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- Se puede saber qué coño te pasa.

- Me pasa que tengo sensación de timo, eso me pasa.

El cine español, en teoría, equiparable al cine comunitario, mantiene pocos motivos para la euforia, distorsionados eso sí, acaso por la repercusión tanto en taquilla como a nivel internacional de un número reducidísimo de títulos. Aunque una mirada minuciosa pone de manifiesto, una incuestionable pluralidad en la que caben unos cuantos experimentos arriesgados y la difícil supervivencia de los más veteranos frente al aluvión inevitablemente desigual de nuevos directores. Porque en España, a pesar de lo que señalen unos cuantos enteradillos, sucede algo inaudito que aleja a nuestra cinematografía del resto del mundo. Salvo una o dos excepciones, en nuestro país parecen tener más interés las películas de los recién llegados que de los veteranos, por mucho que algunos cineastas experimentados se arropen de grandes actores o de historias consideradas universales. Garci abandonó años atrás ese estimulante principio que regía buena parte de su carrera: película estrenada, película que era nominada a los Oscars; otros como Carlos Saura, Gonzalo Suárez o Bella Portadella están bien lejos de ser considerados "populares", a pesar de que el último trabajo de Portadella es una de las joyas de la temporada.

- Me acuerdo un día en el granero de tu padre en el que fuimos mi primo y yo, y cuando empezó lo bueno me pusisteis a vigilar a fuera. Una cabronada.- ¿En el granero de mi padre?

- Sí.

- ¿Y yo contigo?

- Sí.

Entre los nuevos directores se situaba el debut de Bajo las estrellas, una vuelta al cine independiente que simultanea con cierta gracia el melodrama, la comedia y un apreciable sentido lírico, en torno a un perdedor en vías de redención interpretado por Alberto Sanjuán.

- No hay que llamar demasiado la atención.

- Es lo que se prentende.

- Tómatelo en serio si no quiere que te pillen.

- Es tu especialidad, ¿no?

                                 ladrones

Jaime Márquez debutó con Ladrones, un estilizado thriller rebosante de sensualidad con Juan José Ballesta (El Bola) y María Valverde como explosiva pareja de carterista y Lolita, que inaugura un panorama visual muy al estilo que nos ha acostumbrado el cineasta sudcoreano Wong kar wai, puesta en escena verdaderamente innovadora en el escenario cinematográfico español. De auténtica curiosidad puede calificarse la enigmática Yo, con la que debuta en el largometraje Rafa Cortés, un relato ambiguo sobre la identidad. 

- Hay una cosa que me preocupa, ¿qué pasó allá?

- ¿Allá? No te entiendo.

                        yo

Hans (Alex Brendemühl, co-autor del guión junto a Rafa Cortes) es un hombre de mediana edad, alemán, que viaja a un pueblito de Mallorca para trabajar como personal de mantenimiento, reemplazando a un empleado, con el que comparte nombre. La película cuenta como el segundo Hans, se va apropiando de la vida de Hans, el primero (que no aparece en pantalla) en un pueblo donde todos conocen la vida de todos. Así Hans segundo se va quedando con el trabajo, casa, amigos y amante del primer Hans.   

- ¿En qué año estamos, jefe?

- ¿En el 2046?

- Sí, pero ¿de qué siglo?.

- En el XXI.

- Claro, pero yo no veo ningún marciano. ¿Y tú?

El mismo actor aparece en otra peculiar historia, protagonizada por Mercedes Sampietro, 25 días de invierno, película que expone algunos síntomas del malestar social urbano contemporáneno, como la soledad o el desconcierto.

                         ray loriga

 De lo más destacado del cine español realizado en ese ya pasado año 2008 fue Teresa, el cuerpo de Cristo, con una Paz Vega como la controvertida Santa Teresa de Jesús, y Ray Loriga como el director de la función. No nos podríamos marchar de este repaso a la cinematografía español sin dedicar, al menos una reseña, de uno de los trabajos más cuirosos de nuestro país, el documental Las alas de la vida, con el cual el director Tony Canet levanta acta del testamento vital y vitalista de un amigo suyo médico, diagnosticado de una enfermedad degenerativa e irreversible.