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El año no puede comenzar mejor, cinematográficamente hablando. Comparten cartelera dos títulos muy interesantes que harán las delicias de muchos cinéfilos. Hablamos de Corazones de acero, película que presentamos a continuación, -situada dentro de las coordenadas del cine bélico, subgrupo “Segunda Guerra Mundial”-, y la genial pero inclasificable Birdman en el último trabajo de Alejandro González Iñárritu.

 En la secuencia inicial de Fury (David Ayer), la silueta de un jinete solitario vaga entre los restos de tanques humeantes. Un soldado a caballo quería contemplar el resultado de una cruenta batalla, cuando alguien sale de uno de esos tanques para matarlo y soltar al animal. La idea tiene una carga simbólica importante porque representa cómo la caballería tradicional había sido sustituida por la de los carros de combates.

 -Yo empecé esta guerra matando a alemanes en África, luego en Francia y ahora terminaré matándolos en Alemania.

 A pocos meses de concluir el conflicto, éste se recrudece por la orden de “guerra total” del fürher. Hasta allí llegamos, a lomos de un carro de combate que sin honor, pero con éxito, va atravesando media Europa, recorriendo unos escenarios mil veces visto en el cine. Y aunque el tanque haya cobrado importancia en el cine bélico (Rommel, el zorro del desierto; La batalla de las Ardenas, Los violentos de Kelly) o como elemento para adornar una escena emblemática (Salvar al soldado Ryan) pocas veces hemos visto las interioridades de un carro de combate, como sucedía con las profundidades marinas a través de un submarino o la inmensidad del horizonte desde la carlinga de un avión.

                    

 Fury, el título original de la película, es el nombre del Sherman M4A3E8 que se abre paso por la Alemania nazi después de un largo y glorioso periplo a lo largo del frente occidental. Lo dirige el sargento (Don, Brad Pitt) quién podría recordar al personaje de Tom Hanks en Salvar al soldado Ryan.

 -Cada vez que mato, me alejo más de casa.

 De hecho, Corazones de acero toma buena nota del desencanto humanista y violento del film de Spielberg, -todo un referente cinematográfico de las crueldades y el realismo de una guerra llevada a la gran pantalla- pero el grupo liderado por Brad Pitt no tiene el carisma de la pequeña patrulla que buscaba a un soldado llamado Ryan, en territorio enemigo.

 Unos datos de historia militar.

Los alemanes poseían el mejor carro de combate de la Segunda Guerra Mundial el Panzer VI Tiger, mientras que el Sherman era un modelo medio comparable con el Panzer IV o el T 34 soviético. Los M4, carro de fabricación americana, fue conocido por los británicos como Sherman por el general de la Unión William Tecumseh Sherman, quién planteó una propuesta teórica sobre una guerra mecanizada cuyas bases la aplicarían, sin embargo, el Alto Mando Alemán para la llamada Blitzkrieg de Guderian y el potencial mecanizado de Rommel, para el desierto. 

El Sherman tenía menor blindaje y su cañón de 75 mm no competía con el famoso Flak del 88, la principal pieza de artillería de la Segunda Guerra Mundial, pero era mucho menos pesado por lo que contaba con más movilidad. Eso sí, el Sherman tenían un defecto importante en el depósito de la munición; cualquier impacto podría producir un incendio en el carro de combate. De ahí que se añadiera una escotilla en la parte inferior del casco.

 El reparto.

 Como todo cine bélico, pero también como parte de ese manual de estilo del director –con sus excepciones- Corazones de acero es una macho movie, de principio a fin. Las mujeres apenas tienen presencia en la película, salvo unas primas alemanas que aparecen en la escena del “descanso del guerrero”. En este sentido, cobra importante la camaradería de sus personajes, pero con un sentido diferente a lo que habíamos visto (tomamos como ejemplo Los violentos de Kelly). Esta ruptura de la camaradería es marca de estilo propia de este realizador, pero nunca se había acercado tanto al grupo cerrado que hará lo imposible por sobrevivir.

 -No te pediré nada que no haya hecho yo mismo.


 Brad Pitt encarna al dirigente de este grupo, con un sentido paternal como el “alma mater” de una especie de esta familia disfuncional que forman los componentes de su unidad. Un personaje propio de Hollywood e incluso del cine de David Ayer (recordar a Arnold Schwarzenneger en Sabotaje, “el corazón y alma de este equipo”). Pitt ya había tomado las armas en la Segunda Guerra Mundial, las órdenes de Quentin Tarantino, en Malditos bastardo; película en la que hacía gala de la violencia propia del director.

 Le acompañan Shia LaBeouf, actor que parecía ser una estrella emergente gracias a Transformers’ (Michael Bay) e ’Indiana Jones y el reino de la calavera de cristal’ (Steven Spielberg), aunque haya continuado su carrera de forma errática. Logan Lerman, uno de los hijos de Russell Crowe en Noé (Darren Aronofsky); Jon Bernthal, actor que participó en El lobo de Wall Street (Martin Scorsese) y en la exitosa serie The walking dead. Michael Peña, quién ya había trabajado con David Ayer en Sin tregua; Jason Isaacs, visto en la saga de Harry Potter. Incluso uno de los hijos de Clint Eastwood –Scott Eastwood- hace un pequeño papel

 Los dos personajes femeninos, presentes en la escena de la comida, están interpretadas por las actrices Alicia von Rittberg y Anamaria Marinca

 El problema de Ayer es que no sabe dar identidad a los personajes dentro del grupo y resultan esquemáticos.  E incluso encontramos ese recurso propio de Hollywood para que el espectador se sienta identificado por la miradad del joven soldado que desconoce la crueldad propia de cualquier guerra. El novato que se enrola en el grupo, en el último momento por casualidad y que jamás había matado a nadie, sin nada que ver con sus futuros compañeros de armas.

 David Ayer, ejercicio de estilo.

 El mérito de sus películas es que pone boca arriba algunos estereotipos del cine de acción para unas historias que aunque no sean precisamente originales, la solvente dirección de David Ayer y el buen trabajo de los actores, resuelven con nota sus películas. Así sucedía en Sin Tregua, e incluso en la menos interesante Sabotaje. No son cintas de buenos y malos, y eso se agradece, ni tampoco filmes que se rinden a los efectos especiales, aunque cuenten con un frenético ritmo, de principio a fin.

-La única forma de desbaratar al cártel es descubrir quién robó el dinero.

-Podría ser uno de los míos.

Sabotaje, por ejemplo, no es un actioner al límite, no hay tantas (y suelen ser breves) escenas de acción y algunas se resuelven de un modo poco frecuente en este género. Lo vemos, por ejemplo, en la secuencia del ataque a Tripod (Kevin Vance), pero nunca abandona el estilo de Sin tregua. Con el uso del found footage, con el abuso de la cámara en mano –para dar dinamismo a la cinta- y con la sensación de verisimilitud con la sequedad de la puesta de escena, sus diálogos sucintos, escuetos, al grano, o con los imágenes próximas al estilo de documental o las texturas diferentes. También hay errores de raccord (a través de saltos de eje) para enfatizar el estilo realista de las secuencias de acción.

Otro hecho observable es que huye de las referencias habituales, aunque no falten los guiños del género, presentando un plantel de personajes que no representan héroes impolutos, sino que van traspasando la fina línea entre el bien  y el mal.

Concluimos con Corazones de acero. La película resulta entretenida y cuenta con una buena puesta de escena, pero está lejos de convertirse en un referente (quizás sí lo sea dentro del subgrupo “tanque” del cine bélico). "Fury" (el film de David Ayer) comienza de forma vibrante, pero poco a poco va perdiendo fuelle y cae en los convencionalismos propios del género. Una estimulante propuesta para ir al cine, aunque preferimos la magnífica Birdman (Alejandro González Iñárritu).