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¿Cine político en Hollywood? A más de uno seguramente le arranque una sonrisa el hecho de pensar en cine político en ciertos ámbitos de Hollywood, con esos malos malísimos y esos buenos, que defienden el “American way life”, con el presidente a la cabeza, armado hasta los dientes. Muchas veces se ha puesto en tela de juicio si desde Hollywood se hacía cine político, con calidad y credibilidad, mucho más allá de figuras señaladas como son Oliver Stone o Costa-Gavras, que en absoluto entrarían dentro de la categoría de ese cine mainstraim por el que aboga la gran industria. Lo cierto es que Hollywood es una de la base fundamentales para consolidar el llamado “soft power” por el mundo, a la hora de propagar el modo de vida americano sin necesidad de utilizar armas. Como también es la mejor herramienta no gubernamental para identificar a los malvados contemporáneos, lo que rápidamente relacionamos con el terrorismo.

El terrorismo era el elemento dinamizador de muchos géneros, desde el thriller político y policial al puro cine de acción, en donde rastreamos una clara ideología política. El terrorismo aparecía en una diversidad de películas que han puesto en jaque la Casa Blanca o en la saga de Die Hard (Jungla de cristal). Pero el terrorismo ha parecido en la cinematografía de todas las latitudes, observando casos destacados: el IRA en Irlanda (En el nombre del padre), ETA en España (Yoyes o La pelota vasca), la figura del Carlos, el Chacal (El día del chacal, 1973, Chacal, 1997)  o el del grupo más minoritario de la Baader Meinhotf (RAF Frente del Ejército Rojo). Tampoco existe la exclusividad del retrato del yihadismo en el cine americano, podríamos recordar la interesante película francesa, El asalto. Sería muy ingenuo obviar el papel del terrorismo en un mundo tan globalizado y el grado de intención política que hay detrás del nuevo terrorismo global: el que surge del fundamentalismo islámico, ya se llame terrorismo islamista, al-Qaeda o yihadismo, como hace medio siglo, sucedía con el terror en el contexto de la Guerra Fría; por mucho que el 11S hiciera incluir a esta categoría a casi todo tipo de ataques a Estados Unidos y sus aliados.

Pasada la Guerra Fría, el cine se aleja de esos malvados soviéticos procedentes de la URRS, con aspecto ario –el ejemplo del teniente Coronel Podovski (Steven Derkoff) de Rambo: Acorralado II- por unos villanos de origen mayoritariamente árabe (Muerte antes que deshonor, Terry Leonard), aunque no falten los terroristas de otras procedencias y más sofisticados, como los de la ex Alemania del Este de Jungla de cristal. Resolviéndose, eso sí, gracias al sacrificio de un único “soldado”, quién a modo de Rambo, acaba al completo con el grupo. Hay una tercera modalidad dentro del terrorismo cinematográfico: representada por la teoría del “lobo solitario” de naturaleza seudofascita o militarista con el ejemplo de Arlington Road: Temerás a tu vecino (Mark Pellington), que a diferencia de los anteriores surge en el propio seno nacional, aunque al final todos busquen lo mismo: acabar con el modo de vida americano y, en última instancia con la Libertad y la Democracia de la que es valedora los Estados Unidos, como “gendarme del mundo”.

Pero lo cierto es que todos estos actos terroristas de ficción, muchos de ellos sofisticados y apocalípticos, palidecen ante la eficiencia y la simplicidad de los casos reales como los atentados a los Torres Gemelas del 11S, del 11 M en Madrid o los atentados en Jordania, con los tres hoteles que sufrieron graves daños a causa de varios coches-bomba.

La zona caliente del Oriente Próximo.

El “terror verde” o terrorismo islámico, por alusión a la bandera verde del Islam, ya aparecía en las páginas de actualidad y, por ende, en el cine mucho antes del 11S, de los talibanes y Al-Qaeda. Se remonta al sempiterno conflicto entre Israel y Palestina, con una fecha clave: 1972, marcado por la Masacre de Munich. El cine no tardó en responder al “fuego enemigo” con films encuadrados en el thriller político como Domingo negro (John Frankenheimer) y 21 horas en Munich (William A. Graham). Pero Hollywood establecería su tendencia anti-islámica (y para siempre) con la llegada de Ronald Reagan, a la Casa Blanca, y tras dos definitivos sucesos: la crisis de los rehenes en Irán y el atentado al cuartel de los marines en Beirut. Desde entonces, el cine ha ido acompañando a la política internacional, de una forma llamémoslo “simbólica”.

Que había que vengar a los caídos de Beirut, pues ahí estaban Chuck Norris y Lee Marvin para limpiar el Líbano de guerrilleros de Heztbolá (Delta Force, Menahen Golan), o que la Libia de Gadafi se pasaba al Eje del Mal,  lanzábamos un bombardeo de la fuerzas aéreas: Águilas de acero. Incluso llegó el tema de las armas de destrucción masiva con Sadam Hussein y el cine da la respuesta: En la película Navy Seals (Lewis Teague) se descubría todo el pastel, tras una operación de rescate.

                                  

“Matadlos a todos”.

Todas estas películas representaban, también, una de las más delirantes fantasías de los mandatarios americanos, desde Truman, que quedaba ilustrado en los catárticos baños de sangre que acompañan muchos de estos films. “Ir a esos países y matarlos a todos” era una de las frases del agente Fleury de El reino de las sombras (Peter Berg), mientras que el polémico Coronel Childres (Samuel L. Jackson) gritaba: “¡Fulminad a esos cabrones!” en Reglas de compromiso (William Friedkin). Esta actitud recuerda a una táctica militar utilizada en la guerra de Vietnam, “search & destroid” –es decir, eliminar a cuántos comunistas se pueda- que tuvo su continuidad con las llamadas “guerras preventivas” de los Bush o incluso en los “asesinatos selectivos” con drones, de la administración de Barack Obama.  

Talibanes y terrorismo islámico.

Lo  último es el llamado Estado Islámico, pero de eso –y puede que me equivoque- aún no hay películas sobre ellos.  Pero el terrorismo islámico ha sido reflejado en Hollywood en una multitud de ocasiones, y sobre los talibanes existe una filmografía que lo conecta con la pura Guerra Fría.

La primera vez que vimos en una película americana a los talibanes aparecían como “los luchadores de la libertad”, como los llamaba el actioner cold war, Rambo, en Rambo III (Peter McDonald), pero pronto Hollywood se aliaría con la idea defendida por el Presidente George Bush, tras los atentados del 11 S y su discurso de la nueva Cruzada. Eso sí, pasada el shock de los atentados, el cine ha tratado de una forma crítica tanto el terrorismo islámico como la agenda geopolítica de Whashington. Obviando, por ejemplo, que el film más crítico se rodó mucho antes del 11S, como si hubiera tratado de una certera intuición de la catástrofe. Hablamos de Estado de sitio (Edward Zwick), la película más interesante sobre una multitud de aspectos, a pesar de que en su momento fue considerada de disparate y delirante.

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Nos remontamos a los años noventa y narraba las repercusiones políticas, militares y sociales de una serie de ataques terroristas a la ciudad de Nueva York, perpetrados por fanáticos islamistas seguidores de un alter ego del fundador de Hamas (Ahmed Yasin). Lo más llamativo de la película era el “estado de sitio”, describiéndose una dura Ley Marcial que recuerda mucho a la famosa Patriot Act, aplicada tras el 11S, como también el confinamiento de la población árabe en campos de concentración.

-Es mi primera tortura.

-En América no se tortura. Aquí se hacen las cosas de este modo y su trabajo consiste en conseguir la información y enviárnosla, para que nosotros la evaluemos si nos es útil.

Expediente Anwar fue otra aproximación a temas candentes relacionados con esta temática, desde el atentado hasta la sospecha de tortura en suelo americano, y con beneplácito del Gobierno. Tras un viaje a Sudáfrica, el ingeniero egipcio-estadounidense Anwar El-Ibrahimi (Omar Met-wally) es detenido ilegalmente apenas llega a Washington. Debido a la similitud de su apellido con el de un conocido extremista islámico, es conducido por error a un lugar indeterminado del norte de África.

-Amigo mío, ponte en mi lugar. Hay un individuo que va poniendo bombas desde hace dos años, ahora lo ha sofisticado. Tú tienes conocimientos de explosivos y se ha encontrado un teléfono que te vincula a ti. ¿Qué quieres que pensemos?

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En realidad, en Hollywood caben todo tipo de propuestas en la lucha contra el terrorismo, sección islámica. Actioners de pedigrí como Arnold Swarzenneger, en Mentiras arriesgadas (James Cameron); películas de denuncia como Siryana (Stephen Frears) que sabían aunar conceptos políticos y económicos (petróleo) con el terrorismo o la religión; otra, sería Argo, sobre los rehenes americanos en Teherán, o La noche más oscura (Kathryn Bigelow), con la captura de Bin Laden.

 Aunque esta muestra pueda resultar significativa, cerramos el artículo, sabiendo que  aún queda mucha filmografía por incluir en esta temática.