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Viaje al cuarto de una madre. Drama de espacios cerrados.

por Gonzalo Gala el 09/10/2018 12:19, en Mujeres en el cine.

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De trama pequeña pero de grandes emociones,  es una de esas historias donde el amor surge como tabla de salvación para unas vidas a la deriva. Un drama en la estricta intimidad doméstica,  sobre el espacio que habitan una madre y una hija, en la ópera prima de Celia Rico Clavellino, que viene respaldada por un reparto de campanillas, con dos inmensas actrices, Lola Dueñas y Anna Castillo.

Nos situamos en Constantina, en un pueblo de Sevilla. Una cámara estática, que pasa inadvertida todo el metraje cediendo el protagonismo a los personajes, nos muestra una sala de estar donde dos mujeres se arrebujan en un sofá con una mesa de camilla, en frente. Suena un teléfono, con el característico tono de los spots de los cines, y comienza la acción cociéndose ésta a fuego lento.

En un mundo en efervescencia, donde lo fugaz marca el devenir de nuestras vidas y en donde ni siquiera nos paramos a sentir las emociones - las engullimos como si de una comida rápida se tratase-, llama la atención una película sin música, sin necesidad de movimientos de cámara y con una cadencia del ritmo, en donde los silencios y la cotidianidad trazan un diminuto microcosmos de puertas adentro. Un film que nos muestra estampas de nuestra propia vida.

Narrada en dos partes, con sus propios puntos de vista. La primera mitad se reserva el protagonismo a Leonor, la hija,  mientras que en el segundo segmento de la historia, a la madre, cuando su hija  se ausenta de su lado. Prácticamente nada se verbaliza, pero ahí está todo. Las emociones contenidas, las tensiones que van surgiendo, el duelo, la necesidad de vivir una experiencia propia que las aleje de ese ambiente enclaustrado y asfixiante. La marcha a otro país daría alas y vida a una hija que no se siente cómoda en el ambiente de ese pueblo, pero que no sabe trasmitírselo a su madre. Ese pueblo que tiene la doble cara, por un lado de la sensación de “asfixia” y por el otro del apoyo, por tener cerca a los que podrían darte el apoyo cuando lo necesites; y por otro, el proceso de una madre que pronto vería un doble duelo, el del marido -que prácticamente queda fuera de cámara- y de la hija, a causa de la sensación del “nido vacío”.

Son curiosos los referentes a los que recurre Celia Rico, sobre todo el cineasta japonés YasujiroOzu (“Cuentos de Tokio”), que ya estarían presentes en ese inmenso cortometraje titulado “Luisa no está en casa”; otro ejemplo de cómo los silencios y la cotidianidad marcan una vida de puertas adentro. Pero también se repite un matiz  (cómo la avería de un electrodoméstico introduce un elemento del exterior que hace avanzar una historia, en modo pausa, vista desde la más estricta intimidad). Quien quiera descubrir esta pequeña maravilla, “Viaje al cuarto de una madre”, deberá hacerlo sin los prejuicios, queriendo paladear una historia como ya no se suele filmar, dejando el corazón y los sentimientos a flor de piel y un amor entre una madre y una hija, contada de una forma como pocos han sabido reflejar en el cine.

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