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En la unión entre la carne y el metal, el séptimo arte ha encontrado un campo abonado para reflexionar sobre la evolución de la especie humana, sobre la contradicción entre la dureza exterior y la fragilidad interior; en definitiva en cómo el ser humano necesita protegerse para sobrevivir o simplemente para ocultar sus debilidades. Podría entenderse como una sofisticada armadura, una actualización hitech de la tradicional coraza medieval, en la que se produce una fusión entre el hombre y la máquina. El generador que alimenta la armadura es el mismo que mueve el corazón de estos personajes, como aparecían en algunos referentes cinematográficos, como en el mítico hombre de hojalata de El mago de Oz.

- Golpea mi pecho si crees que soy perfecta, anda golpea, ¿quieres? ¡Magnífico!, ¡qué eco! Está vacío, se olvidaron de darme un corazón.

  

 Siguiendo esta idea, algunos robots del celuloide como Robocop o el reciente Iron Man son unos ciborgs en el que la fusión de lo orgánico y lo sintético son reversibles, algo que no sucedía en Terminator y mucho menos en el cine de David Cronemberg, en cuya filmografía esta integración es una mutación, "carne nueva" o una evolución del ser humano a un estadio superior. El fetichismo por el metal del que Shinya Tsukamoto, abanderaba en Tetsuo, apenas tiene eco en esta tendencia del personaje del androide en el séptimo arte, que por una parte hunde sus raíces en la tradición del cruzado, el caballero medieval, tan bien reflejado en El Quijote.

- Venid acá, caballero, que os desnudemos de estos hierros.
- Si nunca fuera caballero de damas tan bien servido, como fuera Don Quijote que de su aldea vino. Doncellas curaban de él, princesas de su rocino - o Rocinante- que es el nombre de mi caballo. Y Don Quijote de la Mancha, que es el mío.
 
La épica medieval ha servido de excusa perfecta para poner de manifiesto la fragilidad de la condición humana, en la que además de un poderoso elemento visual, la armadura es una metáfora de nuestra debilidad como de nuestra cobardía, en muchos casos. Si Welles parodiaba al cruzado, en Campanadas a medianoche, como encarnación del antihéroe embutido en metal que cuestionaba el honor del muerto en el campo de batalla, en otras películas, la armadura es un elemento que ayuda a negar la interpretación, el hieratismo facial que llega a lo corporal. La coraza sirve de escudo para la expresión. Unos actuantes, muñecos, en los que su violencia responde a las formas de representación medieval, como vemos en la película Excalibur (J. Boorman)

- ¿Buscas lo que Arturo desea? Eso que llaman el Grial.
- Sí, en efecto.
- Pues entonces, sígueme.



 La armadura sirvió también como reflejo de la superioridad tecnológica de los conquistadores del nuevo mundo (El Dorado, Carlos Saura) y como representación del choque de universos, el guerrero desnudo de la civilización pura frente al guerrero vestido de la civilización corrupta (El Nuevo Mundo, E. Malick). Trasladando a una tecnología mecánica propia de la robótica estos mismos esquemas, hallaremos una cinematográfica que encuadrada en la ciencia-ficción ha desarrollado en una multitud de ocasiones el androide alienígena más o menos perfeccionado. Aunque careciendo de parte orgánica, existen robots que con programación cumple la máxima de la Tyre Corporation, más humanos que los propios humanos.

- Klaatu, Barada, Nitko.
 
Otro de los androides que no podíamos dejar en el tintero es el mítico Gort, de uno de los clásicos de la ciencia-ficción de los años cincuenta, Ultimatun a la Tierra (Robert Wise), en donde el temor atómico a un holocausto nuclear llevó a que unos curiosos extraterrestres nos visitaran para advertirnos del peligro que tenía la Guerra Fría tanto para nosotros mismos y el Universo. El androide, como personaje cinematográfico, ha expandido su alargada sombra más allá de la mera ciencia-ficción, al cine de Woody Allen, con su característico estilo propio del slapstick, en la disparatada película El dormilón; al carismático Jhonny 5, de Cortocircuito, o el pequeño cabezón con tendencias depresivas de Guía del autoestopista galáctico: "La mejor conversación que tuvo fue hace cuarenta  millones de años y fue con una máquina de café". Personaje que inspiró al comportamiento errático de uno de los personajes más carismáticos de la serie creada por Matt Groning, Futurama, el alcohólico y cleptómano Bender.
 
- Toma ya un robot de verdad o se trata de un disfraz cutre de fin de año.
- ¿Te refieres a mi brillante culo metálico?
- A mí no me parece tan brillante.
- Más que el tuyo, cacho carne.