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Existe una grata sensación cada vez que nos acercamos a la música de un gran compositor, ya sea la obra de Nino Rota, nuestro internacional Roque Baños o Ennio Morricone, en un día tan especial, en el que se celebra su 87 cumpleaños. Y lo hace no como alguien retirado de su profesión, sino  en plena forma como confirman sus siguientes proyectos con Quentin Tarantino o Terence Malick.

La música de cine está abierta, a menudo, a la acusación de que se consigue más potencia en cuanto se le asocian las imágenes por las que ha sido compuesta, pero en el caso de Morricone nos encontramos ante uno de los pocos compositores cuya música puede disfrutarse de forma independiente. Es más, puede permitirse el lujo de reconocer que gracias a su partitura se logra enfocar la película a un éxtasis completamente poderoso: Las melodías de Morricone tienen una forma muy particular de canalizar las emociones.

En su carrera, encontramos los grandes éxitos: los spaghetti westerns, La Misión, Cinema Paradiso o los violines de Chi Mai.  Sorprende la cantidad de trabajos destacados de Morricone,  aunando sensibilidades musicales de Europa y América, como la clásica, el folk, la música religiosa, el jazz y la vanguardista; como es único creando "ruido" en sus bandas sonoras. No es de extrañar que encaje perfectamente con la épica de los inmigrantes de Sergio Leone (Érase una vez en América) o los de Bernardo Bertolucci (1900),  e incluso con La Misión (Roland Joffé). Por no hablar de los spaghetti westerns, donde decenas de grandes obras de Morricone  desplegaron  sus vanguardistas voces europeas en un paisaje sonoro propio del Salvaje Oeste. Uno de sus cimas indiscutibles es el clíma de El bueno, el feo y el malo, que se acerca como una estampida distante de ritmos.

A pesar de ello, jamás ha ganado un Oscar (salvo el honorífico) aunque ha arrasado en los festivales europeos, adornando sus estanterías los Baftas, los David de Donatello e incluso Grammys.  Pero también hay una multitud de trabajos poco conocidos que merecen destacarse, e incluso aquellas partituras que preparó para películas españolas.

Queimada de Gillo Pontecorvo.

                         

 

La música de la película Orca.

                           

El tema principal de El secreto del Sáhara (Miniserie de coproducción europea).

                         

La luz prodigiosa, de Miguel Hermoso.