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Que la guerra es un gran negocio es algo que Hollywood sabe muy bien, pero este no es el caso; a pesar de su reparto, Leones por corderos dista mucho de ser una película comercial. Tampoco es un panfleto político, aunque Redfort bordea ese abismo. Presentada en el Festival de Roma de 2008, Leones por corderos no ofrece respuestas para los enquistados conflictos que Estados Unidos libra en Afganistán e Irak; por el contrario Robert Redfort plantea una serie de preguntas que cuestionan muy en serio la democracia norteamericana, dirigidas a la libertad de prensa, la educación y la integridad de sus gobernantes. Cualquiera que conozca su filmografía, al menos, la enfocada a los conflictos sociopolíticos, descubrirá que el realizador no cree en la propaganda, en términos cinematográficos, sino en el hecho de presentar la mayor parte de la complejidad posible y plantear preguntar para que los espectadores piensen.

 En lo que respecta al título, este hace alusión a una serie de guiños históricos. Se le atribuye a Alejandro Magno esta cita que sirve como enunciado del film: "Nunca he tenido miedo de leones comandados por corderos, sino de corderos que son liderados por un león". Como también parece ser que sirvió para que un general alemán alabara la valentía de las tropas británicas, sus enemigos, en la batalla de Somme, durante la Primera Guerra Mundial. Max Von Gallwitz dijo: "Jamás he visto leones tan valientes siendo comandados por corderos".

 Con un armazón más propio del teatro que del cine, Leones por corderos es una película atípica, estructurada en tres tiempos, dos de ellos consistentes en conversaciones en tiempo real, la entrevista de una reportera (Meryl Streep) a un senador (Tom Cruise), y la de un profesor de Universidad (Robert Reford) a un alumno (Andrew Garfield) que suman buena parte del metraje de la cinta. El tercer tiempo es un episodio de guerra en la que dos soldados quedan atrapados en medio del fuego talibán.

 Tom Cruise, interpreta al senador republicano Jasper Irving, que se enfrenta a la periodista que lanzó su carrera política, Jane Roth (Mery Streep), para ocultar un incidente militar en Afganistán. Él es un senador con aspiraciones presidenciales y ella, una veterana e influyente periodista, pero bastante escéptica, que se verán en un tira y afloja con el interés de reanudar ofensivas en suelo afgano, como telón de fondo.

En el primer episodio Redford, denuncia la complacencia de la prensa norteamericana con sus mandatarios. Que las cadenas oficialistas se hayan limitado a transcribir las emisiones recibidas por el gobierno, -sin ser el garante de la verdad, una de sus tareas fundamentales-, es algo obvio desde el comienzo del conflicto. Así lo encontramos, por ejemplo, en las escasísimas producciones que se han atrevido a sacar punta a la administración de Bush, como el panfletario documental de Michael Moore.

- ¿Qué soy partidista y tendencioso? No te quepa la menor duda. La prensa de los Estados Unidos, en general, es tendenciosa.

 Quizás esta desinformación explique el auge de Internet como medio de comunicación libre, utilizado por los combatientes para reproducir en primera persona la guerra. Fue Brian de Palma, en el pasado Festival de Venecia quien puso esto de manifiesto con su fallida, pero aún así loable Redacted.

 - Irak era un país casi del primer mundo.

- Era, porque ya no lo es.

- Lo tomamos tan pronto como tuvimos cifras. Afganistán era, es y será siempre del tercer mundo. Allí los grandes despliegues han fallado desde Alejandro fuera Magno.

- ¿Nosotros tomamos Irak? ¿Cómo se me ha podido pasar?

- Militarmente, sí.

Otra  gran reflexión, planteada en Leones por corderos tiene que ver con la clase política norteamericana. El senador, interpretado por Tom Cruise, encarna buena parte de los vicios del gobernante norteamericano, una ambición tan desmedida como amoral, junto con su exceso de carisma y una absoluta completa ausencia de capacidad para gobernar, o lo que es lo mismo:

 - Como no sabía que hacer, el Sr. Bush simplemente se quedó allí y continuó leyendo Mi mascota, la cabra.

 
Leones por corderos, posee una estructura teatral, con un espíritu concienciado, pero a título personal me caen mejor sus intenciones que sus resultados, aunque este sea bastante digno. En cierto momentos parece un quiero y no puedo, tanto que a ratos se observa tibieza en el tono narrativo. Percibes que el director quiere huir del panfleto, pero tanto afán por el razonamiento le hace perder brillantez y garra. En cuanto a la división de la película, estas tres historias llegan a parecerse densos planos secuencias con autonomía, aunque exista un hilazón argumental entre ellos. Al final, el resultado es muy agradecer, sobre todo si observamos otros proyectos sobre la misma temática. Y el mensaje, queda demostrado que no lo hace un profesional del panfleto o un incendiario radical, sino un cineasta modélico para la opinión mediática. Son palabras mayores.