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Christopher Lee, cuya imagen estará asociada – para siempre- al conde Drácula, fue mucho más que uno de los más grandes intérpretes del cine de género.  Vocalista en un grupo de música heavy, cantante de ópera, espía durante la Segunda Guerra Mundial y un amante del deporte, el cricket y los puros Montecristo. De origen aristocrático, dicen que su familia Carandini ha estado relacionada con el mismísimo Carlomagno y estuvo a punto de ser becado por el prestigioso colegio Eton, aunque no llegó a superar un examen en cuyo jurado estaba –nada menos- que el célebre escritor de relatos de fantasmas M. R. James.   

Su carrera comenzó en los años cuarenta, aunque habría que esperar a los cincuenta para materializar su popularidad de manos de la Hammer, productora inglesa que revitalizaría los grandes clásicos del género de terror que la Universal había inaugurado una década antes. Existe una curiosidad, se presentó a un casting para interpretar a un coronel en una cinta bélica, pero fue rechazado por no dar la talla como militar. Lo llamativo es que Christopher Lee se enroló como aviador en la Royal Air Force, aunque acabó sirviendo, de forma muy activa en Inteligencia.  En la Hammer no sólo formó pareja artística con su colega y amigo Peter Cushing, sino que reinterpretó uno de los personajes claves del cine de género: el vampiro de Transilvania, Drácula.

-¡Soy Drácula!

Su físico característico, alto y delgado, junto con su porte aristocrático, sirvió para dar vida al sanguinario conde que una vez ideó Bram Stoker. Aportando algo menos de diálogo que supo sustituir por sus gruñidos, revitalizó el personaje de tal forma que lo convirtió en un icono del siglo XX, aunque Christopher Lee llegaría a la extenuación y a renegar del conde Drácula. De hecho su legado al cine fantástico y sobrenatural, en general, y a la Hammer, en particular, fue mucho más amplio, descubriéndose su rastro tanto en Frankenstein como en Sherlock Holmes, con la curiosidad de ser el único actor que ha encarnado tanto al famoso detective creado por Conan Doyle como a su hermano en la ficción, Mycroft Holmes, nada menos que a las órdenes de Billy Wilder, en La vida privada de Sherlock Holmes.

Ya sea como protagónico o secundario, asumió en muchas ocasiones el rol de villano en variaciones de las más inquietantes historias (desde Fumanchú a la momia o Rasputín), hasta convertirse en una presencia icónica imprescindible más allá de lo que el terror le podría ofrecer. Así aparecía en la trilogía de El señor de los anillos, como el mago Saruman, o en la saga de Star Wars, el conde Duku, un personaje menor pero clave para la historia, al ser quién idease la célebre “Estrella de la Muerte”.

Igualmente fue la imagen de 007 que tuvo en mente Ian Flemming, primo del actor, materializándose en uno de los villanos Bond más recordado, Scaramanga, El hombre de la pistola de oro. Y un intérprete habitual en las películas de Tim Burton, con pequeños papeles entre sus fantasías tenebrosas.

Christopher Lee fue mucho más. Apareció en algunos títulos emblemáticos de otra productora británica emblemática del cine de terror, la Amicus Films, y en películas como la inquietante The wicker man (El hombre de mimbre), considerada por el actor como una de sus más apreciadas apariciones. A parte mantuvo también una estrecha amistad con uno de nuestros intérpretes más carismáticos del fantaterror español, Paul Nashy.

Os dejamos un pequeño reportaje en donde presentamos imágenes de sus personajes.