-Los niños me necesitan.

-¿No te has casado por culpa de los niños?

-No me he casado porque no aguanto a los hombres.

52 años después del estreno de la película considerada como su obra maestra, ha fallecido Miguel Picazo, un clásico de Miguel de Unamuno que el cineasta andaluz se ha atrevió a llevar a la gran pantalla. Una inmensa Aurora Bautista encarnaba a esa mujer,  una solterona que acogía a su viudo cuñado y a su dos hijos, pero esta situación de partida degenerará en una historia de represión sexual.

Miguel Picazo nació en Cazorla (Jaén) un director de muy pocas películas, aunque su carrera sea muy larga y este es uno de los motivos por lo que sería poco conocido. Aún eso, comenzaría de una forma magistral entrando en el cine por la puerta grande, gracias a esta película que hemos presentado. El propio Marco Ferreri (director de El cochecito) aconsejó a este aventajado alumno de la escuela de cine que se fijara en esa historia de Unamuno y contó nada menos que con una de las grandes actrices del cine español como Aurora Bautista, como también con el actor argentino, aunque afincado en España, Carlos Estrada; otro de los personajes lo interpretaba Irene Gutiérrez Caba.

Tomando como punto de partida la muerte de Rosa, la hermana de Tula, Aurora Bautista encarnaba a esa solterona de una ciudad de provincias, como podría ser Guadalajara.

-Tú eres mi cuñado, el marido de Rosa.

-Pero soy hombre, ¿no?


Su personaje, tal y como lo presentaba Unamuno estaba representado como un símbolo de la maternidad que cuidaba a sus sobrinos sin esperar nada a cambio. Sin embargo, en la película, el roce continuo entre una mujer y su cuñado, encerrados en el pequeño espacio de una casa termina despertando una experiencia sexual, uno de los temas con los que este cineasta –dentro del nuevo cine español- quería denunciar la mentalidad represiva hacia la sexualidad que el Régimen mantenía en esos años 60. Como le sucedía a Unamuno, de quien parte el texto original, a Picazo y otros directores, también “le dolía España”. Quizás, por eso fue escogida Aurora Bautista como protagonista, al ser un icono de la heroína por el cine franquista por películas como Locura de amor o Augusta de Aragón, ambas dirigidas por Juan de Orduña.

Gracias a la película logró alzarse como Mejor Director en el Festival de San Sebastián, en cuyo año estaba el jurado presidido por Nicolas Ray, compitiendo nada menos que con Elia Kazan y su América, América, que se llevó la Concha de Oro. Pero el éxito de esta primera película le resultaría agridulce, porque su siguiente película Oscuros, sueños de Agosto (1967) también sufrió las consecuencias de la censura e incluso evitó que sus tres siguientes guiones fueran aceptados el Régimen cuya Censura le negaba, una y otra vez, volver a ser director. Uno de esos proyectos unía al propio Joan Manuel Serrat, quien iba a interpretar a un emigrante en Alemania. Se trataba de “Los hijos de Alvargonzález”, cuyo título aludía a un poema de Antonio Machado (incluido en Campos de Castilla) que el poeta sevillano dedicaba a Juan Ramón Jiménez. Desencantado no volvería a dirigir hasta la Transición, donde el tema de la represión sexual volvía a salir a relucir.

En su última película como director Extramuros (1985), una producción de época y segunda adaptación de una novela de Jesús Fernández SantosPosibilitada, entre otras cosas, por la Ley Miró, nos traslada a un convento donde se  lleva a cabo dos falsos milagros que escondía una relación sexual mantenida entre las monjas.

Su otra faceta como actor, quizás sea más conocida sobre todo por su participación en Tesis (ópera prima de Alejandro Aménabar) en donde Picazo interpretaba al profesor de Audiovisuales que dirigía la tesis del personaje de Ana Torrent. Por cierto, ya en su primera película como actor, El espíritu de la colmena, Miguel Picazo encarnaba a un médico que atendía a una primeriza Ana Torrent.