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Hollywood como reino de la fantasía y el glamour era lógico que quisiera dedicar films a todas las reinas posibles. En este sentido, Isabel I de Inglaterra es la que más películas y más grandes actrices ha conseguido reunir. Máxime cuando ese universo es capaz de crear verdaderas heroínas tanto de ficción como reales, como Escarlata O´Hara o Erin Brockovich. Pero como esa es la práctica habitual, se propondrá el sentido inverso, un recorrido por los pecados de aquellas reinas que han pasado a la historia del cine más por ser pecadoras que por virtuosas.

 

- ¡La cabeza perderéis!.

 

La ira es una debilidad que caracteriza a muchas de las reinas de la literatura infantil, desde la malvada soberana de Blancanieves a la de Alicia, en el país de las maravillas, en sus versiones de Waltt Disney, lo que por supuesto también marca el destino del que hacen gala algunas reinas de carne y hueso.

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Sin lugar a dudas, el trono de Reina colérica por excelencia se lo lleva nuestra Juana La Loca, enamorada hasta el tuétano de un Felipe el Hermoso mujeriego, descarado en la versión más moderna de Vicente Aranda y, pobre sufridor de los delirios de su mujer en la de Juan de Orduña, Locura de amor, una versión llena del cinismo de una época en la que la esposa modélica era aquella que sabía llevar con ridícula dignidad las correrías de su marido.


- ¡Señora!

- ¿Con quien esperaban encontrarte ya que te asombra tanto verme?

- A ti, espera hallarte a ti, aquí y en cualquier otra parte. ¡Capaz eres de todo menos llevar con dignidad la Corona de Castilla! ¿O es que no te has dado cuenta de que te has rebajado a la altura del mesón al espiarme?

 

Vicente Aranda actualizaría la misma historia con la actriz Pilar López de Ayala, sumida por los celos.

 

Los textos bíblicos y la historia nos advierten del atractivo sexual de aquellas mujeres que ostentan coronas, quizás se trate de la mezcla explosiva entre el físico ineludible y el efecto hipnótico del abismo del poder. Nos referimos al pecado de la lujuria y King Vidor nos presentaba de manera sugerente a La reina de Saba, en su empeño de seducir al legendario Salomón, pero en la historia del cine se ha engrandecido la figura de Cleopatra, sobre todo, en la versión de Joseph L. Mankiewitzc.

 

- Eres capaz de mezclar la política con la pasión, ¿dónde termina la una y empieza la otra?


Greta Garbo, en el más famoso de sus papeles, La Reina Cristina de Suecia, era otra de esas mujeres de armas tomar. La película, de Rouben Mamulian, introducía sutilmente la supuesta homosexualidad de la Reina Cristina, centrándose en su difícil relación con el embajador español Don Antonio, Conde de Pimentel.

 

- ¿Me prometes que le confesarás que quieres casarte conmigo?

- Lo malo es que la Reina es muy dominante.

 

La notoriedad de una rival que se interpone, como muro infranqueable, entre su real persona y el afecto del pueblo aparecía en unos de títulos de referencia de los últimos años. Y nadie mejor que la actual Reina de Inglaterra, magníficamente interpretada por Helen Mirren, en una recreación muy digna de la soberana, La Reina (Stephen Frears) con la sombra alegada de la Lady Di, como telón de fondo.

 

- Venían a ver a la Reina, por su puesto, y al príncipe, pero sobre todo venían  a ver a Diana.

Hay otras reinas que pecan de orgullo y que se obstinan por ser el centro constantemente, como la que aparece en la película Los fantasmas de Goya (Milos Forman).

 

- ¿Cómo queréis que la historia os recuerde, majestad?

- Tal y como soy, joven y hermosa.

 

O de gula y pereza, dos pecados que se conjugan en una reina de lo más cinematográfica, María Antonieta, desde las versiones en blanco y negro, de W. S. Dyke hasta la más actual de Sofia Coppola, o lo que es lo mismo, desde Norman Shearer, reina de la MGM (entre otras razones porque su marido era Irving Thalberg, el principal ejecutivo de la compañía) hasta Kirstin Durns.

 

- Voy a ser la más despreocupada, la más ligera.

 

La adolescente despreocupada, alejada de las miserias que vive su pueblo, a tantos kilómetros de su realidad cotidiana, que es despachada con bondadosa ingenuidad. La historia de una incomprendida y apaleada reina, porque la moda y el amor ocupaban en su cabeza demasiado espacio como para que pudiera prestar atención a las intrigas palaciegas y a los problemas que sufría la sociedad de su época.

 

-La escasez de pan es grave.

- ¿Qué es lo que el pobre del rey puede hacer para aliviar tal sufrimiento? ¡Qué el joyero de la Corte no envíe más diamantes!.

 

Todos sabemos que esto, más adelante, le costaría la cabeza. Pero, según, Sofia Coppola, antes de que llegara ese momento, la vida de la Reina se repartía entre banquetes de dulces, compras desmedidas, sexo, y sobre todo, una gran apatía.