encontramos un tema muy popular: el de la farsa entre ladrones. Fue considerada como una versión paródica del melodrama francés, Rififí.  El "gran problema" que se mencionaba en uno de sus títulos (que no era el título italiano, por cierto) era el robo en una tienda de empeñas, siguiendo el estilo “científico” que planteaba de forma seria, la película francesa.

Pero, por supuesto, no tienen éxito. Hay un tipo honrado  (Marcello Mastroianni), que tiene a la mujer en la cárcel,  y luego, el ex boxeador profesional (Vittorio Gassman). También está  el hijo (Renato Salvatori) que se enamora perdidamente de la hermana de otro de los conspiradores (Tiberio Murgia), un siciliano vengativo. Y por último está el "experto", un papel interpretado maravillosamente por Totó.