20150925225559-archivos-imagenes-peliculas-g-gal22241.jpg

RAF es una de esas películas del cine alemán, empeñadas en revisar la historia contemporánea del país, en esta ocasión los sucesos que rodearon a la banda terrorista de Baader Meinhof, creada al calor de los años 60. Propugnaban por una sociedad más humana, pero los métodos violentos que empleaban deslegitimaban sus razones y las hacían perder su propia humanidad.

- La burguesía ha destruido las relaciones humanas excepto las del interés personal y la crueldad de pagar a tocateja.

Esto formaba parte de una grabación que se hizo hace cuarenta años, como referencia a los tumultuosos y revolucionarios años 60, pero no dudamos de su vigencia. Viene a cuento para entender al grupo terrorista Baader Meinhof, que ha centrado el argumento de la película. A finales de esa década, medio mundo pensaba en el cambio de las cosas, pensamiento que albergaba la juventud de izquierda, sobre todo, desde unos estudiantes que se lanzaban a la calle para escenificar su protesta contra el sistema y las clases dirigentes. En Alemania, junto a la indignación de la Guerra de Vietnam, el movimiento revolucionario –que partía de la Universidad- cristalizó en ese grupo terrorista llamado Baader Meinhof, por el apellido de sus cabecillas, o Fuerza del Ejército Rojo.

- ¡Tenemos que unirnos hasta la victoria o hasta la muerte!

- Formaremos un grupo y cambiaremos la situación política.

- Eso es una locura.

- Debo hacerlo, tenemos una responsabilidad con la historia.


En el reparto encontramos a lo mejorcito de la interpretación alemana más reciente, Martina Gedeck, Aquella Deliciosa Marta, es Ulrike Meinhof; Moritz Bleibtreu, es Andreas Baader, y Johanna Wokalek, interpreta a la violenta activista amante del líder. Todos ellos, arropados por un actor como Bruno Ganz. El que diera vida a Hitler en El Hundimiento, será uno de los principales responsables de acabar con la banda y quien formula, desde su despacho, una significativa reflexión:

- No es la policía, sino las autoridades políticas quienes deben cambiar las condiciones que dan lugar al terrorismo.

La banda terrorista ya había servido de inspiración para películas anteriores, mereciendo citar Baader (dirigida por Christopher Roth), pero la historia de Edel está basado en un libro de Stephan Aust, crónica sobre los pasos que llevaron que llevaron a la Facción del Ejército Rojo contra el Estado. Ésta ya había sido llevada al cine, por Reinhard Hauff, titulándola El proceso, sobre la caza y el posterior juicio de Baader y Meinhof. Uli Edel, conocido por Última salida: Brooklin, de la que se recuerda sobre todo la banda sonora a cargo de Marc Nofler, desvela las claves de un grupo que sirven para identificar un período de la historia lleno de expectativas y de postulados ideológicos, que partían de pastiches de sinergias e ideas, a veces, contradictorias.

- No se puede hacer política antiautoritaria y pegar a los hijos en casa, pero a la larga no se puede dejar de pegar a los niños, si se puede hacer por razones políticas. No se puede invalidar las relaciones dentro de la familia, sin tener que luchar –a su vez- por abolir las relaciones fuera de la familia.

                                           


Estas palabras, que resultan confusas, fueron pronunciadas por la auténtica Ulrike Meinhof en el mismo año que abandonaba el periodismo para dedicarse al terrorismo. La contestación que surgió del mayo del 68, encerraba toda una amalgama de intereses y tenencias, algunas retratadas en el séptimo arte. Desde la liberación sexual y una cultura de transgresores hedonistas (Soñadores, Bernardo Bertolucci), pasando por un estalinismo en horas bajas (Novecento, B. Bertolucci) y el coqueteo del maoísmo (La Chinese, J. L. Godard).

- A pesar de las tendencias revisionistas, rechazad las ilusiones y preparaos para la lucha.

En tal amalgama ideológica se vieron personajes tan señalados como el filósofo francés Jean Paul Sartrè, que llegó a visitar a los cabecillas de banda Baader-Meinhoft a la cárcel, poco ante de sus repentinas muertes.

- Es evidente que ninguna fuerza violenta puede desempeñar ningún papel decisivo y en ocasionar un cierto peligro de orden político, pero se subordina a la lucha fundamental. Tiene desde el punto de vista militar, un valor estratégico, puesto que fija la mayor parte del aparato represivo.

Lo que decía un documental codirigido por Godard, Un filme como los otros, es aplicable al caso de esta banda que pretendió cambiar el mundo a través del terrorismo. Uli Edel ha revisitado con la película ese pasado con una mirada realista, con una puesta de escena accesible en su condición de film comercial. Apuesta para ello por un discurso menos teatral, presentando los sucesos desde una óptica más dinámica.