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- Y ahora señoras y señores, la atracción que han estado esperando, el número más sensacional del circo. Es espectáculo, es emoción, es acción.

 En pocas ocasiones podemos señalar como acertada aquella aseveración del canto del cisne en el mundo de la creación intelectual, acercándonos a su obra maestra ya próximo a su muerte, en su último trabajo, a pesar de contar con un puñado de grandes películas. 

Este hombre, Max Openhaim, alemán de origen judío que se marchó a Francia y se cambió el nombre por Max Ophuls, debido a la vergüenza que provocaba el derrotero que acontecía en su país, con su mirada siempre dirigida a un pasado que nunca era antiguo. Este hombre que movía la cámara de una forma increíble, que creó un estilo propio definido por "toque Offul" y retrató una y otra vez un universo en donde los personajes femeninos eran las protagonistas absolutas.

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- Quería felicitarla señora, nos ha traído frescura, algo nuevo, ha organizado una verdadera revolución. En fin, quería decirle que nos ha conquistado. Gracias, señora, gracias. Ha obtenido un puesto en este teatro y le rogamos que se quede. 

Este clásico de Ophull está basada en una novela "La vida extraordinaria de Lola Montes” de Cécil Saint-Laurent. Se plantea la película como un espectáculo que no esconde en ningún momento su condición, con Peter Ustinov como jefe de ceremonias desde la carpa de un circo en Nueva Orleans, para acercarnos a su principal atracción, los escándalos de una cortesana de nombre Lola Montes, interpretada por Martine Carol, arquetipo de la mujer de este cineasta pero llevado a su enésima potencia. De hecho, este personaje supuso el último y más estilizado trazo en la constante búsqueda de la condición femenina. En este sentido, las mujeres representan la inteligencia y la ligereza, frente a la vulgaridad y la fuerza, representada en sus películas por los hombres.

                lola montes

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- Primera parte del espectáculo, las preguntas. Hagan sus preguntas, señoras y señores, Lola Montes contestará a las preguntas más chocantes, a las preguntas más íntimas, a las preguntas más indiscretas, sobre su escandalosa vida de mujer fatal. 

Entre los movimientos de cámara, que llegan incluso a los 360º, acompañada de la música de Georges Auric y de unos cuantos flashbacks que nos acercan a la vida de esta mujer, sobre todo a una historia de amor con Franz List, trágico por su desenlace triste, como todo amor que termina.

- Gracias por despedirte, no es nada galante.

- No quería despertarte.

- El adiós es siempre triste.

- Pienso como tu y creo que no despedirnos es lo mejor para los dos.

- Es la primera vez desde hace mucho tiempo que estamos desacuerdo

En realidad, Lola Montes está basado en el personaje real, la irlandesa con una vida tan agitada tanto en sucesos como en amoríos desde que fuese bailarina exótica y amante de Luís I de Babiera. Anton Walbrook fue el actor que interpretó a este monarca de Babiera, quien fuera su vez jefe de ceremonias en aquella otra obra maestra del mismo director, La ronda. Su personaje quiere tener un retrato de ella por lo que contrata a un pintor, para prolongar su estancia.

Otro de sus personajes del filme es un estudiante, con quien se encuentra Lola Montes camino de Babiera.

- No sé lo que es la gloria, la fortuna, pero tengo otras cosas, una vida sencilla, el amor en un nuevo país, y es posible que se sienta mujer como las demás.

- ¿Con hijos?

- Sí, ¿por qué no?

La película nos da la idea de que esa mujer no fuese tan fiera como ese público esperaba encontrar, sobre todo atendiendo a la presentación que hace siempre de ella el personaje de Peter Ustinov. Desde luego, no tan fiera como la representación dentro de la carpa del circo.

- Señores, permítanse un poco de placer, un dólar tan sólo. ¡Vamos, vamos! Dejen a su mujer, un dólar tan sólo.