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"Aquí hay algo que sólo existe por el cine, algo que sería nulo en la novela, en el teatro, en cualquier otra parte, pero que en la pantalla resulta inmensamente bello". Lo que escribió Jean Luc Godard, en sus tiempos como crítico, refiriéndose al cine de Nicholas Ray, puede servir para introducirnos en esta maravilla del séptimo arte, procedente del mundo de la literatura. El género policíaco, que nació con Poe y Collins, se consolidaría con el desarrollo de dos corrientes: por una parte, con el crimen aparentemente perfecto y el análisis deductivo -caracterizado por Simenon y Agatha Cristie, y por el género negro, la corriente estadounidense, en la que reina la violencia, la marginación y la crítica social. En esta línea encontramos como primer autor destacado a Dashiell Hammet, quien crearía historias perfiladas en un mundo urbano en donde la corrupción y la autoridad de los gánsters se traduciría en la creación de la figura de un detective, anque responde a la violencia con violencia. Sam Spade, el personaje de El halcón maltés, es el paradigma, nada del superhombre, sino que Hammet crea a un detective próximo al hombre de la calle. De ahí, su idea por acercarnos al contexto de la época, a la crítica de una sociedad y a la denuncia implícita del poder del dinero.

Durante la época dorada de Hollywood, la Meca del cine estaba dividida principalmente por los tres grandes estudios, que impusieron una serie de normas comunes como por ejemplo la exigencia de la más alta calidad de sus producciones, ya sea tanto en vestuarios como puesta de escena. Este lujo aparecía en las películas de la MGM, todas ellas deslumbrantes, optimistas y que servían de entretenimiento y evasión. Mientras que esta proclamaba las virtudes de la vida americana, la Paramont gracias a los ostentosos platós diseñados por Theodore Sparkuhl, prefería los temas relacionados con la supuesta decadencia de Europa. En acusado contraste con ambos estudios, la Warner Brothers se caracterizaba por una iluminación plana y escasa, platós austeros y una tendencia a cortar los fotogramas individuales de cada toma para darles un impulso adicional, frente al llamado "montaje de Hollywood" consistente en un montaje funcional y limitado a transiciones, a través de los fundidos.   La Warner empleaba el estilo duro y realista que haría posible sus películas sobre gánsters, policías, vidas carcelarias, etc

La película de John Huston sería la tercera versión de la novela de Hammett, después de dos fracasos anteriores de las que merecería la pena citar la producida por William Dieterle, con los papeles estelares de Warren Letthe y Bette Davis, que en este caso no se llamó homónimamente El halcón maltés, sino que recibió el título de Satán se encontró a una señora. Curiosamente el filme cambia mucho la situación de la novela, e incluso los nombres de los personajes son diferentes a los que llevaron las otras versiones, la de 1931 y 1941, la dirigida por John Huston. El título de Satán, sin embargo, es el único detalle que compartía con la obra literaria, quizás porque el personaje de Sam Spade aparece descrito como "un Satanás rubio".

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 El filme sería un pequeño capricho de Huston, su opera prima, después de escribir guiones de algunas películas interesantes. Entre las rarezas, está el hecho de filmarse siguiendo el curso lineal de la cinta. John Huston fue boxeador, periodista, playboy, abogado o guionista,  pero entre sus muchas aficiones encontramos el de dibujante, y elaboró todo el storyboard del film. Esto facilitaría la aceptación de la Warner Brothers para producir la película, a través de Wiliam Wyler, uno de los mentores de Huston. Gracias a su detallismo, le dieron libertad para filmarla, por lo que decidió rodarla siguiendo el storyboard. Algo excepcional en Huston, lo que repitió en otras películas, como por ejemplo, El juez de la horca. También se da la curiosidad de que El halcón maltés es contemporánea (de 1941) a Ciudadano Kane; de ahí su empleo de tomas por debajo del plano horizontal -siguiendo la técnica empleada por Welles y Tolland- para enfocar el techo de las habitaciones. Sobre todo para enfatizar la situación de claustrofobia, en el momento, en que todos los personajes de la historia están esperando la llegada de la secretaria de Spade, con el paquete que guardaba el halcón, la noche tan larga de espera -que sería habitual en su filmografía, por ejemplo en Cayo Largo-. Aparecen, entonces, tomas de planos del techo. En esa época, los techos no se utilizaban, porque en los estudios estaban llenos de focos para jugar con los encuadres y la iluminación. Es más, la película se desarrolla en interiores, con la excepción de la primera escena, cuando el personaje de Bogart, va al lugar donde asesinaron a su compañero, Archer. 

El protagonista es un tipo duro, en el que parece subliminarse un cierto enamoramiento con el personaje femenino, aunque representa el héroe romántico, solitario y fatalista propio de Huston, pero también próximo al arquetipo del personaje del detective en general, como a los que el actor interpretó en una multitud de ocasiones, por ejemplo en otro de sus papeles más celebrados, el de Phillipe Marlowe en El sueño eterno. Siguiendo el modelo definido por D. Hammett, Raymond Chandler aportó una característica importante al género: la descripción de la evolución psicológica de sus personajes, en donde sus protagonistas representan la defensa de los valores amenazados por la sociedad. En este sentido en el detective Marlowe se reúnen las características del personaje: temerario, sensual, perspicaz, inteligente y fuerte, aparte de leer a Heminguey y Flaubert, y de vez en cuanto deleitar los oídos de los espectadores con una cita literaria. Sin embargo, es un solitario, tanto al trabajar sólo como al rodearse de mujeres.

Astor representa a la mujer fatal, la femme fattale, misteriosa y ambigua, que incluso llega a engañar sobre su identidad; en realidad no se llamaba Wonderley sino O’shaghessy.  Su personaje se mueve entre la fragilidad -porque ella debe estar en la casa, encerrada- y la fatalidad de mujer perversa, pues a la larga lo que está buscando es conseguir el halcón. Sin embargo, más importante sería el de Sidney Greenstreet, junto con el de Peter Lorre, que marcaría una época no sólo dentro del cine negro, sino por ser uno de los actores secundarios más importantes del cine. Peter Lorre era un actor húngaro que había trabajado en Europa, por ejemplo, con Fritz Lang en M, el vampiro de Dusselldorf, y con Alfred Hitchock en la versión de blanco y negro de El hombre que sabía demasiado. Su carrera en la interpretación la continuaría en Hollywood, trabajando junto a directores y actores muy prestigiosos. El personaje de Kasper Gutman, ese señor gordote, orondo, de risa gutural, fue interpretado por un actor de teatro. Esta era su primera participación ejn un largomentraje, estrenándose en el cine con sesenta y un años, aunque luego aparecería en otros títulos emblemáticos como Casablanca (Micahel Curtiz), repitiendo cartel con Humphrey Bogart y Peter Lorre.

Con respecto al director, como habíamos dicho, John Huston, un célebre guionista, empezó con esta película una de las carreras cinematográficas más importantes de todos los tiempos. Pero uno de sus éxitos sería el de adaptar al guión la novela de Hammett, casi literalmente. Dasshiel Hammet, que se dedicó a escribir novelas, había sido detective en una prestigiosa agencia en Chicago, participando en el famoso caso de 1929 de Rocco Aburquett, el actor de cine mudo que se vio envuelto en una violación durante una fiesta, que le costaría su carrera. Curiosamente uno de los giros de la película es  que la historia se ambienta en los años cuarenta, mientras que la novela en 1929.

La fatalidad, omnipresente en el director y una de las claves de este género,  marca la inflexión de la película en su epílogo, o que se refleja en una de las escenas finales, cuando intentan -con avaricia- abrir el paquete que guarda el halcón, con el personaje de Sidney Greenstreet sudando, enloquecido, rasgando la figura, porque creían que debajo del esmalte aparecerían el oro, las joyas, aunque sólo había plomo. 

De ahí, la famosa frase, "el material con el que se forjan los sueños",  una aportación de Bogart, una licencia que se permitió el actor para dar profundidad al final de la película, aunque para ella tuviera que apoderarse de una cita de Shakespeare, de su obra La tempestad. Frase dentro de las míticas citas con las que se concluían algunos títulos inolvidables, como la de Casablanca: "esto es el principio de una gran amistad" o la de Lo que el viento o se llevó (Victor Flemming): "A Dios pongo por testigo".

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