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- ¡La profecía del Apocalipsis!

- Con la tercera trompeta, una estrella ardiente. 

El nombre de la rosa, Jean Jacques Annaud. 

El miedo al fin del mundo resulta universal y propio de todas las edades del Hombre, de forma que tanto la literatura como el cine han sabido explotar este filón que es la destrucción del mundo. En el séptimo arte lo hemos visto desde todos los puntos de vista posibles, casi siempre acompañados de efectos especiales al servicio de un gran espectáculo. 

- Las víctimas se refirieron al calendario maya, que predice que el fin del mundo será el 12 de diciembre de 2012.

De hecho, de forma periódica el cine lo refleja en la gran pantalla, hasta tal punto que se nos hace raro hablar de este subgénero sin las catástrofes, invasiones o profecías de las que nos tiene acostumbrado Hollywood. Los guionistas han tomado para sus argumentos desde el cine de extraterrestres a catástrofes naturales, las leyendas mayas del fin del mundo (2012, Roland Emerich), o el puro egoísmo propio del hombre y los errores de la humanidad (El libro de Eli): 

- Teníamos más de lo que necesitábamos, no sabíamos lo que era valioso y lo que no. Tirábamos cosas por las que ahora la gente mataría. 

E incluso no han faltado las reminiscencias religiosas, por la ira de Dios, aunque no se tenga muy en cuenta los motivos de su enfado. Así sucede en Legión o en La niebla (Frank Darabont).

- ¿Aún no has conocido la verdad?, nos están castigando por ir en contra de la voluntad de Dios, por actuar en contra de las reglas prohibidas de los Patriarcas.

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 A veces, las reflexiones ante este inevitable hecho es lo fundamental del argumento, sin necesidad de recurrir a efectos especiales de ninguna clase. Esto sucede con Lars Von Triers, Melancholia, o con Abel Ferrara, en 4:44 Last Day on Earth. "Cuando se debe morir y el mundo está a punto de acabarse, no queda más remedio que aceptarlo”, sostiene el director. Ferrara prefiere recrear el cataclismo desde la intimidad de un loft neoyorquino, para contar la temática preferida de su filmografía: la autodestrucción, la crisis de un personaje ante un acontecimiento que le supera.

De la realidad política a las catástrofes naturales. 

La buena salud que goza el subgénero, lo demuestra la cantidad de títulos que ambientan sus historias en paisajes apocalípticos o que muestran la forma de afrontar el estallido final de sus personajes. Muchas veces se tiene en cuenta la propia realidad que servía de barómetro para los estados de ánimos, reflejados en el celuloide. En los años cincuenta, tras Hiroshima y las prácticas atómicas en los atolones del Pacífico, la palabra más temida era radicación. Siguiendo esta temática, muchas películas aventuraron acerca de un apocalipsis atómico, como por ejemplo, El día en que la Tierra se encendió, en donde su director, Val Guest, hace pausible este apocalipsis, al mismo tiempo que sobrecoge y esperaza. Antes, Gregory Peck y Ava Gadner habían intentado sobrevivir a una radiación nuclear en La hora final, con la ayuda del único submarino de la flota americana. 

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El cine explotó nuestros miedos y nos enfrentó a catástrofes medioambientales, tema de máxima actualidad, sobre todo desde que Al Gore nos concienciara por el problema del cambio climático. El día de mañana (Roland Emmerich) es una fantasmada característica del Hollywood más actual, a propósito del calentamiento global, en donde la humanidad tiene que enfrentarse a una nueva era glacial. 

- Este tornado acabo de arrasar el cartel de Hollywood, ha pasado por encima y lo ha destruido. 

Vida tras el apocalipsis. 

¿Cómo sería la vida post-apocalíptica? 

Cuando el destino nos alcance (Richard Fleisher) retrataba el Apocalipsis de un modo veraz: un mundo en donde los alimentos de la naturaleza se habían extinguido, los supervivientes se hacinan en las ciudades hambrientos y haraposos, el agua está racionada y el único alimento es un misterioso producto llamado Soleynt Green. Estos miedos empezaron a estimular historias sobre los esfuerzos desesperados de los gobiernos por enfrentarse a enemigos ocultos, como también surgió un interés por reflejar la vida humana post-apocalíptica. Sobre todo cuando eran unos pocos los supervivientes de la destrucción de la sociedad que intentaban reconstruirla. ¿Por qué nos fascina tanto este subgénero, que lo convertimos en una de las fantasías cinematográficas más recurrentes de los últimos años? Esperamos que el Armagedon destruya la sociedad que conocemos y surja una especie de Edén bíblico, pero en cambio, se nos plantea un futuro dwarviniano, en donde la barbarie y la desolación son las señas de identidad. En este sentido, el regreso a una violencia inusitada, la formación de bandas paramilitares, la obsesión por reunir los recursos naturales y la idea de la soledad, eran los referentes temáticos de un subgénero a medio camino entre la ciencia-ficción y el western. 

                                    Un chico y su perro

Uno de los primeros títulos en aparecer sería Un chico y su perro, film de los años setenta, que nos presentaba una sociedad destrozada por la guerra y a un solitario (Don Johnson) que hurga entre la basura de la que está cubierta. Pero sería Max Rotanosky, o si se prefiere, Mad Max (George Miller), el personaje referencial en este sentido. Representaba a un duro ángel vengador de la era postapocalíptica, con el tema de fondo de la escasez de agua y gasolina. 

- Estoy profundamente decepcionado, me habéis obligado a sacar a mis perros de guerra. Sois unos egoístas, acaparáis la gasolina. Me dicen mis prisioneros que pensáis sacar la gasolina del páramo, qué les habéis enviado a buscar un vehículo lo suficientemente potente para remolcar ese tanque.

                          madmax

Otro título interesante es Kamikaze 99: El último combate. La primera obra de Luc Besson nos presentaba cómo en un futuro desbastado, la Tierra quedaba reducida a una especie de desierto. Una pequeña comunidad lucha por sobrevivir en un mundo en donde la voz humana - la comunicación - ha desaparecido; otra clave distópica. Sin embargo, el género nos ha dado temáticas muy diversas. Uno de los problemas más candentes de la actualidad, la superpoblación, es utilizada por Alfonso Cuarón para su película Hijos de los hombres, pero el cineasta mexicano la presenta de un modo inverso: un mundo a punto de ahogarse por la falta de fertilidad de las mujeres inspira a una cultura de terror y una serie de mecanismos de control similares a los actuales.

Quizás hoy, sea impensable una situación como la que exponemos, pero quién sabe si estamos condenado  el día de mañana; mientras tanto podeis disfrutar con el reportaje del equipo de Popular televisión. ¡Un feliz fin del mundo!