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-Me contó un secreto, la madre de todos los secretos, que hay un agente doble. 

El sueco Thomas Aldfredson ya había demostrado su gran capacidad cinematográfica en la adaptación del cuento vampírico Déjame entrar; del cine de autor europeo pasaría al comercial hollywoodiense de la mano de John L. Carre, una historia sobre espías, agentes dobles y topos, como alude su evidente título en español El topo.  Sus personajes pertenecen a esos espías clásicos, a la sombra de la Guerra Fría, con su crisis de identidad y encerrados en las cuatro paredes de un despacho. Espías que hacen gala de la traición y de la doble moral, propio de un mundo sin valores. Sin embargo, nadie puede negar que parte de ese mundo moralmente en ruínas tiene mucho que ver con el actual estado de la política, que también puede resultar algo amoral. 

-Las cosas no son siempre lo que parecen.

-Esto se ha puesto muy feo. 

Alfredson no hace más que recuperar una vieja historia ya conocida por la pequeña pantalla. En los años setenta una prestiogiosa serie de la BBC adaptaba este relato, bajo el título de Tinker, Tailor, Soldier, Spy (Calderero, sastre, soldado, espía) con el formato de miniserie y con el rostro de Alec Guinnes, interpretando al célebre George Smiley. Es llamado de su retiro para que descubriese a un doble agente, al servicio del espionaje soviético. 

-Hay un topo en la cúpula del servicio secreto británico. 

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Siguiendo la estela del relato, una de las grandes bazas de la película es el personaje de Gary Oldman. El recuerdo de aquella serie, que dirigiese John Irvin, está presente en la caracterización de ese personaje, en el George Smiley de Alec Guiness, y no solo en las gafas y en el corte de pelo, que podría recordarnos a ese inmenso Giullio Andreotti de Il divo. Similar estoicismo, idéntica sensación de abatimiento e inquietante mirada. Se trata de la gelidez de las emociones, de las mentiras y la contenición de los actos, un estilo que está marcado también por la semejanza con un tipo de cine de espias que ha tenido como personaje el propio George Smiley, por ejemplo, El espía que surgió del frío (Martin Ritt). "Fue una elección estética además de moral: Occidente se ha puesto muy feo", dice el topo cuando es descubierto. Esta elección "estética y moral" es la que vemos en la película y se hace suya, el director de la citada El espía que surgió del frío, otra adaptación de una novela de Le Carré. 

Ambas pertenecen al ciclo de este célebre espía, un antihéroe en comparación con el famoso James Bond, que trabaja para Circus, la representación del MI5 realizada por el escritor. El personaje había protagonizado unas cinco novelas, adaptadas al cine, y apareció tangencialmente en otras dos: El espía que surgió del frío, intepretado por el actor Rupert Davies, y en Llamada para un muerto (Sidney Lumet), aunque bajo el nombre de charles Dobbs. Volviendo a El topo, el George Smiley de Gary Oldman había sufrído la lógica evolución del personaje, tras abandonar el servicio activo. Vive solitario en la penumbra de su apartamento, rodeado de papeles de todo tipo, pero vuelve a la acción, para esclarecer la existencia de ese topo, fiel a Control (John Hurt). También encontramos una importante semejanza estilística con películas como La vida de los otros (Florian Henkel) o La conversación, obra maestra de Coppola en donde la soledad de sus personajes marcaba una historia de otra forma de espionaje. Abundan las secuencias de reflexión, con el personaje en movimiento o filmadas siguiendo su ausencia, es decir, sentado mientras va atando cabos. En realidad, muestra la misma paciencia con que Control juega al ajedrez, con esas piezas que definían a sus subordinados, según el alfil, la torre o la reina.  

Le Carré introdujo su Smiley casi al mismo tiempo que Len Deighton su anti-héroe sin nombre (Harry Palmer en la versiones cinematográficas). Este fue un momento en que la crítica y el público daban la bienvenida a las versiones más realistas del espionaje de ficción, en contraste con el glamoroso mundo de Ian Fleming y su James Bond.Smiley se considera a veces elanti Bond-en el sentido de que no se trata del retrato de una fantasía masculina, sino  un agente del gobierno-. Le Carré lo describe como un hombre un poco bajito y gordo, que siempre lleva ropa cara pero mal montaje (que "vestía como un corredor de apuestas"). Y tiene un hábito de la limpieza de sus lentes sobre el "fin de grasa" de la corbata.

Es un personaje tranquilo, de modales suaves y de mediana edad, que vive de su ingenio y, a diferencia de Bond, es un maestro de maniobras burocráticas en lugar de disparos. Smiley se representa como un jefe de espías excepcionalmente experto, dotado de una memoria prodigiosa. Un estudiante de espionaje con una visión profunda de las debilidades y falibilidades de los seres humanos, muy sagaz y perspicaz increíble que parezca, él es muy consciente de los aspectos inmorales, espantosa e inmoral de su profesión. A pesar de su serie de jubilaciones, Smiley mantiene una amplia gama de ayudantes y personal de apoyo, tanto dentro como fuera del servicio, que se extiende incluso a los oficiales "retirados" de policía y miembros del antiguo servicio. Su fidelidad a ellos y su carácter fuerte que parece promover el respeto genuino y la lealtad a él.

-Sólo quiero un nombre en clave. 

Tinker, Tailor, Soldier, Spy es una novelización de los estudios que Le. Carré realizó sobre las revelaciones que en los años 50 y 60, se hicieron en torno a una serie de traidores en el seno del servicio secreto británico, entre ellos Guy Burgess, Maclean Donald, Blunt Anthony, John Cairncross y Kim Philby, como agentes de  la KGB.Algunos de esos nombres aparecerían de forma clave, en la novela. ’Karla’ es el modelo de general Rem Krassilnikov, de la KGB, cuyo obituario en el periódico New York Times permitió sacar la luz una sospecha de la CIA. ’Bill Haydon’ deriva de Kim Philby , quien, a finales de 1950, trascendió sus sospechas de que él también podría ser un traidor, dada su relación con el desertor Guy Burgess  y continuó como oficial de inteligencia del SIS (MI6) hasta desertar a la URSS. Otro personaje a destacar,"Connie Sachs", investigador principal del circo, sigue el modelo de Milicent Bagot.

-Te enviaré arriba a la guarida del león, si te descubren, no debes mencionarme.

Podemos cerrar nuestro reportaje con una curiosidad para el espectador español. La música está realizada a cargo de Alberto Iglesias, pero encontramos incluso una canción de Julio Iglesias. En una entrevista, el director señaló que decidieron buscar una canción que definiera al personaje de Smiley en la intimidad. Se eligió "La mer", del conocido cantante, "quien representaba todo lo que George no era", en palabras del propio Alfredson, "el sol del Mediterráneo y la vida fácil".